Holaaaa mis queridos lectores, aquí os traigo un nuevo capítulo de Cadena de Recuerdos que me ha salido largo no, lo siguiente ¿os veis capaces de leerlo hasta el final? Antes de que nadie diga nada, la longitud del capítulo fue causado por vosotros. Si, también tuve un ataque de inspiración que ayudó bastante, pero realmente el recibir vuestros reviews pidiéndome la continuación fue sin duda lo que hizo que mi motor interno arrancara y saliera este capítulo que, sinceramente, espero que os guste. Y debo volver a advertirlo, al igual que en el capitulo anterior este cap contiene yaoi, pedofilia y violación, así que leedlo bajo vuestra propia responsabilidad y criterio, y no está de más mencionar que todo esto es ficción y que estoy completamente en contra de cualquier tipo de daño a los niños. Pero siempre quiero hacer que mis fics sean lo más realistas posibles, y tristemente, el hacer daño a niños o cualquier otra criatura débil esta a la orden del día. Pero repito, esto es ficción, si por lo que sea hay alguien sensible o que no tolere leer esta clase de cosas por favor te invito a que te retires y te ahorres ataques hacia mi persona, porque no voy a dejar el fic si la gente lo disfruta. No he recibido ataque alguno pero nunca está de más decirlo.
Y respecto a la gente que me mandaron los reviews…tengo que decirlo ¡Putos amos! ¡Sois geniales y no tenéis idea de lo feliz que me habéis hecho! ¡El empujoncito que me habéis dado para hacer este capítulo para vosotros y, por supuesto, para los que vengan! ¡disfrutarlo, chicos, y en las notas de abajo he contestado a vuestros reviews!
CÁP 3
Otra noche más caía por la ciudad subterránea de Sanguinem, y como era costumbre, en cuanto las luces de la calle comenzaron a encenderse, todos los niños se fueron corriendo al interior de sus respectivos hogares. Todos los pequeños parecían estar más temerosos que de costumbre, y no era para menos, sabían que la mayoría de los vampiros que se ocupaban de mantener controlada la ciudad habían salido al exterior. Ningún niño sabía que era lo que habían estado haciendo fuera pero desde luego, fuera lo que fuera, les había ido mal, lo sabían porque estaban todos malhumorados, algunos habían maltratado a niños que ni siquiera les había dirigido la mirada, y cuando eso ocurría era mejor alejarse de ellos todo lo que pudieran, para ello la mejor opción era quedarse encerrados en casa y mantenerse callados.
-¡Malditos sean todos esos inmundos humanos!-gruñó enfurruñado Lacus mientras caminaba por los pasillos de la gran mansión Bathory junto a sus dos compañeros de comando René y Mikaela.-Esta vez sí que nos han dado problemas, mirad le tajo que me han hecho en el cuello-indicó una herida de corte que tenía desde detrás de la oreja hasta la clavícula.
-No seas tan quejica, eso se te curará en un solo día-dijo con solemnidad René que lucía unos cuantos rasguños por la cara y los brazos.
-¡¿Pero que se han creído ese maldito ganado?! ¡Están usando equipamiento maldito usando almas de vampiros! ¡De vampiros!
-Sí, la verdad es que es muy irónico-sonreía Mikaela muy tranquilo quitándose el polvo de su ropa blanca luciendo al igual que los otros dos rasguños por toda la cara y un pequeño boquete en el estomago producto de un arma blanca.
-Tiene gracia que lo digas tu cuando eres el que peor salió parado-señaló René a la parte sangrienta donde estaba la herida.
-No es para tanto…-quitó importancia el rubio pasando su mano por la zona herida como si no fuera la gran cosa.
-Como te gusta hacerte el fuerte-se guaseó Lacus con una sonrisa ladina-…pero esas armas duelen de verdad, mas te valdría ir a curarte apropiadamente, a lo peor no puedes recuperarte del todo y, aunque se me haría gracioso ver luz atreves de tu tripa, no creo que sea lo más cómodo para ti.
Mikaela sonrió con su habitual expresión de amabilidad, sin embargo tanto Lacus como René le conocía desde hace muchos siglos y ya adivinaban que verdaderas intenciones se escondían tras esa expresión.
-Te noto muy chistoso últimamente, Lacus-kun ¿bebiste la sangre de un payaso o algo así para ser tan ocurrente?-preguntó mordazmente sin que desapareciera esa sonrisa que en parte irritaba de sobremanera al pelimorado.
-No soy uno de tus mocosos, Mikaela, así que dejar de poner esa cara de bueno que a mí no me engañas-siseó Lacus con un tic en la ceja.
-Si no quieres que te trate como a un niño, Lacus-kun, entonces no te comportes como uno-aconsejó Mika como quien aconseja a un hermano menor y tonto.
-Mikaela…-gruñó Lacus con voz de advertencia mientras observaba como aquella estúpida sonrisa de caballero andante no desaparecía del rostro ajeno pero entonces parpadeó al recordar cierto asunto que tenía que tratar con el rubio estirado.-Por cierto, acabo de acordarme de una cosa que tengo que decirte.
-¿A mí? ¿De qué se trata?-ladeó Mika la cabeza fingiendo inocencia, algo que irritó aun mas a Lacus porque estaba seguro que sabia a lo que se refería.
-Sabes que nunca me he metido con tus gustos personales, Mika-dijo el pelimorado forzando una sonrisa-¡Pero si tanto te gusta hacer gritar a los niños con los que te acuestas al menos hazlo en un lugar de tu alcoba donde no se os oiga!
Mika lo miró parpadeante como si de veras se hubiera sorprendido de que le hayan llamado la atención por algo así, esbozó una sonrisa de medio lado antes de contestar a su compañero.
-¿Tanta envidia te da que yo me lo pase tan bien todas las noches?-aquella pregunta la hizo con una voz claramente burlona haciendo que el pelimorado lo mirase con una sonrisa torcida-Si tanto te apetece gozar de buena compañía, en Sanguinem tienes mucho donde escoger.
-Al contrario que a ti, no me interesa retozar en mi cama con niños-contestó Lacus con un bufido.-Siempre me han gustado mayores.
Mikaela entreabrió los ojos mostrando aquel brillo sádico que siempre ocultaba tras su expresión de amabilidad, motivado por aquel ambiente de confrontación entre dos compañeros del mismo rango. René se quedó mirando uno y a otro, moviendo los ojos a cada lado como quien presencia un combate de boxeo y espera el momento del siguiente golpe por parte de uno de ellos, pero entonces suspiró viendo lo ridículo que se veía eso y decidió intervenir para calmar los ánimos.
-Vamos, Lacus, déjalo-pidió el azabache con cara de aburrido tomando a su compañero del hombro.
-¿Eh? ¡René!-protestó Lacus.
-Mikaela puede hacer lo que quiera en su habitación y con quiera, igual que tu. Y tiene razón, te estás comportando como un niño mostrando esta escena, y se supone que tú eres mayor que él.
-¡¿Ah?! ¡¿Tu también, René?!-inquirió sorprendido el pelimorado al ver que su compañero se ponía del lado del rubio.
Mikaela sonrió sintiéndose ganador de aquella disputa, pero ahora no le apetecía quedarse averiguar si Lacus quería seguir de bronca, aquella batalla con los humanos había hecho que ganase una herida bastante importante, no iba a morir por ello pero desde luego sentía dolor, aquella arma maldita que le atravesó le hizo ver que si se hubiera despistado unos segundos más le habrían matado. Y él no podía morir. No debía morir. Si moría ¿Qué sería de su búsqueda? El rubio dio la espalda a sus dos compañeros para tomar el camino que llevaba a su alcoba, ya no le interesaba seguir manteniendo aquella agradable charla con ellos, necesitaba ir a su alcoba, necesitaba ir donde estaban sus preciados recuerdos y volver a verle...a él.
-Lacus,-llamó entonces Mika deteniéndose un momento haciendo que el pelimorado lo mirase por el rabillo del ojo-para serte sincero a mí tampoco me gusta acostarme con niños, pero soy un romántico.
Y sin más se fue hacia su alcoba con bastante buen humor a pesar de dejar un rastro de sangre tras él.
-¿Romántico, dice? ¿Pero de que va ese chico?—susurró Lacus sin entender para nada a ese tarado de cabellos rubios que se alejaba con su particular andar elegante.
-Mikaela siempre fue un tipo extraño-se encogió de hombros René dándole bastante igual lo que acababa de decir el rubio.-Anda, vamos a la sala de curas, a ver si podemos tratar tus heridas.
Mika no había dicho nada ni mucho menos lo había demostrado, pero debía admitirse así mismo que aquella herida que le habían hecho esos humanos le había hecho una autentica avería, aquellas armas estaban malditas por almas de vampiros, ahora llamados demonios, que los humanos utilizaban en su contra para erradicarlos, porque una puñalada o un disparo con alguna de esas armas malditas era capaz de anular su capacidad natural de regeneración rápida. Le dolía mucho, demasiado pero ahora mismo tenía algo mas importante en mente que en curarse, no había tenido una experiencia cercana a la muerte, pero aun así sentía la necesidad de regresar rápidamente a su habitación para perderse en ese mundito que se había construido para él solo…y para él también.
Ignorando por completo el dolor de su herida, Mika llegó a su habitación abriendo la puerta mostrando un cambio notable del pasillo blanco y casi acristalado con su lugar personal, dejando ver aquel estilo modernista europeo que tanto le había enamorado cuando estuvo viajando junto a Felid por toda Europa realizando misiones que le encargaba la reina Krul. Justo sus ojos se posaron en la cama, donde podía escuchar una débil respiración que procedía de su último amante; el pequeño Shigeru, al cual le había dejado encerrado en su habitación cuando se fue al campo de batalla. Mika se acercó para mirar al niño, comprobando que se encontraba dormido, estaba vestido pero no pudo evitar fijarse en todas las marcas de mordisco que lucían en cada parte de su cuerpo, algunas cicatrizadas desde hace meses quedando una marca muy pálida y otras mucho más recientes, enrojecidas y con amenaza de volver a brotar sangre de ellas. Lo observó detenidamente frunciendo ligeramente el ceño sintiéndose estúpido por haber confundido a Shigeru con la persona a la que estaba buscando, igual que pasaba con todos con los que había estado. No era algo que pudiese evitar sentir. Aquella persona era el motivo por el cual seguía vivo, deseaba encontrarle de nuevo, aunque nunca pudiese acordarse de él, pero necesitaba encontrarle, era algo que no podía evitar. Y, como siempre le pasaba cada vez que se daba cuenta de que se había equivocado, se sentía fatal consigo mismo, se sentía un traidor por haber compartido la intimidad con la persona equivocada, a pesar de que el chico al que amaba estaba muerto desde hace muchos siglos no podía evitar sentir la devastadora sensación de haberle engañado al haber compartido cama con otra persona.
Gruñó por lo bajo, dándole la espalda al niño para dirigirse al escritorio donde se encontraba descansando una especie de cuaderno viejo y desgastado que parecía que si lo tomabas se desharía entre los dedos. Mika tomó el cuaderno y no pudo evitar sonreír al tenerlo entre las manos, su único consuelo, lo único que le permitía tener cerca a esa persona y que mantenía vivo su ferviente deseo de encontrarle. Abrió las páginas del cuaderno aparentemente al azar, encontrándoselas en blanco mientras una pequeña sombra rojiza pasó por ellas, como indicándole en que pagina quedarse.
-Por favor…-susurró de forma intima acercando su rostro hacia el interior del cuaderno aspirando aquel aroma tan antiguo que tantos recuerdos tenia-Permíteme verle…una vez mas…
Entonces un destello rojizo se hizo ver entre las páginas haciendo que Mikaela sonriera justo antes de sentarse y recostar su cabeza en el cuaderno por la página donde la tenía abierta. El rubio cerró los ojos invadiéndole una gran sensación de relajación y calidez que le hizo caer en un estado de inconsciencia dejando que una sonrisa apareciera en sus labios.
-…Ge…kko…-susurró con sumo deleite, como si acariciara aquella palabra justo antes de perderse por completo en la inconsciencia.
Y justo cuando el rubio quedó sumido en lo que se podía considerar un profundo sueño, el joven Shigeru, que hasta ese momento había permanecido acostado en el lecho, abrió los ojos visualizando como el vampiro cumplía su ritual de cada semana al quedarse a algo parecido a estar dormido sobre aquel cuaderno. Desconocía por completo lo que contenía ese cuaderno, las escasas veces que había logrado ver su interior por casualidad solo había visto las páginas en blanco pero para el rubio aquel objeto viejo y deshecho era algo muy valioso, tanto como para guardarlo de forma recelosa y no permitir que nadie osará tocarlo. Mikaela nunca le importó que presenciara como se sumergía en su mundo de sueños, estaba muy confiado en que no se movería de donde lo había dejado ni que intentaría algo contra él y así había sido hasta ahora porque era consciente que Shigeru sabía que si intentaba hacer algo iría en su caza al instante, que estuviera sumido en un estado parecido al sueño no quería decir que no pudiese presentir lo que pasaba a su alrededor. Era una de las ventajas de los vampiros de no poder dormir de verdad, que en realidad, siempre estaban conscientes de todo aunque no lo pareciese.
Pero para Shigeru ahora era la oportunidad, o mejor dicho, su última oportunidad de poder salir de allí con vida. Hacía un par de días que Mikaela no lo tocaba salvo para consumir su sangre y, aunque sintiese un profundo alivio por tener ese descanso en su cuerpo que no tuvo en meses, también le aterraba. Era consciente de que Mikaela estaba buscando a alguien y también sabía que se había dado cuenta que él no era esa persona a la que tanto buscaba, y Shigeru no necesitaba ser un genio para saber que era cuestión de tiempo que el rubio decidiera deshacerse de él en cualquier momento, tal vez mañana, tal vez dentro de una semana o incluso tal vez en cuanto regresara de ese mundo que se había hecho para sí mismo. Todos los niños que fueron llevados con Mikaela nunca regresaban a Sanguinem y ahora Shigeru sabía el porqué, no ha sido el primero en haber pasado por ese calvario y estaba convencido de que no sería el último. Por lo que decidió que ese día se la jugaría, sabía que Mikaela no tardaría más de cinco minutos en saber lo que haría pero si tenía que morir, quería hacerlo luchando por su vida a que simplemente esperando sumiso a que el vampiro acabase con su miseria.
El castaño se levantó de la cama y, con esfuerzo y cuidado se puso de pie sintiendo el terrible dolor que tenía en todo su cuerpo. Le dolían cada una de las heridas que Mikaela le había provocado, los mordiscos y aquel incesante dolor que hacía que caminar se convirtiera en una tortura. Nunca había pensado que existiera un dolor de semejante calibre, pero para su desgracia, ahora lo conocía bien luego de haberlo experimentado tantas veces en carne propia. Fue hacia la salida dando algún que otro traspié y se ayudó a mantener el equilibrio sosteniéndose en las paredes, el cuerpo le dolía a horrores y le temblaban las piernas pero quería intentar salir de allí con vida. En cuanto consiguió sostenerse en el quicio de la puerta volteó a mirar a Mikaela, que continuaba en su mundo particular, y sin dudar salió de la habitación para dirigirse al único sitio donde podía huir: Sanguinem.
Entonces, Mika abrió los ojos dando lugar al juego del gato cazando al ratón herido…
Mientras en ese momento, en el interior de uno de los hogares donde habitaban siete niños, se podía percibir un delicioso aroma que desprendía de una olla, constituyendo la cena de aquella noche para todos. Akane se estaba ocupando de cocinar como cada noche al ser la única que se había atrevido a manejarse con los fogones y tras prácticas y prácticas había logrado aprender a preparar platos decentes para todos sus hermanos. Ako y Chihiro permanecían ayudándola para aprender también a cocinar algo, incluso Kouta parecía estar interesado en las labores culinarias, todos intentaban ser útiles en la medida de lo posible para que ninguno resultase ser una carga, no podían darse ese lujo. En un momento en que los fogones iban solos de momento, Akane se asomó encontrándose con una escena cotidiana pero divertida.
A Yuu nunca se le dio bien las tareas culinarias, ya lo había intentado otras veces y al final siempre terminaban comiendo carne o huevos quemados ese día, por lo que Akane decidió desterrarle para siempre de la cocina y hacer que se ocupase de jugar y distraer a Fumie y a Taichi mientras ella preparaba la comida. Y ahí estaba el azabache, tirado en el suelo mientras le hacía cosquillas a Fumie, la cual no podía parar de reír al tener el cuerpo de su hermano mayor reteniéndola en el suelo mientras sus dedos bailaban sobre sus costados, entre tanto Taichi, con su habitual mirada perturbadoramente indiferente estaba colgado como un mono del cuello de Yuu desde su espalda como si estuviera luchando contra él para que liberase a Fumie de su "sufrimiento".
-Yuu-chan, tengo un encargo que pedirte-dijo Akane sonriendo al ver aquella bonita escena familiar.
-¿Si? Dime-dijo Yuu sin parar de hacer reír a Fumie, que ya lloraba de risa mientras Taichi fingía estar mordiéndole la oreja.
-Hoy es día de aseo pero se nos está acabando el agua ¿podrías ir al pozo a conseguir más?-pidió ella guiñándole un ojo-Me gustaría que todos pudieran asearse antes de ir a dormir.
-Sí, de acuerdo, porque la verdad, Fumie ya huele mal, creo que se le ha ensuciado el pañal-se burló Yuu oliendo a Fumie como si de veras desprendiera un horrible hedor a lo que la niña, al oírle, dejó de reír e infló los cachetes ofendida.
-¡Yuu-nii, yo no uso pañales! ¡No soy un bebé! ¡Ya soy mayor!-protestaba la niña con dignidad infantil retorciéndose bajo Yuu que seguía reteniéndola con su cuerpo mientras la olía poniendo graciosas caras de asco.
-Uuuuh si que necesitas un cambio de pañal-sonrió malévolamente Yuu haciendo que la niña se revotara aun mas.
-¡Yuu-nii!-protestó ella enfadándose-¡Akane-nee!-lloriqueó mirando a la otra para que la defendiera de esos horribles insultos.
-Yuu-chan, no te metas de esa manera con la pobre Fumie-chan-regañó Akane divertida viendo como ahora Taichi fingía morderle la cabeza a Yuu para vengarse de lo que le hacía a la pequeña.
-Esto no quedará así, renacuaja-juró Yuu con fingido tono de mafioso en busca de venganza que hizo reír a Fumie, la cual le sacó la lengua desafiándolo a que intentase hacerle algo-Si, si, tu ríete que Akane no estará siempre ahí para defenderte ni para que te escondas en sus faldas…cobarde.
-¡No soy una cobarde!-saltó ella en una pataleta haciendo que Yuu riera ante ese comportamiento.
-En fin ¿Cuánta agua necesitaríamos, Akane?-preguntó Yuu volteando a verla haciendo como que ignoraba la molestia de la pequeña que, sintiéndose ignorada, empezó a dar golpes al aire mientras Taichi seguí colgado del cuello de Yuu mirando un punto fijo.
-A veces eres más crío que ellos, Yuu-chan-comentó Akane pasándole un par de cubos que le daba Kouta.-Toma, necesitamos que los llenes para poder asearnos todos.
-Sí, déjaselo todo al hombre de la casa-sonrió confiado alzando las manos hacia los cubos.
-Oh, entonces, toma Tai-chan-dijo convencida Akane mostrándole los cubos al pequeño que seguía colgado del cuello del azabache.
-¡Akane!-rió Yuu con una ceja arqueada.
-Pero ¿es seguro que salga?-preguntó Kouta asomándose al escuchar la conversación-Los vampiros parece que están muy enfadados y podrían hacerle daño.
-No te preocupes, Kouta-kun-sonrió Akane completamente confiada dirigiéndose al muchacho.-Todo el mundo sabe que Yuu es un niño malo y ya se sabe que mala hierba nunca muere.
-Oh-asintió Kouta como si aquello tuviera todo el sentido del mundo.
-Akane…¿quieres dejar de hablar mal de mí en mi cara?-inquirió un poco molesto el azabache con ganas de estrangular a su hermana.
Akane y Kouta cuchichearon entre ellos mientras se reían haciendo que Yuu solo suspirara con fastidio cómico y tomara los cubos para irse al exterior a buscar la dichosa agua para asearse, dejando que su familia siguiera riéndose a su costa. Cargó con ambos cubos y caminó varios metros por las silenciosas calles de Sanguinem, ya era de noche por supuesto, y no se oía ni un alma, ni pasos de los vampiros que hacían la patrulla nocturna, ni tampoco escuchaba las voces de los demás niños que vivían en el interior de los hogares.
Al cabo de una media hora, Yuu pudo visualizar a lo lejos el pozo donde los niños se abastecían de agua para asearse, beber o cocinar. Era la única cosa ilimitada que los niños podían tomar sin tener que pedirle permiso a nadie y sin que los vampiros estuviesen racionándoles o castigándoles como lo hacían con la comida o con las medicinas.
-Muy bien…-se dijo así mismo el azabache mientras se remangaba una vez llegó al pozo, se detuvo a mirar el interior escuchando el sonido del agua en movimiento que hacía eco desde el fondo. El agua del pozo se rellenaba cada tres días por una corriente subterránea y por el sonido del eco estaba claro que ya habían llegado otros niños abastecerse por lo vacio que sonaba, pero todavía quedaba mucha agua que se podía aprovechar y desde luego Yuu pensaba llevarse toda la que pudiera.
Ató la cuerda al asa del cubo, antes de dejarlo caer hacia el agua haciendo un ruido de chapoteo que se le hizo gracioso, ya que le daban ganas de poder lanzarse a refrescarse. Hizo un par de movimientos con la cuerda para hacer que el cubo se hundiera bien para abarcar toda el agua posible, desde luego, eso iba a pesarle una barbaridad en cuanto tuviera que volver sobre sus pasos para regresar a casa, pero al menos no estaba metido en casa sin hacer nada más que ver como los demás trabajaban en la cocina. Además agradecía el llevar consigo la barra de metal para poder transportar los cubos sobre los hombros.
Fue entonces cuando sintió de repente como una mano le tomaba el hombro que le sobresaltó.
Por instinto, Yuu se revolvió para alejarse de aquel contacto sorpresivo, se volteó dando puñetazos al aire al mismo tiempo que retrocedía unos cuantos pasos para encarar a un posible enemigo vampiro pero sus ojos se abrieron con sorpresa horrorizada en cuanto vio a un niño mayor que él, un niño que a sus ojos estaba destrozado. Tenía su cabello castaño sucio y desordenado, la típica ropa de ganado que siempre veía en todos los niños estaba también sucia y rotas en algunas partes y, para espanto de Yuu, estaba lleno de manchas de sangre y la que mas sobresalía era una enorme que se situaba entre las piernas de aquel muchacho, lo que le llevó a observar también que la piel visible de los brazos y las piernas, incluso del cuello y la cara estaban llenos de marcas de moriscos, que evidenciaban que habían estado bebiendo sangre de ahí.
Yuu parpadeó sorprendido viendo aquel muchacho. Le habían hecho una autentica herejía en todo el cuerpo.
-…Ayu…dame…-suplicó el castaño con la respiración entrecortada ¿acaso ese chico había estado corriendo? ¡Si apenas se estaba sosteniendo en pie!
-¡¿Qué te ha pasado?!-inquirió Yuu perdiendo todo el miedo y acercándose al chico para intentar brindarle algo de ayuda-¡¿Quién te ha hecho esto?!
-…Por favor…ayúdame…-volvió a suplicar el muchacho llenándosele los ojos de agua sin ser capaz de contener las lagrimas de nuevo.
-Pero dime ¿Qué te ha pasado? ¿Quién ha sido?-volvió a interrogar Yuu tomándole los hombros para que le mirase.
-…Ha sido él…-logró decir Shigeru, sentía tanto alivio de ver otro humano después de tanto tiempo y el miedo seguía recorriéndole cada parte de su ser que no era capaz de pensar con claridad.
-¿"Él"?-preguntó Yuu parpadeando un par de veces.
-Shigeru.-se escuchó entonces el eco de una voz suave y casi cantarina que sonaba en la lejanía haciendo que inmediatamente el niño castaño se pusiera tenso y comenzara a temblar.
Yuu se quedó mirando por encima del hombro del castaño al escuchar aquella voz, la reconocía, era la voz de aquel chupasangre de pelo amarillo ¿Qué narices hacía ese todavía vagando por Sanguinem? Se quedó mirando los ojos desorbitados del aterrado muchacho que parecía que en cualquier momento empezaría a gritar de puro pánico.
-No…-susurró Yuu al entender que era lo que estaba pasando.
-…Ya viene…-gimió Shigeru con un hilo de voz.
Yuu también se tensó en cuanto escuchó al otro decir aquello. No necesitó preguntar nada más para saber que el chico estaba en ese estado por culpa de Mikaela ¿Qué narices le había hecho aquel desgraciado a ese pobre muchacho? ¿era así como acababan todos los niños a los que se llevaba? Yuu tenía montones de preguntas que hacerle al castaño pero no había tiempo de poder formularlas, ya podía escuchar los pasos de Mikaela acercándose hacia donde estaban ellos y ahora lo importante era ayudar al muchacho.
-¡Ven conmigo!-dijo Yuu tomando a Shigeru del antebrazo para poder guiarlo. No había tiempo para huir, Mikaela ya estaba demasiado cerca y les oiría correr sin lugar a dudas pero aun contaba con que no les había visto y tenía el tiempo suficiente de esconder a aquel asustado muchacho.
Yuu tuvo la rápida idea de donde esconder a Shigeru, rodearon el pozo donde se podía ver una pequeña pendiente y justo a uno de los laterales se encontraba un hueco del tamaño suficiente donde podía caber un niño como el castaño. Sin pensárselo mucho, Yuu empujó al chico para que se escondiera en ese lugar y se quedara agazapado, le pidió silencio con un gesto y regresó tan rápido como pudo hacia el pozo para continuar con su labor de recoger el agua para casa, tenía que disimular e intentar evitar que Mikaela encontrase al chico.
-Shigeru.-volvió a llamar Mikaela haciendo por fin acto de presencia al aparecer tras una de las esquinas pero entonces le llamó la atención el sonido del agua en movimiento. Alzó un poco la mirada encontrándose con la figura de un niño, por un segundo pensó haber encontrado a Shigeru pero entonces no pudo evitar esbozar una sonrisa jocosa en cuanto reconoció aquel cabello azabache que conocía tan bien y que, para él, siempre significaba poder divertirse un poco.
-"Mira a quien tenemos aquí"-pensó para sí mismo el rubio viendo como el azabache parecía no haberse fijado en él y seguía elevando el cubo con agua del pozo ¿Qué hacía allí el pequeño Yuu tan tarde y tan solito? Era peligroso, sobre todo cuando estaban todos los vampiros alborotados por la batalla contra los humanos. A Mikaela le pareció un poco extraño así que aspiró un poco y esbozó una divertida sonrisa, intuyendo que si entablaba conversación con el azabache se lo iba a pasar muy bien, por lo que con el paso tranquilo y elegante que siempre lo había caracterizado se acercó al chico que se encontraba de espaldas a él, concentrado en su trabajo como si no existiera nada mas a su alrededor.
-Eres bastante osado como para venir aquí tú solo y de noche, no está el horno para bollos, Yuu-chan-comentó Mika justo cuando llegó cerca del niño, Yuu lo miró por encima del hombro a través del rabillo del ojo, pero enseguida regresó a su trabajo haciendo como si la presencia de aquel vampiro no le sorprendiese lo más mínimo.
-Es más sorprendente que tu estés por aquí-dijo Yuu alzando el pesado cubo para dejarlo en el suelo y tomando el otro para hacerle repetir el mismo proceso.-¿Dos veces en menos de un mes? Es muy curioso teniendo en cuenta que te quedas meses desaparecido de la ciudad…
-¿No te alegras de verme?-inquirió el rubio con su típica sonrisa amable que tanta rabia le daba al azabache, que en esos momentos lo que más deseaba era tirarle uno de los cubos llenos de agua a la cabeza a ver si con suerte se la rompía, no podía evitarlo, le hacía hervir la sangre verle dirigirse a él de aquella manera tan afable y amable luego de haberle hecho aquellas heridas a ese pobre chico.-Me hieres en el alma, Yuu-chan, yo que siempre me alegro cada vez que nos encontramos.
-Eso sería si tuvieras alma-tachó Yuu encogiéndose de hombros haciendo acopió de toda su fuerza de voluntad para no tirarle el cubo.-Ahora, si no quieres nada ¿podrías largarte y dejarme en paz? Estoy ocupado.
-Tan agradable como siempre, Yuu-chan-se encogió de hombros Mika sin sentir ninguna pena por aquel trato que le daba el menor sabiendo que ahora comenzaría la diversión-Pero si hay algo que me gustaría preguntarte.-Yuu no contestó por lo que Mika decidió proseguir-Quería saber si por casualidad has visto a un niño un poco mas mayor que tu pasar por aquí.
-¿No se supone que los niños no pueden salir a esta hora?-preguntó él.
-¿No se supone que tu tampoco deberías haber salido a esta hora?-contraatacó Mika disfrutando de la cara de irritación que le dedicaba el menor.
-Pues no, no he visto a ningún otro niño ¿algo más?-respondió rápidamente Yuu evitando mirar al vampiro.
-"Demasiado rápido para tener credibilidad, Yuu-chan"-pensó para sí mismo acentuando aun mas su sonrisa mirando la espalda ajena.
El azabache debía de pensar que era un idiota pero Mikaela había vivido muchísimos años como para saber cuando alguien le mentía aunque no le estuvieran mirando a los ojos, solo con observar los gestos y la posición del cuerpo sabia cuando le estaban mintiendo, y ahora Yuu estaba mintiéndole por la cara. Pero aunque no supiera identificar los movimientos que delataban a un mentiroso, Mika tenía un buen oído y un buen olfato y sabía perfectamente que Shigeru se encontraba escondido muy cerca de ellos, sin lugar a dudas al otro lado de la pendiente por donde se encontraba el pozo, el olor a miedo y sangre lo delataba. Pensaba darle un final digno al niño jugando un poco al gato y al ratón, dejarle correr por su vida mientras le acechaba de entre las sombras durante un rato antes de acabar con él, pero no se imaginó que Yuu estaría pululando solo por Sanguinem a esas horas y se encontraría con Shigeru. Mika sentía especial debilidad por el muchacho de pelo negro, representaba mucha mejor diversión que el dar caza a un animalillo herido como Shigeru, con aquel insolente muchacho de pelo negro tenía garantizado pasar un buen rato, Yuu en vez de achantarse y temblar le retaba, le desafiaba e incluso se atrevía a llamarle de todo y eso Mika lo encontraba muy divertido, haciéndole querer ver hasta donde era capaz de llegar Yuu con esa fortaleza antes de hacerle llorar de verdad.
-¿En serio? Una lástima-se encogió Mika de hombros pero no recibió respuesta alguna del azabache, que seguía trabajando en elevar el segundo cubo para él.-Pero entonces no te importará que eche un vistazo por ahí ¿verdad? De verdad que me gustaría encontrar a ese niño, debe de estar muy asustado de andar solo por ahí a oscuras.
Yuu tensó la espalda al escuchar en ese momento un casi imperceptible gemido de miedo que provenía del lugar donde había escondido al muchacho, sonido que sin duda sabía que Mikaela había escuchado pues sin la necesidad de mirarle, sabía que sus ojos se habían dirigido hacia donde estaba la pendiente que había junto al pozo.
-¿Has oído eso?-preguntó Mika haciéndose el sorprendido mirando hacia donde sabia que se encontraba escondido Shigeru, comenzando a caminar hacia allí.-Tal vez sea el chico al que busco, si me disculpas, Yuu-chan, voy ir tras…
Mika fue interrumpido de manera brusca en cuanto sintió algo alargado y metálico apuntarle la garganta obligándole a detenerse. Yuu había tomado de forma rápida y eficaz la barra de metal que siempre llevaba consigo para transportar mejor los cubos cuando iban llenos de agua, y al escuchar que el vampiro avanzaba hacia donde estaba el maltratado muchacho su cuerpo reaccionó por si solo tomando la barra para detenerle y, si era necesario, darse de tortas contra él. No podía permitirlo, no podía dejar que el rubio se acercase aquel chico.
Mikaela por su parte se quedó mirando sorprendido la forma tan abrupta que Yuu había utilizado para pararle los pies. Estaba de perfil a él con los ojos escondidos tras su negro cabellos mientras sostenía con una sola mano la barra de metal de los cubos apuntándole directamente a la garganta como si de una espada se tratase. Al rubio le recorrió un escalofrío de desconcierto cuando vio los brillantes ojos eucalipto de Yuu asomarse tras su cabello junto con una sombra negra que todavía los cubría, dándole un aire amenazador que Mika jamás había visto en él y que le hizo sentir una punzada en el interior de su cerebro.
-He dicho que no hay nadie-sentenció Yuu casi con un gruñido sin bajar en ningún momento su improvisada arma-Así que haz el favor de volver por dónde has venido, no te conviene a ti como noble hacer una escena cuando todos los niños duermen.
El vampiro parpadeó confundido, todavía desconcertado por haber encontrado un brillo familiar en la mirada amenazadora de aquel muchacho. Pero recobró la compostura logrando volver hacer aparecer aquella sonrisa amable y afable que siempre mostraba, en otras circunstancias habría dado una lección a ese niño insolente amenazándole de forma sutil con que si quisiera podría romperle el cuello sin que ni siquiera se percatase, pero tras ver aquella mirada, a Mika se le quitaron todas las ganas de seguir vacilando aquel muchacho, incluso de seguir persiguiendo a Shigeru.
-Supongo que me lo he imaginado-declaró Mika bajando de forma suave la barra de metal para alejarlo de su cuello, no temía en realidad que aquel objeto le dañase, y menos aun si era un niño quien lo empuñaba, pero no era lo más cómodo para hablar.-Supongo que puedo seguir buscándolo cuando haya amanecido, de todas formas debería ir a la sala de curas, llevo un rato prolongando la curación de mis heridas.
Yuu inmediatamente fijó sus ojos en algo de lo que antes no se había percatado y era en la espantosa herida que tenía Mikaela en su estomago, no la había visto antes por la oscuridad y porque parte del cuerpo del rubio, que no había mostrado en ningún momento ninguna clase de expresión de dolor o de molestia, estaba siendo cubierto por la capa blanca, pero aun así no podía creerse que aquella herida hubiera pasado tan desapercibida hasta ese momento ¿Cómo narices se había hecho aquella herida? Era espantosa, era la primera vez que veía a un vampiro herido ¿habría sido aquel muchacho al que escondía? Si era así, que se lo dijera porque quería aprender a infringir aquellas heridas a vampiros pero ya de ya.
Mikaela sonrió divertido al ver la expresión de enorme sorpresa que puso Yuu al ver su herida. Le seguía doliendo, pero por cabezón y por desear tanto sumergirse en sus recuerdos más la posterior persecución de Shigeru le habían hecho desatenderse a sí mismo, lo bueno es que era bueno aguantando el dolor y no había alarmado antes a Yuu. Curiosamente, le llamó la atención ver aquel brillo tan amenazador y lleno de determinación se convertía de repente en una sorpresa infantil que dejaba ver de nuevo patente lo niño que resultaba ser Yuu.
-¿Te gustaría que me quedara cicatriz?-preguntó Mika con voz guasona y picara haciendo espabilar a Yuu que se había quedado mirando la zona herida con un interés casi hipnótico-Puedo hacer que quede cicatriz, así podrás verla todas las veces que quieras.
Yuu parpadeó para luego sacudirse la cabeza retrocediendo un par de pasos.
-¿A mí que me importa eso?.-inquirió con enfado el muchacho dándole la espalda al vampiro para no mirarle y continuar con lo que estaba haciendo.
-Nunca deberías darle la espalda a un vampiro, Yuu-chan-susurró justo en su oído el rubio con voz provocativa haciendo que el azabache se quedase tieso al sentirlo tan cerca de él-…podría darte una sorpresa en cualquier momento.
Sobresaltado por la repentina cercanía del rubio, Yuu se revolvió bruscamente para darse la vuelta y encararlo pero en medio del forcejeo se hizo un lio con sus propios pies y fue a caer hacia atrás, al interior del pozo. Dio un pequeño grito de sorpresa al verse caer al interior del estrecho pozo cuando sintió entonces un fuerte tirón del brazo y se quedó de pie en el suelo. Azorado, miró a Mikaela que seguía sosteniéndole el brazo en alto con aquella sonrisa afable que siempre mostraba cuando se estaba divirtiendo con algo.
-Encantador…-susurró Mikaela acariciando la cabeza de un todavía sorprendido Yuu antes de darse la vuelta y empezar a caminar en dirección contraria.
Pero conforme se alejaba la sonrisa de Mika fue desapareciendo dejando ver en su lugar una expresión de perturbación en su semblante. No entendía que era lo que acababa de pasar ¿Qué narices hacia un niño de once años con una expresión como esa? Aquella fuerza en su mirada le había provocado más perturbación de lo que Mika quería reconocer, le resultaba sumamente familiar, estaba convencido que había visto aquel brillo en otra persona hace mucho tiempo, pero no en el muchacho al que tanto buscaba sino en otro…Yasha.
Un escalofrío le recorrió y tuvo la tentación de volver sobre sus pasos para cerciorarse de lo que había visto pero era consciente que no conseguiría nada. Aquella manera en que le había mirado había sido algo espontaneo y tal vez también pura casualidad, no pudo evitar sentirse azorado ante aquella expresión tan familiar, tendría que volver a sumergirse en sus recuerdos para asegurarse, para intentar hacerse ver que solo había sido casualidad.
Pero de una cosa estaba seguro, un niño humano había conseguido vencerle en aquella pequeña confrontación que, aunque para Mika fuera solo un simple juego, se lo tomó algo a pecho y estaba seguro que cuando volviera a ver a Yuu haría que las cosas volvieran a su cauce.
Entretanto, Yuu se había quedado mirando el lugar por donde el noble de cabellos amarillos se había marchado, todavía intentando recuperarse del susto que había sufrido. Primero le amenazaba por la espalda, casi se mata al caer por el pozo y, lo peor de todo, es que es el propio vampiro quien le salva de la caída, por ello se tomó un par de segundos para reponerse de la impresión antes de obligarse a sí mismo a espabilar e ir donde se encontraba el otro muchacho.
-¡Ey! ¡Ya se ha ido! ¡¿Qué te ha…?! ¡NO ME FASTIDIES!-exclamó exaltado el azabache al ver aquel muchacho con la cabeza apoyada en una de las piedras del hueco y con los ojos cerrados. No podía ser que se hubiese desmayado, no precisamente ahora.-¡Maldición! ¡Oye, despierta!
Yuu intentó hacerlo reaccionar, pero al ver que no respondía blasfemó por lo bajo y se vio obligado a intentar llevarle a cuestas hasta su casa. Aquel muchacho era mayor que él, pero no demasiado, sin embargo sí que era más alto tal vez le sacaba al azabache media cabeza o una cabeza, para Yuu sería una odisea llevárselo a cuestas pero no tenía otra opción. No podía dejar aquel chico ahí tirado, solo y abandonado cuando Mikaela estaba buscándolo, por lo que haciendo uso de toda la fuerza que poseía se las apañó para colocar al muchacho sobre su espalda y empezar el camino, a paso lento, hacia su hogar dejando atrás los cubos de agua que eran destinado a la higiene personal de su familia.
El camino fue tortuoso, aquel chico pesaba bastante, y todo el peso de su cuerpo estaba sobre su espalda. En algún momento el azabache perdió el equilibrio cayendo de bruces contra el suelo, llenándose la cara de tierra y algún rasponazo en la mejilla o en las rodillas y de nuevo hacia tremendos esfuerzos por levantarse y seguir caminando hacia su hogar.
-Maldición…-gruñó por lo bajo mirando al chico, cuya cabeza estaba apoyada sobre su hombros-No vas a morir ¿te enteras? Si se te ocurre morir, te mato, estas avisado.
Fue entonces cuando por fin pudo llegar a la puerta de su casa, la cual abrió usando el pie al tener las manos ocupadas manteniendo al muchacho sobre su espalda. La puerta se abrió con cierta lentitud haciendo un chirrido un tanto tétrico haciendo que Yuu viese algunos miembros de su familia que se encontraba cerca de la puerta y que dejaban de hacer lo que estaban haciendo parar mirarle; Fumie y Taichi estaban haciendo dibujos en el suelo, rodeados de varios folios y lápices de colores, Kouta y Ako estaban poniendo la mesa, y al escuchar la puerta todos alzaron sus miradas quedando sorprendidos ante la imagen de su hermano mayor llevando a cuestas a un chico.
-¡¿Yuu-nii?!-exclamaron simultáneamente Kouta y Ako sorprendidos.
-¡Akane-nee!-gritó entonces Fumie asustada de ver a ese chico desmayado en la espalda de su hermano mayor y lleno de sangre. Tachi, al ver aquellos ojos llorosos y sin nada que consiguiera tambalear su escalofriante mirada indiferente, se acercó a la asustada Fumie para acariciarle la cabeza como modo de calmarla.
-¿Fumie-chan? ¿Qué ocurr…?-empezó a preguntar Akane saliendo de la cocina junto a Chihiro encontrándose ambas con tal escena que le impidió siquiera terminar la frase-¡Por Kami-sama! ¡¿Qué le ha pasado a ese chico?!
-¡No te quedes ahí parada y ayúdame!-exigió Yuu inclinándose un poco adelante al sentir que el peso del muchacho comenzaba a desequilibrarlo de nuevo, Akane reaccionó deprisa yendo a su lado para ayudarle a sostenerlo logrando ambos hacer que el chico se apoyase en ambos y repartirse el peso entre los dos.
Kouta, logrando recobrarse de la impresión de lo que estaba viendo, se palmeó las mejillas con sus manos para obligarse a sí mismo a reaccionar y, tomando verdadera conciencia de que ese chico necesitaba atención, empezó a dirigir a sus hermanas para sorpresa de Yuu y Akane.
-¡Ako! ¡Rápido, ve a por las gasas y desinfectante que guardamos en el baño! ¡Chihiro, llévate a Fumie y a Taichi a la cocina y quédate con ellos! ¡Yuu-nii, Akane-nee, vamos a tumbar a ese chico en la litera, os ayudaré a subirlo!-indicó Kouta moviendo las manos para dar énfasis a sus indicaciones que todos siguieron al pie de la letra.
Ako asintió para luego salir corriendo hacia el cuarto de baño a rebuscar para encontrar las cosas que se le ordenaron, Chihiro, incapaz de incumplir una orden, tomó en brazos a la llorosa y asustada Fumie y también tomó de la mano a Taichi llevándoselos consigo a la cocina. Kouta, por su parte, se subió él primero a la amplia litera de piedra y madera donde ellos dormían y alzó una mano hacia sus hermanos mayores.
-Vamos, chicos, subidlo-les apremió el azabache menor.
Yuu y Akane parpadearon al ver como Kouta, aquel muchacho tranquilo y alegre, se había hecho con el control de la situación y dirigía a sus hermanas y a ellos mismos a actuar, por un segundo el pecho de los más mayores se hinchó de orgullo al ver ese comportamiento en Kouta, pero al recordar al muchacho herido se dirigieron hacia el lugar donde dormían, con el fin de recostarlo allí. Entonces entre Yuu y Kouta, desnudaron al castaño dejándolo solo en ropa interior observando todos horrorizados todas aquellas marcas que tenía en todo su cuerpo pálido. En cuanto Ako llegó con lo necesario, todos se dispusieron a desinfectar y cubrir cada una de las heridas que tenía ese muchacho.
-Pero…¿Cómo curamos esa…?-preguntó indeciso Kouta al ver la ropa interior del muchacho manchada de sangre, sabiendo que debía estar herido por la zona de su trasero.
-Debe de tener una herida interna…-murmuró Akane sin sentirse en absoluto cohibida por tener a un muchacho prácticamente desnudo cerca-Creo que lo mejor será que no le toquemos más…parece que necesita descansar…
-¿Dónde le has encontrado, Yuu-nii?-preguntó Ako mirando al azabache mayor.
-Él me encontró a mí, estaba huyendo.
-¿Huyendo? ¿De quién?-preguntó Akane ladeando la cabeza hacia un lado.
-De Mikaela,-pronunció como si estuviera gruñendo haciendo que sus hermanos lo miraran sorprendidos-¿Recordáis que todos los niños que se van con él nunca regresan?
-¿Me estas queriendo decir…?-susurró Akane entendiendo por donde estaba yendo a parar su hermano.
-Este chico es el primero que ha podido escapar-dijo posando su mano en la cabeza del herido.-Ha luchado por su vida, como un valiente.
-Uuuuh-gimió el herido al sentir la mano sobre su cabeza.-No…no…
-Ey, tranquilo, somos amigos-susurró Yuu acercándose al oído del chico para intentar calmarlo con su voz-Mikaela no está aquí, estas a salvo, somos humanos.
-Humanos…-susurró lentamente el castaño abriendo débilmente sus ojos encontrándose con la mirada eucalipto de Yuu provocando que sonriera ligeramente al reconocerle-…humanos…-repitió con la voz cargada de alivio que estaba por ponerse a llorar de un momento a otro.
-¿Cómo te llamas?-preguntó Yuu con suavidad sin dejar de acariciarle la cabeza para trasmitirle algo de calma que sabía muy bien que el chico lo agradecía enormemente en esos momentos-Yo soy Hyakuya Yuuichirou, ellos son mis hermanos; Akane, Kouta y Ako ¿tu cómo te llamas?
-M…me llamo….Miyamoto Shigeru….-susurró con esfuerzo el castaño.
-Bien, Shigeru-asintió Yuu acercándose más al chico para poder entenderle mejor-¿Hay alguien con el que vivas? Podríamos avisar para que venga.
Shigeru abrió los ojos con un brillo de emoción al escuchar aquella proposición, su gente a los que había dejado atrás ¿podría volver a verlos? Había pasado tantos meses sin verles, tanto tiempo que no pudo evitar dejar que sus lágrimas corrieran libres por sus mejillas. Quería verles, quería verles, sobretodo a uno…uno con quien peleó de forma estúpida antes de desaparecer, necesitaba verle.
-S-Satoshi…-gimió Shigeru dejando derramar sus lagrimas-Quiero ver a Satoshi…
-¿Satoshi? ¿Satoshi qué?-interrogó Yuu con seriedad.
-…Tajiri Satoshi…-suplicó con voz rota el muchacho.
-¡Yo le conozco!-dijo en alto Ako haciendo que todos la mirasen-Es un chico que siempre está en la fuente del Pájaro de Fuego, nunca juega con nadie y siempre parece ausente.
-¿Cuándo le has visto?-preguntó Kouta.
-Esta todos los días en el mismo sitio-dijo Ako.-Nunca se mueve de donde esta…
-Satoshi…-murmuró Shigeru haciendo pequeños movimiento como si intentase levantarse pero su propia debilidad le impedía hacer nada.
-Quédate quieto y descansa….-ordenó Yuu con una mano sobre el hombro del chico para evitar –Avisaremos a tu amigo, pero por esta noche descansa, no querrás que te vea así ¿verdad?
-Pero quiero verle…-suplicó ansioso por ver a su amigo.
-Y le veras, pero tienes que reposar, te prometo que yo mismo iré a buscarle por la mañana por la mañana y lo tendrás aquí contigo.
-P-Pero….Mikaela…-susurró asustado para luego sentir de nuevo la mano de aquel azabache sobre su cabeza.
-No te tocará-aseguró Yuu con voz seria-No se lo voy a permitir, así que duerme tranquilo, porque nadie te va hacer daño.
Con esas palabras, Shigeru fue cerrando los ojos mientras sostenía la mano de Yuu, le hacía mucha falta sentir el calor reconfortante de otro ser humano, y aquel muchacho se lo había proporcionado al darle protección y cobijo. Sufriría horribles pesadillas, eso estaba claro, y tardaría mucho tiempo en recuperarse de lo que había pasado si es que algún día llegaba a conseguirlo, soñaría con todas las barbaridades que Mikaela le había hecho en su cuerpo y en su cabeza y le perseguirían el resto de su vida…pero al menos, esa noche, encontraría consuelo en aquel pequeño grupo de niños humanos que le rodeaban y velarían por él, rodeado de infancia, pureza e inocencia. Solo con ese pensamiento, Shigeru pudo quedarse dormido.
-¿Qué vamos hacer ahora?-preguntó entonces Ako luego de unos segundos de silencio, cuando se pudo apreciar que el castaño se había quedado dormido.
-Mikaela vendrá a buscarle tarde o temprano…-susurró Akane por su parte mirando apenada a Shigeru.
-Hay que hacer que su amigo se lo lleve cuanto antes-opinó Yuu mirando con rabia la cantidad de heridas, ahora cubiertas por gasas y vendas, que Shigeru tenía por todo el cuerpo.
-Pero ¿de qué servirá?-preguntó Kouta al otro lado del cuerpo de Shigeru mirando a sus hermanos con la seriedad que requería la situación-Pensadlo, ningún niño que se ha ido con Mikaela ha regresado jamás a Sanguinem, si esto es lo que les hace está claro que todos han muerto. Y Mikaela regresará por él en cualquier momento ¿Qué haremos entonces? Ir donde vivía será el primer sitio donde vaya a buscarlo.
-Y luego aquí-intervino Yuu apretando los puños haciendo que todos lo miraran confundidos.
-¿Aquí? ¿Por qué vendría Mikaela aquí?-preguntó Ako.
-Porque cuando Shigeru me encontró, Mikaela ya estaba persiguiéndole-confesó haciendo que sus hermanos lo mirasen con ojos espantados-Escondí a Shigeru e hice como si nada hubiese pasado cuando Mikaela vino a preguntarme, creí por un segundo que conseguí darle esquinazo, pero ahora, pensándolo en frío creo que ese maldito solo estaba jugando conmigo. Sabía que Shigeru estaba escondido cerca y sabia que yo sabía dónde estaba…y por tanto, sabe que si Shigeru no está en su casa estará aquí porque yo lo traje.
-P-pero ¿por qué haría eso?-se atrevió a preguntar Akane-¿Por qué dejarte marchar con Shigeru si lo tenía a mano antes?
-Porque es un sádico-sentenció Yuu apretando los dientes.-Es un maldito depredador que le gusta jugar con su presa antes de matarla.
-¿Qué hacemos…?-gimió Ako mirando por el rabillo del ojo hacia la cocina por donde veía de refilón como Chihiro seguía en la labor de tranquilizar a la pequeña Fumie , y como Taichi se había quedado en el quicio de la puerta mirándolos a ellos sin importarle lo mas mínimo ser descubierto. Ako no quería ni imaginarse que pasaría si Mikaela irrumpiera en su casa, estando Taichi y Fumie dentro…
-No lo sé…-susurró Yuu frunciendo el ceño viendo al pobre Shigeru-Te juro, Ako, que no lo sé.
Y de nuevo la sensación de impotencia y rabia en Yuu atenazó su alma, al verse incapaz de llegar a poder cumplir su promesa de proteger al chico.
A la mañana siguiente, el nuevo día desactivo las luces nocturnas que mantenían iluminada la ciudad subterránea de Sanguinem, poco a poco los niños comenzaron a salir de sus casas para comenzar hacer sus quehaceres diarios para afrontar el día, como siempre todos con actitud sumisa y temerosa, preocupados por si el enfado de los vampiros continuaba durando, todos esperaban no cruzarse con ninguno.
Mikaela estuvo un largo rato encerrado en su habitación, concretamente desde ese encontronazo con el azabache de ojos eucalipto en el pozo. Había repasado su cuaderno de bitácora muchas veces a lo largo de los siglos que ha vivido, pero nunca se quedó tan perturbado y dudoso de su contenido desde que ese preciso momento en que vio los ojos amenazadores de Yuuichirou. No lo diría en voz alta estando alguien cerca, pero aquella expresión le había perturbado mucho más de lo que quería reconocer, aquel crío siempre fue un impertinente pero en ese momento pudo jurar que estaba tratando con alguien totalmente distinto, alguien con quien ya tuvo que vérselas cuando se enfadaba. Durante horas se intentó convencer así mismo que había sido algo casual, espontaneo y producto de la casualidad, sin embargo, ciertas palabras le venían a la mente cada vez que intentaba auto convencerse de ello; La casualidad no existe, solo lo inevitable.
Irritado, el rubio cerró su preciado cuaderno, se revolvió el pelo al recordar esas palabras y de nuevo la imagen de los ojos de Yuu volvió a su cabeza, aquel brillo tan intenso y amenazador que resplandecía de entre las sombras de su cabello. Se sentía idiota por sonreír divertido cada vez que aquel recuerdo regresaba a su cabeza, cuando segundos después se reprochaba a sí mismo el hacerlo, sin embargo hoy se sentía de buen humor y creyó que se libraría de aquella sensación en cuanto volviera a molestar a Yuuichirou y comprobase que era solo un crío común que corriente, como siempre ha sido. Así que, decidido a cumplir con su objetivo, se atavió con su uniforme de noble que tanto intimidaban a los humanos dándole ese toque elegante y al mismo tiempo amenazador que tenía todo vampiro de su categoría, comenzó entonces su camino hacia Sanguinem en busca de aquel insolente azabache.
Su paseo por la ciudad era lo mismo de siempre, cada vez que los niños lo veían llegar se apartaban de su camino, y los más mayores ocultaban a los más pequeños tras ellos o directamente los metían dentro de sus casas, Mikaela los ignoró, poniendo toda su atención en buscar al azabache. Se detuvo de forma abrupta en cuanto su nariz detecto el aroma de Yuu en otra dirección distinta a la de su casa, sonrió siguiendo aquel olor pensando que el pequeño había salido para a saber qué.
Entonces cuando el olor de Yuu se hizo más fuerte aceleró el paso doblando la siguiente esquina por la que sabía que se encontraba el muchacho. Sus ojos se abrieron en cuanto vieron aquella escena, veía al azabache con la cabeza recostada en el regazo de aquella niña castaña que era su hermana, él parecía medio dormitando pero le acariciaba a la muchacha un mechón de pelo de su coleta mientras ella reía. Una nueva punzada en el cerebro atacó al rubio al ver aquella nueva escena que se le hacía, esta vez, irritantemente familiar. Y esta vez sí que tenía en su cabeza la imagen de cierto muchacho…
Instantes antes de la aparición del rubio, se apreciar como el azabache se encontraba sentado en la plaza con el ceño fruncido mientras escuchaba las risas de Fumie que correteaba y jugaba con Taichi, Akane se encontraba a su lado, observando a los niños.
-Oh, vamos, Yuu-chan, deja de poner esa cara de ogro-reprochó Akane.
-¿Y cómo quieres que lo haga?-inquirió Yuu malhumorado-Me has sacado a empujones de casa, dejando a Shigeru ahí ¿Cómo quieres que este? Se suponje que le prometí que sería yo quien iría a buscar su amigo.
-A ver, necesitabas salir de casa, solo mírate-dijo dándole un toque en la frente con el dedo-Estas ojeroso, te has pasado toda la noche atendiendo a Shigeru. No te comas tanto la cabeza, Chihiro se ha quedado cuidando de él, y Kouta y Ako han ido a buscar a su amigo. Pero tú necesitas un respiro…¡vamos! ¡Cambia esa cara! No querrás que Fumie-chan y Tai-chan te vean mal.
Yuu gruñó por lo bajo, pero en cuanto vio a los pequeños jugar y escuchar la risa de Fumie, consiguió esbozar una sonrisa. Debía reconocerlo, estaba agotado, Shigeru se había pasado la noche atormentado por las pesadillas entre lloros y quejidos de dolor que Yuu era incapaz de ignorar y se despertaba a cada rato para intentar calmarlo. No tenía el valor de preguntarle qué cosas horribles le habrá hecho ese chupasangre, ni estaba seguro de atreverse hacerlo algún día…
Inconscientemente, Yuu dirigió su mirada a Taichi, quien estaba jugando con Fumie, el pelinegro no se lo reconocería ni a si mismo pero dentro de su corazón tenía aflorado el miedo a saber qué clase de cosas fue las que le hizo Mikaela a Shigeru, porque de alguna manera intuía que el rubio le haría exactamente eso a su hermano pequeño si tuviera la oportunidad. Y no quería ponerse a pensar en ver el cuerpo de Taichi con las marcas que había visto en Shigeru, le daba terror tan solo imaginárselo.
Entonces, Yuu fue sorprendido cuando de repente sintió las finas manos de su hermana sosteniéndolo de la cabeza, el azabache se vio recostado en el regazo de Akane haciéndolo parpadear y mirándolo confundido.
-Vamos, Yuu-chan, no me mires así-sonrió Akane al ver el desconcierto de su hermano-Trata de descansar un poco.
-¡Akane!-protestó enrojecido de vergüenza el azabache al verse en aquella posición como si fuera un niño pequeño-¡Deja de hacer tonterías! ¡A ver si por hacerte la graciosa vas a perder de vista a Fumie y a Taichi!-dijo haciendo ademan de levantarse pero entonces Akane le dio un empujón obligándolo a volver a recostarse en su regazo.
-No me contestes, Hyakuya Yuuichirou-regañó Akane hundiendo una de sus manos en el cabello negro de su hermano, Yuu dio un respingo al sentir el contacto y le recorrió un escalofrío al sentir como se comenzaba a mover de entre sus hebras haciendo que inmediatamente una sensación de cosquilleo y relajación le recorriera por todo el cuerpo a través de la raíz de su cabello.
-Ma…maldita…-musitó el azabache sintiendo somnolencia ante la caricia que le proporcionaba su hermana. Aquella listilla sabía que ese era su punto débil, que siempre le daba sueño cada vez que le acariciaban de aquella manera de entre los cabellos.
-Vamos, Yuu-chan, deja que sea yo la que cuide de ti de vez en cuando, bastante haces protegiéndome todos los días-sonrió Akane de forma fraternal sin dejar su tarea intentando hacer que su hermano se relajara.
Poco a poco, el cuerpo del azabache comenzó a relajarse en el regazo de Akane, como siempre le pasaba cuando era ella quien le hacía eso en la cabeza. Era una sensación cercana a la vaga sensación de lo que solía hacer una madre, cuando tiene en brazos a su pequeño y le hace dormir en su regazo. Pero para Yuu aquello solo era su fantasía particular, él no recordaba a su madre ni siquiera recordaba que le tuviera en brazos o algo, por lo que aquella sensación era lo que su mente recreaba para poder sentirse bien y seguro.
-Eres tonta, Akane-sonrió Yuu alzando la mano para tomar uno de los mechones que se le escapaban de la coleta a su hermana, haciendo que la muchacha riera ante aquel comportamiento, a su parecer, dulce del azabache.
-Ah, que dulce eres, Yuu-chan-se escuchó entonces una voz grave que ambos niños reconocían a la perfección, Yuu se quedó por un segundo rígido queriendo pensar que era su cabeza quien le estaba jugando una broma.-No me esperaba que fueras así, es grato ver facetas nuevas en ti que no sueles dejar ver.
Igual que si tuviera un muelle en la espalda, Yuu pegó un tal salto al reaccionar ante la voz del rubio que se quedó de pie y enseguida corrió a tomar de las muñecas a Fumie y a Taichi y los lanzó a ambos hacia los brazos de Akane de forma apresurada y brusca, haciendo que la más pequeña lanzara un quejido en protesta.
-Que bruto, Yuu-chan-comentó divertido el rubio-No está bien que trates así a los niños, podrían hacerse daño.
-"Cínico repugnante"-pensó para sí el muchacho en completa tensión ante la presencia del vampiro, sabía que esto acabaría pasando, estaba preparado pero aquel maldito tenía que ir a parar justo cuando estaba con la guardia baja y con sueño.-¿Otra vez tú por aquí? Se te va hacer una fea costumbre eso de que estés pululando por aquí.
-Esta es mi casa, Yuu-chan, y vosotros estáis viviendo en ella, así que te rogaría que no vayas con esa actitud hacia la persona que te da de comer.-le regañó con su típica sonrisa.
-"Eres tu el se nos come a nosotros, estúpido"-volvió a pensar para si Yuu con una vena de enfado en la cabeza.
Y es que ya veía venir a ese sádico. Había venido por Shigeru, y tenía conocimiento de que él sabía dónde se encontraba pero en vez de ir a buscarle por sus propios medios Mika prefería ir a molestarlo a él, fingiendo no saber nada. Yuu no había tratado demasiado a Mika pero las pocas veces que lo hizo siempre acababa cayendo en su maldito juego, jugaba con él y lo dejaba en ridículo, siempre que creía que había dado esquinazo a ese loco al final siempre se descubría que solo había sido un entretenimiento, de alguna manera veía como Mikaela se jactaba de él.
Y de nuevo se iniciaba aquel juego sádico, donde ambos sabían que intenciones tenía el otro pero se hacían los tontos.
-¿Sigues buscando a ese chico desaparecido?-provocó Yuu, que como de costumbre, su actitud provocadora y busca-pleitos le impedían eludir el tema.
-No, hay veces en que hay que saber cuándo dejar que un pájaro vuele libre aun cuando tiene las alas rotas…-recitó con una sonrisa que hizo que a Yuu se le helara la sangre.
-Entonces ¿Qué quieres?-cuestionó Yuu con los músculos tensos.
Los ojos de Yuu se abrieron en horror cuando Mikaela comenzó a caminar de forma lenta hacia Akane, su pesadilla se estaba manifestando ante sus ojos cuando le vio hincar rodilla frente a los niños y agarró a Taichi por el brazo.
-Hola, amiguito-saludó Mika mirando los ojos vacios el pequeño que se aferraba con su mano libre a las faldas de Akane.
-No…no…por favor, no-gimió Akane sosteniendo a Taichi por los hombros mientras temblaba de pies a cabeza.
-Encantado de conocerte-dijo Mika con una sonrisa de esas que te hacen aparentar ser buen tío aun teniendo el conocimiento de que todo el mundo sebe que no es así, Taichi se esconde instintivamente detrás de Fumie al ver que era a él quien se dirigia-. Jeje, no sabía que eras tan tímido. Venga que no te voy a morder- dice divertido mientras le estira la mano para dejarle una caricia en la mejilla que nadie se atreve a detener por miedo a lo que pudiera pasar de hacerlo-. Tranquilo, no voy a hacerte nada. Sólo quiero que me acompañes a buscar algo que he perdido y, una vez lo encontremos, te dejaré volver con tu familia y una canasta de víveres para ellos. ¿Vale? No es mal trato.
Taichi no cambió su mirada vacía y opaca, sin embargo sus hermanos eran capaces de ver que tenía miedo cuando su mano apretaba el agarre que tenía en la falda de Akane. El pequeño castaño se negó a la propuesta del rubio con la cabeza y se pegó aun más a su hermana para dar énfasis a su desesperada negativa. Mika sonrió ante aquella actitud, pero estaba dispuesto a llevarse con él aquel niño, por lo que apretó su agarre en el brazo ajeno escuchando un pequeño gemido de dolor.
-¡DEJALE EN PAZ!-rugió Yuu lanzándose hacia el cuello del noble para alejarlo de su hermano tan rápido como su quejido de dolor lo había sacado de su estado de shock.
Mika se sorprendió al sentir un peso extra en su espalda y un par de delgados brazos rodeándole el cuello que hacían fuerza para estrangularlo o al menos obligarlo a retroceder, pero para el rubio aquello era más parecido a un abrazo que aun intento de cortarle el aire, lo cual dejaba al pobre azabache en una humillante situación.
-Venga, Yuu-chan, deja de jugar-le instó Mika mirándole por encima del hombro casi con pena viendo como el pobre luchaba arduamente por detenerle, pero realmente no sentía ninguna fuerza que le retuviera de verdad.-Vamos, estás haciendo el ridículo.-insistió dándole un suave toque en el brazo con la mano para indicar que le soltara.
Y realmente era verdad. Yuu estaba quedando bastante mal al intentar hacer retroceder a Mikaela cuando realmente no estaba consiguiendo que moviera ni un solo musculo, los vampiros eran siete veces más fuertes, más veloces y más resistentes que un ser humano, por lo tanto un niño humano era todavía más inferior y ni siquiera hacia que un vampiro pestañease. Yuu ignoró el comentario de Mikaela y continuó con su intento de estrangulamiento pero al final el sofocón pudo con él haciendo que le soltara el cuello dejándose caer sobre su trasero al suelo.
-Maldita sea…-musitó en el suelo sintiendo en los brazos un hormigueo ante la fuerza que utilizó para intentar ahogar al rubio, pero no había surtido efecto.
No había conseguido absolutamente nada.
-Bueno, como iba diciendo…-prosiguió el rubio ignorando al azabache para volver a centrar su atención en el pequeño castaño que ahora se encontraba medio escondido tras las piernas de su hermana mayor.-…necesito que vengas conmigo, creo que tu puedes ayudarme a encontrar lo que estoy buscando y…
-Deja en paz a mi hermano….-susurró con voz amenazante Yuu desde su espalda, Mika suspiró al oírlo y se enderezó dándose la vuelta para encararlo y decirle cuatro cosas pero entonces se volvió a quedar rígido en el sitio cuando sus ojos y los del azabache conectaron.
Mika volvió a quedarse helado por segunda vez cuando volvió a ver aquel brillo amenazador que había contemplado el día anterior. Un brillo intenso de determinación que tiene un bravo guerrero antes de meterse de lleno en una gran batalla, tal vez era una comparación bastante exagerada teniendo en cuenta que a quien tenía delante era un crío de solo once años, pero era la idea fugaz que a Mika se le vino la cabeza en cuanto vio aquel brillo eucalipto tan intenso asomarse con aire amenazador de entre los mechones negros de su cabello. Fue tal la impresión que tuvo, que el rubio no pudo evitar alzar levemente la mano como si quisiese alcanzarlo para comprobar su veracidad.
-Deja en paz a mi hermano…-repitió Yuu en un siseo deteniendo de esa manera el amago de Mika para tocarlo.
Mika no supo que decir, se quedó mirando todavía los ojos amenazadores de Yuu. Seguía con aquella expresión tan intensa y esta vez no era algo espontaneo como la última vez, era algo que se estaba manteniendo y que dejaba una clara advertencia de liarse a golpes con él si daba un paso en falso, no era miedo lo que sentía Mika ante aquella mirada. Era más bien fascinación.
-¿Acaso…-sonrió entonces Mikaela como quien se le ocurre una idea malévola-…quieres ocupar su lugar?
-Sí.
-¡Yuu-chan! ¡¿Qué estás diciendo?!-exclamó horrorizada Akane sin dejar de abrazar a los niños mirando a su hermano como si se hubiera vuelto loco.
Aquella respuesta tan rápida y directa descolocó a Mika, mirando al muchacho como si estuviera loco, al igual que Akane ¿acaba de decirle que si? O el crío era tonto de remate o es que no había entendido lo que acababa de proponerle. Si había atendido a Shigeru sabía que es lo que le ocurriría si se iba con él por su propia voluntad, y es que encima eso, por su propia voluntad. Definitivamente, Yuuichirou era idiota con avaricia.
-Dices que estas buscando algo, pues bien, seré yo quien te ayude a encontrarlo, pero vas a dejar a mi hermano en paz ¿lo tomas o lo dejas?-inquirió Yuu con los brazos cruzados sin que su mirada variara ni un ápice, detalle que a Mika seguía sorprendiéndole.
Mika se quedó mirando al menor profundamente, analizando cada detalle de su rostro y de aquella mirada que tanto le estaba quitando el sueño últimamente. Yuu no era un niño feo, eso estaba claro, al contrario era un niño muy guapo que sin duda cuando creciera sería un hombre atractivo, eso Mika no podía negarlo pero desde luego no poseía las características físicas que él buscaba en uno. El siempre había buscado niños de pelo y ojos castaños, como Shigeru o el pequeño Taichi, pero Yuu no tenía nada de eso, pelo negro y ojos verdes, no era absolutamente nada de lo que buscaba.
De todos modos, lo consideró durante unos segundos, aquella fiera mirada que le mostraba Yuu le atraía debido a los recuerdos lejanos que despertaban en él ¿Por qué no darse el capricho de molestarlo un rato para divertirse? No estaba interesado en él sabiendo de antemano que no encontraría lo que buscaba, pero además de divertirse tomándole el pelo puede que le diera una lección de disciplina.
-Muy bien, Yuu-chan, te tomo la palabra-sonrió con amabilidad Mikaela pasando por su lado para mirarlo por encima del hombro-Sé tan amable de seguirme.
Endureciendo la mirada, Yuu se volteó para seguir al rubio cuando entonces sintió como algo le retenía de la mano. El corazón le dio un vuelco en cuanto vio que quien le retenía era Taichi, como siempre con su mirada indiferente pero sin embargo agarraba su mano con fuerza, rogándole con sus actos que no se marchara con él.
-Te dije que te protegería…-le recordó Yuu sonriéndole a su hermano menor, notando como al escucharle tensó los hombros, por lo que se arrodilló frente a él hincando la rodilla-Como también te voy a prometer ahora que pienso volver ¿de acuerdo?-Taichi negó con la cabeza aumentando de nuevo la fuerza del agarre al mismo tiempo que le temblaban los dedos-Tranquilo, sé lo que pasa con los que se van con ese chupasangre, pero yo te prometo que regresaré contigo y con los demás ¿confías en mi, Taichi?-el pequeño no contestó, pero Yuu apreció como le temblaron los labios como cuando alguien hace esfuerzos por no llorar-Ey, pequeñajo, siempre he cuidado de ti y de los demás, y sabes que cuando he prometido algo siempre lo he cumplido ¿Cuándo te he fallado yo?
-Yuu-chan, no te quedes atrás-apresuró Mikaela unos pocos metros alejado de los niños-¿o es que ya te has arrepentido de tu decisión?
-¡No!-respondió rápidamente el azabache sintiendo un latigazo de tensión al pensar que todavía se atrevería a llevarse al pequeño-Vamos, Taichi, suéltame-sin embargo como respuesta el niño soltó la mano de su hermano para luego abalanzarse sobre él y retenerlo por el brazo rodeándolo con los suyos propios-Taichi, por favor.-rogó más desesperado, si Mikaela se cansaba de esperarlo se llevaría a Taichi, pero el pequeño no hacia ni el amago de soltarlo, por lo que apresurado y nervioso miró a su hermana.-¡Akane!
Akane dio un bote al escuchar como la llamaba entendiendo que le estaba diciendo que separase al pequeño de él y se lo llevase, y durante unos segundos dudó de que hacer. Ella quería retener a Yuu tanto como Taichi, pero tampoco quería permitir que el rubio se llevase al miembro más joven de su familia, se puso nerviosa al verse en semejante situación. No quería escoger. No quería elegir a uno y condenar al otro, no podía hacer eso, eso sería horrible, tomar aquella decisión era algo monstruoso, era igual que decidir quien vivía y quien moría.
-¡Akane!-volvió a gritar Yuu haciéndola que de nuevo diese un bote consiguiendo que le prestase atención-¡¿Confías en mí?!
Aquella pregunta le hizo recorrer a la muchacha un escalofrío por toda la espalda hasta la espina dorsal, y entonces actuó sin pensar. Se apresuró en llegar junto a sus dos hermanos y con fuerza y brusquedad separó de un tirón a Taichi de Yuu, abrazó al niño contra ella para impedir que de nuevo se abalanzarse sobre Yuu para detenerlo. Era lo mejor, de eso intentaba convencerse la muchacha, Yuu le cuestionó si confiaba en él y eso nunca lo había dudado, si él decía que iba a regresar con ellos, encontraría la forma de hacerlo, siempre lo hacía, y ella estaría esperándolo junto a los demás. Porque él regresaría, seguro.
-Cuida de todos hasta que vuelva-pidió el azabache a su hermana levantándose del suelo para darse la vuelta y seguir al rubio, que lo esperaba a unos cuantos metros.
Con un dolor que le pesaba en el alma, Akane fue incapaz de ver de frente a su hermano alejarse para irse con aquel monstruo, abrazó con fuerza a Taichi escondiendo su rostro en el hombro del pequeño. No podía ver como se iba, si lo hacía no podría soportarlo y correría tras él para detenerlo, pero debía aguantar y confiar en él, se lo había pedido y debía hacerlo. Taichi por su parte solo podía ver como el azabache se alejaba junto al vampiro, su vista quedó clavada en la marcha de su hermano mayor, tenía los ojos secos y sin rastro alguno de alguna expresión que fuera ajena a la indiferencia, sin embargo no por ello el dolor y la angustia que sentía en esos momentos era menor que la de Akane. Fue claro cuando alzó la mano hacia la figura de Yuu que continuaba alejándose como si intentase alcanzarla, como si pudiese agarrarlo con toda la mano pero no había manera, ninguna…
-O…nii…chan...-pronunció casi en silencio, a modo de un inaudible ruego por su regreso que no llegó a oídos de nadie.
Por su parte Yuu caminó justo tras Mikaela, no tenía ganas de ponerse a su lado, no sabía cuáles eran sus intenciones ni como procedería pero desde luego se sentía un poco más seguro caminando tras él y vigilar su espalda. No pudo evitar mirar de reojo a su alrededor, encontrándose con las miradas condescendientes de todos sus amigos y vecinos, los cuales seguían ocultando a los más jóvenes tras ellos, Mika ya había escogido a su próxima víctima, no habrían mas por esa noche pero aun así ninguno podría volver a respirar hasta que le hayan visto abandonar las calles de Sanguinem.
La inseguridad de Yuu se intensificó cuando dejaron atrás la ciudad y cruzaron el umbral de la famosa mansión de los Bathory. Cruzó el umbral siguiendo a Mikaela, procurando no intercambiar mirada con los centinelas que custodiaban la puerta, por si acaso, una vez en el interior escaneó la zona como podía analizando posibles vías de escape cercanas y rápidas en caso de tener que salir corriendo o al menos alguna cosa que pudiese usar como arma para ganar tiempo.
-Aaaah, Mika-kun-saludó una voz pomposa que llamo la atención de Yuu haciendo alzar la mirada para encontrarse con un rostro conocido pero irritante que le hizo hacer una mueca de desagrado.
-"Estupendo, la diva y el desnatado juntos de nuevo ¡que bien!"-pensó para si Yuu viendo como Felid Bathory se acercaba al rubio para saludarlo.
-¿Cómo ha ido?-preguntó Mika devolviéndole el saludo a su maestro con un cabeceo.
-Nada de lo que preocuparse, como siempre, hemos conseguido hacernos con el control.-asintió el peliplateado moviendo un mechón de pelo de forma galante y coqueta que le dio bastante grima al azabache.
-"Por dios, que alguien le mate"-gritó desde su mente el pequeño azabache, recordando en ese momento si que había alguien que le provocaba mas irritación que el rubio oxigenado y ese era el chupasangre estirado.
Entonces Felid pareció darse cuenta de la presencia del azabache, el cual no había abierto la boca. Lo miró de arriba abajo como si analizara un buen ejemplar de alguna raza pura de animal que determinaría su valor monetario ante una subasta o un grupo de jueces de un concurso de belleza.
-¿Que ha pasado, Mika-kun?-preguntó Felid con aquella sonrisa confiada y pomposa, cruzó mirada con el rubio y, al ver la sonrisita que le dedicaba, se rió con gracia-Que raro que cambies el estereotipo con el que escoges a tus…"acompañantes".
-Es una ocasión especial, Felid-dijo Mika sin perturbarse en lo más mínimo.
-Ah, pero si es el pequeño y encantador Hyakuya Yuuichirou-comentó Felid abriendo ligeramente los ojos cuando le reconoció, aquel crío era famosillo de entre los miembros del ganado por su comportamiento osado e impertinente.
-¿Me conoce?-preguntó Yuu arqueando una ceja.
-Jaja ¿acaso lo has olvidado? Fui yo quien, junto a Mika-kun, os rescatamos a ti y a tus amigos de los peligros del exterior-le recordó el peliplateado.
-Ah…ya…-se encogió de hombros el azabache como si no le diera la más mínima importancia.
Felid, al ver que el niño no pensaba decirle nada, volvió a dirigirse a su pupilo con una gracia casi femenina.
-Después de tres años, al final has escogido a Yuuichirou-kun-afirmó Felid con una mirada afilada y una sonrisa-Pensaba que él solo era el postre que no podías probar.
-Felid, no es nada de lo que estas pensando-devolvió Mika la sonrisa al mismo tiempo que negaba levemente con la cabeza para luego frotar con su mano el cuero cabelludo del azabache con tal brusquedad que éste empezó a quejarse-Solo intento ser un buen pastor y llevar a esta oveja descarriada por el buen camino.
-Oh, así que es un asunto de reeducación-entendió Felid al recordar las molestias que había causado el azabache en los últimos tiempos por sus travesuras y malas contestaciones, sin embargo, por alguna razón podía detectar un atisbo de insinceridad en la mirada de su precioso pupilo. Algo más pasaba por aquella cabecita rubia que, por su posición, no pensaba contarle por el momento. Era extraño que Mikela quisiera tener consigo ahora a un niño de pelo negro y ojos verdes cuando sus amantes siempre habían tenido el pelo y los ojos castaños, era la única cosa que había permanecido inalterable al tiempo fue esa obsesión hacia los niños con aquellas características físicas.
-Si me disculpas, Felid-se excusó Mikaela sonriente dándole a Yuu una palmadita en el hombro para instarle a que siguiera caminando.
-Diviértete.-le deseó el peliplateando viendo como se marchaban aquellos dos hacia la recamara del rubio.
Yuu no dijo nada en lo que quedaba del trayecto, pero sí que estaba nervioso. Una y otra vez su mente recreaba el cuerpo herido y destrozado de Shigeru, aquellas heridas se las había provocado Mikaela y ahora él iba por su propio pie y voluntad a sufrir el mismo destino, aquella idea le daba miedo aunque se esforzase por no exteriorizarlo pero entonces se obligaba a sí mismo a recordar que de no haberlo hecho seria Taichi quien estuviera en su lugar.
Y eso le daba más miedo aun que el daño que fuera a recibir.
-Es aquí-anunció Mikaela abriendo una puerta blanca de la que se suponía que debía ser su habitación.
Yuu, con parsimonia, entró primero a petición de un gesto de Mikaela, que emulaba a un elegante y educado caballero de la alta sociedad permitiendo que su acompañante ingresara primero en la alcoba. Eso sí, cuando entró se quedó con la boca tan abierta que casi podía jurar que se le caía al suelo ¡¿pero en qué clase de mundo paralelo se había metido?! Y no era para menos, cualquier niño, o incluso los adultos, habrían tenido la misma reacción que él al ver el brusco cambio de su alrededor con tan solo haber cruzado el umbral de una puerta.
Los pasillos de la mansión Bathory era una combinación de color y textura entre el blanco y el cristal, limpio e impecable como los uniformes que los vampiros llevaban. Pero lo de Mika era igual que visitar un museo; su cuarto primero y lo más importante es que era ENORME, tan grande y espacioso que parecía ser una pequeña mansión dentro de otra más grande y se componía en que las pareces estaban exquisitamente decoradas con ilustraciones de los cuadros antiguos de la época modernista europea, la cama que se encontraba en el centro de la habitación era muy espaciosa, tanto como para que perfectamente tres o cuatro personas pudieran dormir ahí sin molestarse entre ellas, estaba hecha y todavía desprendía la fragancia de sus sabanas limpias, y lo peor es que su vista detectaba un largo pasillo que dejaba la idea de que aquella estancia tenía mucha expansión. Otra cosa que llamaba la atención de Yuu eran aquellas estanterías que había un poco más alejados de la cama, eran muy altos, y contenía toda clase de libros perfectamente ordenados. El azabache, todavía impresionado, se tomó la libertad de caminar hacia las estanterías para tocar los libros, Mika se lo permitió, se sentó en la cama y se quedó mirando con deleite la cara sorprendida de Yuu ante lo que había en su cuarto, todos los niños reaccionaban así cuando veían su alcoba por primera vez pero ver a Yuu con la boca hasta el suelo era un placer inmenso, así que solo disfrutó observando cómo se acercaba a las estanterías para tocar los libros que ha ido coleccionando a lo largo de los siglos.
Yuu tocó con autentica admiración aquella madera fina de roble, mirando la cantidad de libros, unos muy antiguos y otros más recientes que se encontraban ordenados por orden alfabético. Se permitió a sí mismo un recorrido para que sus dedos tocasen el lomo de los libros como si estuviera tanteando el tacto de cada uno, fue entonces cuando sus dedos se toparon con algo que le hizo dar un brinco por su frialdad. Sintió un escalofrió cuando vio que se trata de un puñal pequeñito, o más bien una especie de abrecartas.
-¿Yuu-chan? ¿Ocurre algo?-preguntó Mika desde donde estaba al percatarse que la espalda de Yuu se había puesto rígida.
-¡Nada!-contestó rápidamente ocultando de forma automática el arma entre el pantalón y la sudadera del uniforme de ganado procurando que el vampiro no se percatase ¿aquel desnatado era idiota? ¿Cómo se le ocurría dejar al alcance un arma por pequeña que fuera?-Es solo algunos de estos libros me suenan…
-¿Sabes leer, Yuu-chan?-preguntó entonces Mikaela movido por la curiosidad, y de nuevo, apreció como la espalda de Yuu volvía a tensarse para seguidamente tener un aura de depresión a su alrededor que le sirvió como muda respuesta-Entiendo…
-¡B-Bueno! ¡¿Qué era lo que tu estas buscando?!-se apresuró en preguntar el muchacho con un sonrojo de vergüenza adornándole la cara que le causó gracia al mayor.-¡Dijiste que estabas buscando algo!-se acercó al rubio con una mirada molesta.
-Lamento decirte que tu no me sirves para eso-se encogió de hombros sin importarle lo mas mínimo disfrutando entonces de la cara de circunstancia que ponía el otro como si le dijera con solo su expresión "¿es broma, verdad?"
-¡¿Qué?! ¡¿Entonces porque…?!-exclamó alterado antes de sentir como el vampiro alargó la mano para tomar su brazo y darle un tirón para acercarle.
Entonces Yuu se vio a sí mismo en una posición realmente incomoda y vergonzosa. Se vio se repente sentado en una de las piernas del mas mayor, la mano de este se había posicionado en su cintura para evitar que pudiera levantarse, y sintió al mismo tiempo como le tomaba del mentó para que alzara la mirada y se encontrase con aquella rojiza y peligrosa mirada.
-¡¿Pero que…?! ¡Oe!-protestó el niño al verse en semejante situación.
-No me sirves para encontrar a quien estoy buscando-susurró cerca de la boca del menor.-Pero a nadie le amarga un buen dulce.
Yuu abrió la boca para protestar cuando de pronto sintió la boca del contrario cernirse sobre la suya. Yuu pegó un grito dentro del beso y comenzó a luchar para separarse de aquel asqueroso acto ¡¿Qué diantres era eso?! Entonces sintió como la lengua del vampiro acarició de forma demandante la suya, la sensación de repugnancia que sintió Yuu en ese momento fue tal que las nauseas no tardaron en aparecer y como reacción comenzó a golpear el pecho del ajeno en un instinto desesperado para alejarlo de él.
-Estate quieto-ordenó Mikaela al separarse un poco de él pero tan rápido como lo hizo volvió a juntar sus labios e invadir la boca ajena, para disgusto del menor.
Yuu se sintió indignado y totalmente humillado ante aquel acto de sometimiento que el mayor intentaba ejercer sobre él. Furioso, Yuu quiso darle una lección a ese chupasangre para que supiera con quien se estaba metiendo e invadido por sus impulsos sacó con rapidez el puñal que tenía oculto en el pantalón para alzarlo y asestarle una puñalada certera en el cuello del vampiro.
Mika se le ocurrió abrir los ojos para poder contemplar los ojos del menor quedando sorprendido al ver como éste se encontraba alzando un arma que iba directamente a su cuello. El rubio reaccionó deprisa esquivando la hoja con una velocidad tan vertiginosa que Yuu, al sentir la falta de apoyo donde estaba sentado y el haber errado el ataque, se desequilibró y cayó sobre su trasero en el suelo.
-¡Auchs!-se quejó el menor ante el golpe sin soltar el arma, reaccionó deprisa poniéndose en tensión moviendo la cabeza hacia los lados buscando donde se encontraba el rubio. No tardó al verle en una de las esquinas de la habitación, mirándolo con sumo enfado hacia su persona.
-No debiste de hacer eso…-gruñó Mikaela apretando los dientes viendo como aquel insolente azabache se levantaba para volver alzar el arma contra él.
Yuu, todavía sintiéndose furioso y humillado por el acto de Mikaela hacia él, no se lo pensó dos veces para volver a intentar su ataque.
-¡Escoria!-bramó Yuu con furia volviendo a abalanzarse contra el rubio alzando el puñal para incrustárselo en la cara.
Entonces se vio sorprendido al volver a fallar su intento y seguidamente sentir como algo le rodeaba y le hacía presión en el cuello, dándose cuenta en cuestión de segundos que Mikaela ya no se encontraba delante de él, sino a su espalda, usando su brazo para cortarle la respiración y encima lo alzaba para evitar que pudiera tocar el suelo con los pies. Por instinto, Yuu se retorció intentando aflojar ese agarre pero en un descuido y falta de coordinación terminó soltando el puñal, haciendo que la hoja hiciera un sonido metálico provocando un eco por toda la estancia.
-Esto no puedo pasarlo por alto, Yuuichirou-gruñó en un susurró Mikaela justo al oído del azabache haciéndole que se pusiera rígido al escucharle llamarle por su nombre completo con aquella voz raspada y rabiosa.-He consentido demasiadas veces tu insolencia, mocoso malcriado, pero ya va siendo hora de que te ponga en tu sitio y sepas de una vez respetar a tu dueño.
-¡Imbécil…!-logró articular Yuu retorciéndose-¡No…soy…un animal!
-No pretendía llegar a esto-advirtió Mika con voz ácida-Quería darte un susto para que vieras lo que ocurría si te pasabas de listo conmigo, pero ahora has ido más allá de ser solo un mocoso insolente. Se te ha ocurrido atentar contra mí. Pues bien, Yuu-chan, si te crees tan valiente como para atreverte a intentar asesinar a un vampiro, atente con las consecuencias de haber fallado en el intento.
-¡¿Q-QUE ESTAS HACIENDO?!-bramó Yuu al ver cómo le estaba descubriendo el hombro teniendo pleno conocimiento de lo que iba hacerle-¡No! ¡PARA! ¡PARA, ESTÚPIDO CHUPASANGRE!
Sin ni un ápice de piedad, Mikaela enterró sus colmillos en la carne joven del ajeno, Yuu aulló de dolor al sentir aquellos dientes hundiéndose en él sin cuidado y seguidamente sentir como la sangre iba abandonando su cuerpo. Sentía como Mikaela bebía de él sin pausa mientras pataleaba en busca de la libertad pero la rápida pérdida de sangre estaba mareándolo cada vez más y más, y ya estaba empezando a sentir como las extremidades se le entumecían hasta que finalmente ya no era capaz de seguir moviéndolas, dejándolas caer a cada lado de su cuerpo con peso muerto.
-P-para…-gimió Yuu con un hilo de voz al sentir como su visión comenzaba a ser borrosa.
Entonces Mikaela se detuvo y se separo del hombro ajeno. Estaba furioso por aquel comportamiento por parte de Yuu, pero no estaba por la labor de matarlo, no aun, no era su estilo el matar a niños sin antes haberse divertido con ellos o, en caso de insolentes como Yuu, inculcarles una buena lección de disciplina. Lamió la sangre que aun salía de la herida que había provocado durante unos segundos hasta que pudo comprobar que ya no brotaba más sangre de ella, cuando estuvo seguro de ello, no tuvo reparos de soltarlo para que cayera pesadamente en el lecho.
-Es hora de que alguien te enseñe modales…-susurró Mika viendo a Yuu encogerse por encima de las sabanas.
El azabache sólo respiraba con dificultad bastante hiperventilado, como si su cerebro rogara porque el vital oxígeno llegara pronto y en gran cantidad antes de que fuera demasiado tarde. Estaba tan mareado que ya comenzaba a desorientarse como quien despertaba de una larga siesta que no había sido reparadora. Entonces un gemido de sorpresa se ahogó en su garganta al sentir que una mano lo tomaba del hombro y lo volteaba para quedar recostado boca arriba lo que sin duda era un pésimo ángulo para él porque podía ver directamente la cara del rubio frente a sus ojos. De pronto sintió como la otra mano del mayor se colocaba a su otro hombro, y una vez ambos estuvieron sujetos les presionó sin ningún decoro ni cuidado alguno.
-¡Auch!- se quejó el niño al sentir casi como los dedos del vampiro se enterraban en sus ropas hasta apretar su piel por debajo de ésta.
-He soportado durante años tu insolente actitud, cordero estúpido- empezó a decir Mikaela con voz seria y con un semblante que podría haberle quedado bien a un asesino en serie-. Por mucho tiempo te he dejado en paz sin dejarme llevar por tus provocaciones. Debo decir que te he tenido mucha paciencia, más de la que debería haberte dado. Y hasta ahora has tenido suerte, pero sólo hasta ahora- rió quedamente cuál sádico unos segundos antes de proseguir-. Ya es tiempo de que aprendas que todo tiene un límite, y que toda mala acción tiene consecuencias y castigo. Un castigo que pienso aplicarte ahora mismo y con el cual espero aprendas a comportarte mejor de una vez.
-Ve...- apenas mascullaba Yuu tratando de poner en orden sus pensamientos y lo que quería expresar, haciendo acopio de toda su voluntad para responder a la amenaza del vampiro.
-¿Qué pasa? ¿Acaso pretendes pedir clemencia tan pronto?- decía el vampiro en clara intención de burla.
-Vete al... diablo- masculló al tiempo que trataba de mantener estable su respiración, y antes de que Mikaela hiciera o dijera cualquier otra cosa agregó-. ¡Chupasangre!- exclamó con rabia y, sin siquiera pensarlo, escupió sin piedad a la cara del adulto.
Mikaela apenas alcanzó a reaccionar cerrando los párpados para que la saliva del niño no le entrara en los ojos. Una sutil queja de asco escapó de su boca, tuvo que retirar su mano izquierda del hombro de Yuu para limpiarse el rostro con la manga de su ropa y con cada vez que repasaba con la tela para que absorbiera el resto de líquido un sentimiento de disgusto comenzaba a hacerse presente. Después de todo ya había tenido que soportar hasta los infantiles intentos de asesinato de ese malcriado, y aunque ese escupitajo no era nada comparado con todo lo anterior sin dudar era la gota que colmó el vaso.
¡PAAAAAF!
Ni una palabra, ni una sola explicación. Terminando de limpiarse la cara se retiró la mano para inmediatamente usarla en una fuerte bofetada contra la mejilla del azabache quien, por la fuerza del impacto, acabó volteando su cabeza hacia el otro lado tan rápido que al menos un par de vértebras de su cervical se contracturaron debido al fuerte movimiento.
-¡AAAAAAAAH!- gritó Yuu de dolor sin poder hacer nada para evitarlo, la mejilla que había recibido el impacto le ardía como si la hubieran marcado con un metal al rojo vivo y la sentía palpitar cual si se le hubiera alojado un corazón en ella. Gruñó entonces con rabia al tiempo que volteaba con dificultad debido al dolor que se le había gestado en el cuello y miró fijamente al mayor a los ojos-. Maldito...- masculló entre dientes-... te voy a matar...- decía de manera amenazante como si estuviera seguro que pronto lograría lo que estaba diciendo, como si fuera una meta realizable a corto plazo.
-¿Ah sí?- le cuestionaba el rubio mientras se iba posicionando encima del chico, hincándose frente a él con una pierna a cada lado del cuerpo de éste. Ya se había hecho a la idea de que el juego iba a durar un buen rato-. Quisiera ver cómo lo intentas- le sonrió con claro sarcasmo al tiempo que comenzaba a sacarse los guantes que cubrían sus manos.
-¿Qué?- fue todo lo que pronunció la boca de Yuu debido a la sorpresa que se la había gestado apenas vio lo que había debajo de los guantes de Mikaela ¡¿Qué clase de cosa del averno era esa?! Ya sabía que los vampiros no tenían nada de humano pero hasta ese día sólo pensaba que era porque sólo podían subsistir bebiendo sangre, pero jamás imaginó que lo inhumano no sólo iba en su estilo de vida sino también en el físico. Mudo del asombro, el niño observaba aquella mano que definitivamente ya no era humana, si bien la piel y la forma seguían siendo como la de cualquier persona las uñas eran sin dudar un gran cambio: Largas como de tres o cinco centímetros como mínimo, notándose peligrosamente afiladas y terminando en punta en vez de la típica forma redondeada; esas cosas que tenía eran más algo que recordaba a las garras de un animal salvaje que no dudaría en usarla para herir a su presa para debilitarla y someterla.
-Ya lo verás, Yuu-chan- decía calmadamente mientras se acariciaba las manos disfrutando tenerlas libres de aquellos guantes-: Voy a conseguir domesticarte ya sea por las buenas o por las malas- declaró como si estuviera promulgando una amenaza.
-¿Qué… Qué piensas hacer?- preguntó notándose nervioso sin permitir que aquellas manos se le perdieran de vista.
-Matarte sería lo más práctico, pero no sería divertido- sonrió como si de verdad estuviera disfrutando el momento y de la cara de miedo del chiquillo-. Sí, podría matarte sin problemas si tan sólo me lo propusiera- decía con suma calma como quien disfruta de una tranquila conversación mientras bebe un té, sus monstruosas manos se dirigieron al cuello del niño y se posicionaron en él como si fuera a ahorcarle, sin embargo no ejerció presión en ningún momento sino que sólo dejó las manos posadas ahí a modo de amenaza, aunque movió cuidadosamente sus dedos pulgares para que sus largas uñas desgarrasen con suma finura una delgada línea roja en la piel del muchacho de la cual empezaron a brotar unas pocas pero redondas gotas de sangre.
-¿Y por qué… no lo has hecho?- se atrevió a preguntarle tratando de controlar su nerviosismo-. ¿Si te es tan fácil cómo dices, entonces por qué no me has matado?
-Porque me diviertes- respondió con toda honestidad aunque mostrando una cínica sonrisa que trataba de aparentar amabilidad-. Te he dejado vivir sólo porque me diviertes- seguía diciendo con esa voz que daba a entender que no mentía, luego se acercó al oído del chico para susurrarle-. Y además creo que todavía puedo divertirme un poco más contigo.
Eso había sido sin lugar a dudas una amenaza, sin importar qué tan bien la hubiera ocultado en una frase que se oía positiva, Mikaela le había hecho entender claramente algo trascendental: Que una vez se aburriera de él lo quitaría de en medio para siempre.
Apenas había acabado de entender aquella intención cuando sintió los dedos de la otra mano del rubio tomarle el mentón. Podía incluso sentir como sus filosas uñas rozaban la piel de su rostro amenazando de una forma sutil con cortarle la cara si se le ocurría hacer cualquier clase de estupidez. Así mismo podía percibir también las uñas que rozaban apenas la piel de su cuello, también amenazando con darle el golpe de gracia.
-"Todo va estar bien. Voy a regresar"- se repetía mentalmente Yuu una y otra vez con la intención de contenerse y no hacer más idioteces de las que ya llevaba. Les había prometido a los suyos que regresaría con vida y no pensaba faltar a esa promesa por mucho que le provocara el vampiro. A como diera lugar no iba a ceder. Ese era su único pensamiento para soportar la situación en la que se había metido. Hasta que...-. ¿Mph?
Abrió los estupefacto, trató de decir algo en su defensa o al menos despotricar lo primero que saliera de su boca aunque hacer aquello ya era imposible si hacía tan sólo un instante Mikaela le había sellado los labios con los suyos propios.
De nuevo, asco y repugnancia era la única descripción que podía figurarse el azabache. Sólo ver la cara del vampiro a tan poca distancia de la suya ya le causaba repulsión ni siquiera sabía cómo colocar en palabras lo que le producía que estuviera colocándole su boca sobre la suya. Muy a pesar que ya lo hubiera hecho antes, la sola percepción se hacía tan nauseabunda que tenía ganas de vomitar y estaba seguro que lo haría de un segundo a otro si no se controlaba. Cerró los ojos con fuerza para dejar de ver al mayor y trató de hacer esfuerzos para no devolver su última comida en la cara del vampiro, porque si respondía con una bofetada ante un escupitajo quién sabía cuál era el castigo por vomitar.
Como mucho había durado ocho segundos, decir que fue más sería exagerar. Sin embargo para el niño había sido una eternidad, sin dudar los segundos más largos que habían vivido. Aunque apenas sus labios se vieron liberados de la presión de Mikaela comenzó a toser quejosamente debido a la repugnancia que todavía tenía de sentir el sabor del otro en su boca.
-Besas mal- pronunció el vampiro con sorna-. De hecho todos tus besos han sido terribles. He de suponer que soy el primero que te besa. ¿Me equivoco?- inquirió.
-Kgggh... cof, cof...- tosía todavía el niño tratando de contener cualquiera de las respuesta que quería darle, ya que seguro ninguna le ayudaba a que las cosas fueran a mejores-. Ya... cof, cof...- trataba de decir algo entre tanto tosido de náuseas cuando de pronto-. ¡KGGGHH!- se quejó entre dientes, apretando la mandíbula tanto como podía para evitar dejar escapar cualquier sonido que le hiciera parecer débil. Mikaela había comenzando a rasguñarle con toda intención por el costado de su cuello con la afilada uña de su dedo pulgar y es que el corte escocía tanto como si se le estuviera rasgando la piel.
-Ni se te ocurra decir nada- declaró seriamente como dándole pie a una amenaza-. Ya no quiero escucharte, no estoy de humor para seguir soportando tus tonterías- decía escuchándose notoriamente malhumorado y tras dos segundo de silencio agregó-. Ya te has divertido mucho a costa mía. Y ahora llegó mi turno- finalizó de decir con una sonrisa mordaz.
-"¡PERO SI EL QUE SE HA REIDO A MI COSTA HAS SIDO TÚ, DESGRACIADO!"- reclamó Yuu pero sólo en su mente, de ninguna forma se lo haría saber en voz alta a estas alturas.
De pronto sintió como las manos del mayor abandonaban su cuello y su cara dándole una mera ilusión de alivio que duró pocos segundos hasta que las sintió agarrarse cada una a un lado de la sudadera blanca que usaba y que lo marcaba como un miembro del ganado. Una sensación de miedo a lo desconocido se le generó, no tenía ni la menor idea de qué pensaba hacerle ahora, entonces...
¡RAAAAAAAAAS!
Escuchó cómo se rasgaba la tela cuando Mikaela la abrió de golpe, incluso notó como los pocos botones salían disparados de la fuerza con la que fue abierta la sudadera, no había que tener dos dedos de frente para darse cuenta que la había echado a perder. Sin embargo eso no era lo que más le preocupaba a Yuu en ese momento, más bien era que su torso desnudo había quedado completamente expuesto al vampiro quien miraba con suma tranquilidad el infantil cuerpo que se le aparecía frente a sus ojos.
-Qué... ¿Qué preten...?. ¡AAAAAAGGH!- gritó de dolor sin poder evitarlo apenas sus palabras se vieron interrumpidas cuando el rubio le mordió sin decoro alguno por el costado de su cintura izquierda. Le dolía tanto que ni siquiera podía pensar en pedirle que se detuviera y es que hasta le parecía que estaba mordiendo con más fuerza de la usual y lo cierto era que no estaba equivocado en ello. Mikaela le había mordido no con el fin de alimentarse nuevamente como cualquiera supondría, lo había hecho con todo el propósito de dañarle, de herirlo tan profundo como pudiera para que la herida le provocara molestias y ardor. En todo lo que llevaban nunca había perdido la noción de que debía castigar al niño y aquel acto era sin dudar una parte de ello.
Apenas retiró sus colmillos levantándose lo suficiente como para seguir apreciando al niño, Yuu comenzó a respirar agitado tratando de conseguir en vano un alivio que nunca conseguiría oxigenando su sangre.
-¿Qué pasa, Yuu-chan?. ¿Acaso no disfrutas el momento?- le preguntó cínicamente haciéndose el buena gente.
-Jo... ¡Jodido hijo... del averno!- logró reclamarle entre tanto respiro agitado, apenas podía pensar con el dolor en su flanco izquierdo que no se dio cuenta que había hablado de más sino hasta que sintió como una de las manos del rubio se colaban por debajo de su pantalón y de su ropa interior, lo cual le hizo callar al instante así como también tomó especial atención a las garras de Mikaela que comenzaban a pasearse peligrosamente por encima de su infantil miembro. No podía emitir ni una sola palabra del shock que se le había gestado, de todas las acciones que alguna vez podría haberse imaginado que le haría Mikaela ésa no se la había imaginado ni en lo más mínimo.
Yuu esperaba ser mordido, quizás atacado, tal vez incluso que le diera palizas hasta caer inconsciente; de ninguna forma había esperado que el mayor fuera a hacer ese movimiento.
-Querido Yuu-chan- empezó a decir con calma, como si estuviera deleitándose con la expresión que le ofrecía el muchacho-, tú no tienes ni la más remota idea de lo que es el verdadero dolor. No has vivido lo suficiente para saberlo- y diciendo aquello empuñó su mano sobre el miembro del niño y agregó-. Pero si quieres conocer lo que es el verdadero dolor no te voy a impedir que lo aprendas- sonrió sin vergüenza alguna al final de su oración.
El azabache tragó saliva con dificultad a causa del temor, no quería creer en las palabras del otro y como podía trataba de especular que sólo era para provocarle miedo, como cuando jugaba con él en esas veces que quería hacerle rabiar. Entonces recordó en donde se encontraba: En la habitación de Mikaela; esto no era las calles de Sanguinem donde podía hacerse el valiente un minuto y al siguiente correr a su casa o a un arbusto para esconderse, no había un humano a la vista que pudiera venir en su auxilio si es que existía esa posibilidad ya que eran sólo unos cuantos contados con los dedos de las manos que se atrevían a ir en la ayuda de algún compañero de ganado. Este era el lugar del cual ningún niño solía volver con vida, siendo solo Shigeru el único que había conseguido sobrevivir y solo porque Mikaela decidió dejar que así fuera. Hasta entonces nadie había logrado decir qué diantres era lo que le hacía a los niños que se llevaba, sin embargo Yuu tenía el presentimiento que muy pronto sería testigo de lo que hacía el mayor dentro de las cuatro paredes que conformaban su lugar de descanso.
Todo eso pasaba fugazmente por su cabeza en cuestión de segundos, hasta que sus pensamientos fueron cortados cuando sintió sus pantalones y su ropa interior rozándole como si estuvieran siendo bajadas. No sabía por qué sentía esto hasta que sus neuronas salieron de su lenta sinapsis haciéndole dar cuenta de una idea que le horrorizó: Mikaela le estaba desnudando.
-¡NO!. ¿QUÉ HACES?- alcanzó a replicar en cuánto sintió que las prendas salían por sus pies, por inercia trató de moverse aún cuando todavía sentía el cuerpo cansado a falta de sangre, aún si el costado todavía le dolía debido a la herida que le habían dejado minutos atrás, y aunque fue un movimiento leve y torpe no alcanzó a hacer más que eso pues de inmediato se detuvo en seco cuando notó que la mano del rubio se cerraba en un puño alrededor de su miembro.
-No hagas nada de lo que después te puedas arrepentir, Yuuichirou- advirtió el mayor muy cerca del oído del chico-. No estás en posición de hacer algún movimiento inadecuado, si te mueves demasiado brusco podrías acabar haciéndote mucho daño- rió quedamente.
El azabache estaba aterrado, su rostro lentamente iba formado una mueca de miedo cada vez más visible. Trataba como podía de no moverse debido a que su sexo se vería comprometido. De ninguna forma imaginó que esto podría pasar. Ni en sus peores pesadillas había soñado que esto era lo que Mikaela hacía. Entonces sus pensamientos se dirigieron a Taichi y empezó a imaginarse lo que hubiera pasado si él nunca hubiera tomado el lugar de su hermanito. ¿De no haber pasado las cosas como habían sucedido sería Taichi quién hubiera pasado por esto?
-Di… Dime…- logró pronunciar tratando de no tartamudear y cuando notó que el rubio no lo había hecho callar como antes prosiguió-. Esto es… ¿Esto es lo que también experimentaron los otros niños que te has llevado?
El mayor le observó a los ojos en silencio como si no se hubiera esperado eso y es que el chico realmente tenía dudas al respecto. Tal vez y todo sólo era un castigo en exclusiva para él, y de ser así al menos podría morir con la tranquilidad de saber que si el próximo después de él resultaba ser Taichi al menos la tortura sería menos cruel. De pronto vio reír al rubio con sutileza, como si la pregunta le hubiera hecho gracia.
-Jejeje. ¿Acaso quieres hacer tiempo?- le preguntó en una voz que se oía burlona-. Bueno, para responder a tu duda pues te digo que no. Esto no es lo que hago con los demás niños que vienen conmigo- empezó a explicar notándose muy seguro de sus palabras-. Aunque reconozco, que en teoría, lo que estás viviendo no se diferencia mucho de lo que he hecho con los demás- y al escuchar aquello los miedos de Yuu se hicieron más visible en cuanto abrió los ojos de la sorpresa al confirmar lo que temía-; sin embargo, en la práctica todo es muy distinto, porque con los niños que me gustan trato de comportarme lo mejor posible. Y ya que tú no tienes nada que me guste, no tengo por qué contenerme- susurró esto último con seriedad y tras unos segundos de pausa que aprovechó para contemplar el terror en el rostro infantil continuó-. A diferencia de los otros niños no pretendo para nada que tratemos de pasar un buen rato, ni en lo más mínimo. La verdad no creo que entiendas algo de lo que quiero explicarte, pero eso da igual porque de todas maneras haré que esto lo que recuerdes como el castigo que has acumulado todos estos años por no comportarte como un buen miembro del ganado- finalizo de decir en una sarcástica sonrisa.
Indefenso, así era como se estaba sintiendo el azabache. Incluso aunque sabía que por el simple hecho de vivir en Sanguinem ya estaba a la merced de los vampiros jamás se había sentido tan indefenso como ahora. Estaba prácticamente desnudo, su sudadera abierta era la única prenda de ropa que había quedado, todo lo demás yacía en el suelo a un lado de la cama.
-¿Y ahora que debería hacer?- empezó a divagar el vampiro en voz alta-. Me pregunto si estarías mejor si te preparo o sencillamente empezar sin tanto preámbulo- decía tratando de mirar ligeramente hacia otro lado como si estuviera reflexionando algún asunto de seriedad cuando en realidad solo estaba disfrutando del momento de hacer sufrir a Yuu cuanto más se pudiera. El niño no entendía nada en absoluto de lo que estaba tratando de decir Mikaela aunque por todo lo que sucedía intuía que no sería nada bueno-. Vaya, no puedo decidirme del todo: Prepararte sería compadecerme de ti y no hacerlo podría dolerme hasta a mí ya que no tienes experiencia- dijo de pronto encogiéndose de hombros.
-¿Qué?- fue todo lo que pudo murmurar un confuso Yuu, no entendía nada de lo que hablaba el mayor.
-¡Vaya dilema!- seguía pensando en voz alta-. Tal parece que la mejor opción será "probar" un poco antes de intentar nada. Sí, creo que eso sería lo mejor- sonrió complacido de llegar a una resolución. Y antes de que el niño pudiera entender algo...
-¡AAAAH!- se escapó un pequeño grito e sorpresa desde lo más hondo de su garganta en cuanto sintió la mano del rubio rodeando y tomando su miembro en una mano comenzó a masturbarle moviéndolo de arriba a abajo sin importarle si estaba siendo brusco o no lo cual seguro era así porque Yuu no para de gritar quejumbroso-. ¡NOOO!. ¡DETENTE!
-¿Demasiado fuerte para ti?- susurraba mostrando una sonrisa de deleite.
-¡NOOOO!. ¡DEEEEEJAAAAA!- se quejaba a gritos sin poder hacer nada por acallarlos.
Por más que gritaba no parecía que eso molestara en nada a Mikaela sino todo lo contrario. Además, y a pesar de todo, su infantil miembro que hasta hacía unos segundos se encontraba flácido había comenzado a erguirse y a ensancharse cada vez más, el vampiro no necesitó más de dos minutos para dejarlo casi totalmente erecto.
-¡BASTAAAAA!- rogaba el chico ya no pudiendo soportar más las sensaciones que se le generaba. De pronto había comenzado a sentir mucho calor con lo que le hacían y hasta podía sentir como se le aceleraba el corazón y la respiración como si se estuviera hiperventilando.
-¿Y tu decías que ibas a matarme?- le cuestionó mordazmente el mayor mirándole con sorna-. Sólo mírate: No eres más que un crío estúpido; sólo necesité unos minutos para doblegarte y hacerte rogar- decía aquello sin dejar de masturbarle en ningún momento.
Que encima le recordara la realidad era aún peor, porque por mucho que no quisiera reconocerlo Mikaela tenía toda la razón. ¿Qué podía hacer él? ¿Y así quería acabar con todos los vampiros cuando ni siquiera podía enfrentarse a uno? ¿En que estaba pensando cuando creyó que podría matarlo con un simple puñal? Cuando esos pensamientos pasaron por la cabeza de Yuu, unas traicioneras lágrimas de frustración comenzaron a juntarse en las comisuras de sus ojos, dando a ver que había entendido su situación y que tal vez no iba a lograr hacer nada por cambiar su vida, todavía menos la de su familia, o de cualquier otra persona. Su mera existencia era nada, había sido nada y sería condenada a la nada con toda seguridad ya que, como casi todos sabían: Nadie que se iba con Mikaela regresaba con vida.
-¡AAAH!- se escapó repentinamente de la garganta del chico un sonoro gemido que desencajó por completo de todos los gritos que había exclamado hasta entonces. De pronto había sentido un cálido líquido cayendo encima de la punta de su sexo y debido a la sensibilidad que se le había gestado había sentido tal cosquilleo que incluso le provocó un escalofrío que le recorrió toda la espina haciéndole temblar un poco en el proceso. Lo que había sucedido era que el vampiro había dejado caer un poco de su saliva sobre el miembro infantil con el fin de excitarlo un poco más y poder mover más rápido su mano para apresurar la masturbación-. ¿Por qué...?. ¡AHHH!. ¿Por qué de pronto... se siente bien...?- cuestionó confuso entrecerrando los ojos.
-No te engañes, Yuu-chan- le advirtió sonando un tanto amenazante mientras deslizaba cuidadosamente su mano libre al trasero del chico-. No es mi intención que lo disfrutes- sonrió cual sádico al tiempo que introducía sin decoro alguno su dedo índice en el ano del azabache.
-¡AAAAAAAAAGH!- gritó de molestia al sentir la invasión de ese dedo en su interior.
-Eso es, así está mucho mejor- susurró complacido el mayor.
Todo era tan confuso para Yuu, durante un momento logró sentirse bien y luego al otro le volvió a doler. La vergüenza era el sentimiento que más le abarcaba debido a la sensación de sentirse invadido y a cada segundo que pasaba tenía la impresión de que pensaba con menos claridad, como si ya nada importara, como si su cerebro y su cuerpo ya hubieran dado por hecho que ya no valía la pena seguir luchando. Era un hecho: Se había dado por vencido.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAH!- gimió desde lo más hondo el niño cuando sintió un agobiante escalofrío recorrerle, extrañamente partiendo desde su sexo. Había notado como si algo quisiera ser expulsado y pronto de lo molesto que era retenerlo, y antes de pudiera entenderlo ya había eyaculado su blanco y pegajoso semen en la mano del vampiro para luego jadear del cansancio como si hubiera estado haciendo una hora de ejercicio intenso lo cual sonaba irónico si recordaba que en todo ese rato sólo había estado tirado en una cama.
-¡Pero qué mal!. ¡Muy mal Yuu-chan!- decía burlonamente el mayor admirando el líquido seminal que había quedado esparcido en su mano-. Te has venido demasiado rápido, eso sólo prueba que sigues siendo un niño.
-Ya... ahhh... ya no...- trataba de decir entre jadeos.
-¿Ya no quieres más?- cuestionó el mayor tratando de adivinar-. ¿Pero por qué quieres parar tan pronto si todavía ni hemos empezado la mejor parte?- rió con sutileza al final de sus palabras y Yuu no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa al escuchar lo último.
-¿Qué?- pronunció con temor. ¿Es que había más?. ¿Era eso posible?
Entonces Mikaela llevó la mano que todavía tenía manchada con los fluidos del niño, movió los dedos de tal manera que quedaron untados en el semen y los introdujo en el interior de Yuu con el fin de lubricarle.
-¡AAAGH!. ¡NO!- exclamó al sentir la invasión.
-Venga, que sólo son dos dedos- sonrió con su ya reiterado cinismo-. Si ni siquiera puedes con unos dedos entonces ni imagines lo que se vendrá dentro de poco.
El chico apenas podía entender lo que estaba pasando, una vez más estaba metiéndole los dedos ahí adentro y encima con esa cosa viscosa que había salido de él. Tenía la impresión como si estuviera siendo ensuciado ya que, por muy malas cosas que hubiera vivido a su corta edad, esos lugares que guardaba bajo su ropa interior los consideraba sucios y cualquier cosa que saliera de ellos no debía ser algo bueno, por lo mismo le disgustaba el hecho de que le metieran aquel fluido por su ano el cual lo consideraba incluso más sucio. Como si eso fuera poco le molestaba y le ardía mucho que le metieran los dedos esparciéndole ese pegajoso líquido, le dolía sobretodo porque los dedos de Mikaela no dejaban de pasearse adentro suyo haciéndole doler y, paso, rozándole con esas largas y filosas uñas las cuales imaginaba desgarrándole desde el interior. Se figuró que quizás el plan del vampiro era partirlo desde dentro hacia afuera, no creía que le fuera muy difícil considerando esas uñas que parecían garras, como fuera esperaba fuera rápido y terminara pronto con todo; por lo mismo se sorprendió cuando sintió que los dedos salieron dejándole una nueva y molesta sensación de vacío.
-Bien, creo que ya podemos comenzar- anunció el rubio empezando a bajarse sus propios pantalones para la sorpresa y confusión de Yuu, sin embargo sólo los bajó lo suficiente como para dejar entre ver su propio miembro el cual ya empezaba a tomar forma ensanchada.
-¿Pero... qué...?- pronunció el niño notándose muy confuso.
-Le falta un poco más- decía el vampiro más para sí mismo mientras se llevaba una mano a su sexo para comenzar a masturbarse-. A pesar de todo no me he excitado mucho, pero descuida. Sólo dame un momento.
Tal y como antes se lo había hecho a Yuu comenzó a mover su propio sexo hasta que creció y acabó poniéndose erecto por completo cosa que le tomó menos de veinte segundos. El niño se había quedado sin habla al ver lo grande que era, mucho más grande de los que habían visto alguna vez ya fuera cuando se cambiaba con sus hermanos y coincidía al bañarse con algún otro chico. No imaginaba lo que iba a pasar sino hasta que el vampiro le respondió sus dudas.
-Voy a meterte esto- decía mostrándole su miembro firmemente tomado en su mano-, por aquí- agregó tocándole la entrada de su ano.
-¿Eh...?- fue todo lo que salió de la boca del chico debido al shock.
-Por la cara que tienes he de suponer que no te lo esperabas- se burló para luego reír con sutileza-. Seguro estás deseando que mis dedos nunca salieran de ti. ¿Me equivoco?
-No... ¡Por favor, no!- le rogó sin siquiera pensarlo, porque si no había podido aguantar dos dedos ni hablar de esa cosa gruesa y larga. ¡No lo soportaría!. ¡Seguro y lo mataba en el proceso!
-Con que sabías rogar después de todo, lástima que ahora no te sirve de nada- le sonrió con sarcasmo mientras acomodaba la punta junto al ano del chiquillo.
-¡NO!. ¡VOY A MORIR!- exclamó con temor al notar que no tenía escapatoria: Estaba débil por la falta de sangre, estaba desnudo, estaba indefenso. Estaba perdido-. ¡AAAAAAAH!- gritó aterrado al sentir como el miembro del mayor empujaba contra su entrada, se había asustado por un segundo al sentir la suavidad del glande contra su piel temiendo que ya estuviera entrando.
-¡Deja de gritar, joder!. ¡Qué todavía no te meto ni la punta y ya te estás quejando!- le regañó mostrándose muy molesto de un segundo a otro. Se movió un poco hasta que su punta quedó encajada y lista para entrar en Yuu.
-¡NO! ¡BASTA! ¡QUIERO VOLVER A CASA!- reclamaba ya soltando las lágrimas que se le habían acumulado momentos atrás.
-¡Ya es demasiado tarde para eso!- reclamó el mayor al tiempo que empujaba su miembro en el ano del menor.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGHHHHHHHHH!- aulló de puro dolor y terror el niño haciendo que su voz hiciera eco en las paredes.
Y entonces sucedió: Mikaela se detuvo en seco.
-¿Qué?- pronunció el mayor notándose aturdido.
Se detuvo por completo sintiéndose extremadamente confundido. Había sentido como si una especie de corriente eléctrica hubiera pasado fugazmente por su cabeza para luego sentir como un frío sudor empezaba a correrle por debajo de la nuca. Entonces miró fijamente la agitada facción de dolor de Yuu, observando cómo respiraba hiperventilado tratando de resistir a la nueva invasión que tenía. Casi podía presentir que algo estaba fuera de lugar, incluso podía sentirse que estaba... ¿Arrepentido?
¿Estaba arrepentido? ¿De qué? ¿De darle una lección a un criajo maleducado y descarriado? ¿Por qué debía arrepentirse de algo así? Además no era la primera vez que tomaba por la fuerza la intimidad de un niño, lo había hecho tantas veces durante siglos que ya había perdido la cuenta, así como también había perdido la culpa de tomarlos por la fuerza ya que ningún niño se dejaría tener sexo a conciencia con alguien como él. No, seguro todo era su imaginación, no podía haber otra explicación. Lo más probable es que después de tanto tiempo teniendo sexo sólo con críos ya estaba comenzando a desvariar o quizás finalmente le estaban pasando la cuenta sus muchos años de inmortalidad. Fuera lo que fuera no debía ser algo muy importante, por lo mismo en cuanto se repuso de la confusión sólo negó ligeramente con la cabeza y reanudó lo que había empezado.
-Basta... basta...- notó que le pedía entre jadeos el azabache, todavía tratando de aguantar el dolor.
-¡No creas que ya terminé contigo!- le reclamó Mikaela para luego tomarse de los hombros del chico para tomar impulso y volver a empujar su miembro otra vez.
-¡NOOOOOOOOOOOO!- gritó de dolor al sentir como su interior se vejaba con el paso del ensanchado sexo del vampiro.
El mayor volvió a detenerse de nuevo. Todavía no había logrado entrar por completo en Yuu, apenas había cubierto la mitad del camino y ya sentía que no podía continuar.
-¡Por favor...!. ¡Me duele...!. ¡No más... por favor... ya no...!- pedía entre jadeos el niño sin siquiera completar correctamente una sola oración.
Mikaela sencillamente no podía entenderlo. Hasta entonces jamás se había detenido antes con ningún otro niño. Por más que gritaran de dolor, lloraran o suplicaran jamás había detenido sus actos ni una sola vez. Y esta resultaba ser su primera excepción.
Por primera vez sentía como si se le partiera el alma al ver a Yuu sufrir por su causa, la culpa que hace mucho había olvidado comenzaba a llenarle el cuerpo, corroerle y oprimiéndole por dentro como si fuera su propio castigo. Quería seguir, pero no podía seguir. No, no podía, no de esta manera. Era imposible seguir con aquella sensación de que se estaba equivocando a lo bruto, como si estuviera haciendo algo que jamás se perdonaría.
-Quiero irme... a casa...- sollozó en un murmullo el niño volviendo a soltar unas lágrimas que cayeron por sus mejillas hasta perderse en el cobertor del lecho. Y cuando el vampiro notó aquello...
Ya no pudo más.
Sin aviso, sin decir nada, se salió del chico de una sola vez.
-¡AAAAAH!- gimió de dolor el azabache al sentir el rápido movimiento del miembro de Mikaela, ahora sintiendo un vacío aun mayor que cuando habían estado solo los dedos del vampiro. Sintiéndolo todavía más molesto, incluso le ardía como si tuviera alguna herida interior, lo cual era muy probable.
Yuu se puso un brazo sobre sus ojos mientras sus ojos seguían dejando salir sus lágrimas con un horrible dolor en su interior y en todo su cuerpo. Mika se dedicó a observarlo con la consternación plasmada en su rostro intentando procesar que era lo que había pasado en esos últimos segundos, escuchaba sus lloros y quejidos de dolor aun cuando no había culminado por completo en el acto había conseguido que el siempre impertinente y envalentonado Yuu quedara totalmente derrotado y lloroso sobre su cama. Había conseguido su propósito, lo que había pretendido desde un principio, entonces ¿Por qué se sentía tan mal al verle así? No le había afectado sus anteriores gritos, pero esos dos últimos le había detenido en seco sintiendo que se le paralizaba incluso las extremidades.
¿Qué demonios había pasado ahí? Yuu no ha parado de gritar desde que comenzó y justo ahora era que sus gritos habían conseguido detenerle ¿Por qué? ¿Por qué ahora y justo en esos momentos le venía esa sensación de malestar? Nunca había tenido esa sensación con ningún otro niño.
El desconcierto y la confusión que embargaban a Mika, fueron disipándose para dar paso a la rabia y la frustración. No entendía que diablos había pasado, no entendía porque incluso en esos instantes seguía sintiendo deseos de terminar con lo que había empezado pero…no se atrevía, no se atrevía por temor a hacerle aun más daño al menor ¿Qué pantomima era aquella? ¡¿Qué le había hecho ese maldito niñato?! Furioso, y sin poder evitarlo, echó a Yuu de su cama de malos modos haciéndole que cayese al suelo sobre su trasero.
-¡AAAAAH!-gritó dolorido Yuu al caer justo sobre su trasero.
De nuevo, aquel grito hizo que Mika se pusiera tenso, llegándole incluso a temblarle las manos, ni siquiera se dio cuenta cuando gateó hasta la orilla de la cama para encontrarse con la imagen de Yuu encogido en el suelo en posición fetal, buscando consuelo en si mismo ante el dolor, Mika alzó la mano hacia él pero al darse cuenta de lo que estaba haciendo se detuvo y de nuevo mostró una rabiosa mirada. No entendía nada.
-Vístete y lárgate de aquí-ordenó con la voz gutural por causa del enfado.
-¿Qu…?-fue a decir el menor mirando al mayor por encima del hombro encontrándose con la mirada furiosa de Mikaela.
-¡¿No me has oído?! ¡LARGO DE AQUÍ!-bramó Mika con la cara desencajada por el enfado.
Yuu, horrorizado y dolorido, se apresuró solo en colocarse los pantalones y salir corriendo de la habitación sin mirar atrás dejando que sus gritos y lloros hicieran eco por los pasillos.
-Para…para….-gruñó Mika sosteniéndose la cabeza y apretando los dientes al escuchar aquellos gritos haciendo eco por los pasillos de la mansión Bathory.
Apartó las sabanas con rabia para ir a sentarse a su escritorio, donde reposaba el cuaderno de bitácora que tanto atesoraba. Se puso las manos sobre la cara, respirando profundamente varias veces intentando recuperar la calma, sus ojos se asomaron de entre sus dedos para poder ver la portada de su precisado cuaderno, ennegrecido y desgastado por el tiempo. Con toda la delicadeza del mundo lo abrió y pasó una a una sus páginas, aspirando aquel aroma a nostalgia que siempre sentía.
-Gekko ¿Qué me ha pasado?-preguntó directamente al cuaderno acariciando una de las páginas en blanco con gentileza.-Necesito verte…solo tú puedes aclarar todo mi mundo…
De nuevo, una sombra negra se paseó por las páginas que el rubio había escogido antes de que Mika recostara su cabeza sobre él cerrando los ojos en el proceso.
No sin antes sentir un último temblor al volver a escuchar otro grito de Yuu desde la lejanía.
CONTINUARÁ
¿Llegaste hasta aquí, mi querido/a lector/a? ¡Felicidades! Bien, me he dedicado por completo a este capítulo tan laaargo, que os lo digo con toda la sinceridad del mundo, es el capítulo más largo que he hecho en toda mi vida y sin exagerar. Mi media de páginas por capitulo es de 20 y no sé como narices lo he hecho que me han salido 40 y es como "¿Hola? ¿Qué pasa aquí?". Me había planteado la posibilidad de cortarlo y dividirlo en dos capítulos, pero no me vi capaz de hacerlo, cortara donde cortara dejaría un corte, valga la redundancia, que no gustaría por haberlo dejado. Por eso me arriesgo y lo dejo así.
Supongo que muchos coincidirán en algo ¿Quién es Yasha? Y sobretodo ¿Quién es Gekko? Y si no coincidís es porque no habéis leído todo, así que, a leer, no seáis vagos anda! En el siguiente capítulo ya nos adentraremos en las memorias de Mika donde se os revelara quienes son estas dos personas y que significaban para Mika. Esto es un fic donde los recuerdos de Mika son el estandarte de toda la trama y que dan peso a todo.
De nuevo y no menos importante, el lemon fue hecho por mi amiga y colega del Mal Jaakuna Sakkako, atribuciones y méritos a ella por su buen trabajo, no todos son capaces describir tan fielmente situaciones de este calibre.
Así que para los que quieran más capítulos reventad el botón y enviar vuestros preciosos review que me motivan a continuarlos. Eso sí, no puedo aseguraros que todos los capítulos sean tan largos, más que nada por yo trabajo, ya no soy una estudiante y no tengo tiempo T-T. En fin ¡Muchas gracias, chicos!
Ah, solo a modo de curiosidad. Shigeru y el amigo suyo que menciona, son un guiño (o cameo) a los creadores de videojuegos de Nintendo, sobretodo de Pokémon, lo mismo que el pájaro de fuego que hace guiño a Moltres.
Ahora os dejare aquí las respuestas a los reviews que he recibido en el anterior capitulo, que lo dicho ¡Putos amos todos vosotros!
Laury Shinn: ¡Pues toma continuación! ¡Y largo, para que no quepa el ansia! Mika picaron…pseeee o más bien un pelín pederasta pero bueeeh
Kagomejunko: Realmente yo tampoco me imaginé a Mikaela con otra personalidad que no fuera la del anime y menos aun tal cual me ha salido a mí, pero solo me puse a pensar como debería de haber sido de haber vivido otra época, haberse convertido en vampiro por su propia voluntad y que, sobre todo, no hubiera tenido influencia por los Hyakuya pero como, siempre, intento que la esencia siga ahí. Espero volver a leerte. Saludos y gracias.
Anto_chan: ¿Senpai? –muere de amor ante aquel término hacia su persona y pega grititos-¡Muchísimas gracias! ¡Espero que hayas disfrutado de este capítulo laaaargo, que lo hice con mucho esfuerzo!
Harukami Katsuragi: ¿Se puede enamorar una de un fic? XDDD ¡invítame a la boda! ¡Seré la madrina! Vale, no, que se me va la pinza. Jajaja, lo lamento pero yo escribo al ritmo que puedo y cuando puedo, mi trabajo no me suele dejar mucho tiempo libre, así que hago lo que puedo, lamento las ausencias. Muchísimas gracias por leerlo, de veras,
Juliette: Muchas gracias, que gente como tu disfrute de lo que escrito y me lo deje en review hace que dedicarme a ello me valga la pena. Espero poder seguir cumpliendo las expectativas y que te siga gustando como hasta ahora.
Laura16:….¿en serio revisas diez veces? Oh, dios, eso es perseverancia y lo demás tonterías ¡choca esos cinco! Jajaja, siento el tiempo que has esperado pero debido a mi trabajo no dispongo de demasiado tiempo así que escribo en mis huequitos libres, espero que a pesar de mis tardanzas sigas leyéndome.
Guest: Gracias! Seguiré esforzándome.
Linita0507: Seguido y larguito que me ha quedado, espero hayas podido disfrutar.
Ai-chan: Si, sé que no es el Mika dulce y adorable que todos conocemos, pero ha vivido circunstancias distintas y por supuesto tiene muchísimos más años (novecientos años para ser más exactos), si o si eso hace que tenga una personalidad distorsionada al anime pero siempre intento que la esencia siga ahí, sino estaría relatando un personaje totalmente distinto y tampoco quiero eso. No, no, el del primer cap no era Yuu, ni siquiera era Shigeru, era otro así que descuida ¿leíste Encanto Lunático? ¡No sabes la alegría que me das al decirme eso, muchas gracias.
Lara: ¿Qué tendrá todos los personajes malvados que gustan tanto? XDD misterios de la vida, muchas gracias por leer y dejarme review, realmente por recibirlos ayudan a que continúe los fics.
Rianberry: ¿Uno de los mejores? Exageras, seguro que hay algún otro en este fandom que me supera, seguro, pero agradezco infinitamente tus palabras. Yo pienso que Mika tendría esta personalidad de haber vivido otras circunstancias, y evidentemente seria mas retorcido y menos compasivo.
Kali: Jaja Me alegra de que te guste, y creo que todas tenemos cierta debilidad por ver a personajes que nos gusta con facetas de malos. Es que les sienta tan bien la maldad (?). Y bueno, te preguntabas como sería con el pequeño Yuu, es este cap claro queda.
Cleitolove: Continuado! Pues ya ves en este cap la mala leche que se gasta Mika.
