Capítulo 3: Por Bella

Alice Pov

Ya habían pasado meses desde que nos fuimos de Forks. No sabía cómo sentirme. Estaba enojada con Edward porque por su culpa había perdido a la única amiga que había tenido, bella había llegado a ser una hermana para mí. Estaba triste porque extrañaba a Bella como nunca había extrañado a nadie. Me costaba resistirme a ver su futuro y no extrañaba a Edward. No quería echar de menos a alguien que aparte de separarme de alguien tan querido, ni se preocupaba por los pensamientos de los demás, ni prestaba atención a los sentimientos de otros. Yo no creía que Bella hubiese querido que se alejara de ella por su seguridad. Incontables veces me preguntaba qué pensaría y qué sentiría mi amiga. Por mi parte, la pasaba fatal. La familia Cullen no volvió a ser la misma. Carlisle casi n se aparecía para nada, se limitaba a trabajar; Esme estaba melancólica todo el tiempo; Emmett no hacía bromas; Jasper se culpaba por todo lo que había pasado y estaba destilando tristeza; Rosalie no estaba a gusto en ningún lugar ni con nadie porque todos sufríamos; Edward estaba desaparecido y hablaba con poca frecuencia; y yo estaba así. Además, por cómo estaban las cosas, no utilizaba mi don porque no tenía caso en estas condiciones.

Vi cómo iba todo y como no tenía ningún interés en compartir nada con nadie, subí a la habitación que compartía con Jasper. Él estaba acostado en nuestra cama, me llamó con los brazos y me acobijó. Yo coloqué mi cabeza en su pecho y suspiré, había logrado encontrar algo de consuelo.

- La extrañas, ¿verdad? –le pregunté, aunque imaginaba la respuesta.

- Mucho, muchísimo –me respondió con una voz que me dejaba claro que la extrañaba mucho más de lo que creíamos- ¿La has visto? ¿Has tenido alguna visión involuntaria sobre Bella?

- No.

- No puedo dejar de pensar que todo esto es mi culpa.

- Ah, no. Eso no, Jasper –le dije con fiereza. No iba a permitir que se echara culpas ajenas-. Es culpa de Edward. Él decidió sin dejarnos opinar. Ni siquiera nos dejó despedirnos de Bella. No te dio ni una oportunidad para disculparte como querías.

Después de eso, hubo un silencio que duró un buen rato. Levanté la cabeza y vi que tenía el ceño fruncido, parecía pensativo.

- ¿Jazz? –llamé su atención. Al fin, él me miró y pude ver un brillo extraño en sus ojos. La atmósfera del cuarto se volvió decidida. La determinación se adueñó de mí y supe que era Jasper el que se sentía así.

- Quiero pedirle disculpas –dijo finalmente. Parecía una declaración.

Me metí dentro de mi cabeza para utilizar mi don y lo vi. Nos vi a los dos yendo hacia la casa de Bella. Cuando volví, lo miré boquiabierta.

- No puedo aguantarlo más, Ali. Necesito hablar con ella, pedirle perdón. Y sé que no voy a estar en paz hasta que Bella me perdone.

- ¿Y Edward?

- Lo he estado pensando mucho y creo que él no puede opinar. Él no está, no tiene forma de saber lo que haremos y me ha negado esta oportunidad que necesito y deseo con todo mi ser. La culpa me carcome. Y… -suspiró, tomó mis manos con las suyas y me habló con dulzura, en la voz y en los ojos- sé que te mueres por saber de Bella. Ella también es como una hermanita para mí. Cariño, Emmett no es el único que la considera hermanita.

Me quedé quieta y sin palabras, no podía más que mirarlo. Estaba realmente sorprendida y conmovida. La realidad me cayó como un rayo. Jasper tenía razón. Edward no estaba y no tenía manera de saber lo que haríamos, sólo lo sabría si alguien se lo decía. Eso podía ocurrir, teníamos un oído muy agudo y podría escucharlo cualquiera y avisarle. Así que debíamos planearlo todo y ser astutos. En primer lugar, yo tendría que utilizar mi don con Bella y ver qué pasa con ella ahora. Segundo: tener cuidado con Rosalie porque no le gustará el que fuéramos a ver a Bella. Tercero: decirles a Carlisle y Esme que viajaríamos. Cuarto: contarle a Emmett y hacerle jurar que no dirá nada, que jure que impedirá que Edward se entere. Y quinto: irnos en el primer avión. Lo más complicado sería lo de Rosalie.

- ¿Iremos nosotros dos? –pregunté.

- Sí. Emmett querrá venir, pero Rosalie no querrá ni tampoco dejará que él venga. Ya veremos qué hacemos con Esme y Carlisle.

- Y Edward no tiene por qué enterarse –concluí yo.

- Él deberá ser el último en enterarse. Se lo merece.

Me levanté de la cama y fui hacia la ventana. Miré hacia fuera y sentí una fuerte añoranza. Echaba mucho de menos a Forks, a Charlie y a Bella. Charlie y bella también eran mi familia, y Forks había sido el único lugar en dónde en verdad me había sentido en mi hogar. Allí había muchos recuerdos, buenos y bonitos recuerdos. Me moría por volver.

- ¿Cuándo? –le pregunté con una sonrisa y expectante. Jazz me miró tiernamente antes de sonreír y responder.

- Cuando quieras, pero preferiría que sea pronto.

- Yo también.

- Ya puesto a ver a Bella sin importarnos nada, ¿qué te parece si volvemos a romper las reglas?

- ¿Te refieres a que vea su futuro?

- Sí.

- Muy bien –dije. Acto seguido, procedí a hacer uso de mi don.

Una chica vestida con un vestido negro de mangas largas hasta sus codos, con escote en "V", liso y largo hasta sus rodillas, cuyos pies llevaban zapatos negros, sencillo y con casi nada de taco, se dirigía caminando lentamente hacia la cocina de los Swan. Estaba muy delgada, como si llevara días sin comer. Se sentó en una de las sillas y miró hacia la ventana.

Yo estaba detrás de ella (mi visión, no mi persona). Cuando quedó de frente al vidrio de la ventana de la cocina, vi de quién se trataba.

¡Era Bella!

Su rostro se veía terrible. Nunca la había visto así: con profundas y oscuras ojeras, más pálida de lo normal, sin color, sin brillo en los ojos, su rostro estaba vacío. TODA ELLA NO TENÍA VIDA. Se notaba que no había comido ni dormido durante días.

Tuve que soltar la visión por la impresión. Esa no se parecía en nada a mi amiga. ¡No! No podía ser mi amiga Bella Swan esa desconocida. Corrí a los brazos de Jazz porque el dolor con el que la imagen me golpeó fue muy fuerte y no me reponía. Lo peor de todo era que esa sí era Bella y si estaba así era por nuestra culpa. Le habíamos hecho demasiado daño abandonándola como lo hicimos.

- ¿Alice? ¿Qué pasa? ¿Bella está bien? –me peguntó Jazz con mucha ansiedad.

- Es Bella. Bella se veía terrible. La Bella que vi estaba muerta en vida. Sin alimentarse, sin dormir, vestida de negro, sin color, ni emociones. Lo peor es que sus facciones no indican más que esa persona es ella. Bella no tiene vida.

Ante cada cosa que le decía, jazz reflejaba dolor en el rostro. Sabía que estaba sintiendo el mismo dolor que yo. Sólo que gracias a mi dolor había tomado una decisión. Me levanté, hice nuestras maletas a velocidad vampírica y llamé a la aerolínea. Pedí dos boletos para el avión que estaba por salir en dos horas.

- En dos horas sale nuestro avión. Nos vamos ya, Jazz. Bella nos necesita más que nada ni nadie. Edward puede irse al demonio. No debe importar más nada que Bella. Ella es lo único que importa ahora.

Estábamos viajando ya en el avión cuando me aventuré a volver a ver el futuro de Bella.

Estaba recostada en la bañadera del baño, sus ojos estaba cerrados, tenía una mano en su pecho, las lágrimas corrían por sus mejillas. Y una palabra salió de sus labios en medio de su lamento:

- Alice.

Decidí dejar la visión ante aquello. No lo podía creer. A pesar del todo daño hecho, Bella seguía buscándome. Abrí los ojos sintiendo crecer en mi muerto corazón una pequeña llamita de esperanza. Sonreí y suspiré. Parecía que, a pesar de todo, Edward no había conseguido deshacer nuestra amistad. Bella había recordado los baños que yo le daba cuando tenía su pierna mal, recordó uno de nuestros buenos momentos de amistad… y me había llamado. Eso quería decir que sufría por mi ausencia, me recordaba, me quería a su lado y que aún me seguía queriendo. Todo aquello me hizo tomar una decisión: lucharía por nuestra amistad contra todo. Si ella no tenía fuerzas, yo las tenía por las dos. Sería capaz de luchar contra mi familia si llegara el caso. Bella se lo merecía, como también merecía una compensación por el daño que le habíamos hecho.

Entonces, se me ocurrió una cosa. Bella estaba en Forks, Forks llegó a ser mi hogar, me había dolido irme de allí. Además, Jasper estaba conmigo y no necesitaba a nadie más. A Emmett lo hubiera detenido Rosalie, a Esme la hubiera detenido Carlisle por lealtad a Edward y Edward se había alejado de Bella y de nuestra familia. Jasper también quería ver a Bella, él fue el de la iniciativa para volver a verla. Así que por todo eso, había tomado una decisión: me quedaría con Bella definitivamente.

A esa decisión, varias cosas le siguieron.

Como había dicho, Edward podía irse al demonio, lo que opinase y decidiera ya no era importante. Eso implicaba que ya no me importaban ni sus opiniones, ni sus decisiones, ni sus sentimientos. Nosotros tuvimos que someternos a él, bajar la cabeza y hacer según él decía. Ahora, en lo que a mí respecta, las cosas cambiarían. Yo sí iba a tomar en cuenta todo lo que Bella opinase, decidiera y sintiera. Además, le debía saber mis orígenes. Gracias a ella sé cosas de mi vida humana y las causas de mi conversión. Tomaría en cuenta a Bella, incluso en el tema de la transformación. Eso quería decir que si Bella aún quería transformarse, yo misma la mordería.

El viaje en avión fue rápido. Durante el vuelo, Jasper y yo hablamos, tomamos la decisión de no ir a nuestra casa antes. Iríamos en un taxi hasta la casa de los Swan. Uno de los dos se quedaría con Bella mientras el otro iba corriendo a velocidad vampírica a la casa Cullen, no podíamos dejarla sola en las condiciones en la que la había visto en mis visiones. No podíamos descuidarla porque su estado de salud ya debería de estar perjudicado a estas alturas, llevaba días sin comer ni dormir y eso no la dejaría nada bien. Podría debilitarse hasta morir. Por eso, Jazz y yo habíamos decidido hacernos cargo de ella, cuidarla y rehabilitarla hasta que estuviera perfectamente de salud. Además, no podíamos descartar su estado psicológico y emocional porque influían mucho en un ser humano. Esos dos eran factores de muchos problemas. No hablaríamos con nadie de la familia hasta estar con Bella y asegurarnos de que se pondría bien, no nos moveríamos de su lado. Por todo eso, sería yo la que se quedaría con Bella. Ella era mi mejor amiga y estaba segura de que mi compañía sería mejor para ella que la de Jasper. Antes de bajar del avión, vi la hora en mi reloj. Sabía los horarios tanto de Bella como de Charlie, por lo que sabía que Bella estaría en su casa y Charlie en su trabajo.

Nos dirigimos al primer taxi disponible, Jasper le dijo la dirección al chofer y partimos hacia la casa de los Swan sin preámbulos. Nuestra máxima prioridad era Bella y hacia ella iríamos. Una vez que llegamos, Jazz pagó el taxi y ayudó al chofer a bajar nuestras maletas mientras yo lo esperaba en el porche de la casa de los Swan. Me concentré en los sonidos que pudiera escuchar, algo que esté fuera de su sitio, pero no encontré nada. Olfatee en busca de olores que no deberían de estar en el lugar, pero tampoco encontré nada. No había nada extraño, todo estaba igual y como supuse que estaría. Lo único que había fuera de la casa era la furgoneta de Bella aparcada en el garaje. Sin embargo, cuando observé bien el exterior de la casa me percaté de algo que llamó mi atención: las cortinas de las ventanas estaban cerradas. Aquello sí me extrañó porque aunque Charlie no estaba, mi amiga sí. Bella no era una dejada.

Jasper se me acercó por detrás y observó la casa como yo. Lo miré a la cara, pero él estaba concentrado en la casa. Afortunadamente, los dos habíamos cazado hacía cuatro días, así que no seríamos ningún peligro para Bella. Como observaba el rostro de mi esposo fijamente, me di cuenta del cambio de su expresión. De concentrada pasó a muy preocupada, casi asustada. Frunció el ceño y despegó los labios sin producir sonido, luego entrecerró los ojos y me miró. Cuando me habló, su voz fue muy cautelosa.

- ¿Has tenido alguna visión sobre Bella?

- No, no lo hice porque vendríamos a verla.

Acto seguido, me dejó y se dirigió a la puerta. Se detuvo un momento y se giró hacia mí.

- Algo no me huele bien. ¿Sientes alguna señal de vida dentro de la casa?

Me concentré en escuchar alguna cosa de Bella: su respiración, su pulso y algún movimiento de su parte. Me sobresalté cuando casi no sentí nada, casi. No sentía ningún movimiento, pero eso no me preocupó porque Bella podría estar dormida. Lo que me sobresaltó fue un débil aleteo. Abrí los ojos como platos cuando comprendí de qué se trataba. El corazón de Bella sonaba débil. Eso me asustó lo suficiente como para revolotear fuera de la casa, volé hacia la furgoneta. Vi por la ventanilla que había polvo, todo el interior estaba cubierto por una capa fina de polvo. Era como si Bella llevara días sin conducir su querida furgoneta. Todo aquello me llevó a pensar.

En mis visiones, Bella llevaba días sin comer ni dormir. La furgoneta daba señales de no haber sido conducida desde hace días. Todo eso quería decir una cosa. Bella llevaba días sin salir, ni alimentarse ni descansar. ¡No! Eso no podía ser. Mi amiga Bella era responsable, estudiaba, trabajaba, se hacía cargo de la casa y de la alimentación de su padre. La Isabella Swan que yo conocía y adoraba no podía no salir. Cumplir con sus obligaciones implicaba salir y ella nunca descuidaba sus responsabilidades.

- ¿Alice, qué sucede? ¿Por qué estás tan asustada? –preguntó Jasper asustado por mí, por el miedo que yo sentía.

- Jasper, Bella lleva días sin conducir su furgoneta. Tú conoces a Bella y sabes que ella nunca se quedaría encerrada en su casa. Estudia, trabaja, hace las compras y lleva la casa. Es ella la que se encarga de la alimentación de Charlie. Quiere mucho a su furgoneta –le dije asustada. Él expresaba su propio miedo ante todo lo que yo le decía, él también empezaba a recordar la personalidad y los hábitos de la Bella que conocíamos y que tanto queríamos-. En mis visiones llevaba días sin alimentarse ni dormir y su furgoneta da señales de no haber sido conducida desde hace días. El interior está cubierto por una capa de polvo –lo abrasé fuerte y solté un sollozo sin lágrimas-. ¡Oh, Jazz!

Él me apretó un poco y luego nos separó. Fue hacia la puerta y tocó, pero como nadie atendió pasados unos minutos, volvió a mi lado.

- ¿Recuerdas si había una llave a la que podamos tener acceso?

Me lo pensé bien y encontré la respuesta a su pregunta.

- Ahora que lo recuerdo, sí. Había una debajo del alero.

Jasper buscó y encontró dicha llave en el lugar que le había dicho.

- Yo abro y tú subes al cuarto de Bella. Me quedaré en la sala con nuestras cosas.

Subí al cuarto de mi amiga. La puerta estaba abierta. En realidad, todas las puertas del primer piso estaban abiertas. Otra cosa de la que también me percaté fue del olor a humedad que desprendía la casa, sobre todo la planta superior de la casa. Me decidí a entrar a la habitación de Bella, cuya luz estaba apagada. A mí no me importaba porque la oscuridad que reinaba ese cuarto no me impedía ver, no necesitaba luz para ver. Terminé de entrar y lo que vi me golpeó quizá con más fuerza que la visión de Bella en la cocina.

Bella estaba acostada de espalda en su cama. Su mano derecha descansaba sobre su vientre. Bella estaba lista para morir.