Apresurada, Ladybug finalmente regresó a la escuela. Más que asegurarse de que todo estuviera en orden allí, quería ver a Adrien. El ataque de ese sujeto akumatizado había interrumpido un perfecto momento a su lado y en serio deseaba recuperarlo.

Tras deshacer su transformación, salió de una de las esquinas externas de la instalación tras la cual se había escondido. A su alrededor, los estudiantes continuaban algo alterados, pero al mismo tiempo estaban aliviados de que los héroes de París, o al menos uno de ellos, se hubiera hecho cargo de la situación. Marinette buscó entre la mirada por la multitud al chico de cabellera rubia. Finalmente lo halló saliendo de un rincón. Asumió que se encontraba oculto para protegerse del peligro.

-¡Adrien!- lo llamó antes de echar a correr hacia él. Este levantó su mirada y suspiró al ver a Marinette ilesa.

-¿Estás bien?- preguntó sereno colocando ambas manos en los hombros de la chica.- ¿Estás herida?

-No, descuida. Estoy bien. ¿Y tú?

-Sigo en una sola pieza.- respondió él con una sonrisa.

-¡Marinette!- exclamó la amiga de la chica al verla. Sin dudarlo la abrazó con fuerza, aliviada de verla a salvo.- Creí que te habías quedado atrapada allí dentro. ¿Dónde estabas?- Al voltear y ver a Adrien al lado de ella, supo de inmediato de había cometido un grave error.- Lo siento... No quise interrumpirlos.- se disculpó. La bocina de un auto llamó la atención del muchacho, quien ensombreció su gesto al ver al auto de su padre.

-No pasa nada. Debo irme de todos modos.- dijo él.- ¡Nos vemos luego!- agregó despidiéndose con su mano.

Una vez en el auto, Adrien levantó la ventanilla que lo separaba del conductor y abrió su mochila para dejar salir a su kwami. Este se estiró aperezadamente, pues aún no recargaba su energía tras la transformación.

-¿No sientes que Ladybug estuvo muy fría conmigo hoy?- preguntó el muchacho con algo de preocupación.

-Bueno, se habrá cansado ya de tus chistes.- respondió el kwami sin tacto alguno

-Hablo en serio. Ni siquiera necesitó de mi ayuda para acabar con ese sujeto.- dijo Adrien antes de fijar su vista melancólicamente por la ventana.- Aunque quizás tengas un poco de razón.

-¿Yo?- preguntó Plagg incrédulo.

-Sí, quizás... Ladybug ya no me necesita.

-Estás viendo cosas, niño.- gruñó su compañero antes de acomodarse para tomar una siesta en su mochila e intentar recuperar algo de energía. Sin embargo, Adrien no podía dejar de pensar en eso.

Marinette se dejó caer agotada en su cama al llegar a casa. Vaya que si aquella pelea la había dejado cansada. Cerró sus ojos con pesadez, más los abrió un segundo después al escuchar un carraspeo. Frente a ella, flotaba Tikki con sus bracitos cruzados y una expresión molesta.

-¿Qué sucede?- preguntó la portadora con sencillez.

-Fuiste muy ruda con Cat Noir hoy, ¿lo sabías?- dijo la kwami con seriedad.

-No sé de que hablas.- aseguró la chica antes de recostarse de lado e intentar dormir.

-Marinette, casi no le dirigiste la palabra, y cuando lo hiciste, solo fuiste más que descortés.- La chica volvió a mirar a su compañera, luego se sentó en la orilla de su cama y suspiró,

-Sólo quería terminar rápido con todo eso.- afirmó.- Estaba algo molesta por que esa akuma interrumpió mi... momento a solas con Adrien.

-Eso no es culpa de Cat Noir.- aseguró Tikki.

-Lo sé.- asintió Marinette con arrepentimiento.

-Será mejor que te disculpes con él en cuanto lo veas.

-Lo haré. Lo prometo.- aseguró la chica.

Pero ni siquiera estaba cerca de imaginarse la locura que le esperaría la próxima vez que tuviera que transformarse en Ladybug, comenzando por que la tomaría completamente fuera de guardia. El villano del día siguiente al menos tuvo la cortesía de comenzar con su ataque cuando los jóvenes héroes se encontraban en hora de receso, pero eso no quitaba que estuvieran rodeados de sus aterrados compañeros de clase, de quienes requerían alejarse para encargarse de la situación.

-Marinette, ¡apresúrate! O nos perderemos de toda la acción.- exclamaba Alya quien, opuesto a lo que los demás chicos hacía, buscaba acercarse lo más posible a la escena de la acción. Tras ella, Marinette avanzaba preocupada. Ahora no solo tenía que preocuparse de buscar un lugar para transformarse, sino también hallar la forma de alejar a su amiga del peligro.

-¡Alya, mira! ¡Por allá!- indicó de repente, obteniendo la atención de la joven reportera en un momento.

-¿Qué sucede?- preguntó ingenua la chica morena, antes de ser empujada por su amiga a un armario de limpieza. La puerta fue bloqueada por Marinette de inmediato.- ¡Marinette! ¿Qué crees que haces? ¡Abre la puerta!- gritó histérica.

-Oh, lo siento.- actuó la chica abriendo su bolsa para dejar salir a su kwami.- Yo... creo que está atorada. ¡Iré a buscar ayuda!- afirmó antes de echar a correr a una esquina apartada.

Una vez convertida en la heroína de París, saltó sobre uno de los edificios cercanos para lograr tener una mejor vista de la situación, además de intentar localizar a su compañero. Pero esto último fue inútil. No había rastro de Cat Noir por ninguna parte.

-Vamos, minino. ¿Dónde estás?- preguntó en voz baja con angustia. Mas un proyectil lanzado por el villano pasando justo a su lado le obligó a regresar su atención a la batalla. Ya llegaría su compañero, ¿cierto?

Pues bien, el muchacho se encontraba ahora en una situación parecida a la que ella tuvo que enfrentarse unos momentos atrás, solo que un poco más complicada. Para la seguridad de los estudiantes, estos habían sido retenidos en las aulas para alejarlos de cualquier peligro. Entre ellos, se encontraba Adrien. Marinette tan solo tuvo suerte de lograr transformarse antes de aquella orden.

Angustiado, Adrien seguía la pelea con atención desde la ventana del salón de clases. Observaba con preocupación como Ladybug evadía los golpes del villano e intentaba responder. La ansiedad se apoderó rápido de él y comenzó a pensar en un plan para salir de allí.

-Yo, eh... ¿Puedo ir al baño?- preguntó con la esperanza de obtener una respuesta afirmativa. La profesora lo miró con algo de duda.

-¿Puedo ir con él?- agregó Nino antes de que la profesora pudiera contera que era peligroso salir por su cuenta. Sin más, asintió. Adrien se encontraba aliviado de poder haber salido, pero ahora debía pensar en una forma de alejarse de su amigo.

-Oye, en serio me alegra que te hayas propuesto para que me dejaran salir, pero... Oh, cielos. En serio lo siento.- dijo el muchacho rubio.

-¿Qué cosa?- preguntó su amigo sin tener ni una idea de a lo que se refería, justo antes de ser empujado y encerrado en un armario de conserje cercano.- ¡¿Pero qué...?! Viejo, ¡en serio necesito ir!- exclamó.

-Oh, ni siquiera pierdas tu tiempo.- escuchó decir a alguien a sus espaldas. Sorprendido se dió cuenta de que se trataba de Alya.- Los gritos no funcionan.- agregó ella de brazos cruzados, recordando que estos no ayudaron de nada para que Marinette la sacara de allí.

El ahora transformado Cat Noir corrió a toda prisa por las calles de la ciudad intentando da con el centro de la pelea. Finalmente logró divisar el lugar en el que se llevaba a cabo el conflicto. Mas apenas sus patas tocaron el suelo, pudo ver a una mariposa blanca dejando el yoyo de la heroína. Vaya que si el chico se sentía mal ahora.

-¿Ladybug...?- llamó con un tono de voz apenas audible. La muchacha volteó y al verlo su expresión se tornó de alivio.

-¡Cat!- exclamó acercándose a él.- Oh, cielos. ¿Dónde estabas? Por un momento pensé que la akuma te había herido antes de que yo llegara o algo así.

-Estoy bien.- afirmó él.- Tan solo tuve algunos problemas para encontrar un lugar para transformarme. -agregó con una sonrisa falsa.- En serio lamento no haber llegado a tiempo para ayudarte. ¿Estás bien?

-Sí, ya todo terminó.- respondió ella con alivio volteando a ver a la ahora segura ciudad, sin notar la tristeza en la cara de su compañero.

-Bien...- dijo él sin mucho ánimo.

-Escucha, debo decirte algo.- dijo Ladybug volteando a verle.- Ayer... fui muy dura contigo, y en serio lamente haberte respondido tan fríamente.

-No es nada, My lady.- respondió el felino héroe.- No es que me haya comportado de manera muy profesional durante nuestra última batalla. Lamento no ser útil como debería.

-¿De qué hablas?- preguntó la heroína, justo antes de que sus miraculous comenzaran a advertir de su falta de energía.- Debo irme.- dijo colocando una mano sobre sus pendientes. Antes de retirarse, volteó hacia su compañero y colocó ambas manos sobre sus hombros. -Y tú, escúchame muy bien. No eres un inútil. Eres el mejor compañero que una heroína podría pedir.

Una vez que la chica se encontraba lo suficientemente lejos, Adrien retiró el anillo de su mano y lo observó por un momento.

-¿Estás bien?- preguntó su kwami.

-Plagg, dime, ¿crees que soy el indicado para este trabajo?- Con algo de sorpresa por su pregunta, la pequeña criatura asintió con su cabeza.

-¿Qué vas a hacer?- preguntó al ver que el chico comenzó a caminar sin levantar la vista de la joya plateada.

-Probablemente una tontería.

Y... fueron infelices para siempre. Eso fue todo. Gracias por leer. ¡Bye!