Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa escritora Stephanie Meyer, yo solo escribo las locas historias que se me ocurren en mi mente. :P
3. EL BESO
Bella POV:
Un grupo de personas iban pasando por donde estábamos y uno de ellos (al parecer borracho) chocó con él e hizo que se tambalease hacia mi dirección. Ni tonta ni perezosa lo tomé de los brazos para lograr equilibrarlo y de paso volver a sentirlo cerca de mí una vez más, no sabía si lo iba a ver otra vez algún día. Él chocó levemente nuestros cuerpos y soltó el aire por la sorpresa de la colisión, agarrando mi cintura mientas mis manos estaban en sus antebrazos. Miré sus ojos y estaban otra vez de un tono oscuro nublado, en donde las pupilas estaban extremadamente dilatadas. Él acercó lentamente su cara a la mía sin dejar de mirar mis ojos, a una distancia milimétrica que separaban nuestros labios. Nuestra respiración era entrecortada y podía saborear su aliento en mi boca. En la misma posición él dijo:
―Deseo besarte.
Yo también tenía unas ganas casi incontenibles de besar esos labios tan apetecibles que estaban a una distancia prácticamente inexistente a los míos, pero siempre pensé que un beso era el regalo más preciado y personal que se le puede dar a una persona. No es que fuese santurrona ni mucho menos, quiero decir, creo que hicimos prácticamente todo lo que podíamos hacer con nuestras ropas puestas y en un lugar público. Simplemente de alguna forma sentía que esto era incorrecto por no conocerlo lo suficiente y más encima dárselo en la oscuridad en un lugar sucio y decadente.
Para una mujer, el primer beso es el final del principio; para un hombre, el comienzo del final.
¿Y si eso es lo que espera? ¿Algún tipo de pase para algo más? Si no estoy lista para un beso, creo que es un hecho que no estoy lista para algo más avanzado. Aunque al mirarlo podría apostar a ganador a que no haría nada de lo que yo no quisiera, es solo un presentimiento, pero uno muy fuerte. Creo que le tenía confianza sólo con mirarle a los ojos. Esa era otra razón para no besarlo. ¿Qué pasa conmigo? Podría ser un psicópata asesino con sed de sangre y yo aquí confiando en él porque lo miré a los ojos y creía ver la verdad en ellos.
Un beso puede ser una coma, un signo de interrogación o un punto de exclamación.
Sin haber probado sus labios ya podía sentir que iba a ser un cataclismo de emociones que chocarían dentro de mí, en donde todos mis sentidos estarían alerta al suceso que separaría mi vida en un antes y un después. Sería mágico, me tele transportaría a un mundo lleno de colores conocidos por el hombre e incluso aquellos que aún no se descubrían. Volaría hasta lo más alto, sólo para volver a caer a la realidad.
Este hombre me afectaba más de lo que yo podría imaginar y sólo lo conocía un par de horas.
Tenía miedo, lo admito.
Era complicado, quería hacerlo, pero a la vez no quería que ocurriese.
Simplemente esto no podía pasar.
Me separé un poco de él y cerré los ojos con los párpados muy apretados. Me armé de valor para tratar de hablarle.
―No.
¡Wow Bella! ¡Muy elocuente!
―¿No? Es lo que he querido hacer durante toda la noche ―sentí su respiración en mi oído y en mi cuello. Contuve un suspiro―. Ha sido una tortura mirarte sin probar tus labios.
No, no, no… ¡Oh Dios, no!
―Quiero decir… esto no debe pasar ―tomé aire para despejar mi mente del remolino de emociones que estaba sintiendo en este momento, pero lo único que pude sentir fue su exquisito aroma a hombre característico de él―. No es correcto, ni siquiera sé cómo te llamas…
―Edward ―replicó instantáneamente.
―… y tú no sabes el mío.
―Dímelo.
No me lo estaba haciendo fácil.
―No es tan simple ―abrí los ojos nuevamente para que entendiese que quería hacerlo, de verdad quería, pero que creía que no era lo correcto―. Yo… creo que no es el mejor lugar, está sucio y huele mal, está muy oscuro y… creo que estoy un poco ebria.
Le di varias razones del por qué no hacerlo, aunque me moría de ganas que él tomara el primer paso y me besara de sorpresa. Digo, de esa forma yo no tendría más que corresponderle, ¿no?
Al terminar de hablar vi en sus ojos un desfile de emociones: lujuria, decepción, tristeza, comprensión y… ¿esperanza?
―Me estás diciendo que por todas esas razones no me besas, ¿no es cierto?
Contuve un gemido que quería escapar de mis labios al escuchar su ronca voz muy cerca de mí, sintiendo su aliento en mi cara. Era una de las oraciones más largas que me había dirigido y quería seguir escuchándolo durante toda la vida.
Claro que no podía, no soy estúpida, es solo un decir. Además tenía cosas que hacer en unas cuantas horas. Ir a clases, por ejemplo.
―Sí ―no quise agregar más a mi respuesta, porque temía decir algo que me avergonzara delante de él, nada más decir "sí" me salió como un jadeo.
―Es todo lo que necesito saber ―respondió de forma enigmática con una sonrisa en su cara. Se giró hacia la calle y gritó―: ¡Taxi!
Si creía que su voz era seductora cuando me susurraba era quedarse pequeña, no se comparaba cuando gritaba. Todo mi cuerpo tiritó por el deseo acumulado.
Hora de irse.
―Gracias por llamar por un taxi para mí. Ha sido un placer, espero verte pronto. Tengo clases temprano en la mañana y debo irme corriendo. ¡Nos vemos!
Creo que lo dije todo en menos de dos segundos y sin respirar. Me alejé de él lo más rápido que pude y me subí al taxi dándole la dirección al conductor incluso antes de cerrar la puerta. Al ver que el vehículo se había alejado del bar y de –suspiro– Edward, pude respirar de forma normal y ordenar mis pensamientos que saltaban descontroladamente en mi cabeza.
Edward.
Si hasta su nombre es sexy.
No podía creer que bailé toda la noche con el hombre más guapo de todo el lugar. Mi mente divagó a todos los sucesos vividos esta noche, pero especialmente desde que vi por primera vez esos pozos verde esmeralda fijos en mi. Recordé su sonrisa ladeada, cuando me llevó a la pista de baile, bailar el baile más erótico de mi vida, tomarnos de las manos y sentir esa extraña pero deliciosa corriente eléctrica que viajó por todo mi cuerpo, mirar descaradamente su trasero mientras él pedía bebidas para nosotros, nuestras conversaciones sin palabras, pero principalmente recordaba las palabras más sexys que me han dicho nunca…
Deseo besarte.
Si con solo recordarlo mis bragas se mojaban.
Claro que no comprendí nuestra última aunque única conversación.
Fue tan enigmático.
¿Qué habrá querido decir?
¿Acaso se arrepintió al final de besarme?
Tan ensimismada iba con mis dudas y sentimientos que no me di cuenta que ya había llegado a mi departamento. Sacudí unas cuantas veces mi cabeza y logré pagarle el taxi por la carrera. Saludé al guardia y me encaminé a la entrada del edificio buscando mis llaves en el bolso. Abrí la puerta y decidí que por hoy subiría las escaleras para despejarme un poco, solo eran 6 pisos, no es como que me fuese a fatigar ni mucho menos. Al llegar al sexto piso saqué mis llaves nuevamente y abrí la puerta principal. Fui dejando mis cosas en donde las encontrara el piso, estaba demasiado cansada física y emocionalmente para pensar en dejar todo en orden. Mañana sería otro día.
Miré la habitación de Leah y estaba tal como la había dejado antes de irnos. Ella debía estar aún en el club con Embry, esperando que acabara su turno para ir quizás a donde.
No creo que mi hermana hubiese debatido tanto como yo en mi situación con Edward. Si esto le hubiese pasado a ella lo más seguro sería que habrían estado besándose un buen rato antes de irse a la cama con él. Sentí un sentimiento extraño en mi pecho al pensar en Leah y Edward en una relación física, algo parecido a… ¿celos? No podían serlo, apenas conocía a Edward hace unas cuantas horas, no es como si fuese mío o de mi propiedad.
Aunque quisiera…
Saqué mis ropas y me acosté en ropa interior, tapándome solo con las sábanas. Necesitaba descansar un poco que fuese, tenía no más de 3 horas para dormir. Mi último pensamiento coherente antes de caer exhausta en los brazos de Morfeo fue agradecerle a Leah por el "look fiestero", me trajo bastantes satisfacciones para una noche que no esperaba disfrutar.
.
.
¡Qué es ese sonido tan horrible!
Tomé mi almohada y me tapé fuertemente la cabeza con ella, estando boca abajo en la cama, pero el infernal ruido no cesaba. Enfurruñada me senté y abrí un ojo mirando hacia todos lados para enfocar el lugar en donde se producía aquel tono.
Claro. Al lado de mi cama, encima de la mesa de noche estaba el objeto del mal: mi despertador, que marcaban las siete de la mañana.
Me paré rápidamente para desemperezarme, pero lo único que sentí fue golpes repetitivos en mi cabeza y un revoltijo en mi estómago.
Argh, esa es la razón del por qué nunca bebo.
Caminé hasta la puerta de la habitación de Leah, para ver si ya había llegado a casa. Sé que se puede cuidar sola y ambas somos adultas con nuestras propias responsabilidades, pero no podía evitar saber si ha llegado a salvo a casa y si se encontraba bien. Toqué la puerta levemente, para asegurarme de no interrumpir nada en caso de que estuviese ocurriendo algo —con Leah nunca se sabe—, pero nadie me respondió. Abrí con cuidado y asomando solo la cabeza vi a mi hermana dormir plácidamente entre las sábanas. Tenía la respiración acompasada y un semblante relajado. Contenta con verla bien me retiré y cerré lentamente la puerta, con cuidado de no despertar su sueño.
Caminé a paso lento por el pasillo hasta llegar al bendito baño. Encendí la luz y me miré en el espejo.
Hice un grito mudo y me miré atentamente. Por no dormir lo que me corresponde tenía bolsas de un color morado bajo mis ojos y éstos estaban un poco rojos, mi pelo estaba imposible de domar y mi maquillaje estaba todo corrido. En resumen, me veía horrible.
Encendí el agua de la ducha y esperé que se calentara. Debo admitir que en tales condiciones preferiría un largo baño de espumas en la tina, pero no tenía tiempo, debía ducharme y desayunar rápidamente para no llegar tarde a clases, ya que hace en el mes que tenía la asignatura que me tocaba hoy, biología, había notado que el profesor Banner les tomaba mala reputación a los alumnos que llegaban tarde a clases. Si podía evitar esta situación, lo haría a toda costa.
Entré a la ducha e inmediatamente comencé a sentir el relajamiento de mis músculos agarrotados, no era tan bueno como las espumas, pero bastaba por hoy. Tomé mi jabón en barra y lo froté primero por mis brazos. Al pasar el jabón por la cintura tuve algunos flashes de la noche anterior, en donde bailaba con… Edward.
Pasé la barra por mis caderas y sentí como si las manos de Edward volviesen a estar en ese lugar. Subí con espuma del jabón hacia mis pechos y comencé a masajearlos lentamente, tal como me habría gustado que él lo hubiera hecho en la pista de baile…
¡Debía parar con esto! No tenía tiempo para fantasías sexuales hoy… quizás a vuelta de clases…
Mhmm, nos veremos a la vuelta entonces, Edward. Dejaremos esto en pausa.
Hablé con mi Edward imaginario en mi mente y me saqué el jaboncillo de mi cuerpo con la ducha, apurando la ejecución de mis movimientos, frotando rápidamente. Me lavé el pelo, que lo tenía con distintos olores, principalmente olor a club, con mi shampoo favorito de fresas y salí del agua.
Me vestí con unos jeans normales, un poco ajustados y una polera blanca con tirantes, ya que en Los Ángeles hace mucho calor en esta época. En los pies me coloqué mis fieles converse color negro y el cabello me lo dejé suelto para que se me secara con el sol. Me miré en el espejo de mi habitación y me vi nuevamente como la Bella normal que soy, sin maquillaje ni trajes elaborados. Anoche fui una especie de Cenicienta, pero el sueño se acabó y el príncipe azul desapareció, es hora de que vuelva a mi rutina diaria y archive lo de ayer en mi mente como un lindo (y sexy) recuerdo.
Mi estómago aún estaba un poco raro por el alcohol que había bebido, así que no quise comer nada para que no me sentara mal. Me bebí una taza de café negro y tomé una manzana roja para después, que la guardé en mi mochila.
Le dejé una nota a Leah en el refrigerador que decía:
Hey! No te sentí llegar. Hablamos después, creo que estudiaré en la biblioteca de la universidad hasta tarde. Llámame si necesitas algo, y no, prefiero ir yo a hacer la lavandería. No quiero tener mi ropa con tonos rosados como la última vez.
Te quiero!
Como ella estudia en una universidad distinta diferimos en los horarios, pero cuando nos vinimos a vivir aquí decidimos que trataríamos de estar juntas y de mantener la comunicación. Como no podemos saber si estamos en clases, no hablamos por teléfono, pero si nos mandamos muchos mensajes de texto y nos dejamos notas en el refrigerador. Ni yo a veces me la creo la forma en que nos llevamos, parecemos realmente hermanas, aunque no compartamos sangre.
Hace dos años, cuando me fui a vivir a Forks con mi padre conocí a Sue y sus hijos, Leah y Seth. En ese entonces no vivíamos todos juntos, pero me hice rápidamente amiga de todos ellos, incluso de Sue. Ella era muy amorosa y buena madre, me sentí como si hubiese estado en una familia de aquellas que salen en la televisión, en donde la madre se levanta temprano y les prepara el desayuno a todos sus hijos.
Nos mudamos todos juntos al año desde que había llegado al pueblo. Todos pasamos a ser una familia feliz y con Leah nos hicimos las mejores amigas. Como estábamos en nuestro último año de colegio comenzamos a planear a donde nos podíamos ir juntas. A mí me dieron una beca en UCLA para estudiar Medicina y ella quedó en la Universidad Estatal de California para estudiar Negocios. El padre de Leah, antes de morir le dejó unos bienes a ella, así que al salir del colegio vendió algunos y se compró el departamento en el cual estábamos viviendo. Era lindo y estaba bien ubicado, el barrio era bueno, pero aún así teníamos un guardia en el edificio las 24 horas, que daba mayor confianza. Los gastos comunes los pagábamos ambas, pero yo siempre trataba de pagarle el arriendo de otras formas, como ordenando, limpiando o cocinando.
En fin, nuestra vida de universitaria era linda, aunque sólo lleváramos unos cuantos meses acá.
Recogí desordenadamente lo que había tirado cuando llegué y lo arrojé despreocupadamente encima de mi cama. Ya iba un poco atrasada, así que el orden podía esperar por segunda vez.
Me subí a mi auto, un Audi del 95 —regalo de mi madre— y conduje hasta la universidad. Afortunadamente llegué a clases antes de que el señor Banner cerrara la puerta y me dispuse a enfocar mi mente hacia la materia.
Sin mayores incidentes, la clase acabó y salí de la sala. Me sentía un poco mejor, el dolor de cabeza había cesado y mi estómago ya estaba un poco más compuesto, al menos ya no tenía nauseas.
Como mi estado de ánimo mejoró un poco decidí ponerme audífonos mientras caminaba hacia la biblioteca, para escuchar un poco de música. Pero como mi coordinación no es la mejor, por supuesto que choqué con alguien mientras trataba de desenredar los benditos audífonos. Caí sobre mi trasero mientras mi mochila y las cosas que llevaba en la mano caían conmigo. Casi pensé en encontrarme con unos ojos verdes esmeralda, pero cuando miré hacia arriba vi unos ojos azules que me miraban con preocupación.
―¡Lo lamento tanto! No te vi, fue mi culpa ―se disculpaba el chico, mientras me levantaba―. Venía trotando y escuchando música y creo que me concentré demasiado en la música ―se excusó con una sonrisa tímida.
―No hay problema, creo que yo también tengo la culpa, estaba en el proceso de escuchar música cuando chocamos ―le respondí―. ¿qué canción te tenía tan concentrado? ―pregunté con curiosidad.
―¡Oh!, era "My Humps"
―¿Perdón? ―pregunté de nuevo con una carcajada luchando por salir de mi boca ―. Creo que escuché mal.
―¡Ya sabes! La de Black Eyed Peas.
Me respondió haciendo ademanes con los brazos, remarcando lo obvio. Luego comenzó a hacer algo que nunca pensé que haría… cantarla.
What you gon' do with all that junk? (¿Qué vas a hacer con toda esa basura?)
All that junk inside your trunk? (¿Toda esa basura dentro de tu baúl?)
Luego cambió su voz a un falsete tipo mujer, era lo más gracioso de presenciar, ver a un hombre mucho más alto y fornido que el común cantando como una mujer.
I'ma get, get, get, get, you drunk (Te voy, voy, voy, voy a embriagar)
Get you love drunk off my hump. (Te voy a embriagar de amor de mis curvas)
Ya no pude evitarlo más y estallé a carcajadas, este chico si que era gracioso, y no se molestó que me riera de él, de hecho se estaba riendo conmigo.
―¡Greene! ¡A las duchas! ―gritó un hombre justo después de hacer sonar un pito
―Lo siento, me tengo que ir ―dijo el chico―. El entrenador me llama.
Y sin más, se fue corriendo por donde vino. Era agradable y bastante guapo, pero no pude evitar comparar los sentimientos que me hacía sentir él con los que me hizo sentir Edward la noche anterior en el club. No había ni comparación, Edward era como el fuego ardiente del infierno y lo que pasó recién fue como encender un fósforo.
Me agaché para recoger las cosas que se me habían caído por todos lados, al parecer no había cerrado bien mi mochila cuando saqué los audífonos de ella. Cuando tenía casi todos los papeles en mis manos vi que alguien se agachaba al frente mío para ayudarme a recoger las pocas cosas que me quedaban en el suelo, en donde tomó la manzana roja que agarré para mi desayuno antes de salir del departamento y me la extendió para que la tomara.
―Gracias ―le dije mientras levantaba la vista.
Y fue ahí donde me quedé congelada.
Era él.
Edward.
Me levanté como resorte del piso y también lo hizo él. Comencé a sentir que mis mejillas se coloreaban de rojo mientras seguía mirándolo sin saber que decir.
―Edward.
―Veo que recuerdas mi nombre. ¿Recuerdas lo que me dijiste anoche entonces? ―me habló con su melodiosa voz y con su sonrisa ladeada característica.
―¿S-sobre qué? ―pregunté dudosa.
No hablamos mucho anoche, debo admitirlo. Más bien nos tocamos mucho. No debo pensar en eso ahora mientras está frente a mí… ¿qué era? Debería recordarlo. ¿Tan borracha estaba? Él me sacó del apuro respondiéndome.
―Sobre el beso. Me dijiste que no me besaste porque el lugar era muy sucio y olía mal. Además me dijiste que estabas un poco ebria. Pues veo que alrededor nuestro está bastante limpio y huele bien por lo demás. Y puedo apreciar que tú no estás ebria en este momento, ¿no es así?
¡Oh Dios! Mientras hablaba no podía dejar de mirarlo, en serio era el hombre más atractivo que había visto en mi vida y me estaba hablando. Mientras hablaba yo miraba los movimientos que hacían sus labios y como sus ojos se iluminaban de una forma especial. El sol le llegaba a su hermoso pelo color bronce, que estaba de una forma despeinada dándole un aire de recién salido de la cama, pero se le veía maravillosamente bien.
Edward me estaba diciendo cosas, pero mi cerebro no podía asimilarlas todas.
―¿Cómo? ―dije atontada. No sabía que había sido lo que me había dicho, estaba en una especie de trance.
―Déjame mostrártelo ―respondió, acercándome a él.
―¿Qu…?
No pude seguir hablando porque sus labios de pronto estaban sobre los míos, impidiéndome decir alguna palabra. Al comienzo me sorprendió, pero cuando sus labios comenzaron a moverse yo me dejé llevar por las sensaciones. Se sentía tan bien, sus labios eran suaves, pero a la vez firmes y posesivos. Él marcaba el ritmo y yo simplemente lo seguía. Sus manos me tenían agarrada por la cintura, sin dejarme ir a ningún lado, pero yo no quería moverme de ese lugar y para remarcar mi posición solté mis cosas que aún tenía en las manos y éstas cayeron nuevamente al suelo, lo que me permitió subir mis brazos y enterrar mis dedos en su suave cabellera que estaba en su nuca.
Él gimió en mi boca y yo por la sorpresa la abrí, dándole paso a su lengua. El beso se profundizó y yo comencé a marearme de tantas sensaciones, su sabor era intoxicante, su saliva se mezclaba con la mía creando una delicia que no podía dejar de saborear. Nuestras lenguas danzaron un baile que parecía que conocían de toda la vida mientras nuestros cuerpos estaban adheridos sin dejar ningún espacio entre ellos. Podía sentir cada parte de su anatomía y eso me encantaba. Gemí varias veces en su boca y creo que a él le gustaba, porque cada vez que lo hacía me apretaba la cintura con sus dedos. Quería besarlo para siempre, pero lamentablemente la urgencia por respirar nos hizo separarnos.
Edward apoyó su frente en la mía mientras respiraba agitadamente, al igual que yo. Nuestras miradas se entrelazaron y pude ver que sus pupilas estaban dilatadas, dejando una pequeña línea verde alrededor de sus oscuros círculos negros que tenía en los ojos.
―¿Ahora me dirás tu nombre?
¡Ufff! ¡Hot hot hot!
¡Bella y Edward avanzaron! ¡Eeeeh…! :D
Me apuré en actualizar, deberían agradecérmelo con unos cuantos reviews, ¿no es cierto? xD
¿Quién creen que es el chico que chocó con Bella? Para mi es bastante obvio, pero no sé si lo explique bien, ¿adivinan?
¡NOS LEEMOS! :D
