DISCLAIMER: Todos los personajes y/o lugares conocidos del mundo de HARRY POTTER le pertenecen a la maravillosa escritora J.K. ROWLING. Sólo la trama es mía. CONTIENE SPOILERS.
¡SOLO UNA VEZ!
Por: Aurora Caelestis
CAPITULO 3: El sombrero seleccionador
La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, los esperaba allí. Tenía un rostro sobrio, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien no debía tener ningún problema, aunque no le parecía mala persona. Había un cierto brillo de calidez en sus ojos que le producía confianza.
El vestíbulo de entrada era tan grande que la casa de los Dursley habría cabido en él. Las paredes estaban iluminadas con antorchas como había visto en Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnifica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores. Harry se sentía maravillado con aquel majestuoso lugar. Ese sería su hogar por los próximos siete años y sintió una paz que no había sentido desde que había salido de Privet Drive esa mañana.
Siguieron a la bruja a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha, pero la bruja los llevo una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo.
—Bienvenidos al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Mi nombre es Minerva McGonagall y seré su profesora de Transformaciones. Dentro de poco, el banquete de comienzo de año se celebrara, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deben ser seleccionados para sus casas. La Selección es muy importante, porque mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts.
Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su historia y cada una ha producido un sinnúmero de notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts sus triunfos le otorgaran puntos a su casa, mientras que cualquier acto indebido hará que pierdan puntos. Al finalizar cada año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la Copa de la Casas. Espero que todos ustedes sean un orgullo para sus casas y sobre todo no infrinjan las reglas del colegio. —dijo la profesora en tono autoritario. Y salió de la sala dejando a los estudiantes preparándose para entrar al Gran Comedor.
Harry miro a su alrededor y se percató que él no era el único que se sentía un poco nervioso por la selección. Muchos tenían el rostro aterrorizado. Aunque la última vez que se sintió aterrorizado fue cuando tuvo que llevarle a los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había vuelto azul la peluca de su maestro. En aquel momento no entendía lo que sucedía, pero ahora que sabía quién era, muchas de las cosas raras que habían pasado las comprendía ahora. Era su propia magia brotando involuntariamente. –Sonrió-. Realmente le agradaba ser mago.
Sus nervios eran por la incertidumbre de saber en qué casa caería. No quería ir a Slytherin, no solo porque Ron le había hablado de la casa, ni tampoco porque el asesino de sus padres había ido ahí, sino porque no quería soportar día y noche al petulante de Malfoy. La profesora McGonagall había regresado.
–Ahora formen una fila de dos—dijo la profesora—y síganme.
Harry se puso detrás de un chico de cabello claro y Ron a su lado. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Harry nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espectacular. Estaba iluminado por miles de velas que flotaban en el aire sobre cuatro mesas grandes, donde estaban los demás estudiantes esperando. La profesora McGonagall los condujo hasta frente la mesa de los profesores. Allí la profesora ponía un taburete y encima puso un sombrero de mago puntiagudo. El sombrero estaba raído y muy sucio. Su tía Petunia jamás lo habría aceptado en su casa. -Harry sonrió-. Ya no estaba en Privet Drive. Ahí no importaba lo que dijera o no su tía.
Al percatarse de que todos en el comedor observaba al sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos minutos el comedor estuvo en un absoluto silencio, hasta que el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, como una boca y el sombrero comenzó a cantar. Cuando el sombrero termino de cantar su canción, todo el comedor rompió en aplausos. Éste se inclinó hacia las cuatro casas y luego se quedó rígido.
De repente escucho que Ron le susurraba.
— ¡Sólo hay que probarse el bendito sombrero! Voy a matar a Fred. —Harry simplemente comenzó a reír.
Con todo lo que le había contado Ron durante el viaje en tren hacia Hogwarts, se había dado cuenta que sus hermanos siempre lo hacían víctima de sus bromas y burlas. Y Harry sintió envidia de su amigo. Él tenía una familia que hubiera dado todo por tener. Sus padres. Hermanos. Aun los bromistas de Fred y George. Ron seguía rumiando las veinte mil maneras en las que asesinaría a Fred y Harry no podía dejar de reír.
—No te preocupes, amigo, yo te ayudare en cualquier asesinato que se te ocurra— dijo el pelinegro sin dejar de reír.
En un principio Ron lo miro con cara de pocos amigos, pero luego no pudo evitarlo y comenzó a reír también.
—Te tomare la palabra, Harry— siguió riendo mientras los que estaban alrededor de ellos los miraban con rareza, gestos que hacía reír más a Harry. De alguna manera eso alivio la tensión que tenían ambos sobre la selección de casa.
Así que solo había que probarse el sombrero y encima delante de todo el mundo. De repente Harry dejo de reír y le volvió a entrar un nerviosismo caracterizado para un niño de once años. Aunque Harry podía comportarse y pensar, de vez en cuando como un adulto, en ese momento se sentía como lo que era, un niño de once años. El sombrero parecía exigir mucho, y él no se sentía valiente ni ingenioso. De repente toda esa frialdad y seguridad que había tenido antes, se había esfumado como la espuma.
La profesora McGonagall comenzó a llamar a los estudiantes por orden alfabético. Estos se sentaban en el taburete, se ponían el sombrero y este gritaba a la casa que pertenecía. Tal vez era imaginaciones suyas, pero después de todo lo que había escuchado de los Slytherin le pareció que realmente eran un grupo desagradable y él no quería pertenecer a esa casa.
Harry comenzaba realmente a sentirse indispuesto. Trataba de sacar fuerzas para mantenerse imperito y no perder los nervios, pero se estaba exigiendo demasiado. Era solo un niño. Entonces, recordó la clase de gimnasia de su antiguo colegio, que cuando elegían a los jugadores para los equipos, siempre había sido el último en ser elegido. No porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que el idiota de su primo pensara que lo querían. Y eso lo puso más nervioso. Quería que lo eligieran. Quería pertenecer a alguna parte. Quería pertenecer a Hogwarts.
Harry notó que el sombrero, algunas veces, gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba en decidirse. Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos pensamientos aterradores que aparecen cuando estas intranquilo. ¿Y si no lo elegían en ninguna casa? Cuando Neville Longbottom, el chico que había perdido su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardo en decidirse y cuando grito Gryffindor, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto, y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos. El momento había relajado un poco a Harry, pero aún seguía teniendo miedo de que no lo eligieran.
Malfoy se adelantó al oír su nombre y ni siquiera había terminado de sentarse en el taburete, cuando el sombrero grito- ¡Slytherin!
Malfoy fue a reunirse con sus guardaespaldas con aire de satisfacción mirando a Harry, que le devolvió la mirada fríamente, aunque por dentro era un manojo de nervios. Ya no quedaban muchos estudiantes. Seis chicos más y Harry escucho su nombre. Mientras se adelantaba hacia el taburete escuchaba los cuchicheos de los demás estudiantes. Y eso lo ponía más nervioso de lo que ya estaba. Lo único que lograba mantenerlo frio, era el hecho de no dejar que Malfoy lo viera perdiendo el aplomo.
Lo último que Harry vio antes de que el sombrero seleccionador tapara sus ojos era como todos lo miraban y eso lo puso un poco más nervioso de lo que ya estaba.
—Mm—dijo una vocecita en su oído—Difícil. Muy difícil decisión. Valentía, astucia y una mente ingeniosa. Hay talento y una disposición para probarse así mismo, esto es muy interesante… Entonces, ¿Dónde te pondré? –
Harry se aferró al taburete mientras se repetía como un mantra que en Slytherin no.
—En Slytherin no, ¿eh?—dijo la vocecita. — ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza. No tendrás dudas, ¿Verdad?—pregunto el sombrero esto último en tono burlón.
Harry por un instante recordó todo lo vivido en casa de sus tíos. Y sintió como esa oscuridad recién descubierta volvió a fluir y entonces dudo. Dudo si debía o no ir a Slytherin. No se creía muy inteligente para ir a Ravenclaw. Hufflepuff ni siquiera lo pensaba. Tenía valentía como todo un Gryffindor, pero también tenía astucia y cierta oscuridad digna de un Slytherin. Dudas. ¿Por qué tenía las malditas dudas? Él no quería ir a Slytherin. Muchos menos con Malfoy allí. Pero porque dudaba.
Harry ni siquiera había terminado la discusión interna que tenía, cuando escucho la voz del sombrero que grito -¡SLYTHERIN!—
El Gran Comedor se sumergió en un silencio sepulcral. Inclusive Malfoy tenía una cara de incredulidad. Harry escuchaba la voz del sombrero como un eco que repetía una y otra vez Slytherin en su cabeza. Se levantó del taburete y camino, algo mareado, hasta la mesa de las serpientes. Estaba tan conmocionado y sumergido en sus propios pensamientos que no se percataba que todo el comedor aún seguía sumergido en silencio y lo observaban.
De repente vio una mano que se extendía.
—Hola, me llamo Theodore Nott— dijo el chico más lúgubre que había conocido en su vida. Harry levanto la vista y miro a Nott hasta sus ojos estudiándolo. Levanto su mano y la estrecho.
—Potter, Harry Potter—dijo apenas en un susurro.
Luego de presentarse con Nott, Harry miro hacia la mesa de los profesores. Hagrid lo miraba con una sonrisa y le levanto los pulgares en señal de apoyo. –Sonrió-. Luego miro hacia los estudiantes que aún quedaban para seleccionar y vio a Ron. Este le dedico una triste sonrisa y asintió. Y aunque Harry apenas conocía a Ron, supo que su gesto era que le entristecía que fuera a Slytherin, pero que aún era su amigo. Y para Harry eso era lo único que importaba.
No importaba en que casa estuviera mientras siguiera con la amistad de Ron. Y cuando Ron entro a Gryffindor, Harry fue el único miembro de su casa que se puso de pie y se unió a los aplausos de Gryffindor por el pelirrojo. Mientras que los miembros de su casa lo miraban serios y molestos.
En la mesa de profesores, Dumbledore, quien en un principio le preocupo que el chico hubiera entrado a Slytherin y no ha Gryffindor, comprendió que tal vez la decisión del Sombrero Seleccionador era la correcta. Si lo que veía era cierto, el chico iba hacer algunos cambios en la casa de Salazar Slytherin. Sonrió y aplaudió acompañando a los chicos de la que una vez fue su casa. Cuando Harry lo miro, este simplemente asintió.
Mientras que Malfoy se preguntaba como rayos, Potter había entrado a Slytherin. Y aun cuando era un miembro de su propia casa no le agradaba, pero él no era el único, porque otros tampoco le agradaban que el afamado Harry Potter, el niño que vivió, el que derroto al señor Tenebroso, entrara a Slytherin. Al único que parecía no importarle era a Theodore Nott.
¡HASTA EL PROXIMO!
CONTESTANDO REVIEWS:
The Ladycat69: Lu gracias por el apoyo incondicional. Si es cierto que del odio al amor hay un paso, pero para estos dos falta mucho. Jajajajaja
Jessyriddle: Me alegra muchísimo que te llame la atención mi historia. Yo ya me encuentro en estado de estrés, porque no sé si gustara, en especial a mi AI. ¿Qué crees? Te tengo una noticia… vas a leer mucho más. En esta ocasión no puedo darme el lujo de publicar semanal o mensual. Antes de que termine el mes debo haber terminado el fic y haberlo publicado. Así que no comas ansias. Ya vas a ver. Espero que te siga gustando.
Neliiel: Gracias por leer y poner mi historia en tus alertas.
