Advertencias: Yaoi. Lime.

- Manigoldo x Kardia ;Dégel x Kardia–

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino que a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.

Agua

Kardia no se estaba quieto. Manigoldo más de una vez intentó ponerle un par de paños fríos en la frente, pero el escorpión rechazaba sus intentos por ayudarle, al punto de arrojárselos de vuelta. Aun así, no hubo palabras del escorpión para él. Cáncer se retiró de la habitación.

Definitivamente no estaba bien. No era la fiebre, ni su estado de ebriedad, sino que algo muy diferente. El guardián de Escorpio no entendía cómo fue que las palabras de Manigoldo le afectaron tanto. Primero su orgullo herido por no poder llevar hasta el final lo que había empezado, para que después el canceriano le clavara la daga en la espalda sin tener idea de su condición. Kardia se sintió indefenso ante la idea de morir de un momento a otro, en el lugar y con la persona menos indicada, sin haber llegado a hacer arder su corazón contra un enemigo formidable. Se reprocho a si mismo el depender de Acuario, pero unos brazos levantándolo le impidieron llegar al punto de extrañarlo.

-¿Qué rayos crees que haces, Manigoldo?-vociferó el escorpión al darse cuenta de que su compañero lo sostenía, sacándolo del cuarto

- Si no me vas a dejar ayudarte tendré que buscar métodos más extremos. Igual que con un par de trapos no te bajará esa fiebre.

- Haz lo que te dé la gana, Cáncer.

….

"Entonces por eso me pareció conocido este lugar" cavilaba Kardia mientras salía del baño, dándole fin a la tarea de poner en orden sus memorias: eso era lo último que podía recordar: A Manigoldo tirándolo al agua fría. . Si hubiera sido una enfermedad normal, probablemente habría sido peor, pensó, pero ciertamente el agua helada había servido para calmar el calor de su cuerpo.

Se dirigió de vuelta a la habitación, enrollando una toalla en su cintura. Manigoldo aún estaba durmiendo. Después de todo, aunque Kardia aún no lograba precisar la hora, aún debía ser temprano pues las sirvientas no se habían aparecido por allí y la luz del exterior seguía demasiado diáfana como para que el sol estuviese muy alto.

Miró al guardián de Cáncer. ¿Qué haría? ¿Despertarlo? Kardia no encontró motivos para hacerlo, ni quería encontrarlos.

Si, ambos le echarían la culpa a la borrachera. Ninguno lo quería realmente (aunque la intuición de Kardia no estuviese de acuerdo). Podrían olvidarse del asunto y seguir sus vidas como siempre, saliendo de cuando en cuando a bromear o a fastidiar a quien se les cruzara en el camino. Con eso en mente, emprendió el regreso a su propio templo.

Aún había algo que le preocupaba más que eso.

...

Manigoldo estaba demasiado cansado como para despertar del todo aún. Había escuchado entre sueños a Kardia salir de la habitación, y se sorprendió al oírlo regresar. Entre sueños y recuerdos, reconstruía en su mente las últimas escenas del día anterior.

Había metido a Kardia al agua de la fuente de los baños de su casa, pero cuando se quiso incorporar, el escorpioniano lo jaló de un brazo, obligándole a entrar con él, además de fundirse en un sorpresivo e intenso beso.

- ¿Por qué tú-... -Kardia aún ardía en fiebre

- Tú... sabes que yo... -Interrumpió el escorpión, jadeante- no soy de dejar... las cosas a medias...

Manigoldo enmudeció al comprobar hasta qué punto llegaba la ya sabida tenacidad de su compañero. Pero no fue por mucho tiempo, ya que las manos de Kardia habían ido directo a su objetivo, acariciando bajo el agua su zona más sensible, haciéndole acompañar al guardián de Escorpio en su respiración agitada y sus gemidos, sólo que los suyos venían de una causa diametralmente opuesta.

- Kardia... Tú... ¡Ah!... No es.. No es el mejor momento... Tú... -Decía Manigoldo entrecortadamente.

Pero aún así abrazó su cuerpo con firmeza. El calor no había cedido en nada. Quizá hasta había aumentado. Manigoldo decidió que no podía continuar con esto. Luchó contra el agarre de Kardia hasta conseguir salirse del agua, para después sentarse contra la pared.

¿Qué más podía hacer? Una fiebre no mataría a un caballero dorado. Quizá tendría que tomar algunas medicinas y pasar un par de días en cama, no podía ser más grave que eso. Kardia ni siquiera intentó seguirlo: Se había quedado dormido. Manigoldo lo sacó del agua y se lo llevó a la cama. Después de eso pasaron varias horas antes de que estuviera lo suficientemente tranquilo acerca de la salud del guardián de la octava casa como para poder dormirse. Y de eso no hacía tanto rato.

No pudo quitarse la pereza de encima hasta unos momentos después de que el escorpión saliese del cuarto templo.

Pensó en ir tras él, pero desechó la idea de inmediato. Si la reacción de Kardia hubiera sido la que a él le habría gustado, ahora estaría acariciando los cabellos del guardián de Escorpio, desparramados sobre su pecho. Pero su ausencia sólo significaba lo que él sabía desde el principio.

Se sentó al borde de su cama y empezó a repasar mentalmente aquella lista que tenía preparada por si acaso a su corazón se le ocurría hacerle una broma.

Que sólo fue un juego.

Que era sólo curiosidad.

Que...

No pudo seguirse diciendo nada más.

...

"Fue una exageración por parte del patriarca enviar a un caballero dorado para sólo para esto" se decía Dégel, camino hacia el Santuario. Jamás admitiría que le había costado trabajo concretar su misión, ni que esta había peligrado debido a un descuido suyo.

Y tenía razón, no era una misión compleja, pero era necesario actuar con mesura y discresión, por lo que él era la persona indicada. Se trataba de recuperar unos diarios que habían sido robados del registro del santuario. El culpable estaba identificado y declarado culpable, un sirviente que se encargaba del aseo de la biblioteca, y que había vendido los textos a un coleccionista para conseguir dinero y escapar del santuario. Dégel prefirió evitar pensar en el destino de aquel hombre, lo que a él le concernía era simplemente recuperar los diarios.

No debería haber sido un problema. Dégel contaba con el tacto y el porte imponente para exigir de vuelta aquello que les había sido hurtado sin tener que recurrir a la violencia contra un civil, pero no había sido un buen día para él. Y Acuario enojado, más que imponente, resultaba ser intimidante.

Dégel refunfuñó recordando al comprador corriendo y cerrándole la puerta en la cara, como si él estuviera persiguéndolo. Y como si una simple puerta de madera pudiera detenerlo. La temperatura a su alrededor descendía mientras pensaba en cómo se había visto obligado a romper el seguro y entrar, en los irritantes gritos del sujeto que amenazaba con quemar los diarios si daba un paso más. Y sus labios se ponían blancos al apretarlos cuando rememoraba la mirada de hielo que le había dirigido al oír esas palabras y el haberle congelado las manos al pobre hombre cuando se atrevió a encender el fuego. Actuar así no era propio de él.

Kardia sintió un escalofrío recorrer su espalda al percibir un helado cosmos acercándose al santuario.

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¿Más de lo presupuestado? esto fue casi un insulto a quienes esperaban capítulo, por poquitos que fueran :c

La inspiración no me vino hasta bastante después de que me vino el tiempo u.u Digamos que la universidad me dejó literariamente muerta :B

Aún nos falta el punto cúlmine de esta historia! No me gusta hacer capis muy largos por varios motivos que no vienen al caso xD

en fin, espero que lo disfruten tanto leyendo como yo escribiendo 3

PD: Manigoldo es un encanto 3