Contest: Perfecta Navidad.
Equipo: Hearts united by winter
Integrantes: Zoalesita, LucyCullenBB, Coco CullenSwan y Madeleine Pattinson Pattinson.
Beta: *Pkña Pcosa*
Canción del fic: "Little things" by One Direction.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de nuestra autoría.
N/As: Cada capítulo será escrito por una autora diferente del cual está conformado el equipo. Hubo un hecho en el cual nos inspiramos de una cadena de correos de internet, pero no está basado o es una adaptación de la cadena. Lo manejamos y vamos a dar un desenlace a nuestra propia manera.
You can't go to bed (No puedes irte a la cama)
Without a cup of tea (Sin una taza de té)
And maybe that's the reason that you talk in your sleep (Y tal vez esa es la razón por la que hablas en tus sueños)
And all those conversations (Y todas esas conversaciones)
Are the secrets that I keep (Son los secretos que yo guardo)
Though it makes no sense to me (Aunque no tiene sentido para mí) I know you've never loved the sound of your voice on tape (Yo sé que nunca has amado el sonido grabado de tu voz)
You never want to know how much you weigh (Yo nunca quiere saber cuánto pesas)
You still have to squeeze into your jeans (Todavía tienes que apretarte en tus pantalones)
But you're perfect to me (Pero tú eres perfecta para mí)
Capítulo 3: Te amo mas alla de ti.
Por: Zoalesita
BPOV
Después de escuchar esa conversación me fui al cuarto sin hacer ruido para que Edward y Alice no me escucharan.
Mi corazón se sentía intranquilo, Edward no era del tipo de personas que escondía cosas, a él le gustaba la honestidad y aborrecía cuando yo le decía mentiras… cualquier cosa que él estuviera escondiéndome debía de ser algo delicado.
Pero no encontraba en mi mente algo que fuera lo suficientemente fuerte para que él no confiara en mí.
A menos que…
A menos que él ya hubiera recuperado su visión.
Pero, yo me habría dado cuenta.
Y nada había cambiado en su manera de comportarse. De hecho, ayer se tropezó con un zapato que yo dejé en nuestro cuarto.
Aunque ver sería un milagro para él, Edward podría ser libre y…
Una lágrima se derramó sobre mi cicatriz.
Caminé al tocador donde tenía pañuelos desechables, tomando uno para secar mi lágrima.
El reflejo del espejo era bondadoso como Rey francés, no era tan horrible la cicatriz pero aún seguía ahí. Marcando mi cara, un claro recordatorio de ese día.
Edward no me amaría así. Él la había tocado pero nunca la había visto, él no podría quererme así, porque aunque todos digan que no es cierto, el amor entra por los ojos.
Si Edward un día recuperara su vista, yo sabría que sería el fin de nuestra historia.
Ahí parada frente al espejo, un estremecimiento cruzó mi cuerpo, fue temor puro, el temor que tuve el primer día que desperté después del accidente. Ese temor que tuve al imaginarme la cara de Edward al verme con mi cicatriz en carne viva.
¡NUNCA!
Esa era la palabra que siempre salía en mi mente… Nunca, nunca dejaría que Edward supiera que tan horrible estuvo mi cara los primeros días.
Me alejé del espejo para sentarme en la cama, necesitaba calmarme, no podía hacer suposiciones. Edward de seguro me diría otra cosa, simplemente la idea de que él hubiera vuelto a ver sin decírmelo la descartaría por completo.
Tomé hondas respiraciones y comencé a arreglar la cama, aparentando que me acababa de levantar.
El resto del día estuve inquieta, Edward lo notó por el temblor en mis manos, pero no pude quitarme esa idea de la cabeza. Se me hizo un día completamente largo.
Al día siguiente Edward me despertó temprano y me dijo que hoy me tenía una sorpresa, que quería cenar y después hablar conmigo.
Me senté con él en la cama.
— ¿Es una sorpresa buena? ¿O una mala?—pregunté dudosa.
—Una buena, espero…
Sonrió dulcemente con sus ojos perdidos en la pared. Edward nunca había usado lentes oscuros, pero desde el accidente los usaba, no quería que nadie lo viera con curiosidad.
Eso en parte fue bueno para mí, ya que me mataba pasar frente a él y que su vista no se enfocara en mí como antes, que siempre estaba viendo cada paso que yo daba.
—Alice dice que vendrá para traerte un vestido que compró para ti.
—Está bien, yo hace mucho que no voy de compras.
—También vendrá mi mamá, vendrá por mí en lo que tú te arreglas.
— ¿Pasa algo con Esme?
—No, solo dijo que quería hablar conmigo, supongo que será sobre una posible operación.
— ¿Y tú te quieres operar?
Su rostro se puso serio.
— ¿Podríamos hablar de esto después?
—Si— me acerqué a él para abrazarlo y darle un beso en la mejilla.
—Sé que no te gusta salir, así me mientras yo estoy fuera y tú te arreglas, Alice prepara todo para que cenemos aquí en casa. ¿Te parece bien?
—Me parece perfecto, contigo todo es perfecto Edward.
—Te amo Bella.
—Yo te amo más.
Alice llegó a las 4 en punto con Esme, Edward se puso sus lentes y tomó su bastón para salir con su madre después de darme un beso.
Mientras, me llevé a mi cuñada a mi cuarto para que me enseñara lo que había comprado.
—Realmente espero que te guste— tendió sobre la cama una bolsa transparente donde venía el vestido.
Saqué el vestido y me enamoré, un elegante vestido verde oscuro, arriba de la rodilla, con tirantes gruesos.
—Me gustó mucho Alice, gracias. Tu hermano parece muy emocionado por esta cena.
—Se merece estar emocionado ¡veras que noche tendrás!— se acercó a mí y tomó mi mano— solo mantén la mente abierta, Edward te ama mucho y siempre ha hecho y hará lo que crea que es mejor para ti.
—Está bien…— mi voz dudo, pero Alice solo me sonrió en confianza.
—Bueno, comencemos.
Arrastró una silla del comedor para ponerla a lado de mi taburete en el tocador.
Alice antes me ayudaba a maquillarme, cuando salíamos de fiesta siendo unas universitarias me daba consejos sobre las gamas de colores, pero ahora, no dejaba que me tocara, toda mi familia sabía que la única persona que me podría tocar era Edward.
Así que ella solo se sentaría a mi lado y me orientaría en algunas cosas.
Maquillándose ella misma me enseñó como hacerlo, me ayudó a mezclar unos correctores líquidos y me indicó como ponerlos para cubrir mi cicatriz, el relieve se veía, pero se ocultaba el tono rojizo que había adoptado.
Cuando agarré confianza para seguir maquillándome yo sola, ella me dijo que arreglaría el comedor y me pidió no salir hasta que Edward llegara.
Tardé un par de horas para quedar completamente lista, con mi cabello arreglado y el maquillaje completo, me puse unas zapatillas del 10 negras y justo cuando me estaba poniendo unos aretes, Edward entró al cuarto vestido con un traje negro, camisa blanca y cortaba negra, traía sus lentes puestos.
—Espero estés lista, porque Alice se acaba de ir y dejó la cena servida.
—Estoy lista, y tú te ves guapísimo— me acerqué a él para recibirlo con un beso.
El tocó mi cara, mis aretes, mi gargantilla y luego el vestido hasta su dobladillo.
— ¿Qué color es?
—Verde.
—Me gusta el verde.
—A mí también, así son tus ojos.
—Apuesto que luces espectacular esta noche— se inclinó un poco y dejó un beso sobre mis labios.
—Vamos.
Cuando salimos de la habitación hacia nuestro comedor, me sorprendió ver un resplandor de luces que brillaban conforme nos acercábamos.
Me tuve que detener en cuanto vi todo lo que Alice había hecho.
Cuando salimos del hospital Esme y Alice habían decorado la casa como si fuera época navideña, ellas pensaban que tal vez así nos daría un poco de ánimo ya que no habíamos pasado esa fecha con ellos.
Un mes después lo quité.
Y otra vez, aunque todavía estábamos en Octubre mi casa estaba decorada como si fuera Navidad.
Un pino artificial estaba en una esquina arreglado con luces de colores y esferas, había arreglos en las paredes y botas navideñas en las ventanas.
—Edward… a Alice se le perdió su calendario.
—No amor— sonrió— así es como le pedí que lo hiciera.
— ¿Por qué?
—Porque… ¿por qué mejor no comemos primero? no quiero que cenes frio.
Nos acercamos a la mesa y nuestros platos estaban juntos, ya servidos con una cena que se veía exquisita.
—No te preocupes, Alice no cocinó, ni yo me comería lo que Alice cocinara— se rio fuertemente— le pedí que lo comprara.
—Yo pude haber cocinado.
—Sí, pudiste, pero ¿Qué sería una noche dedicada a ti y a mi si hubieras tenido que trabajar?
Suspiré como una tonta enamorada.
¿Cómo podía ser tan especial este hombre?
Mis estrellas cósmicas, mi signo zodiacal y mi karma estuvieron alineados cuando yo lo conocí, no había duda de eso.
Acaricié su cabello cuando nos sentamos juntos.
Tomé un poco de mi comida en mi tenedor.
—Abre la boca amor.
—Bella, yo puedo comer solo, es más, yo debería de consentirte.
—Pero yo quiero consentirte.
Abrió la boca comiendo lo que le había ofrecido, me acerqué a él y le di un beso rápido sobre sus labios.
— ¿Ves? No es tan difícil complacerme, solo tienes que hacerme caso en todo—dije en tono de broma.
—Muy graciosa Señorita Swan— dijo un poco raro por la comida.
—Esme se enojaría mucho si le digo que su niño habla con la boca llena de comida.
Tomé sus labios entre mis dedos jugando con Edward, él solo sonrió.
—Por esto te amo.
— ¿Por todos estos sentimientos maravillosos que tengo por ti?
—Por eso y… por darme de comer.
Los dos nos carcajeamos. Era tan fácil estar juntos, si algo nos había distinguido siempre era que además de ser novios y amantes, nos seguíamos tratando como amigos y descubrimos que eso ayudaba mucho a la relación.
Comimos entre risas, besos y sorbos de vino tinto. Era una velada mágica.
Cuando terminamos el postre, un delicioso pastel de chocolate, Edward se puso serio y tomó mi mano entre la suya.
—Bella— apreté su mano en respuesta— hay algo importante que tengo que decirte hoy.
Aflojó su corbata, clara señal de que estaba nervioso.
— ¿Qué pasa Edward?
—Cuando nosotros tuvimos el accidente…— me tensé, no me gustaba hablar de ese día— yo…
— ¿Tú?
—Yo… ¿recuerdas que te escondí algo un poco antes de chocar?
¡Había olvidado por completo ese detalle! Edward me daría una sorpresa.
—Lo recuerdo Edward— mi voz salió en un susurró.
—Yo tenía un sueño y era muy feliz esa noche pensando que al día siguiente lo cumpliría, sabía que amabas la navidad, es tu época favorita del año, siempre pensaste que era especial porque todos parecían más amables y se respiraba el amor en esa fecha.
—Recuerdo eso.
—Le pedí a Alice que arreglara así la casa porque quería regresar a ese veinticuatro de Diciembre que no pasamos juntos.
Mis ojos se sentían húmedos por la emoción, habíamos pasado esa noche buena, atados a una cama de hospital, y ahora Edward la estaba reviviendo para mi, tratando de ayudarme a recuperar algo de lo que esos malditos vándalos de la carretera nos habían robado. Pero mis lágrimas se derramaron cuando Edward se levantó de su silla y con delicadeza se arrodilló a mi lado, inclinó su cabeza un poco y soltando una de mis manos la metió en el bolsillo de su pantalón de dónde sacó una pequeña caja.
¡Jesús, María y José!
—Esa noche, frente a toda nuestra familia, yo te iba a pedir matrimonio, porque simplemente no encuentro razón de vivir sin ti, eres mi vida, mi mujer, mi sueño hecho realidad.
Abrió lentamente la caja, mostrando un elegante anillo de compromiso.
—Ha pasado algo de tiempo Bella, hemos vivido muchas cosas que nos han hecho ser una pareja más unida, hemos demostrado que nuestro amor es invencible. Así que por favor… Concédeme el maravilloso placer y honor de llamarte esposa. ¿Te quieres casar conmigo?
Mi cuerpo temblaba de las emociones que me recorrían, Edward se quería casar conmigo, Edward me amaba más que a nada en este mundo, él sabía que yo estaba marcada y aun así quería unir su vida a la mía.
Pero ¿Qué pasaría cuando Edward recuperara la vista? Cuando me viera otra vez ¿querría seguir casado conmigo?
—Bella…— me llamó en un tono de voz que nunca le había escuchado, era uno de incertidumbre.
Lo estaba asustando.
—Edward… ¿Nunca me dejaras de amar? – pregunté permitiéndome expresar todo el miedo que sentía
—Nunca mi Bella— él tenía su vista levantada hacia mí pero sus lentes no me dejaban ver sus ojos y no me atrevía a quitárselos, en este momento no me sentía lista para ver su mirada vacía.
— ¿Y si te óperas y me ves otra vez? Sabrás que ya no soy la misma de la última vez que viste, siempre estaré con mi cara diferente.
—Una cicatriz no limita mi amor por ti.
—Pero…
— ¿Por qué tú me aceptas ciego y yo no te puedo aceptar con una marca?
—Es diferente Edward.
—El día de mañana, tendré arrugas, mi cabello dejará de ser cobrizo para ser blanco o tal vez calvo y no seré el mismo Edward de este momento… cuando llegue ese día ¿tú me dejaras de amar?
—¡Por supuesto que no!
—Yo tampoco te dejare de amar Bella, ni cuando las arrugas lleguen para acompañar esto— levantó su mano para dejarla sobre mi mejilla marcada.
—Tengo miedo.
—Yo también, te estoy entregando mi vida Bella… No me gusta tener miedo, pero si voy a tenerlo que sea por alguien que valga la pena, por alguien como tú.
—No temas de mí, nunca te lastimaría.
—Que sea hombre no indica que nunca tenga miedo, me da pavor perderte, soy cobarde— inclinó su cabeza sobre mi regazo— yo quisiera decirte tantas cosas pero soy cobarde y no me atrevería a vivir sin ti, te amo Bella y a veces tengo miedo de que el accidente sea más fuerte que nosotros.
—No Edward, no será más fuerte que nosotros— me incliné para besar su cabello despeinado y despacio levanté su cabeza para darle un beso en los labios— tengo miedo, pero contigo sé que te todo saldrá bien, así que por favor Edward, hazme tu esposa.
Con delicadeza sacó el anillo y lo colocó en mi dedo anular izquierdo.
—Futura señora Cullen.
—Futuro señor Swan.
—Te amo Bella, gracias por amarme igual.
—Te amo Edward, con cada latido de mi corazón, pero… algún día dime eso que te hace sentir cobarde, yo lo entenderé.
—No hablemos de eso ahora, otro día. – me pidió
—Lo dejare pasar por hoy.
—Me parece bien— se levantó y tomó otra vez mi mano atrayéndome a él— pon algo de música, bailemos una canción romántica.
— ¿Seguro?
—Sí, sé que no me gusta bailar, tengo dos pies izquierdos, pero hoy practiqué con mi mamá, sé que amas bailar.
—¡Ay Edward, eso es muy dulce! has bailado por mí.
—Si amor, por ti hago el ridículo.
—Tonto, no harás el ridículo, yo te guiaré.
Puse un disco de baladas de los ochenta para bailar en la sala, moví la mesita de centro y tuvimos un espacio para movernos.
Bailamos seis canciones antes de que comenzaran los besos, las caricias y las insinuaciones. Jalándolo de la corbata me llevé a Edward a nuestro cuarto. Aunque habíamos hecho el amor muchas veces, esta vez fue más especial. Edward me reclamaba como su futura esposa, recorrió cada parte de mi cuerpo palpando, reencontrándose con él, de una manera más sentimental. Desde que no veía, sus otros sentidos se habían agudizado, sobre todo el tacto, quería tocar todo, quería siempre estar en contacto conmigo.
Hicimos el amor como si no hubiera mañana, como si fuera nuestra última noche, pero yo sabía que solo era el principio de toda una vida de noches de pasión. No nos cansábamos de amarnos, de besarnos, había una necesidad imperiosa sobre nosotros, sobre todo por parte de Edward, algunos momentos lo sentía como desesperado y me transmitía esa desesperación a mí, me quería mimetizar con su piel y no podía… entonces volvíamos a empezar.
Así nos amamos hasta que no pudimos más y caímos rendidos en un sueño profundo, entre sabanas enredadas, ropa tirada y almohadas en algún lugar de la cama.
Cuando me desperté, mi reloj de pared marcaba las Tres y Media de la tarde, me estiré como un gato adormilado, me desorienté un poco al principio, pero solo tardé un segundo en darme cuenta de que habíamos quedado atravesados en la cama, por eso veía mi tocador a mi izquierda.
Edward estaba a mi espalda y me tenía abrazada, aunque yo me había estirado él no me había soltado. Jugué con sus dedos hasta que despertó y acomodó su cuerpo al mío para besar mi oreja.
—Buenas tardes amor.
—Buenas tardes, creo que hemos dormido bastante.
— ¿Cómo no íbamos a hacerlo si no me dejaste dormir hasta el amanecer?
—¡Edward!— lo regañé— tú no me dejabas dormir a mí, diciendo: "Bella, te necesito" — imité su voz entre cortada.
—Acepto eso, aunque "Edward… más fuerte… más rápido" —se burló— no suena exactamente como si tuvieras sueño.
—Está bien— sentí que enrojecí— nadie tenía sueño, asunto arreglado. Aunque…
— ¿Aunque?
—No se, anoche sentí como si no pudiera parar, te necesitaba tanto.
—Yo también lo sentí, no podía dejar de estar en ti, tuve esa misma sensación de euforia y desesperación… tal vez haya sido porque ahora seremos esposos y digamos que todo mundo sabrá oficialmente que usted y yo tenemos sexo desenfrenado—se rió en mi oído.
—A veces eres tan romántico— bufé.
—Por eso te enamoraste de mí… por eso— apartó mi cabello del cuello y comenzó a dar besos— y muchas cosas más.
—Te amo mi amor— enterré mi cara en la cama para darle mejor acceso a mi cuello.
—Yo también Bella— recorrió con su mano mi pierna para subirla lentamente sobre la suya— y Bella…
—Hum— contesté ya perdida en su tacto.
—Te necesito…
Cuando nos levantamos de la cama, nos moríamos de hambre, Edward se dirigió al baño para ducharse primero y yo me levanté preparando su ropa, me envolví en la sabana arrastrándola como si fuera un vestido de novia.
Mi corazón latió emocionado al pensar en eso…
Novia… Boda… Señora Cullen.
Había sido mi sueño desde que conocí a Edward, primero fantaseaba con ser su novia y luego con ser su esposa, y ahora, en unos meses ocurriría eso. Aunque no habíamos hablado de fechas sabía que no haríamos una gran fiesta, así que yo calculaba que en uno meses nos estaríamos casando.
Después de dejar su ropa sobre la cama, habito que tenía de dejarle las cosas en un fácil acceso. Saqué mi ropa de los cajones del tocador y me sorprendió que cuando vi mi cara en el espejo, no me pareciera tan fea.
Tal vez, el amor de Edward estaba haciendo magia, sabía que toda la vida estaría marcada, pero tal vez, si Edward recuperaba la vista no me dejaría, porque me amaría.
La noche que pasamos juntos, me había dado nuevos ánimos, Edward me amaba, sería difícil enfrentar el shock de que me viera por primera vez con una cicatriz, pero no sería tan difícil como hubiera sido de verme en los primeros días que salí del hospital, esto lo podría manejar, lo otro nunca.
Acaricié mi cicatriz, era tan fea, por mi piel blanca sobresalía lo rosada que era.
Me alejé del espejo, no queriendo arruinar mi grandioso ánimo, Edward saldría en cualquier momento del baño y aunque no pudiera verme si me tocaba, sabría que estaba ansiosa.
Coloqué mi ropa a lado de la suya, me podría imaginar esto, toda la vida…
Salimos a comprar de cenar, normalmente a mí no me gustaba salir, pero me sentía de muy buen humor hoy, así que camínanos un par de cuadras cerca de nuestro apartamento y cenamos en un restaurante muy íntimo.
Fue una cena romántica, él y yo, perdidos en nuestra burbuja, dándonos de comer y platicando de nuestros planes. Edward quería saber cada detalle que yo quería para la boda, aunque todavía no tenía muy claro todo lo que necesitaría.
Al salir, por ser fin de semana, había muchas personas todavía en la calle – aunque ya eran casi las diez de la noche – decidimos caminar a casa, se escuchaba música en uno de los locales cercanos y el murmullo de la gente al pasar.
Edward iba agarrado de mi brazo y no llevaba su bastón, nuestra plática fluía de maravilla, hasta que de repente escuchamos gritos a nuestra espalda. Me giré para saber que ocurría, cuando vi como un tipo corría desde la cuadra pasada hacia nosotros.
— ¡Se lleva mi bolsa! — Gritó una señora.
Un tipo alto y con sudadera venía corriendo y en su mano pude ver un brillo de algo plateado… una navaja. Definitivamente yo estaba en su camino de huida.
Todo pasó muy rápido, de repente él venía hacia mí, y al segundo siguiente, Edward me gritaba y me ponía detrás de él.
El tipo pasó corriendo justo donde yo había estado hace unos segundos, aunque realmente no nos puso atención, él iba en su huida.
Me quedé quieta viendo la espalda de Edward… Esto no estaba bien.
Mi cuerpo temblaba sabiendo a ciencia cierta lo que se venía.
— ¿Edward?... — toqué su espalda y no se movió.
Un jadeo salió de mi boca.
¡Dios Mío!
Edward no volteaba así que suponía que mi conclusión era cierta, tenía miedo, pero no de lo que acaba de pasar, si no de lo que acababa de descubrir.
—Tú… tú viste que él venía hacia mí— dije tocando su espalda que estaba tensa.
—Lo siento.
Dejé su espalda y caminé para estar delante de él, su cara era dolor y vergüenza.
— ¿Por qué no me dijiste que habías recuperado la vista? — le susurré y traté de esconder mi cicatriz con el cabello.
—Vamos a casa Bella, aquí no es ni el lugar, ni el momento para hablar.
—Pero…
—Por favor.
Caminamos en silencio hasta la casa que estaba ya a dos cuadras, el silencio era incomodo, no sabía que decir, mis conclusiones de la conversación que había escuchado entre él y Alice habían sido ciertas, Edward había recuperado la visión.
Llegamos a la casa en un tiempo record, en cuanto entramos me fui a sentar a la sala, sentía que mi cuerpo temblaba de miedo.
Si Edward había recuperado la vista y me había pedido que me casara con él, entonces tenía muchas posibilidades de que no me dejara.
— ¿Cuándo la recuperaste? Antier te escuché hablar con Alice ¿Fue antier mismo que la vista te volvió?
Él se sentó en la mesita de centro frente a mí. Con sus codos apoyados sobre sus rodillas y su cabeza escondida entre sus manos.
—Edward, di algo, por favor.
Su respiración era agitada y a mí me dolía el pecho por su silencio. Tomó una gran respiración donde sus hombros temblaron antes de hablar.
—No recupere la vista – dijo en apenas un susurro.
—Edward no me mientas.
—Nunca la perdí.
Quise gritar, pero las palabras no salieron de mi boca, la quijada se me entumió tanto que me empezó a doler.
Inmediatamente llevé las manos al lado de mi cara dañado.
¡No!
— ¡Me mentiste!—grité con dolor.
—Necesito que me escuches antes de que…
— ¿Antes de que? — Me paré enojada— Me mentiste Edward, me hiciste creer que estabas ciego.
Él se levantó para encararme.
—Lo siento, no tuve opción.
— ¿No tuviste opción? ¿Y así tan campante me lo dices?
— ¿Qué querías que hiciera? ¡Estaba desesperado! — Jaló sus cabellos.
— ¿Por qué Edward? Siempre he creído ciegamente en ti— me reí por la ironía de mis palabras.
—Cuando desperté, Alice me contó lo que había pasado, y la única manera de acércame a ti era esta, tú no querías que yo te viera.
—Eres… eres... — mi coraje fue mayor y le di una bofetada que lo hizo ladear su cabeza.
Nunca le había pegado a Edward, nunca se me había pasado esa idea por la cabeza, pero ahorita, era demasiado lo que sentía en mi interior.
Edward cerró sus ojos y apretó su boca, esperando una siguiente bofetada que no llegó.
Yo apreté mis manos a mi pecho, buscando un poco de calma.
—Me viste con mi rostro desfigurado, con puntos de la cirugía que me hicieron para quitarme los vidrios de la cara, me viste sufrir por esto y lo único que pudiste hacer fue fingir estar ciego – lo acusé.
—Si yo no lo hubiera hecho, nunca me hubieras dejado estar contigo. – me dijo con desesperación y luego con voz más suave agregó – Te amo Bella, te amo más allá de tu físico.
—Edward, yo he estado sufriendo pensándote ciego.
—Y yo he sufrido viéndote odiarte en el espejo, cuando para mí nunca has dejado de estar hermosa.
—¡No mientas!— le grité— fui un maldito monstruo con mi cara desfigurada… No debiste de quedarte conmigo por lastima.
Las lágrimas ya manchaban mi cara, no podía dejar de llorar, me dolía todo.
—No entiendes, yo te amo. Nunca me quedaría contigo por lastima Bella. Tú… tú te escondes en tu dolor pero ¿y el mío? ¿Crees que para mí fue fácil despertar y recordarte inconsciente en el coche y saber que ya no me querías a tu lado? Me apartaste Bella. ¡Prohibiste que yo entrara a tu cuarto!
—Yo no quería que tú me vieras así.
—Yo te amo Bella, tal cual eres, aun después del accidente, mi amor no ha disminuido por ti. Sé que te mentí, pero era la única manera de quedarme contigo. Yo no puedo estar sin ti. Sé que va a ser difícil, pero por favor trata de ponerte en mi lugar y perdóname.
—No puedo.
Su cara se crispó en dolor y el contorno de sus ojos se puso más rojo de lo que estaba.
Me quité el anillo que me había colocado la noche anterior y se lo tendí. Cuando Edward abrió la mano, derramó la primera lágrima.
Lo puse sobre su palma y la cerré.
—Bella…
—Lo siento Edward, no puedo, me mentiste.
—Amor, lo que hice, lo hice por ti.
Su voz se quebró y mi corazón se estaba cayendo a pedazos, nunca había visto llorar a Edward.
—No así Edward, no con mentiras.
—Bella, quiero que sepas que eres la razón de mi vida, dejé mi vida por ti, me hice pasar por ciego y desafié a toda mi familia por no dejarte sola, porque tu naturaleza es querer resolver todo sola y en ese momento no ibas a dejar que nadie te ayudara, pero yo supe que había hecho bien cuando me dejaste tocarte, cuando nadie te puede tocar más que yo.
—No tenías que hacerlo, no tenías que arruinar tu perfecta vida por quedarte conmigo.
—Si tenía que hacerlo, tenía que quedarme contigo como fuera porque tú eres mi vida, mi razón de vivir, Bella, eres mi mujer, mi compañera, mi prometida, nunca te hubiera podido dejar a un lado.
— ¿Qué sentiste la primera vez que me viste?
— ¿Qué? — me respondió muy sorprendido.
—La primera vez que me viste con mi cara más lastimada, los primeros días. ¿Qué sentiste? ¿Lastima, horror, pena?
—Sentí tristeza, porque hubiera deseado ser yo quien estuviera sufriendo y no tú, fue doloroso para mí verte sufrir de esa manera.
—No me mientas.
—No te miento Bella, te amo a pesar de lo que tú pienses de ti, sigues siendo hermosa para mí.
Mi corazón latía tan fuerte, tan doloroso. No podía creer que esto realmente estuviera pasando.
—No puedo Edward, no puedo perdonarte en este momento.
—Amor, sé que es difícil, pero podemos buscar ayuda, psicólogos que nos atiendan como pareja.
—No… quiero romper el compromiso y terminar nuestra relación.
Si alguien me hubiera preguntado hace un año si un día diría estas palabras, mi respuesta hubiera sido: "¿Estás loco?" Pero ahora no había más opción. Yo necesitaba que Edward se separara de mí, necesitaba pensar, perdonar, aceptar y que él viera que había un mundo más allá de quedarse conmigo que tal vez nunca superaría el accidente.
— ¿Eso es lo que quieres de verdad? — Edward se limpió con el dorso las lágrimas que él estaba derramando.
—Sí.
—¿No vas a ver más allá de tu dolor? ¿No vas a ver el dolor que a mí me causas?
—No puedo Edward, en este momento no puedo confiar en ti.
— ¿Y mi amor Bella? ¿A dónde diablos se va? ¿Lo tiro a la basura? — Negué con la cabeza, tratando de no quebrarme por el sonido roto de su voz— ¿alguna vez regresaras conmigo?
—Dame tiempo, esto es mucho para mí… mañana mismo me saldré del departamento y me iré a otro lado.
—No, no te saldrás, esta es tú casa.
—Pero Edward, no podemos vivir juntos.
—Lo sé— respiró profundo para calmar su llanto— iré a hacer mis maletas.
—Edward, este departamento tu mamá y tu hermana lo compraron y arreglaron, tú te debes de quedar en él.
—No Bella, cuando te dije que para mí, tú eres mi mujer era en serio, solo nos hacía falta el papel, pero yo te veía ya como mía. Mi padre me enseñó que a nuestra mujer siempre se le respalda, aun en los momentos más difíciles, no te voy a dejar sin casa, yo buscare otro lugar.
Fue a la habitación y yo me quedé en la sala llorando.
Escuchaba sus movimientos en el cuarto, pero no me atrevía a ir.
No quería que se fuera, pero no podía quedarme con él, estaba demasiado dolida. Tenía demasiados sentimientos en mi cabeza y en mi corazón.
Media hora después apareció frente a mí, me sorprendió porque estaba tan perdida en mi llanto. Se inclinó y me dio un beso en la frente.
—Te amo— su aliento me erizó la piel.
Se separó dejando el anillo sobre la mesita de centro, el metal resonó.
—Es tuyo, para que no olvides que te amo más allá de ti.
—Edward…— me levanté con mis piernas temblorosas.
—No vas a cambiar de parecer— sujetó su maleta y se colgó una mochila negra donde seguro llevaba más ropa— así eres tú. Cuando me di cuenta ya estaba envuelto en esta mentira, pero no era valiente para decírtelo, porque sabía que me dejarías— sus ojos estaban rojos por el llanto que habían derramado— solo… me hubiera gustado pensar que tú hubieras hecho lo mismo por mí.
Me entregó las llaves de la casa y salió dejándome sola.
Edward se había ido…
Espero que les haya gustado el cap. El siguiente ya es final y solo para las que tenga dudas, las cuatro autoras y la beta somos del TEAM FINAL FELIZ.
Gracias por leer hasta aqui, por su espera.
Y plis regalenme una sonrisa que son gratis y me hacen muy feliz.
Zo.
