La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.
De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.
CAPÍTULO 3
BELLA
Lilith maldita Laray. Apenas podía contener mi odio por ella, pero simplemente no quería hablar de tema. Estuvo malditamente cerca de conseguir que mataran a su niña hace tantos años, y se había requerido de todos los recursos que tenía en ese tiempo llevarla de vuelta a un lugar seguro. Pero toda esa mierda había sido por nada.
Los Greene había sido una pareja asombrosa, llenos de vida y amor, y fueron unos padres aún más asombrosos. Ashley los adoró desde el principio. Se adaptó a la escuela, consiguió altas calificaciones, e incluso había empezado a hacer amigos, cuando a su madre se le concedió una visita. Un momento estaban en el parque; el siguiente, Lilith había huido de allí.
Nunca supimos cómo pudo escaparse tan rápidamente, pero recuperar a Ashley había sido una patética demostración de ensayo y error. Sacudí mi cabeza, tratando de concentrarme en el al mismo tiempo que salía del coche. Existían cosas sobre los Greene que me atormentaban por la culpa.
Como si pudiera sentir lo que estaba sintiendo, la enorme y cálida mano de Edward se deslizó dentro de la mía mientras me conducía al otro lado de la calle y por la acera. No dijo nada más sobre Lilith, pero su pulgar frotaba reconfortantes círculos sobre mis nudillos, tranquilizándome más de lo que podría explicar.
El Sunrise Worship Center estaba en el extremo oeste de una de las zonas más infestadas de crímenes en Seattle. Era pequeño y viejo, pero al menos estaba bien cuidado. De hecho, era el edificio más limpio a la vista, a excepción de las grandes instalaciones a un lado que claramente estaban en construcción.
Mientras Edward y yo cruzábamos la calle, estaba totalmente consciente de que estábamos siendo observados. Había ojos puestos en nosotros desde cada ángulo—el grupo de muchachos pasando el rato en la esquina, la mujer mayor tirando de un carrito con sus comestibles, y el hombre mayor recortando las ramas muertas de un pequeño seto que rodeaba la iglesia. Era hacia ese hombre a donde se dirigía Edward.
"Días," el viejo dijo en un resuello, limpiándose las manos.
"Buenos días. Me preguntaba dónde podría encontrar al Reverendo Matthews," dijo Edward cortésmente, pero no sin un toque de firmeza en su voz.
"Oh, justo ahora, debe de estar aquí junto. Toda la semana ha estado discutiendo con los trabajadores de la construcción por los permisos," dijo el caballero mientras llevaba una dulce sonrisa irónica. "Los trámites burocráticos le han dado muchos problemas desde que comenzó ese centro comunitario."
"Gracias, señor," dijo Edward, antes de conducirme con cuidado por la acera. Nos detuvo a unos pocos metros de distancia y señaló un cartel. "Remington Construction," murmuró. "Son los que usó mi padre para construir la oficina de Gravity. No tuvimos problemas con los permisos," indicó, mirándome, "porque Twi Tech es su dueño."
"Bueno, tal vez podamos ayudar a este lugar," me reí, levantándole una ceja. "Un poco de ayuda por información, ¿no crees?"
Edward sonrió, abriendo las puertas principales del lugar y permitiéndome entrar. El espacio abierto y sucio estaba lleno de voces. Sin embargo, no fue difícil localizar al hombre que estábamos buscando. Moses Matthews ocupaba una gran cantidad de espacio al sobrepasar al que parecía ser el supervisor de la construcción.
El interior del edificio estaba en completo desorden. Los pisos estaban despegados, los muros descubiertos, y el sonido de agua goteándose hacía eco por el lugar. Entendía que dependía de donaciones y caridad para esto, pero de acuerdo a la información que Alice me había dado, el Predicador había empezado este proyecto hace más de un año. No había razón para que estuviera tan atrasado.
"Lo siento, Reverendo, pero no puedo empezar a poner la plomería sin el permiso," le dijo el supervisor de construcción, mirándolo con solo un atisbo de miedo en su mirada.
"He hecho todo lo que me han pedido esas personas de la ciudad. ¿Qué más podrían pedir?" El Predicador gruñó, lanzando sus manos hacia arriba en exasperación. "Comprendo que las caridades toman más tiempo, pero estoy empezando a pensar que es más que eso," dijo con un suspiro, volviendo su cabeza y viéndonos a Edward y a mí. Podía verlo tratar de disipar su enojo antes de recibirnos. "¿Puedo ayudarlos?" Preguntó.
"¿Reverendo Matthews? Mi nombre es Edward, y ella es Isabella. Me preguntaba si podríamos tener unas palabras con usted," dijo Edward, extendiendo su mano y haciendo un gesto con su cabeza en saludo mientras el enorme hombre la tomaba con firmeza.
Si mi esposo estaba intimidado por el tamaño del Predicador, no lo demostró. No me pasó desapercibido que fui presentada por mi nombre completo, pero nunca hacíamos algo de lo que Edward no tenía algún tipo de plan, así que le seguí la corriente.
"Por supuesto," murmuró, volviéndose de nuevo hacia el hombre con el que había estado discutiendo. "Vuelvo más tarde, Sonny. Voy a llamarlos una vez más."
"No hay problema, Predicador," dijo Sonny con un suspiro, casi aliviado de quitarse al gigantesco hombre de encima.
"Por qué no llevamos esto a mi oficina," sugirió el Predicador, llevándonos de nuevo a la salida del centro comunitario y al otro lado del estacionamiento hacia la iglesia, su voz profunda y resonando, como un trueno. "Me disculpo por eso. Ha sido extremadamente difícil poner en marcha este proyecto. Me está provocando úlceras y migrañas. Me matará antes de que esté terminado."
Edward se rio por lo bajo y asintió en comprensión, siguiendo a Moses por un pasillo y al interior de una pequeña pero bonita oficina. Encendiendo las luces, hizo un gesto hacia dos sillas frente a su escritorio.
"Tomen asiento. ¿Qué puedo hacer por ustedes?"
Edward sacó del bolsillo interior de su chaqueta de cuero la foto de Rick Jackson y la deslizó por el escritorio hacia él. "Me preguntaba si recuerda a este hombre, Reverendo Matthews."
"Oh, llámame Predicador. Todo el mundo lo hace," dijo como si nada, acercando la foto y frunciendo el ceño. "Ricky…" Susurró, y luego levantó la vista con una expresión de confusión. "No había pensado en él en años." Suspiró.
"Fue trágico, lo que le pasó. ¿Quién quiere saber?" La última pregunta salió un poco brusca, pero el Predicador se refrenó.
"Su hermano, Todd," dijo Edward con un gesto de su cabeza. "Nos contrató para averiguar lo que pasó realmente. Perdió la esperanza con la policía."
El Predicador resopló una suave pero amarga carcajada. "Supongo que lo hizo. Idiotas ineptos," murmuró, sacudiendo su cabeza y mirando de nuevo la foto. "¿Cómo me encontraron? La policía nunca me abordó."
"La policía quería declarar su muerte un suicidio, pero la evidencia forense dice que no," le respondí. "Personalmente, creo que se dieron por vencidos. Sabemos que trabajó con Rick. Solo queremos saber que pasó la noche que murió."
El Predicador se recostó en su silla de oficina, evaluándonos por solo un momento. "No estuve allí esa última noche…" Dijo con un suspiro, sacudiendo su cabeza. "Odiaba ese trabajo," nos dijo, con una risa profunda, "pero tenía un bebé recién nacido." Hizo un gesto hacia la foto del que era ahora un guapo preadolescente con el pelo muy corto. Tenía la misma sonrisa que su padre. "Necesitaba el dinero en ese entonces, porque mi esposa tenía permiso de maternidad del hospital, y ser un ministro no siempre paga lo mejor." Sonrió suavemente ante el recuerdo, sus ojos se pusieron vidriosos por un momento. "El lugar era Sodoma… o Gomorra… o las dos, pero era un sueldo. Traté de no entrometerme y evitar que la gente se despedazara… ambos, empleados y clientes ebrios." Señaló la foto de Rick sobre su escritorio. "Rick era un buen chico. Estaba allí como yo, solo tratando de ganar el dinero suficiente para pagar las cuentas. Nunca se vio envuelto en la política del lugar, o incluso las drogas o la desviación sexual que ocurría, ya sea que lo admitieran o no."
"Entonces, ¿había drogas?" Clarificó Edward.
"Oh sí," el Predicador se rio con amargura. "El dueño, Simon Parker… ¿Lo conocen?"
"Sabemos de él," respondió Edward. "Sabemos cómo gana su dinero, lo que hace ahora…"
"Sí, ahora lo saben," se rio el Predicador, "pero entonces, todo era en secreto. ¿Conocen a su familia?"
"No, señor," dijimos los dos, sacudiendo nuestras cabezas.
"Simon Parker es el sobrino de Barbara Parker… la exjueza," nos dijo, "de modo que él no podía ser relacionado con pornografía, homosexualidad, y drogas. En más de una ocasión, ella lo sacó de pequeños problemas, pero él sabía que si se descubría lo que realmente hacía, ella quedaría arruinada. Lo importante eran las apariencias. Una vez que ella se retiró, a nadie le importó lo que él hacía, y fue fácil rastrear su nombre a todo lo que había hecho. Sin mencionar que su gordo fondo fiduciario ya estaba disponible para entonces.
"Lo que todavía no saben es que Simon Parker es gay," continuó. "Lo mantiene en secreto, por alguna extraña razón, pero en ese entonces… estaba absolutamente petrificado de que alguien lo averiguara. De que alguna… aventura lo delatara," nos dijo con una ceja levantada.
La boca de Edward se abrió, se cerró, y luego dijo, "Rick."
"Oh," gemí, haciendo una pequeña mueca, porque estaba malditamente segura de que Todd no sabía que su hermano era gay.
El Predicador asintió y suspiró. "Es un estilo de vida difícil. Jesús enseñó 'No juzguéis, para que no seáis juzgados,' o incluso mejor… 'el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.' Me niego a dar una opinión de alguien así. Hay muchos que lo hacen. Demonios, la gente todavía juzga simplemente por la raza; no digamos por preferencia sexual." Respiró profundamente y se sentó hacia adelante, descansando sus largos brazos sobre su escritorio. "Rick era un buen chico… amable, servicial. Tenía un ingenioso sentido del humor. Pero quedó atrapado en las garras de Simon y fue usado."
"¿Es posible que Rick se hubiera suicidado por esto?" Preguntó Edward, resumiéndolo a la pregunta que estaba pensando.
"Lo dudo," respondió encogiendo un solo hombro, "pero Simon no lo hubiera hecho, tampoco. Habría sido… por debajo de él ensuciarse las manos."
"¿Qué hay de Jeff Kelly?" Le pregunté, levantando la siguiente foto.
"Definitivamente él no lo hubiera hecho," dijo con firmeza. "Él y Rick eran muy cercanos. Compañeros de cuarto, mejores amigos. Más de una vez los encontré hablando sobre abrir su propio lugar, su propio restaurante. Rick podía cocinar como si no hubiera un mañana, y Jeff era excelente con las finanzas. Jeff se fue… y si no me equivoco, de la misma forma que Rick, aunque apostaría que Jeff se suicidó. Estaba devastado cuando encontraron a Rick. Fue por eso que lo llevé al funeral."
"¿Usted lo llevó?" Le pregunté, mis cejas levantándose. "¿Qué hay de Adam Weaver?"
Se le escapó otra risa sin humor. "Adam es el hombre de Simon hasta el final. Simon lo envió con nosotros para mantenernos callados con la familia. Se supone que teníamos que ir, no hablar con nadie e irnos… o perderíamos nuestros empleos, y en ese momento, nos tenía, porque no había mucho trabajo, y Jeff estaba demasiado consternado para pensar claramente. Yo necesitaba mi trabajo. No que ayudara mucho… Simon cerró le lugar sin avisar no mucho tiempo después de eso."
"Entonces, déjame ver si estoy captando esto," comencé a decir. "Rick y Jeff estaban… juntos, pero Simon usó a Rick."
"Sí, más o menos así fue como ocurrió. Simon tenía una forma de conseguir lo que quería. Quería a Rick. Estoy seguro que hubo algún tipo de chantaje involucrado allí. Lo escuché hacerlo antes. Pero Jeff se dio cuenta y perdió el control."
"No lo entiendo… todo el secreto," murmuró Edward mirando al Predicador.
"Pongámoslo así… Simon Parker estaba casado, con dos niños, pero le seguían gustando los hombres. Era parte de una familia política muy poderosa en ese tiempo… una conservadora familia política. Si se corría la voz de que no solo estaba filmando sexo gay, sino también participando en él a escondidas, él habría arruinado la reputación de su familia, sin mencionar su matrimonio—un matrimonio financieramente cómodo. Cuando Jeff los pilló, o más bien se enteró sobre Rick y Simon, hubiera sido la ruina de Simon. Nunca hubiera visto una centavo de su fondo fiduciario."
"Supongo que vamos a tener que hablar con Adam después de todo," le dije a Edward, que ya estaba asintiendo.
"También deberían de hablar con Brenda Davies," añadió el Predicador, agarrando una pluma y papel y escribiendo una dirección para nosotros. "Ella era una vecina de Rick. Una dulzura, solía entrar los fines de semana cuando estábamos realmente ocupados. Ella, Rick y Jeff eran muy cercanos. Estaba tan alterada cuando murió que ni siquiera pudo encontrar las fuerzas de ir al funeral, ni siquiera cuando Jeff le rogó."
Edward tomó el papel, y todos nos pusimos de pie, pero yo saqué mi teléfono haciendo una rápida llamada.
"Angela, es Bella," le dije, sonriendo ante la risa de Edward y el guiñó que me dio.
"Hey, Bells, ¿qué puedo hacer por ti?" Angela canturreó en respuesta. Ella era el asistente personal de Carlisle en Twi Tech, sin mencionar que estaba casada con Benny, nuestro buen amigo en el FBI.
Twi Tech había sido iniciada por mi padre, Charlie Swan, y era manejada ahora por el padre de Edward. Tanto mi nombre de soltera como el de casada todavía transmitían respeto y poder en la oficina. Rara vez los usaba, pero esta era una buena causa.
"Dos cosas," le dije. "Primero, llama a ese tipo en el departamento de permisos… Robbins. Dile que hay una obra de Remington Construction en la calle Harper que necesita que le den prioridad a todos sus permisos pendientes. Para ayer. Y que tampoco los hagan esperar más con los futuros. Ya les han dado muchas largas. Si es necesario el pago de honorarios, que se los envíen a Makenna a mi oficina."
"Claro, Bells. ¿Algo más?"
"Después, llama a la oficina de Hannah. Dile que Edward y yo queremos financiar una obra de caridad, y que debe llamar al Reverendo Moses Matthews al Sunrise Worship Center para lo que sea que necesite, pero es un centro recreacional comunitario, por lo que van a necesitar… artículos de deportes, un centro de cómputo, muebles, una biblioteca, y voluntarios para traerlo todo aquí e instalarlo. ¿Está bien?"
"Estoy en ello, cariño," dijo Angela, ya enfocada. "¡Oh! Y Carlisle se reportó esta mañana. Aterrizaron bien. Sam estaba por llevarlos a la isla. Estaba a punto de llamarte."
"Excelente. Gracias, Ang," le dije con una verdadera sonrisa, y luego terminé la llamada, mirando a Edward. "Carlisle y Esme aterrizaron bien," le dije.
"Bien," dijo Edward, todavía muy divertido por mi llamada telefónica.
"¿Carlisle… cómo Cullen?" Preguntó el Predicador, mirándonos a los dos. "¿Cómo el de Twilight Tech? ¿Lo conocen?"
"Sí, señor," se rio Edward. "Es mi padre. Isabella solía ser Swan. Cómo … la hija de Charlie Swan."
"Oh demonios," murmuró, sonriéndonos a los dos. "Lo siento," soltó una risita, todavía sacudiendo su cabeza cuando reía.
Se escuchó un golpe en la puerta, y se excusó, antes de abrirla solo un poco. Sonny estaba de pie allí, su rostro pálido mientras sostenía su teléfono.
"Umm, Predicador. Estamos… um, estamos listos para continuar. Con todo," le dijo, su voz un poco rasposa. Pasó saliva, luego dijo, "Hoy vamos a trabajar en la plomería, pero mañana voy a traer un equipo completo para que podamos poner el piso, instalar el aislante, y terminar con los muros, ¿está bien?"
"Sí, por supuesto, Sonny. Gracias," dijo el Predicador riéndose, cruzando sus grandes brazos sobre su pecho después de cerrar la puerta de la oficina. "Acabas de hacer eso, ¿verdad?"
"Considérelo un gracias… por responder a nuestras preguntas," dije riéndome, sin darle importancia. "También debería de recibir hoy una llamada de una Hannah Rodríguez. Ella es la encargada de nuestra división filantrópica. Va a hacerle algunas preguntas, pero sea honesto con ella. Va a hacerse cargo de sus suministros. Considérelo una donación de Twi Tech. Tal vez le pida ver los planos del lugar, para que esté preparado."
"No sé qué decir," susurró, su voz llena de emoción. "He estado luchando contra trámites burocráticos, la comunidad, y miembros de la iglesia por este proyecto durante dos años. Todo lo que quería era un lugar seguro para que los chicos de la zona pasaran el rato después de la escuela. Un lugar donde pudieran jugar algo de baloncesto, hacer su tarea… incluso hablar con alguien, si lo necesitaban. Ustedes me están dando… más."
"No diga nada," dijo Edward con una sonrisa, tendiéndole su mano, la que le Predicador estrechó con firmeza. "Solo estamos agradecidos. Nos dio más información de la que esperábamos."
El Predicador de nuevo nos acompañó a la salida, viéndose más alto que nosotros mientras estrechaba nuestras manos una vez más, diciendo, "En mi opinión, nunca imaginé que Rick se suicidara. Siempre tenía planes para el futuro, cosas que quería hacer. Jeff, por el contrario, tal vez simplemente… se dio por vencido."
"Sin embargo, las dos autopsias declararon que no había residuos de pólvora en sus manos," indicó Edward.
"¿En ninguno de los dos?" El Predicador verificó.
"Exactamente," respondió mi esposo.
"Bueno, no que quiera fomentarlo, pero podría preguntar por el barrio. Algunos de estos muchachos saben… cosas. Conocen de armas y cómo librarse de algunas cosas que estoy tratando de detener. Podría informarles que dicen ellos. ¿Saben qué tipo de arma era?"
"Veintidós," dijo Edward, entregándole al Predicador su tarjeta. "Un calibre pequeño, así que no estamos seguros si tal vez el arma no tira mucha pólvora…"
"Voy a ver qué puedo conseguir, chicos," nos dijo con un gesto de su cabeza. "Los llamaré." Levantó la tarjeta con una pequeña sonrisa. "Y… gracias de nuevo."
Una vez que estuvimos de vuelta en el coche, el teléfono de Edward pitó con varios mensajes. Una expresión sombría cruzó por su hermoso rostro a medida que los leía, pero el último hizo que sus cejas se dispararan hacia arriba.
"Alice encontró algo interesante en las cintas de seguridad," me dijo, levantando su teléfono, su nariz arrugándose solo un poco.
"Oh, maldición," dije entre mi aliento, entrecerrando mis ojos frente a la pantalla mientras el vídeo se reproducía.
"Dijo que la grabación había sido comprometida, pero ya te das una idea," me dijo, mientras observaba a Simon Parker forzar a Rick Jackson a ponerse de rodillas frente al cierre abierto de sus pantalones, justo antes de que la pantalla se pusiera borrosa.
El siguiente segmento del vídeo muestra a Jeff extremadamente furioso en la cara de Simon, su puño cerrado agarrando el cuello de lo que parecía ser un traje costoso.
"¿Y los otros mensajes?" Le pregunté, mirando a Edward.
"No están relacionados con este caso," me dijo con fluidez, pero sus ojos permanecieron fijos en los míos.
"Correcto. Entiendo." Respiré profundamente y lo dejé salir. Sabía que él quería mi lado de la historia de Lilith Laray, pero todavía no.
Edward sujetó mi barbilla y llevó mis labios a los suyos. "¿Qué sigue entonces, dulzura?" Susurró contra mi boca, su lengua apenas tocando la mía.
"Brenda Davies," le dije al mismo tiempo que encendía el coche, besándolo una vez más, solo porque no pude contenerme. "Luego va a ser hora de ir por nuestra niña, ¿no crees?"
"Ciertamente," se rio entre dientes, sus ojos muy cálidos y verdes ante la mención de Bethy. "Entonces, ¿quién va a ir de excursión con Bethy el viernes, amor?" Me preguntó. "Porque deberíamos terminar pronto con este caso. No espero muchas explicaciones de Adam y Simon; obviamente van a ocultar algo de esta mierda. Tal vez esta Brenda Davies sea nuestra mejor y última oportunidad."
"Yo me encargo de ser la chaperona," me reí entre dientes, arrancando.
"Esto es lindo," murmuré, deteniéndome frente a la dirección que el Predicador nos había dado.
El vecindario parecía viejo, pero renovado, como si casas muy grandes hubiesen sido convertidas en costosos departamentos. Algunos eran de ladrillo, algunos otros de madera, pero todos tenían porches pintorescos y múltiples buzones. Incluso, los ladrillos de las calzadas han sido renovados, con grandes árboles encontrándose en lo alto, dando la sensación de estar en un túnel.
"¿Mmm?" Dijo Edward distraídamente, levantando la vista de su teléfono, que continuaba alertándolo.
"Dije que los extraterrestres aterrizaron, Cullen," respondí con sarcasmo, incapaz de contener la risa, porque su rostro confundido era malditamente adorable.
Sonrió, sacudiendo su cabeza y metiendo el teléfono en su bolsillo. "L-Lo siento, amor," dijo con un suspiro, mirándome a través de sus pestañas—su arma más mortífera.
Le sonreí, pero podía darme cuenta que me estaba protegiendo por lo que sean en que tuviera a Alice trabajando concerniente a Lilith, por lo que con un profundo suspiro le pregunté, "Es… quiero decir, ¿necesito saberlo?"
Hizo una pequeña mueca, pero levantó la mano para tocar mi mejilla con el dorso de sus dedos. "La pregunta es… ¿quieres saberlo, bebé? Estabas muy molesta cuando nos fuimos. Es s-solo q-que no q-quiero que t-te s-sientas i-infeliz j-jamás, B-Bella."
Dios, lo amaba, porque decía en serio cada puta palabra balbuceada que me susurró. Y el que derramara así esa honestidad pura, nunca fallaba en hacer que mi maldito corazón se acelerara.
Asentí, tragando grueso y respirando profundamente. "Tengo que contarte… y quiero saber por qué ella está afuera, pero… quisiera concentrarme en Rick, por ahora."
"Sí, señora," dijo con un suspiro, pero atrajo mis labios a los suyos. "Estoy aquí cuando estés lista, amor."
"Gracias."
Subimos los escalones principales de un edificio de apartamentos de ladrillo, tocando el timbre del departamento de Brenda Davies. La puerta se abrió para revelar a una mujer solo un poco mayor que yo. Tenía cabello rubio oscuro, ojos azules, y una sonrisa expectante.
"¿Sí?"
"¿Brenda Davies?" Verifiqué, y ella asintió. "Soy Bella, y él es Edward. ¿Me preguntaba si tiene un minuto para hacerle unas preguntas sobre Rick Jackson…?"
Su sonrisa decayó, y en seguida me sentí mal, porque sus ojos se llenaron de lágrimas. "Oh, Rick," dijo con un suspiro, sacudiendo su cabeza. "Ha pasado mucho tiempo desde que pensé en él. Por favor… pasen." Se hizo a un lado, permitiéndonos pasar a su departamento y haciéndonos un gesto para que tomáramos asiento en su pequeña sala. "¿Quién los envió?"
"La familia de Rick nos contrató, señorita Davies," dijo Edward en voz baja. "Quieren intentar, una vez más, recibir algunas respuestas a la razón por la que murió, pero fue el Predicador el que nos dio su nombre."
Asintió, sorbiéndose un poco la nariz y respirando hondo. "Él y Jeff vivían justo allí," nos dijo, una sonrisa pequeña pero triste curveando las esquinas de sus labios mientras se apoyaba contra la encimara de la cocina. Señaló hacia la puerta por la que acabábamos de entrar, así que entendí que se refería a que vivían justo al otro lado del pasillo.
"¿Hace cuánto tiempo los conocía?" Le pregunté.
"Oh, un poco más de un año, pero cuando me mudé aquí, éramos los dos únicos departamentos rentados, así que podría decirse que pasábamos el tiempo juntos." Resopló en una carcajada, mirándonos. "Aun cuando los otros departamentos se ocuparon, permanecimos juntos. Nos convertimos en los esnobs del pasillo contra todos los demás."
Sonreí, comprendiendo ese sentimiento. Yo había hecho lo mismo con mis compañeros de cuarto en Virginia cuando asistí a clases en Quántico.
Se quedó callada por un momento, pero se acercó a un estante y bajó un álbum de fotos, abriéndolo y entregándonoslo. "En realidad nunca quisieron que alguien supiera que estaban juntos," dijo en voz baja, "pero conmigo podían ser ellos mismos. No me importaba. Honestamente, se llevaban mejor que cualquier pareja de chico y chica que conocía. Jeff estaba devastado, por supuesto." Pausó por un momento mientras veía las fotos de los tres, fotos de Jeff y Rick, y solo fotos bobas de ellos individualmente haciendo cosas graciosas que hacen los amigos—beber, reír, simplemente pasar el rato.
"¿Y trabajó con ellos en Starlight?" Preguntó Edward.
"Sí," dijo con un gesto de su cabeza. "Trabajé allí los fines de semana mientras tomaba algunas clases en la universidad. Estuve allí la última noche de Rick. Simon no sabía que estaba escuchando, pero lo estaba…"
"Nos enteramos por Predicador que Simon se sentía atraído por Rick," le dije, esperando alentarla.
"Atraído no lo describía. Simon era un jefe terrible, aun peor con dinero, y tenía serios problemas con las drogas y el alcohol. Era abusivo, tanto verbalmente como – con Rick y algunos otros—físicamente." Brenda sacudió su cabeza de nuevo, mirándonos. "Simon siempre quiso lo que no podía tener… y la mayoría de las veces, simplemente lo tomaba."
"¿Y si alguien amenazaba con reportarlo… o presentar cargos?" Preguntó Edward, percatándose de algo en lo que yo no había pensado.
"¡Exacto!" Dijo con un firme gesto de su cabeza. "Rick se fue de Starlight esa noche, amenazando con gritar, y gritar con fuerza. Había sido usado, amenazado, y Jeff se había enterado de todo… fue a defenderlo, en realidad… aunque demasiado tarde."
"Sí, pero si Rick lo hubiese reportado, o incluso contado a alguna persona fuera de ese club, entonces la reputación de Simon hubiera sido destruida," reflexioné en voz alta.
"No solo eso, sino que la gallina de los huevos de oro de Simon se habría esfumado," añadió Brenda. "Si el estilo de vida de Simon, hubiese sido de verdad revelado, su tía nunca le hubiera dado un centavo, pero él no era el único que dependía de la pornografía por un dinero extra."
"No Rick," gimió Edward, sacudiendo su cabeza.
"¡Adam!" Brenda se rio con amargura. "De todas las personas que tendrían mucho que perder de ese dinero… Adam. Era la máxima estrella de Simon."
"Oh," Edward y yo jadeamos.
"Entonces," dije con un suspiro, frotando mis sienes al ver el culebrón que era este caso, "¿podría Adam haberle hecho daño a Rick de alguna manera? Porque no hay una sola persona con la que hemos hablado que piense que ese chico era suicida."
"Adam no le disparó a Rick," nos dijo, sacudiendo su cabeza. "Jeff lo hizo."
"Pensé que habías dicho que Jeff salió en defensa de Rick," murmuró Edward, mirando a Brenda con confusión en su rostro.
"Lo hizo, pero solo después de que lo siguió afuera esa noche. Cuando Simon hubo… terminado con Rick, Jeff los encontró… pensó que Rick lo estaba engañando. Terminó en la pelea del siglo. Sinceramente, creo que Rick realmente se iba a quitar la vida, solo por la humillación de todo lo que había pasado, pero cuando lo intentó, Jeff forcejeó con él, y el arma se disparó."
"¿Y Jeff no pudo vivir con la culpa?" Le pregunté.
"No, no pudo. Me dejó una nota, pero no llegué al callejón a tiempo," dijo Brenda con un suspiro, cruzando los brazos sobre su pecho. "Sé que van a preguntarme… ¿por qué no se lo conté a nadie?"
Edward y yo asentimos, porque esa pregunta estaba en la punta de mi lengua.
"No lo supe hasta en la noche que Jeff me dejó su nota de suicidio. Me explicó todo. Hasta entonces, pensaba lo mismo que todos, que Rick se había quitado la vida. Cuando nadie vino a preguntar, entonces solo asumí que fue suicidio. Para entonces, había pasado tanto tiempo que no estaba segura si alguien le importaría."
"Está bien, está bien, está bien," repitió Edward, escuchándose como Alice. "Solo… déjame entender esto. Rick y Jeff estaban juntos, pero Simon se aprovechó de Rick, Jeff vio. Jeff… asumió que Rick lo estaba engañando, pero en realidad, estaba a punto de gritar al mundo exactamente lo que Simon estaba haciendo. Cuando Rick y Jeff discutieron, Rick sacó un arma para terminar con todo… o por razones que nadie conoce. Cuando forcejearon, el arma se disparó, matando a Rick por accidente. ¿Jeff se guardó toda esa mierda por siete puñeteros años?"
"Edward, lenguaje," lo reprendí, sacudiendo mi cabeza.
"Lo siento," bufó, sus mejillas tiñéndose de rosa, pero Brenda no le dio importancia.
"No, eso fue exactamente lo que pasó," dijo con un gesto de su cabeza. "Esperen…" Giro las páginas del álbum que todavía estaba frente a nosotros hasta la parte de atrás y sacó una nota doblada. "Denle a la familia de Rick esta nota. Es la que Jeff me dejó. Lo explica todo."
"Excelente, porque no estoy seguro de poder explicar eso de nuevo," murmuró Edward, rodando los ojos ante toda la maldita cosa.
Me puse de pie, y Edward siguió mi ejemplo.
"Gracias, señorita Davies," dije con un suspiro, estrechando su mano. "Ha sido de gran ayuda."
Edward también estrechó su mano, y nos acompañó a la puerta.
"No sé si Rick tenía razón, pero siempre dijo que su familia nunca entendería su… preferencia sexual. Lo ocultó de ellos," nos dijo, encogiendo un solo hombro al estar parada en su puerta.
"He estado haciendo esto por un largo tiempo," comencé a explicar, "y a pesar de los esfuerzos de alguien por ocultar las cosas, la verdad siempre es mejor que lo desconocido. Es el no saber lo que ha atormentado a la familia de Rick."
Dicho eso, ella asintió, y nosotros nos alejamos de su casa.
EDWARD
Sin lugar a dudas, el caso de Rick Jackson ha sido el más extraño caso en el que había trabajado desde que comencé a trabajar con Bella. Fue extraño y retorcido, y todo un accidente.
El Predicador de verdad cumplió con su palabra y nos llamó para decirnos lo que había averiguado sobre el taraceo (1) por la pólvora. Había preguntado por ahí, y le habían dicho que entre menos cantidad de pólvora en la bala real, menos taraceo en la mano que sostenía el arma. Asimismo, dijo que la lluvia y la nieve también podía borrarlo, así que después de llamar a Alice, descubrimos que mientras la muerte de Rick fue un accidente, muy probablemente el taraceo debió haber quedado en las manos de Jeff, pero en cuanto al suicidio de Jeff, fueron otras las circunstancias. Jeff se había disparado así mismo por la noche, dejando la ventana abierta, pero para cuando fue encontrado, había caído una tormenta fuerte llevándose toda la evidencia.
El siguiente día nos reunimos con Todd Jackson, dándole todo lo que teníamos, incluyendo la nota suicida de Jeff. De alguna manera, Bella había tenido razón. La verdad siempre era mucho mejor que estar con la duda, porque Todd suspiró con alivio por haber sido un accidente. Incluso llegó tan lejos como para decir que se sentía mal porque Rick había encontrado cierto grado de felicidad y alguien como Simon Parker la había jodido.
Con el caso Jackson cerrado, tenía otros asuntos qué tratar. Uno era que Rose estaba entrando en trabajo de parto, lo que no podría haber sido en mejor momento, porque Emmett había terminado con su trabajo y el resto de nosotros acabábamos de cerrar un caso.
El otro asunto era… Lilith Laray.
Las cosas que estaba escuchando sobre esta mujer eran perturbadoras, pero no tanto como la renuencia de Bella a tratar el tema.
Alice pudo averiguar que Lilith había sido liberada de Shady Glen, a la espera de continuas evaluaciones. Había mostrado progreso en su terapia, estar tomado sus medicamentos con regularidad, y había probado ser digna de confianza dentro de las instalaciones, así que se le concedió la libertad—con condiciones. Se suponía que se reportaría con un programa para pacientes ambulatorios, seguiría tomando sus medicamentos, y se presentaría semanalmente para que le fueran tomadas muestras de control farmacológico. No había hecho ninguna de esas cosas desde que puso un pie fuera de Shady Glen. Nunca se presentó para su primera sesión de terapia, sus prescripciones nunca fueron recogidas, y no había forma de saber si había recaído de nuevo en las drogas. Se había evaporado en el aire. Es decir… hasta que apareció en el hotel donde se celebró la boda de mi padre.
No que Alice quisiera relacionar los dos incidentes, y a mí también me parecía sospechoso, pero el conductor ebrio que había matado a Ashley y a sus padres adoptivos estaba ahora desaparecido. Desde hace dos semanas Christopher Douglas no se ha vuelto a presentar al trabajo hace dos semanas y tampoco se le ha visto en su casa en el lado oeste de la ciudad. Su coche seguía en la entrada, cuando compañeros de trabajo se preocuparon y llamaron a la policía. También había desaparecido en el aire.
No entendía cómo es que el hombre no estaba cumpliendo una cadena perpetua en la cárcel, solo cumplió dos años con cargos de homicidio imprudencial en segundo grado. Tuvo que haber sido un tremendo abogado el que hizo esa mierda, porque el ebrio bastardo se pasó una luz roja tan rápido que pudo volcar el coche de los Greene, rodándolo hacia un camión cisterna de combustible. Y el cabrón estaba tan borracho, que ni siquiera se había dado cuenta que había matado a dos personas y una niña hasta que despertó dos días después, esposado a una cama de hospital.
El viejo archivo del caso no me daba mucha información, y Alice y Makenna solo sabían lo que Bella les había permitido saber, por lo que todavía no tenía idea qué cosas pensaba Bella que había hecho mal. De acuerdo a sus notas, era un caso abierto y cerrado. Los Greene reportaron la desaparición de Ashley, contrataron a Bella para trabajar con la policía, y Ashley fue encontrada justo afuera de un motel de mala muerte—un motel que por lo general era usado y pagado por horas o por semana. No había algo intermedio con lugares como ese, porque ya sea que vivieras allí, o lo usabas con una prostituta. Rose estuvo presente el día que encontraron a la niñita, entregándola sana y salva a sus futuros padres adoptivos. Y era con quién de verdad quería hablar, pero Caleb Edward McCarty había decidido que yo tenía que esperar.
"Entonces, ¿la tía Rose y el tío Em van a tener un bebé… cómo yo?" Mi curiosa y dulce niña preguntó, mientras estaba sentada en el regazo de su madre en la sala de espera del ala de maternidad del hospital. Estiró su pequeña mano y dio golpecitos al globo lleno de helio que estaba atado a un osito de peluche azul claro.
"Bueno, mucho más pequeño que tú, niña hermosa," se rio Bella, jugando con la larga y suelta trenza de Bethy que caía sobre su hombro. "Pero sí. Solo que ellos van a tener un niño."
Sonreí cuando la nariz de mi hija se arrugó con disgusto ante la idea del género totalmente incorrecto.
"Hey, yo soy un niño," discutí dramáticamente.
"¡No!" Se rio, doblándose en sí misma como si fuera la jodida cosa más graciosa del mundo. "¡Tú eres… papi!"
Alec se rio por lo bajo junto a mí, sacudiendo su cabeza. "¿Sabe de dónde vienen los niños a los tres años?"
"Conoce el proceso del nacimiento," dije riéndome, dando un golpecito a la nariz de Bethy solo para verla enterrarse en el cuello de su madre para alejarse de mí. "Ha estado en la casa de la tía Kate, así que ha visto crías de perritos, gatitos, conejos y todo eso. Incluso ha visto a pollitos romper su cascarón. Pero no puede entender como todos ellos… llegaron a existir." Le levanté una ceja, y sonrió.
"Comprendo," se rio. "Bambina," la llamó, y ella se asomó desde el cuello de Bella para mirarlo. "Como tú naciste primero, tienes que enseñarle a este chico nuevo como se hace, ¿no?"
"¿Huh?" Preguntó, bajándose del regazo de Bella y caminando hacia él.
La puso en su regazo para explicarle. "Oh sí. Verás, todo lo genial tú lo aprendiste sola. Como… cuál es el mejor sabor de helado."
"¡Fresa!" Dijo emocionada, asintiendo como si él debería de saber esa mierda.
"Y cómo comer la pasta de la forma correcta," le dijo, guiñándole un ojo a Bella cuando se rio por lo bajo.
"No, no, no," bufó Bethy, cruzando los brazos sobre su pecho. "Los bebés beben de las botellas."
"Bueno, sí, al principio, pero con el tiempo Caleb va a crecer como tú. Va a necesitar a alguien que le enseñe," respondió Alec, dándole la mejor de las sonrisas. "Como quién es tu tío favorito…" Bromeó, a sabiendas de cómo reaccionaría.
"Amo a todos mis tíos," gruñó, lanzando una mirada nerviosa al otro lado de la sala hacia Jasper, que estaba conteniendo su sonrisa.
"No metas… mie… cizaña, idiota," le dijo Jasper alegremente a Alec, señalándolo con un dedo.
Me reí con resoplido, sacudiendo la cabeza al pensar en cómo habíamos tenido que moderar nuestro lenguaje en torno a Bethy, porque lo habíamos aprendido de la manera difícil. Pasó por una fase donde repetía todo lo que decíamos. Cuando tenía dos años, realmente se cabreó con su tío Emmett por tomar uno de sus juguetes, y le gritó, "Hey, d-dame esa m-maldita cosa, p-pendejo."
Yo, por supuesto, no podía respirar, porque esa mierda fue graciosa, sobre todo la expresión de orgullo y shock en el rostro de Emmett, pero Bella le puso fin al instante diciéndonos que si no teníamos cuidado con lo que decíamos, iba a implementar un tarro de las groserías. Y no solo cualquier tarro; el hijo de puta era costoso. Entre más grosera la palabra, más alto el precio. Una bomba con f (2) eran cien billetes de los grandes. Nos dijo que sería para las futuras sesiones de terapia de Bethy si no "¡parábamos de una puta vez!" Nos llevó una semana y casi mil dólares el entenderlo. Abrimos la cuenta de ahorros de Bethy con él.
Bethy adoraba a sus tíos, aun cuando no eran parientes consanguíneos. No mentía sobre eso, pero lo que había notado era que acudía a ellos por diferentes cosas. Con Jasper, podía estar calmada, y él le enseñaba cosas al aire libre, por ejemplo cómo encontrar las mejores moras silvestres o rastrear a un venado a los bosques para que pudiera ver a Bambi, y le encantaba contarle historias. Con su tío Emmett, podía ser revoltosa y ruidosa, luchando con él o jugando juegos. Y con su tío Alec, realmente escuchaba, como lo estaba haciendo en ese momento. Él la hacía reír con sus bromas y de hecho hablaba con ella como un adulto pequeño, en lugar de una niñita. Ella respetaba eso, ya sea que supiera lo que significaba la palabra o no.
Le gustaba Wes, el novio de Makenna y nuestro amigo en el FBI, y también Benny le caía bien, porque le traía cinta para las escenas de crímenes y guantes de hule para que pudiera jugar al policía por una hora o dos. Pero no era tan cercana a ellos como lo era con Alec, Jazz y Em.
Con sus tías, era una historia completamente diferente. Estaba aprendiendo todo tipo de independencia, fuerza y mordacidad de cada una de ellas. Pero era a Bella a quien realmente se parecía, porque podía identificar las pendejadas a un kilómetro de distancia.
"Estás t-tatando de meterme en p-pobemas con tío Jazz," dijo Bethy con un jadeo, su boca abierta al mismo tiempo que señalaba a Alec, que al instante se moría de la risa cuando sus cejas se arrugaron y sus brazos se cruzaron sobre su pecho. Le entrecerró sus ojos, sin encontrarlo gracioso en lo absoluto.
"Tú dile, pequeña," dijo Jasper con orgullo, partiéndose de la puta risa.
"Esa es mi niña," se rio Bella por lo bajo junto a mí, y me volví para mirarla. "Nunca la hacen tonta."
"Eso es muy cierto," solté una risita.
"Ustedes son tan estúpidos chicos," Makenna dijo con bufido y rodando los ojos. "No nos verán a las chicas tratando de ver a quién quiere más. Sabemos que es a Alice," se echó a reír, señalando con su pulgar a su izquierda, donde Alice estaba sentada en silencio, aguantando las ganas de reírse. "Vamos, Bethy. Solo por todo ese drama, voy a comprarte un chocolate caliente," canturreó, abriendo sus brazos cuando mi hija chilló de alegría y corrió hacia ella. "No me vendría mal una taza de café."
"¿Con clema batida?" Verificó Bethy, sus brillantes ojos verdes resplandeciendo al imaginárselo.
"Con lo que sea que quieras," le dijo, dándole a Alec una ceja levantada. "Deberíamos hacer que tus dos tíos nos acompañen…"
"Awww ya qué," Jasper alargó las palabras, agarrando la mano de Alice. "Vamos a todos. Me vendría bien pararme para estirar las piernas de todos modos."
"Sin siquiera preguntar, todos se fueron a la cafetería del hospital con nuestra hija.
"Ahora la quieren más a ella que a nosotros," señalé secamente, lo que solo provocó la risa de Bella y recostó su cabeza sobre mi hombro. La rodeé con mi brazo, besando el tope de su cabeza. "Te amo, dulzura," dije con un suspiro, aprovechando que estábamos solos, incluso si era en la sala de espera de un hospital.
Se levantó y se sentó de lado en mi regazo, acurrucándose en mí. "También te amo, Edward," murmuró en mi cuello mientras jugaba con mi cabello en la parte de atrás de mi cabeza.
Mis manos fueron atraídas de inmediato por sus piernas, que estaban desnudas hasta la orilla de su falda corta. La acaricié arriba abajo y sobre sus rodillas. Comenzando con sus tobillos, subiendo por sus pantorrillas, y delineando su rodilla con un dedo, mis manos viajaron deslizándose solo un poco por debajo de la orilla de su falda y bajaron de nuevo para empezar otra vez. A pesar de estar casados por tres años, a pesar de haber tenido una hermosa niña, nunca podía quitarle las putas manos de encima a Bella. Era casi imposible, en especial cuando su boca se abría húmeda y caliente a un costado de mi cuello. Era completamente insaciable cuando se trataba de ella.
Introduciendo mi mano libre en su cabello, la aparté de mi cuello, nuestros ojos fijos. "No deberíamos," gemí, viendo como su lengua se deslizaba lentamente por su labio inferior, de forma erótica. "Alguien podría entrar…"
"Bien," dijo entre su aliento, asintiendo despacio, pero no hizo un movimiento para bajarse de mi regazo. De hecho, sus ojos permanecieron pegados a mi boca, su respiración algo pesada.
De pronto, simplemente necesitaba besarla hasta dejarla sin sentido… y algo más. Había estado tan callada estos últimos días, tratando de evadir el tema de Lilith Laray, pero sus pesadillas no me engañaban. El hecho de que despertaba y corriera directamente a la habitación de Bethy, tampoco me engañaba. Quería algún tipo de reacción de su parte, aun si era retorcido el quererlo dentro de este maldito hospital.
Deseaba ver, solo por un momento, esa chispa que se encendía en mi chica traviesa, porque sabía que se estaba castigando a sí misma por algo de su pasado que estaba fuera de sus manos.
La levanté, poniéndola sobre sus pies y poniéndome de pie frente a ella. "Ven conmigo," le ordené, tomando su mano y sacándola de la sala de espera y hacia el pasillo.
Justo antes de que llegáramos a los ascensores, miré hacia un lado y otro del pasillo y abrí un armario de suministros para el conserje, pegando su espalda a la puerta y apoyando todo mi peso sobre ella, no solo para mantenerla allí, sino también para mantener la puerta cerrada. Levanté mi mano, plantándola a un lado de su cabeza y alcanzando el seguro de la puerta con la otra. Se escuchó un fuerte clic cerrando la pequeña habitación.
"Edward," jadeó, mirándome, pero no estaba protestando. Sin embargo, estaba entrelazando sus dedos en mi cabello para acercar mi rostro al suyo.
Bajando mi mano apenas rozando su costado, curveé mis dedos bajo su rodilla y subí su pierna alrededor de mi cadera. Acercó nuestros cuerpos mientras mordisqueaba sus labios provocadoramente. Mi lengua acarició su labio superior, junto con el inferior, provocando que su boca se abriera para mí. Nuestros gemidos eran bajos en el pequeño espacio, ahogados contra la boca del otro a medida que nuestras lenguas se provocaban y degustaban. Mi chica sabía a café y todas las cosas que hacían que mi polla irguiera, y realmente deseaba probarla de verdad.
La mano que estaba sosteniendo su pierna alrededor de mi cadera subió por la parte trasera de su muslo, sin encontrar resistencia, nada de algodón. Gruñí, echándome hacia atrás para mirarla, mi respiración saliendo en jadeos cuando la acariciaba cada vez más cerca donde ya estaba mojada para mí.
"Mm, una tanga, amor," ronroneé, raspando su cuello con mis dientes y abriendo mi boca en su punto débil justo debajo de su oreja. "Eso lo hace… tan malditamente fácil…"
"Tal vez tenía intenciones de follarte en un armario, Edward," susurró, mordisqueando mi mandíbula.
Allí estaba mi niña traviesa saliendo a jugar. Allí estaba la Bella que podía volverme completamente loco de deseo, lujuria, y simplemente necesidad de follarla hasta dejarla sin sentido. Allí estaba la chica que se había entregado a mí, incluso cuando había atravesado las puertas del infierno, solo para correr a mis brazos del otro lado. Era la misma chica que podía entrar en una habitación y con solo una mirada, hacer que mi polla se irguiera en perfecta atención.
"Tal vez," me reí misteriosamente, sintiendo todo su cuerpo retorcerse por mis caricias a medida que mis dedos pasaban por debajo del encaje de su tanga y a través de su caliente coño. "¿Has estado mojada todo el día para mí?"
"Dios, sí," jadeó, su cabeza cayendo hacia atrás hacia puerta con apenas un ruido sordo. "Siempre…"
Sonreí contra su cuello al escuchar su admisión, encantado de que todavía podíamos hacernos esto el uno al otro, llevarnos al límite hasta que uno de los dos perdía el control. Lo que por lo general se desvanecía con el tiempo solo se hacía más fuerte con nosotros, y a menudo me preguntaba si se debía a cómo habíamos iniciado, cómo habíamos tenido que tomar las cosas con calma por ella, que cada beso, cada sabor y cada orgasmo significaba algo.
Me deslicé por su cuerpo, arrodillándome frente a ella, mis manos en sus hermosos muslos.
"Joder, tienes que permanecer callada, dulzura," le advertí con un susurró mientras mis dedos subían por debajo de su falda, solo para engancharse a los lados de su tanga. La bajé, y ella se sujetó de mis hombros mientras se las quitaba. "Sé que hacer con este… problema que tienes," le dije, subiendo su falda de mezclilla alrededor de sus caderas de manera que su sexo quedara desnudo y frente a mí.
"Joder, Edward," jadeó, sus ojos en mí a medida que subía una de sus piernas sobre mi hombro y deslizaba mi nariz por el interior de su muslo.
"Oh, también vamos a hacer eso, bebé," ronroneé, moviendo mi lengua en el sensible pliegue donde su muslo y cadera se unían, "si para entonces no hemos sido descubiertos… así que si quieres que te joda contra esa puerta," gruñí por lo bajo, dándole a su cima un gran lengüetazo de una entrada a la otra, "te vas a quedar callada cuando te corras en mi lengua."
"Dulce Jesús," siseó Bella, sus ojos cerrándose con fuerza cuando mi lengua hizo un círculo alrededor de su entrada, solo para deslizarse por su clítoris.
Sus caderas giraron, su pierna me acercó, y sus dedos se aferraron a mi cabello para mantenerme donde ella me quería. Y la dejé que me guiara, la dejé que me mostrara lo que se sentía bien, pero cuando estaba cerca, bajé el ritmo, deslizando dos dedos dentro de ella. Me eché hacia atrás mirando su rostro, viendo que sus ojos normalmente de color chocolate y dulces, estaban prácticamente negros por la lujuria. Estaba jodidamente asombrosa con su boca ligeramente abierta, su cuerpo solo sintiendo cuando curveé mis dedos tocando ese punto que siempre hacia que su respiración se detuviera y un chillido se le escapó.
"Shh, bebé," la reprendí suavemente, chupando de nuevo su clítoris y sintiendo sus paredes apretarse sobre mis dedos. Mi chica estaba tan, pero tan cerca. Yo estaba duro hasta el punto de ser malditamente doloroso mientras la veía perder el control tan callada contra la puerta como podía. "Por mucho que me guste escuchar lo que te hago," susurré, permitiendo que mis dientes apenas rozaron su piel sensible, "Te necesito callada, Bella… pero córrete para mí, amor."
Los dientes de Bella se enterraron en ese precioso labio inferior suyo para evitar gritar, y todo su cuerpo tembló cuando su clímax la sacudió, provocando que el más dulce de los escalofríos temblara a mi alrededor, desde sus piernas hasta la punta de sus dedos. Besé su clítoris una vez más, antes de ponerme de pie frente a ella.
"¿Puedes seguir callada, dulzura?" Le pregunté, pero ya estaba asintiendo y desabrochando mi cinturón.
"Sí, Edward," me respondió si aliento, bajando mis pantalones junto con mi ropa interior, y rodeando mi cuello con sus brazos. "Por favor, por favor…. cariño, necesito sentirte…"
Su frente se pegó a la mía cuando la levanté sin esfuerzo. Sus fuertes piernas me rodearon, sus ojos fijos en los míos, y los dos ahogamos nuestros gritos en la boca del otro cuando la deslicé sobre mí, envolviendo a mi polla con la sensación más dulce que jamás había tenido el placer de experimentar. Nadie, en ninguna parte, jamás se había sentido tan bien como mi chica. Había estado perdido en el minuto que la conocí, pero me convertí en su esclavo cuando finalmente consumamos nuestra relación.
"Mierda, eres tan jodidamente hermosa," le dije, mordisqueando sus labios al mismo tiempo que me enterraba dentro de ella tan profundo como podía. "Y se siente… tan bien, tan malditamente bien, bebé…"
"Más, Edward," me susurró, y agarré su trasero, penetrándola con tanta fuerza como me atrevía, considerando dónde estábamos. Si éramos descubiertos, sería realmente malo.
Mantuve un ritmo profundo, regular, pero no lento, girando mis caderas solo para rozar mi hueso pélvico con el suyo donde sabía que la haría correrse más rápido. Quería que sintiera cada centímetro de mí, y tenía que verla correrse de nuevo. Besé su cuello, pero ella plantó sus manos a cada lado de mi rostro, girando mi cabeza para besarme con tanta fuerza e intensidad, y tan llena de pasión que por una milésima de segundo, perdí mi ritmo.
"Dime, Edward… dime que me amas," me ordenó en un susurro contra mis labios.
"Tanto, bebé. Te amo como un loco."
"Dime que para siempre."
"Hasta que muera, y más allá de la muerte," le respondí con honestidad, pero su desesperación me estaba preocupando.
"¿Sin importar qué?" Me preguntó, recostándose contra la puerta y usándola como palanca para encontrarme estocada tras estocada. Su mano se deslizó por su estómago, y en el mismísimo momento en que sus dedos apenas rozaron donde estábamos conectados, supe que iba a correrme, y me corrí rápidamente.
Sacudí mi cabeza, porque me había quedado sin palabras, y los dos nos corrimos. Enterré mi polla tan hondo como pude al mismo tiempo que mi cabeza caía sobre su hombro. La acerqué a mí mientras se nos pasaba el efecto de la euforia.
Giré mi cabeza, dándole a su dulce cuello un beso con la boca abierta, largo y lento. "Sin importar qué," le juré, echándome hacia atrás para mirarla.
Dos lágrimas se escaparon de sus ojos, y las limpié con mis besos. "Sé que algo te está molestando, dulzura. Estoy aquí cuando estés lista, ¿está bien?" Le pregunté, asegurándome de que me mirara.
"Te amo," me dijo simplemente, asintiendo y abrazándome con fuerza.
"También te amo, Bella," dije con un suspiro, haciendo una mueca cuando la bajé y nos separamos. Enderezamos nuestra ropa, nos arreglamos el cabello desordenado, y Bella se puso de nuevo su tanga, pero la detuve cuando estiró su mano hacia la manija del armario. "Hey, nada va a alterar eso, amor. Jamás. ¿Lo sabes?" Le pregunté. "Nada de lo que hayas hecho podría jamás cambiar lo que siento por ti, bebé. Lo prometo. Y no hay nada que no quiera saber."
Asintió, diciendo, "Lo sé, Edward… es solo…"
Los dos nos congelamos cuando alguien trató de abrir la puerta, y no pude evitar sonreír cuando resopló en la más dulce de las risitas. Llevé mi dedo a mis labios al mismo tiempo que pegaba mi oído a la puerta, asegurándome que quien sea que estuviera del otro lado se hubiera ido.
Con cuidado, abrí lentamente la puerta, y nos escabullimos sin ser notados.
"¡Mírate, guapo!" Bella le dijo a Caleb con dulzura, meciéndolo suavemente. Y no por primera vez dejé que el deseo de tener otro hijo revoloteara a través de mí. Solo con ver a Bella sosteniendo a ese ruidoso bultito me hizo querer intentarlo de nuevo.
Caleb Edward McCarty era un niño saludable de casi cinco kilos. Tenía una mata de cabello rubio rizado, un rostro dulce y regordete, y dos grandes y curiosos ojos que observaban todo a su alrededor. Era la mezcla perfecta de sus padres—grande y robusto, como Emmett, e igual de pálido y hermoso que Rose.
"Parece un muñeco," me susurró Bethy, porque se le había dicho que no hiciera mucho ruido.
Me volví hacia ella, abrazándola con fuerza sobre mi regazo. "¿Eso crees?" Le pregunté, sonriendo al ver su entusiasmado gesto con la cabeza. "Tú también parecías una muñeca, niña hermosa. Eras el bebé más hermoso en el hospital," le dije.
Ella sonrió, sacudiendo su cabeza. "Mami dice que dices eso porque no puedes ver más allá de mí… q-que somos como d-dos g-gotas de a-agua."
Bella se rio por lo bajo, mirándonos a los dos mientras pasábamos el tiempo en el cuarto de hospital de Rose. Sus ojos eran más cálidos ahora, más relajados, pero cuando nos veía a mí y a Bethy, una cantidad rebosante de amor prácticamente irradiaba de su mismísima alma. Pasaba todo el tiempo.
"No, no," se rio Rose con cansancio. "Doy fe de tu absoluta hermosura, Bethy. Eras la más bonita en el hospital el día que naciste. Hoy… es él." Señaló hacia Caleb con una sonrisa irónica.
Emmett y yo nos reímos, pero todos levantamos la vista cuando una enfermera entró.
"Señor McCarty, necesitamos que firme algunas cosas," le dijo al mismo tiempo que rodaba la cuna. "Y si la señora McCarty siente que puede hacerlo, puede ponerse su propia ropa."
"Oh, umm," comenzó a decir Emmett, frotando la parte de atrás de su cuello después de dejar a Caleb en su cuna. "Rosie, tu bolsa está en el coche. Yo solo…"
"Yo voy por ella," ofreció Bella y tomó las llaves que Emmett le daba, volviéndose hacia Bethy. "Niña hermosa, ¿quieres caminar conmigo?"
"Sí," dijo Bethy con un gesto de su cabeza, pero sus ojos estaban amplios mientras tiraba de su madre para acercarla. "Tengo que hacer pipí, mami."
"Eso pensé. Me preguntaba cuándo iba a hacer efecto ese chocolate caliente," dijo Bella con una sonrisa. "Vamos, haremos ambas cosas, ¿eh?"
Me reí de mis chicas, besándolas a ambas y recostándome en mi silla para verlas dejar la habitación.
"¿Qué le pasa?" Preguntó la siempre perceptiva y avispada Rose, levantándome una ceja.
Han sido amigas desde el instituto, de manera que no había mucho que las dos no podían descifrar de la otra.
"Esperaba que tú pudieras decirme," dije con un suspiro, sentándome hacia adelante y descansando mis codos en mis rodillas mientras la miraba. "Has estado… indispuesta, pero… ¿Qué sabes sobre… Lilith Laray?"
"¿Esa perra?" Gruñó Rose, mirando a Caleb cuando se removió, así que me acerqué y lo cargué por ella, colocándolo con suavidad en sus brazos. "¿De dónde demonios salió ese nombre?"
Así que caminando de un lado a otro rápidamente le expliqué lo que sabía, mientras todos estaban fuera de la habitación. Empecé cuando Lilith se acercó a mí en la recepción de la boda, su reacción a Makenna y el descubrimiento de su nombre cuando Mack no la reconocía dado los cambios por los que la mujer había pasado. Le dije que Bella ni siquiera quería hablar de ello, y que Alice me había dado el archivo del caso. También la puse al tanto de en lo que ahora andaba Lilith— o al menos lo que Alice y yo sospechábamos, con respecto a Christopher Douglas. Cuando terminé, Rose negaba, su rostro fiero.
"¿Qué?" Le pregunté, prácticamente suplicándole con mis ojos. "Suéltalo, Rose."
"Mierda, Edward," dijo con un suspiro, recostando su cabeza en las almohadas detrás de ella. "Será mejor que aumentes la seguridad, cariño. No estoy bromeando. Si Lilith te abordó, entonces en realidad va tras Bella."
"¿Por qué?"
"Porque Bella…" Rose titubeó, respirando profundamente. "Bella perdió el maldito control con esa mujer después de la muerte de los Greene. La culpó por todo, aun cuando Bella se culpaba a sí misma. Creo que simplemente quería que alguien más… sufriera."
Gemí, pasando la mano por mi cabello. "¿Pero por qué aumentar la seguridad? Fue un accidente."
"Porque recibí una llamada de Shady Glen después de que Bella se fue, y Lilith Laray se puso como loca después que Bella le dijo que su hija estaba muerta, a pesar de que había dado a Ashley en adopción. Los médicos dijeron que Lilith seguía repitiendo la misma mierda una y otra vez… 'Voy a matarla… es su culpa. No se va a salir con la suya por haberme quitado a mi bebé…" Rose me miró, el ceño fruncido transformando sus rasgos en una expresión sombría, aun cuando estaba acunando a su hijo. "Si está afuera, Edward… vendrá por Bella. No es la primera vez que Lilith ha matado."
(1) TARACEO
Se forma por:
la quemadura de la llama
el depósito del negro de humo
la incrustación de los granos de pólvora
Hay un taraceo deleble (lavable) y otro indeleble (no lavable). Este último está conformado por la quemadura y los granos de pólvora que se han incrustado más profundamente
(2) Bombas con F se refiere a la maldición más utilizada en USA- Fuck o fucking, en español se traduce de diversas formas por eso la dejé con su letra inicial en inglés.
Bueno, con este capi queda claro que Lilith es un peligro real, no está estable, ya ha causado la muerte de alguien antes y culpa a Bella de la muerte de su hija. ¿Pero por qué? Tal parece que todavía hay mucho que solo Bella puede decir sobre esta historia, y sin duda después de esto, Edward querrá saberlo. Y ya hay un nuevo miembro en esta gran familia, Caleb Edward, awwww me encanta el nombre y a mi Beta también ¿Y a ustedes? Muchas gracias por seguir acompañándome con esta historia, gracias a aquellas que han dejado sus reviews, pero como siempre la diferencia de quienes leen y quienes dan por lo menos un gracias es enorme y por ello no me sorprende lo que ha decaído el fandom en español. Las autoras y traductoras dependen de sus palabras para tener los ánimos de seguir compartiendo estás historias con ustedes, no recibimos dinero, nos conformamos con sus palabras, que nos muestren que están disfrutando de la historia. No les miento, con los largos de estos capítulos y viendo la diferencia que ya les mencioné, no me sentía con muchos deseos de seguir, lo hago porque me gusta, pero nada cuesta que dejen por lo menos un gracias. Así que usen por favor el cuadrito de abajo. Gracias también por sus alertas y favoritos. Espero que hayan disfrutado del capi. Saludos y nos leemos la próxima semana.
