Capítulo 3: ¿Enemigos o amigos?

-Me has pillado... - extendiendo el brazo con la varita-. ¿Edo?

-Su voz suena diferente - afirmó el platinado, que se cruzó de brazos observando a su compañero-. no parece que quiera atacarte...

-Eres el mayor imbécil que ha habido sobre la faz de la tierra -siseó entrecerrando los ojos con rabia-. Me cabreas más de lo que te puedas imaginar.

-Obliviate- cuando lanzó el conjuro, el rubio pudo esquivarlo extendiendo la mano-. ¿qué?

-Cuando tienes el control de un cuerpo ajeno al tuyo ves mejor cómo esquivar un conjuro tan simple- la voz del rubio se había convertido en la de una mujer-. Salazar deberías de controlar tus impulsos hacia el pobre Edo, ya veo que Morgana ha estado haciendo de las suyas contigo - medio aburrida y moviendo la mano mirando sus uñas como si fueran lo más interesante del mundo-. Deberías intentar dormir, ah es verdad, después de lo que hiciste dudo que puedas...

-¿Qué eres tú? - perplejo Severus volvió a apuntar con su varita hacia el rubio.

-¿Qué soy? Pues hasta donde sé un ser humano, muerta o no -comentó con un ligero toque sarcástico-. Aunque es normal que ni yo lo sepa, porque a poseer el cuerpo de mi nieto no lo llamaría precisamente estar viva..

-¿Qué?

-¿Aún no lo entiendes querido? ¿Te hago un gráfico o una presentación completa? -preguntó llevándose una mano a la cadera en un gesto muy femenino-. A ver cómo me explico - se señaló a los labios para tratar de vocalizar-. Y-o-n-o-s-o-y-E-d-w-a-r-d. Pero estoy en su cuerpo, ¿a que me queda bien?

Lucius detrás del profesor de pociones, estaba tratando de no reír, pero era imposible al ver la mímica de el que se suponía era Edward Elric, más aquel rostro sorprendido del moreno, que ya comenzaba a tener claras muestras de enfado en su rostro, seguido de ese típico tic que en su ceja derecha, que comenzaba a aflorar mostrando su frustración.

-Está bien...- Lucius intervino y tratando de controlar aquella risa-. Eres alguien que no es Edward, mujer si mal no me equivoco...

- Estás de broma...- señaló el profesor de pociones bastante desesperado ya por toda la situación.

-No, cariño, no estoy de broma. ¿De verdad te crees que Edward no trataría de matarte en cuanto te reconociera? Si no estoy intentando hacerte ninguna de esas pintorescas formas de tortura que tiene pensadas mi querido nieto para ti, será por algo, ¿no?, bien merecido en mi opinión.

-Algo que ha llamado mi atención, doncella dentro del cuerpo, ¿Ha dicho que es su nieto?- preguntó el platinado haciendo una leve reverencia, mostrando la buena educación de la familia Malfoy con aquel elegante gesto de su mano.

-¡Qué nostalgia! ¡Hacía milenios que un hombre no me hacía ninguna galantería! -exclamó llevándose las manos a las mejillas sonrojadas con ilusión, desde luego ese era un gesto que Edward no haría ni loco en la vida. (NAB: ¡Pero está tan mono!)

- ¿Me puede esta joven dama, responder a la pregunta? - Lucius se incorporó y observó a Severus, el cual estaba rozando sus dientes totalmente desesperado-. Lo digo porque sino mi compañero va a querer suicidarse...

- Esto es de locos -murmuró para sí mismo, con dos dedos en el tabique de la nariz tratando de relajar aquel dolor de cabeza, que ya de por sí con la cantidad de cerveza ingerida se le estaba acentuando.

- Siempre pensé que Salazar estaba muy mono cuando hacía eso. Pero ahora mismo me resulta irritante -comentó con tranquilidad.

-¿Con Salazar se refiere a...?

-A ese capullo arrogante. Al que estuve prometida.

En realidad toda aquella situación la aburría, era muy cansado ocupar el cuerpo de su nieto. Además había perdido la costumbre de hablar con la gente y estaba perdiendo su valioso tiempo, lo que ella quería era hablar con Severus, pero el muy imbécil no era capaz de decir más de dos frases seguidas a derechas y, ya no hablemos de mantener la conversación que quería mantener con él. Si todavía no se creía que era Edwing, cómo iba a creerse el resto de la historia.

- Vale ya veo que lo odias a muerte - bajó aquella varita y observó a Edward-. Tengo curiosidad, ¿por qué te refieres a él como tu nieto?

-Sencillo, porque lo es - respondió sin vacilar aquel espíritu invasor-. Me presentaré y creo que con ello te voy a dar una gran pista, mi nombre es Edwing Van Hohenheim, princesa heredera del extinto reino de Xerxes...

-Eso es imposible, no puedes ser la abuela de este chico - intentó razonar aquel moreno y observó a su amigo que parecía dudar sobre la veracidad de aquella información.

- Interesante, para eso has tenido que vivir cientos de años - Pero al ver la negativa, el albino arqueó una ceja de manera elegante-. ¿Entonces?

-Mi hijo que es idiota... - se encogió de hombros, y observó al cielo como rememorando algún recuerdo desagradable-. Idiota total, creó la piedra filosofal y digamos que ha vivido durante cientos de años, no tuvo hijos hasta que conoció a mi nuera, ¡ah!, lo he dicho, lo he dicho...

-Continúe por favor...- rogó el plateado, el cual miraba con amabilidad a aquel espíritu, profundamente interesado en lo que tuviera que decir, en cierto modo era gracioso ver los gesto que el cuerpo del adolescente hacía, cómo esas mejillas se volvían sonrojadas por cada palabra amable que recibía.

-Lo cierto es que sólo quiero daros un mensaje a vosotros dos... -explicó recobrando la compostura. Al ver la seriedad de las pupilas de aquel espíritu, ambos se miraron entre sí y observaron a ésta-. El mundo mágico en toda su extensión está de nuevo en peligro, Rowena ya me advirtió que si Xerxes regresaba al mapa del mundo mágico ocurriría una gran desgracia y una profunda liberación... Morgana está libre, y por los dioses, no sabemos qué puede llegar a hacer, ella sólo desea venganza contra el mundo que la expulsó... y no creo que falle, buscará a mi descendencia para tratar de abrir los sellos que mantienen la mayor parte de su poder aún preso...

-Eso quiere decir que irá a por tus nietos...

Pero ante la respuesta de Severus y la clara negativa de aquella mujer, lo supo. Algo estaba sucediendo en aquel país a espaldas del resto. Y ese algo comenzaba a moverse por todos los rincones de Amestris, y podría llegar a perjudicar tanto a magos como a alquimistas. Era por eso que la Führer en Central, estaba intentando averiguar por qué aquel anciano representante de los magos, estaba intentando acceder a los secretos más ocultos del país.

-Señorita Armstrong...- escuchó al anciano, Albus, el cual tenía sendas manos entrelazadas y observaba por encima de sus gafas de media luna a la mujer-. ¿Qué problema hay ahora? He hecho todo lo que ha sugerido para que pueda recibirme... y sólo he hecho una petición...

-Ya, y cree que nosotros después de haber tenido una guerra vamos a bajar las armas así de fácil... - explicó Olivier arqueando una ceja. Apoyó su mejilla en su mano, con fingido aburrimiento. Conocía gracias a Sirius y a Harry cada uno de los trucos de aquel hombre. Se había encargado personalmente de conocer a este experto adversario e incluso se obligó a aprender oclumancia, un arte extinto en su país, sólo para que Albus no leyera sus pensamientos-. Soy la mandataria de este país, ¿en serio cree que con unas pocas artimañas podrá con mi país, está usted de broma...?

-Albus...- escuchó el aviso de su mano derecha, Mcgonagall, la cual prudente observaba a aquella mujer entendiendo perfectamente la situación, no quería confesar que la anciana mujer había perdido la confianza en aquel director que en su tiempo fue brillante, pero que en los últimos seis meses se había convertido en una persona cruel y sin escrúpulos. Curiosamente había empeorado desde que esa mujer comenzó su juego de las escondidas.

Los había tenido durante semanas dando vueltas por todo el país. En cuanto llegaban ella ya se había ido. Había permitido que confundieran a su hermano con el dirigente del país, debió sospechar algo cuando vio cómo les mostraba sus músculos. Una vez descubrieron que era una mujer, fueron a una cena de gala y mandó a su hermana menor para que se hiciera pasar por ella. Y eso sólo fue el principio. Definitivamente si esa mujer había llegado a donde estaba ahora era por méritos propios. Albus se estaba comportando como un cretino.

-Minerva mantente al margen de esto... - la replicó la voz del anciano que se acomodó en el sillón que ocupaba, tratando de intimidar a aquella mujer con su mirada fija, pero el mismo anciano estaba comprendiendo que ella era una verdadera líder, Olivier Mira Armstrong.- Señorita Armstrong, creo que debería ser capaz de comprender su situación...

-Esta conversación va para largo... - murmuró la mujer con un gesto desdeñoso.

Minerva suspiró y dio un paso atrás, haciendo una reverencia de manera elegante para salir de aquella habitación. Estaba realmente deprimida, Hogwarts, aquel colegio que se había convertido en el hogar de muchos, había terminado siendo convertido en un centro militar para los magos y aurores. En ese mismo momento deseó algo imposible en su mente, que Lord Voldemort no hubiera fallecido en el desastre de Londres. Una masacre que ocurrió debido a su locura asesinando en el proceso a muchos muggles y magos.

-¿Profesora Mcgonagall?¿Es usted? - escuchó aquella juvenil voz y giró su cuerpo, para al fin poder sonreír, aquellos ojos verdes que le recordaban tanto a los de su alumna predilecta, su rostro mostraba aquella sonrisa traviesa que heredó de su padre. Harry Potter, estaba sano y salvo en aquel lugar. Intentó mantener la compostura frente a aquel chico, pero le era imposible después de tanto tiempo sin verlo.

-Harry... - le llamó cariñosamente y de manera maternal abrazó al muchacho moreno, el cual sorprendido porque la severa mujer, le abrazara sólo le correspondió el abrazo de buen grado-. Estaba muy preocupada jovencito, ¿dónde?

-Estoy con mi padrino, él trabaja aquí ahora... - explicó apartándose. Observo las tremendas ojeras de la anciana mujer con mirada preocupada-. Pero usted no está bien, ¿cómo están los demás?

-Mal, querido, muy mal... -confesó apartándose y observó a Harry a los ojos-. La señorita Granger perdió a sus padres en la desgracia de Londres, los Weasley se rebelaron contra Albus, y yo estoy en medio... No sé qué voy a hacer, el hombre al que prometí mi lealtad ha desaparecido Harry...

- Vaya... -murmuró agachando la cabeza, sintiéndose culpable por no estar con su mejor amiga, Hermione, en aquel momento tan duro-. ¿Y dónde están?

- Harry...- escuchó la voz de Alphonse, que al ver a Minerva sólo la observó con curiosidad como tratando de saber, al acercarse no pudo evitar sentirse azorado al notar aquel abrazo por parte de la anciana mujer-. Lo siento, lo siento tanto. Alphonse...

-Profesora Minerva...- la interrumpió.Y entonces, el rubio menor de los Elric lo supo, aquella anciana mujer estaba tan confundida y asustada como muchos magos en aquel mundo, al apartarse negó con la cabeza y le dedicó una suave sonrisa-. Usted no se tiene que disculpar profesora,además nosotros les robamos a Harry...

El moreno observó a Alphonse de reojo y observó la pila de informes que llevaba entre los brazos, suspirando algo desesperado. Puso sus manos en la cintura e inclinó la cabeza algo más relajado.

- Roy se ha vuelto a escaquear... - afirmó Harry enfadado viendo repentinamente lagrimear los ojos de aquel chico, el cual parecía desesperado por encontrar a aquel general que se negaba en redondo a trabajar como era su obligación-. ¿Pero será posible...? Disculpe profesora, pero tengo que cumplir con mi trabajo... -se excusó rápidamente. Acto seguido, sujetando la mano de Alphonse se puso a tirar de él-. ¿Cómo puede nadie tener semejante habilidad para escaparse...?

-Lo siento, le quite la vista cinco segundos y después...

-Shhh shh -escuchó un silbido tenue y constante-. Aquí abajo. ¿Se han ido ya? -le preguntó una voz que salía de detrás de un armario.

-Sí, claro -admitió McGonagall extrañada. El armario se movió un poco y junto a él pudo ver al alquimista de fuego con una amplia y traviesa sonrisa. Se había pintado de pies a cabeza la piel del color de las paredes y llevaba ropa del mismo color. Si no fuera por esa sonrisa y ese pelo, no sería capaz de verlo-. Si preguntan, me he ido a la biblioteca.

-Aunque por supuesto no vas a ir allí.

-Tú sí que me entiendes Minerva. Ya nos veremos. ¡Recuérdame que te invite a una cosa! -exclamó antes de salir corriendo al ver el humo de los pasos de Harry y compañía en su dirección.

Esa noche fue nublada. Hacía un tiempo que los días habían sido sorprendentemente buenos, en cambio hoy parecía que iba a caer un chaparrón de un momento a otro. Harry suspiró. Su padrino había salido a una misión con Roy y no parecía que fueran a volver pronto. Encendió la chimenea para entrar en calor. Sabía que hasta que no volvieran y supiera que todos estaban a salvo no podría dormir, así que cogió un libro de introducción a la alquimia que le había regalado el general Mustang sin ninguna razón aparente.

El tema era tan denso que se estaba quedando dormido. Entonces un ruido sordo golpeó la puerta, "si fuera Sirius llamaría a la puerta", pensó. Seguramente su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Pero lo oyó otra vez. Ese mismo sonido procedente de la puerta. Se levantó del sofá y se acercó silenciosamente al recibidor. Esta vez fue más fuerte. Acercó la mano al pomo de la puerta y la abrió lentamente, sin mirar si había alguien tras ella. Movido por una inmensa curiosidad.

Inmediatamente algo, o más bien, alguien, cayó a sus pies. Había mucha sangre. Demasiada. Se agachó y tiró de los cuerpos, arrastrandolos hacia la casa. Eran su padrino y... Mustang. Estaban tan mal que le costaba reconocerlos, había empezado a llover. Puede que ya hiciera bastante tiempo desde que empezara la lluvia por lo empapado de las ropas de éstos.

-¿Qué ha pasado? - preguntó mientras corría de un lado a otro en busca de medicinas o algo por toda la casa. Su primer impulso fue el de llamar a un hospital pero descubrió con desesperación que les habían cortado la línea.

-Una emboscada... -informó Sirius con debilidad-. Volvíamos de la misión tranquilamente, estábamos pensando en irnos a tomar unas copas para celebrar nuestro éxito. Entonces comenzó a llover y este imbécil decidió que era el mejor momento de avisarme de que es un completo inútil cuando llueve...

-¡No fue mi culpa que lloviera! -se defendió el moreno, que se puso una mano en la nariz que, estaba roja como un ha dolido...

-Da gracias a que los magos tenemos hechizos para curar esta clase de cosas sin dejar marca- Harry obligó a Roy a sentarse, miró por un segundo a Sirius y suspiró-. ¿Lo vas a decir tú o tengo que averiguarlo?

-Estás muy gruñón hoy - Sirius se dirigió a la cocina, moviendo la mano.- Albus se va a volver loco...Ollivier se ha despedido de él hoy, alegando que debía revisar algunos asuntos en el muro de Briggs...

-Lo he escuchado, pero no era para disimular -respondió Harry que retiró su varita de la nariz ya no inflamada de Roy, el moreno observó a ambos y suspiró-. ¿Qué está pasando en esa zona?

-Un país que se creyó perdido, el Xerxes que conocéis por las leyendas era mucho más grande que lo que creéis pero debido a la maldición se dividió... en esa zona está la frontera con Dracma - Informó a los dos e inclinó la cabeza hacia delante, tomando algo de aire-. Nuestro país no es demasiado pacífico que digamos y siempre ha estado metido en muchas guerras e incluso se causó una gran enfermedad por ello...

-¿Enfermedad? -Preguntó Sirius mirando a Roy con interés.- ¿A qué te refieres?

-Nada...eso es una vieja historia, muchas familias sufrieron pérdidas debido a muchas variantes como la falta de alimentos, actualmente se trata de que Dracma entre en razón... ante las nuevas circunstancias...

El moreno de ojos verdes se quedó pensativo por un segundo, era como vivir una auténtica pesadilla. Recordó que ya Edward en una ocasión corrigió al director de Hogwarts por referirse a Shamballa como un reino paradisíaco, pero eso no cambiaba la actual situación. Harry aún tenía las palabras de aquella profesora grabadas en su mente, se levantó del sillón y observó por la ventana preocupado. Acariciando la fría superficie de cristal, sintiéndose un completo tonto, por no prever lo que sus amigos habían sufrido en aquel mundo mágico.

Roy lo observó por un segundo en silencio y suspiró, observó que Sirius se había metido en la cocina, supuso que dándole un leve permiso para acercarse al moreno rodeó su cuerpo abrazándolo contra él, sabía que Harry estaba sufriendo y eso le lastimaba en cierta manera, a veces se escapaba porque sabía que el chico pensaba mucho en su tierra natal.

-Roy...- Escuchó su tono de voz y cómo agachaba la cabeza con aire derrotado-. Mione, ha perdido a sus padres, Ron y los demás están desaparecidos …¿qué debo hacer? Yo...

-No es tu culpa...- Le susurró al oído, tratando de relajar la repentina angustia del chico de ojos verdes-. Harry, escúchame...- Le giró y sujetó su rostro entre sus dos manos acariciando sus mejillas-. Ellos estarán bien y no te echaran la culpa de nada, porque no la tienes...si es necesario enviaré patrullas, investigaré su paradero... pero sólo si tú me lo pides...

Hacía mucho que Harry no se deprimía de aquella manera y en cierto modo Roy lo sabía, le había llegado a conocer demasiado en tan poco tiempo. El moreno trataba de no derramar una lágrima delante de él, pero sólo era un niño. Le abrazó tratando de sujetar aquel malestar causado por la nueva información dada por Mcgonagall, el chico no era de piedra y pudo notar cómo sollozaba entre sus brazos.

-Llueve muy fuerte...

Fueron sus únicas palabras, mientras miraba por la ventana. Sirius por su parte estaba afincado en la cocina, sólo escuchando a través de la puerta cómo su ahijado lloraba. Observó por un segundo a aquella lechuza y como si se le ocurriera una idea, caminó hasta el despacho y escribió una carta. ¿¡Por qué no se le había ocurrido antes!?

Al terminar aquella carta, observó a la lechuza de Harry y después a su halcón, el cual movía las alas imponentes. Se acercó dándole un trozo de carne a éste y puso la carta en el pico de la pequeña lechuza blanca.

-Búscalos... no dejes que te atrapen...es por su bien...

Cuando al fin se quedaron solos, Sirius no pudo evitar invitar a aquel altivo moreno que era su jefe en el cuartel a un poco de Whisky de fuego que había conseguido de contrabando. Roy tuvo la extraña sensación de que aquel hombre que miraba de manera insistente el fuego de la chimenea, intentaba encontrar las palabras para iniciar una conversación que ambos llevaban ya tiempo evitando.

-Suéltalo de una vez o cuando lo hagas ambos estaremos demasiado borrachos como para recordarlo al día siguiente... - dijo agitando el vaso de cristal enfáticamente, tomando un sorbo, tenía la experiencia de que cuando a alguno de sus amigos, se quedaba así de pensativo era porque querían hablarle de algo que había hecho mal o por el mero hecho de compartir un gran problema con él-. Sobre el...

-Quiero que tengas una cita con Harry...

Aquella confesión lo pilló por sorpresa, tuvo que hacer malabarismos para que el vaso no cayera al suelo delatando su estado de sorpresa aún más que el extraño rubor que cubría sus mejillas seguramente causado por el alcohol. Sí, debía ser por eso. Pero al ver la seriedad que mostraban los ojos del animago no pudo evitarse el suspirar y dejó su vaso sobre una mesita baja para ponerse de pie delante de él, sin lugar a dudas que le diese permiso para tener una cita con el joven moreno era ir totalmente en contra del trato que hizo con él cuando llegaron a Amestris.

- ¿Es un truco?¿Verdad? - preguntó inclinando ligeramente su cuello buscando los ojos del guardián de Harry. Al ver la negativa de Sirius, se cruzó de brazos no conforme con eso y arqueó una ceja inquisitiva-. Es por lo de sus amigos...¿verdad?

-Para Harry ellos son su familia y verse traicionado por el que consideraba casi como a su abuelo... Todo esto ha sido un golpe muy duro para él. Encima, ahora se entera de algo tan terrible. Roy, estoy dispuesto a ceder en lo que sea necesario para volver a verle sonreir, es como un hijo para mí y debo hacer todo lo que pueda por hacerle feliz. Y aunque me desagrade, en el fondo hasta yo sé que tú eres el único que conseguirá hacerle feliz en estos momentos tan difíciles... - afirmó poniendo una mano sobre el hombro del moreno y le observó a los ojos casi con resignación-. Te lo confío. No lo estropees porque no tendrás muchas oportunidades más..

Ambos hombres se miraron fijamente. Uno con la ferviente decisión de buscar a la familia Weasley y traerlos hasta ellos, el otro con la firmeza de una promesa complacido por el beneplácito del padrino de Harry, se propuso cumplir cada uno de los caprichos del chico de ojos verdes que tan preocupados les traía a ambos. Con esto en mente se propuso el preguntar a Sirius por cada cosa que le ilusionaba convirtiendo aquella conversación en algo más amena como la que mantendrían un par de buenos amigos que parecen llevar mucho tiempo sin verse, haciendo recordar a Roy los momentos que pasó con su buen amigo Maes, charlando sobre chicas y los continuos problemas que tenía en el cuartel.

-¡Draco!

El rubio tembló al escuchar el grito de aquella chica, la cual sostenía un engranaje entre sus manos dándole vuelta con aire tranquilo, el joven apoyó su mano en la barbilla intentando con su mirada de persona interesante suavizar el carácter de aquella chica y, de paso protegerse la mandíbula de cualquier inminente ataque.

-¿Qué hice mal? - fue su respuesta automática al regaño.

-¿Por qué dices eso? Te venía a felicitar... está muy bien, oye ¿con qué le has dado para que se pueda mover?, normalmente yo lo baño algunos días en grasa industrial... para arreglarlo... - puso la pieza encima de la mesa, viendo lo brillante y nueva que parecía a pesar de haber tenido que soldar algunas partes.

- Con una poción que inventé para este tipo de material y un conjuro... ¿no te molestara? - preguntó después de un momento de orgullosa exposición, dudando en si ella lo aprobaría. La rubia sólo se puso detrás de él y le abrazó, besando el cabello rubio suavemente, Draco simplemente sonrió ante aquel gesto de cariño-. Winry...

La muchacha rubia se apartó, pudiendo ver el sonrojo en las mejillas de aquel chico y no pudo evitar sonreír ante la timidez que a veces dominaba al joven mago. Acarició su pelo con cariño, era tan suave pese al aspecto engominado que tenía por una poción, sin duda.

- Algún día me dirás qué leches te pones en el pelo - musitó pasando su suave pelo con entre sus dedos con lentitud el rubio ronroneó como un gato-. El mío no está ni la mitad de suave por culpa de la grasa y el instrumental.

- Es porque tengo un pelo terriblemente sensible - musitó el chico dándose la vuelta para poder verla de frente-. Y para hacer pociones tenía que protegerlo con un bálsamo reparador con ese aspecto. En principio sólo hace falta por unas horas pero, con los años, se convirtió casi en una señal de identidad y como no afecta al tacto sino al aspecto pues mejor que mejor para mí.

- ¿Y podrías compartir ese maravilloso bálsamo reparador conmigo? - preguntó con una sonrisa dulce y adorable.

- No sé - musitó él con un tono juguetón y una sonrisa delicada-. Es algo muy valioso para mí. Quien quiera algo así de mi parte tendría que ganárselo a pulso.

- Pequeño gran manipulador - musitó la chica acercándose a él con una sonrisa pícara, pero el chico se apartó en el último momento dejándola con la sorpresa reflejada en el rostro. Una tenue risa proveniente del mago le dijo que no pasaba nada grave. Era sólo que el dragón quería jugar un rato con ella.

- Corrección. Soy tu pequeño gran manipulador - dijo lanzándole un tarro que lucía una etiqueta escrita con la maravillosa letra de su novio-. Tú no tienes que sobornarme para que te deje las cosas mi preciosa...

Draco Malfoy no alcanzó a terminar la frase porque Winry Rockbell se había abalanzado sobre él, besándolo con ganas. Ni siquiera a alguien como Malfoy le importó que el suelo del almacén estuviera manchado de grasa y los preciosos pantalones de trabajo que le hizo la rubia estaban expresamente manchados. Si no fuera porque al mirar desde el suelo vio unos zapatos, que seguían a unas pequeñas piernas y al ver la imagen de aquella anciana mujer palideció.

-W..inry...Dra..co... ¡Se puede saber qué estáis haciendo! -gritó Pinako casi queriendo matar a aquel chico pervertido.

-Abuela...esto.. -La anciana dio un pisotón al suelo, haciendo que la rubia se pusiera de pie asustada, al igual que a Draco, al ver a Alphonse detrás con la mano rascándose la nuca, sumada a ese sonrojo se sintió aún más abochornada si cabía-. Puedo explicarlo...

-Yo sí puedo explicarlo... -Pinako caminó furiosa y observó a su nieta con bastante burla-. Hormonas... si es que no puedo quitaros los ojos de encima ...¡Tú!...-gritó señalando a Draco que se puso firme de inmediato-. Ve afuera y corta leña para al menos un año, ¡ya!...en cuanto a ti, jovencita, vamos a tener una charla bastante larga...-tirando de su brazo para arrastrarla lejos de aquel chico pervertido.

-Draco...no deberías de provocar a tía Pinako...- Alphonse se apoyó en la esquina de la casa donde estaba la leña para cortar, viendo al Slytherin intentar levantar el hacha, con poco éxito, puso las manos detrás de su cuerpo agachando la cabeza,

-Al menos no estoy como tú...¡por qué pesaran tanto estas hachas!... -masculló para sí mismo, sacó la varita para que cortara la leña ella sola.

El castaño desvió la mirada hacia el camino que se alejaba de la casa, pensando en la pequeña Ginny, ¿era así cómo su hermano se sentía por aquel profesor?, no lograba comprender esos sentimientos, que eran tanto de preocupación, como de anhelo se atrevería a deducir. Puso una mano en su pecho y notó otra en su hombro, giró la cabeza viendo a Draco sonriéndole con confianza.

-Verás como regresa, además es una Weasley, si el señor tenebroso no pudo con sus padres, dudo que haya podido Albus contra ellos... -dijo con tono jovial, Alphonse no pudo evitar sonreir al escuchar aquello, había pasado tantas noches preocupado que el hablar al menos con él, le había ayudado-. Además, no sé por qué te interesan las pelirrojas...

-¡Draco! - lo regañó y haciendo un gesto con la mano hizo que el hacha cayera al suelo-. Por favor trata de no utilizar magia...

-¿¡Qué!? ¡Eres cruel Elric!.. -vio caminar al menor de los Elric hasta llegar al camino-. Ambos se obcecan demasiado... -murmuró enfurruñado, rascó su cabeza despeinando su fino cabello plateado y miró a la ventana donde se podía ver a Winry siendo severamente regañada por su abuela-. Pero no soy quién para juzgar...

Mientras se acercaba al camino que llevaba a su casa, aquella que ambos quemaron, comprendió también una verdad oculta, Ginny también se había quedado sin hogar. Todo aquel maldito asunto, había dejado a muchos magos y alquimistas desamparados de por medio, revelando una triste verdad. Se inclinó para sujetar un trozo de madera que aún quedaba intacto, y al tocarlo se convirtió en polvo.

-Pero si Nii-san y yo caminamos...sólo habría que enseñar por dónde deben hacerlo... -la ansiedad se apoderaba de él-. Quiero verla...

Continuará...

Haruka: Espero que os haya gustado el capitulo, para tomatazos a Blackie para regalos Haruka.

Blackie:¡Heiii!...

Haruka: hombre al fin espabilas...bueno chic s, os propongo algo dado que esta y yo tenemos una buena bronca...

Blacki: ¡Olivier es la mejor y la más salvaje!

Haruka: Sí, izumi le puede...bueno a lo que iba..vosotros decidís, la pregunta es...

¿quién de estas dos personajes de Fullmetal Alchemist es la más salvaje de todas?

Olivier Mira Armstrong (Führer en nuestro fic jajaja)

Izumi Curtis (cabe decir que está embarazada)

Edward: ¡vosotras par de cabronas! ¡sacadme de aquí! me está obligando a pintar la habitación del bebé!

Roy: al menos a ti no te ha hecho recorrer medio amestris en busca del café más amargo de todos...¡y yo soy un brigadier!¡cómo es posible eso!

Haruka. eto... encoge de hombro y los ignora.- bueno como veis seguimos igual de locas que siempre, si quereis que este par siga padeciendo...digo sean liberados...

Edward/Roy: ¡sacadnos de este fic que están majaras!

Blackie: epa...vosotros calladitos... cinta adhesiva en las manos y cara de psicópata.

Haruka: sólo decirlo cuando comentéis...¿no crees que te has pasado? con lo chico que es Edward se va asfixiar...

Blackie: nah...seguro que lo supera...