Cap 3. Cuídala

Algo lo despertó, seguía tumbado en el sofá y Ginny seguía acurrucada en torno a él mientras lo abrazaba con firmeza. Se colocó bien las gafas y para su sorpresa en el sofá justo de enfrente se hallaba la Sra.Weasley y su marido, una sentada y con los ojos hinchados, mientras que el Sr.Weasley estaba sentado sobre el posa brazos con la mirada perdida en el cuerpo de su hija acurrucada sobre Harry.

Ninguno de los dos se dieron cuenta que el chico había despertado, hasta que este, intentando no despertar a Ginny, se coloco bien las gafas.

- Harry, hijo mío- murmuró la Sr.Weasley, y una sonrisa se le dibujo en el rostro- Creíamos….cuando te vimos….oh Harry gracias a Dios que estás bien- pero Molly Weasley volvió a sucumbir al llanto.

Arthur Weasley parecía completamente ajeno a esa conversación, aunque cuando su mujer empezó a llorar le pasó un brazo por la espalda en señal de apoyo. Estuvieron unos minutos así, en silencio, el Sr.Weasley solo tenía ojos para su hija, y Harry miraba alternativamente de Ginny a su padre.

Cuando Arthur levantó la cabeza, Harry se estremeció, nunca había visto esa mirada en aquel hombre, no era una mirada de ira, tampoco de cariño, más bien no sabía que significaba esa mirada, pero otra voz se escuchó antes de que Harry o el Sr.Weasley pudieran decir algo…

-Vamos Arthur cariño, es Harry, quien mejor que él para nuestra pequeña, además, tu mismo lo dijiste el día que Ginny metió el codo en la mantequilla: "seré completamente feliz el día que Harry se fije en nuestra pequeña"- imitó esto último como si lo estuviera diciendo el Sr.Weasley.

Tanto Harry como el Sr.Weasley miraron hacía Molly, mientras ella se quitaba las lágrimas que le quedaban en el rostro y sonreía todo lo más que podía a su marido y al chico que consideraba un hijo. Harry volvió la cara de nuevo hacía el Sr.Weasley, que estaba haciendo lo mismo en ese momento…

-Entenderás mi postura cuando seas padre de una niña como la que tienes encima ahora mismo Harry, de todas maneras quiero pedirte un favor, CUIDALA, nosotros estaremos ahí para apoyaros a los dos, porque eres como un hijo para Molly y para mi, pero los únicos que podéis haceros felices mutuamente sois vosotros. Es el consejo que me dio mi padre cuando tome la decisión de casarme con Molly, y ahora te lo doy a ti, porque te llevas lo más preciado de mi casa Harry. Me alegro de que seas tu de todas maneras hijo- una vez terminó de decir esto a Harry no le dio tiempo a contestar porque un melena pelirroja se levantó de su posición y corrió hasta abrazar a su padre. Ginny había escuchado toda la conversación y su padre había conseguido emocionarla.

El Sr.Weasley se levantó mientras aún abrazaba a su hija, y miró directamente a Harry a los ojos, pero esta vez con una sonrisa dibujada en la cara, Harry también sonrió y asintió con la cabeza en respuesta a las palabras de Arthur. Durante todo el tiempo que estuviera con Ginny no haría nada más que intentar hacerla feliz. La Sra.Weasley también se había levantado, y se dirigió hacia Harry para darle también un abrazo. Estuvieron los cuatro en esa posición durante un poco de tiempo, entonces Ginny le dijo a su madre:

-Mamá, ¿me lo devuelves?- el tono de Ginny era aún un poco somnoliento,

debido a que hacia solo unos minutos que se había despertado.

Todo tuyo hija mía- dijo Molly con una medio carcajada.

Molly volvió al lado de Arthur, y Ginny con su carita de ángel volvió hacía

Harry, que la miraba embelesado, lo abrazó por la cintura y los ojos castaños buscaron los verdes, cuando se encontraron no pudieron más que sonreír. Volvieron a mirar hacia donde momentos antes se encontraban los padres de Ginny, pero ellos ya no estaban, poco a poco Harry fue descendiendo y Ginny alzándose un poco de puntillas, hasta que sus labios contactaron, como si estuvieran sellando un pacto, un pacto que momentos antes había formulado el Sr.Weasley.

Volvieron a sentarse en el sofá, pero esta vez no durmieron. Hicieron el tonto, se besaron, se terminaron de contar lo que habían hecho, se dijeron todo lo de menos que se habían echado, y muchas veces, no hacía falta decir nada, les sobraba con mirarse a los ojos. No supieron cuando rato había pasado, solo que estaba oscuro fuera, cuando de repente la puerta de la Sala Común se abrió ruidosamente en por ella entraron Ron y Hermione, que parecían dos lapas mientras se besaban frenéticamente. Ginny soltó una carcajada con el consiguiente "lo sabía", Harry se puso a reír y Ron y Hermione aunque un poco sonrojados, sonrieron ya que también se dieron cuenta que Harry y Ginny estaban en una situación que denotaba que habían vuelto…

-me alegro por vosotros- dijo Harry con la máxima sinceridad que había en él- porque vamos en el viaje se veía a kilómetros-añadió sacándoles la lengua a los recien llegados.

-no es de los únicos de los que te alegras verdad Potter- susurró Ron, intentando hacerse el amigo ofendido, pero no pudo contener la risa. Los cuatro comenzaron a reírse, pero de repente callaron, sabían que la felicidad completa volvería con el tiempo, pero ahora les tocaba honrar a los que habían caído defendiendo su causa, aquellos que habían pasado a una mejor vida para que sus seres queridos pudieran disfrutar de un mundo en libertad.

-será mejor que bajemos, es casi la hora de cenar, y mañana serán los entierros-dijo Hermione

Los demás no añadieron nada, sabían que su amiga tenía razón, se les esperaba un día muy duro anímicamente, pero también sabían que a partir de entonces comenzaría para ellos todo un mundo nuevo, mucho más tranquilo y sin tantos sobresaltos, porque como bien había dicho Harry en el despacho de Dumbledore "había tenido suficientes problemas para toda una vida".