¡Al fin, aquí teneis el tercer capítulo de la historia! Siento mucho ser tan irregular con las actualizaciones, la universidad y el trabajo no me dan opcion para mucho... Espero que os guste este capitulo más que el anterior, ya que varios de vosotros me comentasteis que no os gusto... Anyway, here you have the third chapter! Disfrutadlo :)
Disclaimer: Si yo fuera la dueña de Glee, ciertos spoilers del 3x05 serían una completa mentira y Nick y Jeff ya serían pareja. He dicho.
Un par de semanas después de aquella primera noche en casa después del accidente, cuando ya podía moverme sin muletas por la casa, mi padre me despertó de madrugada, haciéndome señas de que estuviera callado mientras el cerraba la puerta de la habitación.
- Papá, ¿qué pasa? ¿Por qué me despiertas a las… 3 de la mañana? – le pregunté yo mientras miraba adormilado el teléfono.
- Cállate y levántate. Tienes una hora para ducharte, vestirte y hacer la maleta, luego nos iremos a Westerville, me da igual si te dejas la mitad de las cosas atrás, solo tenemos una hora, ¿entendido?
Y mi queridísimo padre se fue así sin más. Os puedo asegurar que se me quedo cara de bobo por más de cinco minutos, hasta que me di cuenta del tiempo que estaba perdiendo y di un salto hacia fuera de la cama, porque, ¿qué demonios debía llevarme a Dalton? Los uniformes, eso seguro, ya mi madre me los había encargado y hecho probar doscientos millones de veces hasta estar contenta con el resultado (ella, que no yo). También tendría que llevarme como casi toda mi ropa interior, y varios pares de pijama, porque vamos, no tenía yo en mente volver hasta, como mínimo, Navidad. Algo de ropa por si, Dios mediante, hacia amigos y empezaba a tener algo mínimamente interesante y socialmente aceptado que hacer los fines de semana, zapatos… Dejé para el final las cosas del baño, y corrí a la estantería, escogiendo algunos de mis libros y películas favoritas, y otros que aún no había visto o leído, y por fin pude respirar tranquilo.
O no. Porque me quedaban solo 15 minutos para ducharme, vestirme y largarme antes de que mi padre decidiera que sería bueno para mí darme un paseíto de dos días andando a Westerville, maletas en mano…
Ducha de agua lo suficientemente fría para helarse (o helarme) y uniforme puesto, todo en 10 minutos, y luego lanzar las cosas del baño en la maleta. Eso fue todo lo que pude hacer antes de que mi padre tocara el claxon y yo tuviera que volar escaleras abajo, las dos maletas en mis manos y rezando a todos los Santos de no romper nada en mi camino (eso incluye en contenido de mis maletas, obviamente). Papá, al verme salir, me ayudó a meter las maletas en el portabultos y luego ambos pusimos rumbo a Dalton.
(¿Os preguntais por qué mi madre no bajó a despedirme? Pronto lo sabréis, supongo, pero os diré que en ese momento yo creí que mi madre estaría apenada por tener que dejarme ir tan joven o algo así...)
Menos de media hora más tarde, yo ya medio dormido en el asiento, tuvo lugar una de las conversaciones más raras, útiles y memorables que he tenido yo con mi padre.
- Te he... hmmm... en el asiento de atrás... hmmm... te he comprado un portátil, creo que te hará falta para estudiar y hmm... por si quieres ver películas los fines de semana y eso - Papá carraspeó, supongo que por los nervios, lo que me ayudó a darme cuenta de que no me esperaban durante el curso, salvo en las consabidas fiestas familiares como Navidad. Asentí, para darle a entender que había captado el mensaje, y sin fiarme de la fuerza de mi voz en caso de intentarlo - Bueno, pues... eso. Es bueno, o eso me dijo el vendedor... También te compré unos altavoces, sé que te gusta estudiar con música, y... por si tu compañero no tiene los mismos gustos, también unos cascos de esos... - Quería interrumpirle, os lo juro, interrumpirle y preguntarle por qué se preocupaba tanto por mí ahora, cuando ya tenía 14 años, pero sé bien que no debo interrumpirle salvo causa mayor - También, hmmm... tendrás un par de cajas esperandote en tu habitación. No logré conseguirte una habitación individual, tendrás que compartirla con otro chico... pero si tienes algún problema, me llamas y yo lo arreglo.
- Papá, yo no tengo móvil...
- ¡A eso iba! - Os dije que no debía interrumpirle... - Te he comprado un móvil, un iPhone de esos, para que puedas llamarme y mandar mensajes cuando hayas hecho amigos. - Mi padre dijo cuando, y no si, y ese gesto me hizo bajar la cabeza, con un raro sentimiento de orgullo en mi pecho. - No llores delante de nadie, Nicholas. Al menos no hasta que tengas cierta confianza con alguien, entonces... pues delante de esa persona. ¡Y no dejes que nadie te infravalore o discrimine! No lo harán claramente, porque Dalton es una academia con política de tolerancia cero, pero los hombres son... crueles por naturaleza. No sé si Dalton logrará cambiar eso algun día...
Asentí, en silencio, y dejé que las lágrimas rodaran por mis mejillas. Seamos sinceros, ¿Qué más podía hacer? Mi padre me habia dado el discurso de mi vida, e incluso juraría que estaba tratando de darme una segunda oportunidad... ¡Se suponía que él me odiaba! ¡Que se sentía decepcionado por tener un hijo como yo! ¿Y de repente me apoya? ¡Pero qué demonios fumó Papá! Me sequé las lágrimas y encendí la radio, dejando que las voces de los Beatles cantando Let It Be nos acompañara hasta que caí dormido poco después.
Mi padre me despertó sacudiéndome el brazo, cuando llegamos al aparcamiento interior de la Academia. Por un segundo ni recordaba qué pintaba allí yo a las 7 de la mañana, pero cuando escuché a mi padre descargar el coche reaccié y bajé del vehiculo, ayudandole.
No os hagais ilusiones, que os conozco. Mi padre me ayudó a descargar las cajas y maletas, lo admito, pero tan pronto como lo dejamos todo en el suelo de la habitación, él dio media vuelta y se fue sin mediar palabra. Y yo, sinceramente, no me quejé. Lo estaba(mos) intentando.
Si os estáis preguntando quién fue la primera persona que conocí en Dalton, os sorprenderá saber que de casi 200 alumnos, fue un Warbler quien se detuvo ante mi puerta al ver las cajas en la puerta.
- Disculpa... ¿Necesitas ayuda?
- Ehm... Pues si, la verdad... - Dije, acobardado, cuando me giré a mirar al chico. Iba completamente uniformado, pulcro y con cierto aire distinguido, como todo en aquella academia, pero algo en él desprendía cierta alegría contenida. Pasó a mi habitación y, tras meditarlo, abrió una de las cajas y comenzo a colocar el portatil, altavoces y todas aquellas cosas que mi padre compró en su sitio en el escritorio. Yo, por mi parte, me encogí de hombros y seguí guardando la ropa en el armario.
- Mi nombre es Thaddeus, por cierto. Bueno, Tadeo, pero suelen usar más el nombre inglés que el latino. - Ante mi mirada confusa, el chico se rió y miró hacia mí - Mis abuelos eran, y alguno aún es, mexicano, por eso mi nombre. Pero no te preocupes, todos me conocen aquí como Thad. - Sonrío y siguió abriendo cajas y colocando cosas, sólo detendiendose para preguntarme cómo o donde colocaba lo que sea que tuviera en sus manos.
Fue al cabo de un par de horas cuando al fin me di cuenta de que no le había dicho mi nombre al chico.
- Esto... mi nombre es...
- Nicholas, ¿No es así? - volvió a mirar hacia mi, algo preocupado, supongo que por creer que quizá se había equivocado de habitación o algo.
- Eh sí... Pero llámame Nick, si no te importa...
- Por supuesto - dijo él, riendose suavemente, como si fuera algo típico de Dalton quizás - Normalmente la mayoría de nosotros dejamos los nombres completos para los profesores y demás puestos de autoridad - El chico... Thad, me guiñó el ojo, sonriendo, y siguió a lo suyo colocando mis cosas. ¿Por qué demonios me guiñó el ojo? No lo sé, no le pregunté, porque poco despues sacudió sus manos y se levantó de la silla en la que estaba sentado - Creo que esto era lo último, Nick. Si necesitas algo, mi habitación es la 307, ¿vale? Mismo piso, mismo pasillo, 5 puertas más allá. - El chico volvió a sonreir antes de abrir la puerta, a punto de salir, cuando se giró y habló, mirandome algo serio - Sea lo que fuera que te ha empujado a vivir aquí, una familia que no se preocupa por tí, o se preocupa demasiado, unos amigos que no eran los adecuados o el hecho de no tenerlos... Sea lo que fuera, vas a ser bienvenido aquí siempre que seas sincero con el resto. Apoyate en nosotros y nosotros lo haremos en tí, ¿entiendes? - sonrió de nuevo y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí y dejandome a mí, con cara de idiota, a las 11 de la mañana sin nada que hacer.
Así que hice lo más lógico: Tirarme de un salto en la cama. Bueno, lo segundo más lógico vino justo despues, que fue caminar hasta el portatil para poner alguna película o música. Y fue entonces cuando vi la nota que el tal Thad habia dejado:
Si te aburres, mis amigos y yo estaremos en la Sala Común de los de primero hasta la hora de cenar. Thad.
¿Hora de socializar? Eso parecía.
