N/A: Solo unas palabras: "Estoy de exámenes". No puedo contestaros a los reviews, pero espero que tenga muchos la próxima vez que entre a subir el nuevo capítulo, que más pronto que la última vez. De aquí a dos semanas, fijo (que será cuando esté más holgada en cuanto a los estudios) Gracias a todos, en serio! Sobre todo a Marion Coleridge, Rebex-Potter, Maron-Ylainen, monseevans, y Blue Ewilan Camille.
Capítulo 3: Hay cosas que nunca cambian.
Las palabras menos pensadas del chico menos pensado. "James, eres un grandísimo gilipollas" no solía estar en el vocabulario de Sirius Black, pero esa vez le salió del alma, como si fuese lo más natural del mundo. El susodicho James, sin saber qué hacer, debatiéndose entre pegarle, gritarle, gritar a la enfermera para que le devolvieran a su amigo, o tirarse al suelo a llorar, directamente se fue de la enfermería.
-¿Creéis que se ha enfadado?
-Bueno, yo creo que sí. Pero no estoy seguro, porque nunca se ha enfadado con nosotros. –dijo Peter, tranquilo.
-Bueno, es que era lo que pensaba.
-Sí, alguien tenía que decirlo. Pero supongo que le duele más viniendo de ti.
-¿De mí?¿Por qué?
-Porque de los tres, tú eres su mejor amigo.
-Ah. ¿Y a dónde habrá ido?
-No quiero ni pensarlo. Pero pobre del que se cruce en su camino.
Y sí, tenía razón, porque James Potter no era bueno en guardar los cabreos. ¿Sirius era acaso una excepción? Nunca lo había sido, pero nunca había ocurrido algo así. Entonces, fue a la que, según él, era la fuente de todos sus males. Lily Evans. Sí, se había ido a Hogsmeade con el imbécil de pelo grasiento. Bien, así se podía desquitar un poco. Los encontró, teniendo una calurosa discusión, cosa que agradó bastante a James. Cosa inusual en él, no fue directamente a regodearse del enfado hacia Snape, sino que se escondió para escuchar la conversación.
-¡Me da igual lo que te dijo Ése!¿Cómo vas a aceptar algo así?
-Lily, no te estoy pidiendo tu opinión. Estoy diciéndote que para ti también habría sitio. No tendrías que tener miedo conmigo.
-Joder, Severus, sabes que no es por ti. Pero ¿acaso crees justa la causa a la que te unes?
-Lily.
-Severus, por favor.
-No.
-¡Sev!
-Soy tu amigo, Lily, pero no me pidas elegir entre mis ideales y tú.
-¿Acaso ESO es tu prioridad?
-No me hagas responder a eso.
-Vete, Snape. Aléjate de mí.
-Pero…
-¡Vete!¡No soportaré a nadie que tenga por intención eliminarme!
-Yo no…
-¡Vete!
Lily se quedó, sola. O eso creía. Snape se alejaba de su lado, y sin saberlo, probablemente de su vida. "No voy a llorar", pensaba.
-¿Por qué me tiene que salir todo mal?
Se sentó al pie del árbol y encogió las rodillas. Miraba al vacío, sin percatarse de que alguien la estaba viendo. Sollozaba, intentando reprimir las lágrimas. La tarrina de helado de vainilla ya estaba derretida y resbalando por el césped. James se fijó en este pequeño detalle, a la vez que ella.
Lily hundió la cabeza entre sus propios brazos, para evitar que alguien que pasase por ahí la viera en ese estado. Él se quedó en silencio, observándola. En apenas dos meses que había estado con ella, no la había visto así… es más, en todos los años que llevaban en Hogwarts, nunca nadie la había visto llorar. Se sintió extraño, sabiendo que no podía hacer nada, que no era el indicado para consolarla.
Sin previo aviso, ella se levantó de un salto, y secándose las lágrimas con una de las mangas de la túnica, echó a andar hacia el centro de Hogsmeade. Él la siguió, sin saber la razón. ¿En dos meses no había conocido a Lily? Es cierto que se lo había pasado bien con ella: ella siempre le había animado en los partidos de Quidditch, habían celebrado la Navidad en el castillo, se habían regalado algunas chorradillas, e incluso habían salido a cenar al jardín, en medio de un paisaje invernal. James siempre se había sentido cómodo en su presencia, pero ahora se daba cuenta de que él nunca le había tomado en cuenta. Le regalaba todo lo preestablecido: un ramo de rosas, una caja de bombones… le había llevado al mismo sitio que a cualquier otra chica, e incluso le había dicho las mismas palabras que a la mayoría de sus conquistas. Y ahora sentía que Lily no era como las demás.
Pues demasiado tarde, chaval.
Mientras, ella salió de Honeydukes, cargada con dos grandes bolsas. La perdió de vista en pocos minutos, y no se molestó en seguirla.
-¿James Potter?
James se dio la vuelta. Una chica con el pelo de color miel y ojos claros, le estaba sonriendo.
-Perdón,¿te conozco?
-No creo. Me llamo Carla Bailey, salí el año pasado de Hogwarts.- En este punto, ella contoneó un poco las caderas, acercándose a él, gesto que no le pasó desapercibido al moreno, que decidió seguirle el juego.
-¿En serio? No me mientas… creí haber conocido a todas las chicas guapas de Hogwarts. ¿Por qué no vamos a tomar algo? Y después, ya veremos. ¿Te apetece?
Con un gesto afirmativo, ella le cogió del brazo, y entraron al primer café que encontraron. Al rato salieron, achispados por el alcohol, y se dirigieron a algún lugar cómodo.
En el castillo, Lily se deprimía. Volvió a la enfermería, a llevarle los caramelos a Sirius, que al ver la gran bolsa, empezó a saltar sobre la cama, de tal manera, que cayó de culo, y después en brazos de Remus (que estaba tan tranquilo, leyendo un manual de medicina mágica, a su lado). Las risas sirvieron para tranquilizar a la pelirroja, que se sentó en una cama cercana, y empezó a jugar con el envoltorio de un caramelo de fresa. Peter, hambriento, empezaba a devorar con ansia, sin importar que la tinta de los envoltorios de plástico pudiera ser tóxica. Total,¿qué más daba?¡Estaban en una enfermería!
-¿Lily?¿Qué tal tu cita con Snivellus?
-Horrible. Pero no hablemos de ello, Sirius. No era una cita, y no has crecido lo suficiente para hablar de ello.
-¿Por qué?¿tan malo es en la cama?
-¿Qué?¡No me he acostado con él!
-Uy, pues mejor. Venga Lily, por una vez dinos la verdad…
-Yo siempre digo la verdad, Sirius.
-Vale, entonces responde¿saldrías con alguno de nosotros?
-¡Sirius!
-¿Qué? Tengo curiosidad… Si yo fuera tu novio, lo primero que haría sería hacer una trampa para que se matasen James y Snivellus entre ellos, y yo me quedaría con el dulce premio…. ¡sólo yo!
Ella rió. Sabía que en el fondo, era un comentario puramente infantil. Aunque seguramente el Sirius crecido hubiese dicho lo mismo.
-Sirius, desgraciadamente, no eres mi tipo. Además, tendrías también que madurar un poco¿no?
-Bueno, vale, acepto mi derrota, pero yo te he preguntado por "nosotros", vamos, que no solo yo… ¿saldrías con Remus?
Remus escupió el caramelo, aludido, y avergonzado.
-Je,¿Sirius? Creo que a Remus no le hace gracia la idea.
-Oh, vamos, sois una panda de aburridos. ¡Deberíamos organizar una buena juerga!
-Venga, Sirius… espérate primero a recuperar tus recuerdos.
-Jo, Remus, mira que eres muermo… Lily,¿a dónde vas?
-A dar una vuelta por el jardín. Tengo que pensar.
-¿En quién?¿En Remusín?¿O en mí?
-Ehm… bueno, también pensaré en vosotros.
-¿Puedo seguirte?
-No, me parece que no.
Lily pensaba. Daba vueltas por el jardín rememorando viejos recuerdos que consideraba buenos… conversaciones superfluas, sobre nada en especial, pero que siempre terminaban en una sonrisa y en un beso. Creía que con ella sería diferente, que todo cambiaría, que ella sería la única para James, que sería su destino. Y se encontró en el lugar donde por primera vez, vio las estrellas con James. Un montículo, donde el césped era blando, y donde se podía ver perfectamente cada constelación. Pero no estaba sola. Ahí, había dos personas. Y una era conocida.
James.
Bueno, y con una chica.
Debajo de James.
Ella suspiró, y quiso llorar. Dijo para sí:
-Hay cosas que nunca cambian…
Pero al darse la vuelta para irse, tenía enfrente a Sirius.
-Siento seguirte.
Pero ella no se enfadó. No es fácil ser fuerte las veinticuatro horas del día. No es fácil no derrumbarse cuando por dentro hay algo que suena a roto. En definitiva, no es fácil querer a James Potter. La pelirroja sentía reflejarse en los ojos de Sirius, sentía que quería llorar, gritar, pegar a James. Pero no se sentía con fuerzas. Era como si la hubiesen herido y se estuviese desangrando.
-No es mi día, Sirius.
-¿Te abrazo?
Ella asintió, y se encontró un poco mejor. Pero cuando Sirius vio en la hierba el motivo de que Lily estuviera así, solo pudo enfurecerse. Y cuando vio que James alzaba la cabeza y se encontraron sus miradas, él solo pudo decir:
-Perdóname, Lily… pero si soy tu amigo, sólo puedo hacer una cosa…
-¿Qué…?
No pudo acabar la frase. Sirius la estaba besando, y en cuestión de segundos, su vista cambió. Lo que vio fue a Sirius en el suelo, por el golpe que James le había dado.
