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Capitulo 2 " cambio de suerte"
El día de ayer, su día de ensueño por así decirlo había terminado, ahora tenía que trabajar, pagar las cuentas, limpiar su departamento… ya había acabado, había sido lindo sentirse protegida por el, por una persona. Bueno de todos modos estaba segura que el tenía a una persona que querer, era imposible que no tuviera novia por que era guapo, agradable y… hacía latir su corazón tan rápido como nadie.
Se levantó y comenzó su rutina, se baño, se puso el uniforme de la cafetería donde trabajaba y salió corriendo para no llegar tarde. El metro estaba lleno, pero no le importo, ya estaba acostumbrada a ir de pie, con la mano en la puerta y la otra con su bolsa.
Su estación llegó en menos de lo que ella recordaba y bajo del metro apurada por la demás gente que bajaba. Iba tan distraída que se tropezó con un escalón, tiró su bolsa y se vio en el aprieto de agacharse con el uniforme que traía, o pedirle a alguien que lo hiciera pero no había hoy en día nadie así que se agacharía. Una mano la detuvo, volteo a ver al hombre que sonreía, era apuesto, cabello negro, ojos azules… pero lo más raro fue la corriente eléctrica que sintió cuando el la toco en la muñeca, como si una fuerza eléctrica pasará por ahí, se subió la manga del uniforme para poder ver que había sido y vio una marca extraña, tatuada en su piel ¿Qué era eso¿a que hora se lo habían hecho? Se asustó pero no le dio tiempo de decir nada, el hombre le entregaba sus cosas en mano y al parecer la veía…sorprendido. La vio con los ojos bien abiertos y después pareció buscar a alguien más. Aome no entendía que demonios le pasaba.
- tenga más cuidado ¿viene sola? – preguntó amable.
- si claro, voy tarde al trabajo. – dijo ella comenzando a caminar.
- puedo acompañarte? – preguntó el mientras caminaba junto a ella. Aome no dijo nada, era extraño, este hombre parecía tener prisa también antes y ahora tenía ganas de acompañarla
- no es necesario, puedo sola – dijo ella sonriendo.
- no es ninguna molestia, se lo aseguro – dijo el hombre haciendo gala de una gran sonrisa.
- si usted gusta – respondió Aome sorprendida.
Salieron del metro enseguida, Aome ya estaba acostumbrada a andar en la calle con su uniforme, la bolsa y todo lo demás, por que después de todo la cafetería estaba en una de las calles mas transitadas. El hombre iba a su lado como una fuerte muralla evitaba los golpes dirigidos a ella por accidente, como si de un guardaespaldas se tratara, estaba serio, pero de vez en cuando la veía y sonreía, para tranquilizarla pero ¿de que? Dieron la vuelta en la esquina y Aome pudo ver su cafetería, como siempre llena y la gente se amontonaba en la entrada para salir y entrar a esas horas de la mañana.
- Ahí trabajo – dijo sonriendo. El hombre asintió y la volteo a ver. – a soy Aome Higurashi, gracias por todo.
- Kouga – dijo el hombre sonriendo al momento que llegaban a la cafetería. – cuídate.
Aome entró en la cafetería y vio al hombre marcharse, era extraño el haber tenido un encuentro así, de nuevo alguien la había protegido, y eso era más raro, dos veces en dos días seguidos. Vio a su amiga Sango atendiendo a la gente y se acerco poniéndose a trabajar también.
- hola amiga – la saludó mientras servía algo de café.
- hola Aome ¿Qué tal?
- raro, me creerás que ayer y hoy he estado de lo más extraña, ayer un chico nos ayudo a Sota y a mi y hoy en la mañana, otro me ayudo en el metro.
- ¿y que es lo raro?
- ¿Cuándo he tenido la suerte de ser protegida por alguien? – preguntó Aome viendo a su amiga.
- quizás tu suerte ha cambiado.
- quizás.
………………………
Como esperaba llegó con una hora de retraso a la oficina, no le importo demasiado, el asunto que tenía que tratar con el era más fuerte que cualquier otro compromiso, entró directamente a la oficina de Inuyasha y cerró la puerta tras el.
- ¿Por qué no me habías dicho? – preguntó poniendo una mano en el escritorio.
- ¿Qué dices? – preguntó Inuyasha viéndolo extrañado.
- esta mañana tuve que venir en metro, ya sabes, no me gusta eso de andar en el tráfico, ahí me encontré a una bella jovencita, en realidad algo joven, cabello negro, cuerpo esbelto, sonrisa blanca… ¿se te hace conocida?
- ¿Qué estas intentando decirme? – preguntó Inuyasha enfadado, ya sabía de quien se trataba pero era el colmo que precisamente el se encontrara con Aome.
- ¿Por qué demonios no me dijiste que estabas emparejado¿Por qué la haces ir y venir en metro¿Por qué la haces trabajar desde un principio? Caray, eres rico Inuyasha, quizás no tanto como tu padre pero…
- ella no lo sabe – dijo Inuyasha derrotado – apenas me enteré ayer, la verdad es que temo asustarla, incluso para mi es algo nuevo, es humana, el concepto de pareja es diferente.
- ya hablaste con Taisho?
- ya, no puedo hacer más que irme con cuidado, tratar que ella lo entienda…
- ya veo…
- ¿y que hiciste? – le preguntó Inuyasha curioso.
- la acompañe hasta su trabajo, es mesera en una cafetería.
- dame la dirección – ordeno Inuyasha de forma natural. Kouga gruño un instante.
- no eres…- comenzó pero Inuyasha se puso de pie.
- permíteme recordarte que…
- si ya, aquí esta – le dijo dándole un papel con la dirección escrita.
- gracias – dijo Inuyasha sonriendo burlón. Kouga salió de su oficina enojado pero no dijo nada, después de todo Inuyasha era alguien de mayor rango que el y eso le hacía enfadar.
Inuyasha cruzó los dedos, ya sabía lo que haría, era perfecto. Iría hoy mismo.
……………………….
A esa hora la cafetería estaba casi vacía, agradecía esa parte del día por que tenía un descanso y podía leer algo de los libros que le habían prestado. La psicología era lo que le gustaba y quería estudiar eso en la universidad, cuando tuviera el dinero entraría seguro.
Escuchó la campanilla de la puerta sonar, un nuevo cliente, pero no levantó la vista de su libro ya le atendería alguien más.
Pero no tuvo tanta suerte, el cliente se sentó justo enfrente de ella, así que dejo el libro debajo de la barra y vio al cliente. ¡era el!
- tu – dijo sorprendida. Inuyasha sonrió, parecía estar sorprendido también.
- que coincidencia ¿no? Vine por un café ya sabes para quitarme el estrés un rato y bueno…
- si, que coincidencia – dijo ella mientras le ponía una taza enfrente - ¿Qué vas a querer?
- un descafeinado – dijo el. - ¿y como esta tu hermano?
- sus costillas están un poco adoloridas pero bien – dijo ella sonriendo. Que nerviosa estaba, maldita suerte¿Cómo es que tenía al hombre que la hacía sentirse nerviosa enfrente de ella?
- me alegra – dijo el mirándola fijamente. Aome tiró la taza de café que traía en las manos de la impresión, sus manos temblaban demasiado, ahí estaba el problema y esos ojos ámbar eran tan profundos, tan enigmáticos que…
- tonta – dijo ella agachándose para levantar los trozos de la taza. Al hacerlo un pedazo se incrusto en su palma y gritó levemente.
Sin pensarlo dos veces Inuyasha se brincó la tabla que los separaba con un ágil salto y le tomó de la mano. Aome sintió cálido, agradable ante su contacto.
- parece que no es muy profundo – dijo el analizándole la mano. Aome estaba sonrojada, tanto por tenerlo cerca como por el accidente. - ¿tiene botiquín de primeros auxilios?
- si…en la oficina de la administración – dijo ella. Su jefa la volteo a ver y le abrió la puerta de la oficina. – gracias.
- hay muchacha – dijo la mujer. Sango la vio emocionada ¿Quién era ese tipo? Que guapo era!
Entraron en la oficina e Inuyasha sentó a Aome en una silla mientras iba por el botiquín que estaba arriba del armario. Sacó unas vendas, alcohol y se arrodillo en el suelo. Aome se volvió a sonrojar, era como si le estuviera proponiendo matrimonio, de solo pensarlo se rió.
- ¿Qué es tan gracioso? – preguntó el con el ceño fruncido.
- nada – respondió ella de prisa.
- ¿estas pensando en que es como si t pidiera matrimonio? – preguntó el viéndola de reojo. Aome se sonrojo hasta las orejas ¡¿Qué demonios le pasaba hoy¡desde cuando se sonrojaba tanto?
- no para nada! – dijo ella agitando la cabeza. El rió y Aome tuvo la impresión que no lo hacía muy a menudo.
Mientras vendaba la mano paso los dedos por su marca, lo que la hacía su pareja frente a otros, el que alguien más le tocará esa marca era muy íntimo, era extraño pero a pesar de que apenas la conocía un sentimiento de orgullo y posesión despertó en el. No había mejor mujer que la que tenía en frente, daba todo por sus seres queridos, trabajaba honradamente, su risa era contagiosa, era agradable y lo hacía reír.
- listo – dijo al terminar. – espero no te duela mucho.
- no, no creo – dijo ella sonriendo – gracias, parece que siempre estas salvándome de algo, no creas que siempre soy así, al contrario casi siempre me valgo por mi misma pero…
- entonces déjame comprobarlo – dijo el
- ¿comprobar que?
- como eres usualmente – contestó sonriendo,. Aún estaba hincado frente a ella y podía ver su hermosa sonrisa de cerca, muy de cerca.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó ella sonrojada. El le acarició la mejilla, era tan linda cuando hacía eso.
- sal conmigo mañana – dijo el
- ¡estas de broma! – dijo ella sorprendida. El volvió a reír.
- no, vengo por ti cuando salgas ¿a que hora sales?
- dentro de 30 minutos.
- perfecto, entonces hoy podré llevarte a tu casa no?
- ¡no es necesario!
- ¿no me quieres cerca?
- no, al contrario pero…
- entonces no veo el problema, te espero.
- si tu lo dices…
¿Cómo es que había conseguido que un hombre como el la quisiera para salir? No lo sabía¿era verdad¿la tomaba en serio¿querría llevarla solo a la cama, eso era improbable, ella no era tan atractiva como otras, para nada, su figura era más delgada que con curvas atractivas, sus modales no eran refinados, se vestía mas cómoda que glamorosa ¿Qué hacía el con ella entonces?
Salió de la oficina con el detrás, Sango le guiño el ojo y ella se concentró en sus tareas finales, si lo veía se pondría nerviosa, más de lo que ya estaba y eso era un problema.
- Aome, puedes salir temprano – dijo su jefa suspirando viendo que todas sus meseras se distraían con el cliente que parecía ajeno a todas, excepto a ella.
- ¿de verdad?
- claro niña, cuídate esa herida ¿bien?
- claro, gracias!
Aome se quitó el delantal y se paso a lado de los clientes. Inuyasha la vio y se puso de pie.
- ¿lista?
- claro – dijo ella sonriendo. El se quitó su saco y se lo puso encima Aome se sorprendió.
- ¿Por qué?
- hace frió, esta por llover ¿lo ves? – dijo el mientras señalaba el cielo. Aome apenas lo había notado. Suspiro y pudo percibir el aroma varonil del saco de Inuyasha.
Llegaron a un carro negro, deportivo, Aome lo vio y cuando iba a preguntar si era de el Inuyasha abrió la puerta para ella. Como todo un caballero. Aome se metió y poco tiempo después el lo hizo. Nadie podía moverse con tanta gracia como el.
- ¿quieres ir a alguna parte? – preguntó el sonriendo.
Si bien tenía que ir al súper a comprar su despensa no podía llevarlo, estaba demasiado elegante, no era apto para llevarlo al supermercado con ella.
- no, gracias- dijo ella mirando hacía la ventana.
Le mentía. Su olor la delataba, pero ¿Por qué? Tenía otro lugar a donde ir pero ¿A dónde¿con un amante? Esta idea lo hizo enfurecer pero cuando la conoció no había percibido el olor de otro hombre…
- mientes- dijo mientras arrancaba. – quiero pedirte que seas sincera conmigo, no importa que sea, siempre dime la verdad.
- ¿Cómo supiste que mentía? – preguntó ella sorprendida.
- solo lo se, eres mala mintiendo – dijo el. Aome no lo pudo creer, su madre nunca sabía cuando mentía, lo hacía a menudo para decirle que todo le iba bien.
- tengo que ir al súper mercado – dijo ella finalmente, sospechaba que no podría mentirle a el.
- ah¿acaso era tan difícil decir eso? – preguntó el sonriendo – entonces ¿vamos?
- ¿vas a ir conmigo al supermercado? – preguntó ella incrédula.
- no tengo nada que hacer – dijo el levantando los hombros. Aome se sorprendió, el no parecía del tipo que tuviera demasiado tiempo libre.
- bien.
Llegaron al primer supermercado que encontraron. Aome se bajo algo aturdida por la compañía. Inuyasha parecía algo dubitativo¿Qué acaso nunca iba al supermercado? Al ver la mirada de Inuyasha al entrar lo entendió, no, nunca iba. Con sus trajes finos, su auto, su trabajo debió haberlo pensado antes. Entonces ¿Qué demonios hacía el con ella?
Aome tomó una canastilla de metal y comenzó a echar algunas cosas. Inuyasha le tomó la canastilla mientras ella echaba cosas. No decía nada pero se veía realmente interesado.
- ¿nunca vienes de compras? – preguntó Aome sonriendo.
- ¿Qué?...ah no, bueno siempre van por mi entonces…- dijo el rascándose la cabeza. Aome se rió.
- bueno, entonces seré tu guía no?
- claro, confió en ti. – dijo el sonriendo.
Aome supo en ese momento que ella confiaba en el también, no sabía por que, ni como pero ella podía confiar en el. Lo volteo a ver y le tomó de la mano.
La cálida sensación que la llenaba cuando le tocaba llegó y el solo se sorprendió pero sonrió, realmente feliz.
