Último capítulo, donde alguien descubrirá la verdad y tendrá un gran desayuno.

3. De querer, energía, egoísmo y chistes malos.

No siempre es fácil eso de querer a alguien, sobretodo si tienes esa inseguridad crónica que te hace pensar que cualquiera puede ser mejor que tú, que puede darle a quien quieres lo que tú nunca podrás darle. A veces, sientes que deberías unir a dos personas que, a tu entender, están hechas la una para la otra, pero tú no eres cupido. Tú no sabes lo que hay detrás de las personas, porque puede que, sin saberlo, ya se amen, o amen a otra persona, y tú no debes forzar las cosas, porque solo lo empeorarás todo. Hay quien trata de unir a la persona que ama con otra, temiendo sus sentimientos, otros sólo piensan que deberían hacerlo, porque aman de forma inconsciente, porque no saben lo que sienten. No siempre el amor viene de la otra cara de la moneda, a veces se busca otra cosa, se busca amor incondicional, se busca esa parte que nos falta, se busca a alguien que nos haga sentir seguros, que nos haga sentir que somos buenos, que valemos la pena, se busca una persona capaz de hacernos ser feliz sin dudar, sin reflexionar, una de esas personas que nos hacen estallar de felicidad. Se buscan mil cosas, y nadie, nadie, puede saberlas, porque son uno de esos secretos que guardamos bajo llave en nuestra alma, demasiado íntimos para compartirlos con nadie, ni siquiera con nosotros mismos.

A Remus le gusta Lily. No como le gusta a James, claro, pero le gusta. Le gusta como persona y le gusta como amiga, pero no le gusta como chica. Le parece guapa, claro, es la chica más guapa de Hogwarts, pero no le atrae. No es raro, en realidad, no le ha atraído nunca una chica, no de esa manera. Se dice a sí mismo que es porque aún son niños, que ya le parecerá que las chicas son lo más bonito del mundo, y que las mirará de reojo cuando pasen, y se sonrojará y Sirius se meterá con él como lo hace con James. Pero a Sirius y James ya les gustan las chicas, y Peter mira a una niña de Hufflepuff de rizos rubios y dulce sonrisa. Él mira a Lily. Pero la mira de otra forma, la mira como una amiga, como si fuese lo que le falta para ser completamente feliz, pero no de esa manera.

Lily es libros muggles de páginas que comienzan a amarillear, es música suave, de esa que sigues moviendo la cabeza, pero que no se baila y no se canta, es risas, y dulces, y es una sonrisa deslumbrante que le hace sentir que es bueno y que se merece ser feliz. Lily es su mejor amiga, es el contrapunto de Sirius, la otra cara de la moneda. Es apasionada, amiga de sus amigos, nunca se calla lo que piensa, aunque lo diga con más tacto, tiene unos firmes principios y a veces llora cuando se escribe con su familia. Le gusta la música, adora aprender cosas del mundo mágico tanto como Sirius adora aprenderlas del mundo muggle, y es la chica más guapa de Hogwarts, y él, el chico más guapo de Gran Bretaña. Pero a Lily le da igual ser guapa, y Sirius siempre se vanagloria de ello, de ser el más guapo, el más fuerte, el más poderoso, el que más le gusta a las chicas…

Y Remus no sabe porqué, pero eso le duele, y se siente estúpido por tener celos, cuando a él no le gustan las chicas, todavía, pero no puede evitarlo. Y con Lily es igual, porque le hace sentirse estúpido porque no le gusten las chicas al ver como todos le miran, pero luego se siente en paz cuando están solos y tranquilos. Sirius no le hace sentirse bien, le hace tocar el cielo con tanta fuerza que lo rompe, le lleva a navegar entre las estrellas y llegar al punto de reír y llorar de felicidad, le hace explotar y estallar al mismo tiempo en un segundo.

Sí.

Está convencido de que si a James no le gustase Lily, él tendría el deber moral de juntarles, porque es imposible encontrar a otra persona tan parecida y a la vez tan distinta en el mundo, y se merecen estar juntos, porque nadie más puede darle al otro lo que se merecen. Pero está James, el bueno de James, y no puede hacerlo, ni quiere. Porque si lo hace empezará a sobrar, y no se sentirá en paz, ni romperá el cielo, y él tiene trece años y es egoísta. Y le gusta pasar el tiempo tumbado bajo el árbol, escuchando leer a Lily, y que Sirius se suba a su cama y salté encima diciendo: "¡Arriba, Lunático! ¡Hace un día perfecto para hacer llorar a Quejicus!". Y le gusta que Lily le bese la mejilla cuando se siente mal, y que le sonría como si fuese algo imprescindible en su vida. Y le gusta que Sirius le pase el brazo por los hombros y le acerque a él con su torcida sonrisa de canalla de la que cuelga un chiste con doble sentido. Y que Lily bufe molesta cuando él habla de James para chincharla, y que Sirius también bufe así cuando no se deja convencer para irse con él de biblioteca.

Y es que le gustan Lily y Sirius, pero por separado, aunque sea egoísta, aunque a veces se sienta mal, pero le duele pensar en ellos juntos, aunque aún no entiende el porqué.

_MS_

Sirius es energía. Es energía pura, es una tormenta eléctrica, polvos explosivos de Zonko, nitroglicerina en una botella siempre apunto de caer. Y odia con toda su alma, y ama con más fuerza aún, y lo hace todo con intensidad. Él no canta, él da vida a las canciones; a él no le caen mal los Slytherin, él tiene una guerra declarada que sólo acabará cuando muera o cuando el sombrero seleccionador decida dejar morir esa casa por no enviarle más alumnos; él no quiere a sus amigos, él los ama con todas sus fuerzas y daría la vida por ellos; él no aprecia a la profesora McGonagall y al profesor Dumbledore, él los considera sus padres, aunque nunca lo admitiría ni bajo tortura; él no desprecia a Slughorn y a los elfos domésticos, él cree que deberían encerrarles en una celda y dejar que se mueran de hambre por pelotas y lameculos.

Su cuerpo no puede contener tanta energía, es matemáticamente imposible, aunque él odia la Aritmancia. Por eso, cuando está enfadado, el ambiente se enrarece, y tú sientes un enfado sordo nublando tus sentidos, y cuando está irritado, quieres arrancarle la cabeza para que deje de transmitir esa energía insoportable, pero, cuando está alegre, tú-no-puedes-estar-triste. Va contra natura.

Y esa mañana Sirius está contento, está feliz, está tan alegre que toda la habitación brilla tanto como su sonrisa, los pájaros trinan extasiados sin saber porque, y el sol reluce en todo su esplendor a través de la ventana. Aumentando su sonrisa, se sube a la cama de Remus y comienza a saltar riendo.

-¡Arriba Lunático! ¡Hace un día precioso y tenemos la habitación para nosotros solos!

James y Peter estarían castigados todo el día limpiando los invernaderos, y él y Remus, que se habían ocupado del segundo paso de la broma al otro lado del castillo, salieron impunes. No es que le molestase estar castigado, pero por ver la cara de Filch al salvarse, merecía la pena dejar solos a sus amigos de vez en cuando, como habían hecho todos alguna vez, ¿habría alguna cara más divertida en Hogwarts? Por que él no la conocía.

-Pon música Lunático-dijo con una sonrisa-. Vamos a reventar este tugurio.

-¿Y el desayuno?

Sirius sonrió de medio lado y se apartó, dejando ver una enorme fuente de chocolate fundido y bandejas de panecillos de crema y tostadas sobre una gran mesa cubierta por un mantel púrpura.

-¿De dónde ha salido esto?-preguntó.

-Los elfos domésticos me han hecho el favor porque soy el humano más guapo que ha pisado las cocinas.

-Sirius…

-Les amenacé con ponerme a fregar los platos-sus ojos chispearon-. A una elfina tuvieron que reanimarla.

-Eres imposible-dijo negando la cabeza con una sonrisa.

-Lo sé, es parte de mi encanto-rió-. Venga, yo pondré la música, desayunaremos en tu cama.

Antes de que pudiese prohibírselo terminantemente, él ya había saltado de la cama y corría a poner un disco, puso uno de jazz que le había comprado su padre en un paseo por Londres años atrás. Sólo Remus sabía que a Sirius le gustaba el jazz, no tanto como el rock, no exageremos, pero le gustaba. Tampoco le había dicho a nadie más que escondía libros bajo su cama, libros muggles y libros mágicos, porque a Sirius le gustaba leer, cuando estaba solo, o por las noches alumbrado por la varita bajo las sábanas, pero leía. Saber esas pequeñas cosas hacía que Remus se sintiese especial.

Las chicas empezaban a acaparar su tiempo, pero ninguna sabía nada de él, se quedaban con su pose rebelde, con su sonrisa torcida y su melena brillante y fuerte. Se quedaban con la pose, con la máscara, y él se quedaba con el Sirius bruto y franco, en estado puro, con el Sirius al que le gustaban el rock y el jazz, al que le gustaba leer y saltar en la cama, el que odiaba la Navidad y las vacaciones de verano y no se estresaba en la época de exámenes a menos que estuviese ayudando a Colagusano con encantamientos o transformaciones. Y le gustaba mucho más su Sirius, con el que se podía hablar y te escuchaba aunque nunca dijese lo correcto, que siempre estaba ahí, que el Sirius estúpido y arrogante que se empeñaba en mostrar al mundo.

Y odiaba que le llenase la cama de migas, pero le gustaba eso de desayunar juntos en la cama, y que él se tumbase a su lado y comenzase a contar chistes malos mientras comían panecillos de crema y bebían chocolate caliente en tazas de Gryffindor.

-¿Sabes por qué se inventaron las suegras? Porque el diablo no podía estar en todas partes-Remus rió antes de beber otro sorbo de chocolate-. ¿Y en que se diferencian un hombre que cae del primer piso con uno que cae del décimo?

-¿Qué el último se muere?

-No, que el primero suena: ¡PUM! ¡AAAAAHHHHH! Y el segundo suena: ¡AAAAAHHHHH! ¡PUM!

-¿Vas a hacer un festival de chistes malos?-pregunta entre risas.

-Se abre el telón y aparece un señor vendiendo tortas.

-¿Tortas?

-Calla Lunático, es mi chiste. Se cierra el telón. Se vuelve a abrir y está el mismo señor vendiendo tortas. Se cierra el telón. Se abre de nuevo y está el mismo señor vendiendo hamburguesas. ¿Cómo se llama la película?

-Si es un telón, ¿no sería una obra?

-Lunático…-le advierte.

-No lo sé, ¿cómo se llama?

-El extortista-dice con una sonrisa perversa.

Ambos estallaron en carcajadas, tanto, que Remus derramó la taza en la camiseta de Sirius.

-¡Lo siento!-exclama avergonzado- ¡Perdona!-se disculpó.

-No es nada Lunático. ¡Ah! Creo que ese chocolate estaba apunto de evaporarse.

Se quitó la camiseta de un fluido movimiento y la tiró sobre su cama.

-Remus.

-¿Sí?

-Va un caracol y derrapa.

Vuelven a reír y Sirius se apoya sobre él golpeando la cama entre carcajadas. Su cuerpo le dio una dulce sensación de calidez, y su estómago dio un vuelco al sentirlo.

Por Merlín.

Ese hormigueo, esa expectación, la suavidad de su piel…

Estaba enamorado de Sirius Black.