Disclaimer: Todo de Jotaká. Lo mio es sin ánimos de lucro.
Aviso: Lemmon, Slash, Yaoi. Es recomendable que no lo lean menores, a pesar que uno lo haya escrito :P
El compañero de Hobbies
"Terceramente, un tipo de amigo que es divertido para tener es un 'compañero de hobbies'. Éste es alguien que no tendrá nada en común con vos, excepto que en el momento comparten un mismo interés o un hobbie. Si empiezas un nuevo hobbie, como jugar Quidditch, te motiva mucho más tener a alguien con quién jugar. Esta amistad podría colapsar en cualquier momento, pero es muy lindo al final. La mejor cosa acerca de este tipo de amigo es vos podes comenzar todo tipo de cosas nuevas con diferentes 'compañeros de hobbie'. Él o ella te puede ayudar a moverte en una nueva etapa de tu vida"
Si había algo en la vida de Sirius Black que realmente tomaba como hobbie, era el sexo. El sexo desenfrenado. Lujurioso. El tipo de sexo que puedes tener en los pasillos a media noche, excitado por la posibilidad de que te atrapen. El tipo de sexo que se da en la Sección Prohibida, sabiendo que nadie más podría entrar allí, pero la cantidad de libros que hay, que caen al suelo con cada embestida contra los libreros, y que gritan al caer al suelo y abrirse.
Remus lo sabía, y quería compartir ese hobbie con él, aunque sea por única vez. Y esa vez, por fin, finalizaría con su trabajo, costara lo que costara.
Esa noche tendría ronda hasta tarde, pero se le haría más fácil si utilizaba el Mapa del Merodeador. Comenzó a caminar por uno de los pasillos que tenía asignado, cuando estuvo seguro sacó el mapa.
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.- susurró el castaño en vos casi inaudible.
Por supuesto que no son buenas.
Observó las zonas que le tocaban rondar, estaban limpias. Buscó a los otros siete prefectos. Cada uno recorriendo su zona. Sin embargo, hubo un nombre que le llamó la atención. Sirius Black deambulaba cerca de la Sala de los Menestres. Mi gran oportunidad, pensó sonriente el licántropo.
Caminó apresuradamente hasta ese pasillo del séptimo piso y, en efecto, su compañero se encontraba allí. Se acercó con paso sigiloso pero, la leve brisa que había y la tranquilidad y silencio del pasillo, hizo que resonara el movimiento de su capa al arrastrarse contra el suelo. Sirius alzó la varita hacia donde se encontraba su compañero. Sin embargo, al ver que era él, la bajó y emitió un suspiro de alivio.
- Lunático, no vuelvas a asustarme así.- le espetó el ojigris ofuscado.
- ¿Qué pasa Canuto, acaso te asusta un licántropo? – preguntó acercándose furtivamente a su compañero.
- Sé bien que lobo que aulla, no muerde.- Respondió con soberbia.
- Y yo que pensé que el dicho era, perro que ladra, no muerde… Habrá que probar si este perro negro muerde como se rumorea… - Remus lo empujó contra la pared que, inmediatamente, se convirtió en una puerta- Vaya, no creía que ya lo tuvieras todo preparado.
- Si, lo tenía preparado, pero no para vos, Lunático. Pero qué más da, si ya estás aquí.
Esta vez fue Sirius quién lo empujo contra la pared, pero no se inmutó ante el quejido adolorido del castaño al chocar fuertemente contra los ladrillos. Lo aprisionó contra él, y se hizo dueño de sus labios devorándoselos con lujuria. Mordiendo de aquí para allá, donde más pudiera. Remus podía sentirlo, podía sentir su dureza chocar contra él y gimió de excitación cuando su compañero se restregó contra él, haciéndole perder la cordura. Necesitaba tomar el control, debía hacerlo. Se giró, dejándolo ahora a él bajo su poder. Cortó el beso y con un movimiento de varita el ojigris ya estaba sin sus prendas. Bajó por su cuello mordiéndoselo, mordiéndole la clavícula, dejándole marcas de propiedad por doquier y siguió bajando. Se entretuvo con sus tetillas, estaban duras. Las chupó, mordió y jugueteó con ellas, haciéndolo gemir de placer. Cada vez se acercaba más a su dureza y disfrutaba notar que tan dura estaba. Siguió bajando hasta quedar de rodillas contra lo que más ansiaba. Le propinó una lamida antes de engullirla. Sirius no creía lo que estaba sucediendo. Su amigo el-come-libros, lo estaba extasiando. Bajó sus manos y enredó sus dedos en los cabellos dorados moviéndolo para aumentar el ritmo. Sabía que estaba a punto de correrse, y Remus también lo sabía. Sin embargo, dejó su actividad y subió hacia el oído de su amigo.
- Lunático, déjate de juegos y acaba de una vez.- Farfulló Sirius enojado.
- Vaya que eres un perrito impaciente Sirius – contestó en un susurro al oído de su compañero mientras se entretenía lamiéndolo, y provocando que el ojigris se volviera loco.- Date la vuelta…
Sirius ya sabía que era lo que se venía, así que cumplió como era debido. Remus sin esperar mucho, separó sus nalgas con las manos y se posicionó en su entrada. Se adentró un poco, pero se paró en seco al escuchar el quejido de dolor de su compañero.
- Quédate tranquilo Canuto…
Posó una mano en su cadera y otra en su dureza, comenzando a masturbarlo para que se relajara. Cuando lo consiguió, y sin previo aviso, lo penetró por completo, por lo cual Siirus volvió a gritar. No se movió dentro de él hasta que se acostumbrara, pero siguió excitándolo. Poco a poco comenzó a moverse. Primero lento y luego más rápido. Cada embestida que le propinaba era un paso más para el orgasmo de su compañero.
- Lunático… apúrate…- jadeó sintiendo dolor en su entrepierna.
Remus lo notaba. Sentía como el cuerpo de Sirius se estremecía cada vez más y su estrecha entrada se cerraba más a él, instándolo a embestir más fuerte. Con ello, Sirius se derramó en la mano del castaño, diciendo su nombre. Y pocas embestidas más, él también lo hizo en el interior de su compañero, explotando de la misma manera. Cuando pudo regular su respiración agitada, salió de su interior.
- Fregotego – movió su varita y ambos quedaron limpios. Con otro movimiento de varita, volvió a vestirse-. Me parece que yo tenía razón. El perro que ladra, o más bien gime, no muerde.
Remus se viró y salió de la sala con una sonrisa de superioridad formada en su cara y dejo, por fin, a Sirius vencido a su poder, jadeando, sudando y con una gran incredulidad. Se vistió en silencio y también salió de la sala. Rió para sus adentros, ya no necesitare más personas para satisfacer mi hobbie, he encontrado un nuevo compañero. Caminó hasta su Sala Común, entró y se dirigió a su cama, cerrando los doseles, sin hablar con nadie, y terminó durmiéndose bajo una atenta mirada dorada.
Tomatazos y Cruciatus
por el GO
