. No me importa el peligro de amarte .
De: Priss.
Capitulo III.


El agua, aunque fría, la estaba relajando como pocas veces. En ocasiones pensaba que se estaba acostumbrando totalmente a este tipo de "baños"
Sentir la piel limpia, sin rastro alguno de sangre.

Por momentos, pensaba en lo que iba a hacer a partir de ahora; el regresar con InuYasha se tornó como algo casi imposible y como una de sus últimas opciones.
Lo que parecía más lógico y prioritario era volver a casa, a su mundo. El problema era "cuándo" y "cómo"

Más conociéndose a si misma, lo más seguro es que eso pasaría hasta que Sesshomarou estuviese mejor.

Espero que no sea mucho el tiempo que tarde en recuperarse.

Ayer te dije, humana, que mis heridas sanan con rapidez.

La masculina voz del yokai la tomó por sorpresa.
Avergonzada, Kagome tuvo que cubrir con ambos brazos su desnudo y mojado cuerpo, mientras se introducía un poco más en el agua, para que ésta la cubriese lo más posible.
Recargado en el tronco de un árbol, Sesshomarou por fin había despertado, tranquilo y con más fuerzas que la noche anterior.

Lo que le recordaba al demonio, que precisamente la noche anterior había descansado entre los brazos de una débil mujer humana, la cual, no estaba con él cuando abrió los ojos.
Lo primero que le cruzó la mente, al despertar y no hallarla a su lado, fue que, por fin, había tenido la cordura de escapar, pero su olfato le indicó lo contrario.

Pudo percibir un leve, pero agradable aroma no muy lejos de ahí; además, su sensible oído le permitió adivinar lo que la joven hacia en ese preciso momento, y claro, al encontrarla, ese presentimiento fue confirmado.

Kagome se estaba bañando en un pequeño estanque que descubrió, cerca del lugar donde había dejado dormido al yokai.

¿Podrías?... El silenció fue roto por la agradable voz de la joven, lo que impidió que el demonio continuase divagando en pensamientos. ¿Podrías darte vuelta?, por favor.

Él le sonrió, una de esas sonrisas que aterraban a su sirviente, Jaken, o a cualquier otro.
Más Higurashi trató de ignorar esto, después de todo, no sabía si ese gesto era por diversión o porque planease algo.
El motivo de esa sonrisa era algo totalmente inexplicable para la joven; lo único que pudo sentir en ese momento, fue el cosquilleo en su estomago al observar el rostro sonriente del yokai.

Sal de ahí y vístete... es hora de irnos.

Ehh.

No me gusta decir las cosas dos veces ¡vamonos!

Kagome creyó oír mal al principio.
¿Ir con él? a dónde?... ¿por qué?. En realidad, ella deseaba ir con su familia, pero obedeció tal cual las palabras de aquel hombre... lo acompañaría.
Sesshomarou le dio la espalda para permitirle a la chica vestirse con más tranquilidad y sin la "preocupación" de que él la mirase.

No hay problema... de cualquier forma, no me atraen las hembras humanas.
Le dijo.
Kagome enrojeció, apenada, enojada y humillada a la vez... se sabía no muy atractiva, pero que se lo echara en cara de esa forma tan grosera, la hizo sentir mal.
Hasta InuYasha la trataba más amablemente en cuanto a ese aspecto.

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Una vez lista, a la mujer no le quedó más que seguir de cerca al yokai.
No decían nada, ni cruzaban miradas; ella solo caminaba apresurada tratando de llevar el paso de su guía, cosa que le resultó bastante difícil.

A lo mucho habían caminado durante tres horas, cuando Higurashi finalmente cayó de rodillas; estaba exhausta y sin siquiera saber a donde se dirigían.
Sesshomarou se detuvo, parecía esperarla o algo así, pero.

Ya esta aquí.

¿Qué? quién?

Entonces, la chica lo vio venir, un inmenso yokai surcando el cielo y dirigiéndose exactamente donde ellos se encontraban.
Así lo comprendió, el demonio de plateados cabellos tan solo estaba buscando a su sirviente, Jaken, el cual venía montado sobre aquel monstruo que volaba con rapidez.

Ya en tierra, el pequeño demonio verde externó todo tipo de felicidad, disculpas y adoraciones por al fin haber encontrado a su amo. Por supuesto que Sesshomarou lo ignoró por completo.
Y luego se percató de la presencia de Kagome, quien seguía de rodillas, mirando con un gesto de curiosidad al recién llegado.

El demonio no lo pensó más de una vez, y mostrando el báculo de dos cabezas, estaba dispuesto a atacar a la joven humana, pero.

¡No te atrevas a tocarla, Jaken!
Higurashi no tuvo tiempo para asustarse, pues el pequeño yokai se detuvo en seco al escuchar la fría voz de su señor.

Ella posó sus negros ojos sobre la figura de aquel demonio-perro. El hecho de que la protegiese era demasiado extraño como para no prestarle atención, y se admiró tanto del comportamiento del medio hermano del hanyou, como para no dejar de observarlo con fijeza.
Más dejó de hacerlo cuando se percató de que algo suave la rodeaba por la cintura y la elevaba cuidadosamente sobre el piso; era la cola del yokai que la obligaba a acercarse más a él, o más bien, acercarse al demonio que se los llevaría lejos de aquel lugar.

Sentándola cuidadosamente sobre el demonio, Sesshomarou le indicó a su súbdito que ya era tiempo de marcharse... y así lo hicieron, ante la incredulidad del pequeño Jaken, que simplemente no comprendía lo que estaba pasando con su señor, que solo tenía ese comportamiento cuando se trataba de Rin, fuera de eso, odiaba a todos los humanos, al grado de aniquilar a cualquiera que se cruzara en su camino, pero con esta mujer.

La tranquilidad y sobre todo, el respeto que el demonio de plateados cabellos mostraba hacia esta criatura, le dejaban bien claro a Jaken, que no conocía ni una mínima parte de la personalidad de su joven amo.

A dónde vamos?
Preguntó tímidamente, Kagome.

A las tierras occidentales... mi hogar.

¿Tu hogar?

La chica desconocía el motivo por el cual también ella iría a ese lugar, más no se atrevió a preguntar; la mirada de fastidio de Sesshomarou la atemorizó lo suficiente como para guardar silencio a partir de ese instante y durante todo el recorrido al surcar los cielos.
Y no importaba que se encontrara en ésta situación tan delicada, siendo algo así como una prisionera, de cualquier forma, se admiraba de lo que sus ojos humanos veían: el hermoso paisaje del sengoku.

Tanta naturaleza y belleza sobre la tierra, era una lastima que nadie en esta época tuviese el tiempo para detenerse a admirarla; aunque entre tantas guerras y monstruos malignos, eso era lo más comprensible.

¿No es hermoso el mundo?
De pronto, cierta voz masculina acaparó la atención de la joven.
¿Escuchó bien acaso? podía ser posible que aquel demonio de plateados cabellos, un sanguinario sin corazón, pudiese admirar la belleza de la tierra tanto como ella lo hacia?
Kagome quiso preguntárselo, pero se detuvo por el miedo, no se sentía con la plena confianza como parta hacerlo, sin embargo, encontró respuesta en los ojos del yokai... tranquilos, pacíficos, más con un aire de soledad y frialdad.

Finalmente, Higurashi se sumió en lo profundo de sus pensamientos, de los cuales, Sesshomarou ocupaba ahora buena parte de ellos.
Y ninguno de los dos dijo más... por todo lo que restaba de camino.

Continuará.


He aquí el tercer capitulo; cabe mencionar que me tardé AÑOS, para escribirlo después del segundo .
Se podría decir que es un capitulo de relleno, y es que no quedé muy conforme con éste.
De cualquier forma solo quiero hacer que los personajes intimiden un poco más, no mucho, solo al grado de un LEMON y después esto se termina ¬¬.

Muchas gracias por leer:
Seishime, Darla Asakura, Andrea, Sleath, Alba, Meryinustar, Nanaccs,
Azul, Maeda Ai, Ai-chan4, Lia Sama, Aniahatori y Cynthia.