Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to BittenBee. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de BittenBee, solo nos adjudicamos la traducción.
The Dress
By: BittenBee
Traducción: Flaca Paz
Beta: Melina Aragón
Parte III
En la tienda Bella escogió su baguette, pero decidió obtener algunas otras cosas mientras ella tuviera la oportunidad. Alice estaba resultando ser una inquilina agradabley divertida, pero no podía hacer nada, excepto sándwiches, palomitas de maíz y chocolate caliente. Bella podía imaginar a su compañera de habitación mirando a un pequeño montículo de productos en la encimera de la cocina con absoluta perplejidad. Se rió de sí misma en el pasillo de enlatados y eligió un poco de maíz dulce. El carro estaba lleno a la mitad con una interesante variedad de artículos, pero todos ellos emparejados torpemente. Era incapaz de decidir entre ensaladas y comida casera; si ella cargó ingredientes para hacer abundante platos de comida casera, al menos las ensaladas disminuyen la culpabilidad.
Renée había llamado. Bueno, dejado un salvaje mensaje apresurado con una encargada del aeropuerto sonando en los altavoces era más preciso. A Bella no le importaba y confiaba en que fuera un buen viaje.
Después de que puso la cena en marcha, llegó Alice, recordando limpiarse los pies en el felpudo, y olfateó el condimento en el aire reconociéndolo. Se sentaron en la pequeña mesa de la cocina y comieron como un viejo matrimonio, lo que divertía a Bella. Pero tan pronto como Alice estuvo llena fue a su área de la sala de estar, Bella se dirigió a su habitación con Facebook en la cabeza. Todos necesitaban un tiempo a solas.
No había ningún mensaje nuevo de Edward. La decepción la golpeó más fuerte de lo que esperaba. Una vez que golpeó, se quedó en su sección media con un mal presentimiento desarrollándose. No se había dado cuenta de lo mucho que su felicidad inmediata dependía de oír de él, incluso si se trataba de algo tan estúpido como su repentina decisión de no comer nabos de nuevo. ¿Ha comido alguna vez nabo? De todos los tontos lugares a donde viajaban sus pensamientos…
No era la falsa esperanza lo que la hizo comprobar su correo electrónico. En cambio, abrió la bandeja de entrada para ocupar su mente en otro parte. Tal vez uno de los correos no deseados que recibió ella últimamente le atraería lo suficiente para hacer un poco de compras por Internet. Inesperadamente, el correo electrónico más reciente en la parte superior del descomunal correo no deseado era sin lugar a dudas de Edward. ¿Cómo? Entonces su cerebro rápidamente realizó la conexión. Su dirección de correo electrónico personal estaba incluida en su información de contacto en Facebook.
Lo abrió, confundida en cuanto a por qué él cambió su plataforma de comunicación, pero patéticamente aliviada, sin embargo, debía ser porque sus conversaciones se volvían más largas y más personales.
De: Edward Cullen.
Para: Bella Swan. com
Fecha: 12 de diciembre de 2011. 10:34 PM EST.
Bella:
Esa sopa de pollo suena perfecta en este momento, después del día que he tenido. Voy a abrir una lata de Campbell's y pretender que es tan buena como la tuya. Tuve que hacer frente a un cliente muy maleducado y casi pierdo la cuenta. Debería haber despedido al asistente de Marketing y darte el trabajo a ti. Su cerebro parece estar funcionando perfectamente, pero se veía tan angustiado por la terrible experiencia que me compadecí de él. De todas formas, estoy seguro de que no necesitas oírme despotricar y revolcarme en tonterías. Soy plenamente consciente de que estoy hablando con una hermosa mujer y no un diario insensible.
Ahora me doy cuenta de que no debería haber preguntado lo que haces en tu tiempo libre ya que las cosas se giraron hacia mí ;-) Una palabra: bolos. ¡Si vas al único de los callejones en la cuidad, el hombre detrás del mostrador me conoce por mi sobrenombre! El billar es divertido cuando te apetezca, juegos de béisbol, nada que ver con salir, supongo. El trabajo ocupa la mayor parte de mi tiempo (dentro y fuera de la oficina).
No minimizo lo que haces, Bella. Si no estuvieras ahí, estoy seguro de que los teléfonos sonarían todo el día mientras los de arriba observan desesperados como se pierden sus llamadas y entonces nada se ha hecho. Si he aprendido algo de anteriores trabajos empresariales, es a tratar a las personas bien, entonces ellos van a hacer cualquier cosa por ti. En serio, me encanta la recepcionista aquí. Su nombre es Phyllis y mantiene a todos en línea. Hay algo acerca de la eficiencia de la edad avanzada, no pierden el tiempo consiguiendo que se hagan las cosas y tienden a cortar la mierda con una mirada fulminante. Hace que la gente sienta esa vergüenza que sus abuelas solían provocarles a ellos cuando eran jóvenes.
He divagado demasiado. Dulces sueños, B.
Edward
Bella tenía una amplia sonrisa cuando terminó de leer y se rió en voz baja a su descripción de Phyllis. Pero le dijo más acerca de Edward que lo que hizo sobre su recepcionista: Edward Cullen era una persona dulce de corazón. Cualquier persona que trataba a los ancianos así y lo hacía con buen humor parecía rara hoy en día. Todavía se preguntaba por qué repentinamente él estaba enviando e-mails a su cuenta personal. Él debía estar tratando de mantenerla sobre sus pies. Habían compartido un montón en poco tiempo. Ellos obtuvieron mutuamente la dirección de correo electrónico y dónde trabajaban, los conocimientos y las imágenes que proveía Facebook y, por supuesto, las direcciones de correo. Por lo que Bella estaba preocupada, ya que estaba volviéndose personal.
Si fuera como cualquier otro amigo, ¿no debería invitarlo a salir con sus amigos? Ella ya sabía la respuesta a esa pregunta. No estaba lista para compartirlo con nadie más. Él había aparecido en su atmósfera social como una margarita en invierno. Y le interesaba, a sabiendas de las miradas de Alice y Rosalie serían demasiados.
Su sonrisa se desvaneció lentamente. Había una calidad, un tono en sus palabras, que había desestimado inicialmente en su entusiasmo de haber recibido un correo electrónico y la parte sobre Phyllis. Fue un día difícil para él, o tal vez era algo más, pero sonaba sombrío. Se lo imaginó como si estuvieran conversando cara a cara en él café y él estaba forzando una sonrisa mientras le decía acerca de su día.
Una extraña sensación se instaló en su pecho. Ella se preocupaba por él, y tanto que esto la sorprendió. Aún más sorprendente fue la rapidez con que había hecho la decisión…
Al día siguiente le envió un paquete a él por medio de un servicio de mensajería personal, dándole una propina generosa al chico, Tyler. Era un repartidor frecuente de todas las cosas relacionadas con el almuerzo del lugar favorito de Jenks. A Jenks le gustaba ordenar comida para llevar de ellos una vez por semana y había llegado a conocer a Tyler amistosamente.
El usual momento tranquilo de la tarde llegó, como de costumbre, entre las dos y tres y media. Atendió el teléfono que sonaba con la falta de interés que iba con hacer una tarea repetitiva y repitió el saludó de la compañía.
—¿Puedo hablar con Bella Swan, por favor?
—Ella habla.
Reconociéndolo, se dejó deslizar en su lugar, aunque no podía determinar exactamente de que forma se dio cuenta de que era Edward. Simplemente lo hizo y se encorvó en la esquina de su escritorio de una manera que exigía privacidad. Una cortina de su cabello cayó hacia delante para oscurecer aún más el lugar.
—Bella —dijo de nuevo. Su cerebro ya había empezado a encajar el tono profundo y la suavidad de su voz en una imagen más clara de él—. He recibido un paquete tuyo. Espero que estuviera bien el destinatario... —Se rió con nerviosismo—. Mencioné que es Edward. Edward Cullen. ¿No es cierto?
Ella se echó a reír y relajó los hombros, no se había dado cuenta de que estaba tensa.
—No envió paquetes a menudo, así que es fácil de entender.
—Fue muy considerado. La mejor entrega que he recibido, de hecho. Hemos hecho un muy buen trabajo de rastrearnos el uno al otro, ¿no?
—Hm. Tal vez debería tirar mi título e iniciar una carrera en el robo de identidad. —Él rió y eso la alivió de alguna manera, lo que consiguió inmediatamente con su extraño sarcasmo—. Me alegro de que tengas todo en una sola pieza, sin derrames. Le pagué extra a Tyler.
—Sin derrames, a excepción de los goteos ocasionales debajo de la cuchara en mi camisa. Lo comí de inmediato, pero yo creo que me has arruinado. No puedo volver jamás de nuevo a Campbell. Escucha… Si tú no hubieras llevado nuestra comunicación cibernética nuevamente a los canales sustanciales, lo habría hecho yo, así que lo haré simple. ¿Te gustaría ir a tomar café alguna vez?
Se le atoró el aliento en el pecho.
—La otra línea está sonando. Lo siento mucho. ¿Puedes esperar? Vuelvo en un segundo...
No esperó una respuesta y se puso de pie. La silla se quedó balanceándose de un lado a otro mientras iba pisándole los talones a Rosalie. Bella la encontró bebiendo una taza de café, un pequeño descanso de su alto rendimiento habitual.
—Me invito a tomar café.
Rosalie estaba acostumbrada a los saludos de Bella, directamente al grano de lo que quería decir. Ella sonrió al rostro joven e ingenuo enmarcado por la esperanza y la preocupación de Bella.
—Y tú dijiste que sí, supongo.
—En realidad... Está en espera.
—Si tú estás tratando de hacerlo sudar, estás haciendo un trabajo increíble con esto hasta ahora.
El color desapareció de su rostro.
—Maldición. Él probablemente colgó.
Se precipitó de nuevo a su escritorio con una aparente normalidad dada las circunstancias. La luz roja aún estaba parpadeando. Ella jaló el teléfono de nuevo y dijo:
—¿Edward?
—Estoy aquí.
—Sí.
—¿Sí?
—Sobre ir a tomar café alguna vez.
Él soltó una risa forzada.
—Pensé que estabas llevando a cabo una vía de escape. Ah, no importa. No tengo idea de por qué lo dije. ¿Es mañana por la noche un buen momento?
Se pusieron de acuerdo cuándo y donde sería, y no fue hasta que colgó que el asombro círculo alegremente a través de sus engranajes transformándose después en nerviosismo. Ni siquiera había mirado su agenda para asegurarse de que ella estaba libre, pero no importaba. Apariciones como Edward no ocurrían muy a menudo, no a Bella Swan, de todos modos.
Cuando ella reconstruyó de nuevo todo lo que aprendió de él hasta el momento, se preguntó si no era una persona demasiado hogareña para Edward. Parecía muy aventurero y eso no parecía ser límite a su amor por el atletismo al aire libre. Él había sido, principalmente, el que la había buscado después de su confusión inicial. Él fue el que comenzó a usar el correo electrónico, a continuación, le envió una solicitud de amistad de Facebook y, ahora, estaba llamándola por teléfono. El sonido de su voz se reprodujo en su cabeza, mientras recordaba, causando un estremecimiento agradable circular por su espalda. Claro que se había ido por las ramas una o dos veces, pero tenía la sensación de que las formas proactivas tenían más que ver con la personalidad de Edward y menos que ver con ella.
En resumen, pensó que podría aburrirse con ella.
Se vistió con más cuidado para el trabajo al día siguiente y se tomó tiempo extra con el pelo hasta que fluía como seda. Ella realmente no tenía tiempo para volver a su apartamento para prepararse para su… ¿Qué era? ¿Cita? ¿Reunión? ¿Encuentro? Sí, encuentro. Ella podía manejar un encuentro.
Alice hizo algunas sugerencias sobre su aspecto y estaba empecinada en crear el factor sorpresa. Para ser amable, Bella tomó un par de opciones en consideración, pero simplemente tuvo que rechazar la mayoría de ellas. Ella quería tener buen aspecto, pero todavía sentirse cómoda. La oficina tenía una política de no jeans, por lo que llevaba uno de sus pares preferidos de pantalones y había seleccionado una bonita blusa para ir con ella. De dos tontos, con motivos florales y ella adornó el sencillo cuello de la camisa con una camisola con encajes en los bordes. ¿Y ante alguna duda? Siempre usaba zapatos bajos.
Ella llegó a la cafetería temprano, por lo que tendría tiempo para mirarlo. Desafortunadamente, estaba lleno de gente, lo que frustró sus planes cuidadosamente hechos. Esto no ayudó nada en su búsqueda. En su lugar, se quedó mirando abiertamente a los hombres al azar, lo que era bastante embarazoso. ¿Por qué su foto de perfil tenía que ser tan confusa? Ella necesitaba más información.
Ella tomó una respiración profunda para intentar calmarse. Si él ya estaba sentado en algún lugar, estaba segura de que sería capaz de reconocerla. Ella se dio la vuelta para volver sobre sus pasos de nuevo hacia la entrada y chocó contra un cuerpo duro. La figura se tambaleó hacia atrás, recuperando el equilibrio justo a tiempo antes de causar que las personas de su entorno derramaran sus cafés.
—Tu debes ser Bella —dijo él, su boca se extendió en una divertida sonrisa.
Su propia boca vaciló en las esquinas.
—¿Es mi torpeza tan obvia?
—No fue la única cosa —dijo Edward amablemente, dirigiéndola a una mesa que se acababa de desocupar. La pareja anterior había recogido sus cosas y se estaban yendo—. Me alegro de haberte encontrado en medio de una de tus vías de escape.
—No estaba escapando. Simplemente iba de nuevo hacia delante a esperar —se las arregló para decir, quitándose sus abrigos de invierno. Su cuerpo se estremeció y le tomó unos minutos aclimatarse a la temperatura más cálida del interior. Cuando se abrió la puerta principal, sin embargo, se estremeció del frío afuera.
Edward también se quitó sus capas, comenzando con la pequeña mochila deportiva de los hombros. Se dio cuenta, con aprobación, que no era rígido, con un maletín común estándar a la vista. Una vez que el abrigo y la bufanda se descartaron, Bella vio que llevaba un bonito conjunto de camisa de cuello y caquis. No fue hasta entonces que se dio cuenta de algo más acerca de Edward Cullen, algo muy importante.
Edward Cullen era hermoso.
—Gracias por calmar mi ego —dijo él.
Se habría reído, pero el alivio en su voz la hizo tardar en darse cuenta de que él debía estar ajeno al efecto que tenía su apariencia en las mujeres. Su belleza no la sorprendió completamente. Su frente ocupó un lugar secundario al extraordinario verde de sus ojos. Su estructura ósea era demasiado angular, creando una distintiva nariz y mejillas puntiagudas que señalaban una generosa boca. Esa parte bien formada estaba llena y expresiva, y actualmente se curvó de un lado.
—Cualquier cosa que pueda hacer para ayudar a un chico —respondió ella amablemente, con una de sus sonrisas. Ella lo estudió de forma encubierta, mientras metía la mochila debajo de la mesa a sus pies. O, al menos, pensó que era encubierta, él la cogió mirándolo, pero no dijo nada y se limitó a sonreírle. Ella siguió adelante con la conversación preliminar—. Pareces de mejor humor que anoche. ¿Está todo resuelto con el personal? Estás en una especie agencia de publicidad de equipos de excursión, por lo que he investigado.
—Sí —dijo, tomando nota en referencia a su broma en curso—. Es una agencia especializada. Nosotros probamos todos los productos, nos familiarizamos con ellos antes de comenzar una promoción. Esperamos que el equipo haga lo que el fabricante prometió y no pretenda engañar a los clientes. Pero eso va en ambos sentidos, por supuesto. Una vez que tomamos la cuenta, esperan que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, bueno, todo lo permitido en una plataforma de medios sociales, para asegurarse de que la promoción es un éxito.
Ella estaba completamente enganchada.
—Así que, tu agencia construye una reputación que los compradores pueden tener en cuenta antes de realizar una transacción de negocios.
Él asintió, satisfecho.
—Nosotros analizamos y promocionamos.
—Me gusta eso —dijo ella—. Sobre todo porque es un enfoque exigente. Parece que a la publicidad en la actualidad no le importa lo que han puesto en el mercado, siempre y cuando esté en tu cara.
—El dinero es el motivador más seguro —asintió—. No estamos hundidos, pero probablemente estaríamos haciéndolo mejor si dejamos que cualquier cliente que está dispuesto a pagarnos nos incline. Perdón, era una metáfora cruda. Quiero decir… aprovechar las ventajas de nuestras conexiones y el tráfico que dirigimos.
Su sonrojo de vergüenza la hizo reír. La conversación había sido tan larga y fluía con tanta facilidad que se habían olvidado por completo la orden de sus cafés. El sol se había puesto y los clientes disminuían sin que lo notaran. No fue hasta que Edward se puso de pie para estirar su rígida espalda que se dieron cuenta que habían transcurrido dos horas. Sugirió que se saltaran el café por completo (el camarero estaba mirándolos a ellos groseramente) y comieron la cena en su lugar.
Se dirigieron a un restaurante cercano que estaba mucho más activo que la última cafetería en la que habían estado, y pidieron sus bebidas y comidas. Mientras hablaban a la espera de su cena, se dio cuenta de que Edward realmente escuchaba cuando hablaba. Sus ojos estaban siempre alerta y nunca abandonaron su rostro, incluso respondía a los cambios en su expresión.
—Entiendo que no voy a estar en la empresa de Jenks para siempre. Le gusta donde estoy ahora, por lo que probablemente no me va a pasar a una posición más alta. No me importa pagar mis deudas y es útil estar en un entorno empresarial, quiero aprender más sobre eso… pero con el tiempo voy a necesitar más.
—¿Sabes que Morgan Freeman no tuvo una exitosa carrera hasta que tuvo más de cincuenta años? Nunca es demasiado tarde.
Su risa fue corta, y su sonrisa se ensanchó.
—¿La gente realmente cae en esa línea?
—En otra vida podría haber sido un orador motivacional —dijo piadosamente.
—Es necesario trabajar un poco, pero creo en ti.
El humor todavía estaba flotando, pero la conversación fue disminuyendo. Se miraron fijamente. Había algo enigmático en la forma silenciosa en que la estudiaba. Se sintió hipnotizada, queriendo dejarse llevar, haciendo señas silenciosas… pero se sorprendió a ella misma, experimentando un vertiginoso efecto secundario.
Ella sacudió la cabeza y sonrió.
—Debería irme a casa. Mañana hay que trabajar.
Estuvo de acuerdo, dando un bostezo que lo sorprendió. Era tarde. Él se ofreció a acompañarla a su casa, sintiéndose preocupado por su seguridad. El viaje consistió en una caminata y un viaje en metro que era en dirección contraría de la Aldea Oriente, que era donde él vivía. Pero no lo mencionó. Tomaron la línea seis en un amigable silencio.
Bella notó que él sabía exactamente dónde iban sin saber su dirección. Él no solo sabía su dirección, él estaba familiarizado con estar allí.
En la vereda frente a su edificio, se dio vuelta y le sonrió, ocultando cualquier signo visible de nerviosismo. No estaba segura de si el esfuerzo fue un éxito. Esperaba que él haya disfrutado de la velada y continuaran comunicados. El aire estaba tranquilo y terriblemente frío, con su aliento chocando contra ella.
—Gracias por una tarde divertida.
—Gracias a ti.
—Sabes —dijo, haciendo a un lado un mechón de pelo de su rostro ocultándolo—. Nunca me enviaste las fotos tuyas adicionales.
—Pensé que sería una mejor idea para autenticar la foto con una experiencia personal. ¿Qué piensas?
—Creo que tenías razón. Fue una... gran idea. —Una noche inolvidable. Ella se alejó, intentando ocultar su tímida sonrisa.
El miró como ella subía las escaleras de su edificio, su rostro estaba impregnado de una expresión ilegible. Se metió las manos en los bolsillos de su abrigo y caminó de regreso en el sentido que había llegado. La oscuridad se lo tragó por completo, pero oyó como se desvanecía el repiqueteo de sus zapatos en el concreto mientras abría la puerta.
¡Y al fin se conocieron! ¿Qué les ha parecido? ¡Por un minuto pensé que la iba a besar al final, pero no! Un poquito de desilusión :P
¿A ustedes qué les parecido? Esperamos saber todo en sus comentarios
¡Hasta el próximo capítulo!
