Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, todos los derechos le corresponden a J. y WB. Los personajes y situaciones que no conozcan son míos.

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LA PETICIÓN DE PETUNIA

Los días que siguieron a la visita del señor Cathermole fueron de los más divertidos en la vida de Lily. No había resultado sencillo devolver a sus padres a la realidad luego de que el mago hiciera levitar aquel libro en plena salita de estar, y Lily creía haber visto la noche pasada cómo su madre trataba de evitar acercarse mucho al texto.

En general los señores Evans estaban bastante entusiasmados con la idea de que su hija menor fuera bruja. Habían pasado de la cortesía hacia el señor Cathermole, pensando que el pobre anciano estaba chafado, para luego dirigirse a él de manera interesada y con profunda admiración. La señora Evans incluso había dejado su habitual mutismo despistado para hablar consigo misma preguntándose cómo no se había dado cuenta de que Lily era una bruja, mientras su familia, excepto Petunia, se burlaba a sus espaldas porque, si se veía objetivamente, cualquiera que hubiera sabido que los magos estaban ahí afuera podría haberlo deducido.

Lo más interesante de que todos supieran que era bruja era que sus padres la habían acompañado junto a Petunia al famoso Callejón Diagon, que había resultado ser cien veces mejor de lo que Severus le comentaba hace dos años. Se llegaba a él a través de una taberna llamada el Caldero Chorreante, que inexplicablemente sus padres y hermana jamás habían visto si Lily no se los hubiera indicado. Dentro estaba lleno de los personajes más curiosos, mucho más estrafalarios que el complaciente señor Cathermole, y una que otra bruja tétrica, además del viejo tabernero que los había guiado a una muralla de ladrillos que ante los ojos extasiados de Lily se había abierto dejando ver un estrecho y largo callejón lleno de magos y brujas.

Había un enorme edificio de mármol, Gringotts, comandado por unas extrañas criaturas un poco hoscas, y donde habían cambiado su dinero por galeones de oro, sickles de plata y knuts de bronce, el dinero mágico. Cientos de tiendas, una droguería, un emporio de lechuzas, librerías repletas de los textos más fantásticos de magia, escobas voladoras y otras cosas se dispersaban a lo largo del callejón, pero lo más atrayente para Lily estaba bastante apartado.

El señor Ollivanders era el dueño de la única tienda que vendía varitas en el Callejón Diagon, un polvoriento sucucho lleno de estanterías con cajitas alargadas y un par de objetos raros. El viejo locatario era un hombre de ojos acuosos, pelo canoso y despeinado y una túnica azul oscuro, probablemente para disimular mejor el polvo que inundaba la tienda.

Lily aun recordaba cómo había sacado una docena de alargadas cajas, aun polvorientas, y con extrema delicadeza le había ido pasando varita tras varita causando diferentes sensaciones en el brazo de Lily, pero sin ningún resultado suficiente para el exigente señor Ollivanders. Ninguno hasta que había sacado la correcta.

-Veamos, Sauce, 10 ¼, blanda, una varita excelente para hechizos, muy poderosa- había dicho el señor Ollivanders mirándola fijamente con sus ojos claros.

Ante la mirada curiosa de sus padres, Lily había cogido la larga y bonita varita que el señor Ollivanders le ofrecía y de pronto una descarga de chispas rojas y un calor agradable había invadido su mano. El señor Ollivanders había estallado en vivas, dándole a entender a Lily que esa era la forma de saber cual era la varita que le pertenecía. Lily no estaba muy segura de las facultades mentales del dichoso señor porque en algún momento le había salido con que eran las varitas las que escogían al mago y no todo lo contrario.

La única que realmente no estaba alegre con la idea de que Lily fuera una bruja y estudiara en Hogwarts era Petunia. Lily no había podido dejar de notar que su hermana estaba cada vez más distante y que las últimas semanas había pasado más con su amiga Yvonne que con su familia, por lo que había deducido que el cambio se debía al descubrimiento de que Lily era en verdad diferente de ella.

Lily no sabía que pensar. Cualquiera de las razones que barajaba en su mente era muy dolorosa. Petunia podía sentir vergüenza de ella, de que fuera bruja, o repulsión, e incluso odio, y fuera cual fuera de esas tres opciones a Lily se le hacían tristes, aunque también sentía un dejo de maldad que trataba de oprimir porque quizás su hermana estuviera celosa, pero estaba segura que eso jamás lo diría.

Sin embargo parecía que Severus pensaba lo mismo que ella. En las veces que ambos habían quedado en el parque del barrio, él ya le había dicho que estaba seguro que Tuney estaba celoso de ella, aunque no por ser bruja sino porque sus padres estaban muy entusiasmados con la idea de que ella lo fuera.

Lily, aunque internamente lo pensara, se negaba a dar crédito a las palabras de su amigo. Tuney era su amiga antes que él, su fiel compañera de toda la vida y Lily tenía la seguridad de que así sería.

-No, Sev, me niego a creerlo, Tuney es mi hermana, ella me quiere y me aceptará por lo que soy, lo ha hecho hasta ahora- dijo Lily sacudiendo su cabeza con decisión.

-Bueno, como quieras- dijo Severus encogiéndose de hombros y mirando al horizonte.

-Sev¿cómo van las cosas en tu casa?- preguntó Lily como siempre que hacía que se encontraba con su amigo.

La expresión de Severus se tornó sombría y ella lo miró más detenidamente. Severus Snape era un muchacho flacucho y pequeño, solo un poco más alto que ella. Era de piel blanca, como alguien que no ha visto la luz del sol en mucho tiempo, y dos cortinas de pelo negro y compacto le caían a lo largo de su delgada cara. Tenía la nariz ganchuda y los ojos negros y muy alegres, aunque en ese momento solo irradiaban un ligero tono de felicidad.

-¿Severus?- preguntó tímidamente Lily y la cara del chico pareció alegrarse por alguna razón- ¿Y?

-Nada, no pasa nada, y no pasará nada hasta que yo me vaya a Hogwarts, estoy seguro- murmuró Severus desanimado.

Lily lo miró desconcertada y decidió que era mejor no preguntar más. La familia de Severus no tenía muy buenas relaciones, su amigo era el hijo único de los señores Snape, Eileen y Tobías. La madre de Severus era una bruja, según lo que Lily sabía, que había ido también a Hogwarts y que se había casado con Tobías, un muggle como sus padres o Petunia, gente que no poseía magia. El señor Snape no estaba contento cuando se había enterado de que su esposa era una bruja, y aun menos cuando Eileen le había comunicado que estaba esperando un bebe que probablemente tendría magia corriendo por sus venas.

-Bueno¿ya tienes todos tus materiales?- preguntó con voz chirriante para sacar a Severus de su ensimismamiento.

-Oh, si, fui con mi madre hace dos días al Callejón Diagon¿no te dije que era fantástico?- exclamó Severus contento de tener que hablar de otra cosa.

-Es mucho mejor que lo que contabas, a mí me compraron una lechuza- argumentó Lily con fervor- Por cierto, vi a muchísimos niños mirando una tienda que mostraba escobas¿qué es el Quidditch, Sev?

-Vaya, olvido que no sabes mucho- murmuró Severus- El Quidditch es el juego de los magos, se juega arriba de escobas¡es sin duda lo mejor del mundo!

-¿Cómo es?

Lily se quedó el resto de la tarde escuchando todo lo que Severus le contaba acerca del Quidditch. Los magos jugaban sobre escobas, siete jugadores por equipo y con tres balones en el campo. Severus le había explicado el asunto a grandes rasgos, y aunque Lily aun no se lo imaginaba muy bien suponía que debía ser algo realmente interesante ver a catorce personas elevadas en el aire sobre escobas.

Junto a Severus, Lily volvió a su casa, donde el señor y la señora Evans los esperaban con una suculenta cena. De vez en cuando su amigo se quedaba a cenar con ellos, aunque normalmente él solo aceptaba cuando Petunia no estaba para no recibir malas miradas, y de cualquier manera debía hacérsele un poco raro estar en una casa tan diferente a la suya, donde debía funcionar casi todo con magia.

Sus padres nunca le habían preguntado muy bien como había conocido a Severus, y tampoco parecían muy interesados, sin embargo, ahora que sabían que su amigo también iría a Hogwarts incluso la señora Evans parecía encantada de hacer preguntas a Severus y Lily se pudo imaginar lo incómodo que debía sentirse él.

Como pudo, Lily sacó a Severus de la cocina y le pidió que fuera a su habitación hasta que ella terminara de ayudar con los platos a su madre, tarea que usualmente realizaba Petunia.

-¿Y Tuney?- preguntó.

-Con su amiga, ya sabes- murmuró la señora Evans- La madre de Yvonne prometió que la traería, creo que fueron a un parque.

-Ah…- dijo Lily tendiendo un paño de cocina.

-¿Sucede algo, cariño?- preguntó la señora Evans despreocupada.

-No, mami, voy arriba con Severus¿si?

Lily salió de la cocina y comenzó a subir pesadamente las escaleras hacia el segundo piso, mientras pensaba en Petunia y el padre de Severus. Tanto ella como su amigo estaban en las mismas condiciones, uno de su familia no aceptaba lo que eran.

Un ruido hizo que Lily apartara todos sus pensamientos de su cabeza. El pasillo estaba iluminado, y aunque ella esperaba que su habitación tuviera la luz encendida, era la de su hermana Petunia la que estaba así. Sigilosamente se acercó a la habitación de su hermana y se detuvo en seco cuando vio a Severus parado en medio del lugar leyendo algo.

-Sev¿qué rayos crees que haces?- preguntó Lily con voz ligeramente amenazante, aunque no era su intención.

Severus se volvió con la cara pálida por el susto y al parecer se dio cuenta de que su situación era muy comprometedora porque rápidamente se puso rojo y retrocedió de manera inconsciente, hasta dar con el escritorio de madera blanca de Petunia.

-Yo…no quería, una lechuza…

-Severus¿qué dices?- dijo Lily entrando lentamente a la habitación y al parecer escuchar su nombre hizo relajar un poco a su amigo.

-Iba a tu habitación cuando una lechuza pasó por el pasillo y fue hacia acá- explicó Severus.

-¿A la habitación de Tuney?- inquirió Lily asombrada.

-Sí, la lechuza dejó esto sobre la cama- dijo Severus notablemente aliviado y le acercó un pergamino nuevo.

Lily lo tomó con cuidado mirando a Severus con inquietud, pero la mirada de su amigo no pareció comentarle nada, así que se dispuso a leerlo.

Era un pergamino con una caligrafía estilizada y llena de curvas, muy bonita, y que Lily no había visto nunca.

Estimada señorita Petunia Evans,

Es mi deber como director de Hogwarts comunicarle que ha sido recibida su carta. En respuesta a su petición de obtener una plaza en nuestro colegio, lamento comunicarle que nos es imposible permitirlo debido a que Hogwarts alberga tan solo a niños y jóvenes con sangre mágica, lo que no es su caso, y sería imposible que aprendiera las artes que enseñamos.

Se despide afectuosamente,

Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Lily miró con curiosidad la fecha de la carta y se dio cuenta que era de al menos dos semanas atrás, solo un tiempo después de que ella se enterara de que podía ir a Hogwarts. Todo eso explicaba el repentino mal humor de su hermana y que ella la evitara de manera tan evidente.

-Eso lo explica todo¿no lo crees?- dijo Severus.

-Tuney quería ir conmigo a Hogwarts, por eso está enojada, este señor no la dejó, aunque fue muy amable en su trato- murmuró Lily aturdida.

-Ese es Dumbledore, el director de Hogwarts, aunque mi madre dice que tiene unas ideas un poco extrañas al respecto de…- Severus se interrumpió de pronto, como recordando que Lily estaba ahí- Es uno de los magos más importantes en la actualidad.

-¡Pobre Tuney!- exclamó Lily- Creo que hablaré con ella cuando vuelva.

Lily miró a Severus y este asintió con la cabeza, entendiendo que quería estar sola. Una hora y media después Petunia entró a su habitación visiblemente cansada, pero no lo suficiente como para dejar que Lily hablara.

Ella había dejado la carta cerrada nuevamente para que nadie supiera que la había abierto y estaba sentada en la cama de Petunia.

-¿Qué quieres?- preguntó bruscamente la recién llegada.

Lily abrió la boca y la volvió a cerrar. Luego, sin decir nada, se fue a su habitación silenciosa. Aun faltaba una semana para que llegara el 1 de septiembre.

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Bueno, acá les dejo el tercer capítulo. La primera parte me costó un poco, estaba sin imaginación, pero creo que la segunda me quedó tal como esperaba. Espero sus reviews¿si¡Ah, lo olvidaba! Cordelia (el nombre de la amiga de James) es un nombre muy antiguo que me parece que va bien con su perso, ya sabrán más de ella. ¡Besos!

GreenDoe