Estaba andando tranquilamente dando un paseo en dirección al apartamento de Kara. Las calles parecían algo borrosas y supuse que sería el efecto del alcohol de la noche anterior. No había descansado nada bien. Me llevé la mano a la frente, cerré los ojos. Abrí los ojos justo para evitar chocarme con una mujer joven, más o menos de mi edad. Su pelo rizado pelirrojo me resultaba increíblemente familiar. Ella me miró a los ojos, sorprendida.
-¿Vicky?
-Veo que no has cambiado nada, Alex. -dijo con un tono desagradable; desvió su mirada a un lado como queriendo indicarme algo. Seguí su mirada y vi a Maggie al otro lado de la calle.
'Esto no tiene sentido.' Pensé, entonces empecé a sentir una extraña música. Busqué en los bolsillos de mi chaqueta. Cuando volví a alzar la vista ninguna de ellas estaba presente, y la calle parecía aún más borrosa.
Entonces desperté con un terrible dolor de cabeza, a duras penas alcancé mi móvil y pude ver en la pantalla el nombre de mi hermana. Y varias llamadas perdidas…Y un mensaje de Maggie.
-¿Kara? -dije con voz resacosa.
-Dios mío, Alex. -dijo seguido de una carcajada. – ¿Tienes resaca? Ya te dije que no bebieras tanto.
-Lo sé, lo sé. Me controlé bastante…Solo que quedé con alguien y fui a un bar nuevo. -expliqué.
-¿Alguien? Alex, ¿¡tuviste una cita!? -exclamó tan alto que tuve que separar mi teléfono de mi oído. – ¡Ah, cuéntame todo! ¿Por qué no vienes esta noche, vemos los últimos capítulos de Homeland y me lo cuentas?
-Vale, nos vemos luego. Pero no te emociones tanto, no fue una cita. -afirmé.
'¿Lo fue?'
-Oh…Bueno, ¿pero lo pasaste bien?
-Sí, creo que he hecho una nueva amiga. -sonreí.
Más tarde, después de haber tomado una pastilla para el dolor de cabeza, salí a la calle en dirección al apartamento de Kara. Ésta vez realmente. Qué extraño, esta sensación de Deja Vu producida por un sueño… ¿Por qué había aparecido Vicky en mi sueño, y que tenía que ver con Maggie?
'¿Me siento atraída por Maggie?', pensé, involuntariamente. 'No. Solo siento admiración. Sí, eso es.'
Llegué a una pizzería y pedí dos especiales de doble queso, eran las favoritas de Kara. Mientras esperaba que llegaran mis pizzas, un hombre de unos 30 y pocos años, muy apuesto y con una barba perfecta hacía cola detrás de mí. Me giré y nuestras miradas se cruzaron. 'Él es atractivo.' Quise convencerme a mí misma. Con una sonrisa seductora me empezó a hablar.
-La especial doble de queso también es mi favorita. -dijo, demasiado seguro de si mismo. -¿Vives por aquí?
Me sentí bastante decepcionada al pensar que así era como mucha gente intentaba ligar. '¿En serio, no se te ocurre otra cosa?' Al menos él parecía atrevido para poder hacerlo, yo nunca había me había atrevido a empezar la conversación con un desconocido que me interesara. Se suponía que eran ellos que empezaban las conversaciones, ¿no? Aunque ese pensamiento no me agradaba ni me reconfortaba de ninguna manera.
-No, voy a casa de mi hermana. -expliqué, sin pensar. Estaba intentando ser educada, pero soné bastante seca. Él pareció satisfecho con mi respuesta y animadamente me preguntó, aún más confiado que antes: -¿Hacéis una fiesta?
Parecía querer auto-invitarse. Mis pizzas salieron en ese momento y pagué rápidamente.
-Más o menos. -contesté más fríamente que antes. -Pero es una fiesta privada. Adiós.
Al salir de la pizzería solo respirar aliviada. 'Suerte que las pizzas no han tardado más.'
Pocos minutos después llamé al timbre de Kara y ésta me recibió con los brazos abiertos.
-Oh, ¡podía oler el queso desde lejos! -dijo emocionadísima.
-¿También tienes súper-olfato? Eso es nuevo. -bromeé, esbozando una sonrisa que solo era para mi querida pequeña hermana.
-¡hah! Muy graciosa. Pues sí, ¡tengo súper-olfato y estoy súper-hambrienta!
Vale, tengo que admitir que el sentido del humor de Kara a veces no era de lo más sofisticado.
-Un tío ha intentado ligar conmigo en la pizzería. -comenté.
-Wow, Alex. ¡Estás de racha estos días! -parecía como una felicitación.
-No, no te creas… No me interesaba para nada.
-¿El de la pizzería o el de ayer? -preguntó. – Ah, perdona, dijiste que no era una cita.
Su tono no era del todo serio, no me acababa de creer.
-¿Seguro que no era una cita? -insistió, con tono burlón.
-No. -me reí. -Ya sé que me dijiste que intentara salir más. Bueno, pues ayer lo hice. Aunque no fuera una cita.
Empezamos a comer las pizzas mientras aún estaban calientes. Kara tenía un triángulo enorme, el cual estaba estirando intentando separar los hilos de queso fundido.
-¡Dime!, ¿Quién conociste ayer entonces? -preguntó, con su usual tono de voz ilusionado.
-Pues es una policía, la conocí cuando investigábamos el caso del alienígena que había atacado a la presidenta. Ayer me invitó a tomar algo. -expliqué. -Se llama Maggie.
Mientras lo explicaba sentí vibrar el teléfono y en la pantalla vi que tenía dos mensajes; había olvidado responder el mensaje de Maggie. Vi Kara me miró de manera confusa, ladeando su cabeza como un perrito viendo un truco de magia.
-Tengo un mensaje de ella.
-Vaya, parece que os habéis hecho muy buenas amigas y muy rápido.
Seguimos comiendo pizza y Kara me contó todo sobre cómo se solucionó el caso del fugitivo cuando yo había acabado mi turno. Lo tenían prisionero en el DEO y parecía que no era un kryptoniano, como habíamos sospechado al principio. Era un habitante de Daxam; Kara me contó que sus planetas habían estado en guerra y por eso ella ahora no podría confiar en él. Quería interrogarlo cuando despertara. Parecía un tema muy complicado a la vez que interesante y extremadamente serio. Un tema demasiado sensible que pude prever en aquel momento sería importante para Kara pues estaba relacionado con la historia de su planeta.
Cuando volvía a casa leí el mensaje de Maggie, decía: 'Lo pasé bien ayer. Pero que lo sepas, la semana que viene voy a ganar yo.'
-¡Sí, claro! -le espeté a la pantalla, sarcásticamente.
Maggie había asumido que nos volveríamos a ver. Ese mensaje me aliviaba un poco, porqué tenía ganas de volver a quedar con ella y volver a patearle el trasero jugando al billar.
Al final resultó que acabé viendo a Maggie mucho antes de lo esperado, porque había sido capturada por una alienígena que quería revelarse contra la presidenta. Ella había sido la atacante, y no el joven de Daxam que teníamos en el DEO. Decidí irla a buscar por mi cuenta, solo con la ayuda de Kara. Cuando descubrí que Maggie había sido capturada sentí una especie de pánico, no quería que le pasara nada. No podía dejar que National City perdiera a una de sus mejores detectives, quien además se preocupaba por los humanos y los alienígenas de igual manera.
La localizamos en una fundición cerca del muelle, en la parte exterior de la ciudad. Yo había sido entrenada para dejar mis sentimientos a parte en el campo de batalla, en cualquier situación en la que tuviera que sacrificarme para un bien mayor. Y que puedo decir…Casi siempre lo llevaba a la perfección, pero en ese momento sentí una ligera ansiedad, parecida, en menor medida, de la que sentía cuando Kara había estado en peligro. Pero Maggie era humana, por muy fuerte que fuera. Así que intenté confiar en ella y en sus mencionadas 'habilidades' y esperé que estuviera a salvo hasta que llegáramos.
Finalmente, Kara, quiero decir, Supergirl distrajo a la alienígena mientras yo desaté a Maggie.
-¿Estás bien? -pregunté, pero lo dije casi como una afirmación.
-Gracias a ti. -contestó, acariciándose las muñecas. -No esperaba verte tan pronto.
Ahí estaba todo ese tiempo, esa presión en el pecho. Era una extraña sensación, que parecía oprimirme pero a la vez me dejaba expandirme más.
Los días que siguieron después de este evento fueron como una montaña rusa; una montaña rusa que subía y subía lentamente de manera totalmente vertical, en la que yo cerré los ojos y simplemente confié en que llegaría a la cima en algún momento. No sabía dónde me llevaría.
Volví a ver a Maggie, afortunadamente. De hecho, empecé a verla una o dos veces por semana, casi todas las veces en nuestro bar favorito. Seguía ganando al billar, menos un par de veces en que la dejé ganar claramente.
Llegó un día en el que, al proponerle el mismo plan de siempre, me dijo que no podía porque había quedado con su novia. Me habría gustado ver mi propia cara al escuchar eso. '¿Son celos lo que siento…? Pero para sentir celos…'
-Otro día, Danvers. -se despidió, después de darle un corto y tierno beso en los labios a su novia.
Ambas se tomaron de la mano y empezaron a andar en dirección opuesta a mí. Allí me quedé yo, plantada. Sin saber dónde ir o que hacer por unos momentos, con la mente en blanco. Me sentía estúpida; me había acostumbrado en muy pocas semanas a ver a Maggie varias veces. Y de repente me di cuenta que yo no era su prioridad. 'Evidentemente, Alex…' me dije a mi misma. Yo soy una amiga. Acabé pensando que quizás yo también debería buscarme una pareja. Una novia también.
Pero…'Pero a mí no me gustan las mujeres, quizás solo me guste Maggie', finalicé mi monologo interno. Al menos por ese día.
Mi confusión sobre este tema cada vez iba a más, cada día empeoraba. Y la sensación que tuve cuando vi a Maggie con su novia no me había ayudado mucho. Quiero decir…me alegraba por ella, y quería alegrarme más aún, pero…
-¡Alex! Nunca comes azúcar durante el día.-dijo Kara cuando me vio esperanto al lado de la puerta de su apartamento.
-¿Te pasa algo? -continuó, abriendo la puerta.
-Estoy confundida con un tema -dije con la boca llena.
Entonces Kara me contó lo difícil que era intentar hacer que el chico de Daxam se adaptara a su nueva vida en la tierra, a lo que yo le contesté.
-Bueno, Kara…Todos estamos intentando de alguna manera u otra encontrar nuestro sitio, quienes somos en realidad. -expliqué, sin poder creer que esas palabras estaban saliendo de mi boca.
La seriedad intencionada de mi mini-discurso tenía un toque humorístico por el hecho de que yo tenía un donut a medias en la mano y seguramente alguna miga en el jersey o en la comisura de los labios. Finalmente, la conversación fue interrumpida, y aquella noche, después de no haberla visto ni haber recibido ningún mensaje de ella, fui al bar esperando que ella apareciera. Maggie.
Como esperé, como si fuera una de esas coincidencias que me estaban empezando a suceder desde que la había conocido, ella apareció.
-¡Danvers! Estás viva. -exclamó.
Bueno, la verdad es que había evitado ir al bar desde que había sabido que ella tenía pareja.
-Sí, aquí estoy. He estado trabajando. ¿Tú que tal has estado?
-He estado mejor. -dijo, casi para ella misma. -Voy a pedir unas bebidas, ¿Qué te apetece?
Volvió al cabo de unos minutos con dos cervezas, como siempre.
-¿Hoy es el día que me ganarás? -dije, poniéndome bromista.
-¿Perdona? Danvers, ¡te he ganado dos veces!
-¡JAH! Eso es lo que tú crees. Te dejé ganar, para que lo sepas.
Esa vez no se lo puse fácil, y pude notar que había mejorado ligeramente.
-¿Has estado jugando al billar con tu novia? Parece que has mejorado.
Maggie se quedó con la mirada ausente durante unos instantes, algo que no era común en ella.
-Ella no juega. Además, lo hemos dejado. -dijo, abandonando el juego. Se marchó hacia la barra. Yo la seguí instintivamente.
-¿Qué? ¿Qué ha pasado? -pregunté, preocupada, mientras me sentaba a su lado.
-Me dijo que…que soy una cabezota, que estoy obsesionada con el trabajo, incluso me acusó de tener un comportamiento sociópata…
-¿Qué dices?… Lo siento, Maggie. -intenté consolarla, y quise llevar mi mano a su hombro para reconfortarla, pero algo me dijo que no lo hiciera. -Quizás es solo una pequeña ruptura, seguro que ella volverá.
-No lo creo…Lo dejó bastante claro.
Entonces la miré sin saber que decir, vi cómo su mirada cada vez se alejaba más y más, como perdía su brillo característico. No pude hacer nada.
-Maggie… Si ella no te acepta como eres, quizás es que ella no es…-esta vez mi mano estuvo a centímetros de su espalda, pero justo antes de llegar a tener contacto ella se levantó.
-Me voy a ir, me apetece estar sola ahora… Te veo en otro momento. -se fue, con una sonrisa amarga.
¿Por qué tenía que doler? Tanto si Maggie tenía novia como no…Me dolía de una manera u otra, y me sentía una terrible persona por ese motivo. Y peor persona aún por no haberla podido animar. Pero tuve la determinación de seguir intentando y hacerla sentir mejor, volvería a intentar otro día. Quería darle espacio. Eso era lo que ella necesitaba en ese momento.
Al cabo de unos días, casi otra semana realmente, pasó. Decidí mandarle un mensaje; un mensaje que no respondió. Pero nos encontramos en una escena donde su departamento de policía estaba trabajando.
-¡Maggie! ¿Cómo estás? ¿Mejor? -dije, caminando rápido en su dirección nada más verla.
Parecía que no estaba mucho más animada, pero esta vez insistí.
-Creo que deberíamos salir. Ya sabes…Para pasarlo bien, olvidarnos de lo que nos pueda preocupar.
Maggie caminaba como si no prestara atención a lo que le estaba diciendo.
-Podemos celebrar el hecho de estar solteras, hacernos compañía.
Eso pareció captar su atención, frenó y se dio la vuelta para mirarme a los ojos por primera vez en ese día.
-¿Tú y yo? -dijo, totalmente sorprendida.
-Sí, claro, ¿por qué no? -dije, de la manera más natura del mundo. Totalmente inconsciente de cómo podría ser interpretada mi actitud.
-Vaya, no sabía que a ti te gustaran las mujeres.
- ¿Eh?, ¡No me gustan!...Sin ánimo de ofender, Maggie.
Respondí sin pensar, como un mecanismo de defensa. ¿Por qué Maggie podía entender y ver aquello que yo había estado ocultando tanto tiempo? ¿Por qué ella sacaba a la luz aquellos sentimientos que yo había querido evitar, y había podido evitar hasta ahora?
Ella no pareció creerme. En absoluto. A mi últimamente también me costaba saber que creer.
-No sabes la que mujeres lesbianas que me han dicho lo mismo.
Esa frase me bloqueó por completo, y como si de un botón de emergencia se tratara me despedí de la manera más incómoda y me di la vuelta, hui.
Algo cambió en mí, muy profundamente. Últimamente había dormido poco y mal, pero esa noche literalmente no dormí nada. Solo di vueltas en mi cama, abrazando uno de los cojines, abría los ojos y veía las luces de la ciudad proyectadas en el techo de mi apartamento. Pensaba que todas esas luces eran todas las señales que no había visto ahora. Siempre había cerrado mis ojos para no verlas, ahora veía claramente. Por primera vez no quería cerrar los ojos. Pero estaba aterrada.
No quería mentirme más.
'Joder, Danvers… ¿Por qué te has ido así…?'
Suspiré, una vez, cien veces; como si de esa manera pudiera eliminar toda la tensión que mi cuerpo había acumulado.
'Me gusta…Me fascina', pensé. Saboreé esas palabras en mi mente. Y las dejé ir, las dejé sair.
-Me encanta Maggie Sawyer…
Le anuncié al techo de mi apartamento, a todas aquellas luces, a mi almohada. Me anuncié a mí misma.
-Maggie…
No me reconozco, pero después de haber dicho eso en voz alta me siento mejor que nunca. Aterrorizada, emocionada, pero me sentía más cerca de alguna meta.
Estaba amaneciendo y me permití cinco minutos de sueño.
Fueron los cinco minutos de sueño más reparador que había tenido en semanas, entonces, vibró el teléfono en mi mesilla junto a la cama.
'Perdona por lo de ayer. ¿Tomamos una cerveza?'
