Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Bueno el segundo capítulo de la historia. Debo deciros que estoy tan feliz por la aceptación que esta teniendo el fic, que emoción así es que gracias por los reviews, los alertas, los favoritos :D
Por cierto si seguís el Blog de Betzacosta, pronto habrá una sorpresita sobre este fic, gracias amiga.
Capitulo 2
Edward salió de ese lugar para dirigirse a su coche que estaba estacionado cerca de la puerta, una vez sentado en él se volvió para poder mirar las letras que se iluminaban con la palabra "Eclipse", agarró fuertemente el volante con sus manos y bajó la vista, no podía creer lo que había hecho, le había sido infiel a su esposa. Tanto que había criticado a los hombres que estaban allí sentados, para después ceder a la primera cara bonita que se le había cruzado por delante, suspiró y pisó el acelerador hasta el fondo queriendo salir de allí lo más rápido posible y no volver jamás.
El camino de vuelta a su casa se le hizo más largo que el de su huida, quizás había reducido la velocidad temiendo llegar a ella, se preguntaba como estaría su mujer tras la fuerte discusión que habían tenido hace unas horas. Paró el coche frente a la puerta de su garaje y se mantuvo quieto en el asiento durante algunos minutos pensando en lo que se encontraría al entrar, su cabeza daba vueltas y vueltas entorno a lo que sucedió en ese local, ¡le había pagado a una prostituta!. Sus ojos se alzaron para ver en una de las habitaciones que estaban encendidas, la silueta de su mujer, para desaparecer poco después. Apagó el motor del coche, y cuando se quiso dar cuenta estaba metiendo la llave en la cerradura de la puerta principal de la casa. Subió hacia su habitación, no la vio por ninguna parte, quizás sería lo mejor, no le apetecía discutir de nuevo.
Estaba sentado en su cama quitándose sus zapatos e iba a comenzar con la chaqueta, cuando la vio apoyada en la puerta de su dormitorio con su pijama.
- ¿Dónde has estado? –se cruzó de brazos para posar su mirada en la de su esposo, la cual mostraba todo su enfado.
- Victoria no quiero discutir otra vez – se levantó para seguir desnudándose pero esta vez dándole la espalda.
- Claro que no quieres discutir, no te importa nada de lo que está pasando –otra vez estaba comenzando, no podría soportar de nuevo pelear con ella- simplemente huyes.
Se giró para encararla- no huyo, todo esto me esta sobrepasando – volvió a sentarse derrotado en la cama- no puedo más.
- ¿Y crees que yo sí? –alzó la voz acercándose a su marido. Sabía que la forma en la que descargaba todo lo que llevaba dentro era enfrentándose a él, pero esa noche no estaba dispuesto a seguirle el juego, simplemente se había cansado de ello. Cuando se disponía a salir de la habitación que ambos compartían ella se le puso delante y agarró fuertemente su camisa, descubriendo el espacio vacío donde debían estar los botones que salieron disparados cuando aquella chica se la había abierto destrozándola en el proceso, maldijo en su mente al ver la mirada llena de ira de Victoria - ¡tienes una amante! –gritó soltándolo mientras se llevaba las manos a la cabeza y tirando fuertemente de su pelo rojizo.
- No digas tonterías –debía mentir para que no sufriera otra de sus crisis, la depresión en la que se encontraba se hacía cada vez más profunda, hasta llegar al punto en que le daban crisis de ansiedad muy severas. Se acercó a ella pero fue rechazado, cuando se calmó de repente, y eso no le gustaba para nada, una sonrisa maliciosa apareció en su cara cuando se alzó para mirarlo- ¡por eso no quieres tener hijos conmigo! ¡Lo estás intentando con esa zorra!- se dirigió enfurecida hacía su marido y comenzó a golpear su pecho- ¡maldito bastardo!
- ¡Basta Victoria! –levantó la voz mientras cogía sus muñecas y la paraba, su respiración se fue siendo más acompasada, respiró aliviado al ver que se quedaba tranquila. La pelirroja lo miró- nunca estaría con otra – hace unas horas se le hubiera llenado el pecho de orgullo al decir esas palabras, pero en ese momento se sentía la persona más rastrera que había en el mundo, pero si ella descubría la verdad quien sabe lo que le podía suceder.
Se soltó del agarre al que su marido le tenía sometida y se fue directa hacia la cama sin dirigirle la palabra. Edward recogió sus cosas que se encontraban esparcidas por el suelo y dándole la espalda una vez más a esa mujer de la que se enamoró se dirigió a la puerta.
- Voy a dormir en la otra habitación, es lo mejor para los dos esta noche –sin esperar respuesta se fue, pero al salir de allí sintió como algo golpeaba contra la puerta, a la vez que un grito ensordecedor se escuchaba.
Tuvo que apoyarse en la pared cerrando sus ojos. ¿Hasta cuándo podría soportar esa situación?, se enderezó para dirigirse hacia la habitación de al lado. No era la primera noche que dormía en aquel dormitorio, desde hace algunas semanas atrás comenzaba a ser rutinario en su vida, terminó de quitarse la ropa y se metió en la cama.
Un par de ojos color chocolate inundaron su mente, nunca en su vida se le había pasado por la cabeza el pagar a alguien para que le diera placer. Pero le llamó tanto la atención cuando le pidió que la invitara a una copa. No había nada malo en hacerlo ¿no?, simplemente le daría su copa y se marcharía por donde había venido, pero no pudo apartar la mirada de ella, si bien esos ojos le hicieron detenerse en su salida, no se quedaba atrás su cuerpo, era un regalo para la vista, en un principio intento por todos los medios alejarse de ella, no era ciego y muchas veces observaba a las mujeres atractivas, pero era un hombre felizmente casado, no le hacía falta nada más. ¡Qué distinta era su situación ahora!
Quizás fue que todo su vida se estaba desmoronando, o también fue la actitud de esa chica que le retó e hirió tanto su hombría, que no pudo pensar en que era un hombre casado y no debía hacer caso a lo que estaba pasando por su cabeza en ese instante.
A pesar de su total excitación al estar cerca de ella, su cabeza volvió a decirle que eso no estaba bien, pero ella volvió a retarle y en esos momentos decidió que no quería pensar en nada más que no fuera ese momento, nunca en su vida había follado con alguien tan salvajemente, al recordarlo, su miembro estaba volviendo a despertar, cerró los ojos intentando tranquilizarse.
Sabía que no estaba bien lo que había hecho pero durante todo el tiempo que había estado con ella simplemente había olvidado quien era, sus problemas no existían; abandonándose así al más primitivo de los placeres.
.
.
.
.
.
Sé levantó más temprano de lo que solía acostumbrar, después de una ducha se vistió de manera formal para ir a su oficina, anudó su corbata y cogió la americana mientras bajaba hacia la cocina. La verdad es que anoche no había sido una de sus mejores, apenas durmió dos horas seguidas, su cabeza parecía que iba a explotar al estar llena de tantos problemas, además oía los sollozos de Victoria, y pensó en levantarse para estar con ella y consolarla pero sabía que podía causar uno de sus arranques de ira, seria peor el remedio que la enfermedad.
Removía su café cuando escuchó su mujer bajaba, levantó la mirada y la observó, parecía como si no hubiera pasado nada, traía una de sus sonrisas cándidas, esa era de la Victoria de la cual se enamoró, la dulce chica con pelo rojo que sonreía muy a menudo y le alegraba los días.
La sintió a su lado y al girarse para mirarla de nuevo observó un pequeño puchero, alzó una ceja y esperó que hablara.
- ¿Me perdonas por todo lo que te dije anoche? –Vio como la tristeza cambiaba en su semblante, Edward la acercó y rodeó su cintura con los brazos- fui una estúpida y… - no la dejó terminar, solo la acercó y posó sus labios en los de su mujer, sintió como ella sonreía mientras le devolvía el beso. Se separaron y acarició su pómulo.
- No hay nada que perdonar –por esos simples momentos es por los que seguía a su lado.
- No sé como pude insinuar que estás con otra mujer –sonriendo de medio lado la abrazó, nunca tendría por que enterarse de lo que hizo la noche anterior, y él debía olvidarlo todo, se separó y sintió como lo besaba- si sé que solo me quieres a mí.
Sintió otro beso en sus labios por parte de Victoria, para luego seguirlos por su cuello, volvieron a juntar sus labios y comenzaron una pelea desenfrenada con sus lenguas, la sintió gemir entre sus brazos, de repente las ansiosas manos de su mujer comenzaron a desabrochar el nudo de su corbata, la separó de él con sus manos, y la aferró por sus muñecas para que no siguiera con su tarea de desnudarlo.
- Victoria, se hace tarde, tengo que ir a la oficina.
- Vamos Edward –le dijo con cara de cordero degollado- estoy en mis días fértiles, tenemos que intentarlo – ¡otra vez con lo mismo!, ahora sabía a que se debía su buen humor y el de su perdón, cogió la americana que descansaba en una de las sillas y se dispuso a salir de la cocina, Victoria le había hecho sentir como un autentico juguete que usaba cuando le convenía, el propósito de vida de su esposa se limitaba a quedarse embarazada, nada importaba más que eso. Cuando estaba debajo del dintel de la puerta se giró y le contestó de mala forma- me marcho, nos vemos por la tarde.
Vio como lo miraba, otra vez esos cambios de humor hacían presencia en su vida, pudo ver en sus ojos como la ira los consumía.
- Márchate, ya veo que tu trabajo es más importante que tener un bebé conmigo.
Edward no pudo resistirlo más, se acercó a ella dando largas zancadas y cogió su barbilla obligándola a que lo mirara. ¡Al diablo con la paciencia y la delicadeza que le tenía!
- Victoria métete en la cabeza que no puedes tener hijos – murmuró entre dientes. La soltó, y al hacerlo una mano golpeó su mejilla. Cuando su mirada volvió a los ojos de la pelirroja estos estaban llenos de lágrimas, ella salió corriendo hacía el piso superior, un golpe fuerte le señaló que se había encerrado en su habitación. Enfurecido salió de la casa y se montó en el coche para ir hacia la oficina, su refugió personal.
Llegó al trabajo con la esperanza de poder despejarse, cuando salió del ascensor rumbo a su oficina vio a su secretaria sentada en el escritorio. Carmen era muy eficiente en su trabajo y desde que la empresa fue abierta seguía en su puesto, la saludó amablemente mientras entraba dentro de su despacho, después le pediría un café. Le encantaba su oficina, estaba en la planta más alta del edificio y podía ver toda la ciudad gracias a su gran ventanal, le había costado mucho esfuerzo levantar de la nada esa empresa de telecomunicaciones pero le había dado grandes frutos y ahora era uno de los empresarios más valorados de los Estados Unidos.
Llevaba más de tres horas sentado en su despacho y no hacía más que darle vueltas a la discusión con Victoria, los informes de contabilidad sobre la empresa se esparcían delante de él, pero no podía poner atención a ellos. Posó los codos en la mesa y se llevó las manos hacia la cara, quería gritar, estaba por volverse loco, no aguantaba más…
- ¿Un día duro?
Alzó la vista para ver a su cuñado y también el que había sido su mejor amigo desde que tenían pañales; cuando se enteró de la relación con su hermanita no lo aceptó pero al final viendo lo felices que eran tuvo que asumirlo, hacía pocos meses que se habían casado y ambos vivían en Londres. Le indicó que se sentara mientras él se recostaba en su silla de cuero.
- ¿Y cuando un día no es duro para mí, Jasper? – El rubio no pudo contestar a su pregunta, sabía por lo que estaba pasando después de que se enteraran de que Victoria no podía tener hijos.
- ¿Cómo está?
- Cada vez peor – se levantó de su silla y miró por la ventana, Chicago se extendía con majestuosidad ante él. Las nubes le acompañaban en su estado de ánimo -. No hay un día en el que no discutamos y siempre es por lo mismo –. Suspiró.
- Ella todavía no lo asimila, Edward.
El aludido sonrió tristemente -. Y creo que nunca lo hará, esto la está comiendo por dentro, ya no es la misma.
- Persuádela para adoptar, no sé, hay tantas formas de poder ser padres –. Jasper lo veía tan claro y fácil.
-¿Crees que no lo he intentado? al principio ni yo mismo lo asimilé, creía que el médico se equivocaba- Sonrió recordando cómo a pesar de la noticia él y su esposa se unieron más- pero pasaba el tiempo y seguía sin haber resultados -. La tristeza volvió a su rostro, miraba al vacio, al rememorar esos momentos cuando se dio cuenta que realmente nada se podía hacer- los que estábamos equivocados éramos Victoria y yo.- Suspiró y volvió a mirar hacia Jasper- he intentado convencerla para adoptar, ya que ninguna técnica médica puede ayudarnos, incluso le propuse una madre de alquiler.
- ¿Qué dijo sobre esa opción?
Edward sonrió recordándolo, siempre supo que su mujer era de un carácter bastante fuerte.
-Más bien que hizo, me tiró a la cabeza lo primero que encontró, menos mal que tan solo era la almohada de la cama –Jasper sonrió con él, después de ese momento en el que se relajó, los fantasmas volvían a consumirlo- la única opción para ella es tenerlo en su vientre durante nueve meses -. Esta vez su sonrisa no era por un recuerdo gracioso, sino por la más absoluta de las tristezas.
- Siento todo lo que esta pasando.-el silencio se hizo dueño del lugar- Siempre podrás confiar en mi aunque esté a miles de kilómetros de distancia, sé que todo esto esta siendo muy duro, como sé que necesitas a alguien para expulsar todo lo que llevas dentro, soy tu amigo Edward, no estás solo.
Asentía con la cabeza a las palabras que Jasper había pronunciado.
- Le fui infiel a Victoria –tenía que sacarse eso de encima de alguna manera, y solo con Jasper podía hablar de ello, se le pasó por la cabeza contárselo a su padre o a su hermana, su madre estaba descartada, pero sabía que solo podía hablarlo con el hombre que tenía delante.
- ¿Qué? –Cuando miró a Jasper estaba realmente sorprendido por lo que mostraba en su rostro y no se asombraba de ello, pues, ¿quién iba a pensar que Edward Cullen pudiera hacer eso?- ¿Cuándo ha pasado?
- Ayer.
- Edward, sabes que en ningún momento te voy a recriminar por lo que hagas, eres ya mayorcito para que yo sea un padre que riñe a sus hijos- ambos se miraron- pero no sé… esto me ha dejado totalmente sin palabras.
- Sé que he cruzado el limite, pero la discusión de ayer me sobrepasó- cerró los ojos y volvió a mirarlo- cogí el coche dispuesto a largarme por algunos días pero me detuve allí, solo iba a tomarme una copa, incluso estaba pensando en volver a casa, pero no sabía cómo podría estar Victoria, esa chica…-recordó los ojos chocolates, su cuerpo, sus caricias…su amiguito estaba empezando a despertarse, negó intentado olvidar todo aquello- sé que es su trabajo, y traté de irme pero…
- ¿Me estas diciendo que pagaste a una puta? – la cara de Jasper reflejaba confusión, Edward sabía que se estaba debatiendo en si creer o no en la pregunta qué le había formulado.
- Si Jasper, pagué a una puta para follar –ninguna palabra salió de la boca de su amigo, se levantó y volvió a mirar hacia la ciudad- debería decirte que estoy arrepentido, pero en realidad no sé si lo estoy, esa chica me dio algo que estaba buscando hace mucho tiempo, ¡liberación!, pero sobre todo me hizo olvidar por un momento quien era, y sobre todo hizo que me evadiese de todos mis problemas, a Victoria, y al supuesto hijo que debemos tener, ¡joder no recordaba ni en que puto día me encontraba!
- Edward, que me digas esto, significa que tu relación no tiene sentido alguno para ti – si, Edward ya había pensado mucho en ello aquella noche, ¿de verdad seguía amando a su mujer? ¿Por qué esa mañana la había rechazado tan abiertamente?, no era por la prisa de llegar a la oficina, él era el jefe, podría llegar cuando le diese la gana.- ¿Vas a echar por tierra todo lo que tienes con Victoria?
- ¿Qué es lo que tengo con mi esposa?- dejó de admirar la hermosa vista que le ofrecía su despacho para fijar la mirada en su amigo- hace tiempo que todo se fue a la mierda, por mucho que me engañe incluso ahora, lo nuestro se fue resquebrajando desde el momento en que el médico nos dio la noticia.
- ¿Te has enamorado de la chica?
- ¿De la prostituta? –Edward rió- Jasper, solo le pague para que follaramos, eso no significa que me haya enamorado de ella.
- ¿Vas a volver a verla?
- No estoy tan desesperado –su amigo asintió- solo te pido que esto no debe salir de aquí, no quiero que llegue a oídos de Victoria o de mis padres, ni siquiera Alice debe saberlo.
- Sabes que no diré nada, -Jasper se levantó, ya que su conversación estaba por finalizar - por favor Edward si quieres acabar con esto intenta que ambos no salgáis más lastimados de lo que ya estáis –se quedó pensativo con las palabras de su cuñado, podría acabar con su matrimonio, tenía miedo de cómo Victoria podía tomar esa simple palabra: "divorcio".- Te veo mañana en casa de tus padres –asintió viéndole salir de su despacho. Estaba tan saturado de problemas que ni siquiera le había comentado a su esposa lo de la cena. Su hermana llevaba allí varios días y solo la había visto a su llegada, por eso quería que cenaran todos juntos.
Desde la discusión del desayuno no había vuelto a ver a su esposa, se había pasado toda la noche encerrada en su cuarto, no había bajado a desayunar por lo que no pudo decirle nada acerca de la cena, por lo cual cogió su teléfono para comunicárselo.
Ya iba por la quinta llamada, ¿por qué mierda no lo cogía?
- ¿Qué quieres? – al cuarto tono la voz de su mujer apareció, sonaba todavía enfadada.
- Cenaremos en casa de mis padres, Alice lo ha organizado –esperó respuesta por parte de ella pero nada se escuchó al otro lado de la línea- te recogeré a las cinco.
- Puede que no me apetezca ir –de nuevo colmaba su paciencia.
- ¡Victoria no me jodas! mi hermana solo pasará aquí dos semanas más- no le dio tiempo a que contestara- te recogeré a las cinco- colgó sin esperar a escuchar ninguna palabra más.
.
.
.
.
La cena no estaba siendo nada agradable. Victoria se había empeñado en no pronunciar palabra, así expresaba su enfado por tener que estar allí obligada, tan solo respondía a algunas preguntas que le hacían sus suegros.
Veía a su hermana triste, sabía que ella quería que esa cena fuera en familia y agradable. Ya que desde que se casó no había vuelto a Chicago. Si Victoria quería ser ignorada él no pondría impedimentos, no iba a arruinar la cena a su familia.
Así que habló, con toda la normalidad posible con todos sin ni siquiera reparar en su esposa que estaba sentada a su lado, pero sabía que su madre no podía con aquella situación e intentaba mantener una conversación con ella.
- ¿Cuándo volverás al trabajo querida? – Edward miró de reojo a su esposa la cual sonreía, ¿por qué esa sonrisa después de estar toda la noche enfadada?
- ¡Oh Esme!, como sabrás estoy intentando quedarme embarazada y el trabajo era muy estresante para mí, creo que hasta que Edward y yo no consigamos embarazarnos no volveré a la revista – un silencio sepulcral se instaló en el salón, incluso vio como su madre miraba al plato avergonzada por haberle hecho esa pregunta precisamente.
- Nos vamos – se levantó de su silla dirigiéndose a Victoria, ella sabía que a su madre le afectaba mucho el tema de que no pudieran tener un bebe, lo había hecho con intención de herirla, eso no se lo iba a permitir, cogió su brazo y la levantó de la silla.
- Edward por favor –Esme lo miró son súplica.
- No mamá, Victoria me dejó muy claro que no quería venir y ahora lo acaba de demostrar –la fue dirigiendo hacia la puerta, no sin antes observar a su hermana que le devolvía la mirada con tristeza- lo siento Alice –ella negó disculpándole.
.
.
.
.
- Sal del coche –acababa de llegar a su casa y sabía lo que le esperaba, no iba a darle el placer de volver a discutir, ella lo había buscado durante toda la cena, lo quería enfurecido, pero no lo iba a conseguir.
- ¿Dónde vas?
- Victoria sal del coche o yo mismo te saco- sus nudillos se volvieron blancos de tanto apretar el volante, sintió como ella abría la puerta para después golpearla fuertemente al cerrarla, ni siquiera esperó a verla entrar, por él se podía tirar desde el segundo piso, en ese momento no le importaba nada, aceleró y el coche salió disparado hacia la carretera.
Condujo durante un par de horas, ¡joder! ¿Por qué ahora le era tan difícil encontrar el lugar? se estaba desesperando, recordaba que dos días atrás le faltaba poco para llegar a Milwaukee cuando encontró el local, por más que miraba por la carretera no veía ese maldito letrero. Aceleró todo lo que pudo mientras los edificios aparecían como borrones en las ventanas, la desesperación se estaba apoderando de su cuerpo, tuvo que aparcar al lado de la carretera para no chocar con ningún otro coche, y golpeó con los puños el volante. Después de estar un rato parado intentando tranquilizarse unas luces que se reflejaban en su espejo retrovisor llamaron su atención, miró hacía atrás y vio unas letras que se encendían y apagaban y descubrió de nuevo en ellas la palabra "Eclipse".
Volvió a pisar el acelerador para dar marcha atrás, aparcó tan cerca de la puerta como pudo, esa vez no necesito de ninguna mujer que lo incitara a entrar, sabía lo que encontraría dentro y estaba clamando al cielo por ello.
¿Os ha gustado?
Gracias de nuevo a las personitas que hacen posible que esta historia siga adelante mi quería Beth creo que sin ti esto no podría seguir y sobre todo gracias por los ánimos en este capítulo solo tu sabes lo que me costo escribirlo y también gracias por el momento de ayer en msn me sentí importante. Te quiero
Gracias a mis queridas betas Caro y sobre todo Vicky que ha sacado tiempo de donde no tiene para que este capítulo estuviera listo y por su entusiasmo a la hora de saber mas acerca de la historia.
marym25: Gracias por comentar y espero que sigas leyendo
Si les gusto o no dejen reviews que no cuesta nada ;)
Hasta el siguiente
Besos de os quiere
xao
