Hola! Gracias por todos los reviews! haha mee dan ilusión para colgar! :)
En este capítulo ya llega lo que todas estaban esperando.. Espero que no os decepcione.
Si tenéis alguna duda o no habéis pillado algo decirmelo que os intentaré ayudar a entender.
Así que os espero para saber vuestra opinión ^.^ ¡R&R!
Y lo siento por tardar tanto en colgar, pero he estado de examens y ahora ke me han dado las notas ya estoy libre para seguir con esto!
Disclaimer: Twilight y los personajes no me pertenecen, sólo la idea de está historia...
Capítulo 3: 'White Horse'
Tranquila, Bella-dijo Ángela por enésima vez. No podía soportarlo más. ¡Creía que el corazón se me iba a salir del pecho en cualquier momento! Me costaba respirar y si no fuera porqué estaba sentada, me caería al suelo.
Elizabeth, la madre de Edward, estaba igual o peor que yo. Por eso, el duque Masen prefirió que se quedara en casa y lo recibiera aquí.
Cuando el momento se acercaba, la señora Masen entró en la cocina y nos advirtió que no les debía quedar mucho tiempo en venir. Inevitablemente, me alcé y gustosamente la seguí hasta la puerta principal. Todos los empleados le recibirían, y ya estaban casi todos esperando el acontecimiento llegara.
Ángela se puso detrás de mí, dejándome más expuesta a la vista, y yo se lo agradecía enormemente. Me sonrió delicadamente y le devolví la sonrisa, nerviosa por decir algo inapropiado o por miedo a confirmar mis últimas sospechas: que en estás últimas semanas me había vuelto definitivamente loca.
Miré ansiosa por todas partes, intentando encontrarle en alguna parte. Y me detuve cuándo me sorprendió la belleza de aquél anochecer. Diferente a los demás, innovador y con un nuevo significado. Sabía que este día iba a cambiar mi vida, sabía que cuando él regresase todo sería distinto y por fin podría llamar a mi existencia vida de nuevo.
Tras algunos minutos de reflexión que se me hicieron eternos, la madre de Edward gritó sobresaltándome.
-¡Ahí vienen!-anunció con emoción en su voz.
-Bella, respira-me recordó Ángela y puso su mano en mi hombro dándome apoyo.
Por fin, por fin le vería...
A lo lejos, a las puertas de la hacienda, se apreciaba un amplio y costoso coche de cuatro caballos, cruzando la distancia que aún nos separaba. Y cómo en una ensoñación, se deslizó hasta frenar frente la gran puerta. No tuve tiempo de exhalar la última inspiración que realicé.
Del carruaje se bajó primero el señor Masen, con aires de grandeza y una espléndida sonrisa en su cara. Era contagiosa, y todos inevitablemente acabamos devolviéndosela. Aguantó la puerta y de ella salió un joven de su misma altura, aproximadamente 1,85, observé cómo su mano se alzaba y aún sin voltear el rostro, agarró una pálida mano. La chica que salió, era asombrosa. Tenía un cabello sedosos rubio, que caía suavemente en trabajadas hondas hasta media espalda, sus rasgos me eran familiares y finos. Solamente mirando sus ojos la identifiqué: era Rosalie Hale, prima de la familia.
Repentinamente el chico giró el rostro un instante antes de volver alcanzar otra mano del coche, y pude apreciar claramente los cambios, pero era él. Mi Edward. Solté un pequeño y lastimero gemido. ¿Cómo podía tener tal efecto en mí?
Sus espaldas eran anchas y se habían hecho fuertes, su pelo cobrizo lucía aún rebelde pero le quedaba realmente bien, su quijada se veía más formada, sus labios esbozaban el principio de una gran y hermosa sonrisa, su nariz seguía la misma perfección y rectitud que siempre, hasta que llegué a sus ojos. Esos dos pozos esmeraldas que me mantenían prisionera. Vi tantas cosas en su mirada, mil sentimientos, decenas de deseos y, era él. Seguía igual que siempre. Y, aunque me pareciese increíble, era como en mi sueño: tal y cómo le había imaginado.
Reparé ahora, en la nueva silueta que salía del coche. Ella, era muy atractiva. Poseía una medida perfecta, su cuerpo seguía las curvas idoneamente, como deberían ser mostrándola muy femeninas. El cabello, rubio igual que el de Rose era más sencillo y liso, pero igual de largo. Sus rasgos eran típicos de una muñeca de porcelana francesa y lo más llamativo eran los ojos que tenía; de un extraño azul oscuro, parecían sacados de una novela de fantasía, pero por la sonrisa de complicidad que compartió con mi ángel, no me agradó.
Todos se irguieron formalmente e inmediatamente Elizabeth, se abalanzó sobre su hijo sollozando. Fue una imagen emotiva que me hizo comprender lo difícil que le había resultado estar tanto tiempo sin Edward. De igual modo, abrazó a Rosalie, diciéndole lo bella que se había vuelto con el paso de los años. Y, cuándo pasaron unos instantes, se separaron sonriendo ampliamente y Edward hizo las esperadas presentaciones.
-Madre, ella es Tanya-dijo señalando a la desconocida chica-, Tanya Denali.
-¡Oh, Sí claro! Por fin te conozco en persona, he sentido mucho acerca de ti. Siéntete cómo un tu casa-dijo la duquesa cogiéndola del brazo, al igual que a Edward y los condujo a la entrada-. Venga entremos, ¡tenemos tanto de qué hablar!
En todo ese tiempo, no despegue mi vista de Edward, intentando hacer contacto visual con él. Observándolo atentamente, pero no se dio la situación.
Me reconforté pensando que tenía tiempo de estar con él. Total, ahora estaba aquí y no a millones de kilómetros.
Me dirigí con Ángela de la mano hacía la cocina, aún conmocionada por la situación y por las diferentes teorías que estaba asimilando mi mente.
Rápidamente se nos encargó llevar café a la familia. Mi amiga, me miró con complicidad, y me ayudó a prepararlo.
-Ponte un delantal, Bella-me dijo con urgencia.
Lo hice y me alisté para salir a la sala. Intenté no tropezar pero mi cuerpo estaba todo tembloroso y no podía asegurar que la bandeja se fuera al suelo en cualquier instante.
Mientras me dirigía al salón, visualicé la escena. La manera con la que él reaccionaria, el tipo de sonrisa que me regalaría o el abrazo que me daría. Sonreí tenuemente imaginándomelo.
-Con permiso-dije acercándome por detrás y colocando la bandeja en la mesita auxiliar. Comencé a echar el café en tazas, recordando cómo le gustaba a él.
-Tanya, cielo, prueba este café. Te aseguró que en Francia no habrás probado nada igual-dijo la señora con una satisfactoria sonrisa.
-¡Oh, señora Masen! No...lo siento, pero no tolero el café de ningún modo-dijo con una mueca en el rostro-. Preferiría otra cosa.
-Esta bien, tú te lo pierdes. No miento cuando digo que es el mejor café de la región. ¿Entonces, que quieres?
-Mm, un te. Sí, un te estaría bien-dijo girándose hacia mí-. ¿Sabes prepararlo?
-Claro-dije con autosuficiencia-. ¿Nadie más prefiere otra cosa?-dije mirando a todos, esperando que a él se le antojase algo y posase su mirada en mí. Ante un pequeño silencio, el señor Cullen habló por todos.
-Gracias, pero por ahora está bien.
Me retiré un tanto decaída a la cocina a prepararle a la señorita Tanya su te.
El resto de la noche siguió el mismo camino. No me reconoció cuando le servía la cena ni tampoco a la hora de quitársela.
Sentía sus risas, sus conversaciones, las anécdotas que explicaban e irremediablemente, cada vez que él hablaba sentía un cosquilleo por todo mi cuerpo que me hacía sentir frágil y desesperada por estar a su lado. Por sentir que se refería a mi en algún momento, que tan solo me mirase. Pero en aquella noche mi deseo no se iba a realizar.
El nuevo día se avecinaba aún más perturbador que el anterior. Hoy se celebraba la gran fiesta en honor de Edward. La comida ya estaba a medio hacer y la casa impecable. Lo único que faltaba era comenzar a servir y que los invitados llegasen.
Mientras Ángela y yo conversábamos en la cocina de temas de poca trascendencia entró la señora Masen, tan espléndida como siempre y luciendo un vestido verde que seguía todas las modas impuestas por la alta sociedad y que le realzaba la silueta considerablemente.
-Chicas-nos llamó. Nosotras, junto con otras criadas nos alzamos inmediatamente-. Os iré llamando una a una para hablar de vuestros días festivos atrasados y os daré un uniforme que a partir de hoy será obligatorio. Es muy común en las casas de la capital. Comenzaré por las Weeber. ¿Ángela, donde está tu madre?-inquirió limpiando unas inexistentes arrugas de su impecable traje.
-Señora-dijo mi amiga apenada-. Ella lleva algunos días indispuesta y hace un momento le he convencido que se estire en la cama hasta que se le pase.
-Mm, está bien. Te daré su traje, entonces. Sígueme.
Las demás criadas esperaron su turno y fueron pasando al estudio hasta que me llegó el mío. Toqué suavemente la puerta y tras esperar un suave "pasa" entré.
-Isabella-me llamó-. Tú madre llegará en dos días o menos, te doy también su vestimenta-dijo alcanzándome dos trajes negros bastantes deprimentes.
-Gracias-musité sin mirarle directamente a los ojos.
-Toma asiento mientras hablamos de tus días libres. Con todo el lío de Edward hemos extremado demasiado los horarios-suspiró sonoramente. Te pertenecen, sino me equivoco 3 días libres. ¿Qué días piensas ocuparlos?-preguntó cogiendo una pluma para tomar nota.
No había pensado siquiera en que me debían días festivos. ¿Qué iba hacer en ese tiempo? No tenía ganas de hacer lo de siempre, escribir, leer, ir al pueblo con Ángela... No me apetecía.
-Escogeré el miércoles, jueves y sábado, si se puede-dije sin mucha convicción.
-Sí, no hay problema-dijo la duquesa-. Perfecto.
Me levanté y cogí de nuevo las ropas dispuesta a irme. Pero ella me miró directamente a los ojos y me sentí cohibida. Tiene sus mismo ojos, pensé.
-¿Todo bien, Bella?-dijo con una mueca que no supe identificar a qué venía.
-Sí, señora-dije fingiendo una sonrisa, pero no creo que llegara a convencerla. Y sin más me retiré a mi habitación.
Bajé las escaleras sin entusiasmo, sabiendo que a partir de ese momento sería una interminable noche. No quise pensar en él, pero seguía con esperanzas que en la fiesta tuviera unos instantes y me pudiese ver entre la gran multitud.
-¡Bella! -gritó mi amiga angustiada-. ¡Es horroroso!
Sin poder evitarlo estallé en carcajadas. No sólo el uniforme me quedaba mal a mí, sino que a Ángela también. Era de un vestido de cuello redondo y pequeños detalles blancos, con una falda que llegaba a los tobillos lisa, sin volumen alguno. Y rematada con un delantal blanco que cubría casi toda la parte delantera. Yo me recogí el pelo en un moño alto poco trabajado ya que no tenía ganas de seguir mirándome en el espejo. Mi aspecto últimamente era peor que pésimo, mucho más que de costumbre.
Sin poder quejarnos mucho más, fuimos al comedor para servir lo que los invitados nos pidieran.
La noche fue agotadora y cómo ya me había figurado antes, decepcionante.
Edward bajó con un traje de tonos marrones que le quedaba estupendo. Le resaltaba aún más su desaliñado cabello rojizo y su cuerpo. Él bailó y habló con muchísima gente. Y aunque me dio rabia reconocerlo, la gran mayoría se trataba de jóvenes bellezas que su madre insistía en que conociera. Pero, Edward demostró lo que muchos ya comentaban:
"Él sólo tiene ojos para ella"- sentí que la señora Brandon cuchicheaba a la señora Masen.
Y, ésta asintió enérgicamente y sonrió satisfactoriamente.
-Es una chica guapísima, de buenos modales y de una familia prometedora. Le tiene totalmente prendado...
Dejé de escuchar y me aislé en mi mundo, dónde sólo se encontraba él. Espié todos sus movimientos, todos sus gestos. Era deslumbrante y adictivo. No podía abandonar mi vista él.
-Perdona, ¿los servicios?-me pidió una pequeña chica de ojos azules y pelo azabache. La reconocí cómo la hija de los Brandon.
-Están en el pasillo de la derecha -dije indicándole el lugar-, la segunda puerta.
Me miró fijamente unos segundos de más y se retiró dándome las gracias.
-¡No digas eso! Interpretas estupendamente, ojala yo supiera hacerlo tan bien cómo tú...-dijo la joven haciendo un puchero, con intención de sonar lastimoso.
-Gracias-contestó él sonrojándose- supongo que es cuestión de práctica-, dijo simplemente.
-Pues espero que me ayudes a practicar estos días, quiero mejorar mucho.
-Bella -me llamó Ángela consiguiendo sobresaltarme-, sal de aquí. Descansa y ve a fuera, te irá bien -dijo intentando formar una sonrisa.
Acepté sin oponer resistencia, sentía mis ojos cansados y húmedos.
¿Por qué tenía que ser tan débil?
En los últimos dos días no había pasado nada digno de mencionar.
Mi mente, había meditado dos posibles teorías, aunque no sabría decir cuál era la peor.
La primera, era que Edward me había olvidado. Que todos nuestros años juntos y esos momentos vívidos no habían significado nada para él. ¿Si no, me recordaría cierto?
Y la otra era en un aspecto, más esperanzadora. Que él sí me recordaba pero, no le importaba. No tenía la intención de venir ni tan siquiera a saludar, a preguntarme qué tal todo, a preocuparse por mí...
¿Se avergonzaba de mí, de haber tenido a una amiga de clase tan baja? ¿No quería saber nada de mí?
Al fin de cuentas, no me gustaban mis teorías.
-Bella-llamó Eleonor-. Rennée acaba de llegar, está hablando con la señora.
Me sentí extraña al ver a la madre de Ángela tan desmejorada. Habían sido unas cortas semanas en las que su salud había empeorado notablemente. Por eso mi amiga y yo procurábamos ayudarla y no cansarla con demasiadas labores, pero yo sabía que se sentía igualmente mal. Dejé de mirarla fijamente al notar que ella me observaba confusa.
-Está bien-dije intentando sonreír. Ahora debía fingir más que nunca, mi madre no tenía que saber cómo realmente me estaba sintiendo.
-¡Hija!
-Hola madre-dije devolviéndole el abrazo. ¿Cómo ha ido por la capital?
Rennée estaba también cambiada, pero a diferencia de Eleonor era para mejor. Su rostro irradiaba de luminosidad, y su sonrisa ocupaba la mayor parte de su cara. No me pasó por alto el hecho de que tuviera los ojos brillantes y cálidos, me recordaron cuándo papá aún vivía.
Me explicó todo tipo de cosas, pero realmente no atendí a muchas de ellas. Era feliz, estaba muy hermosa y yo me sentí aliviada que estuviera más preocupada por sus asuntos que no por los míos.
-¿Qué vas hacer en tu día libre?
-¿Tú que harías?-le contrarreste.
-Estaría metida en la cama hasta aborrecerla, descansar y despejar la mente. Olvidarle.
Sonreí sin entusiasmo. Le había contagiado a mi buena amiga mis sentimientos.
-Sí, precisamente creo que eso es lo que haré.
-Bella, yo lo siento... Creo que te hiciste ilusiones gracias a que yo no paraba de hablarte del tema y te confundí. De verdad, yo no pretendía que esto llegara a tanto, no...
-Ang, tranquila. No pasa nada, estoy bien-dije con voz neutral, más serena de cómo en realidad me sentía, tal vez el hecho de estar tumbada en la hierba y tener los ojos cerrados ayudaba.
-Es que, no te mereces esto. Ni siquiera ha preguntado por ti...
-Ya- dije interrumpiendo. Por favor no... le des más vueltas. La gente cambia, pasa siempre.
-Sí...
Después de esa extraña conversación, nos fuimos a la casa. Las dos nos mostrábamos distantes, pero no estábamos enojadas, sólo era que no encontrábamos las palabras adequadas.
-¡Isabella!-gritó la persona a que menos quería ver.
-Hola, Mike.
-Tenemos pendiente aquella salida, ¿recuerdas?- ¿Cómo iba a olvidarlo?
-Ah, cierto-dije titubeante.
-Quizás, uno de estos días...
-¡Bella, recuerda nuestro acuerdo!-exclamó Ángela asustándome.
-¿Qué?- dijimos Mike y yo simultáneamente.
-Ya veo como me escuchas cuándo hablo-dijo poniendo los ojos en blanco.
-¡Me prometiste acompañarme cuando estuvieras libre de hacer los recados! Mike, no se si ella estará libre para salir contigo-dijo ella descaradamente.
Se me escapó una carcajada. Era la mejor, sin duda. Y la cara de Newton, impagable.
-Bella, ¿entonces tú me avisas?
-Sí, no te preocupes-dije aún riendo-. Hasta luego.
-¡Mike! El señor Masen va a salir con la señorita Denali. ¿Prepararás tú los caballos?-dijo el señor Newton rojo de cansancio corriendo hacia donde nos encontrábamos nosotros.
-Mm, claro- respondió él.
-Sin duda alguna, su vuelta a tenido un significado: quería presentar la muchacha a sus padres, seguramente se volverá a ir en cuánto le den el visto bueno-dijo tras un cansado suspiro-. Todos comentan una temprana boda. ¿No es una gran noticia? Sin duda, una buena edad para el matrimonio-dijo mirándome directamente a mí. No se daba cuenta de mi mueca, y que tenía el rostro descompuesto.
-¿Quienes lo comentan?- inquirió Ángela con la mirada en el suelo.
-¡Pues la servidumbre, todas las mujeres no dicen otra cosa de la pareja feliz!
-Suficiente- susurré saliendo de allí. No podía seguir escuchando.
"Tenía tantos deseos de verle..."
Estúpida, y otra vez Estúpida Bella.
¿Cómo se me podía haber salido de las manos? Yo debería haberlo previsto, tendría que haberme dado cuenta, ¿cómo no lo había visto?
Lo único en lo que pensé era que, a pesar de ser muy diferentes, nosotros conectábamos, que estábamos hechos el uno para el otro, que podía haber un nosotros...
Y ese fue mi error. Yo no era suficiente para él. ¿Cómo me iba a poner a su lado siquiera? Yo desentonaba junto él, sobraba, era cómo una de esas piedras molestas que se te cuelan en el zapato...
Ni siquiera me notaba.
Casi una semana después de su vuelta, del te, de la fiesta y él no me a mirado, no me a hablado...
Irremediablemente, enojada conmigo misma, mis pasos me llevaron cerca del prado. De nuestro lugar.
Me asomé torpemente al lago, vi mi reflejo y rápidamente lo entendí. No sólo era mi situación, ya que habían ocurrido todo tipo de historias en las que, la economía no era lo que prevalecía en las parejas, si no el amor que se destilaban entre ellos, pero yo tenía otro defecto en mí contra, la apariencia física.
En realidad, nunca me había sentido acomplejada, ni tampoco es que tuviese una enorme verruga en la cara, pero era obvio que yo no era guapa, ni de lejos. Mis ojos tal vez demasiado grandes, de un color avellana demasiado común, que en este momento, brillaban de forma enfermiza por el disgusto que tenía encima, mis mejillas estaban ruborizadas y con rastros de lágrimas por doquier, la nariz menuda no tenía ningún defecto por ahora, y mi boca, levemente entreabierta exhalando y suspirando forzosamente. No era la mejor imagen que había tenido alguna vez.
Elevé mi mano y la llevé a mis labios. En la comisura inferior toqué todas las heridas que me habían salido, Ángela decía que eran por los nervios, que no me preocupara, ¿pero que más daba? Ciertamente, ya no importaba.
Sólo pensaba en desaparecer, o bien en despertarme de esta nueva pesadilla. ¿Por qué las cosas no pueden ir bien? ¿Todo debe ser siempre tan complicado?
Sí, alguien como yo se tenía que conformar con un Newton en su vida.
Y, con ese último pensamiento caí en los brazos de morfeo, aun sollozando.
Sí, ya apareció Edward!! ¿Qué tal? hahah
Prometo actualizar más seguidoo.. i cuento con vuestros reviews ¬¬'
He pensado en poner un spolier pero esto va a quedar muy largo...
No os podeis quejar que ha sido largo! 8-9 pag de word o_O haha
GRacias a todas aquellos que se han molestado por dejar un review ^.^
*Arissita, vas por buen camino..! jaja Hime-chan_n _n fer pttz Crazzalice dana03 Carmen Cullen 116 moze cullen ericsuai arissita patss dany aphroditen Leahj
hasta pRontoo!
Kathie*
