Jor, aqui esta el capítulo que te debo. Gracias por dedicarme el capitulo de tu nuevo fic. por cierto si no lo han leido se los recomiendo! Te Quiero Muñe.
Muchas gracias a todos los que han dejado reviews y a los que leen esta historia. Lo sé es diferente es mas narrativa y bastante melosa, ¿que quieren?, la escribí para el día de San Valentín...
Si estan esperando por "escenas HuesosPotter" desde el principio, esta no es la historia... eso llega con el tiempo. LLEGARÁN!
Capitulo 3
La ansiedad casi vuelve loca a Ginny Weasley, no había podido dormir, a pesar de lo cansada que estaba tras su extenuante jornada de trabajo, su cabeza estaba llena de anhelos que no sabía que aun tenia dentro de su ser, confirmando que su percepción del tiempo había cambiado en las ultimas doce horas.
El reloj no caminaba lo suficientemente rápido a diferencia de su loco corazón, el solo recuerdo y las expectativas de ver a Harry de nuevo era suficiente para acelerar sus emociones y a ese órgano que estaba dentro de su pecho. No quería parecer desesperada o ansiosa, y en cierto modo no lo era, simplemente era la emoción de sentirse como en tantos años no lo hacía. Su vida había tomado giros interesantes de los cuales no se arrepentía de ninguna decisión que había tomado en sus 23 casi 24 años de vida, esas decisiones la hacían la mujer que era ahora. Pero el regreso de aquel adolecente que tanto significo para ella convertido en hombre era suficiente para hacerle recordarle que todavía podía soñar.
Y era lo que hacía ahí, de pie media hora antes frente a la puerta del departamento donde viva la persona que ponía su mundo de cabeza. Trató de tomar fuerzas para encararlo de nuevo, apenas eran las 12:30, treinta minutos antes de la hora acordada, pero después de pasar toda la mañana seleccionando su atuendo para la ocasión, el anhelo había ganado.
Así que ahí se encontraba Ginny, con una de sus ropas favoritas al puro estilo juvenil muggle, unas botas altas que casi llegaban a sus rodillas por encima de unos jeans que cubrían sus muslos con una camisa blanca holgada bajo una saco beishe lo suficiente cálido para resguardarla del ligero frio que se sentía.
Tocó un par de veces la puerta, sintiéndose un poco estúpida por la situación. Ginny tocó nuevamente con dos ligeros golpecitos tras no recibir respuesta en la primera ocasión. Una maldición sonó esta vez en el interior, seguido de algo parecido a un golpe y otra liguera maldición. Ginny apenas contuvo la carcajada al imaginarse la situación que sucedía en el interior del piso. Iba a tocar de nuevo, pero la acción quedó suspendida tras la repentina apertura de la puerta.
Harry abrió la puerta de golpe dejando escapar un grito que más que a bienvenida sonó a terror.
-¿Ya es la una? - escupió las palabras con algo de pánico.
Ginny sonrió algo apenada – Ehh… no… yo creí que necesitarías ayuda – Dijo Ginny, sabía que por la situación de las contusiones de Harry, él no estaría listo a tiempo o mínimo necesitaría algo de ayuda, y no se había equivocado. La imagen de Harry lo confirmaba.
Tenía puesto solo unos jeans obscuros sin abrochar, descalzo sin calcetines, solo con las vendas desacomodabas cubriendo parte de su pecho y su hombro, con el cabello húmedo por el baño junto con la ligera barba que tenia la noche anterior, que se había acentuado en el transcurso de la mañana.
-No estoy listo… - dijo Harry angustiado – esta maldita cosa no me deja hacer nada.-
-Me imagine – Ginny tenía ganas de mofarse por la actitud de él, parecía un niño grande haciendo berrinche o justificando alguna travesura.
Harry la dejó pasar, casi se detiene su corazón al verla frente a su puerta al momento de abrir, Ginny se veía hermosa, con aquellos pantalones ajustados y esas botas altas y largas que estilizaban su menuda figura y con aquel saco de color claro, que hacían resaltar su cabello, se veía preciosa. Harry se sentía como un simple mortal delante a una Diosa y más cuando solo tenía puestos unos jeans los cuales había tardado horas en poderlos subir por sus piernas. No sabía que decirle, ya que tenía tantas ideas que concentrarse en una era imposible, y esas ideas no eran del todo honorables.
-¿Quieres que te revise el hombro y ajuste las vendas?
-Ehh… si… sí, yo… bien… por aquí… - dijo Harry nerviosamente mientras la conducía a su habitación.
-Siéntate – Dijo ella y él obedeció, tomando lugar en la orilla de la cama, donde Ginny prosiguió a quitar las vendas capa por capa que el baño había desajustado, hasta dejarlo desnudo de la cintura para arriba, su hombro se veía mucho mejor, aunque aun estaba inflamado y con matices de colores purpuras, tocó la inflamación, provocando un ligero malestar en él, situación que era normal tras tales contusiones. Comenzó a ajustar de nuevo las vendas, aunque su corazón y la mirada de Harry dijera otra cosa, no había nada sexual ni nada sensual en la situación, simplemente estaban en sus roles de paciente-sanadora nuevamente, a pesar del ambiente tan intimo.
-¿Te ayudo a rasurar? – preguntó Ginny al percibir la incomodidad de Harry tras el vello facial.
-¿Sabes hacerlo sin magia?
-Soy sanadora… son principios básicos de enfermería… ¿Dónde…
-En el baño.
Ginny regresó unos segundos después con la crema de afeitar y la rasuradora, puso una toalla en el regazo de él y colocó sobre sus pequeñas manos la espuma, esparciéndola después sobre el mentón y las mejillas de él.
Harry estaba nervioso, no porque no confiara en ella, sino por su reacción ante la intimidad de la situación, se sentía caliente y extasiado al sentir sus manos tocándolo de aquel modo.
Ginny movió hacia un lado la cara de Harry mientras pasaba la rasuradora por su mejilla izquierda, la ponía nerviosa la forma en que la miraba Harry, de una forma depredadora; y ahora que estaba metida en tal situación, se preguntaba cómo había llegado a tal acción, pero se sentía tan natural que para ella lo más lógico fue ofrecerle su ayuda.
-¿Sabes? Me podría acostumbrar a esto.
Ginny evitó responderle, no tenía respuestas para eso, menos para la intensidad de la mirada de él, solo le respondió con una ligera sonrisa, por más que quisiera que esa situación fuera de lo más profesional con Harry era imposible.
Sus corazones estaban acelerados por la intimidad de la situación, ella rasurándolo a él en la cama de su habitación, donde él solo tenía puestos unos pantalones desabrochados.
Ginny tenía experiencia para limpiar el vello facial de los pacientes, pero nada como eso. Los pacientes a los que había ayudado en el hospital no representaban más que un profesionalismos médico, pero con Harry era diferente, tanto por los sentimientos como por el escenario en que se encontraba, rogó a los Dioses por no sonrojarse, era algo tan íntimo y sensual que se preguntó que estaba haciendo con Harry Potter de esa forma.
-Listo.- Dijo mientras tomaba las cosas de aseo de nuevo dentro del baño, ambos estuvieron agradecidos ante tal separación necesitaban calmar sus cuerpos y a sus acelerados corazones.
Harry trató de cerrar sus pantalones, soltando un ligero juramento, con una sola mano era difícil, mas cuando no era zurdo y la única mano libre era la izquierda, levantó su mirada percatándose que Ginny se reía de su aprieto.
Esa mujer se reía de él en sus momentos más embarazosos, y lo extraño era que a él no le importaba en lo absoluto, con tal de provocar aquella sonrisa en su bonito rostro, nada importaba.
-¿Me ayudas?-
Ginny puso los ojos en blanco exasperadamente sin perder la sonrisa mientras tomaba las extensiones de la cintura del pantalón y lo abrochaba para también subir el cierre de la bragueta, sus manos temblaban pero Harry no lo notó.
-Wow… no te estás sonrojando… eso es nuevo.
-Hay cosas nuevas de mi Potter, que no conoces… ¿Qué camisa te vas a poner? – Preguntó Ginny cambiando la dirección del tema.
-¿Qué? Ohh…- El cerebro de Harry no estaba funcionando correctamente, estaba perdido en la sensación y en ella. Siempre en ella. Observó su cama donde había cuatro prendas entre playeras y camisas de las cuales no se había decido por ninguna, quería verse bien para Ginny, pero por su inmovilidad no le había dado tiempo a seleccionar lo que se pondría. La noche anterior había sido sencillo quitarse la ropa, simplemente haciéndolas desaparecer pero para colocar las prendas era casi una odisea.
-¿Tu cual crees?
-Esta.
Ginny tomó una sencilla playera blanca solo con un ligero estampado con forma de un pequeño dragón en el centro de esta, lo ayudo a pasar la camisa con cuidado, primero su brazo lastimado por una de sus mangas, después el resto de la prenda.
-Gracias. – dijo él.
Tomó su varita y con un ligero movimiento se colocó los calcetines y sus zapatos. Ginny estaba extrañada ante tal hechizo, ya que era el hechizo que utilizaban la mayoría de las mamás para calzar a los niños cuando estos no querían ponerse los zapatos, Molly Weasley era experta en ese hechizo. Harry observó su reacción y supo porque estaba sorprendida.
-Teddy… -explicó él - no le gusta andar con zapatos y esa es una forma práctica de ponérselos…
-¿Y la otra?
-Persuasión – Contestó él con una sonrisa de lo mas encantadora, Ginny estuvo convencida que la persuasión era algo en lo que Harry era un experto.
Por último, él sacó una chamarra negra a juego del closet, mientras ella se preguntaba por quinta ocasión que demonios hacia en la habitación de Harry Potter. Lo ayudó de nuevo a ponerse la última pieza de ropa, algo incomoda por la situación que parecía no molestar en absoluto a Harry.
-Vamos Potter… me estoy muriendo de hambre - dijo mientras salía de la habitación seguida de Harry, quien murmuró algo parecido a un "no tienes ni idea".
-¿Perdón? – La mirada de Harry la puso nerviosa, así que ignoro tal intensidad de tales ojos por completo.
-Nada – contestó él, disipando el comentario.
Salieron del edificio, era una zona muggle cerca del centro de Londres. Las calles eran tranquilas, los edificios a pesar de ser antiguos estaban bien cuidados. Había un poco de todo, una librería al final de la calle, un pequeño café a pocos metros de la entrada del edificio, una farmacia y una lavandería con esas maquinas extrañas que a Ginny tanto le llamaban la atención, Hermione tenía una de esas en su casa para lavar la ropa. La zona tenía lo básico para las pequeñas familias de los alrededores.
Ginny preguntó dónde iban y Harry le respondió que cerca de ahí había un pequeño restaurant justo enfrente del parque.
Ginny sugirió que caminaran, el lugar se encontraba a pocas cuadras y a pesar de la ligera brisa fría a ninguno de los dos le importó. Estaban sumergidos en un mundo que las horas construían lentamente.
Harry la hizo reír con sus comentarios, ella a él con sus respuestas y su forma de ver su entorno. Él estaban fascinado con ella, Ginny veía las calles, a las personas y a él mismo como si fuera la primera vez que observara el mundo o como si fuera la cosa más interesante que existiera.
Él tenía tantas ganas de tomar su pequeña manos entre las suyas y sentir un poco la calidez de su cercanía, pero no se atrevió, muchas veces en lo que refería a Ginny Weasley, Harry Potter era demasiado temeroso de lo que ella le provocaba y era algo que quizás nunca superaría a pesar de las experiencias, de la cercanía o de la amistad.
Llegaron al parque, que estaba lleno de personas, San Valentín estaba en el ambiente.
Los dos se detuvieron en seco, ninguno había recordado que ese día se celebraba el día de los enamorados. Se miraron, mientras una ligera sonrisa se visualizó en sus rostros, no hicieron ningún comentario no era necesario.
Vendedores de globos, chocolates y flores ponían armonía en el lugar, la mayoría eran muggles y si había algún mago o bruja lo sabían disimular bien, al igual que ellos.
Se detuvieron al ver la actuación de un mimo vestido con su pantalón negro tirantes y su camisa de rayas horizontales blancas y negras. La altura de Ginny a pesar de las botas con tacón alto imposibilitaban su visión, trató de estirarse un poco, empujándose sobre las puntas de sus pies pero aun así fue imposible, Harry vio su dilema, se colocó junto a ella tratando de abrir el espacio para acercarla un poco más al pequeño escenario improvisado.
-Lo siento. - murmuró él cuando una señora lo fulminó con la mirada, le dolía el hombro y las costillas por el esfuerzo, pero no le importó. Colocó a Ginny en la fila del frente mientras él se colocaba tras ella. En algunas horas estaba seguro que le dolería todo, pero valía la pena al ver a Ginny con esa sonrisa. Parecía una niña, no era que lo fuera, pero tenía una mezcla encantadora de inocencia y sensualidad que la hacía femenina pero con fortaleza al mismo tiempo.
El mimo se acercó a ella, mientras representaba a un enamorado y se colocaba de rodillas a sus pies sacando de la nada un clavel rojo, todos aplaudieron, mientras Ginny sonreía encantada al tomar la flor. Dando por terminada con eso la actuación, Harry sacó un par de monedas depositándolas en el sombrero del mimo, quien sonrío dando un gesto de aprobación con los pulgares para su acompañante, ambos jóvenes se rieron de las referencias que hacía acorde a ellos, mientras seguían su camino por el parque.
La sensación de tomarse de las manos como los enamorados de su alrededor cobró más fuerzas, pero ninguno hizo nada al respecto, Ginny dirigió su atención al clavel entre sus manos mientras que Harry comprobaba discretamente la intensidad del dolor de su hombro y sus costillas, al parecer tal gesto no fue tan discreto ya que ella lo notó.
-¿Te duele?
-No mucho - disipó la pregunta con una sonrisa. La realidad era otra, ya que si le dolía y Ginny sabía que estaba disimulando el dolor, pero no hizo ningún comentarío mas, Harry no apreciaría eso.
Hombres creaturas orgullosas.
Una vendedora de flores no mayor de 18 años se acercó a ella ofreciendo la mercancía dentro de una canasta.
-No gracias – Dijo Ginny, la vendedora se acercó a Harry quien se detuvo a buscar algo en el interior de la canasta. Ella no logró ver lo que había comprado él hasta que lo sacó del pequeño contenedor de mimbre.
La vendedora se alejó de ellos con una sonrisa, mientras observa como el caballero de lentes le entregaba un lindo arreglo a la bonita pelirroja.
El corazón de Ginny saltó de emoción al ver el pequeño ramo de flores que Harry sostenía, el arreglo no media más de tres pulgadas pero las flores en el, eran hermosas. Tres pequeños tulipanes rojos, Ginny estaba sorprendida, dentro de canasta, ella solo había observado rosas, no tulipanes.
-Te acordaste – Dijo Ginny sintiendo un nudo en la garganta ante tal gesto por parte de él.
-Siempre Gin. – Respondió Harry al entregarle el pequeño arreglo. Las flores favoritas de Ginny siempre habían sido los tulipanes holandeses, se lo había confesado en una ocasión durante sus largos paseos a orillas del lago de Hogwarts, y era algo que él nunca había olvidado.
Ambos siguieron caminando, aun con ese deseo latente de tomarse de las manos, pero ninguno con el valor suficiente para llevar a cabo tal anhelo, atravesaron por completo el lugar, por las pequeñas explanadas, kioscos y vegetación verde, el parque a pesar de no ser muy grande era hermoso, tras cruzar la calle llegaron al pequeño restaurant.
El lugar, era acogedor, con mesas dispersas y sobre ellas manteles coloridos decorados con arreglos de velas como centros de mesa. Las paredes estaban decoradas para la ocasión, con corazones y analogías divertidas del pequeño Cupido. Muchas de las mesas estaban ocupadas por familias y otras por parejas, ellos tomaron una mesa junto a la ventana. Podían ver a las personas ir y venir por la calle y por el parque fuera del local. A ellos no les importaba aquellas actividades, porque lo único que les interesaba en ese momento estaba a su lado.
-Es hermoso… nunca había venido a un restaurant muggle.-
-¿Nunca?
-No… a Patrick no le gusta el Londres muggle.
-Pero a ti si.-
-Si, creo que eso lo heredé de papá… ¿Qué?... – preguntó Ginny al ver la reacción de Harry.
-No lo entiendo, ¿Cómo terminaste saliendo con él? - Harry quería decirle que Patrick y ella no combinaban, no encajaban, ella llena de vida y él tan reservado y apático ante las cosas que a ella le gustaban, simplemente Harry no entendía como a Ginny le gustaba Paquidermo.
-Lo conocí en el ministerio… Patrick era diferente a lo que conocía y no se intimidaba por mis hermanos… era atento, caballeroso y a su manera divertido hasta cierto punto.
-Mmm- fue el único comentario que realizó Harry.
-Me quería y yo a él.
-Pero no lo suficiente.
-No.-Ginny sabía lo que aquel comentario llevaba, era una mezcla de recordatorio y sentencia que Ginny no pudo negar. Patrick había sido un bálsamo en su soledad y aburrimiento, algo nuevo y refrescante. Él era más un amigo para ella que otra cosa. Y quizás si ella le hubiera dado la oportunidad de abrir su corazón para él, habrían sido felices, pero ella no podía entregar algo que tenia años sin pertenecerle.
El camarero llegó mostrando una extensa carta con diferentes comidas, muchas de las cuales Ginny nunca había comido o escuchado.
Harry hizo un comentario acerca de lo afrodisiaco de los mariscos a los que ella soltó una reverenda risotada que se dejó escuchar en todo el local provocando las miradas de los clientes. Rodó los ojos cuando Harry volvió a insistir en que probara la langosta.
Para él era fascinante hacerla sonreír, exasperarla y ganarse respuestas mordaces por parte de ella, Harry pensó que podía pasarse el resto de su vida tratando de lograr esas sonrisas en Ginny Weasley.
El camarero espero para tomar la orden; a lo que Harry pidió una jugosa carne bien cocida mientras que ella ordenaba una ensalada especial, de esas que llevan un poquito de todo. Harry pensó preguntar en dónde había quedado el hambre voraz característico de los Weasleys, pero no lo hizo ya que Ginny tomó la iniciativa de la conversación.
-¿Por qué terminaste con Mary?
-Magui.
-Da igual.
Harry nunca duraba mucho con sus amigas por llamarlas de una forma. Ron hacia comentarios entre la familia acerca de la popularidad de Harry entre la población femenina, sumado al eslogan inventado por parte de George, popular en la tienda de bromas y en unas camisetas. "Cuando eres el niño que vivió… tienes nenas a tu disposición", cada que escuchaba tales cosas una sensación de vacío se apoderaba de la boca de sus estomago, pero siempre la ignoraba y seguía adelante con su vida, como debía ser. La respuesta de Harry la regresó a la realidad.
-Es complicado.
-¿Por qué?
-Ser "Harry Potter" no es sencillo, nunca me ha gustado llamar la atención. Es por lo mismo que para mí es más fácil salir con personas que no están en el mundo mágico. Ellas no me conocen y puedo ser yo.
-Mandy era muggle.
-Magui…- la corrigió él – si y es bastantes difícil cuando pasan cosas que no puedes explicar.
-¿La querías?
-No lo sé, me gustaba estar con ella, pero siempre hay algo que me hace sentir incomodo. La conoció en un bar cuando ella salía con sus amigas de la universidad… salimos un par de veces y ya…
-Mis hermanos piensan que eras un rompecorazones.
La carcajada que dio Harry fue suficiente para provocar de nuevo la atención de las demás personas.
–Es solo el eslogan de George. Pero no hay nada más alejado que eso. Salgo con algunas, pero no quiere decir que duermo con todas ellas. – la forma como lo observó Ginny con una mezcla de incertidumbre, expectación e intriga, provocaron en él un deseo de explicarse y sabía que era un tema delicado para navegar en esas aguas. –De hecho no duermo con ninguna. No quiero verme en vuelto en chismes y escándalos. Estoy seguro que Rita Skeeter mataría por otra exclusiva de ese tipo, y si fueran muggles no tendría futuro o algo mas, y no quiero algo de solo una noche… no soy virgen Ginny, pero la única vez que lo hice creo que no valió la pena. –
-¿Por qué?
-Estaba borracho… enfadado… y terminé haciendo una estupidez.
-¿Por qué estabas enfadado?
-Puede que algún día te lo diga.-contestó él con una sonrisa coqueta, que provocó un brinco en el corazón de Ginny. Los meseros llegaron con la comida, dando por terminada esa conversación, ya que Ginny no sabía que mas decirle.
La comida se veía exquisita, a pesar del hambre que Harry debía de tener, él no tocó su comida, Ginny comprendió su dilema, era imposible para él cortar la comida por la falta de movilidad de su brazo, el sostener el tenedor y el cuchillo era frustrante para él, pero no pidió ayuda.
Harry le sonrió apenado con una pequeña sonrisa en su rostro y ella le respondió con otra igual de cálida. Harry internamente se daba patadas mentales, quería impresionar a Ginny, no parecer estúpido por su situación, se sorprendió cuando ella sacó discretamente su varita de su bolso, murmurando un hechizo que hizo que la carne quedara en trocitos, pero sin perder la forma del corte. Él observó su comida y luego a Ginny, dándole las gracias, a lo que ella respondió con un guiño coqueto acompañado de una sonrisa.
Comieron, mientras platicaban de temas diversos como la relación de Harry con Teddy o de los sobrinos de Ginny; que parecían adorar al tío Harry, o de otros temas familiares, mientras reían y disfrutaba de la comida, pero sobretodo disfrutaban de la compañía de ambos.
La temperatura en el exterior bajaba poco a poco, augurando una tarde y una noche fría, pero ellos ni ese cambio en el ambiente notaron, otros clientes llegaron al restaurant y otros más se fueron, eso tampoco lo notaron. La comida terminó, dejándolos satisfechos, Ginny pidió un pastelillo de chocolate relleno de un fudge de chocolate calientito, con una bola de helado de vainilla cubierto con una capa de chocolate crujiente.
Mientras esperaban por el postre Harry preguntó por su trabajo en el hospital, de todos los escenarios en los cuales había visualizados a Ginny después de Hogwarts, sanadora era lo último que se había imaginado.
-¿Por qué te decidiste por ser sanadora?, siempre pensé que jugarías quidditch.-
-Para las Holyhead Harpies. El reclutador del equipo fue a verme jugar antes de la final de la copa… aun guardo la carta de aceptación… - contestó Ginny con la mirada perdida en la ventana, observando pasar a las personas sin verlas realmente. Su voz sonaba triste, pero Harry no comentó nada, esperó por las respuestas, las cuales llegaron a su debido tiempo segundos después- Tuve una desgarre en los ligamentos del hombro derecho en la final de copa, me recupere pero no fue igual… así que me decidí por otra cosa que me gustara. Mi vida no terminaba ahí, me quedaban otras opciones… así que me decidí por la sanación.
Harry estaba sin palabras, no sabía que decir. – Yo… Gin, yo no sabía.
-No, por supuesto que no, en ese tiempo estabas en una misión, yo… - suspiró Ginny - yo no le he dicho a nadie lo de las Holyhead Harpies.
-¿Por qué?
-Después de lo de Fred, no quería preocupar a mi mamá más de la cuenta, sé que me hubiera apoyado, pero pasó lo del accidente y ya no fue necesario decir nada… recordar la cara que puso mi mamá cuando me vio tirada en el campo fue suficiente, creo que pensó que perdería a otro hijo… No dije nada de la carta… yo no sabía qué hacer y Luna sugirió que me enlistara en la facultad de San Mungo.
-Y así terminaste en el hospital.
-Si… - suspiró de nuevo Ginny - creo que los más sorprendidos fueron mis hermanos… pero me gusta lo que hago me he esforzado mucho por lograr todo lo que tengo, quizás mi sueño de ser jugadora profesional de quidditch se apagó pero realicé otro… y aquí estoy. Me gusta trabajar con niños y creo que quizás el destino me tenía reservado algo más. El área pediátrica fue mi oportunidad de hacer lo que me gustaba y de ayudar a las personas… de hecho anoche fue tu día de suerte, yo casi nunca estoy en urgencias.
-Sí, mi día de suerte. - El silencio los invadió, cada quien perdido en algo que ninguno de los dos aun no quería reconocer o aceptar, pero sin poder negar lo que los acercaba era lo suficientemente fuerte como lo fue en el pasado.
-¿Fue difícil?
-¿Qué cosa?
-Separarte de Ron y Hermione.
-Si, al principio… después me acostumbre. No nos veíamos seguido pero si lo suficiente, después de todos los meses que estuvimos escondidos buscando los horcruxes y después de la batalla todo cambio. Ya nada era igual, seguimos adelante con nuestras vidas. Creo que lo difícil en sí, fue aceptar que había crecido. Ninguno regresó a terminar la escuela y tomamos profesiones diferentes, después de 7 años de estar siempre juntos fue difícil ese cambio. Aceptar que lo que tuvimos en Hogwarts ya nunca regresaría.
En el rostro de Ginny se formó una ligera sonrisa. –Me preguntaba cuanto más íbamos a evitar ese tema.-
-¿Hogwarts?
-Si- después de unos segundos, Ginny formuló la pregunta que tantos años atrás había logrado superar - ¿Por qué no regresaste?-
-Por cobarde… o estúpido. Quizás un poco de las dos.
Harry sonaba tranquila y triste, quizás el tiempo de aclarar las cosas había llegado, y Ginny supo que ella tampoco podría mentir.
-Pensé que después de la batalla, de lo sucedido… regresarías. Yo te esperé Harry, o al menos lo hice por un tiempo…
-Me dio miedo Gin… no supe que hacer, se juntaron tantas cosas que no las supe manejar. Ron se había ido con Hermione a buscar a sus padres, los aurores y Kingsley absorbieron mi tiempo, después de todos esos años juntos, estaba por mi cuenta. Lo de Fred, el dolor de George y tus papás… yo no supe como acercarme de nuevo a ti, y cuando lo intenté, tú habías seguido adelante con tu vida y así que yo hice lo mismo.
-Espere por meses, ¿sabes?, - Dijo Ginny con una sonrisa triste, Harry se quería golpear ante tal gesto de ella. – Pensé que necesitabas tiempo para que la situación se normalizara, pero aun así no regresaste y me di la oportunidad de seguir adelante.
Harry la absorbió con la mirada, él no tenía en cuenta que esa mirada podía expresar mas de las miles de palabras que en ese momento en su cabeza se formaban, pesar, arrepentimiento, soledad, anhelo, y otros sin fin de sentimientos y emociones que su corazón y su cabeza querían gritar.
Sus ojos verdes reflejaban el amor que aun sentía por ella, porque eso el tiempo y la lejanía nunca lo pudieron borrar. Si hubiera regresado, si su voluntad hubiera sido lo suficientemente fuerte, quizás esos últimos años su vida sería diferente, porque sabía que si hubiera regresado por ella, ellos aun seguirían juntos.
Las oportunidades se presentan en diferentes momentos de la vida, y quizás en esa ocasión era la segunda oportunidad para ambos, el silencio los invadió, pero no era un silencio incomodo, ambos tratando de formular el siguiente paso, tanto Ginny como Harry sabían que lo que acaban de reencontrar no lo dejarían ir.
-Prométeme algo – Dijo Ginny.
-Lo que quieras…-
-No te alejes de nuevo.-
-Nunca más Gin.
El deseo de besarse, de dejarse envolver por su cercanía regresó como la fuerza de un tren cargado de esperanza y amor. Pero el mundo real los esperaba, ese mundo que se encontraba fuera de esa burbuja que con el paso de las horas ambos estaban reconstruyendo.
-Es tarde - Dijo Ginny, golpeándose internamente por romper el encanto del momento – Tengo que ir a trabajar.
-Está bien… te acompaño a tu casa.
Harry pidió la cuenta y al poco tiempo el camarero llegó con la misma. Ginny pensó en ofrecerse a que dividieran el total de la cuenta pero descartó tal pensamiento, Harry se ofendería si ella propusiera tal oferta, el mesero tomó la tarjetita verde y plateada que Harry le ofrecía, Ginny no se explicaba como los muggles podían sacar dinero de ese pequeño objeto, pero parecía que Harry si lo conocía y se veía cómodo dentro del mundo muggle.
Esas horas con él, habían sido las mejores de los últimos años, Harry era divertido, directo y atento con ella, sumado a una sensualidad masculina que no había estado ahí cuando era un adolecente, tenía una coquetería masculina que hacia desbocar a su corazón con una simple sonrisa. Había embarnecido con los años, madurado física y emocionalmente, su rostro era más marcado, duro de alguna forma, quizás por los años de trabajo o las experiencias vividas, pero hermoso de igual forma.
Su rostro se había empezado a ensombrecer por una barba apenas imperceptible, sus ojos verdes tenían un brillo especial, diferente al que había conocido en sus largos paseos por los exteriores del colegio de magia y hechicería, ahora enmarcados por unos lentes tan finos en el armazón que apenas eran visibles, resaltando esa chispa, calidez y encanto en sus hermosos ojos.
Tomaron un taxi para llegar al departamento de Ginny, ya que desaparecer rodeados de tantos muggles era imposible. El trayecto a ambos se les hizo demasiado corto, observaron edificios y parques que nunca habían tomado en cuenta antes, o lugares que no habían apreciado más de lo normal. La tarde a pesar de frio, parecía brillante y llena de vida, quizás su entorno solo era reflejo de lo que ambos sentían en su interior.
Llegaron al departamento de ella, Harry pagó al conductor, mientras Ginny bajaba del vehículo, un nudo en su interior se formó por la expectativa de lo que sucedería o por lo que su corazón esperaba que sucediera, aun era demasiado pronto para sentir esa ola de sentimiento y emociones que él le despertaba, pero ella sabía que toda esa carga de adrenalina, sueños y amor habían estado siempre con ella desde la primera vez que lo vio tantos años atrás, no sabía que pasaría y alejarse de él tras la tarde que habían compartido parecía insoportable. Ginny no quería alejarse de él, de ese nuevo Harry que había crecido y madurado, recolectando a su paso experiencia, madures y cierto grado de libertad.
Harry la acompañó a la entrada del edificio, su corazón latía desbocado, quería besarla y no dejarla jamás, una pequeña parte dentro de él tenía miedo de la rapidez y la fuerza de sus sentimientos, pero eso siempre sucedía con Ginny Weasley. Ella tenía el don de despertar el mounstro que habitaba dentro de él, que rugía por salir y tomar lo que alguna vez fue suyo.
No se atrevió a subir los tres escalones de la entraba del rustico edificio que los separaban y ella entendió a la perfección, despedirse ya era difícil.
-Gracias Harry – Dijo Ginny, se sentía nerviosa y tonta a la vez, apenas y le daría tiempo de cambiarse para llegar puntual al hospital y ahí estaba ella no queriendo alejarse del hombre de sus sueños.
-¿quieres ir al cine mañana… conmigo? – invitó Harry quien parecía tan ansioso como ella por prolongar la continuidad de su compañía.
Estaba nervioso, le dolía el estomago por la espera de su respuesta, quizás esas actividades muggles a ella no le llamaban la atención, pero que otra opción tenían, en el mundo muggle ellos solo eran Harry y Ginny, y no el salvador y la sanadora, en ese mundo alejado de la magia ellos solo eran unos jóvenes tratando de alcanzar sus sueños.
-Mañana es la reunión Weasley… no puedo faltar…
-oh…
Ginny escuchó la decepción en su voz y odiaba provocar tal tono, pero las reuniones Weasley se hacían los lunes, ya que era el único día en que la mayor parte de la familia podía escapar de los compromisos y tener un convivio familiar. Sobre todo Ginny, quien era la que no podía faltar, ya que ese cambio en la programación de la reunión se hacía principalmente por ella, ya que los lunes era el día libre de la menor de los Weasleys.
-Tal vez después… yo puedo buscarte después… o quizás…
-Me encantaría – interrumpió ella.
-¿sí?
-Si-
-Bien… yo entonces me tengo que ir... si…
-Harry… Feliz San Valentín. – Dijo Ginny con una sonrisa que provocó reacciones incomodas en el cuerpo de él, el deseo que sentía por ella llegó como un tornado a toda velocidad que lo envolvía y lo perdía en el anhelo de la pasión.
Se acercó a ella quien estaba un escalón arriba del de él, hasta quedar en el mismo peldaño, causando de nueva cuenta un contrate en sus estaturas, se inclinó un poco hasta que su rostro quedó lo suficientemente cerca del de ella. Ginny juró que la besaría, era el momento que había esperado por años, volver a sentir sus labios sobre los de ella, inclinó la cabeza hacia él esperando lo que sucedería, podía escuchar su corazón latiendo en sus tímpanos. Fuerte, con ritmo, retumbando desde su pecho. Todo esto sucedía tan deprisa de una forma natural que podían dejarse llevar por el momento y conseguir lo que ambos deseaban.
Harry la besó en la comisura de los labios, apenas un ligero rose que detuvo el corazón de Ginny, por la desilusión, por la expectativa o por la impresión, no supo distinguir que lo detuvo pero la hizo sonreír.
-Feliz San Valentín – susurró Harry en su mejilla al tiempo que depositaba un ligero rose con sus cálidos labios en la misma.
Él sabía que si no se alejaba en ese momento las cosas se saldrían de control y aun ambos tenían que asimilar lo que estaba sucediendo entre ellos. Esperó a que Ginny entrara a su edificio, se despidió con un ligero adiós con su mano, aquella que podía mover y ella le respondió del mismo modo, ambos con sonrisas tan calidades y radiantes como ellos se sentían.
Sin duda había sido el mejor San Valentín de sus vidas, donde se retoma el camino que años atrás debió ser, alguien una vez dijo por ahí que "las cosas pasan por una razón", quizás en esa ocasión, en ese día de san Valentín, esa persona tenía razón.
Harry con el paso de los años, había descubierto que muchas veces las metas y los sueños pueden cambiar o simplemente la voluntad se esfuma durmiendo anhelos que ya no se vuelven a encontrar. Los miedos, las desilusiones y los errores, siempre entorpecen o cambian el rumbo de nuestras decisiones y por consiguiente de nuestro camino en la vida. Pero en menos de 24 horas Harry Potter podía decir que muchas veces los sueños se hacen realidad.
Nos vemos pronto. espero que no cansaran de leer!
Y dejenme saber que piensan!
Saludos. Karla "Huesos"
