Título: Mobbed up
Pairings&characters: Lucaya (MUY OOC)
Género: suspense, crimen, gangster
Rating: T
Resumen: "Prefería sopesar mis posibilidades antes de dar el paso." "¿Y pensaste que tenías muchas posibilidades?" Su voz tenía un tono venenoso. "No. Pensé que ibas a rechazarme." Él dijo. "Aún así, ya he hablado contigo
mucho más que los demás tíos, así que creo que he conseguido mi objetivo."

El habla reinaba el lugar esa noche, la banda estaba dándolo todo, los camareros iban yvenían entregando bebidas y llevándose vasos vacíos, lagente reíafuriosamente.

Lucas se recostó en su silla, observando a su alrededor con una ceja levemente alzada. No estaba especialmente interesado en divertirse esa noche, aunque algunas de las chicas más atrevidas no pararan de echarle miradas.

Pero no.

La razón de su interés se encontraba en la barra del bar.

Incluso sin haber visto su cara, él ya sabía que era la persona más bonita del mundo. Ella había estado allí todas las noches que él había estado en el bar. Siempre se sentaba en el mismo taburete. Siempre pedía un vaso de whiskey. Siempre declinando
las propuestas que algunos hombres le hacían. Era misteriosa de una forma que hacía pensar que era inalcanzable.

Él la observó, a la preciosa y pequeña rubia. Piernas kilométricas que acababanen sus tobillos cruzados delicadamente. Manos enguantadas sujetando su vaso. No llevaba puesta una boa de plumas, lo cual dejaba expuesta la piel de su cuello. Llevaba
un vestido blanco que le llegabapor las rodillas. Algo extraño era quesu largo pelo caía salvaje en ondas por su espalda, no como otras mujeres,que preferían llevar todo tipo de adornos en él. Se mantenía firme, con la barbilla en
alto y un aura que daba un toque precioso a sus facciones.

La mujer perfecta.

Era una pena que fuera a morir.

Lucas llamó a un camarero y dejó un par de billetes sobre la mesa cuidadosamente. El camarero los guardó con cuidado de no ser visto y se inclinó hacia él.

-¿En qué puedo ayudarle, señor?

-Dile a la banda que toque algún tango. Algo con un poco de sex appeal.

El camarero asintió y se fue a llevar a cabo su pedido. Lucas dejó su vaso sobre la mesa y observó atentamente, colocándose el traje y caminando hacia la banda. Cuando estuvo cerca de la mujer, se quitó el sombrero sacando de él una rosa para entregársela
a ella.

-¿Una rosa para otra rosa?

-¿Así que por fin has decidido acercarte aquí después de estos días observándome desde lejos?

-Prefería sopesar mis posibilidades antes de dar el paso.

-¿Y pensaste que tenías muchas posibilidades?

Su voz tenía un tono venenoso.

-No. Pensé que ibas a rechazarme. -él dijo. -Aún así, ya hehablado contigo mucho más que los demás tíos, así que creo que he conseguido mi objetivo.

Ella dejó su vaso sobre la mesa y se giró, prestándole atención por fin, con una ceja alzada en señal de diversión. Lucas sintió escalofríos en su espalda. Sus labios rojos se curvaron en una sonrisa malévola. Sus ojos eran de un seductivo azul y gris
tormenta, llenos de travesuras y secretos, y la diversión en ellos estabacasi oculta por algo siniestro. Era joven, quizá más o menos de su misma edad, pero la forma en que sus ojos brillaban le hizo pensar que había experimentadomucho
en muy poco tiempo.

Era absolutamente preciosa, tanto que te dejaba sin aliento.

-Qué encantador. Has llamado mi atención. ¿Qué es lo que quieres?

-¿Bailamos?

La chica escuchó la obra que tocaba la banda con una suave sonrisa.

-Con que tango americano… Ha pasado mucho tiempo desde que no bailo eso.

Ella puso con gracia su mano enguantada sobre la del chico, dejando que este la guiara a la pista

-¿Has bailado esto alguna vez? -preguntó ella, fijando sus ojos a los de él y comenzando a moverse al ritmo de la música.

-Nunca con alguien tan preciosa como tú.

La peligrosa sonrisa asomó en sus labios otra vez.

-Eres mono. ¿Sueles bailar?

-Nop. -él sonrió- ¿Desilusionada?

La chica canturreó divertida.

-¿Dónde aprendiste?

-Un viejo amigo me enseñó. -él la hizo dar una vuelta, observando cómo las ondas de su pelo volaban, para después traerla de nuevo a sus brazos y pegarla a su pecho- ¿Y tú?

-Mi madre. Antes de que… muriera.

-Te enseñó bien. -Lucas dijo, manteniendole la mirada.- Eres una bailarina adorable.

Ella le sonrió con diversión y le permitió darle otra vuelta más, la cual les dejó mirándose cara a cara. Ella lo observó curiosa, con su cabeza ladeada un poco y palabras no dichas colgando en sus labios.

Lucas alzó una de las manos que sostenía la suya ligeramente para darle otra vuelta. Era una muy buena bailarina, la forma en quesus brazos y piernas se movíanera elegante y ella era, sobretodo, cautivadora. Mejor que cualquier otra mujer
con la que había bailado anteriormente. Todas las miradas estaban en ella: la extraña rubia con preciosos ojos y peligrosa sonrisa. Ella sevolvió hacia él, sonriéndole.

Lucas sabía que estaba siendo él quién dirigía el tango. ¿Pero por qué sentía que ella le estaba dirigiendo a él? Se dió cuenta por la forma en la que le hablaba. Autoritaria y casi masculinamente. No podía evitar sentirse como si no tuviera ni una pizca
decontrol en aquella situación.

-No eres de por aquí, ¿verdad? -preguntó como si chorreara miel por sus labios. Ladulce perfección.

Él estaba un poco sorprendido.

-¿Tan fuerte es mi acento?

-No, es sólo que sé diferenciar hasta el más mínimo acento en la voz de alguien. ¿De qué parte del sur eres?

-Texas. -él respondió, aunque hacía como una década que no iba por allí. Ni siquiera recordaba como era la granja de su padre.

-¿Texas? -le preguntó, algo sorprendida- Estás realmente lejos de allí.

-Supongo. ¿Tú eres de por aquí?

-Nací en Nueva York. -y su sonrisa creció- Pero eso ya lo sabías, ¿me equivoco?

Lucas casi se tropezó al dar el siguiente paso, pero recuperó la compostura.

-¿Por qué crees eso?

-Juguemos a un juego. ¿Quieres?

Y la música aumentó el ritmo dramáticamente. Ella hizo con la mirada que Lucas le siguiera el ritmo, acomodándose a la nueva música.

-Una chica está sentada en la barra de un bar, tomándose un buen whiskey cuando un hombre se le acerca, invitándola a bailar. -ella se dió la vuelta entre los brazos del chico, haciendo que su olor a jazmín invadiera las fosas nasales de este.- ¿Qué le
responde?

Lucas frunció el ceño.

-Dice que sí.

-¡Por supuesto! -rió angelicalmente.- Es un chico fuerte y joven. Muy encantador y guapo.

Él colocó su mano en la cintura de la rubia. ¿Estaba acaso riéndose de él? No sabría decirlo con exactitud.

-Así que ella baila con él. Y se lo pasa muy bien. Pero… el hombre no es cuidadoso. El hombre piensa que la chica no es consciente del cuchillo en su bolsillo y la pistola escondida en su chaqueta. -los ojos de Lucas se abrieron y se clavaron en los de
ella, alarmado.- Elhombre es estúpido.

Ya no estaba su cálida sonrisa. Ya no estaba la chispa en sus ojos. Estaba reemplazada por una fría y calculadora sonrisa. La fiesta estaba casi muerta para él a estas alturas.

-Siento ser aguafiestas, cariño, pero la fiesta ha terminado. -dijo ella, como si pudiera leerle la mente.

Lucas se separó de ella. Maya entrelazó la corbata del chico entre sus manos, haciendo que se agachara para que estuvieran a la misma altura. Se inclinó sobre él y le susurró muy cerca de su oído:

-Así que, Hee Haw… -susurró, soplando en su oreja- Vamos a teneruna pequeña conversación.

Y antes de que pudiera reaccionar, Lucas fue golpeado en la cabeza, y se desmayó en brazos de la chica.

Lo último que vió fue la mirada de Maya fija en él.

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Cuando Lucas despertó, no le hizo falta moverse para saber que tenía las muñecas atadas. Estaba sentado en la silla de una vieja oficina. Había un sonido constante de algo que parecía que golpeaba el suelo, lo que supuso que era una gotera.

Levantó un poco la cabeza, la cual le dolía aún un poco debido al golpe. La rubia estaba frente a él, con los brazos cruzados y un cigarrillo entre los dedos. A sus dos lados había dos hombres.

Sus labios se curvaron en una sonrisa, pero sus glaciares ojos le quitaban benevolencia al gesto.

-Por fín estás despierto. -la rubia chasqueó los dedos y uno de los hombres le acercó un cenicero. Dejó el cigarro ahí y sacudió sus manos, quitando los restos de ceniza que había en él- Has estado inconsciente un buen rato.

Lucas la fulminó con la mirada.

-¿Planeas matarme?

-Qué soso.

Ella se paseó hasta donde él estaba, paseando las puntas de sus dedos por su pelo. Se lamió los labios lentamente, con un aire en sus ojos algo enloquecido.

-Primero, voy a averiguar qué es lo que necesito de ti. -su tono de voz bajó, y habló muy despacio- Luego, te voy a cortar en pedacitos, arrancarte tus miembros uno por uno, echar metales ardientes en tus ojos y en tu cuello y destriparte. Por último,
te mataré.

Sus palabras eran como hielo fundido, colándose en sus venas y haciendo que su sangre fuera más rápido. Sus preciosos ojos azules ahora parecían los de una serpiente, calculadores y de depredador. Él no podía apartar la mirada.

-Esto es lo que va a pasar. Yo pregunto y tú me respondes.

Los ojos de Lucas se entrecerraron, retándola.

-¿Y si no lo hago?

-¿Si no lo haces? -repitió ella, con tonoaburrida- Tu tortura empezará antes. Empezando por esa preciosa cara que tienes. No creo que necesites los dos ojos, ¿verdad?

Lucas sabía que tenía que pensar en toda esta situación con inteligencia. Ella parecía el tipo de persona con un peligroso y sádico temperamento. Lo mejor sería hacer una jugada segura para que pudiera salir de todo ese lío.

-Vaquero, ¿quién te mandó aquí?

-No lo sé.

La chica alzó una ceja.

-¿No lo sabes?

-Soy independiente. Sólo hago el trabajo, no hago preguntas.

-Interesante. -ella parecía sorprendida- Así que hay alguien más que quiere a los Clutterbuckets hechos polvo.

Él la miró, sin mostrar ninguna expresión en su cara.

-¿Cómo has averiguado que yo soy de la familia?

-El que me contrató me dijo que tratabas mucho con Don Clutterbucket. Me dijo que tenía que quitarte de en medio. Yo solo pensé que serías su amante.

Ella se rió en voz alta.

-¿Amante? -habló con burla mientras trazaba con un dedo la línea de la barbilla del chico y la alzaba obligándolo a mirarla- Yo soy Don Clutterbucket. Aunque mejor dicho, Donna Clutterbucket.

Los ojos de Lucas se achinaron en señal de alarma y su expresión cambió a ser una de shock.

Desde que Lucas se mudó a Nueva York había escuchado historias sobre Don. La gente en las calles decían que el padre de Don le había abandonado cuando era pequeño, y que había sido adoptado por un atracador, que lo arrancó de los brazos de su madre. Él
vivió como una rata durante muchos años, haciendo algunos trabajos para pequeñas familias hasta que él empezó la suya propia, formada por sus amigos de confianza y algunos huérfanos. Los primeros miembros de la familia Clutterbucket tenían bastantes
territorios, los cuales dedicaron al alcohol y a crear casinos subterráneos. Don Clutterbucket era considerado una leyenda en todos los casinos del lugar. Conocido por su gran inteligencia, violencia, rencor y crueldad, nadie se atrevía a meterse
en líos con él. Todos le querían muerto, pero nadie nunca pudo encontrarle a él.

O mejor dicho, a ella.

La situación era increíblemente graciosa. ¿Aquella pequeña mujer, la cual parecía que iba a partirse en dos al más mínimo zarandeo, era Don Clutterbucket?

-¿Eres Don Clutterbucket?

-Justo en el clavo. Aunque formalmente, soy conocida como Maya Penélope Hart. -sonrió- Tenias una muy buena idea. Pero cometiste un gran error viniendo a atacarme a mi refugio. Me temo que la última persona que hizo eso no acabó demasiado bien.

Ella dio un paso hacia atrás, y Lucas pudo ver lo que había tras ella. Su vista se depositó en una puerta que había estado tras la muchacha todo el rato. Y entonces se dio cuenta de cuál era la fuente del goteo que había estado escuchando desde que despertó.

Allí había un hombre atado por ambas muñecas al techo. Aunque más bien era el cadáver de un hombre que estaba sangrando, que tenía el abdomen abierto y los intestinos colgando. Sus piernas estaban retorcidas.

-¿Le conoces? -preguntó ella.

Lucas había tomado alguna que otra copa con ese hombre en el pasado. Era un idiota al que le gustaba fanfarronear de todos los buenos trabajos que cometía. Había estado relacionado con diferentes familias, jugando con ellas y robándoles, y Lucas le había
advertido de que si no tenía más cuidado, algún día iba a tener un destino fatal.

-No. -Lucas mintió, apartando la mirada del cuerpo.

Ella le miró y después sonrió, llamando con un movimiento de mano a uno de los hombres que se encontraban con ella. El guardia se aproximó con un cuchillo manchado de sangre en las manos. Ella lo cogió, y se acercó a Lucas, apuntando con la punta del
cuchillo al cuello de Lucas.

La mandíbula de Lucas se tensó y sus ojos se entrecerraron. ¿Está era la parte en la que le torturaba? Él había sido torturado antes, así que podría soportarlo.

-Normalmente suelo deshacerme de la gente que quiere matarme. -ella se agachó para que las miradas de ambos estuvieran al mismo nivel- Pero me gustan tus ojos. Con determinación. Sin miedo. Intocables.

Lucas le sostuvo la mirada.

-¿Qué te parecería si te propongo ser un empleado mío? Únete a mi. Conviértete en un hombre de honor.

Ella cortó con el cuchillo las cuerdas que ataban a Lucas y le dio la vuelta al cuchillo, haciendo que el mango apuntara hacia él. Lucas movió sus muñecas, sin apartar la mirada del cuchillo. Sabía que lo que ella le estaba ofreciendo era un ultimátum.
Una oportunidad para sobrevivir. Él nunca había sido el tipo de persona que se ataba a una familia. Esa era la razón por la cual éll había trabajado como un hombre libre.

Pero quizá esta sería una buena oportunidad.

Había algo en esa mujer, algo que le intrigaba y le hacía querer unirse a su familia sobre todas las demás. Además, ¿cuáles eran sus opciones? Si rechazaba la oferta, se uniría al cadáver que estaba colgado.

Ascendió la mirada para encontrarse con los ojos azul hielo de la muchacha. En ellos se encontraba una advertencia. Ella le estaba dando una oportunidad, pero estaba claro que en el instante en el que el la cagara o la traicionara, ella lo mataría sin
pensarlo dos veces.

-¿Qué me dices, vaquero?

-Me llamo Lucas Friar.

Ella sonrió.

-Bienvenido a la familia, Lucas.