Nathaniel hechaba humos por las orejas, estaba tan decepcionado de si mismo; no podía creer el momento en el que cometió tal torpeza, y justamente con esa persona, ni en sus pesadillas mas rebuscadas imagino que aquello pudiese pasar, no cabía en él el asumir que había perdido la compostura por esa niña rica, aunque ahora mientras miraba el techo de su cuarto encontraba que esa era la única respuesta, aun así no admitiría el repentino arranque de celos. Aplastaba un bollo de papel en sus manos, el boceto que ahora odiaba de cierta rubia que lo sacaba de sus cabales, encesto el mismo recordando sus días en el equipo de baloncesto, con la promesa de que no le dedicaría un minuto mas de su tiempo, misma que tuvo que romper segundos después cuando su madre irrumpió en su cuarto.

—¡Nataniel Kurtzberg! ¡Volviste a hacerlo! —Grito con cansancio para luego resoplar—. Todavía tenia la esperanza de que quisieras rehabilitarte, ¡Me engañaste totalmente! —La ira y decepción en la voz de su madre era palpable—.

Él resoplo; —Bienvenida mama, realmente te extrañaba —Dijo con falso interés—. Pero como las otras 1800 veces que irrumpiste en mi cuarto no tengo una sola idea de lo que estas hablando.

—¿No tienes una sola idea de lo que estoy hablando? —Con incredulidad—. Así que no tienes idea de lo que estoy hablando —Afirmo—. Entonces explícame que demonios es esto, porque te aseguro que no es mío —La mujer tiro sobre él un sostén blanco con detalles en fino encaje—.

El pelirrojo sonrió, tomando el mismo en sus manos, sabiendo exactamente a quien pertenecía aquella curiosa prenda. Su madre por un momento se planteo el dejar sus regaños para otra ocasión ya que era la primera vez en mucho tiempo que lo veía sonreír de manera sincera, mas desestimo la idea, sabiendo que ella era débil ante ese gesto en el rostro de su hijo, por lo que cerro los ojos e intento volver al estado de animo que tenía momentos atrás. Sin embargo su hijo contra todo pronostico decidió echar un manto de calma sobre la situación.

—Obviamente es de una chica, aunque solo para que no te hagas ideas equivocadas y me comas la cabeza con tus planteos debo decirte que ella y yo no hicimos nada de lo que estas pensando.

La mujer inhalo y exhalo lentamente con afán de calmarse; —Entonces —Comenzó su enunciado entre dientes—. ¿Puedes explicarme que hacia esa prenda en el cuarto de lavado?

Él se encogió de hombros; — Francamente pensé que estaba entre las cosas que le entregue... Ella va a estar endemoniadamente enojada conmigo —Sonrió ante la expectativa de imaginar a aquella rubia avergonzada y enojada con él, realmente iba a disfrutar de aquello. ¿Quien dijo que no volvería a pensar en ella?, molestarla cada vez era mas tentador—.

Su madre fregó su rostro con sus manos, simbolizando su impaciencia; —Desearía que por una vez me dieses respuestas mas concretas... ¿Porque debiste heredar esa ambigüedad al hablar?

Su sonrisa maliciosa se dirigió a su madre; —Supongo que hasta en el infierno buscaba contrariarte, madre.

El rostro de la mujer palideció, su hijo en verdad había sonado como ese hombre del que se había librado años atrás, ¿Era eso tal vez su manera de recordarle que el adolescente llevaba sus genes?. Apretó con delicadeza el puente de su nariz, con la esperanza de que aquello calmase a ese repentino dolor de cabeza que amenazaba con atacarla en ese preciso instante; —Te lo advierto Nataniel. No volveré a dejarlo todo por ti, esta vez seras tu quien asuma las consecuencias de sus actos.

El antes mencionado rodó los ojos; —Como quieras mamá, ahora te pido un poco de privacidad, por favor —La mujer lo miro con desconfianza, él resopló—. Me obligas a ser asexual, por lo que no tienes que preocuparte, al menos de ello —Se acerco a la mujer y delicadamente mas con firmeza la guió hacia la puerta de la habitación—. Si no quieres saber como un adolescente mantiene su "asexualidad" ante el mundo, te recomiendo que salgas a dar un paseo.

Nathaniel admiro el horrorizado rostro de su madre, antes de cerrar la puerta tras de si, obviamente no iba a hacer nada de aquello, solo quería que la mujer tomara dos segundos para dejar de juzgarlo o al menos no hacerlo en su presencia. Tenia presente que su rebeldía adolescente fue algo mas pre-adolescente que otra cosa, sin embargo aquella mujer debía entender que si la torre Eiffel aun no estaba en llamas era meramente por que su temperamento se había calmado, quizás la actuación de niño bueno era menos acting de lo que él quería admitir. Espero pacientemente el sonido de la puerta de entrada cerrándose, luego tomo su teléfono y tomo una foto de la prenda de vestir sobre él, misma que envió al ultimo numero añadido en su lista de contactos.

"Mira lo que encontré... ¿Debería llevarlo mañana y colgarlo junto a la bandera?"

La respuesta esperada fue automática; "¡No te atreverías!"

Sonrió ante la imagen mental de aquella chica en aquellos momentos; "Pruébame"

Las mejillas de Chloe se tornaron carmín, sus emociones estaban jugándole una mala pasada, su primer impulso fue el de arrojar el teléfono por la cornisa, mas aquello no resolvería el problema existente y aquel maldito pelirrojo seguiría con la realización de sus descabellados deseos, odiaba sentirse impotente como en este momento. Su teléfono recibió una llamada, otra persona pelirroja apareció en la pantalla, ella simplemente la ignoro y contra todos sus dictámenes escribió esas cuatro palabras que no creyó jamás saldrían de ella.

"¿Que quieres que haga?"

Nathaniel sonrió ante la tardía respuesta, dedujo que dado a la personalidad dominante de la chica aquello debió tomar demasiado de si, algo que le dio orgullo y extendió sobre él un manto de poder que no creyó tener antes sobre ella; "Tienes media hora, Place du Maréchal. No te atrevas a llegar tarde... y no vistas como mojigata"

"Que quieres decir con mojigata ¿Como te atreves?" Aun sin escuchar su voz podía deducir lo enojada que ella estaba en aquel momento y aquello le fascinaba.

"Te odio"

"Créeme es reciproco"

Chloé no tenía tiempo para buscar algo adecuado menos si pretendía librar la distancia que el chico había elegido a tiempo. Miró en su armario e hizo lo que nunca había imaginado, sin meditar un momento en las prendas que tomaba encontró un pantalón, una remera y una campera, también optó por un par de zapatillas, mismas que estaban nuevas y en su caja, aunque el motivo real por el que las tomó fue que sabía exactamente dónde estaban. Se tomó dos segundos para verse al espejo; zapatillas de lona negra, jean raído en las rodillas, una blusa blanca con escote en "v" y una campera símil militar. Si le preguntarán ella negaría tener aquellas ropas que distaban tanto de su personalidad, más ella sabía que aquellas eran las prendas que le gustaría usar si no tuviese que aparentar la mayor parte del tiempo. No había tiempo para peinarse por lo que dejó que su cabello cayera suelto sobre sus hombros. Observo el mensaje viendo que había perdido 10 minutos llamo a un Uber mientras huía por la escaleras de incendio, no había necesidad más no quería poner excusas en la recepción del edificio, los empleados del lugar se preocupaban por ella más que sus propios padres.

Cuando llegó a la acera el auto esperaba por ella, subió sin poner excusa alguna y le ofreció el doble de dinero si reducía el tiempo del viaje a la mitad, el hombre al volante acepto gustoso. Finalmente llegó al punto indicado con tres minutos de sobra, no admitiría que se sintió aliviado al ver el tiempo en la pantalla de su celular, así como tampoco lo haría con los nervios y la inseguridad que la embriagaba al estar en un lugar como ese a altas horas de la noche.

Solo a un imbécil se le ocurriría citar a una chica casi a medianoche, penso. Y solo una idiota asistiría. Se contesto a si misma.

Minutos después una moto en tonos oscuros aparcó a unos metros de ella, quien no pudo evitar mirar en su dirección, claro está pensando en cuál sería la manera más adecuada de huir.

Nathaniel tomó sus llaves después de enviar aquel mensaje, cerró la puerta de su cuarto con llave no sin antes abrir su ventana, ya que por allí ingresaría luego de cometer su travesura nocturna. Se dirigió al estacionamiento, bajo el aparcamiento 215 guardaba aquella preciosa motocicleta que su madre odiaba, se aseguro de tener dos cascos, no quería tener un accidente como el de hacía dos años atrás, esta vez se aseguraría de ser cuidadoso. Se aseguro de no encender la motocicleta hasta estar lo suficientemente alejado del edificio, por si su madre pudiese estar por los alrededores, suficientes problemas tenía con ella ya. Principalmente desde que había decidido dejar de confiar en él. Se dirigió al punto de encuentro asegurándose de tardar lo suficiente para que aquella rubia llegase, sorprendiéndose gratamente cuando la vio allí, asustada, esperándolo. Sonrió con malicia y se acercó con el vehículo hacia allí.

La rubia temblaba en cuanto la motocicleta se acercó a ella. Un tatuaje en su muñeca derecha fue lo único que ella pudo ver, más cuando la luz solo parecía iluminar aquello, grito por el mismo pánico y el hombre frente a ella rió efusivamente.

—Me sorprende tu puntualidad —Expreso el conductor con sorna—.

Aquella voz aunque amortiguada era reconocible para ella, en ese momento quiso golpearlo; —¡Eres un idiota!

—No más que tú —Quitandose el casco que cubría su rojizo cabello, peino el mismo varias veces con sus dedos hacia atrás—. ¡Ponte esto! —Instruyo con frialdad arrojandole el casco—. A menos que quieras quedarte aquí y aceptar mí castigo.

La rubia bufó con impotencia, existían miles de razones por las que no quería seguir al chico más solo una para hacerlo y por esa misma lo obedeció; —¡Listo!

—Perfecto princesa.

Aquella palabra sonaría dulce si no fuese que él usaba una forma tan despectiva al decirla; —Y ¿ahora que?

Nathaniel sonrió y el corazón de la chica se saltó dos latidos; —Es obvio, ¡vienes conmigo! Y haz el favor de tomarte fuerte, no tengo ganas de recogerte de la calle.

Chloé vaciló al encontrarse abrazando las espaldas del chico, él se aseguro que sus manos estuviesen firmemente sujetas reprimiendo aquellos recuerdos que lo instaba a querer besar sus manos, la rubia tras de si no era ella. Repitió esa misma frase muchas veces en lo que duro el recorrido.

Se detuvieron en un bar, donde aparcó la moto y descendieron, Las piernas de Chloé temblaban por esta nueva y aterradora experiencia. Nath abrazo su cintura y susurro a su oído; —¡No te alejes!

El lugar era bullicioso, oscuro y apestoso, ya que tanto las paredes como el aire parecían expeler aroma a tabaco, Chloé resistió el impulso de cubrir su nariz, acto que realizó en realidad porque Nathaniel la sostenía contra si pasando su brazo sobre sus hombros, imposibilitando el mover su mano derecha y tomando la izquierda en su mano.

—¿Sabes que la venta de alcohol a menores es ilegal? —Susurro Chloé al oído de Nath—.

—Y por ello tú no consumiras una sola gota de alcohol —Dijo este besando su hombro—. Aquí eres mí novia, no quiero que nadie me moleste.

Ella pensó en negarse más antes que pudiese decir algo una mujer de curvas pronunciadas y largo cabello azabache se acercó a ellos; —¿Quieres divertirte un poco Nath? —En tono sugerente mientras enredaba sus dedos en el largo cabello del chico—.

Chloe bufó con enojo, ¿Acaso la mujer no veía que él la estaba abrazando?. Nath soltó su mano para intentar alejar a la mujer o eso es lo que pensó, más él no hizo ningún movimiento ¿Será que esperaba que ella lo hiciese?. La rubia tomó la mano de la mujer y la alejó del cuerpo del chico, la mirada en sus ojos se tornó fría; —Es mejor que no toques aquello que no te pertenece —Sosteniendo la muñeca de la misma con fuerza—.

La mujer se libró del agarre sobre ella y rió con sorna; —¿En verdad crees que una niñita como tú puede suplir las necesidades de alguien como él? ¿Qué piensas darle que yo no pueda?

Chloe enfureció más ante el tono usado por la mujer; —Tienes razón hay muchas cosas que puedes darle y yo no... Como enfermedades de transmisión sexual.

El rostro de la mujer se llenó de ira y está dirigió su mano hacia la mejilla de Chloe, misma que nunca llegó a tocarla ya que el pelirrojo la detuvo; —No te atrevas a tocarla Céline —Advirtió Nath con tono firme—. y ¡Déjame en paz de una vez por todas!. —Miro a Chloe de una irreconocible forma, misma que ninguno de los dos se atrevió a admitir—. Mí novia es muy celosa y yo haré lo que sea para protegerla.

Nathaniel acercó su rostro deteniéndose a milímetros de sus labios, fingiendo que la besaba y aprovechando la intimidad proporcionada por esa cortina de cabellos. Sonrió centrándose en sus ojos, mismos que parecían atrapados en un torbellino. Él sabía que podría divertirse con esa rubia.