IRRESISTIBLE ATRACCIÓN
~Owari no Seraph fanfic ~
Advertencias: Relación chico x chico (oséase shonen-ai /yaoi).
Pareja: MikaxYuu.
Disclaimer: La historia y personajes de Owari no Seraph no me pertenecen, son de Takaya Kagami y Yamato Yamamoto. Sólo hago uso de éste universo con fines de investigación, jaja ok no...sólo por entretenimiento y llenar ese vacío que dejan en mi corazón algunas situaciones oficiales del manga/anime.
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Capítulo 3
A través de las ventanas de las escaleras se vislumbraba el cercano amanecer, podrían ser alrededor de las seis de la mañana.
Un suave y delicioso aroma inundaba sus sentidos al cruzar del comedor a la cocina de la mansión. Mika se encontraba frente a una gran estufa y de espalda a la puerta por la que estaba entrando el pelinegro.
El rubio se dio cuenta y de inmediato se giró para recibir a su querido invitado. Lo observó por un segundo, el azabache lucía bien con esa camisa roja remangada y abierta de los botones sobre una camiseta negra, a juego con un pantalón café con bolsas a los costados y botas cortas. Se alegró al darse cuenta que no había errado tanto con la talla.
—No esperes mucho, ha pasado tiempo desde que cociné algo—mencionó el ojiazul mientras levantaba un cucharón.
—Si sabe como huele no me preocupa—se adentró el pelinegro a la cocina y echó un vistazo, como todo en la misión lucía también elegante. Había una atmósfera muy familiar, Mika no tenía la capa ni saco con los que lo había visto todo el tiempo, ahora sólo tenía una camisa negra igualmente doblada por las mangas como la suya.
—Oye Mika, ¿de dónde salió ésta casa tan bien conservada?—tenía que preguntar, con tantas cosas que pasaron a partir del virus era extraño ver construcciones en buen estado fuera de ciudades protegidas.
—Si buscas bien te sorprenderás de lo que puedes encontrar— respondió el rubio con tranquilidad.—Toma asiento Yuu-chan, la comida está lista—.
El azabache levantó una ceja ante esa respuesta, estaba empezando a dudar de lo que respondería a las demás preguntas que quería hacerle.
Yuu se sentó a la cabeza del gran comedor y Mika a su lado izquierdo. Como bien le había advertido el rubio, no era el mejor estofado que había probado pero tenía lo suyo, o tal vez era que tenía mucha hambre. Como fuera lo estaba disfrutando mucho.
El ojiazul había puesto su codo izquierdo sobre la mesa y había recargado la cabeza contra su mano. Observaba con detenimiento las reacciones del pelinegro, a pesar de que el azabache seguía siendo lindo, ahora tenía un toque varonil, inevitable debido al paso de los años.
—¿Y bien? ¿Crees que morirás por una fuerte enfermedad del estómago?—preguntó divertido Mika al cabo de un rato que había permanecido en silencio observando y dejando al pelinegro degustar lo que había preparado para él.
—Es lo más horrible que he probado en mi vida—respondió el ojiverde con el mismo tono sarcástico que usó el rubio al preguntar, levantando la vista de su plato hacia el chico junto a él.
Vio enderezarse al rubio y estirar su brazo derecho, posando la mano en su mejilla y acariciando con su pulgar la comisura de su labio. Abrió de más los ojos ante ese tacto y su mirada se cruzó con la del ojiazul.
El otro permaneció perdido en las esmeraldas, como si se hubiera detenido el tiempo, como si pudiera perderse para siempre en la profundidad de esa destellante tormenta en sus orbes verdes. Siempre había pensado que los ojos de Yuu eran lindos, pero ahora que ponía atención de ésta manera, tenían algo que lo atrapaban y aunque quisiera, no podía apartarse. Pasaron así un rato antes de que el azabache lo privara del hermoso espectáculo, desviando la mirada y haciendo un intento por girar el rostro al lado contrario. El ojiazul se dio cuenta de lo sugerente de su acción.
—Y-Yuu-chan, lo siento. Tenías manchada tu mejilla—se apresuró a explicar el rubio mientras alejaba su mano del rostro del chico. Se sorprendió de si mismo por sus actos, como si fuera algo natural invadir el espacio personal del pelinegro. El rubio agachó la cabeza y un incontrolable color carmín se apoderó de su rostro.
—A-aah, era eso. No hay problema, pudiste haberme dicho—le dijo al ojiazul aún sin verlo. Sintió tan penetrante la mirada de Mika, como si estuviera viendo a través de él, que no pudo seguir sosteniendo el contacto visual.
El pelinegro pasó el dorso de su mano cerca de su boca para limpiarse, justo donde el rubio había tocado. Así que se comportó de esa manera sólo por eso, no es como si hubiera esperado escuchar otra cosa, pero no sabía por qué otra vez se sentía extraño. Dirigió nuevamente la mirada hacia Mika y vio lo apenado que parecía.
—¡Hey! Ya te dije que esta bien, es una muestra de que en verdad sabe tan bien lo que preparaste que no me estoy conteniendo al comerlo— le dijo con una sonrisa tratando de animar al rubio.
—Yuu-chan...—susurró el ojiazul dirigiendo nuevamente la vista al chico.
—Por cierto, ¿tú no vas a comer algo?—preguntó el azabache con normalidad.
El rubio volvió a tensarse y Yuu rápidamente se arrepintió de soltar esa pregunta.
—L-lo siento Mika, yo...—trató de excusarse. ¿Cómo pudo olvidar "eso"? Si era el motivo por el cual estuvo tratando de leer tantos libros por varios días para encontrar alguna solución.
—A éste paso creo que sólo vamos a estar ofreciendo disculpas a diestra y siniestra—el rubio suspiró y su semblante se volvió melancólico. —Tampoco te preocupes Yuu-chan, no tienes la culpa de nada, me agrada que olvidemos por un momento lo que ahora soy—agregó.
—En verdad creo que podemos encontrar la manera de que vuelvas a la normalidad—comentó el azabache mientras volvía a su tarea de acabar con el estofado que aún tenía a medias.
Yuu se había vuelto optimista, después de todo, en un mundo al borde del fin, es mejor tener la satisfacción de haber peleado que esperar sentado a que todo termine.
—Al menos hay más probabilidades ya que no me he convertido completamente en vampiro, aún no he probado sangre humana—soltó el rubio, no es como si necesitara esconderle cosas al ojiverde, de hecho, confiar el uno en el otro sería lo mejor.
—¿En serio? ¡Ah! Entonces cómo es que...ehh...—eso era una buena noticia, pero no sabía cómo preguntarle al rubio entonces cómo era que se alimentaba sin hacerlo sentir incómodo.
—Yuu-chan, el que no bebiera sangre humana no significa que no hiciera algo repugnante para mantenerme con vida. Muchas veces pensé en darme por vencido y sucumbir ante la necesidad de tomarla, pero quería encontrarte sin haberme convertido por completo en un monstruo—explicó con pesar el rubio. Sabía lo que representaban los vampiros para el azabache, ellos habían matado a su familia, hasta él mismo los odiaba a pesar de haberse convertido en uno de ellos.
—Mika...yo...siento haberte dejado sólo, si me hubiera quedado en ese momento tal vez ahora también sería un vampiro y compartiríamos juntos la carga —se sintió impotente ante todo por lo que tuvo que pasar el blondo.
—No lo vuelvas a mencionar, por supuesto que preferiría mil veces pasar por lo mismo a que tú te convirtieras en lo que más odias—el rubio tomó con delicadeza la mano del azabache que aún reposaba sobre la mesa. —Al menos valió la pena la espera, ya que estás bien—agregó, entrelazando sus dedos con los ajenos.
—Mika...—apretó el agarre que mantenían sus manos. Si él hubiera sabido sobre la posibilidad de que el rubio siguiera con vida, estaba seguro que también hubiese anhelado el momento de volver a encontrarlo.
—Aaahh..., qué te parece si vamos a dar un pequeño paseo por el jardín y después te devuelvo tu espada, debes sentirte más seguro con ella—suspiró y propuso el ojiazul con una sonrisa, tampoco le gustaba ver tristeza en el rostro del azabache. Sin esperar su respuesta y sin soltar su mano, se puso de pie y lo jaló.
—¡Oye! No tienes que llevarme así —se quejó el ojiverde, aunque no por ello soltó la mano que lo sujetaba con firmeza. Sonrió para si mismo, era como antes, Mika arrastrándolo o decidiendo por él.
Estando en el jardín se dio cuenta que era más grande de lo que parecía desde la habitación. Aunque un poco descuidado había árboles, varias clases de flores y enredaderas. El cielo azul rojizo de la mañana, la vegetación y el aire fresco, lo hacían sentir muy bien. Tenía tiempo que no se había dado la oportunidad de disfrutar de la naturaleza.
Se adentraron en silencio al jardín, siguiendo el camino que trazaban algunos arcos metálicos cubiertos de enredaderas. Yuu soltó la mano del blondo, salió del camino y se adelantó hasta quedar cerca de un árbol.
—Dime Mika, el sol es un problema para ti?—preguntó curioso el pelinegro, dándole la espalda. Aunque los rayos de sol de la mañana aún eran débiles, y a pesar de haber visto a muchos vampiros antes, había leído varias cosas sobre ellos pero no estaba del todo seguro si era cierto o no.
—Mmh...realmente no. Sí es un poco molesto, pero no es algo por lo que vaya a morir como en los cuentos—sonrió ante esa pregunta.
—No te burles, claro que he visto vampiros durante el día, sólo quería saber si te molestaba—el azabache se dio la vuelta, arrugando el entrecejo en claro disgusto por lo que seguro estaba pensando Mika sobre él.
—Je, lo sé Yuu-chan, a veces suenas algo inocente—ahora se había atrevido a reír ante la reacción del ojiverde. —Aunque si me pides ir a dar una vuelta a medio día en verano tendría que negarme—agregó acercándose hacia donde se encontraba el otro chico.
—¿Inocente? Claro que no, no soy un niño—siguió quejándose.
—Lo sé, pero eso no te quita que tengas algo de inocencia—le dijo mientras se acercaba al azabache y alborotaba sus cabellos con la mano.
Mika estaba a punto de darse la vuelta y volver al camino, pero el pelinegro lo tomó por el brazo, lo jaló haciéndolo perder el equilibrio y terminó por caer de espalda al suelo. El ojiverde que permaneció junto a él con una rodilla flexionada y otra apoyada en el pasto, veía al rubio desde arriba.
—¿Yuu-chan?—
—Mika...qué te parece si nos tomamos el día de hoy. Hay cosas que quiero saber y tal vez tú también las tengas, pero me gustaría que al menos una vez en nuestras vidas podamos relajarnos —propuso con una sonrisa mientras él mismo se tendía también sobre el pasto, a la izquierda de Mika, y cruzaba sus brazos por atrás de su cabeza. —Acabo de pensar que así me imaginaba nuestra vida al salir de la ciudad de los vampiros—continuó girando el rostro para ver al rubio. Sabía que sus amigos estarían preocupado por él, pero quizo permitirse ser egoísta por ésta vez.
El ojiazul había seguido los movimientos del azabache y también volteó a verlo algo contrariado. Por un momento pensó que había hecho enfadar al otro chico y por eso lo había llevado al suelo.
—Te pregunté lo del sol porque me pareció buena idea quedarnos un rato aquí, y si es bajo la sombra del árbol sería mejor para ti—aclaró el ojiverde. Dejando de lado que en ocasiones se sentía raro, estar al lado de Mika lo hacía sentir bien.
—Yuu-chan...tienes una extraña manera de convencer, pero está bien, yo también imaginé algo parecido viviendo juntos—coincidió mientras giraba el rostro hacia arriba y cerraba los ojos, dejándose llevar por la suave y relajante caricia del viento.
Pasaron un rato así en silencio. Yuu había estado observando como se removían las hojas del árbol al viento, el revoloteo de algunos pajarillos cerca de unos arbustos, como poco a poco el sol cobraba intensidad y a ratos se opacaba por alguna nube pasajera. Giró los ojos para ver a Mika y se dio cuenta que aún seguía con los ojos cerrados, con una mano sobre el estomago y con una respiración lenta y acompasada. Parecía dormido, entendiendo que lo estuviera ya que seguramente desde que se habían encontrado ésta vez, había permanecido alerta y sin descansar por cuidar de él.
Quizo verlo mejor. Primero se enderezó sobre sus codos, después al ver que el rubio permanecía igual, se sentó girándose de medio lado en dirección a Mika. Se apoyó en su mano derecha y se inclinó para verlo más de cerca.
Su sedoso cabello blondo se enredaba con el verde pasto bajo él, su piel parecía un poco más pálida de lo que recordaba y las pestañas que guardaban los zafiros eran largas y abundantes. Podía recordar la mirada penetrante que le había dedicado hace poco con esos nuevos ojos de pupilas rasgadas, diferente a la mirada amable que solía dedicarle cuando eran niños. Se sintió incómodo al recordarlo, aún así bajó un poco más la vista por su rostro y se detuvo en sus labios ligeramente entreabiertos.
Los observó detenidamente. Se veían suaves, sabía lo suaves que eran ya que los había sentido en su cuello. Se ruborizó al recordarlo, pero... ¿qué sería sentirlos de diferente manera? "en un beso de verdad tal vez...".
Un cosquilleo recorrió su cuerpo, sintió como su corazón se aceleraba y una calidez aún más grande se apoderó de su rostro. Rápidamente se apartó y aún sentado dio la espalda al rubio que permanecía dormido.
No podía creer en lo que había pensado, Mika era su familia. El rubio era demasiado amable por su lazo fraternal, definitivamente no era atento con él por otra razón. Mika tal vez hasta se había comportado extraño con él por ser vampiro, recordando que ellos a veces cuando quieren o inconscientemente son atentos con sus presas para evitar que se resistieran.
No había querido aceptarlo, pero seguramente algo así era lo que pasaba y él lo estaba mal entendiendo, no es como si Mika hiciera cosas a propósito para hacerlo sentir incómodo o para confundirlo.
Subió ambas manos y jaló de sus cabellos. Tenía que tranquilizarse, no quería que el rubio lo viera así e intentara hacer preguntas que él no quería responder. Más bien, no sabría qué responder, ni siquiera podría mirarlo a la cara.
No quería que despertara. No quería que se diera cuenta de lo acelerado que estaba su corazón.
Continuará
—
Hola a todos, gracias por llegar hasta aquí. Les traje un nuevo capítulo exclusivo de éstos dos.
Ésto va lento pero seguro, al menos Yuu ya cayó, oh sí 3.
Tardé un poquillo pero ya saben, bendito verano.
