Hola,¿como están? Yo bien, si lo preguntan. Por lo tanto voy a subir hoy este y el capítulo 3 para ir adelantando. Aclarado esto continuemos.
Pareja: Yui y Shu
Advertencia: Lime.
Rt: "T" futuro "M"
Capítulo II
El beer pong puede causar un embarazo
Era un viernes por la noche y lo pasábamos de la forma habitual, en una fiesta de fraternidad con un montón de chicos universitarios borrachos y fanáticos por naturaleza de la fraternidad de mujeres. No entiendo cómo Liz logró arrastrarme a esto semana tras semana. Esta no era nuestra gente. Nuestra gente se encontraba en los dormitorios escuchando "The Darkside of the Moon" de Pink Floyd, y viendo El mago de Oz, mientras discutimos si la última temporada de la serie de Dawson Crew es o no a mejor. (¡Pacey y Joey por siempre!) No pertenecemos a la multitud de los niños mimados que creían que los préstamos estudiantiles tenían algo que ver con estudiantes de intercambio. A medida que nos dirigimos a un bar portátil en un lado de la habitación, pude escuchar a dos idiotas discutir sobre quién pagó más por su bolso Coach y quien se acostó con más chicos la semana pasada. Una de ellas afirmó que le avergonzaba haber llevado a la otra a la fiesta, ya que llevaba un par de Loubutin que eran "del año pasado". Estos eran los futuros líderes de nuestro país, damas y caballeros. Cristo, me sentía como si estuviera viendo una escena en vivo de "Heathers" (¿Te he traído a una fiesta de Remington y me lo agradeces así? Eso es una alfombra en el pasillo. Fue compensado con vomito). Afortunadamente Liz me interrumpió antes de que le diera a una de ellas un vaso con líquido del escurridor.
—Oooh ¿qué hay de ese? Es lindo. Y tiene buenos dientes —anunció con entusiasmo cuando inclinó la cabeza hacia un individuo con un chaleco que manejaba el barril.
—Jesús Liz, no es un caballo —gemí, rodando los ojos y tomando un sorbo de la cerveza tibia.
—Pero lo podrías montar toda la noche si juegas bien tus cartas —dijo con ese guiño espeluznante de vendedor de coches y un empujón en el hombro.
—Estoy preocupada por ti, Liz. Creo que pasas demasiado tiempo pensando en mi vagina. Estás secretamente enamorada de mí ¿no es cierto?
—No te hagas ilusiones —respondió distraídamente mientras examinaba la zona por más chicos—. Ahora que lo pienso, jugué para el otro equipo en la secundaria después de una de las fiestas nocturnas de los viernes de Tom Corry. Sin embargo, nunca pasamos la segunda base. Alguien golpeó en el baño en el que nos encontrábamos y de repente se me ocurrió que me gustaba el pene —reflexionó.
La miré de perfil como si tuviera dos cabezas. O su mano en una vagina. ¿Por qué descubro ahora que mi mejor amiga pasó por una fase de lesbianismo? Ahora cada vez que la mire, voy a imaginar a la mano-vagina. Una pequeña mano que se parece a una vagina que me persigue por toda la casa y me mira mientras duermo. La mano-vagina siempre está mirando. La mano-vagina te ve.
Liz miró sobre mi hombro y luego se inclinó más cerca. —Detrás de ti hay dos guapos que nos miran.
Rodé los ojos y suspiré ante el intento de Liz de ocultarse.
—Cinco dólares a que las bebidas gratis serán nuestras si jugamos bien nuestras cartas —dijo con complicidad.
—Liz, estamos rodeadas de barriles de cerveza y nos dieron un vaso de plástico cuando entramos. Estoy bastante segura de que la bebida es gratis —dije, levantando mi vaso rojo delante de ella como un recordatorio.
—Oh, cállate. Estás arruinando el momento. Si en este momento estuviéramos en un bar, nos comprarían las bebidas.
—Si fuéramos mayores de edad.
—Detalles —se mofó con un gesto siniestro de la mano-vagina.
Se acomodó el cabello y después bajó su camisa, por lo que mostró suficiente escote para cegar a un hombre.
—Liz, si estornudas se te va a escapar un pezón. Pon esas cosas en su sitio antes de que te saques un ojo.
—¡Están viniendo! —chilló, golpeando mis manos mientras trataba de bajar su camisa para sacar a las gemelas.
—Jesús, ¿hay un radiofaro direccional en esas cosas? —murmuré.
Sacudí la cabeza ante el asombroso poder de sus tetas—. Tus tetas son como un premio o recompensa al que levante más rápido su pene —murmuré mientras finalmente me giraba para echar un vistazo a quien venía. Estoy bastante segura de que, para un extraño, me parecía a Elmer Gruñón cuando vio a Bugs Bunny vestido como una chica y sus ojos se salieron de su cabeza y su corazón sobresalía por el frente de su camisa. Si la música no estuviera tan fuerte, sería capaz de escuchar—: ¡ARRROOOOOOGA!
—Hola, chicas.
Liz, no tan sutilmente, me dio un codazo cuando habló el que se veía como un jugador de futbol. Levanté brevemente mis cejas por la camiseta que llevaba, tensa contra los músculos de su pecho y leí: "No soy ginecólogo, pero voy a echar un vistazo." Mi atención se centró de inmediato en el chico de pie junto a él, con las manos en los bolsillos. La camiseta con las mangas subidas hasta los codos que llevaba, abrazaba su cuerpo muy bien y pude ver la sutil silueta de los músculos de su pecho y brazos. No eran nada en comparación con "Adicto a los esteroides" de pie junto a él, pero eran perfectos para mí. Quería que se diera la vuelta para ver cuán grande se veía su culo en los vaqueros gastados que usaba. A diferencia de muchos de los chicos de la universidad de por aquí, que pasaban por una especie de fase con el peinado de Justin Bieber, este chico mantuvo su cabello rubio, con lo suficientemente largo y con algunas puntas desordenadas. No era demasiado alto, ni bajo, era perfecto. Y... hermoso. Quería golpear mi cara por decirle hermoso a un chico, pero era cierto. Era tan bonito que quería tenderle una trampa y ponerlo en mi mesa de noche, pero no de una manera escalofriante, a lo Hannibal Lecter. Parecía aburrido, como si prefiriera estar en cualquier otra parte, excepto en esta fiesta. Antes de que pudiera presentarme y decirle que era mi alma gemela, alguien chocó contra mi espalda y me tambaleé hacia delante, golpeando con gracia en su pecho y derramando la cerveza a nuestros pies.
Santo infierno, olía bien. A chico, canela y un poquito de colonia que me dieron ganas de frotar la nariz en su camisa y respirar hondo. Muy bien, podría haber caído en el territorio espeluznante. No quería que comenzara a llamarme succionadora de camisa. Es un apodo que nunca desaparecería. Como mano-vagina.
Sus manos volaron de sus bolsillos y agarraron mis brazos para estabilizarme mientras estaba ocupada intentando no hacer un sonido vibrante y sexual en su camiseta y huir de la escena mortificada. Oí el sonido de una risa jactándose detrás de mí y me volví para ver que una de las "Heathers" era responsable de mi entrada graciosa en la vida de este chico. Resulta que chocar contra alguien es hilarante, y su gemela, igualmente ofensiva, se unió y participó señalándome y riendo. ¿Qué es esto, una mala película de adolescentes de la década de los noventa? ¿Esperaban que llorara y me fuera corriendo de la habitación, mientras que la música dramática sonaba sobre mi salida?
—Jesús, ¿cuál es tu problema, Heather? —dijo una voz masculina irritada.
Su risa se detuvo inmediatamente y miró detrás de mí en confusión. Giré mi cabeza y miré al chico con asombro, al ver que todavía tenía las manos apretadas contra su pecho y que podía sentir el calor de su piel a través de su camiseta delgada. —¿Acabas de citar a "Heathers"? —susurré—. Esa es mi película favorita.
Me miró y sonrió, el azul zafiro penetrante de sus ojos perforando un agujero a través de mí.
—Tuve un gran flechazo por Winona Ryder antes de todo el robo—dijo con un encogimiento de hombros, sus manos seguían envueltas alrededor de mis brazos.
—Mi nombre no es Heather —protestó una voz quejumbrosa detrás de mí.
—Guau, Winona Ryder —dije con un gesto de cabeza. Jesús, no tenía ninguna táctica. Estar cerca de un chico tan caliente convirtió en papilla a mi cerebro. Sólo quería oírle hablar otra vez. Su voz me hacía querer quitarme los pantalones.
—Tengo algo por las chicas inteligentes, raras y rubias —dijo con una sonrisa.
—¿Por qué me llamas Heather? Sabes que mi nombre es Niki —dijo otra vez la voz chillona detrás de mí.
¡Soy una chica rara, inteligente y rubia! ¡Yo, yo, yo, escógeme! ¿Y quién diablos sigue gimiendo y arruinando mi momento perfecto? Te lastimaré, puta.
—Um, ¡holllllaaaa!
El hombre de mis sueños rompió el contacto visual conmigo para mirar por encima de mi hombro. —Niki, tu voz está haciendo sangrar mis oídos y arruinándome la fiesta.
La oí resoplar y marcharse enfadada. Al menos creo que eso es lo que hizo. Seguí mirando a este chico y me preguntaba si era demasiado pronto para arrastrarlo a un dormitorio libre. Me miró y quitó una de sus manos de mis brazos para apartar de mis ojos el flequillo. La simplicidad de la acción y la facilidad con la que actuó me hizo sentir que lo había hecho miles de veces. Quería lanzarle con picardía a Liz una gran sonrisa cursi y un pulgar arriba pero se encontraba ocupada hablando con el amigo de este chico a unos metros de distancia.
—¿Quieres ir a llenar tu copa, tal vez jugar a un juego de beer pong o algo así?
Quiero agarrar mis pantalones, sacar mi virginidad, envolverla y ponerle un lazo. O tal vez empapelarla en una bolsa de regalo y dárselo, con una buena tarjeta que diga: "¡Gracias por ser como eres! ¡Un poco de virginidad para mostrarte mi gratitud!"
—Claro —le respondí con un encogimiento de hombros, fingiendo estar relajada. Es probablemente el mejor momento para hacerme la difícil. No quiero parecer demasiado ansiosa.
—Oh Dios, no te detengas —jadeé mientras me besaba el cuello y buscaba torpemente el botón de mis jeans. Después de cinco rondas de beer pong y horas de hablar, reír y estar de pie tan cerca de él que pronto se hizo imposible dejar de tocarlo, se me olvidó el significado de "difícil". Con una audacia que sólo podía lograr debido a grandes cantidades de alcohol, envolví una mano en su nuca después de perder la última ronda, lo jalé hacia mí y lo besé con todo lo que tenía, delante de la gente abandonada en la fiesta que todavía no se había desmayado en su propio vómito. Tomé su mano, lo arrastré por el pasillo y lo empujé hacia la primera habitación que alcanzamos. Tenía la esperanza de que Liz hubiera estado cerca para darme algún tipo de estímulo o indicador de última hora sobre lo que iba a hacer, pero desapareció después de que anunció que estaría dando pruebas gratis de papanicolao al final de la noche con su mano lesbiana aprobada.
Tan pronto como llegamos a la habitación oscura, nos atacamos mutuamente. Besos descuidados de borrachos, manos tocando por todas partes, chocando contra muebles al azar cuando tropezábamos y nos reíamos en nuestro camino a la cama. Tropecé con algo en el suelo que pudo o no haber sido una persona y caí de espaldas, por suerte en la cama, arrastrando al chico junto a mí. Aterrizó casi encima de mí y me dejó sin aire.
—Mierda, lo ssssiento. ¿Estás bien? —Arrastró las palabras mientras se levantó en sus brazos, quitando un poco de su peso.
—Sí, bien —jadeé—. Ahora quítate la ropa.
Estaba tan borracha que casi me reí cuando se quitó de encima junto con sus pantalones y bóxer. La luz de la luna que brillaba a través de la ventana del dormitorio, proporcionaba suficiente iluminación para que viera lo que hacía a pesar de que el alcohol corría por mis venas, lo hacía parecer como si estuviera en un carrusel. Empujó todo hasta sus tobillos sin doblar las rodillas, luego se levantó y se arrastró de nuevo a la cama. Afortunadamente, la minúscula parte de mi cerebro que no había sido tomada por la cerveza y el tequila, me recordó que no era una buena idea reírse de un hombre cuando se quitaba los pantalones. ¡Aunque era tan divertido! He visto un montón de penes, sólo que no a todo color y a dos metros de mi cuerpo. Esa cosa pegada y apuntando directamente hacia mí. Lo juro, en mi cabeza podía escuchar hablar al pene.
—Aaarrrggg, hola marinero. Por allá, hay una genial gran vagina.
Cuando estoy borracha los penes hablan como piratas. Es probable que sea porque Liz los llama serpientes de un solo ojo. Y los piratas llevan parches y sólo tienen un ojo y... Mierda, capitán Hookpenis se acercó. Probablemente debería centrarme.
Él se arrastró sobre mí y me besó, su amiguito chocando con mi pierna. Esta vez me hizo reír, apartando mi boca de la de él y riendo tontamente hasta resoplar. Estaba muy borracha, pensando en caminar por el tablón y había un pene que chocaba contra mi muslo en una habitación extraña que puede o no tener una persona muerta en el suelo. ¿Cómo no reírme como una colegiala con esa mierda? Él era consciente de mis convulsiones de risa mientras movía la cabeza hacia un lado y besó mi cuello. Y Jeeeeeeesús si eso no me había puesto sobria el tiempo suficiente para darme cuenta de lo bien que se sentía.
—Ohhhhh sssssssssí —gemí en voz alta, sorprendiéndome porque había vocalizado las palabras que daban vueltas en mi cerebro borroso, podrido por la labios se movieron hasta el lugar justo detrás de la oreja y cuando su lengua se deslizó suavemente sobre la piel, un cosquilleo que me sorprendió fue directo a entre mis piernas. Mis manos se movieron hacia arriba para agarrar su cabello y mantener la cabeza en su lugar.
No creí que algo de esa noche fuera a sentirse bien. Se trataba de quitar esta basura del camino, así que disfrutarlo era una pequeña ventaja que no esperaba. Después de unos minutos de hurgar en mis vaqueros, por fin pude desabrocharlos y deslizarlos por mis piernas, quitando mi ropa interior con ellos. Sus manos se deslizaron por los lados de mi cuerpo, tomando mi camisa hasta que se detuvo sobre mi cabeza y la tiró en dirección a los vaqueros. El coraje líquido reavivó el tiempo suficiente para que me quitara el sujetador y lo arrojara a un lado. El sonido del material chocando con la pared me hizo darme cuenta de que me hallaba acostada en una cama completamente desnuda, con un chico de rodillas entre mis piernas, que miraba hacia todo lo que tenía para ofrecerle. Oh, Dios mío. Esto está sucediendo. Estoy desnuda delante de un chico. ¿De verdad voy a hacer esto?
—Jesús, eres tan jodidamente hermosa.
¡Sí, la respuesta es sí! Si sigue hablándome así, puedo pegarlo a mi oído. Sus ojos recurrieron mi cuerpo y rápidamente se quitó la camiseta y la lanzó al otro lado del cuarto. Mis manos se extendieron automáticamente hasta su pecho para que pudiera tocarlo mientras se hundía encima de mí. Su pecho era duro y tenía la piel lisa. Toqué cada centímetro que podía alcanzar. Puse las manos alrededor de su nuca y lo jalé hacia mí y lo besé. Sabía a tequila y sol. A pesar de nuestros estados de ebriedad, disfrutaba de sus besos. Ahora que estábamos desnudos y en la cama, no eran tan frenéticos. Eran suaves y dulces y me hicieron suspirar en su boca. Levantó una de mis piernas y la envolvió alrededor de su cadera y pude sentir la cabeza de su pene directamente en mi apertura.
Oh mierda, esto es todo. Está sucediendo. Y ¿por qué estoy hablando conmigo cuando tengo mi lengua en la boca de alguien y está a punto de meter su pene en mí?
Oh, Dios mío...
A pesar de que estaba borracha como para no acordarme, todavía me acuerdo de lo que pasó después de eso. En menos de dos segundos estuvo dentro de mí y le dije adiós a mi virginidad. Quería que durara para siempre. Vi estrellas, me vine tres veces esa noche y fue la experiencia más hermosa de mi vida. Sí, claro. ¿Me estás tomando el pelo? ¿Has perdido tu virginidad últimamente? Duele como una jodida madre y es torpe y desordenado. Cualquier persona que diga que estuvo a punto de tener un orgasmo durante el acto, es un mentiroso de mierda. Las únicas estrellas que vi eran las que se hallaban detrás de mis párpados mientras los apretaba y esperaba a que se acabara.
Pero seamos honestos, esto era exactamente lo que esperaba. No es su culpa que no fuera nada del otro mundo. Fue tan dulce y suave como pudo estar, teniendo en cuenta la cantidad de alcohol que consumimos durante la noche. Los dos estábamos muy borrachos y perdí mi virginidad con un chico cuyo nombre no sé, porque no quería ningún tipo de distracciones y no tenía tiempo para una relación. Con mi virginidad fuera camino, podría centrarme más en la escuela y en mi carrera, y Liz dejaría de tratarme en cada fiesta como si fuera un mercado de carne. Ocurrió exactamente de acuerdo a mi plan. Es decir, hasta que mi periodo tuvo una semana de retraso y me di cuenta que me comí toda una hogaza de pan y siete palitos de queso, mientras me sentaba en la mesa de la cocina mirando el calendario y deseando haber prestado más atención a las matemáticas en la guardería, porque no había ningún jodido modo de que supiera contar bien.
