¡hola a todas(os)!, decidí subir el nuevo capítulo hoy. No sé si esta historia no ha tenido mucha recepción o si simplemente se debe a que hay solo un capítulo publicado, como sea, quiero seguir subiendo algunos más, si sigue teniendo la misma acogida decidiré si borro la historia. Durante la semana publiqué un One- Shot y realmente tuvo muchas visitas, eso me tiene muy feliz considerando que soy una escritora nueva. Ahora sin más preámbulos, el Capítulo:
Capítulo 2. Como vivir en 4 paredes.
No sabía cuantos días llevaba en la habitación. Por las veces que los elfos habían entrado a darle comida, pensaría que al menos 3. El primer día había muerto de aburrimiento, era una habitación muy grande, oscura y fría, todo lo que esperaba de alguien como el Hurón. Había una estantería de libros, lo que la hizo decidir en su segundo día de encierro que, si iba a ser un saco de boxeo, al menos debía poder pasar sus horas sola con alguna entretención, no importaba que hiciera igual él haría lo que quisiera con ella.
Al caer la noche del primer día, no supo si debía dormir en la cama o en el suelo, se veía mullida y cómoda y por Merlín que hace días su espalda no sentía un lecho como ese, sin embargo, el recordar a su dueño, su cuerpo sintió asco y aquel lecho que en principio parecía tentador, se tornó a sus ojos como una pila de estiércol, lo que término con su debate interno y la empujo a buscar el rincón mas abrigado de la habitación, justo en frente de la chimenea sobre un tapete que era mucho más cómodo que cualquier superficie donde hubiera dormido los últimos meses.
Y allí se encontraba ella, acurrucada en un sillón que había corrido para que mirará contra la ventana, con un libro a la mitad sobre su regazo, había descubierto que Malfoy tenía muy buen ojo para los libros, tenía una amplia variedad de literatura como: novelas, libros de historia y libros de diferentes áreas académicos. En esa ocasión había llamado su atención uno sobre historia de la magia del siglo I D.c.
Había tomado una rutina, despertaba y se duchaba, siempre había una camisa blanca igual a la anterior y sabía que aquello era obra de los elfos. Tomaba el desayuno y luego se sentaba a leer, tarea que solo abandonaba cuando tenía que volver a comer.
El cuarto día en la noche sintió la puerta abrirse y allí estaba su figura imponente. Ella se encontraba en la misma silla que había ocupado todos los días anteriores, decidió no tomarlo en cuenta y simplemente siguió leyendo.
Siglo I – él había arrancado el libro de sus manos y luego se lo había devuelto, fue extraño que no enfureciera al descubrir que lo había tomado – es una buena colección, de mis favoritas – vio como se quitaba su capa y desabrochaba los botones de su camisa para luego entrar al baño, al parecer estaba de buen genio.
Tiempo después, salió de la ducha con una toalla enrollada a su cadera, sus ojos detallaron al hombre, era fornido y fuerte, su piel era muy blanca lo que hacía posible que sus cicatrices se notaran con mayor facilidad. Bajo de nuevo su mirada al libro y olvidó que él estaba allí. Sintió un olor a cigarrillo que inevitablemente la hizo levantar de nuevo su mirada, volvía a estar sobre el alfeizar de la ventana, sus miradas se encontraron mientras de su boca salían bocanadas de humo.
¿Has fumado Granger? – su actitud la confundía, no respondió de inmediato, trato de analizar la situación y concluyó que no valía la pena, estaba allí y no había nada que pudiera hacer, quizá su mejor opción era tratar de mantener el ritmo que él marcaba.
Alguna vez, durante la ocupación – paso descuidadamente la página del libro, recordó aquellos fríos días, cuando perdió a su amigo Fred y cada parte de la orden se desintegró, todos intentaban sobrevivir.
Tiene un efecto calmante, ¿no lo crees? – pensó en ello sin levantar la vista, si, el aire quemado entrando a los pulmones tenía una especie de efecto aletargante que la alejaba de la realidad.
Quizá podría verse de esa forma- la simpleza de su respuesta se quedó en el aire unos minutos.
Hoy murieron muchos muggles, fue una excelente matanza – alzo su vista por primera vez hacía él, él por su parte miraba hacía el exterior, sus puños estaban apretados y su pecho oprimido, aquellas personas eran tan inocentes.
¿Cómo los asesinaste? – aquella pregunta lo hizo girar de inmediato la cabeza hacía ella, esperó cualquier cosa menos una pregunta de aquel talante, los ojos de la chica estaban cristalizados, pero ni una lágrima resbalo de ellos.
Bella creo un hechizo bastante peculiar – comento mientras seguía mirándola – se crean pequeñas cuerdas invisibles por todo un perímetro, cuando la gente huye asustada y se topan con una, estas cortan lo que este a su paso, hay mucha sangre – encendió otro cigarro y volvió su vista de nuevo al exterior.
Una lagrima solitaria escapó de los ojos de Hermione, aquello era sanguinario y detestable.
Siempre me he preguntado ¿Cómo se pudren las almas hasta llegar a convertir a los hombres en monstros? – su vista ahora estaba perdida en un punto de la pared.
Quizá los hombres son monstros desde que nacen y solo algunos logran encerrar eso dentro del alma, algunos simplemente quiebran las paredes que encierran su propia naturaleza –
Sea como sea, somos criaturas detestables - él se percató de que ella encerraba a todos los seres humanos dentro del mismo saco.
¿somos? – atinó a preguntar.
Sí, algunos en mayor o menor medida, pero siempre seremos seres detestables, yo alce mi varita en contra de un hombre y disfruté enormemente hacerlo sufrir, en aquel momento me convencí de que era él o yo y que definitivamente no iba a ser yo – noto que tenía toda la atención del rubio sobre ella y por alguna razón continuó, contando algo que nadie sabía – luego me di cuanta que no solo era yo, era mi sed por hacerlo sufrir. Comprendí que cada persona tiene un trozo de oscuridad y que siempre hay un elemento que explota y permite que se exteriorice – miró al rubio, su rostro no mostraba nada, simplemente estaba allí viéndola, en un ataque de valentía se acercó a el y tomó el cigarrillo de sus manos y dio una gran calada cerrando los ojos y disfrutando el humo en sus pulmones.
Eres una caja de pandora Granger – susurro mientras se levantaba la acorralaba entre su cuerpo y la pared, tomaba el cigarrillo, le daba una calada, para posteriormente apagarlo apretándolo contra el cuello de la castaña, la única reacción que él encontró fue un pequeño temblor en su cuerpo. Soltó la colilla que calló al suelo y vio la marca rojiza que ahora adornaba el cuello de ella, la imagen fue tan placentera que fue incapaz de no posar la punta de su lengua sobre ella lamiendo como si fuera la cosa más dulce al paladar.
Ella sintió como el se alejaba y tomo una gran bocanada de aire, descubrió que su cuerpo estaba tenso, y luego el ardor en su cuello le recordó la extraña situación que había acabado de vivir. Sin ganas de volver al libro se acostó sobre el tapete y cerró los ojos. Aquella noche no logró conciliar el sueño y sabía que, en gran medida, se debía a la respiración acompasada que rompía el silencio habitual de las noches anteriores.
A la mañana siguiente, abrió sus ojos cuando sintió cerrarse la puerta del baño y luego el sonido de la ducha, se acurrucó frente a la chimenea preguntándose como debía actuar en ese momento, tenía una rutina establecida que ahora parecía romperse con el retorno del rubio.
Vio al elfo domestico traer el desayuno como todos los días anteriores, esta vez había dos plazas, luego la puerta del baño se abrió y el vapor dio la entrada al rubio, quien se vistió como si ella no estuviera ahí, unos pantalones sueltos y una camisa a medio abotonar fueron lo que le indicaron que él no pensaba salir ese día de la mansión. Se sentó en la mesa mientras tomaba una carta que fue dejada por el elfo junto con el desayuno.
¿Acaso no piensas ducharte? – no sabía si aquello era una sugerencia o una pregunta – creí ser claro cuando te di instrucciones – aquello despejó su inquietud y automáticamente se levanto y se metió al baño, estaba a punto de cerrar la puerta cuando escucho de nuevo su voz – no la cierres – se detuvo un momento y decidió que aquel detalle no le arruinaría lo que más disfrutaba del día, una ducha, pues aquellos eran tiempos donde sentir el agua tibia correr por el cuerpo, era un verdadero tesoro.
Luego de la ducha se vio sentada frente a él tomando el desayuno, la situación era de lo más increíble, quién no supiera toda la historia diría que tenían una relación bastante amistosa. Decidió no tentar a su suerte y simplemente quedarse callada y comer, cuando terminó se levanto y fue al mismo sillón en el que todos los días se sentaba a leer y se alejó del mundo mientras se engullía en las paginas del ejemplar en sus manos.
Durante las siguientes horas solo escucho como una pluma se movía sobre un pergamino, aunque sabía que no estaba sola en la habitación, lo único que la hacía estar segura era ese ruido. Descubrió que sus ojos se sentían pesados probablemente por la falta de sueño, la ultima página había tenido que leerla 5 veces y, aún no entendía el sentido de esta. Bajo el libro resignada y suspiró, un reflejo la llevo a tocar la quemadura del cigarrillo que ahora adornaba su cuello, sintió unos deseos enormes de tener uno en la mano. Dejo el libro a un lado y contrajo sus piernas contra su abdomen y las abrazó, era un día soleado afuera, hace mucho no sentía el sol sobre su piel, estaba segura de que había olvidado la sensación.
Sintió unas manos correr su cabello y dejar al descubierto la quemadura, las yemas de los dedos del mortífago la bordearon y luego uno de ellos se hundió de lleno, sintió dolor.
¿duele? – preguntó mientras hundía y movía su dedo sobre la herida, ella decidió callar y seguir mirando al frente – ¿valió la pena la calada, Granger? – la pregunta la tomó por sorpresa y en una exteriorización de su demencia sonrió.
Cada momento – la brisa surcó por su ahora lastimada cicatriz y provocó un estremecimiento en ella.
Sintió como apretaban su brazo y la levantaban, se sentía mas liviana que un papel, y era la viva imagen de una muñeca de trapo, luego fue estampada de nuevo contra la pared y, la varita del rubio se enterró en su garganta.
¿Recuerdas el hechizo que sentiste luego del Crucio? – ella lo miró sin una pizca de nada en sus ojos, solo una mirada vacía.
Si.
Es una invención curiosa – vio una sonrisa aparecer en la boca del rubio – hay algo muy particular de ese conjuro, el placer en él no viene solo de los gritos exteriores de la víctima, radica mas bien en tener acceso a los fantasma que residen en el interior de ella – se alejó y la miró, ella no parecía asustada, ella solo estaba allí, era un ente más, como si no tuviera alma – uno de tus recuerdos me causó curiosidad y ahora mismo, quiero terminar la imagen – luego un rayo azul la impactó y volvió a caer en el piso.
No gritó, pero sintió cada rincón de su cuerpo quebrace, su mente recreó el momento en qué, por su culpa, por su poco cuidado habían matado a sus padres. Ella en contra de todos los concejos había ido a Australia donde los había enviado para protegerlos, cuando regresó a Londres, una lechuza negra llegó a Hogwarts, las fotos de sus padres carentes de vida habían roto su alma, la habían llenado de ira y la atormentaban cada noche. Sintió que el dolor ceso y se dio cuenta de su respiración agitada y sus mejillas mojadas, era un recuerdo muy doloroso que había matado una gran parte de ella.
Se levantó con dificultad y se lanzo contra el hombre frente a ella, alzo sus manos tratando de golpearlo y logro que soltará su varita y tomará sus brazos empujándola contra la pared, acorralándola.
Otro elemento particular de ese hechizo – dijo mientras sostenía sus muñecas con una de sus manos y posaba la otra en su cuello – es que muestra la esencia de la persona y tú Hermione Granger estas cubierta de oscuridad y sospecho que Potter no se despidió de ti, tú decidiste despedirte del él – ella lo veía con los ojos hechos una furia, él no sabía nada, intentó soltarse y solo logró que él la tomara por la cintura y clavara sus dientes en su cuello, un poco de sangre quedó en los labios de él y la imagen hipnotizó a Hermione, tanto que no se percato del dolor en su cuello.
Ella se quedo mirando su boca, la imagen la mantenía absorta, cuando sus manos quedaron libres del agarre no intentó golpearlo, solo levanto su mano derecha y coloco su dedo índice sobre el pequeño rastro de sangre, él por su parte la miraba fijamente sin perderse un solo movimiento de ella percatándose de lo que tanto la embelesaba.
¿A qué crees que sepa la sangre sucia? – ella lo miró mientras el tomaba la mano que aún tenía extendida a unos centímetros de él y lamió el rastro rojo, ella no dejó de observarlo en ningún momento, su mirada era oscura y profunda, y él descubrió que aquel liquido rojo lo llamaba poderosamente, soltó la mano de la chica y la tomó por la nuca acercándola a él, cuando la tuvo a menos de un centímetro, olio el liquido que emanaba de la herida causada por él y se percató de la respiración entrecortada de ella y de su pulso acelerado, lamió la sangre y la saboreó, aquello le producía una extraña sensación que lo empujaba a volver a morder y lamer para obtener más, ella tan solo se estremeció sin moverse, permitiendo todo aquello.
Unos golpes en la puerta lo hicieron alejarse y un Elfo informándole que se requería su presencia se asomó y de la misma manera se alejó, se quedó mirando a la chica y luego salió de la habitación. Ese día descubrió que ella estaba igual o más podrida que él.
