Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capitulo II

PovBella

-Uno de los pilotos de alquiler puede volar a la isla –dijo el agente de viajes-. Los pasajeros que ibas a llevar se retrasaron en Sri Lanka y no llegaran hasta mañana por la mañana.

Exhale y sonreí. –Eso es maravilloso. Gracias por encontrarnos un vuelo, realmente lo aprecio. –trate de llamar a los padres de Edward de nuevo, pero mi celular no se conectaba, esperaba conseguir señal cuando llegáramos a la isla-. ¿Listo Edward?

-Si –dijo, agarrando su mochila-

Un mini-bus nos dejo en la terminal de taxi aéreo, el agente nos registró en el mostrador, y salimos a la calle.

El clima de las maldivas me recordaba a la sala de vapor en mi gimnasio. Inmediatamente, las gotas de sudor estallaron en mi frente y la parte de atrás de mi cuello. Mis pantalones vaqueros y la camiseta de manga larga atrapaban el aire caliente y húmedo contra mi piel, y me habría gustado haberme cambiado a algo más fresco.

-¿Esto es así de sofocante todo el tiempo?

Un empleado del aeropuerto estaba en el muelle junto a un hidroavión que se balanceaba suavemente sobre la superficie del agua. Nos hizo una seña, cuando Edward y yo nos acercamos, abrió la puerta y agachamos nuestras cabezas para subir al avión.

El piloto estaba sentado en su asiento, y nos sonrió con la boca llena de hamburguesa con queso.

-Hola, soy Mick. –Termino de masticar y tragar-. Espero que no les importe si termino mi cena-. Parecía ser de cincuenta años y era tan gordo que apenas cabía en el asiento del piloto. Llevaba pantalones cortos y la camiseta desteñida más grande que jamás hubiera visto. Sus pies estaban sudados.

El sudor salpicaba su labio superior y la frente, se comió el último bocado de su hamburguesa con queso y se limpió la cara con una servilleta.

-Soy Bella y este es Edward. –le dije, sonriendo y llegando a estrechar su mano-. Por supuesto que no nos importa.

El Twin Otter DHC-6 tenía diez asientos y olía a combustible de avión y moho. Edward se abrocho el cinturón de seguridad y miro por la ventana, me senté cruzando el pasillo, empuje mi bolso y lo coloque debajo del asiento, antes de frotarme los ojos. Mick puso en marcha los motores. Su voz quedo ahogada por el ruido, pero cuando volvió la cabeza hacia un lado, puede ver que sus labios se movían como comunicándose con alguien atreves de la radio. Navego fuera del muelle, acelero y pronto estuvimos en el aire.

Maldije mi incapacidad para dormir en los aviones, siempre he envidiado a los que se desmayan al momento en que el avión despega y no se despiertan hasta que las ruedas aterrizan en la pista. Trate de dormitar, pero la luz del sol entrando a raudales por las ventanas del hidroavión, y mi reloj biológico confuso, hicieron que me fuera imposible. Cuando me di por vencida y abrí los ojos, vi a Edward observándome, si la expresión de su rostro y el calor en el mío eran una indicación, los dos estábamos avergonzados se dio la vuelta, empujo su mochila debajo de la cabeza y se quedó dormido unos minutos más tarde.

Inquieta, me desabroche el cinturón de seguridad y fui a preguntarle a Mick cuanto tiempo tardaríamos en aterrizar.

-Tal vez una hora o más. –Hizo un gesto hacia el asiento del copiloto-. Siéntese, si quiere.

Me senté y abroche el cinturón de seguridad, protegiéndome los ojos del sol, observe la impresionante vista. El cielo era azul y sin nube por encima de nosotros. Por debajo, el océano índico se veía como un remolino de mente verde, azul y turquesa. Mick se froto el centro de su pecho con el puño y alcanzo un rollo de antiácidos, se puso uno en la boca.

-Ardor estomacal, eso es lo que me pasa por comer hamburguesas con queso, sin embargo su sabor es mucho mejor que una ensalada de mierda, ¿sabe? –se rio, y yo asentí completamente de acuerdo-. Así que, ¿de dónde vienen?

-Chicago boca.

-¿Qué hace usted allí, en chicago? –se puso otro antiácido en la boca.

-Enseño ingles en décimo grado.

-Ah vacaciones de verano.

-Bueno, no para mí. Suelo ser tutora de estudiante durante el verano. –Hice un gesto hasta Edward-. Sus padres me contrataron para ayudarlo a ponerse al día con sus clases. Tuvo linfoma de Hodgking y se perdió una gran parte de la escuela.

-Me pareció que era demasiado joven para ser su madre. –Sonreí.

-Sus padres y hermanas volaron hace unos días. -No me había sido posible salir tan temprano como los Cullen porque la escuela secundaria pública donde enseñaba había comenzado sus vacaciones de verano unos días más tarde que la escuela privada a la que Edward. Cuando Edward se enteró, convecino a sus padres para que lo dejaran quedarse en chicago durante el fin de semana y volar conmigo en vez de con ellos, Esme Cullen había llamado para ver si todo estaba bien.

-Su amigo Jasper dará un fiesta, el realmente quiere ir. ¿Seguro que no le importa? –pregunto.

-No, en absoluto –le dije-. Nos dará la oportunidad de conocernos.

Yo solo había visto a Edward una vez, cuando me entreviste con sus padres. Se necesitaría un tiempo para que se acostumbrara a mí; siempre hacía falta cuando trabajaba con estudiantes nuevos, especialmente si eran adolescentes.

La voz de Mick interrumpió mis pensamientos.

-¿Cuánto tiempo se quedaran?

-Por el verano, alquilaron una casa en la isla. –así que, ¿el está bien ahora?

-Sí, sus padres dijeron que estuvo muy enfermo por un tiempo, pero ha estado en remisión durante algunos meses.

-Lindo lugar para un trabajo de verano. –sonreí-. Es mejor que la biblioteca.

Volamos en silencio durante un rato. – ¿Realmente hay 1.200 islas por aquí? –le pregunte, solo había contado tres o cuatro repartidas por toda el agua como piezas de un rompecabezas gigante, espere su respuesta-. ¿Mick?

-¿Qué? Oh, sí más o menos, solo alrededor de 200 están habitadas, pero espero que eso cambie con todo esto del desarrollo, hay un nuevo hotel o resort abriéndose todos los meses. –Rio entre dientes-. Todo el mundo quiere un pedazo de paraíso.

Mick se froto el pecho de nuevo y quito su brazo izquierdo de la palanca de mando que se extendía hacia fuera delante de él, me di cuenta de su expresión de dolor y de la ligera capa de sudor en su frente.

-¿Esta bien?

-Estoy bien, solo que nunca he tenido ardores tan fuertes. –se puso dos antiácidos más en la boca y arrugo el envoltorio vacío.

Un sentimiento de inquietud se apodero de mí. -¿Quiere llamar a alguien? Si me muestra cómo utilizar la radio, podría llamar por usted.

-No, voy a estar bien una vez que estos antiácidos empiecen a trabajar. –Tomo una respiración profunda y me sonrió-. Gracias, de todos modos.

Pareció estar bien durante un tiempo, pero diez minutos más tarde quito su mano derecha del volante y se froto el hombro izquierdo. El sudor corría por el costado de su rostro, su respiración sonaba poco profunda y se movió en su asiento como si no pudiera encontrar una posición cómoda. Mi sentimiento de inquietud se transformó en puro pánico, Edward despertó.

-Bella. –dijo, lo suficiente alto como para que lo oyese a través de los motores, me di la vuelta-. ¿Estamos casi allí?

Desabroche el cinturón y volví a sentarme al lado de Edward, no queriendo gritar, me acerque y le dije-. Oye, estoy bastante segura de que Mick le está dando un ataque al corazón, tiene dolores en el pecho y se ve horrible, pero está culpando a los ardores de estómago.

-¡¿Qué?! ¿Hablas en serio? –asentí con la cabeza.

-Mi padre sobrevivió a un ataque al corazón el año pasado, así que sé que esperar. Creo que tiene miedo de admitir que hay algo mal.

-¿Qué va a pasar con nosotros? ¿Todavía puede volar el avión?

-No lo sé.

Edward y yo nos acercamos a la cabina del piloto. Mick tenía los puños apretados contra su pecho y sus ojos estaban cerrados, su casco estaba torcido y su rostro había adquirido un tono grisáceo.

Me agache junto a su asiento, el miedo ondulaba a través de mí.

-Mick. –mi tono era urgente-. Tenemos que llamar para pedir ayuda. –El asintió con la cabeza.

-Voy a ponernos sobre el agua primero, y luego uno de ustedes tendrá que conseguir alcanzar la radio. –Jadeo tratando de sacar las palabras-. Pónganse los chalecos salvavidas, están en el comportamiento de almacenamiento, junto a la puerta. Luego siéntese y abróchense el cinturón. –Hizo una mueca de dolor-. ¡Vamos!

El corazón me retumbo en el pecho, y la adrenalina inundo mi cuerpo. Nos precipitamos al compartimiento de almacenamiento y lo saqueamos.

-¿Por qué tenemos que ponernos el chaleco salvavidas, Bella? El avión cuenta con flotadores, ¿cierto?

Porque tiene miedo de no sacarnos del aire a tiempo.

-No sé, tal vez es un procedimiento operativo estándar. Estamos aterrizando en el medio del océano. –encontré los chalecos salvavidas apretujados entre un recipiente de forma cilíndrica que decía "BALSA", y varias mantas.

-Aquí –dije entregándole uno a Edward y poniéndome el mío. Nos sentamos y sujetamos los cinturones de seguridad, mis manos temblaban tanto que me llevo dos intentos poder lograrlo-. Si pierde el conocimiento, vamos a necesitar inmediatamente comenzar la reanimación cardiopulmonar, vas a tener que averiguar cómo funciona la radio Edward. ¿De acuerdo?

Asintió con la cabeza y los ojos muy abiertos-. Puedo hacer eso.

Me agarre a los brazos de mi asiento y mire por la ventana, y la superficie del océano cada vez estaba más cerca, mire hacia la parte delantera del avión. Mick estaba desplomado sobre el volante, no se movía. Me desabroche el cinturón de seguridad y me abalance hacia el pasillo.

-Bella –grito Edward, el dobladillo de mi camiseta se deslizo de su agarre.

Antes de que pudiera llegar a la cabina del piloto, mick se echó hacia atrás del asiento con las manos todavía en el volante, como un espasmo masivo acumulado en su pecho. La nariz del avión se detuvo bruscamente y cayó al agua de cola en primer lugar, saltando sobre las olas de forma errática.

El impacto me volteo, como si alguien hubiera atado una cuerda alrededor de mis tobillos y hubiera tirado de ella con fuerza. El sonido de cristales rotos lleno mis oídos y tuve la sensación de estar volando, seguida de un dolor ardiente mientras el avión se desintegraba. Me sumergí en el océano, el agua corría por mi garganta completamente desorientada.

¡Edward! Oh. Dios mío. ¿Dónde esta Edward?


D: ¿donde esta Edward?

Me alegra leer sus comentarios, estaré subiendo todos los días capítulos.