Acciones y consecuencias

Llevaba su cabello castaño suelto, dejando que el viento lo ondease con suavidad, como si bailara un danza desconocida. Acomodaba nerviosamente su vestido de tela vieja, de un pálido color verde. Theo le había dicho que le quedaba bonito, pero ella no pensaba lo mismo. Sea como sea, era lo mejor que tenía, y si bien, comparado con al ropa de algunos otros chicos, este daba lástima, tendría que ser suficiente.

Alzó un poco la mirada en la lejanía, y sin mucho esfuerzo logró encontrar a su novio, quien le dedicó una sonrisa cuando se dio cuenta que le estaban mirando. Su gesto, en otras ocasiones tranquilizador, no hizo mucho contra los nervios que la atacaban. Siempre le ocurría lo mismo, y por mucho que pretendiese no tenerle miedo a la cosecha, no podía negar que el pavor era letal. Al lado de Theo, estaba su hermano. Lo descubrió mirando el suelo, con el ceño fruncido, como si estuviera pensando en algo.

Ella también pensaba, claro. Los recuerdos de la noche anterior estaban frescos en su cabeza, y si cerraba los ojos, podía sentir el sabor de los labios del muchacho, y la delicadeza de su respiración contra su piel. Se estremeció por unos segundos, y se obligó a pensar en otra cosa. Buscó a Eva por todas partes hasta encontrarla junto a otras chicas de su edad, más adelante que ella. No pudo sonreírle, ni hacerle ninguna seña, porque estaba temblorosa y en silencio mirando al frente. Ella solía tener la misma actitud frente a los juegos y la cosecha. Tenía miedo, como los demás, pero si hacía foco, podía ver sus pequeñas y frágiles manos, temblando del pavor.

Deseó que se terminase pronto, para poder odiar nuevamente al capitolio. Deseó que las cosas se revirtieran, y que los juegos no fuesen una realidad. Pero sus deseos eran en vano. Allí estaban todos, esperando una sentencia, un juego de azar mórbido y letal.

-¿Está encendido? Ejem..¡Bienvenidos, queridos! Bienvenidos una vez más, a los 91avos Juegos del Hambre. Veo rostros prometedores este año. Podríamos tener un ganador en el distrito siete, y podría ser cualquiera de ustedes ¡Oh!, no les haré esperar más. Todos estamos muy ansiosos. Suerte. Suerte a todos, y que la suerte esté siempre a su favor.

La voz hilarante de Bray hizo eco en todo el espacio. Parecía muy nervioso. Ya había comentado antes que era su primera vez como escolta, y se le notaba. No tenía esa chispa macabra que otros presentadores habían tenido. Vestía con ropa extraña y ridícula. De colores extravagantes y llamativos, que herían la vista, incluso desde la distancia que les separaba. Jackie no soportaba a la gente del capitolio y su uso excesivo de los lujos.

-Empezaremos por las chicas, como marca la tradición.

Todos los corazones latieron al unísono. Pum, pum, pum. Bray hizo una pausa antes de decir el nombre. "Vamos, dilo de una vez. Manda a alguien al matadero".

-Sanders, Evangeline.

¿Qué? No. No y un millón de veces no. ¿Eva? ¿Su Eva? Su mejor amiga, su hermana adoptiva. Tan frágil, tan pura y casta. Moriría. La devorarían. La torturarían sin piedad. Sus ojos la buscaron, y sin problemas la encontró, pues todos se hacían a un costado para que se dirigiera al escenario. Eva no se movía. Estaba quieta como una estatua. Sabía que estaba llorando por la manera en que sus hombros se movían. Entonces los agentes de paz fueron a buscarla. Y mientras ellos avanzaban con la chica, Jackie hacía lo mismo. Como si hubiera una fuerza que la impulsaba hacia ella. Moriría. No soprotaría perderla. No..

-¡Eva! ¡No! No..Basta, deténganse. Voluntaria. Me ofrezco de voluntaria. –

Corrió hacia los agentes de paz, y empujó a uno sin temor, para que soltaran a su amiga. La abrazó con fuerza cuando la dejaron en paz, y le susurró al oído que estaría a salvo. No tuvo mucho tiempo para pensar en lo que había hecho, pues ahora era ella a quien la arrastraban con ímpetu.

Se encontró a si misma en las enormes pantallas que transmitían para todo Panem, pero no se sentía como si fuera de verdad. ¿Qué demonios acababa de hacer? Se había ofrecido voluntaria. Había salvado a su amiga, pero se había condenado ella. No se arrepentía, pero no podía diferenciar la situación. No sabía decir si era la realidad, o una pesadilla. Bray la recibió con una sonrisa, y depositó un beso fugaz en su mejilla.

– ¡Un aplauso! Un aplauso para la voluntaria. Vaya, creo que hace varios años no hay uno aquí..Que valentía, que gloriosa tarde. ¿Cómo te llamas, jovencita?

-Jack Ferguson. –

Su voz no sonaba como ella. Se sentía despegada de su cuerpo, como si otra persona hubiera ocupado su lugar frente a todos. Su mirada estaba al frente, porque no se atrevía a ver a nadie. Ni a su novio, ni a su amigo, ni a Eva. No podía ni pensar en ellos, porque sabía que su mundo se vendría abajo en segundos.

-¿Jack? Que nombre tan..masculino. Bah..que importa. Felicidades por ofrecerte. Muy bien, ahora seguiremos con los hombres..

Su mente comenzó a elaborar estrategias. No una, si no miles. Tendría que entrenar mucho si quería salir con vida de allí, y cuando pensó en la palabra salir de allí, se dio cuenta que para ello, tendría que matar. Asesinar a otros niños inocentes que no tenían la culpa de estar allí. Destrozarlos para poder salir victoriosa. ¿Podría? No. No estaba hecha para la matanza. Nadie lo estaba. Sus ideas iban a toda velocidad, convirtiéndose en planes absurdos, en alianzas que no tenían sentido. Si sabía una cosa por segura, era que sus probabilidades de sobrevivir, eran casi inexistentes.

La voz de Bray volvió a rugir con un entusiasmo que desentonaba con la ocasión. Y anunció el nombre del tributo como si fuera de verdad, un premio el ser elegido.


Odiaba esto. Odiaba la incertidumbre, odiaba al capitolio, odiaba los juegos, y a todos. Que se pudran, pensó Theo mientras escuchaba a Bray, pero hacía oídos sordos a lo que decía. Su mirada y concentración estaban más bien volcadas en otra persona. Jackie estaba a unos pasos más allá, demasiado lejos para su gusto. No había tenido tiempo de acercarse a ella, y para cuando la había encontrado, habían comenzado la transmisión. Trató de lanzarle una mirada que lograse tranquilizarla, pues sabía lo nerviosa que la ponía todo aquello.

Ella podía hacerse la fuerte en muchas cosas, pero era más frágil de lo que admitía. No por nada hacía un ritual de despedida todos los años. No por nada se ponía extrañamente sensible en estas épocas. Lanzó también una mirada a Owen, que estaba su lado. Estaba mirando al frente, con el ceño fruncido, como si prestara mucha atención a lo que decía. Él por su parte no podía estar más perdido en todo lo que estaba pasando. Su mente estaba decidida a hacerle preocupar por todos los que conocía. Solo cuando el nombre del tributo femenino se escuchó por los altavoces, prestó verdadera atención a lo que pasaba. Pero por su despiste de antes, no había conseguido escuchar el nombre.

-¿Quién..

-Eva – Dijo su hermano antes de poder terminar la pregunta. Oh no. Eva. Sabía el futuro que le esperaba a esa muchacha ni bien supo que iría ella a la arena. Moriría. Se le hizo un nudo en el estomago, mientras veía como los agentes iban a por ella, pero un revuelo metros más atrás llamó su atención. Alguien se movía hacia el escenario. ¿Quién sería tan imprudente para hacer algo así? Y cuando una voz proclamó ser voluntaria, el corazón le dio un vuelto. Jackie.

-¡No! – Gritaron los hermanos al unísono.

¿Qué demonios estaba pensando Jack? La observó subir al escenario paralizado. No sabía si estaba respirando o no. El tiempo se había detenido, y lo único que podía ver era a ella. Su mirada al frente, haciéndose la dura. Maldita sea Jackie. Estaba desesperado. Se sentía impotente por no poder hacer algo por ella. Quería tomar su lugar, quería ponerla a salvo, a resguardo. ¿Por qué? ¿Por qué? Maldijo a todos los dioses que podían existir. Odio la suerte, al mundo, a él y a ella.

Bray metió su mano entre los nombres de los varones, para sacar al tributo, mientras él pensaba una manera de rescatar a Jackie y huir. Huir de toda esa basura, escapar hacia un infinito imposible. Sentía que los ojos le escocían, y por si fuera poco, el nombre del tributo elegido se hizo escuchar como un disparo al corazón.

-¡Theo Wallace!

Vaya. El mundo estaba jodido. Había salido elegido. Él. Él junto a Jackie.¿ Y ahora qué? No podía matarla, no podía ni soportar saber que estaría suelta entre otros desquiciados que intentarían hacerle daño. Supo que tenía que protegerla de todo. No importaba si se le iba la vida en ello, que era lo más probable. Uno de los dos tenía que salir con vida, y esa sería ella. La otra opción era que murieran los dos, y eso le reconfortó solo un poco.

Segundos después, se encontró en el escenario, pero no recordaba haber subido al mismo. Sus ojos estaban clavados en Jackie, quien permanecía mirando al frente, como si no se hubiera percatado de que estaba a su lado. Su cabeza dolía. Se sentía perdido, condenado. Como si la suerte lo hubiera abandonado definitivamente. Respiraba agitadamente, y apenas si pudo contestarle lo que Bray le preguntó.

Owen lo observaba todo desde su posición. Supo al mirar en sus ojos que le hubiera gustado tomar el lugar de alguno de los dos, pero no supo decir de quien. Al menos él estaba a salvo, se quedaría en casa. Cuando el presentador pidió un aplauso para los tributos del distrito siete, nadie hizo un solo sonido. El silencio perforó sus sentidos, y lo entumeció. Esto se sentía saber que iba a morir. Incluso podía ver a la parca saludándolo en la lejanía.

Viva, se dijo para sus adentros, irónico, vivan los nuevos amantes trágicos.