¡Disculpad por la tardanza! Hemos tenido problemas con la conexión a FanFiction y no hemos podido publicarlo antes pero... ¡Aquí está! Una vez más... ¡Espero que lo disfrutéis!

Capítulo tres: Miénteme una vez más

Parecía como si hubiesen pasado miles de años desde la última vez que se vieron. Caroline estaba aguantando la respiración concentrada en seguir mirándole fijamente, retándolo. Ninguno de los dos tenía la intención de bajar la mirada. Aún recordaban aquel último día en que se dijeron adiós en aquel bosque oculto de todos, uniéndose ambos, mintiéndose el uno al otro sobre sus verdaderas razones pero aceptando una cruda realidad con aquellos besos. Al recordarlo Caroline no pudo evitar sonrojarse y sin bajar la mirada soltó el aire con lentitud sintiendo una gran presión en el estómago. Klaus la miraba atentamente sin dejar de sonreír, con aquella sonrisa que tanto odiaba la rubia. Y bajo aquel cielo azul la besó. Fue un beso anhelante y violento que duro menos de lo que esperaba debido a la rápida reacción de la chica que había respondido abofeteándole con todas sus fuerzas.

- ¡No te atrevas a volver hacerlo! – chilló con voz aguda - ¡No te atrevas!

El vampiro se tocó la mejilla herida y se carcajeó al ver la cara de enfadó de la rubia mientras que ella daba dos pasos hacia atrás. La gente que pasaba cerca de escena se quedaba allí sorprendidos por la situación e intrigados por el siguiente paso que iba hacer el hombre. Klaus susurró algo inaudible para el ser humano alarmándola aún más logrando sonsacarle a la chica más de una palabra malsonante. Bajo las miradas de ciento de personas la cogió y la colocó en su hombro como si de un saco de patatas se tratará y empezó a alejarse de la muchedumbre dirigiendo sus pasos hacia las profundidades del bosque que tantos recuerdos le traía a la mente. La chica gritó y pataleó pero nadie movió un dedo por ayudarla por miedo a la mirada feroz que el rubio le lanzaba a cada individuo que cruzaba su camino.

Cuando perdió de vista a la gente corrió como su naturaleza salvaje le dejaba. Caroline cerró los ojos y se apretó con fuerza dándose por vencida una vez más. De nuevo perdía ante aquel ser tan horripilante. Quizás su mente tenía algún tipo de problema o quizás aquellos cuentos de que una chica buena podía cambiar al chico malo habían tenido algo que ver en sus emociones hacia él. No sentía nada, era tan sólo un error, como aquel momento en el bosque donde se había dejado llevar por su más bajos instintos. Tan concentrada iba que cuando el chico la lanzó al suelo no reaccionó lo suficiente rápido cayendo de costado contra el frío suelo.

- Podrías tener un poco más de tacto – dijo levantándose del suelo - ¿Por qué me has traído aquí? – Preguntó - ¿Quieres matarme sin que nadie sea testigo? ¿O quizás piensas que llevándome aquí volverá a suceder lo que paso en Mystic Falls? Porqué si va de eso estás muy equivocado de que yo…

- Había olvidado tu facilidad de hacer discursos sin venir a cuento – interrumpió dándole la espalda – Y te he traído aquí para hablar con tranquilidad y sin espectadores – prosiguió Klaus – Y sobre tu última pregunta eso acabarás pidiéndomelo tu, amor.

- ¿Por qué crees que voy a pedírtelo? – preguntó con voz chillona - ¡No me des la espalda!

- ¿Qué haces aquí, Caroline? – preguntó él mirándola fijamente.

La rubia observó como el vampiro original dio tres pasos hacia ella mientras que en su caso los dio para atrás intentando conservar la distancia que los separaba. Una distancia de seguridad. Ella le miró desafiante pero al recordar todo lo ocurrido que le había hecho coger el coche y viajar allí relajó por un momento su cuerpo.

- Sé lo de tu hija – susurró – Quería decirte que siento mucho su perdida y…

- ¿Has venido a darme el pésame, amor? – Preguntó con sorna – Qué considerado por tu parte aunque pensaba que mi persona no te importaba, me lo dejaste claro cuando me pediste que no volviera a pisar Mystic Falls.

- Deja de llamarme amor.

- ¿Por qué?

- Lo odio.

Su sonrisa se hizo más grande. Como le encantaba hacerla enfadar…

- Pues ya puedes irte – dijo dando un paso más – Ya he recibido tu mensaje, amor.

Su cuerpo empezó a temblar nuevamente pero intentó fingir que no le importaba absolutamente nada. Miró al suelo y cerró las manos en puños para volver a levantar la mirada con un fuego abrasador.

- No he acabado – dijo - ¿Por qué Rebekah necesita una bruja? ¿Qué quiere de Matt? ¿Vas a volver a Mystic Falls? Prometiste que…

- ¿Rebekah está en Mystic Falls? – preguntó en un gritó que le puso la piel de gallina.

Por primera vez desde que se habían encontrado sintió miedo, verdadero miedo.

- ¿Qué estás buscando allí?

- ¿Bonnie sigue viva?

- No, ¿Por qué?

Tras esa respuesta el teléfono de Klaus empezó a sonar. Para sorpresa de la chica él continuaba mirándola fijamente sin parpadear estudiando cada una de sus fracciones con detenimiento pero en el momento en que Caroline abrió la boca el hombre contestó el teléfono.

- ¿Qué haces ahí? – Preguntó él irritado – Sé dónde estás y te ordeno que te marches de allí y busques una bruja en otro lugar lejos, muy lejos.

- Hermanito, tú siempre tan encantador – rió la vampiresa desde la otra línea – Tengo algo mejor que una simple bruja.

- ¿Y qué es esa cosa tan maravillosa, hermana? – gruñó el de ojos verdes.

- He encontrado a una descendiente de la familia Heather.

- No puede ser… - susurró – Todas fueron aniquiladas por mi…

- No todas.

- ¿Y por qué va ayudarnos?

- Porque está enamorada de Matt.

- Y tú también, hermanita – le recordó – No recuerdo que compartir fuera uno de tus fuertes.

- No, nunca lo fue – rió ella – Pero eso ella no lo sabe…

- Me da igual lo que planees hacer con ella o con él pero protege a mi hija con tu vida – y tras esas palabras colgó el teléfono.

- No puede ser… - murmuró Caroline – Sigue viva... Entonces porque…

- Nadie debe saberlo jamás – interrumpió el vampiro – Si alguien lo averigua irán en su búsqueda para matarla y destruirme.

La vampiresa bajo la mirada y tras unos segundos la volvió a subir.

- ¿Y Matt? ¿Qué pinta en todo este asunto mi amigo?

- No muchas brujas estarían dispuestas a ayudarnos así que imagina la gran suerte que hemos tenido al encontrar a una de un linaje muy antiguo enamorada de tu amigo – explicó con sorna – La pobre no sabe donde se ha metido.

- ¡Vuestra familia es de lo peor! – chilló ella – Lo único que hacéis es destruir todo lo bueno de las personas, me da lástima que esa niña vaya a ser parte de unos asesinos – dijo dando media vuelta.

¿Por qué se sentía tan enfadada? ¿Por qué de repente se sentía fuera de lugar? ¿Por qué sus ojos se estaban llenando de lágrimas?

- ¿Y tú qué eres, amor? – Inquirió él logrando que la chica se detuviera – ¡Te recuerdo que somos lo mismo! Somos monstruos creados para destruir.

- ¡Yo no soy igual que tú! – Espetó ella dejando caer pequeñas lágrimas sobre sus mejillas – ¡Yo no quería ser esto!

- ¿Y tú crees que yo sí? – Bramó fuera de sí - ¿Crees que yo busqué ser alguien que tiene que alejar a su propia hija porque es demasiado peligroso para ella? ¿Crees que yo no odio ser quién soy? ¿Crees que me gusta mirarme en el espejo y ver lo que soy?

No supo en qué momento empezó a caminar hacía él ni tampoco cuando acarició su mejilla y mucho menos cuando junto sus labios con los del hombre. Al principio fue una presión dulce, inocente. Klaus paso su mano derecha por su cuello y le estiró del pelo logrando que la rubia gimiera sorprendida mientras que él introducía su lengua en su boca de una manera salvaje, devoradora. ¿Cuánto tiempo habían anhelado este momento? Klaus apoyó la espalda en árbol y apretó su cuerpo con el de ella. Caroline se separó unos milímetros de él y con gran avidez le arrancó la camiseta mientras que él hizo lo mismo con la de ella. Con cada beso, con cada caricia notaban como el fuego se iba extendiendo por todo su cuerpo pidiendo más. Klaus apoyó sus labios en su cuello y bufó erizando la piel de la chica. Trazó un camino de besos y mordiscos desde su clavícula hasta el inicio de sus pechos. La rubia no paraba de suspirar pero cuando noto la mano del hombre dentro de su sujetador acariciando su pezón no pudo evitar gemir. El chico sonrió y bajo su otra mano hasta el pantalón de la chica desabrochándolo e introduciendo uno de sus dedos en ella.

- Estás muy húmeda, amor – dijo con voz ronca.

- ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así? – preguntó entre gemidos.

El rió y saco sus dedos bajo la mirada de lamentación de la chica. El vampiro rió y Caroline aprovechó el momento para hacerle caer en el suelo y subirse encima de él.

- Ahora voy a hacerte pagar – apuntó la chica con sensualidad mientras movía sus caderas con suavidad. Con sus manos resiguió sus músculos hasta llegar a sus pantalones los cuales arrancó en pocos segundos - ¿Me deseas? – preguntó mordiéndose el labio.

- Tendré que demostrártelo.

Y por primera vez en mucho tiempo se fundieron en un solo ser una y otra vez hasta que el sol del atardecer desapareció entre las montañas...

Continuará...