Hola! k tl gente? Ya se, ya se, demasiado tiempo... lo sieeentooo! No sería justo que ahora les presentase excusas baratas, ya se lo imaginan, no? Ser estudiante de secundaria no es tarea fácil... xDD
Bueno, para los que aun se acuerden de mi historia (se oyen grillos de fondo) les presento este capítulo como una reflexión interior de Hermione, en lo que se ha convertido y como piensa, más o menos, una persona con trastornos alimentarios, espero que les guste!
Dejen reviews!!
Don't feel, just think
Hermione salió precipitadamente por el pasillo de la enfermería y se dispuso a correr hasta el final de ésta hasta que supo que ya nadie podía seguirla.
Se apoyó en la pared de piedra fría, tan sólo llevaba el pijama. No quería sentir nada, todo lo veía oscuro, su vida había dado un vuelco. De la "aventura-misterio-vamos-a-cargarnos-a-Voldemort" a "pobrecita-hermione-que-se-va-a-matar". Era totalmente ridículo. Se golpeó la cabeza contra la pared y empezó a pensar. ¿Qué podía hacer?. Con lo hermanitas de la caridad que se creían todos los de la escuela, en cuestión de días, o de horas, tendría a medio docente siguiéndola por los pasillos y atiborrándola de comida.
Como si no le hubiera costado convencer a sus padres de que desayunaba, comía y cenaba como era debido. Y la de amigos invisibles que se había inventado para poder "salir a comer fuera" o para poder decir "ya comí con mis amigos". Había sido horrible. No le gustaba nada vomitar, era lo más asqueroso del mundo. Por eso siempre intentaba no comer a no tener que ir al baño después de cada comida con la culpabilidad ayudándola a meterse el cepillo de dientes por la garganta.
Al principio, Hermione era sólo una aprendiz. Observaba las portadas de las revistas de moda muggles, veía las chicas rubias con pelo sedoso, piernas largas y cintura diminuta. Era un infierno, y aunque en casa tenía que apañárselas por no comer, muchas veces extrañaba la comida. Se imaginaba aquellas pizzas con queso que tomaba cada domingo con sus padres en ese restaurante de la calle de al lado, y notaba como su estómago le recordaba la comida nuevamente, como su cerebro le brindaba imágenes de hamburguesas con extra de bacón y como todos los medios de comunicación le decían "come, come, engorda para nosotros".
Y sentía que no lo podía resistir, muchas noches, extrañamente cuando nadie la veía empezaba a atiborrarse de chocolate, pastas... todo lo que le había apetecido durante esos días de horrible ayuno y que no había podido probar. La ansiedad se apoderaba tanto de ella que mezclaba todo tipo de cosas: queso con chocolate, leche y refrescos de cola, frutas de todo tipo y otra vez queso, y otra vez chocolate, y ahora un sándwich con jamón... Y la peor parte venía después, durante el atracón, cuando no tenía conciencia de sí misma, no podía decir: "BASTA" aún no teniendo hambre, no tenía que saciar sólo su estómago, sino también su ansiedad, ahogarse en esas lágrimas que le brotaban de los ojos y terminaban muchas veces en las comisuras de sus labios mezclándose con el bizcocho de chocolate. Luego de ese laberinto y orgía de emociones y sentimientos venía la culpa. La inmensa culpa que la invadía mientras notaba que su estomago se inflaba como un globo. Y peor aún de aquello era la necesidad que tenía de devolverlo todo, pero no podía, al principio no podía. Nunca le había gustado devolver, y no lo había hecho nunca adrede, era horroroso verse en medio de todo aquel volumen que tenía por cuerpo y no poder hacer nada porque no era lo suficientemente valiente como para echarlo fuera.
Y ahora estaba en la escuela, donde nadie podía obligarla a comer ya que todo el mundo estaba demasiado ocupado con sus estudios o con salir por hogsmade con los amigos.
Pero aunque ella por fin había superado la fase de atracones y de no poder devolverlo, igualmente su cerebro sentía todo el día la necesidad de pensar en ello. Cuando se veía obligada a comer un trozo de fruta o algún vaso de leche para no caerse desmayada, daba 200 saltos para acelerar su metabolismo, o sólo desayunaba, para tener la seguridad de que esa comida se quemaría.
Pero ahora la cosa se había complicado, tarde o temprano descubrirían en el baño de myrtle la poción que la ayudaba a devolver cada vez que comía, y todo terminaría en una especie de drama trágico el cual ella no tenía ninguna intención de pasar. Su objetivo era entonces, hacer creer a todo el mundo que lo había superado, y que ya comía, que había sido una semana tonta. Había pociones que podían aportarle las vitaminas necesarias para que, cuando madame Pomfrey hiciese la prueba sobre si comía o no, saliese positivo. La cuestión era encontrar un libro en la escuela que contuviese esa información. Seguramente en la biblioteca habría algo. Se aplaudió a sí misma por tan brillante idea sin haber ingerido hidratos de carbono que alimentaran su cerebro. Por fin conseguiría ser perfecta para su profesor, no tenía intención de dejarlo. Ahora Ana era la única amiga que la entendía.
Pensó en dónde podía ir en ese momento. Quizás al baño de Myrtle para eliminar pruebas, pero borró esa idea de su cabeza, seguramente ya habían ido allí y Myrtle ya les había contado a los profesores sobre la poción, era una pérdida de tiempo. Pensó en volver a la enfermería, quizás si volvía allí como una alma culpable y transparente sería un punto a su favor para el nuevo plan que tenía en mente.
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Para los que no esten familiarizados con algunos términos: Ana es la abreviación de anorexia. algunas personas con trastornos alimentarios se familiarizan con los términos usando una jerga propia que sueviza ciertos aspectos de su forma de vida. Mia, por ejemplo, es la abreviación de bulimia, ambas abreviaciones simbolizan una amiga (o amigo) imaginario que se supone que ayuda en su desarrollo como personas con transtornos alimentarios.
Adiós y dejen sus comentarios!! (ignoren las faltas xDDD)
