El joven mago paseaba por el patio, y Cole le perseguía con una insistente retahíla de palabras con poco sentido. Dorian se preguntaba si se cansaría en algún momento. Posiblemente no.

-Me mira, pero sin mirarme. Quiero, ¿le gustará? - recitaba al tiempo que se ponía a su lado.- Una sonrisa, la duda, y una pregunta silenciosa.

Lo mejor era preguntarle directamente, quizás así sacarían algo en claro.

-Dime, Cole, -llamó su atención.- ¿Hay algo que quieras decirme? Algo de todo eso de mirar sin mirar y una pregunta... Lo que decías justo ahora.

-Es importante.

Dorian esperaba que prosiguiera con su explicación, pero no. Tendría que seguir preguntando a su extraño amigo, y más si era algo importante.

-Así que importante, - Cole asintió esperanzado, estaba deseoso por ayudar.- te agradecería que me dieras mas detalles pues me tienes completamente perdido.

En ese momento pasaron frente a ellos los batalladores dirigidos por su jefe, iban a entrenar aprovechando que las nubes habían ocultado el sol abrasador. Bull le hizo un gesto con la mano para saludarle, le correspondió.

-Tiene dudas pero siente que es muy importante, -arrancó Cole de nuevo.- el miedo llega y entonces se paraliza, ¿y si dice que sí? Oír "no" da mucho miedo.

Ahora Dorian lo veía muy claro. Observó a Bull que se pavoneaba con la espada, ahí estaba la explicación de todo, no podía ser casualidad que cuando se había acercado a ellos Cole hubiera transmitido ese extraño mensaje.

-¿Estamos hablando de una declaración de amor, Cole?

-Amor... sí. - el pálido muchacho se sentó sobre una roca, esperando que Dorian le acompañara para revelar más detalles.- Ha pensado buscarte después de la cena, aquí, y hablará y la pregunta desaparecerá.

-Tus explicaciones son un tanto pintorescas, pero si he entendido bien, esta noche me buscará para decirme lo que siente.

Cole asintió, y se levantó. Ya había transmitido el mensaje, así que tranquilamente se fue a buscar a alguien más que pudiera necesitar de su peculiar ayuda.

En esos momentos se acercó Bull a hablar con el mago, sudando a mares por el ejercicio con la espada. Dorian constató que no se le veía nada atractivo, y aunque daban ganas de salir corriendo por el desaliño de su amigo, su sincera sonrisa le invitaba a escucharle. Y cierta intriga por lo que podría decirle.

-¿Cómo tú por aquí, Dorian? ¿Encontraste lo que buscabas en los libros?

-Ah, sí. - recordó las incansables horas entre libros investigando sobre Corifeus, había merecido la pena.- Ya me encargué de informar a la inquisidora.

-Me alegro, ¡Y si sirve para darle su merecido, me alegro más todavía!

Y tan jovial como siempre, el qunari se marchó para seguir con su entrenamiento. Dorian sonrió malicioso, por mucho que Bull intentase disimular, él ya había adivinado sus intenciones para aquella noche. Eso sí, gracias a Cole.

Cuando el sol se hubo ocultado, Dorian fue al patio a esperar. Sentía una gran expectación por lo que haría Bull, aunque pensándolo bien... ¿Qué debería responderle él? Cierto era que el qunari había logrado hacer mella en él, pero seguía teniendo sus dudas. Lo mejor era ser educado, y explicarle que debían dejar pasar el tiempo para decidirse.

Un mago de tevinter y un qunari harían una pareja complicada, expresado de manera suave. Para Dorian era lógico preguntarse que si "algo" sucedía entre ellos, tendría siquiera futuro. Meneó la cabeza para sacarse esa idea inmediatamente, ¿él y Bull juntos? Menudo chiste.

Unos pasos sonaron a su espalda, demasiado ligeros para ser los del fornido hombre que esperaba. Lentamente, se dio la vuelta.


Mientras tanto, Iron Bull ayudaba a Blackwall en los establos a recoger rápidamente las herramientas que habían estado en el exterior durante el día. El aire olía a humedad, y no se veían las estrellas, señal inequívoca de que llovería esa misma noche.

-Esto es todo. -anunció Blackwall dejando en el suelo dos palas.- Gracias, sin ti hubiera tardado mucho más.

-No ha sido nada. -justo cuando se iba, vio a lo lejos al mago. Estaba de suerte, quería verle, pero parecía que le acompañaba alguien.- ¿Qué hace ahí Dorian? Con lo friolero que es, debería estar frente a la chimenea.


A Dorian le sorprendió la pequeña figura que muy decidida le miraba desde abajo.

-¡Hola! -dijo casi gritando la enana, presa de los nervios.- Quería... ¡Quería presentarme, soy Eris!

-Ehm... Dorian, encantado. -intentaba disimular la sorpresa, aunque sin éxito.- ¿A qué se debe...?

-¡Hay algo que quería decirte, lo he estado pensando desde que me crucé contigo por primera vez aquí!

Si Eris seguía gritando así por la emoción a cada frase, se iba a enterar todo Feudo Celestial.

Dorian hizo memoria y no pudo recordar en qué momento exacto se suponía que se habían cruzado. Seguro que la enana le había dado mucha más importancia a ese momento que él.

-Soy todo oídos.

-¡Te quiero!

Bull entró en escena, quedándose ahí plantado con cara de incomodidad. Se había acercado hasta allí a saludar y no se esperaba llegar en un momento tan inoportuno.

-¡Pero no te quedes ahí, zoquete! -le gruñó Dorian. - ¿No ves que es una conversación privada?

El sonrojo de Eris aumentaba por momentos, y la joven agradeció que el qunari desapareciera a paso firme, subiendo las escaleras para entrar en el castillo.

-Yo quería decirte solo eso. - finalizó la muchacha.

Por lo visto, la energía del principio se había desvanecido. Ahora a Dorian se le hacía un nudo en el estómago ya que sabía que no iba a ser agradable de escuchar lo que iba a decir. Rechazar a alguien era duro.

-Lo siento, lamentablemente no puedo corresponderte.

-Es por el grandullón, ¿verdad? -Aventuró ella, haciendo que el mago diera un respingo de sorpresa.- Me di cuenta de cómo le mirabas.

-No le he mirado de esa manera.- enfatizó la palabra "esa".

La joven rió, se había creado un ambiente más relajado. Le sonrió y le guiñó un ojo en broma.

-Pues quítate ese bigote si quieres que te vea guapo, ¡no te favorece nada!

Dicho esto, escapó de allí para guarecerse del frío en la taberna. A Dorian le alegró verla reír así y su capacidad para bromear a pesar del rechazo, era una muchacha fuerte.

Pero su bigote se quedaría donde estaba, era parte de su encanto.

Fue corriendo al interior de la fortaleza al tiempo que caían las primeras gotas, una vez dentro se dio cuenta de que estaba helado, y soltó un estruendoso estornudo, preludio de un buen resfriado.

Bull, que lo estaba esperando en la entrada, le pasó el brazo por los hombros.

-Si necesitas a alguien que te cuide, un servidor estará encantado.

-No, gracias. Esto solo necesita reposo. -masculló el mago.

-Cómo me gusta que te hagas de rogar.

Bull recordó al instante la manta de lana que había comprado un día antes. Fue una idea genial, porque ahora que se acercaba el crudo invierno lo abrigaría eficazmente y además fue muy barata. Cuando el mercader le explicó que el precio tan bajo se debía a que el color verdoso de la manta no era estético le dejó atónito, ¡Si era muy original! Y comprarla justo ahora, cuando Dorian la necesitaba, le venía de perlas.

Decidió llevarla más tarde a la habitación del mago, y por mucho que rechistase, se encargaría de arroparlo bien con ella.


¡Muchas gracias a las personas que me dan su apoyo para seguir escribiendo! Es muy importante para mí, y sin vosotros posiblemente no me haría tan feliz volver a compartir otro capítulo de mis fics.