Disclaimer: Lo personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es regalo de una musa que decidio irse de vacaciones y no invitó u.u
Capitulo 3. Gran Batalla
Corrí todo lo que mis piernas me dieron y sin darme cuenta llegue a casa de mi abuela. Toque a su puerta como si me persiguiera un demonio, cosa que de alguna manera era cierta. Mi abuela me abrió y me miro extrañada, le pedí que me dejara entrar y ella lo hizo, mirándome de una manera extraña. No sé lo que ella pensaba, pero seguramente sabía lo que se venía.
Una vez dentro le conté todo lo que había pasado, que mi novio y mejor amigo era un vampiro, que su misión era sacar información sobre nuestra legión, que nos había atacado otro vampiro… Tuve que asegurarle como veinte veces que no había logrado que le dijera nada en ningún momento antes de que se quedara tranquila. No estaba en juego solo mi seguridad, sino la de toda la comunidad.
Ella me dijo que no se esperaba que atacaran por ese flanco pero que era bueno que "el chupasangre" no me hubiera sacado información. Me hirió la manera despectiva en la que se refirió a Jasper, pero no podía esperarme menos. Yo misma usaba ese término para referirme a los de su especie.
Esa mañana no fui a la escuela, me quede en casa de mi abuela. Unas horas después ella salió a comprar unas cosas que necesitaba y cuando estuve sola me solté a llorar como una niña pequeña.
Tenía miedo, mucho miedo. Si le hacían algo a Jasper no me lo perdonaría jamás… ahora me daba cuenta de que desgraciadamente y para mi buena o mala suerte según se le viera, me había enamorado también de Jasper. Sin querer había convertido su ojos y su sonrisa en mi motivo para sonreír, sus palabras dulces se abrazaban siempre a mi corazón de manera suave, haciéndome sentir por un momento como una chica normal, una chica común, sin ningún tipo de poder ni la responsabilidad que ese conlleva.
Recordé la noche anterior, en mi ventana, con su sonrisa de lado que tanto me emocionaba, con sus ojos verdes profundos mirándome con enigma… Entendí que nunca había intentado usarme, entendí que, así como yo tenía un deber con los demás hechiceros de mi legión, él tenía un deber con sus compañeros de su clan. Un deber irrevocable al que nos llevaba eso que éramos, eso a lo que estábamos destinados desde el momento en que nacimos, en el que fuimos creados, concebidos, en el que existimos en este mundo. Un deber que yo no podía remediar. Un deber que ninguno de los dos tenía derecho a rechazar, porque era un deber de nacimiento, de sangre. Una cruz que debíamos cargar al ser lo que éramos… al ser yo una hechicera y al ser él un vampiro. Por eso, nuestro amor estaba prohibido.
¿Pero quién podía imaginar que un amor imposible fuera tan fuerte? ¿Qué un amor tan difícil fuera tan poderoso? En mi corazón no se desvaneció ni flanqueo en ningún momento lo que sentía por Jasper, a pesar de llegar a esa resolución, a pesar de saber que no sería posible para nosotros estar juntos, que lo mejor era olvidarlo… a pesar de saber que no debía seguir amándolo, lo seguía haciendo. ¿Por qué? Corazón, corazón ¿Por qué no puedes dejar de sentir hacia él, se pensar hacia él, de quererlo? Quizá porque me enamore sin querer, porque me enamore sin permiso de mi misma. O quizá porque lo nuestro era más fuerte que un simple sentir de adolescentes. Lo que fuera, estaba perdida en mi amor por Jasper.
Llore hasta que sentí que los ojos se me secarían y luego caí profundamente dormida sobre el sofá de la casa de mi abuela.
Al día siguiente Jasper no se presentó a la escuela, mi mejor amiga me dijo que todo el grupo pensaba que nos habíamos ido de pinta el día anterior, porque ninguno de los dos se había presentado. Ese fue el momento de preocuparme realmente, pues, hasta donde sabia, los vampiros eran muy salvajes e inestables. Entre ellos se mataban sin problemas. Si él tal James mataba a Jasper ¿Qué haría yo? Me enfurecí con la vida por colocarnos en ese lugar, en donde nos había puesto. Por haberme hecho a mí una hechicera y a él un vampiro. No había sido decisión de ninguno de los dos, pero pagábamos por ello ¿Por qué?
En esos días me los pase imaginando un mundo ideal para mi, donde yo no fuera una hechicera, donde él no fuera un vampiro, donde fuéramos solo dos simples adolescentes que se conocen en la escuela, se enamoran y se quedan juntos para siempre. Donde todo lo que había pasado antes de aquella noche en la que Jasper entro por mi ventana, no hubiera sido solo un sueño. Porque para mí eso había sido. Un dulce sueño del que hubiera deseado no despertar jamás. Seguí llorando muchísimo durante tres días seguidos. Mi ánimo estaba por los suelos, me enojaba con facilidad, me ponía triste por cualquier cosa, no me podían molestar en ningún momento. Realmente me encontraba mal. Durante varios días imaginando un mundo ideal, llegue a la conclusión de que podríamos estar juntos solo si fuéramos lo mismo. Si él fuera un hechicero… o si yo fuera vampiresa. Y habría estado dispuesta a convertirme si las cosas se hubieran dado de otra manera. Pero tras tres días de ausencia en la escuela, tras tres días sin saber absolutamente nada de él, me di cuenta de que jamás lo volvería a ver. Simplemente había desaparecido sin dejar rastro alguno.
Una semana después del acontecimiento, mi abuela convocó a una junta de consejo de nuestra legión de hechiceros. Había algo importante que decir.
Esas reuniones se me hacían de lo más aburridas. Siempre eran muy secos, no había nada de que reírse, además de que últimamente que nuestra situación con los vampiros se había vuelto critica. O atacábamos o nos atacaban, así de simple.
Me pase en blanco todo el tiempo de la reunión, sin hablar, sin escuchar, hasta que una frase se coló por mis oídos taladrando mi alma, mi corazón y mi espíritu. Levante la vista al escuchar aquello como si me hubieran dado una descarga eléctrica, como si hubiera despertado de un letargo y mi corazón se aceleró como tambores. Aquello no podía ser cierto…
— La guerra estallará en unos días, debemos estar preparados—palabras reveladoras, crueles para mi corazón.
— ¡¿Qué?! —grite yo angustiada. Todos voltearon a verme como si me desconocieran. Se habían enterado de la situación completamente y por supuesto, sabían lo que se fraguaba en mi mente y en mi inquieta alma.
— Sí—mi abuela me miro con severidad, acallándome con la mirada—. Debemos destruirlos, a todos.
— Pero…—intente decir, sin embargo ¿Qué podía decir en defensa de ellos? ¿Qué no todos eran malos? ¿Qué podíamos hacernos amigos? No podía decir eso. Además me di cuenta de algo crucial en mi existencia… si Jasper estaba vivo, alguna de las personas que estaban allí lo mataría. Podría ser mi abuela, podría ser mi amiga Tanya o… o quizá sería yo.
— Pero nada—dijo mi abuela, probablemente adivinando mis pensamientos—. Es eso o morir.
La mire con terror en mi expresión. Aquello que estaba diciendo, su expresión fría y natural al hablar de matar…
No podía ser verdad.
…
Las siguientes semanas fueron insoportables. Durante las tardes entrenaba duro para la batalla, durante las mañanas iba a la escuela y durante las noches lloraba. No soportaba la idea de que alguno de mis amigos, de que alguno de mis hermanos -pues nos unía la sangre de hechicero- asesinara a mi gran amor. Mucho menos soportaba la idea de ser yo quien lo hiciera. ¿Por qué nos tuvo que pasar esto? ¿Por qué… porque…?
Nunca renegaba de mis poderes, pero aquellas noches desee nunca haberlo tenido, nunca haber nacido bajo la estrella de la hechicería, nunca haber sido hechicera. Siempre me había enorgullecido de ser especial. Una entre mil, decía mi mama. Pero en aquellos días en los que sentía que aquellos poderes solo me alejaban de mi gran amor, deseaba nunca haberlos tenido. Deseaba ser una de las chicas normales, que solo se preocupan por cómo se ven. Que no tienen que enfrentar una batalla mortal entre dos seres que o deberían existir.
Una mañana mi abuela nos convocó para informarnos que el siguiente sábado sería la batalla contra los vampiros. Para mostrarnos la estrategia de combate y darnos instrucciones a todos y cada uno de nosotros. Nuestras posiciones.
— No, yo no pelearé—dije decidida. No quería hacerlo, no si representaba la posibilidad de tener que matar a Jasper.
— Tienes que pelear—dijo mi abuela con severidad—. Si no lo haces, le estas dando la espalda a tu sangre.
Me quede congelada en el acto. Le estaría dando la espalda a mis hermanos, a la gente con la que crecí. Eso tampoco era una opción para mí. No podía olvidarme de las personas que me vieron crecer, que me enseñaron lo sabía. Todo lo que era, era gracias a ellos, a mi abuela, a mi familia, a mis amigos hechiceros. No tenía opción, tenía que luchar.
Una noche antes de la batalla soñé a mi prima, Rosalie. Ella había desaparecido hacia tiempo atrás, yo era demasiado pequeña cuando eso pasó. No recordaba nada de ella, solo su rostro por algunas fotos que había encontrado tiempo después. Pero en aquella noche, los recuerdos fluyeron a través de mi mente.
Soñé a mi prima Rose, una chica rubia que en aquel momento tenía mi edad, diecisiete años. Era muy hermosa, poseía un par de ojos azules que resultaban hipnóticos y encantadores. Recordé las muchas visitas de pretendientes a la casa de mi abuela, y ella rechazándolos uno a uno.
Pero también tuve un recuerdo, supongo de la noche que se fue. Ella estaba sentada en la sala, mi abuela la miraba con severidad y mi tía también. Ella lloraba y escondía su rostro entre sus manos, su cabello caía por ambos lados de la cara cubriéndola por completo. Mi abuela levanto la mano y señalo hacia la puerta, entonces mi prima levanto el rostro y la miro sorprendida. Yo estaba mirando desde las escaleras y entendí ese gesto. Rosalie se levanto del sofá y caminó con la cabeza gacha, musito un "Lo lamento" y se fue.
Me desperté confundida y por un momento no entendí donde estaba. Entonces me ubique y supe que aquel día era el decisivo en mi existencia. ¿Qué era lo que significaba que recordara a mi prima precisamente esa noche? No estaba segura. Pero claro, en este momento para mí todo era incierto.
…
Juro que si hubiera podido ponerle música a cada momento de mi vida, este tendría algo demasiado estridente. Me encontraba en un gran claro, al lado de todas las personas que compartían mi poder. Era el momento de la verdad.
Tenía miedo. En el aire se respiraba angustia, se respiraba terror y un destino de sangre.
A lo lejos divise entre la niebla el grupo de vampiros acercándose con paso veloz y cauteloso. Sentí como si algo se quebrara dentro de mí, entre ellos debía venir Jasper y si no, significaba que estaba muerto. Ellos se detuvieron a unos cinco metros de nosotros. En las filas lo vi. Era él, estaba… herido.
Al parecer lo habían torturado. Pues en su rostro había muchas cicatrices que parecían recientes, cicatrices que yo no conocía antes, pero era él y yo me encontraba a solo cinco metros de mi gran amor y sin poder hacer nada. Según lo que yo sabía entre los vampiros las torturas eran muy naturales. Era su manera de mantenerse unidos entre sí. Sentí que la sangre me hervía y que se me subía a la cabeza. Sentí una ira inmensa que me costó mantener controlada. No quería ser yo la que diera inicio a la batalla.
Mire a Jasper insistentemente, busque su mirada, él me miro y nuestros ojos se cruzaron en un silencio doloroso. Él me miro con tanto dolor, el mismo que yo llevaba en el alma. Nuestros corazones estaban unidos, pero nuestras vidas separadas por nuestra naturaleza. Sus ojos reflejaban todo lo que yo sentía, la angustia, el dolor, la tristeza.
Mire de reojo toda la línea enemiga, intentando analizar todo. Mis oídos se sellaron y deje de escuchar a todo el mundo, solo existíamos yo y este momento. Este momento en el que no sabía si salir corriendo de allí y llevarme a Jasper conmigo o quedarme a pelear.
No escuche las amenazas y los insultos que se dedicaban unos a otros mi abuela y el vampiro que los lideraba. Solo sentí el momento en el que la batalla había estallado. Como el sonido de algo que al caer se fractura, así fue como mis piernas reaccionaron por si solas y comenzó el final.
Eche a correr y me decidí a usar mis poderes para acabar con esto de una vez por todas. Me lancé entre las filas enemigas con decisión y comencé a atacar a cuanto vampiro se me ponía enfrente. No entendía porque teníamos que hacer esto, me dolía en el alma. Una parte de mi me decía que los aniquilara a todos, que no dejara ni uno en pie, que era por mi raza, por mi gente. Pero otra parte de mi me pedía que buscara a Jasper, que lo tomara de la mano y le pidiera que huyéramos los dos pronto. Me debatía entre ambas opciones a la vez que golpeaba con bolas de fuego a los vampiros y me protegía con hechizos.
Entonces una mano fría me tomo por la muñeca y me arrastró a través del campo. Me intenté zafar, pero ¿Cómo? Este vampiro tenía una fuerza desastrosa, un poder que anulaba el mío. No lo entendía. No podía hacer nada, mis poderes estaban anulados. No podía defenderme ni huir. Pensé que era mi final.
Me llevo a un rincón apartado del campo de batalla, pensé que quería beber mi sangre sin interrupciones, así que tenía cerrados los ojos. Pero entonces me ataco mi orgullo y decidí que si moría, moriría de pie. Los abrí y clave mi mirada en la de aquel vampiro, cuando por fin pude mirarlo el alma se me fue a los pies. ¡Santo Cielo! Se trataba de mi prima.
— ¡¿Rosalie?! —grite sorprendida. Ella siempre había sido una belleza despampanante. La última vez que la había visto su cabello rubio le llegaba a la cintura y sus ojos eran azules, distintos de estos orbes verdes que me descolocaron. Pero era ella.
— Alice tienes que irte de aquí—me dijo.
— ¿Tu de donde saliste? —le grite asustada—. Nos dijeron que te habías fugado con tu novio—recordé de repente.
— En parte fue cierto—dijo mirando el suelo apenada—. Mi novio era vampiro, Alice. Me transforme hace años. Tenía que hacerlo, me abrían alejado de él.
— ¿¡Cómo!?—grite sorprendida. Ella había corrido la misma suerte que yo, pero había tomado una decisión completamente distinta.
— Así es. Alice, eras muy pequeña, pero siempre fuiste mi prima favorita. Se lo que ha pasado, así que no puedo negarte que estoy muy contenta de verte de nuevo. Tienes que irte de aquí ahora, solo así podremos detener esto.
Yo estaba alucinada con este reencuentro cuando me percaté de que Jasper llego a mi lado.
— Alice ¿estás bien? —me pregunto con sincera preocupación.
— Si—dije. Pero quería seguir hablando con ella.
— Listo, Jasper. Te la dejo.
— ¿Qué? —repliqué.
— Debo ir con Emmett y entre ambos detener esta locura—dijo.
— Pero… — No entendía como ella detendría la batalla, deseaba ser parte de eso, no huir.
— Jasper, llévatela de aquí. No te preocupes Alice, todo estará bien.
Rosalie se fue y Jasper me tomo en brazos llevándome lejos de allí. Pataleé y grite en un primer momento, luego me aferre a él y me permití llorar.
Durante el camino la clarividencia se hizo presente en mí. Entendí el porqué de la decisión de Rosalie y me di cuenta de que ahora estaba a tiempo de tomarla yo también. Llegamos a una casa abandonada, en ese momento yo ya estaba cien por ciento decidida de lo que quería. Apenas nos encerramos en una habitación lo mire a los ojos y le dije.
— ¡Transfórmame!
— ¿Qué cosa?
— Transfórmame, Jasper. Quiero estar contigo por toda la eternidad, quiero que sea como mi prima. Como Rosalie, yo te amo, tú me amas ¿Qué más da ahora? ¡Transfórmame!
— ¿Estás segura? — me miro a los ojos con persuasión.
— Si, y hazlo ya—dije temiendo que mi resolución se acabara al ver en sus ojos. No podía permitírmelo, no podía rendirme ahora. Debía hacerlo por él y por mí. Cerré los ojos y pegue mi rostro a su pecho abrazándome a él, llenándome de su esencia, de su presencia. Temía que de pronto desapareciera y me volviera a quedar sola.
Lo mire a los ojos una vez más, suplicándole con la mirada. Él me miro fijamente y una gota de sangre resbaló por su mejilla. Ellos lloran sangre, eso me habían dicho alguna vez. Jasper lloraba, en ese momento lloraba.
— Bien, lo hare—me dijo secando la sangre que corría por su piel. Se acerco a mí con paso vacilante y tomo mi rostro entre sus manos. Se inclinó hasta mí y sus labios rozaron mi garganta. Sentí su aliento frio en mi piel y me estremecí.
— Te dolerá— dijo él—. Lo siento.
Entonces sus dientes cortaron mi piel…
El dolor me invadió al instante, era un dolor terrible, pero me aferre a un pensamiento durante el tiempo que duro esa tortura "En el dolor hay sanación"
Sentí la mano de Jasper y escuche su voz junto a mí todo el tiempo, tratando de calmarme. Su mano tocaba mi frente, mi mejilla y tomaba mi mano y yo me aferraba al sonido de su voz y a la sensación de su piel para soportar.
Hola de nuevo! :$ Que verguenza con ustedes desaparecer tanto tiempo, y volver solo con el final de Blood Essence, se merecen uan disculpa enorme y espero poder compensarlos pronto, pero no se cuanto tiempo me tome escribir el siguiente capitulo de LDA y el de DVUMA, alguno de los dos terminare primero, pero Klau se metio a clases de esgrima antigua y tengo muy ocupadas las tardes y las mañanas :P Asi que no se como le hare, eso y que mi inspiracion decidio salir de viaje. Pero bueno, hare todo lo posible por volver pronto por aqui. Agradecere sus reviews en este final tan lindo *-* (a mi me gusto) y el epilogo lo subire en un par de dias ¡LO PROMETO!
Nos leemos pronto.
Klau :D
