Holaaaaa!!!

no saben cuanto siento la demora, pero entre a la universidad y ya casi no tengo tiempo para nada... sinceramente espero que este capitulo recompence tan larga espera n.n

les doy las gracias a: Omikuchan, Rinko Inukai, Ninfa del Mar, Katalina y ice:cream. muchas gracias por sus hermosos comentarios, me he animado mucho a escribir con ellos.

me queda dejar una pequeña advertencia... no es lemon, pero es un intento XDDD... espero que no les desagrade, trate de hacerlo de una manera en la que no sonara vulgar.

bueno, eso... mas notas al final. ah! y recuerden que los personajes no me pertenecen, si no a su respectivo autor, pero la historia es mia XD y no la hago con ningun fin de lucro. ahora si el capitulo...


Diseño de la Pasión

"Tentación inevitable"

La noche pasaba lentamente, sin dar tregua alguna a la chica que miraba perdida la hermosa luna creciente. Habían pasado tantas cosas en ese viaje que era poco lo que lograba descansar cuando cerraba los ojos, ya que cada vez que lo hacia un imagen repleta de emociones incontrolables aparecía frente a ella. Estaba realmente cansada de esta situación, habían regresado esta mañana a la ciudad y lo evitaba todo lo que podía, no quería hablar con él, no tenia el valor para hacerlo. Pero cada vez se le estaba haciendo mas insostenible el hacerlo sin razón alguna, estaba segura que llegaría el momento en el que ya no podría evitarlo, solo esperaba que esa ocasión se tardara una eternidad en suceder.

Su cuarto estaba con algunas cajas, ya que había empacado lo que no ocupaba con regularidad para hacer más fácil el cambio de vivienda cuando fuera la hora de irse. Todas las demás habitaciones corrían la misma suerte con las pertenencias, solo tenia a mano lo que usaba diariamente.

Camino hasta el escritorio de su habitación, apagó la computadora en la que trabajaba y se estiro para quitar un poco la pereza de su cuerpo, mientras un bostezo involuntario escapo de su boca. Llevaba horas trabajando en el informe de la visita al hotel para entregarlo por la mañana, pronto las cosas estarían claras con respecto a ese proyecto y podría desligarse de la responsabilidad, que en ese momento, la ligaba a Kouga.

Se sentó en la cama y tomó de la mesa de noche un periódico que había estado ojeando unas horas antes. Encerrados en círculos estaban los avisos de departamentos que se arrendaban aun buen precio, los cuales ella misma había seleccionado, mañana por la tarde tenia que ir a ver uno que llamaba su atención. Le quedaban poco mas de una semana para irse, pero prefería hacerlo ya mismo y ahorrarse problemas después, estaba casi segura que el lugar que iría a visitar seria el indicado.

Su cuerpo se cayó sobre el acolchado y suspiró pesadamente, aun no había visto ni a Kagome, ni a Rin, debido a los ajetreados días a los que se enfrentaba, por lo que todo lo referente al viaje al hotel solo lo sabia ella misma… ¿Qué les diría a sus amigas cuando le preguntasen?

No pudo evitar una oleada de sueño, por lo que se acomodo en la cama para dormir y al cerrar los ojos una visión apareció frente a ella. Se veía bailando con él, sintiendo sus manos a través del vestido mientras seguían el son de la música y luego, ese beso en el ascensor que parecía quitarle el aire. Su último suspiro del día, nuevamente, era por él…

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Eran cerca de las seis cuando no pudo seguir durmiendo por culpa de sus sueños, despertó sobresaltada, agitada y con la frente empapada de sudor. Limpió con el dorso de la mano derecha su cabeza y quito las cobijas para levantarse, estaba claro que no podría volver a conciliar el sueño después de eso.

Miró el reloj que colgaba en una pared cercana y suspiró, de todas maneras solo le quedaba media hora antes que sonara el despertador, así que no era gran perdida. Después de pasar una mano por su cabello pelirrojo como símbolo de desesperación, se puso de pie para dirigirse a la ducha, necesitaba una muy larga para poder quitar su más reciente fantasía con él de su cabeza.

Ninguna de sus visiones había sido tan abrumadora y embriagante como esta. El agua fría que caía de la regadera no era suficiente para apartarlo de su mente, era una imagen demasiado real como para pensar que no existía. Una leve maldición escapo de su boca al darse cuenta que ya ni siquiera podía controlar el rumbo de sus pensamientos estando despierta, eso la inquietaba… ¿Por cuánto tiempo mas podría seguir resistiendo a lo que deseaba?

La espuma que se deslizaba suavemente por todo su cuerpo paso a ser otro elemento de su utopía, antes de que pudiera controlarse estaba pensando en lo bien que debía sentirse ser acariciada por él como lo hacían aquellas burbujas.

Cerró el grifo y salió rápidamente al percatarse que todo había dejado de ser una inocente fantasía ¿En que momento había subido la temperatura en aquel cuarto? Definitivamente la ducha la estaba afectando, no había otra explicación.

Se arreglo como de costumbre y tras tomar desayuno salio de su apartamento rumbo al trabajo con el informe terminado en una carpeta, listo para ser entregado. Necesitaba, ahora más que nunca, alejarse de Kouga, y el deshacerse del lazo laboral era lo más indicado para este momento.

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Pronto se encontraba presentándole, con exacta puntualidad, el informe a su jefe. Sesshoumaru, quien miraba levemente asombrado los papeles entre sus manos, estaba sentado tras el escritorio y no prestaba mayor importancia al nerviosismo de la chica frente a él.

Ambos estaban en la oficina del ambarino, eran cerca de las una de la tarde y se podía percibir un cierto aire de tensión en el ambiente.

Ayame, tras haberse presentado en el lugar, había ido directamente al grano y ahora dudaba de la expresión del hombre. Él era incomprensible para ella, a veces dudaba como podía congeniar tan bien con u amiga Rin, quien era una mujer dulce y risueña, pero sabia por propia boca de ella que Sesshoumaru podía llegar a ser totalmente distinto a lo que normalmente aparentaba. De todas maneras eso estaba bastante lejos de su incumbencia, mientras no le hiciera nada malo a la joven castaña, todo estaría bien.

- Me deja asombrado su eficacia, señorita Shimamura – dijo el gerente de las empresas Taisho al terminar de leer.

La pelirroja analizo lo escuchado, si realmente estaba asombrado lo ocultaba muy bien. Se regaño mentalmente, no era el momento para pensar en eso.

- Muchas gracias señor – contesto tras un leve silencio. Trataba de disimular el temblor de sus manos, aun con el tiempo que llevaba en la compañía cada vez que lo veía se sentía un poco intimidada.

- Estoy seguro que esta publicidad será un excelente lanzamiento – se puso de pie y Ayame lo imito – La felicito, puede retirarse.

- Señor… - el hombre de fría mirada la observo, instando a que continuara. Ayame aclaro su garganta antes de continuar – Como he terminado con mi trabajo, pido que me sean devueltos los días ocupados… - se sintió un poco cohibida y aunque no debía explayo su explicación – Vera, por causas ajenas a mi debo abandonar el edificio donde vivo y planeaba ocupar esos días para hacerlo.

- Por supuesto… - afirmó sin expresión alguna. Una leve inclinación de cabeza por parte de la joven zanjó el término de la conversación y con eso se retiro para terminar de cumplir con su horario de trabajo.

Al salir del lugar se dirigió al ascensor, iba tranquila, se sentía segura por la reacción que había tenido su jefe. Apretó el botón para llamar al aparato y espero pacientemente mientras meditaba.

Desde que había llegado no lo había visto. Al preguntar en recepción para ver si había llegado, le informaron que él había avisado que llegaría mas tarde por problemas personales. No podía evitar preguntarse cuales serian esos asuntos, sentía curiosidad y, porque negarlo, también cierto temor… ¿Qué pasaría si esos problemas personales tuvieran que ver con una mujer? Nuevamente la invadió la sensación de celos que había sentido hace algunos días en el avión. Cerró los ojos para poder controlar las emociones aglomeradas en su pecho y los abrió cuando las puertas se separaron frente a ella.

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Se había visto obligado a esperar en su apartamento la llamada de un amigo, hace días que esperaba noticias sobre cierto asunto que quería terminar de una vez. Pero ahora todo valía la pena, por fin podría decir que ya sabia lo que había pasado hace años, estaba seguro que cuando le entregara la nueva información a Sesshoumaru, este quedaría gratamente satisfecho.

Miro su reflejo en los espejos del elevador, iba vestido como de costumbre, con un pantalón y una camisa. Su rostro reflejaba un semblante difícil de describir, pero sobre todo reinaba la tranquilidad y eso era lo que se cuestionaba. A pesar de estar seguro de lo que había hecho, no tenia idea de las consecuencias que había dejado en lo que él ahora llamaba pasado, no quería permitir que los pensamientos de culpa irrumpieran su criterio y no le permitieran pensar con frialdad, pero esto cada vez se hacia mas complejo, aunque no tuviera noticias de su familia sabia lo que seguramente pensaban de su actitud.

Recordó las palabras que alguna vez le dijo su padre, sin duda alguna el pensar en él siempre lograba martirizarlo y hacerlo pensar que actuaba con inmadurez e irresponsabilidad, pero en el fondo, pese a lo que pudiera pensar su progenitor, sabia que estaba haciendo lo correcto.

Tan solo tenía escasos recuerdos felices durante su niñez. Su madre aparecía en todos ellos, pero en muy pocos lo hacia su padre. Cuando era niño se conformaba fácilmente con la respuesta que le daban todos al decirle que tenia mucho trabajo, pero cuando paso el tiempo no le costo darse cuenta de toda la verdad. No era que tuviera demasiado que hacer, si no que parecía obsesionado con ampliar su capital y hacerse un buen nombre en la sociedad china y el costo de eso era que su familia pasara a segundo plano, no se molestaba por él, pero en ocasiones llegaba a sentir rencor al ver a su madre, ella a pesar de todo seguía a su lado y le perdonaba una tras otra las actitudes faltas de cariño ¿Cómo pudo quererlo tanto?

Una lagrima amenazo con salir al pensar en la delicada figura de aquella mujer, a pesar de los años que ya no estaba a su lado aun la extrañaba como el primer día, le hacia falta escuchar su voz y sentir su presencia que lo llenaba de fuerza… Fuerza que ahora necesitaba.

La pequeña gota salada escapo y corrió por su mejilla lentamente, con la intención de impedir que más siguieran el camino de la primera presiono sus ojos con los dedos de la mano derecha.

- ¿Estas… Bien? – escuchó provenir de una voz preocupada. Dio un paso hacia delante sin levantar la vista mientras quitaba los rastros de un llanto que llevaba conteniendo durante mucho tiempo, pero que nunca había podido liberar.

- No es nada – pasó rápidamente por su lado sin prestarle mayor atención, lo que menos quería en ese momento era que alguien sintiera lastima por él.

También ignoro a la secretaria que lo miraba tras un escritorio a unos metros de la puerta de su jefe y solo se limito a tocar un par de veces para luego perderse tras la puerta.

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¿Era idea suya o le había visto una lagrima correr por el rostro? Aun no podía despegar la vista de la puerta de la oficina de Sesshoumaru, por la que Kouga había desaparecido hace algunos minutos, por la impresión y la confusión que llenaban su mente. Sentía un nudo en el pecho… ¿Así se sentía él cuando ella lo ignoraba? Eran demasiadas preguntas las que se acumulaban al mismo tiempo, no entendía su reacción, parecía estar huyendo de algo, ocultando lo que sentía… ¿Estaba sufriendo? Y si así era ¿Por qué?... O mejor dicho… ¿Por quien?

Se sintió impotente, quería ayudarlo, necesitaba saber que le estaba pasando, que era lo que lo afligía, pero… ¿Cómo hacerlo si se había dedicado todo el tiempo a apartarlo de su lado?

Su corazón dio un vuelco, tanto tiempo alejándolo y en este momento lo que mas quería era poder estar a él. Se sorprendió a si misma deseando conocerlo, deseando saber tanto de él que le permitiera descubrir lo que le pasaba, pero ya era demasiado tarde.

Dio media vuelta con la intención de marcharse, pero en vez de entrar al ascensor, se dirigió a las escaleras, necesitaba tiempo para pensar a solas y sabía que nadie las usaba a menos que fuera necesario.

- Que tonta soy… - murmuro mientras bajaba los peldaños por inercia – Kouga…

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Sus ojos ardían por tanto contener las lágrimas, pero este no era ni el momento ni el lugar para dejarse llevar. No solía darle tantas vueltas a ese asunto en particular y desconocía la razón de por que en esta ocasión era diferente.

Miraba medio distante al hombre frente a él, Sesshoumaru leía los papeles que le había entregado momentos atrás con evidente interés. Mientras él debería estar haciendo lo mismo con la carpeta que estaba en su mano, pero lamentablemente su cabeza estaba aun fuera del trabajo.

- Al final… Todo lo que sospechábamos era cierto – miró hacia delante y vio que Kouga no le prestaba la menor atención – Veo que no tienes la mínima intención de escucharme – alzó una ceja interrogando silenciosamente cuando el joven de cabello oscuro levantó sus ojos desentendido - ¿Sucede algo?

Pestañó un par de veces antes de darse cuenta que estaba actuando mas extraño de lo normal. Ideo rápidamente algo en su mente y con su mejor tono aseguró…

- Solo estoy sorprendido por la información, aun me cuesta trabajo pensar en que un hombre que ha estado tan cerca de mi padre por tantos años sea el culpable de todo – hizo una mueca de desprecio, recuperando por completo su personalidad y dejando atrás sus pensamientos, al menos por ahora – De solo pensar la confianza que tiene en él me provoca un sentimiento difícil de describir… Ha estado robando sin ningún remordimiento desde que salio de aquí.

- A decir verdad, me sorprende que con la inteligencia que tiene tu padre no haya notado las verdaderas intenciones de ese hombre – cerró la carpeta y se puso de pie para observar por el ventanal que estaba tras es escritorio en el cual se encontraba sentado hace algunos segundos – Mi padre también confió ciegamente en él y ya vez como termino. El prestigio de la empresa, que tanto le había costado adquirir, se perdió en un instante.

- Debe habérselas ingeniado para culpar de todo a las empresas Taisho y salir completamente limpio de los problemas que ocasiono… - dijo Kouga mirando a la nada, estaba ensimismado con sus meditaciones - Y mi padre estaba tan enfadado por lo perdido que no tuvo tiempo para preocuparse por la verdadera cara de ese sujeto.

- Al menos ahora que sabemos la verdad de lo ocurrido podremos desenmascararlo y terminar de una vez con las asperezas que se formaron hace años – volteo hacia el oji-azul con una sonrisa victoriosa en el rostro y volvió a sentarse frente al escritorio – Le haré saber lo que se siente estar derrotado y humillado como una vez se sintió mi padre – los ojos ambarinos brillaron con una extraña mezcla de maldad y determinación, dando a entender a Kouga el porque lo llamaban "El abogado el diablo" un apodo muy acertado, pensó divertido.

- ¿Se lo dirás a tu hermano? – preguntó tras un instante de silencio mirando a Sesshoumaru mientras este ordenaba los papales.

- Por el momento es mejor que no, él esta muy ocupado con el manejo de la compañía y la planificación de su boda – respondió después de pensarlo por un segundo el ambarino – Ahora, lo más conveniente es centrarnos en el trabajo y terminar con la publicidad. Te recomiendo que leas el informe de la señorita Shimamura y si tienes alguna duda, pregúntaselo a ella.

Kouga asintió levemente y se puso de pie para retirarse, antes de llegar a la puerta recordó la voz afligida que lo había interceptado a la salida del ascensor y se volteo para preguntar…

- ¿Cuando lo ha entregado?

- Poco antes que llegaras – le dijo Sesshoumaru sin darle mayor importancia – Seguro te la encontraste por el camino – añadió sin quitar la vista de la pantalla del ordenador.

- Ya veo… Con tu permiso – salio de la oficina con la duda rondándolo, estaba casi seguro que el tono que había ocupado esa persona era de preocupación, entonces si era ella… ¿Se había preocupado sinceramente por él? La sola idea le arranco una sonrisa, la primera en lo que llevaba de día.

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Miraba maravillada el departamento frente ella. Los primeros matices de la tarde entraban por el ventanal de la sala dándole un toque armonioso, tranquilo. Gracias a que no tenía ningún mueble podía admirar cada rincón y confirmar sus sospechas: Este era el lugar.

Estaba ubicado en el sexto piso de un edifico bastante cerca de su trabajo, tenia buena conserjería y se notaba que el vecindario era tranquilo. El departamento era amplio, con piso flotante en toda las habitaciones, a excepción de las recamaras en las que una alfombra color oxido cubría el piso, y paredes blancas. Al entrar había un panel que impedía la vista a la sala y el comedor, pero por ambos lados de este, y al bajar un escalón, se llegaba a estas estancias. Por la derecha se iba a la cocina, que tenía los muebles incluidos, todos de un color gris claro, y era en forma de L, al final había una puerta que conducía a un pequeño cuarto de lavado. Por la izquierda se llegaba al cuarto principal del departamento. La habitación era espaciosa, tenía un closet lo suficientemente grande para guardar toda su ropa y mucha más, y un baño propio que incluía tanto ducha como una relajante bañera. Paralela a la puerta de entrada, al final de la sala se encontraba una recamara mas pequeña, pero igual de acogedora y junto a esta, se hallaba el baño.

Estaba segura de su decisión, así que solo media hora mas tarde estaba firmando los papeles de arriendo con el corredor de propiedades. Mañana mismo comenzaría con la mudanza y si todo salía bien, estaría totalmente instalada antes que terminaran sus días libres.

Sonrió satisfecha mientras se dirigía a tomar un taxi. Miró nuevamente el edificio en el que muy pronto estaría viviendo y pensó que ese seria un nuevo comienzo, no debía temerle al cambio. Estaba a punto de reanudar su camino cuando su teléfono comenzó a sonar…

- Diga… - contesto apresurada después de extraer el aparato de su cartera - ¿Kouga? – pregunto sorprendida.

- El mismo que viste y calza – bromeo del otro lado. Escucho con algo de dificultad un gruñido de parte de la pelirroja – A mi también me alegra hablar contigo…

- Veo que haz recuperado tu peculiar sentido del humor – dijo ella con ironía. Caminaba con paso cansado hacia la parada de taxis que estaba a dos cuadras.

- ¿De que hablas? – interrogo mas que por seguridad, no estaba seguro de sus suposiciones y no quería equivocarse.

- De nada… – susurro despacio, comenzaba a cuestionarse si lo que había visto era real. Aun no podía despejar su preocupación por aquella imagen y viendo que él podía sacarla de sus casillas rápidamente se sentía mejor, era a ese Kouga al que… Se detuvo en medio de la acera al darse cuenta de lo que estaba pensando, le estaba dando demasiadas vueltas, tenia que dejar de hablar con él en este momento - ¿Para que llamabas?... Estoy con algo de prisa – trataba de terminar con esa llamada de una vez, aun no podía evitar sentir una corriente eléctrica por la espalda cuando recordaba aquel beso…

- Es simple. No entiendo una cosa de tu informe y esperaba que aceptaras juntarte conmigo para que me lo explicaras.

Debía estar loco si pensaba que ella se iba a arriesgar de esa manera. No podía darse aquel lujo, mientras mas lejos de él se mantuviera, mas tranquilas estarían sus emociones.

- Estoy segura que lo deje lo suficientemente claro como para que lo entendiera un niño de diez años – dijo cortante – No tengo tiempo para esto. Adiós – y sin decir mas, colgó.

Dio un suspiro fatigado cuando por fin dio con los taxis, aun le quedaba un trámite más por hacer, así que no tenía tiempo para perder con boberías. Cruzo la calle y cuando estaba a punto de subir al vehículo el celular comenzó a sonar nuevamente.

- Diga… - contesto suponiendo quien era.

- Vamos, será menos de una hora – le pidió el oji-azul con tono de suplica.

- Ya te lo dije, no tengo tiempo – la exasperaba su insistencia ¿Es que no tenia un poco de conciencia? Seguramente le encantaba hacerla enfadar – Ahora déjame en paz – volvió a colgar cerrando los ojos. Ya estaba en el taxi y le iba a indicar la dirección al chofer, pero… - ¿Es que no entiendes? No puedo perder el tiempo contigo.

- Creo… que no esperabas mi llamada ¿O me equivoco? – pregunto una voz femenina por el otro lado del auricular.

- Kagome – la reconoció al instante, e inmediatamente se sintió avergonzada – Yo… No sabia que… Discúlpame, pensé que eras otra persona – se rindió ante la risa de su amiga.

- Tranquila, no pasa nada… - la apaciguó al ver que se oía arrepentida - Solo llamaba para ver si nos podíamos ver para conversar un rato. Hoy ni siquiera te vi la sombra en la empresa, pero veo que estas ocupada…

- No, es solo que no quería verle a él… - dio un suspiro y luego añadió – Pero claro que tengo tiempo para ti.

- Pues entonces nos vemos en media hora en el restaurante de siempre… Tengo algunas cosas que contarte – dijo misteriosa – Adiós… - colgó sin esperar respuesta.

Ayame volvió a suspirar, todo ese suspenso aplicado por Kagome era un poco extraño, seguramente, planeaba o escondía algo. Le dio la dirección de un pequeño restaurante en donde solía verse con sus amigas para conversar y distraerse fuera de las horas de trabajo, luego solo cerró los ojos para tratar de calmar la jaqueca que comenzaba a ponerla de mal humor.

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Quito el teléfono de su oreja con desilusión, había tenido la esperanza que ella aceptara su invitación, pero claramente se había equivocado. No podía esperar que Ayame se acercara a hablarle como si nada hubiera pasado, eso seria absurdo, ni él mismo podía hacerlo.

Se despidió del portero del estacionamiento y se fue a su departamento como de costumbre. Después de terminar con el papeleo, los bosquejos y los demás asuntos preliminares, tendría que volver a viajar al hotel para supervisar la grabación del anuncio. Todo estaba saliendo como estaba previsto, a excepción de lo que había planeado para si mismo. No estaba seguro en que momento, pero Ayame se había convertido en parte importante de su vida, cada vez eran mas grandes las ganas de verla, de acercarse, de hablar… Podía pasar el resto de su vida negándolo, podía simular que no lo sabia, pero ya era casi imposible… Estaba grabado con insistencia en su memoria el sabor de sus labios, la suavidad de su piel, el sonido de su voz. Todo lo que lo rodeaba se la recordaba, parecía una droga que se había vuelto en su completa adicción, y él, sin resistencia, había sucumbido. Pero todo eso parecía nada ante sus intenciones, quería poder verla sonreír todos los días, escuchar su voz sin discutir, ver sus ojos mirarlo solo a él… Quería, por primera vez en su vida, tener algo serio con una mujer, con Ayame Shimamura.

Cuando llego a su casa solo pudo dejarse caer sobre un sofá de tres cuerpos que adornaba la sala. Estaba ligeramente cansado por las actividades del día de hoy, sin contar que la noche anterior apenas había podido dormir.

Pensó un momento en la reunión que había tenido con el mayor de los Taisho, estaba seguro que a esta altura él ya sabia lo que debían hacer. No había que ser muy inteligente para suponer que cualquiera fuera el plan, este incluiría que deberían ir donde el hombre que había ocasionado todos los problemas con la compañía para la que ahora trabajaba, pero presentía que iba a ser un enfrentamiento complicado, mas sabiendo que su padre pondría las manos al fuego por aquel hombre.

Su estomago rugió con fuerza y se dio cuenta que debido a la ansiedad no había ni siquiera desayunado, por lo que se levanto con algo mas de animo y se dirigió a la cocina con la clara intención de prepararse algo de comer.

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Entró al lugar en el que había quedado con Kagome y se sorprendió al divisarla el uno de los lugares mas apartados de la entrada. Iba vestida con un pantalón ajustado y un sweater de lana. Levantó la mano para indicarle que se acercara y Ayame obedeció mientras se preguntaba el porque del extraño comportamiento de la azabache.

- ¿Sucede algo malo? – preguntó sin rodeos luego de saludarla y sentarse frente a ella.

- Como crees… - negó mientras movía la cabeza – Solo creí que en este lugar tendríamos mas privacidad – rió nerviosamente al mismo tiempo que dirigía una mirada al resto del restaurante.

- Estas ocultándome algo, eres demasiado transparente… – dijo hábilmente la pelirroja. Noto inmediatamente que su amiga desviaba la mirada hacia un leve alboroto en la entrada y también dirigió sus ojos hacia aquel lugar.

Unos cuantos periodistas eran detenidos por los meseros, observaban en dirección a su mesa mientras trataban de convencer a los hombres que los dejaran pasar. Ayame estaba confundida por la intromisión de la prensa en el local, sabiendo que era un lugar muy tranquilo y que nunca había pasado algo así.

- Ayame… – llamo la modelo para obtener su atención, rápidamente las esmeraldas estaban posadas sobre ella y se apresuro a decir – Me casare con Inuyasha en pocos meses – la pelirroja la observo con sorpresa, pero no pronuncio palabra alguna – No quería que una de mis mejores amigas se enterara por un periódico o por la televisión – termino diciendo Kagome con un suspiro.

- ¿Qué…¿Desde cuando que…? – balbuceó confundida ante la seria expresión de la mujer sentada frente a ella - ¿Es en serio?

- Pues claro que te estoy hablando en serio… ¿Crees que bromearía con algo así? – dijo Kagome fingiendo una mueca de molestia ante la duda.

Lo siguiente que la joven modelo pudo ver fue a la pelirroja abalanzarse a ella mientras exclamaba un sin fin de felicitaciones. Solo atino a corresponder el gesto sonriendo y viendo que los periodistas se impacientaban por pasar y acercarse a preguntarle boberías como lo habían hecho desde que los habían visto, a ella e Inuyasha, en el restaurante hace algunos días.

- Ahora entiendo porque tienes a esa tropa siguiéndote – bromeo Ayame cuando volvió a su sitio. Sonreía sinceramente por la evidente felicidad de Kagome.

- Tal vez sea mejor que nos vayamos a otro sitio, no quiero incomodar a nadie – profirió mirando hacia los periodistas que parecían no quitarle el ojos de encima. A decir verdad la situación comenzaba a cansarla, esos hombres la seguían hasta a su casa y casi no la dejaban respirar, la única razón por la que los soportaba era porque Inuyasha la había calmado diciéndole que solo durarían un par de días más, pero comenzaba a dudar que fuera así.

- Tienes razón – opino la oji-verde poniéndose de pie y sacándola de su pequeña meditación.

Salieron por una puerta auxiliar gracias a uno de los meseros y subieron a un taxi antes que algún reportero las alcanzara.

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Un día después, alrededor de las once de la mañana, los trabajadores de la mudanza aun no terminaban de subir sus cosas hasta su nuevo apartamento, se notaba que les quedaba bastante trabajo. Tenía suerte, pues al ser un día laboral ella podía hacer ese tramite sin molestar a sus vecinos. Entre esa tarde y el día de mañana tendría que acomodar lo que mas pudiera, ya que el viernes debía volver al trabajo. Se sentía levemente cansada por el ajetreo, pero agradecía que Kagome, no encontrando otro lugar donde charlar se hubiera ofrecido para ayudarle a empacar lo que faltaba, esa tarde esperaba a Rin, quien moría de ganar por saber el lugar donde vivía ahora y por ayudarla a terminar en el tiempo que había determinado la pelirroja con anterioridad.

Ayame era una mujer práctica y autosuficiente, capaz de tomar decisiones con facilidad y determinación. Nunca se le podía sorprender dando un paso en falso o con dudas al respecto, y era por esa razón que había prescindido de las personas que se acercaban a ella con la clara intención de aprovecharse de su "ingenuidad", pero gracias a que tenia el fuerte carácter forjado por sus padres pudo darse cuenta a tiempo y alejar a tales individuos. Si embargo, siempre hay excepciones, eso lo comprendió cuando comenzó a trabajar en Taisho Company y conoció a los que ahora consideraba sus mejores amigos.

Quito con el brazo el sudor de su frente, estaba acomodando los sillones de la sala y la mesa del comedor, aun no había puesto las cortinas en el ventanal y debido a esto la luz del sol pasaba sin problemas hasta el lugar donde se encontraba. Traía puesto ropa deportiva y zapatillas, con esto podía moverse sin problemas y ejecutar tareas pesadas, aunque gracias a una extraña amabilidad, los hombres de la mudanza dejaban todo donde ella lo pedía, solo movía las cosas que no terminaban de convencerla para no molestar mas de lo debido a los trabajadores.

Cerca de las doce del día apareció la joven madre, venia con ropa similar a la de Ayame, anteponiéndose al trabajo que le quedaba por delante a la publicista. Había dejado a su pequeña hija con su madre y Sesshoumaru había quedado en pasar a buscarla a eso de las seis para volver juntos a casa. Estaba ansiosa por saber los pormenores del viaje a Shirahama y sobre todo quería saber que tan cierto era el presentimiento que tenia desde que había conocido a Kouga.

- Dime Ayame… ¿Cómo te fue en el hotel? – comenzó a interrogar mientras ambas estiraban las sabanas de la cama de dos plazas acomodada en la habitación principal - ¿Paso algo interesante que quieras contarme?

- Tu siempre tan directa… - rió ante la pregunta, la castaña le saco la lengua con diversión y también comenzó a reír. Suspiro hondo para comenzar – Pasaron algunas cosas…

Los ojos marrones brillaron traviesos, y supuso por la expresión de la pelirroja que eran cosas importantes para ella. Tal vez habían dado un paso, quizás ya no lo odiara y pudieran llevarse bien de ahora en adelante. Todo podía suceder cuando se trataba de Ayame, era impredecible.

Un hombre entro al cuarto para informales que habían terminado con las cajas y que debía firmar unos papeles. Ayame salio del cuarto con dirección a la entrada al tiempo que Rin resoplaba por su mala suerte, justamente en el momento en el que por fin iba a hablar.

- Gracias – dijo la mujer en la puerta al ver a los hombres marcharse. Fue a la cocina con la intención de buscar algún refresco, pero fastidiada por no encontrar los vasos, tomo dos botellas y se las llevo. Agradecía a su ocurrencia de comprar algo de comer para ese día – Ten, traje es… - se quedo muda al ver que Rin había terminado el trabajo sola y ahora descansaba tendida con los brazos abiertos sobre la cama.

- ¡Moría de sed! – exclamo con agradecimiento cuando tomo lo que su amiga le ofrecía y se hacia a un lado para que Ayame tomara asiento junto a ella

La dueña del departamento solo sonrió y se limito a perder la vista en el líquido que habitaba en el interior de la botella, absorta por la ultima pregunta de Rin… ¿Qué si había pasado algo interesante? Debía ser una broma… ¡Dios! Si a penas podía mantener alejada la imagen de Kouga de su cabeza, era un hombre fascinante, lleno de secretos que anhelaba descubrir, uno por uno, hasta conocerlo por completo y poder darle una dirección racional a todo lo que le pasaba.

- ¿Me contaras lo que paso? – preguntó Rin tratando de retomar el tema anterior. Observo a su izquierda, donde estaba Ayame, y se quedo en silencio esperando una respuesta.

- Creo que estoy empezando a… - se detuvo ante lo que iba a decir, estaba tan concentraba en lo que pensaba que casi dice algo indebido. Su mente trabajo con rapidez para poder rellenar el espacio que había dejado vació antes que fuera notado -… Creer que estabas en lo correcto.

Se puso de pie, dejo la botella sobre el suelo, sin haber bebido nada, y tomo una caja de tamaño considerable para dirigirse hacia el closet. Fue seguida de cerca por la castaña y ambas se pusieron a desempacar la ropa.

- No es desagradable como yo creía… - susurró atrayendo la atención de su compañera y sonrió – Es educado, cortés, interesante… - termino de doblar un pantalón oscuro y lo puso en su lugar mientras recordaba las cosas que había sucedido en tan solo dos días – Es una persona totalmente distinta a como yo pensaba.

- ¿Te gusta, verdad? – ahí estaba nuevamente siendo directa. Rin tenia por costumbre decir las cosas que opinaba o pensaba, no le gustaban los rodeos y no acostumbraba a mentir, seguramente por esa razón había congeniado rápidamente con su esposo, quien era igual, o incluso mas, directo que ella.

- Si – confesó sin remordimientos –… Nos… Besamos en la fiesta de inauguración del hotel… - explico tratando de dar sentido a su anterior respuesta. Sintió un leve escalofrió al volver a reconocerlo, el día anterior le había tocado contárselo a Kagome, y ciertamente era muy agradable.

La castaña la examino en silencio, era increíble el cambio que había tenido en tan solo unos días, pero había dejado de protegerse y aunque fuera por un minuto lo había dejado ingresar a su territorio. Sabia desde un principio que Kouga no le era indiferente y por eso trataba de contrarrestar eso con una fingida rivalidad, era similares, pero distintos a la vez, sin embargo se atraían mutuamente como los dados opuestos de un imán.

- Me sorprende… Pensé que tardarías mas en reconocerlo… - sonrió ante la cara de sorpresa que le dirigió Ayame. Esta, por su parte no lo había podido evitar, Rin lo había tomado con tranquilidad, cuando Kagome casi la ahorca al enterarse… ellas eran tan distintas como los hermanos dueños de sus corazones.

- Sinceramente creo que ya lo sabias, solo esperabas a que yo te lo confirmara – la acuso directamente Ayame.

Las dos mujeres terminaron con la habitación, el baño y la cocina antes que Sesshoumaru hiciera acto de presencia en el edificio. Rin se había despedido de la pelirroja diciéndole que tendrían que juntarse la próxima semana con Kagome por lo del vestido de novia, además ambas eran las damas de honor y debían escoger sus atuendos y ayudarían con la organización.

- Nos vemos – se despidió Ayame alejándose del vehículo en el que se encontraban su jefe y esposa.

El ambarino se quedo observando el edificio con algo de curiosidad, tenia el sensación que tal vez a la señorita Shimamura no le gustaría lo que encontraría allí, pero de todos modos eso no era asusto suyo.

- ¿Qué pasa? – pregunto Rin al ver que su marido no despegaba la vista de los departamentos.

- Nada – respondió son la sombra de una sonrisa. Seria mejor no decir nada, seguramente así resultaría mas interesante para todos. Encendió el auto y se marcharon.

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El día siguiente fue similar al anterior, vaciando cajas y ordenando lo que restaba, aunque con dos diferencias, esta vez no tenia ayuda y ya solo le quedaba lo menos. Respiro aliviada cuando puso un florero con lirios en la mesa del centro en la sala, se quedo mirándolos con cierta nostalgia y pensó en él… La había llamado incontables veces, tanto ayer como hoy, pero no se había atrevido a contestar ninguna vez. Después de aceptar, a medias, que le atraía no conseguía reunir el valor necesario para hablarle, podía parecer una colegiala, pero a pesar de todo lo que pudieran pensar de ella, era nueva en todo lo referente a lo que estaba sintiendo.

Durante años se había dedicado a ahuyentar a los hombres que se le acercaran con segundas intenciones, siempre estaba sus estudios, sus metas, por sobre todo lo demás, pero a esta altura, cuando ya estaba consiguiendo todo, había bajado inevitablemente sus defensas y ahora, por primera vez, no sabia como proceder ante un hombre, por lo que había optado por lo mas inteligente, esconderse hasta conseguir la respuesta adecuada a sus propias preguntas.

La tarde había pasado sin ningún contratiempo en particular, organizo la habitación que restaba y el cuarto de lavado, solo después de eso pudo calificar satisfecha el apartamento como un autentico hogar. Estaba feliz de haber logrado su meta, mañana podría trabajar con tranquilidad pensando que no tendría nada que ordenas, solo descansar.

Salio de la ducha cuando ya no quedaba rastro del sol en el cielo, había estado sumergida bajo el agua con la intención de quitarse el estrés producido por esos dos días de locos y para despejarse en todo lo referente a cierta persona, el solo pensar que lo vería la ponía nerviosa. Cuando se acomodaba en la toalla noto con desconcierto que sobre la regadera había una gotera, seguramente no la había notado antes por estar bañándose, pero no había sido advertida por el corredor de propiedades, tal vez lo desconocían.

Se vistió con lo primero que encontró, una camiseta sin mangas y un jeans, y salio con rumbo al piso de arriba, debía hablar lo antes posible con el propietario, pues mientras antes lo arreglaran mucho mejor para ella. Prefirió subir las escaleras, solo era un piso y tardaría menos que si esperaba el elevador. Había secado vagamente su cabello, por lo que algunas gotas caían a la camiseta, haciendo que algunas partes se translucieran, sin embargo, poco le importo, ahora solo tenia un propósito en la cabeza.

Toco varias veces antes de impacientarse, el piso era exactamente igual que el suyo, con paredes color labanda y alfombras azure. Las luces estaban encendidas, puesto que todas eran apagadas a media noche y aun faltaba al menos dos horas para eso.

Esto no lo permitiría, acababa de llegar hace apenas un día y ya tenía problemas con los vecinos. Era el colmo que ni siquiera se dignara a abrirle la puerta, como si creyera que estaba por encima de ella, seguramente se estaba riendo detrás de la puerta por su mala suerte. Miles de ideas se pasaron por su mente, cada una peor que la otra, pero no movería un pie hasta que le abrieran.

Se dio media vuelta recriminándose el pensar así de las personas sin conocerlas y soltó un suspiro de resignación, "Eso no esta bien" se dijo a si misma al recordar como había tratado a Kouga desde el principio y como lo seguía haciendo después de lo que paso en la fiesta de la inauguración del hotel. Siempre juzgaba antes de conocer y si la persona representaba un peligro para ella solamente se alejaba.

Sintió que la puerta se abría a sus espaldas y trato de calmarse para no ahorcar al dueño de aquel departamento cuando volteara. Dio un giro para enfrentar a la persona que quedo frente a ella, pero… Absolutamente nada salio de su boca, lo que estaba viendo la había dejado literalmente sin aire.

Él estaba medio apoyado en la puerta, con el pecho descubierto por completo y solo una toalla amarrada en la cintura. Una imagen tremendamente sensual para su gusto, algo que en su vida pensó ver y era por eso que delineaba cada línea marcada en su tórax con sus orbes esmeraldas. Era un espejismo hecho especialmente para un pecador… Sin duda alguna, era mucho mejor de lo que se podía apreciar con ropa puesta, su piel estaba bronceada, sus músculos bien trabajados, en conclusión, mucho donde observar y nada que mejorar. Algunas gotas caían de su cabello húmedo, que parecía ser negro, siendo en realidad castaño oscuro, aun cuando el trataba de secarlo, caían por su piel, rozándolo… Como quisiera ser una de ellas; Ese pensamiento había aparecido tan espontáneamente que ni siquiera tuvo tiempo de detenerlo, porque cuando se dio cuenta del rumbo de sus fantasías y miro el rostro del joven, notó que este la miraba divertido.

- ¿Qué demonios te divierte? – interrogo indignada por sus propios pensamientos y sintiendo como la sangre se acumulaba en su mejillas. Esto no podía estar pasándole, no ahora.

- Nada en especial – dijo con una sonrisa de lado. Ayame vio con asombro como se hacia a un lado, indicándole con eso que pasara.

- ¡Estas demente si piensas que voy a entrar! – exclamo furiosa, escondiendo muy bien tras eso lo que sentía.

Una suave carcajada escapo de los labios de Kouga. Ciertamente aun no se recuperaba totalmente de la impresión al verla parada frente a su puerta, como muchas veces había "soñado". De vez en cuando sus ojos se desviaban involuntariamente a las partes mojadas de la camiseta de la joven, pero se daba cuenta a tiempo para volver a mirar su rostro sin que ella lo notara.

- ¿Te da pudor entrar al departamento de un hombre? – cuestiono. Retándola con la mirada, sabia que Ayame no retrocedería ante un reto, y él estaba dispuesto a acudir a cualquier artimaña para tenerla dentro de su territorio, donde sabia moverse mejor.

El pronóstico del oji-azul fue acertado, ya que después de fruncir el ceño, la joven entro dirigiéndose a la sala.

Estaba entrando a la boca del lobo, lo sabia, y además lo estaba haciendo voluntariamente, pero ¿Que podía hacer? No era capas de dar paso atrás ante las provocaciones de él. Si supiera que sus rodillas temblaban se reiría de ella el resto de su vida.

Miro con atención la sala, estaba decorada de una manera muy distinta a la suya, aun cuando los espacios fueran los mismos. Parecía masculino, eso la hizo sonreír sin notarlo, porque eso significaba que no había ninguna mujer por la que preocuparse viviendo con él. Solo había un foco de iluminación, el cual provenía de una lámpara de pie, con pantalla cilíndrica, junto al ventanal, el que estaba levemente abierto y dejaba pasar una brisa al interior. Había un ambiente calido, envolvente.

- Ponte cómoda, ira a vestirme – dijo Kouga a su espalda, la pelirroja solo asintió sin tener el valor de voltear y volver a verlo de esa manera.

Cuando se encontró sola camino hacia el sillón mas grande, pero se desvió al llamarle la atención el mueble en el que se encontraba la televisión. Este era de madera, con un leve tono rojizo, alrededor del aparato se encontraban diversas repisas, y en estas, al lado izquierdo, habían algunos objetos que en su vida había visto, eran chinos, no sabia ni lo que significaban, ni lo que las letras sobre ellos decían.

Paso el dedo sobre ellos con suavidad mientras se movía hacia la derecha. Justo arriba del televisor habían tres bonsáis, era extraño que un hombre tuviera la suficiente paciencia para cuidarlos, pero Kouga era único. Y por ultimo, habían varias fotografías. Pero la que mas destacaba era la de una mujer, con cabello castaño oscuro, piel tostada y ojos expresivos, realmente atractiva.

- Es mi madre – la sorprendió la voz del hombre.

- Es hermosa – dijo volteándose para enfrentarlo, no estaba segura de cuanto tiempo la llevaba observando.

Ahí estaba él, con un pantalón holgado y una camiseta de mangas cortas, sonriendo apaciblemente. Ayame pensó por un segundo que preferiría seguir viéndolo como cuando llego. "Debo estas demente" se recrimino inmediatamente. El estar tan tranquilamente junto a él no era bueno, porque lo que se obligo a recuperar su genio y a replantearse su objetivo.

- Vine porque tengo un problema con el baño – explico con rapidez – Hay una gotera sobre la ducha.

- ¿Vives aquí? – pregunto entre sorprendido y misterioso. Realmente los dioses estaban de su parte.

- Yo… Si… Pero ese no es el punto.

- A mi me parece un punto bastante interesante – dijo el joven dando unos pasos adelante, quedando relativamente cerca de la chica, quien se vio forzada a pegar su espalda a las repisas.

- Solo quiero saber cuanto tiempo se tardaran en arreglarlo – murmuro mirando hacia todos lados en busca de una salida, porque esto se le hacia tremendamente familiar.

- ¿De verdad solo quieres eso? – interrogó con un indiscutible tono de sensualidad. Llego al frente de la pelirroja y, al igual que en el ascensor, puso sus brazos a los costados para evitar que escapara.

- Aléjate de mi… - suplicó con un hilo de voz, sorprendiéndose a si misma por la poca fuerza aplicada en aquella oración.

Ayame puso instintivamente sus manos en el pecho del castaño con la intención de apartarlo, sintiendo todo lo que había deseado tocar cuando le habían abierto la puerta, esa era su perdición. Podía sentir su olor, la calidez de su cuerpo, todo tan cerca, que al levantar la vista hacia él, perdió toda batalla antes de comenzar.

Kouga agacho la cabeza hacia ella, lentamente, haciendo aquel momento eterno. Vio que las orbes esmeraldas desaparecían detrás de los parpados de su dueña y ya no pudiendo contenerse, la beso con todos los sentimientos que se despertaban en él.

Fue despacio, uniendo primero sus labios con exquisita lentitud, saboreándose. El contando el quitaba el aliento, porque podía ser solo un beso, pero ambos parecían exigir todo del otro y dando lo mismo a cambio. Las manos del hombre descendieron hasta la cintura de su acompañante y la estrechó con suave fuerza contra él, quería sentirla, la deseaba como nunca había deseado a una mujer en su vida, pero no se atrevería a hacer algo que ella no quisiera.

La joven sentía su piel caliente y erizada, anhelando, con más insistencia de la que creyó ser capaz, no separarse de esos labios. La humedad de la boca masculina la invadió y le permitió hacer lo mismo, sin darse cuenta aquel momento se tornaba comprometedor, puesto que él comenzaba a sentir cierta incomodidad en sus zonas bajas, y ella apenas si podía controlar los sonidos que quería escapar de su boca.

Cuando se separaron, respiraban con ligera dificultad. Ayame, a diferencia de las demás ocasiones en las que se sentía comprometida con él, no aparto la mirada. Mientras Kouga se preguntaba como había podido dejar pasar tanto tiempo sin darse cuenta de lo que sentía, ansiaba seguir, pero no quería que ella saliera corriendo asustada por su descaro. Sin embargo, todas esas dudas desaparecieron cuando sintió que la pelirroja se afirmaba de sus hombros para llegar nuevamente a sus labios. Sonrió imperceptiblemente antes de volver a comenzar con ese juego que seguramente no terminaría hasta dentro de mucho.

Ayame estaba cansada del recato y la discreción, nada valía la pena si seguía alejándolo cuando lo que más quería era tenerlo cerca. Ya no podía seguir resistiéndose a lo que experimentaba, no tenia fuerzas para seguir haciéndolo, por lo que dejo de lado a sus ideas y simplemente se dejo llevar, conciente de todo lo que hacia, pero sin remordimientos.

Lo abrazo por el cuello, diciendo sin palabras lo que quería, lo que deseaba. Kouga no tuvo que esperar a que se lo dijeran dos veces y la tomo por los muslos, dejando así que ella notara cuanto había esperado esto. Fue bajando por su cuello, dejando pequeñas marcas de su camino, mientras era acariciado en el cabello. Sin dificultad alguna llegaron a la habitación, estaba oscura, pero una extraña calidez emanaba de su interior.

La pelirroja sintió un escalofrió recorrerla por completo al sentirlas frías sabanas en su espalda, el oji-azul le acariciaba con suavidad envidiable el estomago, por debajo de la ropa, era lo mismo que ella quería sentir, su piel. Con manos tímidas, pero seguras, se dirigió al fin de la camiseta del hombre y comenzó a quitársela con desesperación bien disimulada. Fue él mismo quien se levantó y se la quito para permitirle verlo como lo había hecho cuando abrió la puerta. Ayame contuvo un suspiro al verlo y, sintiendo sus piernas entrelazadas con las de él, se sentó sobre el colchón para hacer lo mismo y ambas prendas cayeron al suelo.

Kouga estaba extasiado con tanta belleza, acaricio, por sobre la tela que aun los separaba, los senos de Ayame y beso nuevamente su cuello. Ella poseía un aroma más embriagante que el champang e increíblemente solo con eso se sentía excitado. Pretendía recorrer sin límites su cuerpo, pero se le hacia cada vez mas difícil debido a que las pequeñas manos de la joven se paseaban inquietas por su espalda.

La pasión entre ellos se hacia cada vez mas imposible de controlar.

Al sentir la boca del hombre descender hasta su pecho soltó un gemido deliberado, arqueándose hacia él, lo que sin titubear este aprovecho para deshacerse del corpiño que le impedía admirar lo que tanto ansiaba. Se quedo un segundo embelesado, Ayame tenía un tono carmín pintado en las mejillas y sus pechos subían y bajaban debido a su rápido respirar. Sonrió al darse cuenta que no se limitaría a solo observarla, haría que ella lo deseara tanto como él, la obligaría a buscar su calor. La beso con vehemencia, con urgencia, quería ser el dueño de cada suspiro que escapara por la boca que ahora besaba.

Ayame experimento algo delicioso en su vientre, cada vez deseaba más a ese hombre, nunca se había sentido tan… Bien. No paso mucho tiempo hasta que se dio cuenta que solo él estaba disfrutando el torturarla, por lo que tomando sus brazos lo empujo, rodando y quedando finalmente sobre él. Sonrió coquetamente ante el evidente asombro de Kouga, descendió hasta su boca, y, luego de besarlo por un tiempo, bajo a su cuello y tórax. Sintió algo de vergüenza al percatarse de la excitación de él, ese momento fue aprovechado por el hombre para volver a su antigua posición.

Solo fue cosa de minutos antes que estuvieran completamente desnudos sobre el edredón. Solo rozaban sus cuerpos húmedos por el sudor y se besaban, preparándose para lo que venia. Ayame se sentía extrañamente libre, a pesar de ser…

Se abrazo con fuerza a Kouga, escondiendo su rostro en el hombro de él, al sentir que era invadida lentamente. Solo un gemido contra su piel y enterró las uñas en su espalda cuando supo que el castaño legaba a donde nadie antes lo había hecho.

Se sintió feliz de saberse el primero, ahora podía comprender cuanto significaba esto para ella, tal vez sintiera lo mismo que él. La beso cerca del oído y termino de penetrarla.

Solo sintió un pequeño as de dolor, pero este desapareció rápidamente, siendo reemplazado por la más calida sensación que hubiera imaginado. Los movimientos comenzaron siendo lentos, pero a cada segundo se iban volviendo más rápidos. Se entregaron por completo, volviéndose uno sin inquietudes. Cuando Ayame ya no pudo mas sintió como un enorme placer la embargaba en cada fibra de su ser, dejándola completamente agotada. Sintió instantes después que Kouga terminaba igual que ella, dejando una parte de él en su interior.

Cuando el oji-azul recupero el ritmo de su respiración observó a la chica que se encontraba debajo de su cuerpo y sonrió al darse cuenta que estaba completamente dormida. Se acomodo bajo las cobijas y la abrazo para dormir junto a su piel.

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Los primeros rayos del sol atravesaban por la cortina de la habitación, Ayame abrió los ojos perezosamente ante la luz y miro el cuerpo que descansaba junto a ella. Estuvo algunos minutos así, sintiendo el brazo de él rodearla por la cintura y su respiración lenta y tranquila. Se mordió el labio inferior cuando algo inexplicable paso por su mente, debía irse antes que él despertara, si no lo hacia, no sabría que decirle.

Se aparto de él, salio de la cama y después de recoger su ropa, abandonó la habitación.

Una densa tristeza la invadió mientras se vestía, le había entregado todo a ese hombre y no sabia que porque lo había hecho. Apago la luz de la lámpara, que permanecia encendida desde la noche anterior, y cuando se disponía a salir el teléfono comenzó a sonar escandalosamente. Corrió y activó la contestadota para que Kouga no se despertara.

- Kouga tenemos un problema, nadie sabe donde esta metido tu padre. Ha dejado a cargo de todo a su mano derecha y tú sabes que eso no es una buena señal…

Ayame miro extrañada el aparato, presentía que había algo raro, pero no supo que podría ser. Escucho algunos ruidos provenientes de la habitación y supo que ya era hora de marcharse.

Cuando entro a su departamento se sintió segura, apenas tuvo fuerza para llegar a su cuarto, se acostó en la cama y pensó en lo que había sucedido, con la vista perdida en un punto muerto.

Aun podía sentir su aroma sobre su piel, la humedad de su boca y la suavidad de sus caricias. Todo era tan reciente que no podía apartar aquellas sensaciones. Estaba confundida, tanto tiempo pensando que este seria el momento más feliz de su vida y había salido corriendo de los brazos de Kouga porque no tenía el valor suficiente para admitir que estaba…

Un par de lágrimas escaparon de sus ojos ante su descubrimiento, estaba enamorada de él. Por eso se había alejado, por que en el fondo de su corazón había sentido desde el primer momento que él era el único capaz de pasar por la infinita cantidad de murallas que había formado a su alrededor. Lo amaba, y sin embargo, le dolía el pecho al pensar que él no sentía lo mismo.

No supo cuanto tiempo paso así, pensando únicamente en él y en sus sentimientos, pero el sonido de la puerta la saco abruptamente de sus meditaciones.

- Ayame, abre… - escucho cuando llego a la puerta de su habitación – Debemos hablar.

Simplemente no fue capaz de abrir, el miedo la consumía por dentro. Dejo que se cansara de tocar y solo después de eso noto la hora, debía presentarse en el trabajo ese día, pero significaba inevitablemente encontrarse con él…

Desde el balcón lo vio alejarse en su motocicleta, estaba equivocada, no importaba lo que pudiera responderle, era una traición hacia si misma esconder por mas tiempo lo que sentía, tenia la necesidad de decirle que lo amaba y si no era correspondida podría luchar para serlo.

Con ese nuevo objetivo en su mente se dispuso a dejarlo lo mas impresionado posible, haría que Kouga Erizawa se enamorara de ella.

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- Yuna… ¿Sabes donde esta el señor Erizawa en este momento? – pregunto frente a su secretaria, los nervios amenazaban con traicionarla, pero debía mantenerse firme.

- Esta en el estudio señorita – Ayame agradeció y salio con el rumbo dicho.

Antes de entrar se concentro mentalmente, no debía dejarse intimidar por las demás personas, tenia que completar su objetivo para poder seguir respirando con calma, no importaban las consecuencias.

Paso las puertas dobles del estudio y noto que había bastante movimiento, pero ni rastro de Kouga. Avanzó hasta quedar junto al escenario y nuevamente lo busco con la mirada, pero nada.

- Ayame – la llamo una voz detrás de ella, no necesitaba voltear para saber de quien se trataba.

Kouga hablaba tranquilamente con el fotógrafo cerca de los vestidores cuando la vio entrar. Llevaba, por primera vez, una falda hasta medio muslo verde, un color que combinaba a la perfección con sus ojos, y una blusa ajustada color crema.

- Creo que debemos hablar – dijo la pelirroja con la vista baja después de voltearse – Yo… - murmuro, pero sus palabras se perdieron en su garganta cuando miró hacia la puerta por la que anteriormente había entrado. El castaño se dio cuenta de esto y se dio la vuelta para ver que era lo que llamaba la atención de la mujer.

Cuatro hombres observaban en su dirección, tres vestidos de negro y con lentes de sol, y uno, que estaba un paso delante de los demás, con un traje azul. Kouga dijo algo entre dientes mientras lo veía acercarse.

- No puedo creer que hayas escogido este lugar para esconderte – dijo el hombre de azul cuando quedo frente a él – Eres astuto, pero no lo suficiente.

Todos en el lugar miraban con atención, sabían a la perfección quien era aquel hombre y Ayame no era la excepción. Era el dueño del imperio chino, con el que hace años los Taisho habían tenido problemas, era Akira Ryusaki. Miro incrédula al joven parado delante de ella, algo no estaba bien.

Kouga frunció el ceño, no era posible que lo hubiera encontrado, y mas aun en este preciso momento, ahora veía que no siempre hay que fiarse de la suerte.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó con voz neutra, no era nada agradable tenerlo en frente después de haber gozado tantos meses de libertad.

- Me sorprende que no lo sepas – respondió serio, nadie, ni siquiera su sangre jugaba con él – Ya veo porque ni siquiera recordaste de donde procedías – agrego fijando su mirada en Ayame. Instintivamente Kouga se puso entre ellos para evitar cualquier comentario mal intencionado por parte de ese hombre hacia la joven.

- No estoy para juegos… Sabes a la perfección que no tengo intención de volver, así que si viniste por eso, pierdes tu tiempo – dijo irritado.

Kagome observaba todo junto a Hakudoshi, no necesitaba nada mas para entender lo que estaba pasando. Vio a la pelirroja tras Kouga, tenía las manos en su boca, no daba crédito a lo que estaba suponiendo.

- ¿De verdad? – cuestión sarcástico - ¿No te importa lo que pueda pasarle a esta gente, ni siquiera lo que le pase a esa mujer?

- No te atreverías - bramo con enfado. Él sabía por donde atacarlo, sabía como hacerlo ceder, pero no quería hacerlo. Una sensación de impotencia comenzó a invadirlo al ver la sonrisa cínica formada en el rostro de la persona frente a él.

- Ponme a prueba – lo reto abiertamente – Sabes a la perfección que si inicio acciones legales contra esta empresa, llevarían las de perder. No dudes de mi mente fría, Kouga.

Lo miro por un segundo y se dio cuenta que no estaba bromeando. Temió por las cientos de personas que dependían de la compañía, temió por Ayame.

- Tu ganas… - murmuro resignado, si se quedaba solo causaría problemas.

- Perfecto – dijo satisfecho. Dio media vuelta para retirarse e iba a ser seguido por Kouga, pero…

- No puede ser… - escucho el susurro en su espalda el castaño. Volteo y vio los ojos esmeraldas invadidos por liquido.

- Perdóname… - fue lo único que pudo decir al verla. Rozó su mejilla con el pulgar y se dio media vuelta para ir tras el hombre que indiscutiblemente era su padre.

La joven modelo corrió junto al fotógrafo para detener la caída de Ayame, a quien sus piernas parecían ya no sostener. Vio como los hombres se alejaban, luego observo a su amiga y se sorprendió ante lo que veía…

Sintió que su corazón se quebraba como un cristal, que todas sus ilusiones puestas en aquella conversación se desvanecían como cenizas arrastradas por el viento.Una gruesa lagrima callo por su mejilla, seguida por otras, ya nada importaba, lo único que habitaba en su mente y en su cuerpo era el inmenso dolor de saberse engañada.

Todo había sido una mentira, desde el principio nada era real.

Antes que el hombre que le había robado el corazón desapareciera detrás de la puerta, volteo y junto a una mirada silenciosa pudo leer que su labios decían… "Te amo"

Continuara…


bueno... ese es el tercer capitulo de esta historia...

no tengo mucho que decir, pero me queda agradecer por que hayan llegado hasta aqui.

cuidense mucho y nos vemos en el siguiente capitulo.

se despide... Lirio Negro.