Qué alegría me da saber que ya tengo lectores conmigo, me brindan más entusiasmo para seguir publicando :) quiero agradecer sobre todo a Gin-Kamelot, MannvKastz y a Sra Darcy por ser quienes demuestran que no empecé tan mal. En fin muchas gracias por aquellos que me siguen y bueno aquí está el tercer capítulo, espero que les guste y dejen sus opiniones ;)


III.

Hasta el mediodía

Una copa, un conejo, un conejo, una copa, una silla, una paloma y por último una alfombra.

–Cada día estás mejorando más. – inquirió un chico de ojos marrones a una rígida rubia.

–Pero el intervalo de tiempo en transformarse sigue siendo muy lento, necesitan ser máximo tres segundos.

–Te exiges mucho Luna. – Nott se hallaba acomodado en uno de los escalones de la torre astronómica, admirando las habilidades de su amiga. La alfombra se convirtió en un reloj.

–Es extraño. – Luna sonrió.

- ¿Qué?

–Me doy cuenta que tú eres el único de mis amigos que me llama por mi nombre, los demás me dicen Looney o Mooney, de vez en cuando Lunática.

–¿No quieres que te llame Luna?

–Me es indiferente – comentó la chica – mi relación contigo no cambiará por eso.

Theodore se mantuvo pensativo. La naturalidad e inocencia con la que su amiga hablaba era increíble, quizás se debía a eso que él no quisiera separarse de ella, siempre llegaba a sorprenderlo y a extasiarlo, desde que la conoció. Era diferente entre muchas y eso la hacía especial, difícil era encerrar las palabras correctas para describirla.

–¿Has pensado en cómo se llamarán tus hijos? – preguntó Nott sin saber muy bien porque lo había hecho.

–Supongo, – Luna seguía practicando hechizos – tengo una que otras opciones.

–Había pensando en algo como Alexander.

–Alexander? – Se extrañó Luna – es extraño. Yo tengo pensado en dos: Lorcan y Lysander.– Theodore estalló en risas, le encantaba estar con Luna, era de las pocas chicas con quien podía reír a gusto. De hecho, era la única chica con quien podía conversar y reír de forma especial sin decaer a lo aburrido. La adoraba.– Son bonitos ¿no te parece?, tengo la esperanza de tener gemelos. Yo siempre quise tener una, albergo una posibilidad de encontrarme con mi doppelgänger.

–Sí Luna, tus nombres son encantadores – el sarcasmo se mezcló entre las risas de Nott – aunque lo segundo no creo que sea algo que resulte porque lo planeas.

Theodore divagó en su mente, una imagen de la rubia llegó junto con dos niños a su lado, ambos eran rubios y sonreían al igual que ella. Era un cuadro hermoso, pero Nott no pudo evitar sentir nostalgia al pensar que él no sería quien tomara la foto, o quien apareciese a la derecha de ella.

–Lo intentaré – la Ravenclaw sonrió - ¿ya hablaste con Dumbledore?

–Ya, lo hice antes de venir aquí. – la sonrisa de Theodore fue desvaneciéndose, dando lugar a su común expresión seria.

–¿Y bien?

–No me dijo nada – Nott recargó su cabeza hacia atrás. – solamente me dio el pésame por lo de mi abuelo y me habló de él.

Luna avanzó donde Nott y se sentó junto a él, Theodore absorbió todo el aroma de su cercanía. La rubia recargó su cabeza en su hombro y comenzó a jugar sus dedos con los de Nott, esto enloqueció al muchacho.

–Él era un buen hombre.

–¿Cómo lo sabes si no lo conociste?

–Porque tú lo eres. – la rubia miró directamente a sus ojos marrones. Nott le sostuvo la mirada, sintiendo como su ser se dejaba arrastrar por ese mar de sentimientos dentro de ella.

–No lo soy – al decir eso sintió pena por él mismo, tocó su brazo izquierda y bajó la mirada – jamás podré serlo.

–Claro que lo eres, lo has sido siempre, sólo que no quieres darte cuenta. – con esto, la chica besó con ternura la mejilla de su amigo y regresó a practicar sus conjuros. Si Luna hubiese volteado, el color escarlata de las mejillas de Nott la hubiera sorprendido. Pero no lo hizo. Theodore se levantó mareado y emocionado.

–Nos vemos luego. – anunció. Y así salió de aquel lugar dejando sola a la Ravenclaw. Bajó con rapidez las escaleras antes de que sus piernas decidieran desobedecerle, para regresar y acabar de matarlo con los ataques de taquicardia que la chica le provocaba.

"La primera vez que me enamoré tenía cuatro años, su nombre era Toby, él tenía cinco. Mis padres nunca lo permitieron claro, pero no era un romance de que preocuparse. Cumplí los siete y fue cuando salió al aire mi enorme gusto por el Quidditch. Papá me compraba aquella revista de jugadores y lo conocí, Benjy Williams, buscador del Puddlemere United. Creo que desde ahí tuve un afán por los buscadores. Benjy, aunque fuese un hombre adulto, era muy atractivo e iluminaba mis ojos cuando lo veía en la página principal, saludaba mostrando una dentadura perfecta. Recuerdo que ponía a mi corazón a dar saltitos. Durante tres años fue el hombre de mis sueños, era el estereotipo de persona con quien yo quería verme en el futuro. Hasta que llegó él. Tenía apenas diez años, acompañé junto con mis padres, a mis hermanos. Fred, George, Percy y al recién ingresado, Ron. Nunca olvidaré aquel día en que un chico de gafas redondas preguntaba como entrar a la plataforma. Fue en el año de 1991 cuando lo conocí, la fecha en que Harry Potter llegó a mi vida."

Ginny escribía sobre un pergamino en la clase de Runas Antiguas, llevaba más de media hora aburrida, observó su pluma y lo único que hizo su mano fue guiarla. Sentía algo muy extraño cuando pensaba en su pasado, no sabía cómo describirlo. Pareciera que su vida comenzó a cobrar sentido cuando Harry Potter apareció para convertirse en el mejor amigo de su hermano, ¿y por qué no? convertirse en alguien muy importante para ella.

Los murmullos de la clase acariciaban sus oídos permitiéndole mantenerse en pie, la rubia a su lado permanecía dormida sobre la mesa, con el riesgo que le restasen puntos a su casa. Pero a Luna Lovegood parecía no importarle entre sueños. La hora estaba acabando ¿o habían sido travesuras de su mente escuchar la campanita que señalaba fin a la hora? No importaba, despertó con delicadeza a su amiga, caminaron con lentos pasos hacia el gran comedor para el descanso, una atenta sus instintos y otra cabizbaja por el cansancio.

Sin decir nada, Luna se desvió, parecía dormida aún, pero Ginny no se preocupó, sabía muy bien que Luna inconscientemente sabía lo que hacía. Sola, avanzó hacia el gran comedor, esperanzada de encontrarse a Hermione, o a Ron, o si la suerte le sonreía, a Harry. Pero no a Dean, sin embargo, su cuerpo -porque no su mente- la sentó a lado del muchacho. ¿Por qué había aceptado ser su novia? Creyó que las cosas serían más fáciles, que equivocada resultó estar. Dean no dijo nada mientras ella estuvo junto a él, sólo se limitó a saludarla y darle un beso. Ginny agradeció el gesto. Recargó su cabeza sobre una mano como gesto de aburrimiento, Dean no lo notó, él seguía en su lectura. La chica suspiraba sin siquiera pensar, la mañana se volvía pesada con las clases y si no encontraba salida ella terminaría muriendo. Pensó en retirarse del comedor cuando sus ojos advirtieron la llegada de un moreno de ojos esmeralda y alguien más, un punto borroso para ella pero sabía que era Ron.

Harry sin consultarlo se sentó frente a la pareja, Dean saludó cordialmente sin levantar los ojos del periódico hasta que oyó la voz de Ron. "Necesito hablar contigo…a solas" escuchó a su hermano decir, Dean se levantó de la mesa, "ahorita regreso" dijo a su novia y salió del gran comedor junto con Ron. Ginny no dijo nada, su cuerpo seguía pegado a la banca, un sentimiento incomodo emergió en ella cuando se dio cuenta que Harry permanecía a su lado observándola, ni siquiera que su hermano fuera a hablar a solas con su novio le importó, ni que las cosas pudieran acabar mal, tampoco. Sólo era Harry.

–Que bueno que estamos solos porque quiero preguntarte algo. – el monstruo amarrado de Ginny enloqueció cuando escuchó al chico decir esas palabras, palabras que podían tener muchos significados a la vez.

–Dime.- claro, que diga todo lo que sus oídos quieren escuchar, un te amo, te quiero, te deseo. Pero Ginny sabía que eso no sucedería.

–Se trata de Hermione – ¿Por qué siempre tenía que ser por otra chica? El monstruo en el interior del pecho de Ginny se derrumbó pensando lo peor.– ayer salió muy tarde por la noche, la busqué hoy en la mañana en su habitación, pero no la encontré.

–No estaba conmigo si por ahí va la pregunta. – cómo es posible que Hermione no estuviera temprano en su habitación. - ¿Por qué? ¿Salió ayer en la noche?

–Dijo que tenía que devolver unos libros, ya sabes como es, no descansa hasta terminar algo. – Harry parecía preocupado.

–¿No la acompañaste? – el chico negó con la cabeza.

–Me proponía a hacer eso, pero ella me dijo que no, que volvería pronto – desvió su mirada – si algo le pasó a Hermione me sentiré culpable por el resto de mis días.

–No te precipites a ese nivel Harry, debió quedarse dormida en la biblioteca seguramente estudiando – Ginny tomó la mano de Harry, él observó el gesto y agradeció su compañía – además, es poco creíble que le haya sucedido algo, vamos es Hogwarts, el segundo lugar más seguro del mundo mágico. Hermione es inteligente y ella jamás permitiría que alguien o algo se le acercase más de medio metro. Ella está bien.

Las palabras de la pelirroja tranquilizaron a Harry, le agradeció en el alma. No soltó su mano, le gustaba sentir su piel bajo la suya. Sintió la necesidad de quedarse junto a ella en esa posición; sentados uno en frente del otro con la mano de la chica encima de la suya. La observó mejor; sus facciones ya no eran infantiles como las recordaba, ahora su nariz –todavía con pecas- adquiría belleza en el medio, su delineada y rosada boca no dejaba de ser tentadora, los celos llegaron al saber que Dean tenía el privilegio de tenerlos. Instantáneamente se reprimió por aquellos pensamientos, era la hermana de Ron, su mejor amigo, no debía.

–Vamos a buscarla. – la pelirroja se lo llevó hasta la entrada del gran comedor, buscarían y encontrarían a la castaña durante el tiempo que les quedase del descanso.

"¿Cómo le hago para olvidarte?" pensaba Ginny, sentía su corazón bombardear a su pecho con balas que no podían atravesarla, la cercanía de Harry la volvía loca. El monstruo dentro de ella le gritaba que se acercara, quería obedecerlo con toda su alma, mas no podía, su Ginny interior repetía Dean en su cabeza. Y otra vocecilla que decía Ronald te va a matar. Menudo problema en el que se fue a meter, ya tenía suficiente con que quisiera a Harry, no pensó cuando dijo al Gryffindor. "Pareciera que me dividí en dos, una con Harry, la otra con Dean." Se odiaba y sentía culpable. Con Dean no podía sentir nada similar, a cambio, un simple contacto del chico de ojos esmeraldas la deshacía. Su mirada trasladaba y derrumbaba la muralla que ella había construido, Ginny se sentía tan vulnerable. Un dolor tremendo la invadía cuando pensaba que Harry jamás llegaría a sentir de igual manera, que él nunca se daría cuenta de quien tanto lo ama.

"Si sigues creciendo así en mí, me llenarás de remordimiento el alma…" pensó Harry. Remordimiento con respecto a Dean, era un amigo y a los amigos se les respetaba. Ni se diga con Ron. Pero como hacerle con esta pelirroja, quien poco a poco quería plantar algo en su pecho. ¿Cómo no había visto lo bonita que era? Ginny Weasley, siempre lo había sido, hasta el mismo Blaise Zabini lo reconoció. Aún así, Harry la siguió observando como quien mira a una hermana, hasta que se convirtió en una mujer, una provocadora mujer. Tan siquiera el sentimiento de que en los brazos de Dean estaría bien, lo satisfacía.

Era curioso, ver como estos chicos podían estar tan conectados y a la vez tan alejados, que fácil hubiera sido si un querubín bajara a abrirles ambas mentes con una flecha, dejando ver los pensamientos del otro. Pero como habría desarrollo si hubiese una fácil solución.

-La noche anterior-

Abrió los ojos, los párpados pesaban horrible. Se preguntaba que luz los había cegado, cómo es que había sucedido tal cosa. Lo primero que vio no fue la chica a su lado, ni mucho menos la fría sala de los menesteres. Sino un lugar húmedo, de madera y lleno de polvo. En dónde rayos se había metido, acomodó poco a poco sus ideas y dedujo: "Ese mugroso libro nos trajo aquí."

–Que raro…- murmuró Hermione quien caminó rumbo a la ventana – todo sigue igual, pero… el lugar, no es el mismo.

–¿De qué estás hablando Granger? – Estaba molesto - ¿A dónde rayos me trajiste?

–¿Traerte? Tú fuiste el inútil que me tiró el libro al suelo, si no fuera por ti no estuviéramos aquí…

–Dime en dónde estamos sangre sucia. – ordenó el chico cruzándose de brazos.

–No te permito que me hables en ese tono.

–Te hablo como quiera – Draco se acercó amenazante a ella – lo repetiré, dime en dónde estamos.

Hermione no se dejó intimidar ni menos, faltaba más. Sostuvo su fuerte mirada con la del rubio, él no dejaba de apuñalarla con ésta. Sabía que estaba enojado, como siempre, no le quedaba más remedio que contestar.

–No lo sé.

–¡¿Cómo que no sabes?! ¡Es obvio que ya has estado aquí! ¡Regrésame ahora mismo! Si no…

–Si no qué –interrumpió. – ya deja de hacer tanto escándalo ¿sí? Si quieres irte, sólo abre el libro que está…

Ella dejó de hablar, buscó el libro de madera tallada con la mirada. La última vez que lo abrió fue en el suelo, se supone que debería de seguir ahí ¿no es así? Pero no estaba. Empujó al chico mientras comenzaba a hurgar por lugares buscando el artefacto. Draco se molestó mucho más, tomó con brusquedad a la muchacha, forzándola a enfrentarlo.

–¿Deja de jugar quieres? – Su tono de voz era para temer – dime en dónde estamos, ya me estoy comenzando a fastidiar.

–Que novedad… –dijo Hermione. Draco la sujetó con más fuerza.– …no sé en donde estamos Malfoy, sólo he estado aquí una vez. Y para tu información eso fue ayer.

–Así que aquí fue donde te viniste a esconder sucio ratón de biblioteca.

–¡No me vine a esconder! Encontré este lugar por accidente. ¡Fue por tu culpa!

–¡Ja! ¡¿Mi culpa? Tú fuiste la que salió corriendo como cobarde.

–Si tú no me hubieras lastimado

–Te lo merecías sangre sucia.

–¿Qué me lo merecía? Eres vil, ruin y cobarde para solucionar las cosas. – Hermione trataba de soltarse de sus brazos, pero este la halaba con más fuerza.

–Me importa un bledo lo que digas. –la jaló y la colocó sin delicadeza sobre el suelo.– ¡Ahora sácame de aquí!

–Eso me proponía a hacer antes de que me detuvieras – la chica se levantó del suelo con dignidad – y si tanto quieres salir de aquí, por mí mejor. Pero necesito encontrar un artefacto.

–¿Cuál?

–Es un libro, parecido al primero. Se supone que es el gemelo del otro, el cual nos puede llevar de regreso. – Draco comenzaba a fastidiarse, la actitud cabezota de la castaña lo irritaba en todo momento. –…lo raro es que haya desaparecido.

–¿Por qué es raro? – arqueó una ceja.

–Por nada olvídalo, vamos a buscarlo. Tú aquí dentro de la casa y yo afuera.

Sin decir más la castaña salió por la puerta, Draco en cambio, se quedó plasmado sobre el suelo de madera. Miró con irritación a la muchacha salir, ¿Por qué tenían que sucederle cosas extrañas con la insoportable de la Granger? Y por estúpido, había olvidado que era martes, no hay castigo, no hay Granger. Maldición, estúpida memoria. Si no hubiera sido por la ceguera de la venganza él no estuviera ahí, pero Draco Malfoy nunca entiende de razones. Caminó taciturno por la cabaña, recorriendo cada minúsculo detalle, estaba increíblemente sucia y maltratada.

Hermione salió apresurada esperando evitar lo desastroso, disgustaba de discutir todo el tiempo. Si no era con Ron era con Malfoy, o con Pansy Parkinson. Cuando le iba bien, sólo discutía con el profesor Snape. La acción de discutir ya se había convertido un hábito en su vida. Conjuró hechizos para encontrar aquel objeto, pero simplemente nada aparecía. No estaba en el árbol, ni bajo el suelo, en ningún lugar cerca. ¡Caracoles! porque tenía que pasarle eso, y para terminar, junto a Draco Malfoy. La castaña dejó salir un resoplido de cansancio y frustración. Sintió tremendas ganas de desmayarse y fundirse con el terso césped.

–¡Granger! – el rubio salió gritando - ¡No hay nada dentro de esta pocilga!

–¡Deja de gritar y sigue buscando! – gritó también. Malfoy salió a paso decido hacia la chica, sus ojos se desviaron brevemente a los alrededores pero no le dio importancia. Hermione viró en dirección desconocida, siempre se sentía incomoda y molesta con la cercanía del muchacho.

–¿Quieres dejar de hacer eso, con un demonio?

–¿Hacer qué?

–Darme órdenes cuando sabes que no estás en la posición de hacerlo.

–¿Posición? Estas exagerando las cosas, vuelve a la cabaña y busca de nuevo. – sentenció su palabra cual duro mandato.

–A eso me refiero –el chico oscureció su mirada – no estás en la posición de darme órdenes después de la jugarreta que me hiciste ayer. No se te olvide que te voy a hacer pagar por eso, si no lo hago ahora, es porque necesito tu insoportable ayuda para salir de este lugar.

–¿Qué? ¿Ahora soy yo la que tengo que pagar? Creo que después de cómo me maltrataste los roles cambian. – escupió con resentimiento y enojo. Hermione remangó su suéter y blusa y dejó ver en su antebrazo los hematomas que habían dejado la fuerza de las manos de Malfoy.

En vez de decir algo, Draco comenzó a reír divertido, se había olvidado lo que le había hecho. Mejor, así tendría un recuerdo de quien era Draco Malfoy y las consecuencias que traía cuando lo retaban. No pudo evitar sentir dicha al saber que Hermione Granger tuviera una marca de él, un indicio de que el pasó por ahí. Hermione resopló con indignación, el hecho de que él observara cómica la situación la enfermaba.

–Eres despreciable – soltó con todo el veneno que pudo - claro, que se puede esperar de ti. Si no fuera porque en este momento necesito que busques el libro te lanzaría una imperdonable ahora mismo.

–¿Tú lanzarme una imperdonable? No te creo capaz, eres tan débil de carácter para intentarlo.

¿Débil? Él no la conocía para afirmarlo. Deseó que aquel déspota en frente de ella, la provocara por todos los medios posibles para soltar su ira contenida y mostrarle quien es Hermione Granger.

–No me conoces. – trató de sonar lo más segura que pudo. Draco pudo distinguir casi una extrema oscuridad dentro del alma de Hermione, casi, ya que por más que lo intentara, su inocencia era el punto que centelleaba en sus pupilas.

En el rostro de Draco se asomó una cerrada sonrisa de lado, sus facciones resultaban amenazantes pero no dejaban de ser bellas. Alargó sus pies para acercarse peligrosamente a la chica, buscaba provocarla, hacerle el mayor daño posible. Hermione no retrocedió, plantó su valentía sobre la inhóspita tierra. Sus grises pupilas recorrieron a Hermione, de ella pasaron al suelo y de él a Hermione. Pensó en qué decirle cuando su mirada se interesó en algo lejano entre los árboles. La chica de cabello avellana quien ya se veía rodeada de palabras lastimosas, volteó en dirección a la mirada de Draco. En efecto, había algo colgando entre los árboles, su resplandor dorado era más intenso por los débiles rayos del sol. El muchacho apartó a Hermione de su camino y se dirigió hacia el objeto. Estaba ligeramente alejado de la cabaña, casi internándose a los espesos arbustos selváticos. Hermione lo siguió de lejos, pensaba en lo extraña que era la fauna del lugar, no estaba completamente fija para determinar la clase que era.

Mientras, Draco había llegado justo al frente del árbol donde se encontraba el objeto, era un olmo. Observó con detalle el artefacto que colgaba de una rama, supo que era un medallón cuya insignia desconocía pero material no. No le costó nada descubrir que se trataba de oro, la ambición se hubiera asomado en sus ojos si no fuera Draco Malfoy quien estuviera parado ahí. Pues siendo un Malfoy, el concepto ya estaba presente en casi todos los aspectos de su vida. Intentó bajar el medallón con un conjuro, pero este no accedió.

–No creo que lo bajes de esa manera, un objeto de oro en un árbol no es coincidencia – objetó Hermione quien ahora estaba a su lado – es probable que esté hechizado.

El muchacho entornó los ojos, hizo caso omiso al comentario de su compañera y saltó. Creyó rozar el objeto cuando este, al mínimo contacto de oro con piel, reaccionó instantáneamente. Salió volando por los aires, internándose en la fauna.

–Te lo dije. – Hermione sonrió sintiendo la victoriosa llama de la razón. Draco sólo la miró con más odio, acto seguido corrió en dirección al medallón.

¿Qué hacer? ¿Lo seguía? Ya que, aquel medallón era la única pista que tenían, pero la vocecita interior le dijo que podría ser peligroso acercarse. Sin embargo no podía quedarse ahí y no hacer nada. Empuñó su varita, con valor y precaución siguió al muchacho.

Atravesó miles de obstáculos, el rubio se había alejado de su vista, pero tenía la certeza de la dirección que había tomado. Maldijo el momento en que decidió seguirlo, ahora la humedad comenzaba a ser insoportable. Si sus mejillas ya eran coloradas, en estos momentos estaban rojas cual color del sofá de la sala de Gryffindor. Suspiró, Gryffindor y rojo, la combinación de ambos conceptos revivió a Ron en su memoria. Pensó en el pelirrojo intensamente, deseando que fuera él por quien seguía rastro, y no aquel déspota y arrogante muchacho de Slytherin llamado Draco Malfoy. Si hubiese descubierto ese lugar con Ron, las cosas serían diferentes, con más optimismo y romance. "No sueñes demasiado Hermione, sería demasiado bueno para ti, tú eres Hermione Granger y el Ron Weasley, nos separa el hilo de la amistad. Y no sólo eso, yo soy la única que tiene las ridículas esperanzas de que algo sucede, no él" –pensaba- sufrió un pellizco en el alma saber que él, no le correspondía. Sus ojos color miel estaban dedicados a otra mujer, con cabellos rubios y bucles falsos llamada Lavender Brown. Quiso sentir rabia por ella, sin embargo su persona no era de aquellas. Su corazón soportaba la derrota.

Hundida en sus pensamientos, no reaccionó hasta que chocó delicadamente con una amplia espalda, era Draco. Él se sobresaltó al sentir el contacto de la castaña de improvisto, estaba parado frente a un acantilado.

–Fíjate por donde caminas. – dijo serio y molesto. Ella no contestó, quedó confundida y enredada entre sus pensamientos.

Despertó y abrió sus ojos dándose cuenta del lugar donde estaban, quiso preguntar por el medallón, pero inmediatamente supo que se le había escapado a Draco, si no ya lo tendría entre sus manos. Regresó su mirada al frente, un ancho mar estaba debajo de sus pies, un mal paso y adiós vida. La altura era increíblemente aterradora que sintió vértigo. El muchacho seguía impávido ante el paisaje. Parecía disfrutar del sonido de la brisa, las olas chocar con las rocas, el murmullo de los arboles, todo. Hermione se asustó por momentos, la calma que se reflejaba en el rostro de Draco no era normal.

Y vaya que lo disfrutaba, Draco sintió tremendas ganas de gritar sobre el interminable abismo en el que estaba parado. No le importaba que lo oyese cualquier ser viviente del terreno, o si un depredador venía a su caza, mejor, que acabase con él y lo desapareciese del mundo. Prestó atención a la sinfonía del mar y a sus hijas las olas fusionándose con la arena, componiendo así un dueto de piano, siguiendo la melancólica partitura del viento. La excitación lo llevo muy a dentro de sus recuerdos, volviéndose en la persona más sutil y delicada que se haya visto jamás. Así es, hubiese gritado desgarrando su pecho y garganta, si no fuese por la presencia de esa muchacha con cabellos castaños que lo miraba cautelosa y a su vez asombrada.

Hermione no quiso hablar, el chico estaba tan obnubilado que sacarlo de ahí podría ser peligroso para ella. Esperó unos minutos a que él mismo regresara. Pensó en la probabilidad si era mejor dejarlo solo, miró con inocencia las facciones del rubio, estaba tan apacible que incluso la comisura de su boca estaba ligeramente hacia arriba. Se asustó, nunca había visto a Draco Malfoy así, y si entraba en razón y se daba cuenta que estaba junto a Hermione Granger comenzaría a desquitarse con ella. La chica pudo observar que en las pupilas grises de Draco había algo más, no sabía cómo llamarlo, sólo podía recordar aquella mirada en ella, cuando añoraba con intensidad algo, o a alguien.

–Vámonos. – ordenó el chico al fin despegándose de sus pensamientos.

Caminaron silenciosamente el camino de regreso a la cabaña, Draco iba adelante y Hermione dos metros atrás. Le era imposible caminar rápido y con agilidad sobre ese suelo. Escuchaba los quejidos de Draco cuando quedaba atorada accidentalmente en las ramas de un arbusto, o su pie resbalaba por el fango. O como cada cinco minutos oía "Granger date prisa, si te pierdes no te voy a ir a buscar." Hermione deseaba con toda su alma salir de aquella situación, quería estar limpia y en su cama. Entonces se acordó de la hora, miró su reloj pero no gritó por lo tarde que era ya.

Draco escuchó su débil gritito, pensó que tal vez había caído o algo así. "Le dije que no se atrasara." Entornó sus ojos y giró con irritabilidad hacia la castaña.

–Granger, te lo dije, sabía que… ¿qué demonios? - paró de repente al ver a la castaña tambalearse.

Corrió velozmente hacia ella antes de la chica perdiera el control, cayera y se lastimara la cabeza. En su vida olvidaría la cara de la castaña. Estaba increíblemente pálida, el color de sus labios y mejillas había desaparecido.

–Granger luces muy mal. – se burló. Hermione sentía que todo a su alrededor daba vueltas, no podía mantenerse rígida, Draco trataba de apoyarla con su hombro – te dije que no te atrasaras ¿Qué te pasó?

–Un… un Billywig… - susurró, apenas si pudo pronunciar bien las palabras.

–Qué tonta eres, se supone que eres la mejor bruja de Hogwarts y te dejas morder por un simple Billywig. ¿En qué lugar te mordió? – los ojos de Hermione estaban entrecerrados, señaló arriba de la zona del tobillo con la mano. En efecto, cuando Draco bajo la calceta de la chica a la altura, una gran hinchazón ya se le había formulado sobre la piel. Le pareció hilarante la situación, quiso dejarla tan siquiera unos minutos así mientras él se reía, sin embargo la ayudó. Además, sabía que los efectos de la picadura durarían no más de treinta minutos. Se compadeció de la chica, ella no podía ni pararse. La tomó por los brazos y la apoyó con sus anchos hombros para que caminara.

–Suéltame Malfoy…

–Con lo que puedes sostenerte sola.- Hermione no contestó, dejó colgar su cabeza, ya no aguantaba los mareos.

Draco intentó seguir sosteniéndola de sus hombros, pero Hermione no podía dar dos pasos porque lo jalaba hacia otra dirección. No podía creer lo que iba a hacer. Tomó a la castaña primero por las piernas y por último descargó su cuerpo en sus brazos. La cargó hasta llegar a la cabaña, la cual por suerte se encontraba bastante cerca. Que problemática se había convertido en cuestión de minutos. No había lugar donde colocarla. Se dispuso a colocarla en el suelo, pero la castaña se desprendió de sus brazos, levemente comenzó a flotar. Sabía que eso pasaría, pero no tan rápido, suele pasar a los diez minutos después de la picadura, apenas habían pasado siquiera cinco. Hermione mantenía cerrados sus ojos, creía que si los abría los mareos serían más intensos. No sintió los brazos del chico, sólo simples empujones.

–¿Qué…qué… haces?

–¿Tú qué crees?

Dio ligeros empujones al cuerpo de la castaña, hasta colocarla encima del suelo. Quedó levitando sobre este, al menos ya tenía amortiguador para cuando los efectos finalizaran. Draco se sentó al lado de la chica con su varita al alcance de su mano por si se presentaba algo. De repente comenzó a reírse.

–¿De qué te ríes? – preguntó Hermione que estaba consciente pero todavía con los ojos cerrados.

–De ti – él no detuvo su risa – deberías verte Granger, no te imaginas lo divertido que es estar en esta situación, lo sería con cualquiera, pero que seas tú hace más divertido el asunto.

–Cállate Malfoy, me enfermas.

–¿Más de lo que ya estás? No por favor – se burló. – hay que hacer algo, no te puedes quedar ahí media hora verdad.

–¡¿Media hora?! ¿Tienes idea de la hora qué es?

Draco sacó su reloj de muñeca -el cual nunca lo traía en la muñeca- y miró las manecillas, eran las seis con cuarenta y tres minutos.

–Las seis con cuarenta y tres minutos.

–¡¿Y lo dices con tal tranquilidad!? – Gritó Hermione – no nos dará tiempo de llegar a clases.–

–Granger ya cálmate, aun que nos diera tiempo no podemos regresar. Recuerda que todavía no tenemos ese libro del que hablas para volver. Y si volvemos, dime cómo te voy a llevar, en todo caso lo busco y te dejo.

Hermione permaneció callada, mordió su labio y buscó el suelo.

–Dime ¿acaso estoy flotando?

–¿Apenas te das cuenta de eso? Creí que eras más inteligente.

–Sabía lo que iba a suceder – respondió ofendida – pero no sentí el momento en que empecé a flotar. ¿Cómo se supone que voy a salir de aquí?

–Tendrás que esperar a que pasen los efectos.

–¿Tendré? O sea que piensas dejarme aquí sin hacer nada.

–Exacto. Pero no puedo, sin la ayuda de ese libro. Debiste pensarlo antes de haberte dejado morder por un Billywig.

–¿Cómo iba a saber que sería mordida por ese insecto?

–Tú dime, eres Hermione Granger. Deja de exagerar y abre esos ojos, no te va a pasar nada.

Hermione trató de abrirlos lentamente, su cabeza estaba más tranquila, esperé que se acostumbraran a la luz y los abrió por completo. En efecto, los mareos ya se habían ido. Pero para que dejara de levitar tendría que esperar treinta minutos o más. Permaneció en silencio, siendo su único punto el techo, estaba arañado y sucio. De nuevo volvió a preguntarse, quién habría vivido ahí. Recordó el medallón, del cual estaba segura no era coincidencia. Además, la inestabilidad del terreno era misteriosa y peligrosa, aún no sabía que más podría habitar ahí. Si estaban seguros o no.

–Y bien – la sacó Draco de sus fríos pensamientos - ¿Qué se siente?

–¿Qué? – espetó.

–Estar bajo esa situación. – dijo en tono burlón, pero también se sentía interesado. Se acordó cuando niño trataba de provocar a los Billywig para que lo mordiesen y sentir los efectos de este. Pero su madre lo reñía con tal severa actitud, imaginándose lo peor.

–Créeme que no es la mejor situación en la que te puedas encontrar. – Hermione seguía mirando al techo.

–Quizás, pero verte a ti así es la mejor situación en la que me puedo encontrar.

Hermione contuvo su ira, él siempre buscaba pelea y ella dispuesta a dársela. Pero ahora estaba sumamente cansada, además de eso, un sentimiento muy fuerte se internó en su pecho. Era una pesadez inmensa, un vacío increíblemente amplio. Era la tristeza. ¿Acaso era un síntoma? No tenía motivo para estar triste.

–¿No tienes sueño? – se le ocurrió preguntar.

–No. – respondió lacónico.

–¿Me pregunto quienes habrán sido las personas que vivieron aquí?

–No creo que sea algo trascendental. Es más importante saber qué es este lugar y su significado. ¿Tienes alguna idea?

Hermione negó con la cabeza. Draco se quedó pensativo y dijo:

–Voy a seguir buscando ese libro, luego vuelvo. Quédate aquí… a menos de que te puedas mover ¿no? – rió.

–Estúpido…- murmuró Hermione después de que se fue. Durante los siete minutos en que no entraba el chico, fue cerrando sus ojos. Los abría y contemplaba el techo, después el cielo, y después quedó dormida.

Draco llevaba largo tiempo recorriendo el lugar, volvía registrar dos veces o tres si era requerido para hallar el libro. Era imposible que no estuviese, a menos de que la castaña hubiese mentido lo cual no era nada probable. Se alejó una aceptable distancia de la cabaña y observó con detenimiento. Un árbol –cuya especie no había visto en Inglaterra- estaba acomodado en el lado izquierdo de la cabaña, era de tronco firme y ancho, ramas casi cuadrangulares y frutos rosados. La cabaña no era nada fuera de lo común; parecía una casucha de madera abandonada, con vidrios rotos y tablas roídas. Perfectamente armonizando con el espacio. No pudo evitar mirar al cielo, se presentaba ante él como el magnífico dios que era. Vitalizante y enérgico, más poderoso que perturbable. Pincelado por la divina mano de Artemisa. E inundado por los astrales ojos de un dios. Cuanta paz inspiraba, sin duda, aquel lugar por más peligroso que fuese, era escuetamente hermoso.

Mientras avanzaba a paso lento hacia la cabaña, literalmente deseó con todas sus fuerzas que el libro apareciera. Si no lo hacía, no tenía la más mínima idea de cómo le harían para salir de ahí. Aunque no le molestaba la idea de quedarse, la objeción a su decisión era Granger. Con ella ni en años compartiría su vida. Pasaron alrededor de diez minutos una calma inquebrantable, hasta que un gritó salió desde la cabaña. Era Hermione. "¿Ahora qué?" corrió hasta llegar a la puerta y casi tumbarla. Esperó ver una escena peor, solamente era Granger tumbada en el suelo.

–¿Por qué gritaste?

–Estaba dormida y caí al suelo. Creo que fue cuando el efecto de la levitación desapareció.

Draco quedó examinándola aburrido, no era posible que tuviera que pasar más tiempo con ella, tenía que hacer algo ya. Miró a los lados buscando una salida instantánea aunque supiera que no existiera. Sus ojos grises se posaron donde la castaña estaba sentada, brillaron de felicidad cuando distinguió un objeto debajo de la falda de la chica.

–Granger muévete – la corrió de su lugar, al instante que se paró, en el lugar debajo había un libro de madera grueso y tallado.

–¿Cómo apareció ahí? – el asombro salía de los ojos de Hermione, ese lugar la impresionaba en cada segundo.

–No lo sé, antes no estaba ahí – una ridícula mas no imposible idea se asomó por la mente de Draco – creo que ya sé cómo llegó aquí.

Cerró los ojos sin antes decirle a Hermione que no hiciera ruido, permaneció un minuto quieto esperando que algo pasara, pero no fue así.

–No creo que sea eso. – concluyó el rubio.

–¿De qué rayos hablas?

–Verás insoportable sabelotodo, pero que ahora no lo parece… Antes de que llegara a la cabaña deseé que este libro apareciese, después oí tu grito, llegué y vi el libro debajo de ti. – Hermione comprendió lo que él le trataba de decir, pero le parecía imposible. – por un momento creí que este lugar fuera capaz de realizar deseos, pero la vida no es tan bella, ya comprobé que no.

La Gryffindor entendió porque le dijo que permaneciera en silencio durante un minuto, había pedido un deseo, pero este no funcionó.

–¿Qué fue lo que deseaste para comprobar tu teoría?

–No quieres saberlo Granger – Malfoy rió. Instantáneamente Hermione supuso que había sido algo para perjudicarla. ¿Por qué no le sorprendía, tratándose de Malfoy? – lo que no entiendo es cómo apareció entonces el libro aquí. ¿Qué haces?

–Trato de abrirlo para irme ya – tomó el libro del suelo y poco a poco fue separando la pasta de las hojas. Draco no la detuvo y se acercó a ella.

Después de un intenso resplandor, ambos regresaron, en el mismo lugar de donde habían desaparecido. El otro tomo se encontraba tirado a sus pies. Draco lo levantó y lo acomodó en su anterior lugar. Ya todo había acabado.

–¿Qué hora es? – preguntó a la chica.

–Las diez con quince ¡¿Las diez con quince?! ¡Es tardísimo!

Ambos chicos salieron apresurados de la Sala de los Menesteres, uno hacia la cueva de las serpientes y otra hacia la roca de los leones.