Día de compras

POV Edward

Me encontraba en mi habitación. Mi hermana y mi mamá estaban como dos locas platicando de compras. Odiaba las compras, ¿no había alguien quien me apoyara? ¡Las odiaba! Debía existir alguien en esta tierra para odiarlas también.

En fin. De un momento a otro llegaron a mi cuerpo unas ganas enormes de saltar y de pintar ¡si! Pintar con acuarelas. Fui saltando al cuarto de utilería, tomé todos los botes de pintura que había allí y me dirigí a mi cuarto.

Puse una hoja de dibujo en el piso. Era hora de abrir el bote. La parte difícil. ¿A quien se le ocurre hacer un bote con pintura dentro y cerrarla como si nunca jamás se vuelva a abrir? ¡En el mundo de los locos! Por más que intentaba abrirlo no podía. Miré a mi alrededor y ¡allí estaba la guitarra del video juego! Fui por ella y piqué la tapa. En menos de dos segundos la pintura estaba sobre mí y sobre todo el piso. Solo habían caído unas cuantas gotas en mi hoja de dibujo. Como mis manos ya estaban llenas de pintura, no tenia porque usar el pincel, puse mi dedo en la hoja y dibuje con mi dedo el sol. Mire la pintura azul, eh hice lo mismo con ella, solo que esta salpico en mi cama. Pinte las nubes de color azul, después el verde que cayo sobre mi computadora. Espero que mamá no me regañe. Y así seguí. Cuando terminé comencé a saltar. Subí a mi cama y salté, salté y salté.

-¡MAMÁ! EDWARD ENSUCIÓ TODA SU HABITACIÓN CON ACUARELAS Y AHORA ESTA SALTANDO EN SU CAMA -Alice estaba parada frente a mi puerta y en menos de un minuto mi mama estaba a lado de ella. Por lo visto muy enojada.

-¡Edward Anthony Cullen! ¿Qué es lo que haz hecho?-grito furiosa, muy furiosa.

-Solo estaba pintando mami –un pequeño temblor recorrió mi cuerpo

-¿PINTANDO? ¡Edward, por amor a dios! Haz pintado toda tu habitación. –suspiró y presionó el puente de su nariz. Mamá y yo éramos muy parecidos- Hoy dormirás con Alice. Y no quiero ninguna respuesta de tu parte por que lo harás. Ahora. Al baño. ¡YA!

Dejé de escuchar cuando dijo "hoy dormirás con Alice" desde ahí mi cara era de pánico y… asco. ¿Cómo voy a entrar a esa habitación tan… rosa? ¿Y si me hace algo mientras duermo?

-Edward… metete a bañar ahora –dijo mi mamá al límite de su enojo. No me gustaba el baño para nada pero cuando Esme Platt estaba enojada… era mejor hacerle caso.

Me baje de la cama con la cabeza baja, no sin antes haberle dado a Alice una mirada de: "te asesinare" Salí de la habitación, fui al baño y me duché. Varios minutos después salí, mi habitación aun estaba un poco sucia y mi mamá me esperaba en su habitación con mi ropa. Me vistió y dejo que bajara.

-Vamos de compras, vamos de compras, vamos de compras, vamos de compras. Oh si oh si oh si. –Alice cantaba mientras bajaba las escaleras. Rodee los ojos y me dirigí al garaje. Nunca me han gustado las compras y nunca me gustaran por que no seré gay. Pero no era buena idea decirle a mi madre que no quiero ir pues ya estaba enojada.

-Sube al auto Edward-me abrió la puerta y sin decir nada subí. Alice subió detrás de mi sonriendo de oreja a oreja.

-¿Tanto te emociona ir de compras Alice?-le pregunte y ella seguía sonriendo.

-Claro que hermanito… -se quedo callada y yo abrí los ojos tan grandes que creí que se me saldrían- amm... Edward… si es emocionante-ya no volvió a sonreír. Y yo seguía sin poder creerlo.

¿Ella me había llamado "hermanito"? Nunca antes lo había hecho… eso era completamente raro. Miré a mi mamá por el retrovisor y ella tenia una gran sonrisa como el gato de Alicia en el país de las maravillas.

-¿Por qué sonríes?- le pregunté y me crucé de brazos.

-Por nada Edward, por nada –mientras decía eso su sonrisa seguía allí. Traidora.

Después de un largo camino al centro comercial, y cuando digo largo es porque de verdad es largo. Media hora casi. Pero nadie le dijo a mi mama que nos mudáramos a la mitad del bosque. Por lo regular se nos hacia corto ya que Alice siempre iba hablando o íbamos peleando. Pero después de lo que dijo no volvió a abrir la boca.

-Llegamos- miré hacia el frente y allí estaba. La gran, gran, gran plaza. Esto de verdad seria una tortura.

De una tienda a otra, de una tienda a otra, de una tienda a otra… probadores, probadores, probadores. Ropa por aquí, ropa por allá. ARG! ¿Por qué tuvieron que existir los centros comerciales?

En las cinco horas que estuvimos caminando por toda la plaza no dije nada, solo asentía cuando mamá o Alice pedían opinión de algo, yo, automáticamente asentía y sonreía, asentía y sonreía.

-Muy bien mamá, creo que eso es todo-Alice sonreía de oreja a oreja.

-Tienes razón Alice, creo que hemos terminado ya, ahora vamos a la casa que tienen que dormir, salen mañana temprano- a pesar del comentario de mi mamá, Alice nunca borro la sonrisa de la cara por mas que le disgustaba la idea.

Yo llevaba tres bolsas en cada mano. Alice solo dos en cada mano, y mi mamá llevaba cinco en cada mano. ¿Como planeaba llegar al estacionamiento tan cargada? Pero nadie la mandaba a querer comprar todo el centro comercial. Bufé y mi mamá me miró.

-¿Qué pasa Edward?

-Nada, nada, solo que ya me duelen mis pies y ¡no entiendo como una niña de cinco años puede aguantar tanto! Seguro que caerá en la cama y se quedara dormida.

-Claro que no Edward, tengo que arreglar mi maleta aun, falta mucho-sonrió con suficiencia.

-Como digas pulga, como tu digas.

Alice me envió una mirada asesina pero no dijo nada. Pasamos por una heladería y automáticamente miramos a mamá con cara de perrito triste. Ella nos miró y suspiró. Se acercó a la heladería pidió dos helados de chocolate y no los dio. Tan pronto lo tuvimos en nuestras manos, lo devoramos y no dijimos nada.

-De nada niños -mamá se dirigía al auto y nosotros seguimos sin decir nada.

Ya en el auto mamá sintonizó la radio y Alice cantaba a todo pulmón, yo solo la miraba divertido y saltaba en el asiento del pasajero. Ya que las bolsas de las compras eran suficientes como para caber en la cejuela.

Después de casi media hora de camino llegamos a casa. Salí corriendo hacia mi habitación y recordé lo que había dicho mamá "dormirás con Alice"

Los ojos me pesaban, y mis piecitos no aguantaban mas mi peso. Me encogí de hombros y fui a la habitación de Alice, me tiré en su cama y cuando mi cabeza toco la almohada no supe mas de mi.

Dormí sin soñar esa noche. Pero cuando me desperté me encontré con una duende abrazada a mi. Ella sonreía. Sonreía mucho. Cuando me moví ella apretó mas su agarre. Genial, maldita pulga se le ocurre tomarme como almohada.


Bien, aqui esta el otro capitulo n.n* Pff por por y la imaginacion de va de mi cuerpo, pero la recupere.

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Gracias por leer