¡Hola de nuevo~!

Ya traigo listo el siguiente capítulo (preparaos para mas desmadre), ¡muchas gracias por seguir la historia! *arrojando corazones*


CAPÍTULO 03

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La sensación de ir a cara descubierta era bastante incómoda para ambos asesinos, pero la ropa que llevaban no disponía de ningún tipo de capucha, a cambio, pasaban totalmente desapercibidos entre los neoyorquinos incluso cuando llevaban hojas letales en sus muñecas. Uno o dos brazales de cuero no llamaban la atención.

Después de unos minutos tanteando el terreno a pie, llegaron a la conclusión de que debían escalar algún edificio y ubicarse una vez en la cima del mismo. El edificio elegido fue uno bastante alto, tanto como la torre de algún campanario. Un rápido vistazo con la vista privilegiada que ambos tenían les hizo asegurarse de que no había ni un guardia cerca.

—Es bastante extraño que un edificio de estas dimensiones no esté vigilado.

—Tengamos cuidado, puede ser una trampa —precavido como acostumbraba, Ezio asintió ante las palabras del mentor—. Subiremos por zonas distintas, así será más sencillo burlar la atención de la guardia, de haberla.

Dicho esto se pusieron en marcha, uno comenzando por las ventanas de la derecha –aprovechando las cornisas y rebordes entre ellas-, y el otro por el lado izquierdo, trepando de un saliente a otro. Dada la poca adherencia que tenían sus zapatillas, una suela de goma no era la indicada para un día de escalada, tardaron bastante tiempo en llegar a lo más alto del edificio de oficinas (aunque una forma bastante más fácil de subir era utilizar la escalera de emergencia, dispuesta en la parte trasera del edificio). Una vez en la azotea, y tras extrañarse con las salidas del aire acondicionado que la adornaban como pequeñas casetas, pudieron trazar un mapa imaginario en sus cabezas para intentar ubicarse por esta parte de la ciudad. Sus sentidos se alertaron cuando se abrió una puerta, saliendo de ella varias personas de ropa similar; se tensaron mirando hacia ellos (unos estresados oficinistas que salían al exterior para fumar sin quebrantar la ley anti-humos de la empresa), apretando especialmente los músculos de sus brazos y pasando de manera instintiva a posición ofensiva.

—Compañeros, ¿tenéis fuego? —uno de los hombres trajeados les miró moviendo una cajetilla que los asesinos desconocían (Camel era una de las más antiguas marcas de tabaco, pero no tanto como para ser conocida hace más de trescientos años).

—¿Está preguntando por fuego? ¿Acaso piensa crear una hoguera?

—Las personas de esta época dicen unas cosas de lo más extrañas —comentó Altaïr viendo a más personas surgir de aquella puerta. Una de ellas hizo surgir una pequeña llama con un artefacto metálico en sus manos, ese chispazo asombró a ambos Asesinos por igual, ¿había logrado el fuego de manera instantánea con tan solo un chasquido de dedos?

Con una mirada asintieron en un gesto cómplice: debían hacerse con ese invento. Volvieron a dividirse yendo Ezio por la izquierda y Altaïr por la derecha, rodearon al grupo y se lanzaron por la barandilla trasera, cayendo sobre el contenedor de papel y cartón. Después de muchos crujidos entre cajas o folios reciclados pusieron los pies en el suelo.

—¿Cómo crees que se llamará? —preguntó Ezio escuchando un ligero "clink" antes de que la llama surgiera del encendedor—. Parece brujería, fuego sin antorchas ni nada similar —rió—. A Leonardo le encantará verlo, estoy seguro.

—Sois amigos, intuyo —Altaïr se había adueñado de la cartera de uno de aquellos hombres, abriéndola para descubrir los papeles verdes que llevaba entre tarjetas metálicas que no llegaba a comprender—. No es un Asesino y aun así parece que confías en él, debéis ser muy buenos amigos, ¿me equivoco?

—Además de ello, es un genio. Una de las mentes más brillantes en toda Europa.

—Es un alivio que esté de nuestro lado, sería una catástrofe que un talento así no sirva al fin adecuado —suspiró guardando la cartera en sus bolsillos, no reconocía nada de lo que veía en ella, pensaba en preguntarle a Desmond más tarde—. Esta época es todo un espectáculo —comentó mirando a un grupo de jóvenes andando por la acera del frente—. Hombres y mujeres por igual llevando ropas tan… tan extrañas, tan reveladoras.

—El caso de las mujeres no me molesta especialmente —Ezio se echó a reír siguiendo con la mirada a las chicas del grupo. Aunque, cuando vio el dibujo en una de las camisetas su risa paró de golpe.

Altaïr se detuvo a su lado, extrañado por el brusco cambio de comportamiento, no le dio tiempo a preguntar si pasaba algo y Ezio cruzó la carretera hasta llegar frente al grupo. Sólo pudo mirar desde donde estaba e intuir qué estaba pasando. Regresó unos minutos más tarde, encontrando al otro acuclillado al borde de un tejado, le hizo señas mostrándole la camiseta, qué había hecho para conseguirla Altaïr prefería no saberlo, y descendió.

—¿Qué haces con…?

—¡Esto es de Leonardo! —le interrumpió—. Conozco este dibujo, es el "Hombre de Vitruvio". Me ha hablado hasta la saciedad de esto, lo considera un estudio de las proporciones del cuerpo humano. ¿Qué está haciendo en una prenda? ¿Cómo ha llegado hasta aquí? Esto debería estar en sus diarios.

—Quizá lo hayan copiado para reproducirlo sobre la tela, parece hecha de un material distinto al resto de la prenda —la frotó entre sus dedos para luego separarse—. Sea como sea, dudo que la vida de Leonardo haya sido amenazada, mientras estabas con ese grupo he visto a más personas con este hombre en sus ropas. Por muy habilidoso que sea tu amigo, es imposible que dibuje tanto en tan poco tiempo.

—Sí, eso es muy poco probable, no es especialmente trabajador —suspiró—. Pero yo no estaría tan seguro sobre su seguridad, quiero decir… él no sabe defenderse, y Malik, bueno, habrá sido un Asesino capaz, pero ahora sólo tiene un brazo, es un poco… ya me entiendes… —se rascó la nuca pensando las palabras adecuadas que terminasen esa frase, no quería resultar desagradable.

—Con suerte nuestros enemigos sean tan confiados como tú.

—¿Es que acaso es capaz de blandir una espada con sólo una mano?

—No cometas el error de subestimarle —aconsejó—. Ahora, ¿qué tal si nos ponemos en marcha? Todavía debemos averiguar cómo regresar con Desmond y los demás.

Ezio resopló y le siguió cargando la camiseta al hombro.

Mientras, a unas buenas manzanas de distancia, Leonardo y Malik estaban viviendo su propia aventura en busca del gasoil. Habían descubierto, después de leer algunos carteles gigantescos, que podía comprarse en un sitio llamado "área de servicio", por lo que decía el cartel, era Shell –suponían, el nombre de alguien- quien vendía el mejor y más refinado carburante, o eso decían las letras rojas que encabezaban el anuncio. Así que siguieron la indicación marcada y caminaron casi 100 metros en línea recta antes de girar a la derecha y acabar en la gasolinera.

—Diésel, diésel turbo plus, gasolina sin plomo, gasolina con plomo, gasoil… ah, es aquí —Malik leía otro gigantesco cartel mientras que Leonardo miraba maravillado todos los vehículos que había estacionados junto a unos extraños tubos que no supo identificar—. Será mejor que entremos y nos informemos de cómo conseguir lo que queremos.

Atravesaron la gasolinera casi por completo hasta entrar en la mini-tienda, varias personas realizaban sus compras o pagaban por el combustible consumido. Sólo entró Leonardo, Malik se quedó en el exterior vigilando la zona, atento a un posible ataque enemigo y observando en silencio todos y cada uno de los movimientos que hacían los que llegaban. Aparcaban su vehículo, bajaban del mismo, pulsaban una especie de combinación en un aparato que desconocía por completo, y luego sujetaba algo similar a una serpiente, introduciendo su alargada boca en el agujero lateral de sus coches. Después de un rato la retiraban y la volvían a dejar en el lugar correspondiente.

—Buen hombre, deme algo de gasoil, por favor —dijo Leonardo mirando al empleado tras el mostrador, éste le devolvió una mirada cargada de confusión.

—No tengo el menor problema, pero, ¿dónde lo cargarás? ¿En las manos? No puedo vender combustible si el cliente no posee el contenedor habilitado para ello. No quiero líos.

—Está bien, deme también un contenedor de esos.

—De acuerdo —asintió en un gesto vago con la cabeza y se fue al almacén. Regresó después de unos minutos cargando el contenedor, hecho de plástico reforzado y de un vistoso color naranja. Lo dejó sobre el mostrador y miró hacia Leonardo antes de volver a hablar—. Serán 25 dólares por el contenedor, ¿cuánto gasoil necesitas?

—Un poco… supongo.

—¿Supones? —el empleado rió—. Necesito algo más preciso, veamos, ¿es para un vehículo o un sistema de calefacción?

—¡Señores, por favor, que algunos tenemos prisa!

—Si tanta prisa tienes, ve a otro lado —dos personas situadas a la cola comenzaron a discutir—. ¿No puedes ver que está atendiendo a un cliente? Ten paciencia.

—¡Soy alguien ocupado, no puedo perder el tiempo con tonterías!

—No tendrás tanto tiempo cuando llevas la ropa sucia, usted lo que es: ¡es un guarro! —alegó una señora sujetando con fuerza su bolso—. Qué falta de educación, un caballero no sale de casa con la ropa sin planchar.

—¡Hazle caso a la señora y vuelve a tu casa!

—¡¿Qué has dicho?! ¡Ven aquí, te enseñaré cómo arreglamos las cosas los hombres!

De un momento a otro el ambiente de la gasolinera se volvió hostil, con los dos hombres enzarzándose en una pelea de puños desnudos, la señora animando a uno de ellos y el empleado intentando separarles, se ganó más de un golpe con su gesto, así que no dudó en sumarse a la pelea. Leonardo aprovechó ese pequeño caos para coger el contenedor y salir corriendo, se encontró con Malik en la puerta y le indicó que debían llenar el recipiente con gasoil. Por suerte el dai se había familiarizado con los movimientos que había visto, era el momento oportuno para reproducirlos (mientras que el ajetreo del interior de la tienda atraía la atención de los más curiosos). Dejaron el recipiente en el suelo, escogieron la pistola marcada bajo el cartel de gasoil y llenaron el contenedor olisqueando un olor completamente nuevo. No contaron con que había un segundo trabajador en el área de servicio, se acercó a ellos pidiéndoles el dinero, un total de 34 dólares y 79 centavos. Teniendo en cuenta que Malik sólo tenía un par de monedas y que Leonardo apenas tenía dos florines en el bolsillo, pues supieron que debían irse sin pagar.

—Leonardo, sal de aquí, ¡ya!

El rubio obedeció, cogió el recipiente con ambas manos y lo cargó como si fuera una estatua, comenzando a correr en dirección opuesta a Malik. El empleado tuvo que haberse confiado al ver la manga izquierda de su suéter sacudiéndose libre de un lado a otro.

—Mira, no quiero hacerte daño —alcanzó a sujetarla confirmando sus sospechas, al hombre que tenía enfrente le faltaba un brazo—. Sólo dame el dinero y no resultarás herido, lo prometo.

Malik se preguntó de dónde venía tanta confianza, la encontró de lo más desagradable. Dio un paso largo hacia atrás, forzando que el hombre apretara el agarre en el jersey para no liberarle, movimiento que el dai supo aprovechar, volvió a moverse y al hombre no le quedó otro remedio que sacudirse para no golpearse contra el puesto de los combustibles. De poco le sirvió porque Malik golpeó su nuca con el borde de su mano, ocasionando su desmayo casi instantáneo.

Luego se echó a andar siguiendo los pasos de Leonardo. Le encontró en un callejón inclinado y apoyado en sus rodillas, recuperando el aliento y mirando agotado el contenedor con el gasoil.

—¿Estás bien? —le preguntó escuchándole resoplar.

—Si te soy sincero, he estado mejor —rió volviendo a alzar el recipiente repleto de combustible—. Ahora sólo tenemos que volver a la caravana, llenarla de gasoil y podremos regresar, aunque primero debemos buscar a Ezio y Altaïr.

—Eso último no será necesario, no te preocupes.

Leonardo se giró siguiendo la dirección que le mostraba Malik, por el principio del callejón aparecieron los dos asesinos. Se pusieron al día intercambiando novedades mientras caminaban de regreso a la calle donde la caravana se había detenido, hablaron del artilugio prodigioso que generaba una llama de manera instantánea con un ligero chasquido de dedos, comentaron el extraño olor que tenía incrustado la ciudad (nada comparable al incienso casi perenne de Jerusalén, ni mucho menos los perfumes que las mujeres usaban en Florencia –ese olor tan dulce inundaba cada rincón-), para cuando llegaron hablaban sobre las posibles diferencias entre el gasoil y cualquier otro combustible de la época.

Grande fue su sorpresa cuando no encontraron la caravana, en el lugar donde ésta debía estar aparcada había un papel amarillo.

—"Su vehículo, al encontrarse estacionado en una zona de alto riesgo para la fluidez del tráfico…" —leía Malik su contenido—. "Ha sido trasladado al desguace municipal, recuerde que debe abonar el importe que los agentes del orden consideren pertinente para poder retirarlo. Por una ciudad más responsable, por una ciudad mejor".

El mensaje terminaba con una copia de la firma del alcalde de Nueva York, era un recurso que le permitía acercarse más a sus votantes para las futuras elecciones que tendrían lugar el próximo mes. Lo cierto era que la campaña electoral estaba en marcha, pero ninguno de los cuatro mostraba interés alguno en ella, de hecho, el término "alcalde" sonaba bastante extraño a sus oídos.

—Así que —Altaïr suspiró dejando el recipiente en el suelo, entre él y Ezio se fueron turnando para cargarlo—, no tenemos el vehículo para regresar, es más, ese vehículo está custodiado en ese lugar, "desguace municipal".

—Debemos ir y recuperar nuestras armas —dijo Ezio—. No tenemos otra opción, ¿cierto?

El plan era sencillo: ir al desguace, colarse en él, localizar la caravana, repostar, recuperar las armas, y marcharse a bordo del vehículo.

Se guiaron por el mapa que había en la misma nota informativa, no les costó llegar para inspeccionar el recinto. Dos vigilantes de seguridad custodiaban la entrada principal acompañados de un perro de apariencia poco amigable, y en el amplio solar repleto de coches rondaban varios empleados del desguace –fácilmente reconocibles por su ropa desgastada y manchada de grasa o aceite-, todo ello rodeado de una valla metálica lo suficientemente alta como para evitar que los ladrones se colaran por ella. Sin embargo, esto no era una tarea difícil para un asesino, mientras que Altaïr la trepaba con una facilidad que llegaba a resultar insultante para el resto, Ezio se encargó de noquear a ambos guardias en la entrada, ignorando los ladridos del perro y llevando sus pasos tras el rastro de Altaïr, guió de igual forma a Malik y Leonardo, éste último cargando el recipiente con gasoil, hasta la caravana. Después de asegurarse de que tenía el combustible necesario pudieron ponerse en marcha, había sido pura suerte que el encargado del desguace hubiera dejado las llaves puestas, ni siquiera le había colocado el cepo en una de sus ruedas.

De nuevo fue Leonardo quien se puso al volante, con Malik sentado en el asiento del copiloto, y ambos asesinos sujetos a lo que encontraban para no perder el equilibrio. En la retirada la caravana se llevó por delante buena parte de la valla, alertando a los trabajadores que rondaban por la zona.

—¡Nos están siguiendo! —gritó el rubio mirando por los retrovisores, dio un bote en el asiento con el primer golpe—. ¡Santo cielo! ¡No deben golpear un vehículo en movimiento con otros vehículos, eso es peligroso!

—Es normal que nos persigan, has destrozado sus instalaciones —le dijo Malik entre suspiros—. Vosotros dos, no os quedéis ahí parados y haced algo.

Ezio llegó a gruñir escuchando la orden que le había dado, por su parte, Altaïr contuvo la risa cogiendo varios cuchillos. Él por un lado y Ezio por otro, como habían hecho al trepar, sacaron buena parte de sus cuerpos por las ventanillas, apuntaron a las ruedas de los vehículos que les perseguían y en poco menos de unos segundos, el grupo de cuatro extranjeros pudo seguir su camino rumbo al Templo sin que nadie les siguiera.

Para sorpresa de Malik, que mantenía su opinión de que no llegarían de una pieza viajando en el interior de una caravana con Da Vinci como conductor, no sólo llegaron ilesos sino a tiempo de impedir una catástrofe mayor. Bajaban del vehículo, en medio de un intenso debate sobre cómo había llegado un dibujo del artista a una camiseta, para cuando fueron recibidos por Rebecca y Shaun.

—¡¿Pero dónde estabais?! —les gritó Rebecca yendo hacia ellos—. ¡¿Cómo habéis hecho para iros por vuestra cuenta en una caravana?!

—Ah, sienta fatal hacer que una dama se preocupe tanto —rió Ezio cargando su ballesta en brazos, con esta ropa que llevaba ahora no podía engancharla en su armadura y se negaba a dejarla atrás.

—¿Y se supone que la dama es Rebecca? —Shaun se echó a reír—. Como tú digas —negó con la mano y señaló luego la entrada al Templo—. Ya nos las arreglaremos para que conviváis ahí dentro como todos nosotros, no podemos cometer el error de dejaros sin vigilancia de nuevo.

—No hemos hecho nada que pueda considerarse peligroso —comentó Leonardo mirando maravillado la camiseta con su obra estampada en ella—. ¡Al contrario, ha sido de lo más emocionante!

—Me preocupa la frecuencia con la que utilizas esa palabra —le dijo Ezio andando a su lado.

Altaïr y Malik se limitaron a asentir con la cabeza siguiendo al grupo hacia el interior del Templo, allí esperaban Desmond y su padre un tanto impacientes su regreso, no todos los días se perdían tres asesinos por la ciudad –uno de ellos con el cargo de dai en Ciudad Santa-, acompañados nada más y nada menos que por la mente más brillante del Renacimiento. Aunque dicha mente haya sido la principal causa de sus problemas, se disculpaba con un "¡qué emocionante!" que debía resultar válido para el resto.


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-madness: ¡Es TAN divertido escribir las locuras de Leonardo! ¡No puedo resistirme a él!

-Jesswinch: Ay, lo mejor que puedo hacer es ofrecerte un pañuelo... ¡Ubisoft fue súper cruel con el bueno de Desmond! ¡Lloremos juntas por toda la eternidad! (¿?)

-Nicorinth: Yeey~ ¡muchas gracias por seguir mi historia! Venía con bastante miedo al fandom porque ahora mismo está más enfocado a los nuevos juegos (lo veo comprensible), ¡pero no hay forma de ignorar estas parejitas! ¿Qué sería de la vida sin AltMal o EzioLeo? ¡Nada, ya te digo yo que no sería nada! Creo que me estoy dejando llevar por la emoción... en fin, soy feliz al recibir un comentario tan lindo, no puede evitarse~

-Guest (no sé tu nombre T_T): Creo que Leonardo es el fan número 1 de Ezio, y no le culpo, ¡pero a nosotras no nos engaña!

-IchigoShadowrose: Huhu, ¡me alegra que te haya gustado la historia!

-Xepes: Sin duda se meterán en más de un lío, si es que no lo han hecho ya, ¡han cambiado muchas cosas y poco a poco lo irán descubriendo!