En el aula "B" se hallaban reunidos unos 32 estudiantes, la mayor parte de los cuales mostraban una actitud alegre y despreocupada, permitiéndose algunos de ellos recién entonces formular toda clase de comentarios con respecto al iracundo profesor de cabellos oscuros, así como también sobre nuestro excéntrico y amigable director.
Como era de esperarse, la mayor parte de opiniones sobre el anciano director eran de lo más positivas, mientras que aquel otro profesor ya casi nos parecía un ogro de cuentos, el cual podría arrancarnos la cabeza ante la más mínima provocación.
-No sé si podría soportar llevar clases más de unos cuantos días con ese maestro…-afirmó un chico un tanto regordete de ojillos temerosos.
-Tampoco yo…-repuso a su vez una bella muchacha de largos cabellos negros-¿Cómo le permiten enseñar a un sujeto así?
-Bueno, por lo menos nuestro director sí parece ser alguien razonable…-te apresuraste en señalar tú, uniéndote a la conversación de forma entusiasta-Así por lo menos tenemos la mínima seguridad de saber que no todos están locos en esta escuela…
Hubo risas de parte de los otros chicos al oír ese último comentario tuyo. Yo reí también, aunque no tanto por la gracia de las palabras en sí mismas, sino por la forma tan jovial dinámica en la que habías expresado…
Sí, Harry…Tal vez tú no eras consciente de ello, pero el tuyo era un carisma muy singular. Así no fueras el chico más guapo que yo alguna vez hubiese conocido, la amigable gentileza de tu personalidad era capaz de cautivar a las demás personas de una manera mucho más profunda que el mero atractivo físico.
Y ciertamente, sin que yo me hubiese dado cuenta de ello, yo ya estaba empezando a ser cautivada por ti desde ese primer día.
-¡Bah!- gruñó alguien desde la última fila-Ese vejete no es más que un payaso ridículo…
Los demás chicos y yo volvimos la mirada, descubriendo así que quien había pronunciado semejante frase había sido un mozalbete rubicundo de piel pálida, a quien podía vérsele un burdo tatuaje representando a un dragón negro en su brazo izquierdo.
Aunque él era muy atractivo físicamente, me produjo un produjo un profundo desagrado el solamente verle…Algo en él transmitía un sentimiento horrible de hostilidad y desprecio por los demás.
Asimismo, la expresión de ojos dejaba entrever una personalidad vil: El suyo era un rostro de príncipe, pero sus ojos eran sumamente fríos y crueles, como los de una serpiente.
-La verdad es que no sé porque le dan tanta importancia a un sujeto así…-agregó de forma indolente-Para mí no hay nada más patético que los viejos que todavía pretenden ser jóvenes, y más aún cuando parecen estar a un pie de la tumba…
Dos chicos corpulentos y con aspecto de matones que estaban sentados al lado de aquel otro muchacho empezaron a reírse escandalosamente, pero sus carcajadas fueron repentinamente interrumpidas gracias a la irrupción de nuestra maestra en el aula.
-Buenos días…-nos dijo con tono distante al momento de ingresar a nuestro salón de clases. Se trataba de la misma maestra que había suspirado luego de presenciar la escena ocasionada por el arranque de ira del profesor de cabellos oscuros.
-Mi nombre es Minerva McGonagall…-declaró, mientras iba escribiendo su nombre en la pizarra con grandes letras blancas-Yo seré su tutora este año…
Acto seguido, ella se sentó en su respectivo escritorio, desde el cual empezó a llamar uno por uno a cada estudiante: De esa manera logré enterarme de que el nombre de aquella seria muchacha de cabello castaño se llamaba Hermione Granger, mientras que el mozalbete rubicundo del tatuaje con forma de dragón era Draco Malfoy. Por su parte, el par de brutos que parecían secundarle se llamaban respectivamente Vincent y Gregory, mientras que la hermosa muchacha de largo pelo negro sentada al lado de Harry se llamaba Cho Chang.
Por mi parte, al lado mío se encontraban sentados mi nueva amiga, Luna Lovegood y un chico llamado Neville Longbottom.
Una vez se terminó de pasar lista, las clases dieron comienzo, iniciándose una atareada mañana repleta de lecturas, ejercicios matemáticos y repasos de diferentes fechas correspondientes la historia de nuestro país, teniendo como un único un solo breve receso de aproximadamente 20 minutos.
Ya para el término del día me encontraba totalmente exhausta, y con algo de fastidio, pero de todas maneras ya me había resignado a que así habría de ser la vida de una adolescente común y corriente.
