¡Hola a todos!
¿Qué tal han estado? ¡Muchas gracias por sus comentarios! Vamos a mitad de esta historia, así que sin más preámbulos les dejo este nuevo capítulo.
Capítulo 3
Grite al sentir como Seiya introdujo su miembro en mi ano con una fuerte embestida. Aferre con más fuerza las sabanas ante el ligero dolor que sentí.
Mis gemidos llenan la habitación conforme él me sigue penetrando con fiereza, yendo cada vez más rápido ante cada embestida mientras mantiene sus manos con firmeza sobre mis caderas, sosteniendo mi trasero en alto y yo estoy en cuatro sobre la cama.
Una de sus manos viajo hasta mi clítoris, acariciándolo con la misma intensidad de sus embestidas mientras rápidamente se va construyendo en mi interior ese cosquilleo que me acerca al éxtasis. Seiya es salvaje con cada movimiento, logrando que no deje de pedirle que vaya aún más rápido, hasta que finalmente el clímax me atravesó con intensidad.
Momentos después él también llegó al orgasmo y salió de mi interior. Nos derrumbamos exhaustos en la cama.
–Si me permite decirlo, Princesa Serena, extrañaba poder complacerla de esta manera.
–Lo dices como si hubiera pasado mucho tiempo sin que estuviéramos a solas, Seiya.
–Es que… –él titubeo un momento antes de continuar–. ¿Puedo decir lo que pienso sin que eso traiga un problema entre nosotros, Su Alteza?
–Creí que eso lo habíamos aclarado hacía mucho tiempo. Más allá de tu papel como integrante de la élite, Seiya, somos amigos y por lo mismo quiero que siempre hablemos con confianza de cualquier cosa.
–Lo sé, Princesa. Es solo que… las cosas han cambiado mucho por aquí desde la llegada de Diamante.
Asentí en señal de comprensión. Pese a que me había propuesto establecer un sistema de rotación de la élite similar al que tenía antes de la llegada de Diamante a Palacio, lo cierto es que no había sido así. Diamante visitaba mi lecho con mayor frecuencia que el resto de los integrantes de la élite, sin contar que muchas veces, al terminar con mis deberes y obligaciones del día, reservaba unos minutos para estar con él. Sin darme cuenta, Diamante se había vuelto demasiado importante para mí, algo que nunca podré admitir frente a otra persona, ocupando un lugar primordial en mi corazón.
–¿Estás molesto con la presencia de Diamante?
–No, él es un gran sujeto y nos llevamos muy bien. Pero con tantos cambios en las rotaciones de la élite, simplemente extraño pasar tiempo a su lado. No le he hablado de mis nuevas canciones.
–Es verdad. Me encantaría que me hablaras acerca de ellas –mencione con una sonrisa–. Pero algo me dice que tu música no es la razón por la que empezamos está conversación con Diamante.
–Así es… –musito él dando un suspiro–. La verdad es que he escuchado hablar a los sirvientes en palacio sobre el favoritismo que tiene por Diamante. Y no es secreto para nadie que la Reina tiene opiniones muy estrictas sobre la importancia de la élite. Simplemente comentó esto porque no me gustaría saber que tiene problemas con Su Majestad si se entera de lo que está pasando.
–Gracias por decírmelo, Seiya. Pero no te preocupes, no habrá ningún problema entre mi madre y yo por esto.
oOoOo
–Mercury, agenda para mañana a primera hora una visita a la sede del nuevo hospital –le pedí mientras avanzábamos por los pasillos de Palacio–. Quiero ir a ver los avances de la construcción.
–Por supuesto, Su Alteza –asintió ella anotándolo en su agenda–. ¿Desea algo más?
–No, es todo por hoy. Gracias.
Mercury asintió cuando llegamos a la puerta del comedor. Los guardias abrieron las puertas y al entrar, note que tanto la élite de mi madre como la mía, así como algunas de las Sailors ya se encontraban sentados ante el largo comedor. Todos se pusieron de pie al notar mi presencia e hicieron una reverencia.
–Buenas noches a todos.
Camine hacía mi lugar ubicado en el centro de uno de los costados del comedor, en donde uno de los sirvientes esperaba para acomodar mi silla mientras finalmente tomaba asiento. A mi derecha se encontraba sentado Diamante, y junto a él estaba Seiya; a mi izquierda se encuentra Taiki y junto con él Yaten.
–Espero que hoy haya tenido un día agradable, Su Alteza –Comentó Diamante con una sonrisa.
–Así ha sido. El proyecto del nuevo hospital va avanzando favorablemente, y espero que pueda estar terminado en menos mes.
–Es una buena noticia. Posiblemente lo pueda inaugurar para su cumpleaños.
–Esperemos por la Diosa que así sea –respondí amablemente.
Nuevamente las puertas del comedor se abrieron y ante ellas apareció mi madre. Todos los presentes nos pusimos de pie e hicimos una reverencia ante su presencia. Ella avanzó hacia el lugar que se encuentra frente al mío, tras lo que finalmente se sentó. El mayordomo hizo una señal a los sirvientes y de inmediato el personal empezó a servir la cena.
–¿Madre, que tal han ido las negociaciones con la Princesa Kakyuu? –le pregunté mientras uno de los sirvientes se acercaba con la sopa..
–Muy bien, Serena, pronto llegaremos a un nuevo acuerdo comercial que beneficiara tanto a su reino como al nuestro –menciono con gran orgullo.
Como todas las noches, la cena transcurrió con calma mientras mi madre comenta las novedades de su día, pregunta por los sucesos de mi día y comentamos con nuestras élites que ha transcurrido durante el día de ellos. Es una manera de afianzar aún más el vínculo que existe entre todos nosotros. Después de todo, la élite de mi madre se ha mantenido en los diez integrantes que la conforman desde mi nacimiento, y veo en cada uno de ellos a un padre que siempre se ha preocupado por mí, me han compartido sus conocimientos que forman parte de mi educación, brindándome siempre su cariño y protección.
–Lord Nicolás, espero que esta noche nos complazca a todos mostrándonos ese proyecto del que tanto nos ha hablado –dijo mi madre después de que hubiéramos terminado con el postre–. Debo confesar que he anhelado mucho el poder verlo.
–Así es, Su Majestad –respondió Lord Nicolás, sentado al lado de mi madre–. Es un trabajo en el que he trabajado en conjunto con Lord Yaten durante las últimas semanas. Se encuentra en el Salón Verde, por lo que estaré encantado de mostrárselos.
Voltee a ver a Yaten, sorprendida.
–¿Por qué no me habías comentado nada de esto, Yaten? Realmente deseo ver lo que Lord Nicolás y tú han creado.
–Si le hable de dicho proyecto, Su Alteza. Se lo dije desde hace tres semanas –respondió Yaten con educación, pero mirándome con dureza.
¡Por la Diosa! ¿Cómo es posible que lo olvidará?
–Me disculpo por haberlo olvidado –comente con sinceridad, apenada–. He estado tan ocupada trabajando en lo del nuevo hospital que mi mente solo ha pensado en ello.
–Lo comprendo, Princesa Serena, no se preocupe –replico él con frialdad terminando el contenido de su copa de vino.
–Por favor, vayamos todos al Salón Verde –dijo mi madre con ánimo–. Estoy segura de que todos deseamos ver el trabajo de Lord Nicolás y Lord, así que vamos a apreciar su obra y disfrutemos el resto de la velada juntos.
Mi madre se puso de pie, Lord Nicolás le ofreció su brazo para escoltarla y juntos se encaminaron hacia la puerta.
Busque a Yaten con la mirada para que también me escoltará, pero él ya se hallaba caminando detrás de ellos.
–¿Me permitiría escoltarla, Su Alteza? –pregunto cortésmente Taiki, dándose cuenta de la situación.
–Por supuesto –respondí con una sonrisa tomando su brazo.
–Me disculpo por la actitud de Yaten. No tenía por qué actuar de esa manera –comentó Taiki mientras salíamos del comedor.
–No te corresponde pedir disculpas en su lugar.
–Aun así no fue correcto que la dejara en evidencia de esa manera frente a la Reina.
–No te preocupes más por ello, Taiki, más tarde hablaré con él del asunto –mencione mientras avanzábamos por el pasillo.
Al llegar al Salón Verde, noté que mi madre ya se encontraba sentada en uno de los sofás, mientras que no muy lejos de ella se encontraba Yaten hablando con Lord Nicolás frente a una pintura que estaba cubierta por una manta blanca.
–Serena, ven y siéntate a mi lado, por favor.
Agradecí a Taiki con una sonrisa antes de separarme de él, tras lo que obedecí a mi madre.
–Me puedes explicar lo que sucedió hace un momento en el comedor, hija –ordeno ella en voz baja.
–Fue un error de mi parte, madre –respondí de inmediato–. Me he concentrado tanto en los avances del hospital que simplemente olvide por un momento lo que me había comentado Lord Yaten acerca de su trabajo.
–¿Segura que solo fue eso? ¿No ha habido algún problema entre tu élite y tú?
–Ninguno. Las cosas entre todos nosotros están muy bien
–En ese caso, y más porque han transcurrido seis meses desde que tu élite fue completada, espero que pronto me des la feliz noticia de que estas esperando al futuro gobernante de Milenio de Plata. El pueblo anhela la llegada del próximo integrante de la Familia Real.
–Lo sé, madre. Si la Diosa lo concede, espero en un futuro no muy lejano comunicarte esa noticia.
oOoOo
Respire profundamente, esperando que el viento nocturno me relaje después tras los eventos de esta noche que me parece eterna. El aroma de los jardines me envuelve, mientras observo el paisaje que tengo frente a mí y noto que en los límites del mismo las luces del taller de Diamante se encuentran encendidas. Me encantaría que fuera él con quien compartiera esta noche, pero hoy tiene que estar Yaten aquí.
Tras mostrar la hermosa pintura del Palacio Lunar que hizo junto con Lord Nicolás, el resto de la velada prácticamente me ignoro y estuvo conversando con todos sobre las maravillas del arte de pintar. Me retire hacia mi habitación pidiéndole a una Sailor Mars que se asegurará que Yaten acudiera a mi lado esta noche. Ni siquiera me he quitado el vestido turquesa que use durante la cena por esperarlo. Antes de que él termine en mi cama, primero tendrá que disculparse por su comportamiento.
Un par de golpes en mi puerta rompieron el silencio que reinaba en mi habitación.
–¡Adelante! –exclame, saliendo del balcón.
Yaten entró con una marcada expresión de seriedad grabada en su rostro.
–Su Alteza –dijo él mientras hacia una reverencia–. ¿Desea que me desnude?
–No. Quiero que me expliques porque has actuado de la forma en que lo has hecho durante la velada de hoy –le ordene con firmeza–. ¿Es porque estas molesto de que olvidará que me habías hablado de la pintura?
–No entiendo de que habla, Princesa –respondió él con indiferencia–. Ya le había dicho que no pasaba nada, entiendo que su trabajo y los proyectos que tiene en beneficio del pueblo son importantes.
–No me mientas, Yaten, porque te conozco muy bien y sé que algo te molesta. Así que habla con la verdad y dime que sucede.
–Si eso es lo que desea, está bien. La verdad es que estoy muy enojado por culpa de Diamante –exclamó él con dureza.
–¿Diamante? –musite sorprendida.
–Desde su llegada a la élite, él se ha vuelto su favorito y está con él la mayor parte de su tiempo. Se ha olvidado de mí y de los demás.
–No digas tonterías, Yaten. Tú y los demás son igual de importantes para mí.
–Ambos sabemos que eso no es cierto, Princesa. La élite no debe de funcionar como usted lo ha hecho los últimos seis meses y lo sabe muy bien.
–El cómo funciona mi élite es algo que solo me concierne a mí. Tú no eres quien para decirme como debo de hacer las cosas –replique con firmeza–. Recuerda que soy tu Princesa y futura Reina, y como tal me debes obediencia y debes comportarte como corresponde. Fui yo quien decidió que formaras parte de la élite, así que debes de estar agradecido por ello. Así que discúlpate y me olvidaré de tu conducta de esta noche.
–Si eso es lo que quiere, me disculpo por mi comportamiento de hoy –respondió el con cinismo.
Lo miré con molestia. –¡Vete de aquí, Yaten! ¡Hasta que te disculpes con sinceridad no quiero que estés en mi presencia!
–Bien, al fin que yo tampoco tenía ganas de tener sexo con usted –dijo saliendo con paso decidido de mi habitación.
¿Cómo se había atrevido Yaten a hablarme de esa manera? ¿Acaso olvidaba con quien estaba hablando? Incluso quería llorar de la impotencia, de lo enojada que estoy con él tras esa discusión.
Y pensar que todo lo que podría salir mal está noche sucedió. Le había dicho a mi madre que no tenía problema alguno con ningún integrante de la élite, pero tras la discusión con Yaten era obvio que si existían problemas.
Posee mis manos sobre mi vientre, pensando en la vida que crece dentro de mí. No tengo ninguna duda de que el padre de este bebé es Diamante, en especial con la gran frecuencia en que tenemos nuestros encuentros. Pero aún no puedo decirle a nadie de mi embarazo, no cuando este bebé se supone que es el hijo de la élite, del pueblo; y no del sentimiento que vive dentro de mí hacía Diamante.
Yaten, Taiki y Seiya poseen mi cuerpo, pero Diamante es el único que además de mi cuerpo, posee por completo mi corazón. Pero eso de nada sirve porque como Princesa, jamás me podré casar con él. Y aún menos podré admitir que el padre de mi hijo es él.
¿Qué voy a hacer?
Respire con calma pensándolo, pero de momento quería olvidarme de lo ocurrido. Y sabía cuál era la mejor forma de lograrlo.
Sin dudarlo, salí de mi habitación y rápidamente me dirigí a los jardines, rumbo al taller de Diamante. Al llegar, lo encontré sentado frente a una figura de mármol de aproximadamente medio metro de la forma de una mujer, o al menos eso me parece ya que dicha figura se encuentra de espaldas.
–Princesa Serena –dijo él sorprendido, levantándose rápidamente al notar mi presencia para hacer una reverencia.
–Lamento interrumpir, no sabía que estabas ocupado.
–No, no lo estoy. Yo solo... –musito sin estar muy seguro de como continuar–. ¿Puedo hacer algo por usted, Princesa? Creía que estaría ocupada con alguno de los demás con esta noche.
–No –dije suspirando profundamente–. Se supone que tendría que estar con Yaten, pero hoy no me interesaba estar con él.
–Lo lamento. Parece que esta noche ha sido complicada para usted.
–Sí, demasiado para mi gusto. Pero no quiero hablar de ello. ¿Es tu nuevo trabajo? –inquirí rápidamente al ver la escultura.
–Así es. No quería mostrarla hasta que estuviera terminada.
–¿Puedo verla?
–Por supuesto.
Caminé para acercarme a la estatua, quedándome sorprendida al ver que la mujer de la estatua se trataba de mí. La figura me representaba de pie, como si estuviera pensando en algo ocupará su mente, pero estaba marcando con delicadeza cada detalle con la más absoluta delicadeza.
–Es increíble... Es precioso lo que hiciste, Diamante.
–No, siento que jamás podría captar toda su belleza en una escultura.
–Al contrario, eres un escultor muy talentoso. Es más, voy a ordenar que se haga un salón especial para exhibir ante los demás tu trabajo.
Diamante sonrió ante mis palabras.
–Se lo agradezco, Su Alteza, pero no me importa lo que opinen los demás de mi trabajo. Todo lo que hago, lo hago pensando en usted.
Sonreí ante sus palabras. Me acerque a él, tome su rostro entre mis manos y lo bese. Un instante después sentí como sus brazos me estrechaban, como si no tuviera intensión de soltarme mientras continuábamos besándonos con mayor intensidad.
Rodee su cuello con mis brazos mientras nuestras bocas continúan explorándose mutuamente. Sin soltarme, me alzo entre sus brazos y camino hasta que sentí detrás de mí una de las mesas de trabajo. Sin dejar de besarnos, me sentó sobre la mesa y separe mis piernas para acercarlo más a mí, sintiendo su abultado miembro. Eche mi cabeza hacia atrás al sentir sus labios recorrer en mi cuello, bajando lentamente hacia el escote de mi vestido.
–Princesa Serena –musito él sin dejar de besar mis senos.
–Diamante –gemí deslizando mis manos por su trasero–. Te necesito… Hazme tuya
Sus manos movieron las faldas de mi vestido, dejando mis piernas completamente expuestas, se arrodillo frente a mí y las lleno de besos conforme se iba recorriendo mis muslos, acercándose hasta mi intimidad. Me quito las pantaletas y chupo mi clítoris, haciéndome gemir sin parar mientras continua con este delicioso oral que me acerca cada vez más al clímax.
Grite al llegar al orgasmo, notando como Diamante se ponía de pie. Busque sus labios y saboree los jugos de mi intimidad mientras rápidamente desabroche sus pantalones y deje expuesto su miembro, recorriendo con mi mano la longitud del mismo. Él tomo la mano que mantenía en su pene, entrelazando nuestras manos al tiempo en que finalmente me penetraba.
Rodee su cintura con mis piernas, moviéndonos acompasadamente mientras me llena por completo con cada embestida. Me deje llevar completamente por las sensaciones, disfrutando por completo de tenerlo dentro de mí, sabiendo que en la intimidad me puedo entregar por completo a él. Estalle a su lado cuando nos atravesó el orgasmo, derrumbándome sobre su pecho mientras luchaba porque mi respiración volviera a la normalidad.
–Llévame a mi habitación. Pasaremos la noche mucho más cómodos allí –musite besándolo nuevamente.
–Claro que sí, mi querida Princesa.
oOoOo
–Aún quedan detalles pendientes, Su Alteza, pero son menores.
Asentí mientras seguía escuchando al supervisor de la obra, acompañada de Sailor Mercury y Sailor Venus. Tras haber recorrido los principales pabellones del hospital, notando que además de una mano de pintura, dentro de poco ya podría instalarse el mobiliario y equipo del hospital.
–¿En cuánto tiempo considera que estará todo listo?
–En una semana. Después de eso, ya solo es cuestión de recibir el mobiliario e instalar el equipo médico.
–Muy bien, estaré al pendiente de ello. Quiero que el hospital sea inaugurado lo más pronto posible.
–Todo el equipo de trabajo nos aseguraremos de que así sea, Su Alteza.
Asentí agradecida y el supervisor me hizo una reverencia.
Me diriji hacia la salida del edificio junto con las Sailors, feliz de que muy pronto vería el hospital en el que he invertido mucho de mi tiempo finalmente abierto.
Afuera, junto a mi carruaje vi que esperaba Sailor Uranus. Un extraño escalofrío me recorrió al verla. Algo debe de haber sucedido como para que este aquí.
–Sailor Uranus
–Princesa Serena –dijo ella haciendo una reverencia, su expresión era muy seria–. Debo pedirle que me acompañe de regreso a Palacio.
–¿Qué sucede? –pregunte preocupada.
–Se trata de Lord Diamante. Ocurrió un accidente y él se encuentra gravemente herido.
¿Qué clase de accidente creen que halla tenido Diamante? ¿Qué pasará ahora con Serena?
Este minific esta entrando en su recta final, solo quedan dos capítulos más para que termine esta historia.
Nos leemos en el siguiente capítulo.
XOXO
Serenity Rose Kou
