Y aquí está la última parte. Sin revisar y escrita bastante deprisa. Estoy liada con las clases y no soy capaz de hacerlo mejor, pero si no la acababa ya no lo iba a hacer nunca. Espero que al menos no me apedreen y les guste un poquito, por muy poco que sea.
Wendell. Era Wendell el que se iba a Europa y no Brennan. Acababa de protagonizar el más absoluto de los ridículos al acusarla como lo había hecho. Era normal que estuviera contándoselo también a Cam, al fin y al cabo era su jefa. Brennan primero lo habría hablado con Ángela. Se sintió imbécil y fatal consigo mismo. Siempre le insistía en que nunca la traicionaría y esa noche había metido la pata a base de bien. Y no tenía ni idea de cómo iba a arreglarlo.
Cuando llegó a su casa y se tiró en el sofá con los ojos llorosos, se sintió literalmente vacía. Por el camino ya tenía la sensación de que le faltaba algo, de que le habían hecho daño en el músculo que ella siempre había defendido que no se podía romper. Pero él lo había quebrado. Quizá no roto del todo, pero dolía como si se lo hubiesen abierto por la mitad, sin anestesia y sin previo aviso. Y lo peor es que sabía que él no tenía la culpa.
Ella nunca le había dado garantías de nada. Después de enterarse de que estaba embarazada, comenzaron a planear su vida juntos y nada había vuelto a surgir de forma natural entre ellos. Antes Booth la abrazaba, le hacía algún chiste que casi nunca entendía, aunque se reía con su forma de contarlo. O le colocaba una mano en la espalda de forma muy sutil cada vez que se despistaba un poco. Era más imprevisible. Espontáneo. Y le gustaba eso.
Ahora vivían y dormían juntos y planeaban hasta la hora de meterse en la ducha para no llegar tarde a sus trabajos. Brennan no quería eso. Pero nunca se lo había dicho. Y era su culpa y no la de Booth.
No podía quejarse de los cuidados que él le daba. Siempre estaba preocupado por si comía y dormía bien, por su seguridad en las escenas del crimen. Y por el bebé y todos los cambios que estaban surgiendo en ella. Quería saberlo todo. Si le daban náuseas, si se movía, si daba pataditas… Incluso le hablaba por las noches cuando creía que Brennan dormía. Le decía que tenía la mejor madre que podría tener y que le querrían y protegerían de todos los males del mundo, aunque eso no fuera humanamente posible.
Pero no era suficiente. Y lo sabían los dos aunque ninguno lo hubiese expresado con palabras.
Se quitó la ropa y se introdujo en la bañera con algo de dificultad. Una vez dentro recordó que había olvidado la toalla y sonrió al imaginarse a Booth irrumpir con ella en mitad de su baño, bromeando con que debería tomar algo para la memoria. Lo que él no sabía es que lo hacía a posta, para que él entrara y la entretuviera mientras intentaba agacharse para lavarse más allá de su barriga. Y para que se ofreciera a hacerlo aunque ella se negase la mayor parte de las veces. Para hacerle sufrir. Abrió el grifo del agua fría y se estremeció al sentirla primero sobre sus pies y luego por todo su cuerpo conforme iba subiendo la ducha.
Y cuando la notó, helada como un témpano sobre su cabeza, le vino una idea a la mente antes de tener que apartar el chorro porque le hacía daño. Igual era una genialidad, aunque lo más probable es que fuera una estupidez. Pero ella se quejaba de haber pasado de hacer lo que les pedía el cuerpo a hacer lo que creían que era mejor para ellos y su futura hija. Y esa pequeña idea había venido así, fugaz como un atardecer en invierno. Y se armó de valor y cambió el "debo hacerlo" por el "quiero hacerlo". Porque realmente quería. Y lo haría.
Nada más sonar el timbre tuvo el presentimiento de que sería ella. Se levantó del sillón de un salto y corrió a abrir la puerta. La vio mirándole con ternura y algo más que no supo descifrar en ese momento. Cuando se dio cuenta estaba regresando sobre sus pasos a toda velocidad.
- ¿Estás de parto? –Preguntó con nerviosismo- Siéntate en lo que cojo las cosas, ¿dónde has dejado la bolsa? ¿Has metido ropa suficiente? Lo siento Bones, de verdad, igual ha sido por el disgusto, yo… -Daba vueltas por el salón buscando todo sin encontrar nada- Dinero, llaves del coche, bolso… ¿Qué me falta? –Murmuraba comprobándose los bolsillos- ¿Estás bien? No te he preguntado. ¿Puedes aguantar? ¿Quieres algo antes de irnos? Bones por favor, háblame. –Le pidió casi ininteligiblemente, lo que la hizo sonreír levemente-
Llevaba las llaves del piso agarradas con los dientes, la chaqueta sobre el hombro derecho, el bolso sobre el izquierdo, el móvil en la mano y la rebeca de Brennan en la otra. La miró como si quisiera darle pena y eso hizo que Brennan se cruzase de brazos e intentase no volver a reírse para ponerle un poco más nervioso. Si era posible.
- ¿Te vas a quedar aquí? ¿Un parto en casa? No lo habíamos hablado, ¿entonces para qué has preparado el bolso? ¿Llamo a Cam? Bones por Dios, contéstame… -Le suplicó quitándose la llave de la boca para poder seguir haciéndole preguntas-
- No estoy de parto. –Dijo sin más. Booth tiró las cosas al suelo-
- Uf, menos mal. Creo que aún no estoy preparado. –Resopló dejándose caer sobre la silla del pasillo-
- Por lo que a mí respecta lo tienes todo controlado. –Se burló mientras cerraba la puerta. Él no pudo evitar sonreír-
- Te iba a pedir perdón igualmente, no creas que es solo porque pensaba que ibas a tener a nuestra hija esta noche.
- Lo sé.
- ¿Quieres quedarte esta noche o… has venido a por algo? –Preguntó con nerviosismo-
- Ni una cosa ni la otra. –Booth se agachó a recoger el bolso del suelo- Ni tampoco me he puesto de parto en estos minutos. –Él volvió a mirarla, desconcertado-
- He venido porque he estado pensando en lo que ha pasado y…
- Bones yo…
- No me cortes. Déjame terminar, por favor. –El agente tragó saliva y asintió levemente-
- Ha sido culpa mía.
- ¿Qué? –Exclamó levantándose de la silla- ¿Culpa tuya por hablar en tu despacho con tu amiga y tu jefa y que yo lo haya escuchado? ¿Culpa tuya que sea tan imbécil para creerme que te vas a ir con nuestro bebé a Europa y soy el último mono en enterarse? –Brennan le dedicó una mirada amenazante- Está bien, discúlpame de nuevo. Sigue.
- Ha sido culpa mía porque en ningún momento te he dado garantías de nada. Nos acostamos sin hablar primero de si después estaríamos juntos o era simplemente un método de desahogo por lo de Vincent o cualquier otra cosa. –La escuchaba atentamente intentando no cortarla de nuevo- Me quedé embarazada y a partir de ahí hemos hecho lo mejor para nuestro bebé que, siendo realistas, aún no ha nacido. ¿Y qué pasa con nosotros, Booth? Todo lo planeamos con antelación, no somos naturales y hasta me miras como si me pidieras permiso para tocarme o besarme. Yo no quiero una relación así y estoy segura de que tú tampoco. –Él se mantuvo en silencio esperando por si necesitaba decir algo más. No quería cabrearla.- Pues contestarme.
- Yo tampoco quiero una relación así. –Ella asintió satisfecha- Pero no entiendo qué quieres que hagamos.
- Quiero que si te apetece besarme lo hagas, que si quieres hablarle a mi barriga lo hagas por muy estúpido que me parezca. Que no me pidas permiso para tocarme. ¿Acaso lo hacías antes de todo esto? –Booth negó con la cabeza- Y quiero que nos casemos. –Concluyó sin pensarlo-
Booth se quedó perplejo. Cerró los ojos un instante y respiró con calma cuando se encontró con los suyos nada más abrirlos. No era un sueño, Brennan estaba ahí con él y acaba de pedirle que se casaran. La antropóloga intentó no sonreír, pero le fue imposible. La cara de su compañero era un cúmulo de sensaciones de las que ella no captaba ni la mitad, pero le había dejado sin habla y eso era más de lo que podía haber esperado entender antes de conocerle. Alargó la mano y atrapó la de agente, uniendo sus dedos lentamente como si quisiera decirle que era real. Algo sin planear, espontáneo, natural. A Booth le costó reaccionar, pero ejerció fuerza en cuanto se dio cuenta.
- ¿Me lo puedes repetir? –Preguntó con voz temblorosa, dando un paso hacia ella-
- Seeley Joseph Booth –Comenzó con decisión- ¿Quieres casarte conmigo y seguir enseñándome a amar cada día? –Pronunció intentando que no le temblara la voz de los nervios-
Él le acarició la mejilla con el dorso de la mano, como si aún buscara indicios de estar soñando. Brennan depositó un beso en ella y volvió a clavar sus ojos azules en los de él.
- ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi Bones? –Brennan frunció el ceño e hizo amago de contestar- Shh… no rompamos este momento. ¿Estás segura de esto?
- Estoy segura de que lo que necesito en este momento es estar contigo.
- Ya lo estamos aunque no nos casemos…
- ¿Ahora hemos invertido los papeles?
- Solo tengo miedo de que te arrepientas…
- No podemos saber lo que va a pasar en el futuro, pero a día de hoy no veo ninguna razón para arrepentirme de esto. Ni una sola. Y sé que no estoy siendo nada racional y eso es lo que te tiene desconcertado, pero quiero que no vuelvas a pensar nunca más que sería capaz de alejarme de ti. Y mucho menos de alejar a nuestra hija del mejor padre que podría tener. –Él la besó con ansia, como si no quisiera seguir oyendo palabras y quisiera simplemente que fueran hechos. Y Brennan sonrió cuando se separaron a coger aire-
- Veo que lo has entendido. No me lo esperaba. –Booth sonrió orgulloso- Pero hay un problema…
- ¿Qué no vas a caber en un vestido? No te preocupes, puedo esperar a que la niña tenga unos meses… -Ella le dio un codazo- ¡Ah! –Se quejó frotándose el brazo- Bueno vale, si no es ese el problema… Tú dirás.
- Esto ha sido un impulso y no tengo anillos. Ni siquiera estoy segura de si me falta algo más. Y sé lo importante que son estas cosas para ti. Igual debería haber esperado a tenerlos o…
Booth echó a correr por el pasillo dejándola con la palabra en la boca. Brennan escuchó cajas caer al suelo y le oyó resoplar y maldecir en voz baja unas cuantas veces. No supo lo que estaba haciendo hasta que lo vio a aparecer con una pequeña cajita de terciopelo negro.
- Sabía que romperías tu palabra.
- ¿Lo tenías todo planeado? –Preguntó con un tono de voz algo más alto que el resto de la conversación-
- Simplemente me adelanté a los hechos. –Brennan le miró con reproche- Estaban en oferta y eran los más bonitos de la joyería. –Bromeó abriendo la caja-
- Son preciosos. –Aceptó, alargando los dedos para tocarlos-
- Espera. Déjame hacerlo a mí. –Ella extendió la mano y Booth no pudo evitar acariciarla antes de tomar uno de los anillos y colocárselo lentamente-
- Estás temblando. –Susurró antes de besarle la frente con ternura-
- ¿Puedo? –Preguntó cogiendo el otro anillo-
- Por supuesto. –Respondió repitiendo el gesto que había hecho ella antes-
- ¿Sabes? –Booth agarró sus manos y la miró fijamente- Sé que te va a parecer una tontería, pero no ha dejado de moverse desde que llegué.
- No es una estupidez. –Sonrió, acariciándole la barriga- Da patadas de felicidad.
- Te creo.
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