No había visto a Roderich desde aquella vez. El austriaco había encontrado la manera de evitarlo hasta ese momento. Había escuchado que Austria había peleado con Francia y capturado con éxito a uno de los hermanos Italia, el menor si no había escuchado mal y el más lindo según España. Pero lo cierto es que lo que más le afectaba era el hecho de que lo había hecho solo. Hasta ese momento ellos habían compartido derrotas y victorias. Jamás habían vuelto a pelear una batalla en solitario desde que habían realizado aquella promesa y ahora se estaba perdiendo…

A pesar de las circunstancias, a pesar de todo, Prusia seguía aferrado a la esperanza de que, muy a pesar de que su promesa se hacía cada vez más vana conforme los días pasaban, a pesar de eso, esa promesa no se había roto y no se rompería… no mientras él viviera para impedirlo.

¿Pero cómo hacerlo con la actitud de Roderich?

— ¡Prusia! —

Se vio interrumpido por aquella persona que entró a su habitación sin golpear, lanzó una mirada de reprehensión y el joven se cohibió con levedad.

— Mi padre quiere verte… Es el momento —

Sus ojos se ensancharon… no podía ser… encima de todo lo que estaba pasando… su superior no podía estar muriendo justo ahora.

Se apresuró a salir sin reparar en el joven hijo de su jefe, ni siquiera congeniaba bien con él. Pero su superior, oh, él era simplemente distinto… él era importante. Llegó hasta el lecho donde yacía Federico Guillermo I de Brandemburgo; 'El Gran Elector'.

— Superior… — atinó a decir.

— Ha llegado el momento y he hecho lo que he podido. Sigue adelante y lucha Prusia. Mi hijo tomará mi lugar… — volvió su moribunda vista al joven que acababa de entrar por la puerta y Prusia le envió una mirada carente de expresión — Los Habsburgo... — retomó la conversación y Gilbert volvió su atención… ellos eran los superiores de Austria — Cuando muera tienen que ir con ellos… han hablado conmigo… —

No supo a qué se refería el superior, pero vio al hijo del Gran Elector asentir, lo sabría cuando llegase el momento. Se retiró de la habitación justo después, el superior quería pasar sus últimos momentos de vida con su hijo y él respetaba eso.

No pasó mucho tiempo para que supiese del fallecimiento de quien se había hecho cargo de él en los últimos años. Vio al joven salir con el rostro bañado en lágrimas… él, su nuevo superior… Federico I.

Tal como su antiguo jefe le había dicho, acudió a la casa de los Habsburgo. De todos modos, habían recibido una invitación formal al día siguiente del deceso del Gran Elector, donde, como es debido, se expresaba un sentido pésame.

Les habían recibido de la mejor manera. Una ceremonia se había preparado con gran minuciosidad. Todo tenía un completo aire de aristocracia que le sorprendió de sobremanera, algo desconocido para él.

Y entre toda aquella algarabía… lo vio.

Casi no lo reconocía. Su cabello ya no estaba tan desaliñado como lo recordaba, ahora lo peinaba hacia atrás de una manera peculiar. Notaba a Mariazell diferente también. Sus ropas eran diferentes e incluso su expresión. Unos lentes descansaban sobre su perfilada nariz ahora.

Roderich…

Se preguntó cuánto había cambiado en su forma de ser.

Se percató de que Hungría estaba a su lado y de vez en cuando revoloteaba a su alrededor como una jovencita enamorada, a lo cual Austria no parecía inmutarse o si lo hacía, un leve halo de reserva lo rodeaba. Sus movimientos habían dejado de ser torpes, en cambio ahora eran más delicados y elegantes.

Y de pronto sus ojos se encontraron. Roderich lo miró y no supo descifrar su expresión, esquivó la mirada recordando ese momento y temió que volviera a desaparecer, pero cuando se volvió para verlo otra vez, él ya había dejado de mirarlo y hablaba animadamente con Hungría. Luego lo vio acercarse a sus superiores y hablar con ellos por un momento. Entonces se dirigió hacia todos los presentes captando su atención.

— Estamos aquí reunidos para celebrar el reconocimiento de una nación y el ascenso de un nuevo rey — Sus ojos se posaron nuevamente en él y rápidamente el contacto fue roto — Delante del Sacro Imperio Romano, su emperador y mis superiores; la casa de Habsburgo. Yo, el Reino de Austria, reconozco y hago reconocer al Reino de Prusia como una prometedora potencia dentro del Sacro Imperio Romano — habló y todos abrieron paso para que Prusia se encaminara hacia el austriaco.

Caminó casi dudándolo y creyó ver a Roderich temblar a medida que se acercaba. Entonces lo tuvo enfrente de sí, él era más bajo, tal y como siempre lo recordaba. Austria evitó el contacto visual y apretó con levedad el puño.

— Yo soy el Reino de Prusia — repitió el prusiano y toda la audiencia celebró el momento.

Entonces fue llamado el superior de Gilbert. Esta vez fueron los Habsburgo personalmente quienes proveyeron el título de Rey de Prusia a Federico I.

Mientras toda la audiencia celebraba esta vez el surgimiento de un nuevo reino y un nuevo rey en conjunto. Austria y Prusia seguían parados a un lado, ajenos a la situación y a la atención de las personas en la habitación. Para ellos se había creado una atmosfera en particular, silenciosa, que sólo ambos podían distinguir.

Roderich ladeó el rostro sin mirar a Prusia.

— Roderich — llamó Gilbert.

— He cumplido mi promesa —obtuvo como respuesta y el austriaco ni siquiera le miró. El peliplata enarcó una ceja sin entender a qué se refería — No me olvidé de ti a pesar de mi cargo. Ahora eres el Reino de Prusia frente a todos — continuó — Las promesas han sido cumplidas. Es todo — se dio la vuelta para marchar y Prusia le tomó por la muñeca volviéndole hacia él con cierta desesperación. Aquella frase le había dolido en el pecho insoportablemente — ¡¿Qué crees que haces Kono Obaka? — gimió cerrando los ojos para que no le obligara a verle.

— ¿A qué te refieres? ¿Está es tu forma de cumplir nuestra promesa? — Habló y le acercó sin lograr que Roderich abriera los ojos — Eso no es lo que prometimos Roderich —

— ¡Eso fue! Prometimos que nos ayudaríamos hasta derrotar a Hungría ¡Bien! Ya lo hemos hecho. Prometí que no te olvidaría mientras estuviese a cargo de la hegemonía del Sacro Imperio Romano ¡Bien! El hecho de que estés aquí quiere decir que lo he hecho — explicó.

— ¡Mentiras! ¡Fue mucho más que solo eso! ¡Prometí que nunca te dejaría solo! —

— ¡Sí! ¡Hasta que lograra completar con éxito mi cargo! Que con tu ayuda lo lograría y estarías conmigo hasta que eso pasara ¡Bien! ¡Mírame Prusia lo he logrado! Ya es suficiente. Todas las promesas han sido cumplidas —

— ¡Has roto todas las promesas! —

— ¡Basta! — exigió sin poder más y comenzó a sollozar. Prusia lo miró adolorido. Cuando advirtió que las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas, lo sujetó y lo alejó de aquella habitación llena de presentes.

Le sorprendió el hecho de que Roderich se dejara hacer. Llegaron a las afueras del lugar, al jardín principal, con suerte nadie notaría su ausencia en la sala de los presentes, estarían demasiado ocupados con las celebraciones para el nuevo rey como para notarlos. Humanos. A veces tienden a olvidar a su nación.

El jardín era precioso, todo digno de unas personas tan inmaculadas como los Habsburgo. En medio del florido entorno había una banca de piedra, no lo dudó ni un momento y arrastró a Roderich consigo allí.

El austriaco no articulaba ni una palabra y ocultaba su rostro entre sus manos limpiando vanamente las lágrimas que pronto eran remplazadas por otras nuevas. Le observó con tristeza, no entendía su actitud pero le aliviaba su reacción, si aquella promesa no tuviese importancia para el austriaco seguramente hubiese podido mantener esa actitud de frialdad por mucho más tiempo. Pero el hecho de que estuviese llorando en ese momento es porque también debía significar algo para él.

Llevó sus manos capturando las muñecas del aristócrata y las retiró del rostro, entonces lo vio, aquel rostro empañado por las lágrimas, tan indefenso, tan vulnerable, tan hermoso. Aquel impulso que le había consumido aquella vez, volvió a llenar su pecho con esa sensación de ardor y se acercó otra vez, sin dar explicaciones, al rostro del otro…

Lamió las mejillas del austriaco y aquel sabor salado de las lágrimas que la habían recorrido inundó su paladar, sintió como Roderich se tensaba frente a él y su tacto. Continuó borrando el triste recorrido notando como la temperatura en la mejilla austriaca comenzaba a elevarse, produciendo un inevitable sonrojo, no tenía que abrir sus ojos para poder confirmar sus sospechas.

De alguna forma, lo único que le molestaba eran aquellos lentes que golpeaban su nariz cada vez que ascendía con su lengua por la mejilla de Austria. Y de pronto el sabor de sus lágrimas no fue suficiente, en un movimiento que su compañero no vio venir sus labios volvieron a encontrarse por segunda vez, tal y como aquella primera vez.

Roderich se quejó en un leve gemido que murió en la garganta de Prusia, sus labios volvieron a moverse esta vez con un poco más de atrevimiento. Gilbert buscó abrir la boca del otro, siempre cuidando el límite de sus acciones. Roderich se lo concedió de un momento a otro y su lengua se acopló con la suya. Era un tacto tan necesitado, después de bastante tiempo.

Entonces Gilbert se alejó cuando el aire fue necesario.

Y esa escena volvió a repetirse…

Esa expresión en el rostro de Roderich, aquel gesto que no pudo descifrar. Temía que lo alejara en ese momento y aferró el agarre en sus muñecas para impedírselo. Aquello hizo espabilar a Roderich y en un violento ademán trató de alejar al prusiano pero la fuerza del otro se lo impidió.

— ¡Aléjate de mí Gilbert! — Exigió.

— ¿Por qué Roderich? — También demandó saber.

— ¡Aléjate! —

— ¡Dame una razón! ¡Sólo una! ¡Y entonces me iré! ¡Es una promesa! —

— ¡No me hables de promesas! — comenzó a sollozar nuevamente.

— ¿Por qué? ¡¿Porque no puedes cumplirlas? ¿Porque solo sabes romperlas? —

— ¡Basta! —

— ¿Qué pasó con nuestra promesa Roderich? —

— Suficiente —

— ¡Respóndeme! —

— ¡Voy a casarme! ¿De acuerdo? ¡Voy a casarme con Hungría! —

— ¿Qué? — Gilbert casi no podía creer lo que había escuchado.

— ¡Esa es tu razón ahora márchate! ¡Lo prometiste, cúmplelo prusiano! —

— ¡Si tú puedes romper promesas entonces yo también tengo derecho a hacerlo! —

— ¡Maldición Gilbert! ¡¿Por qué haces esto tan difícil? —

— ¡Eso es lo que quiero preguntarte! —

— ¡¿Por qué me besaste Gilbert, por qué? — Roderich por fin le vio directo a los ojos, exigiendo una respuesta concreta.

— Y-yo… —

— Estoy confundido Gilbert… — las lágrimas volvieron a correr por sus mejillas — Tú me confundes… desde aquella vez… no lo soporto… tantas cosas en mi pecho… Quiero que te vayas, quiero que olvides nuestra promesa, no me debes nada. Todo lo que has hecho por mí te lo he pagado ahora con tu reconocimiento como nación — comentó y Gilbert no supo que decir, él no quería olvidarse de esa promesa. No así, no de esa manera…

— Roderich… —

— Me casaré con Hungría. Ahora por favor vete… — Le pidió y sin mirarle se levantó alejándose del lugar, no quería hablar más. No quería tener que pensar más en Prusia…

— Será como tú quieras Roderich — murmuró sin esperar ser escuchado — Ahora quisiera prometerme olvidarte… —


No sé si el siguiente capitulo será más kilometrico o tendré que partirlo en dos partes. Aún así, espero les siga agradando esta historia.

El Buzón de Krizz

Nyu17: Gracias. Extrañaré tus reviews también.

.kikumaru.-: Muchas gracias por el apoyo. Sí, es verdad lo que dices. Tal vez deba sopesar lo que queda de este año para pensar en lo que estoy dejando, pero tampoco quisiera asegurar nada, si regreso eso sólo el tiempo lo dirá.

Jonouchi1600: Muchas gracias, de verdad, siempre me hace sentir bastante bien el leer como les han gustado mis fics. Y no te preocupes, definitivamente el gusto por esta hermosa parejita no va a desaparecer aún yo deje de escribir y quién sabe, el día menos pensado me puedo desesperar porque no haya algún fic lemoso de ellos y termine escribiendo algo más, pero eso sólo el tiempo dirá, como siempre digo. De verdad, gracias por el review largo que te animaste a dejarme.

Kumiko-Kori: Jejeje, espero poder seguir haciendolo. El fic aún tiene más qué hacer, estoy pensando en alargarlo un poco más. Espero te siga gustando.