¡Y lo alcance a subir el viernes! !Yei! :D

Bien, seguimos con esto y ya que André tiene esa pequeña duda, aquí ha pasado casi dos años desde que Ichigo perdió sus poderes.

Bleach no me pertenece.


Cuando la campana de la escuela sonó anunciando el fin de clases, los alumnos se dispusieron a tomar sus pertenencias para marcharse, los caminos comenzaron a separarse aunque algunos volvieron a encontrarse de improviso.

—Ishida.

—¿Qué quieres Kurosaki? — le preguntó un tanto extrañado Uryuu a su amigo, no era normal que el Kurosaki le interceptara así.

Ichigo respondió yendo directo al asunto—Necesitaré ropa para entrenar, más específicamente un short de esos que usan los peleadores.

Ante sus palabras Ishida soltó un pequeño suspiro, teniendo una ligera idea de hacia donde se dirigía Ichigo —Sabes que si Sado se entera de esto, lo más probable es que vuelvan a pelear ¿Verdad? — le mencionó con una ceja alzada.

—Lo sé, pero esta es una buena oportunidad para entrenar y recuperar mis poderes. Cuando lo haga me disculparé como es debido con ellos dos— respondió Ichigo antes de cruzarse de brazos y mirar fijamente al Quincy—Entonces, ¿Puedo contratarte?

—No sé en qué te estas metiendo, pero no me da buena espina— comentó el azabache esperando que Ichigo le diese más información.

—Es un riesgo que estoy dispuesto a correr, lo peor que podría pasarme es que Kugo me arrebate esos poderes y vuelva a ser un humano— dijo Ichigo restándole importancia al asunto.

—Me gustaría que te explicases mejor, si te metes en aprietos sería más fácil para ti tener a un amigo que te respalde o que por lo menos sepa a quién debo de atacar— opinó el Quincy como un último intento de con seguir que Ichigo revelase algo de información.

El Kurosaki se rascó la nuca al entender la intención de Ishida —Mencionaron una técnica llamada Fullbring, pero no sé qué es. Cuando averigüe en que consiste, serás el primero en saberlo, ¿Te parece? — le ofreció.

—Sí, pero ¿Para cuando quieres esa prenda de ropa? — mencionó Ishida, esperando que tuviese el tiempo suficiente para tomarlo con calma.

—¿Puedes tenerla para la siguiente semana? — le preguntó con un poco de timidez.

—Sí.

—¡Genial! — exclamó Ichigo antes de sonreír —Realmente te lo agradezco Ishida, mañana te pago de regreso— dijo para marcharse con rapidez.

Ishida soltó un pesado suspiro, estaba casi seguro que era la primera vez que le veía sonreír de esa manera desde que perdió sus poderes. Y por mucho que odiase admitirlo, el Kurosaki se veía bastante feliz pese a saber que probablemente se estuviera adentrando a un camino muy peligroso casi en solitario.

—Eres un idiota sin duda— se dijo el Quincy para sí mismo antes de seguir su camino.

Ichigo al llegar a su casa se sorprendió de que Yuzu no estuviese. Asumió que lo más probable era que hubiera acompañado a Karin a su entrenamiento de futbol, por otra parte su padre estaba trabajando en la clínica. Teniendo en mente que estaría solo por un rato, se apresuró a hablar con Kon.

—Vienes muy feliz, Ichigo— dijo el peluche de león al verlo entrar a la habitación con una ligera sonrisa en su rostro.

El aludido se encogió de hombros antes de lanzar su mochila a un rincón —No lo sé, tal vez porque pude hablar con alguien más en la escuela.

—¿Y eso? — preguntó Kon con bastante interés.

—Se llama Sosuke Tomohiro, al parecer es pariente de Aizen y ha sido contratado por el Goitei para vigilarme, aunque dijo que no iba a hacerlo— respondió Ichigo para recostarse en su cama.

—Es curioso, usualmente te molestarías que alguien te vigilara para que no hicieras algo— opinó el peluche un tanto intrigado.

—Lo sé, pero él parece comprenderme de verdad… además dijo algo bastante interesante sobre aquella sensación que me abruma en ocasiones — dijo el Kurosaki para bostezar —Cambiando de tema ¿Conseguiste algo sobre el Krav Maga?

—Tardé bastante en encontrar algo que no fuera más que su historia— respondió Kon para acercarse al escritorio de Ichigo, solo con el fin de sacar de uno de los cajones una pequeña memoria USB y entregársela al adolescente. —Es un manual de técnicas, imprímelo y comienza a entrenar.

Pero antes de que Ichigo pudiera decir algo, el teléfono de su casa comenzó a sonar, bastante extrañado, bajó a contestar.

—¿Quién habla? — preguntó el Kurosaki, solo para escuchar una pequeña y suave risa como primera respuesta.

—Te quiero mañana en la tarde aquí para tu primer entrenamiento— dijo Ginjo con calma.

—Vale, pero no quiero que llames aquí. Yuzu, Karin o el viejo podrían contestar.

—Comprendo eso, aunque hace poco hablé con tu padre y le convencí. Así que cuando vengas por favor entrega un papel con tu número telefónico— respondió Kugo antes de colgar.

Ichigo soltó un suspiro antes de hacer lo mismo, pero al girarse se encontró con Kon quien negaba con la cabeza.

—Estoy seguro que ese hombre sabe más de lo que dice, dudo que tu padre decidiera darle tan fácilmente este número— fueron las palabras del peluche, a lo que Ichigo chasqueo la lengua al ver que tenía razón.

—Solo espero que no moleste a mis hermanas— dijo Ichigo antes de mirar la pequeña memoria que aún tenía en sus manos —Voy a imprimir esto, no tardo.

Kon asintió, para ver como el Kurosaki se apresuraba a ir a su habitación por dinero y así salir a toda velocidad. Y mientras estaba solo de nuevo, el alma modificada soltó un pesado suspiro.

Ichigo se veía tan emocionado que le resultaba casi imposible decirle que las probabilidades que tenía para derrotar a Kugo, quien seguramente tenía más experiencia en todos los aspectos del combate, eran pocas o casi nulas. Solo esperaba que la suerte acompañase a su amigo en su deseo de recuperar sus poderes.

Aunque aquel nombre de Sosuke Tomohiro le era bastante familiar, como si hubiese escuchado aquel nombre en más de una ocasión, solo que era un recuerdo borroso.

Las hojas de manual tardaron unos minutos en comenzar a ser impresas, el calor que emanaban solo podía ser opacado con las imágenes que mostraban sin temor alguno. Pese a lo simple que era esto, Ichigo las observaba como si fuese un regalo, uno que hubiese esperado por años.

—Usa esto también— dijo Tomohiro para colocar junto al pequeño montón de hojas un cuaderno desgastado de color marrón.

—¿Qué es eso? — le preguntó Ichigo mientras lo levantaba y comenzaba a hojearlo. Sus ojos se abrieron con sorpresa al percatarse de que se trataba de una pequeña guía de artes marciales mixtas, la mayoría antiguas y con técnicas que nunca había visto, todo dibujado a mano. —N-No sé qué decir.

—Hace mucho tiempo tuve una afición hacia las mejores técnicas de los artes marciales antiguos. Me costó algunos años conseguirlos todos, pero te aseguro que algunos han desaparecido y con algo de energía espiritual podrían hacer gran daño— respondió Tomohiro antes de mirar el manual que terminaba de imprimirse —Ahora haz tu mejor esfuerzo con lo que vayas a hace.

Ante sus palabras Ichigo cerró el cuaderno y le miró con seriedad —¿Cómo sabías que iba a estar aquí? — le preguntó con seriedad.

—Trabajo en la tienda de enfrente— respondió Sosuke para señalar a una librería —Cuando te vi, tuve el presentimiento que irías a imprimir algo así. Por lo tanto decidí que te daría mi cuaderno.

—Te lo agradezco, pero siento que no me terminas de decir todo lo que sabes, Tomohiro— confesó el Kurosaki.

El aludido se encogió de hombros, como si ya esperase ese comentario —Si no te lo he dicho es que aún no es el momento, solo puedo asegurarte que carezco de la ambición egoísta de mi familiar y de un destino al cual aferrarme. En cualquier caso, si tienes problemas con Kugo y necesitas algo, puedes llamarme— respondió para buscar en su ropa una pequeña tarjeta para entregársela a Ichigo en donde venía su número de celular —Tengo que irme o seguramente me esperará un regaño de mis jefes.

Ichigo asintió mientras su compañero se marchaba, pero de cierta forma sentía que Tomohiro intentaba actuar con él como si fuese un familiar más, pues no lograba comprender del todo como era que Sosuke se decidió a prestarle algo tan viejo y seguramente preciado como si fuese un lápiz o una pluma. Sin embargo también estaba consciente de que el castaño fue a la escuela a petición del Goitei 13 y que quizá eso era un factor más para su amabilidad, que por el momento jugaba a su favor.

Aquella tarde y noche, Ichigo repasó una y otra vez las técnicas del viejo cuaderno y de su manual, intentando memorizar los movimientos que realizaban las personas en las ilustraciones, incluso comenzó a practicar un poco para ver sus fortalezas y debilidades.

Cuando llegó el día siguiente, las clases pasaron con rapidez para él, quizá porque en la tarde sería su primer entrenamiento formal y la emoción de su interior comenzaba a ser visible, pues sus compañeros más cercanos se percataron que el ceño fruncido desaparecía un poco de su rostro.

Finalmente, el timbre que anunciaba la salida sonó e Ichigo tomó todas sus pertenecías con velocidad y con suavidad tocó el hombro de su compañero de al lado quien estaba parado leyendo un libro de la biblioteca.

—Hasta mañana, Tomohiro— le dijo Ichigo con una pequeña sonrisa, a modo de despedida.

Sosuke se sorprendió ante el gesto de amabilidad por parte del Kurosaki, pero casi de inmediato se acercó a su asiento, solo para dejarse caer en su asiento, para soltar un pesado suspiro y sujetar su cabeza por un instante —¿Por qué tienes que tener una sonrisa igual a la de él? — murmuró con tristeza mientras intentaba dominar a sus emociones que volvían a la vida con su nuevo cuerpo.

—Sosuke-kun, ¿Estas bien?

Aquella voz sonó tan familiar para él pese a que apenas la había conocido, sin embargo al estar conectado a su hermano, sabía cosas que desearía haber olvidado.

—Oh, Inoue-san. No es nada, solo que estoy un poco cansado del trabajo, últimamente hay más personas en la librería— dijo con una pequeña sonrisa, aunque esta se desvaneció al ver que ella estaba sola —¿Está esperando a alguien? — preguntó con un poco de ansiedad.

Ella negó —Tatsuki-chan faltó el día de hoy y los demás estaban bastante ocupados.

—¿Desea que la acompañe a su casa? — ofreció el castaño en un intento de encontrar algo en que enfocarse y así dejar de pensar en su hermano.

—N-No es necesario.

Tomohiro se levantó de su asiento —Insisto con mi oferta, aunque no quiero que malinterprete mis intenciones.

Inoue soltó un pequeño suspiro ante la mirada azulada —Está bien, puede acompañarme.

Ambos comenzaron a caminar en silencio hacia casa de Inoue, a medida de que se acercaban a casa de la joven, Tomohiro se mostraba más nervioso al pensar en lo que ella padeció en Las Noches.

—Me alegra que alguien pueda acercarse a Kurosaki-kun con facilidad, últimamente ha estado alejándose de todos y de todo— mencionó ella.

Tomohiro le miró de reojo—¿Eres amiga de él?

Inoue suspiró —Sí, pero pelee con él. No solo yo, Sado-kun también— respondió antes de apretar sus puños —Quizá si no le hubiese preguntado, él no hubiera dicho nada de las peleas…

—Si quieres no me cuentes, de cualquier forma yo solo soy un alumno nuevo— dijo, solo para ver como ella se detenía.

Al notar que la mirada gris comenzaba a llenarse de lágrimas, un leve dolor apareció en su pecho. Tuvo que resistir el deseo de llevar una mano sobre su corazón para maldecir que los vestigios de la energía de su hermano le uniese a más personas, solo para sufrir sus peores emociones cuando estuvieran cerca.

Aunque tal vez era un castigo por sus errores.

—No llores, por favor— le pidió Sosuke a Inoue mientras sacaba de su mochila un pequeño pañuelo.

Ella aceptó la tela y limpió sus lágrimas —L-Lo siento, pero aún no sé cómo lidiar con esto. Cuando intento pensar en cómo debe sentirse Kurosaki-kun sobre esto, a mi mente viene mi hermano mayor, aunque de aquella noche recuerdo poco, siento que Sora estaba desesperado porque pensó que le había olvidado.

—Entiendo pero, ¿Qué fue lo que ocasionó todo esto?

—Yo le pregunté porque le gustaba pelear… Él respondió con una sonrisa "es divertido" — dijo Inoue antes de hacer una pausa —Después Sado-kun lo confrontó, fue entonces que Kurosaki-kun dijo "Si no te gustan las peleas, no entiendo para qué tienes poderes", ambos comenzaron a discutir… pronto Sado-kun recibió el primer golpe, intenté detenerlos pero… No pude hacer nada.

—La desesperación puede llevarnos a un vacío tan oscuro que todas las luces mueren, ni la más brillante puede llegar a tocar fondo del abismo. La presión simplemente sofoca todo— mencionó Tomohiro.

—¿Crees que pueda regresar todo a como era antes?

Ante la pregunta él negó —No, ninguno de ustedes es el mismo. Sería como pedirte detener un corazón, es imposible y bastante estúpido. Los eventos que nos rodean nos moldean, los recuerdos nos atan o nos dan fuerza para seguir— dijo antes de sonreír ligeramente —¿Por qué crees que eres tan amable? Tu hermano hizo un gran esfuerzo por darte una buena vida y desear que te rodeases de personas amables— agregó antes de mirar al suelo.

—Sosuke-kun, ¿Pasa algo? No creo que esa mirada sea solo por cansancio.

—Realmente no es nada, solo arrepentimiento de un par de decisiones que no debí de tomar. Pero ahora ya no hay mucho que hacer, la persona a quien dañé seguramente me odia— respondió para dar un par de pasos —¿Nos vamos? Creo que es mejor dejar de hablar de cosas tan tristes.

—Tienes razón— dijo Inoue para que ambos reanudasen su marcha —¿Quieres hablar de postres?

Sosuke asintió —No hay nada mejor que un buen postre, así que por favor empieza.


Mientras ellos dos conversaban e Ichigo se apresuraba a terminar su tarea para iniciar su entrenamiento con los Xcution, en la Sociedad de almas cierta shinigami se levantaba del último golpe que había tenido que esquivar.

—Podemos para si quieres Kuchiki-san— dijo Urahara con calma.

Ella negó —Aun no, quiero entrenar un poco más, así que por favor lance el siguiente ataque— pidió con seriedad.

Kisuke suspiró antes de apuntar a la joven con la palma de su mano —Okasen— pronunció para que la energía dorada se dirigiera a toda velocidad hacia Rukia.

—¡Danku! — ella exclamó para invocar a la gran barrera.

Al principio esta pudo detener el ataque con facilidad, pero conforme pasaban los segundos unas pequeñas grietas comenzaron a aparecer, ante esto Rukia elevó su energía espiritual para regenerar el bakudo.

—Sokatsui— dijo Kisuke para que el encantamiento cambiase de inmediato.

La energía dorada tomó un color azulado en cuestión de instantes y la potencia creció de forma considerable, el escudo empezó a ceder a pesar de que la joven shinigami le brindaba cada vez más de su energía. Pronto llegó el momento en que el hechizo cedió y el hado golpeó de nuevo a Rukia y la hizo caer al suelo.

—Una vez más, Urahara-san.

El rubio negó —Kuchiki-san, llevas entrenando desde que salió el sol, creo que ya es momento de descansar. Si fuerzas tu cuerpo de más, podrías retrasar tu regreso al Mundo Humano.

—Tiene razón, lo siento… Pero ya casi son dos años, con cada día que pasa siento que lo he abandonado pese a que me ayudó aunque arriesgase su vida— respondió antes de soltar un pesado suspiro —¿Le parece que al atardecer reanudemos nuestro entrenamiento?

—Me parece bien— comentó Kisuke para ver como Rukia tomaba su zampakuto y se marchaba del campo de entrenamiento del décimo tercer escuadrón.

A los pocos minutos apareció Ukitake, quien no dudó en acercarse a Kisuke para preguntar por su oficial.

—Se está esforzando de verdad— dijo el capitán al escuchar su rendimiento en el entrenamiento.

—Realmente quiere regresar a verlo, solo espero que no se decepcione al ver la barrera que ha colocado Ichigo-kun con todos nosotros— opinó Urahara.

—¿Tan triste se encuentra él?

—La primera vez que Ichigo-kun se quebró ante la impotencia, derrotó a tres ladrones a puño limpio… si solo hubiese sido uno, creo que podría haberlo llegado a asesinar.

Sus palabras hicieron sobresaltar a Juushiro, quien enseguida desvió avergonzado la mirada. Sabía de sobra que Kisuke tenía estrictamente prohibido hablar con el joven hasta que los Xcution hicieran su primera jugada.

—No pensé que fuese a tomarlo de esa forma — confesó el albino.

—Nadie lo esperaba, hace unos días yo me enteré de ese evento por Yoruichi-san quien pasaba por ahí mientras Ichigo terminaba con sus oponentes debajo de la lluvia. Ella quería acerarse al verlo con sus puños sangrando al igual que su cabeza, pero tenía en mente que el Goitei no se tomaría la molestia de velar por él hasta que fuese demasiado tarde— dijo antes de mirar hacia el cielo —No creí que le doliese tanto el alejamiento, quizá debimos ir por él después de que se cumpliese un año.

—Ustedes dos, no deben tirar la toalla ahora— comentó Kyoraku quien se acercaba con pasos calmados acompañado de Nanao —Si nos equivocamos deberíamos de disculparnos y emendar nuestro error apoyando a Rukia-chan con su entrenamiento y en todo lo que necesite. Además un lazo así no se deja intimidar por una barrera.

—Entonces, ¿Qué sugieres, Kyoraku?— le preguntó Ukitake.

El castaño se acomodó su sombrero para mirar fijamente a Kisuke —Asegúrate de que Tomohiro comience a crear fisuras en esa barrera, para que Rukia-chan llegue a romperlas.

Tanto Nanao como Ukitake al escuchar ese nombre se sorprendieron al escuchar ese nombre, el albino de inmediato miró a Kisuke.

—¿Acaso le has dado un cuerpo? — preguntó con escepticismo.

Urahara asintió —Creo que él es el mejor calificado para tratar con alguien que comienza a caminar por la oscuridad, después de todo es el hermano mayor de Aizen y quien recibía todas las emociones de él después del accidente que dio origen a la teoría de las almas modificadas— respondió con calma.

Ante sus palabras Ukitake soltó un pequeño suspiro —Iré a hablar con el capitán comandante para que me permita a mí también ir— mencionó para marcharse.

—¿Crees que aún se sienta culpable por darle esa idea a aquel chico? — preguntó Kisuke.

—Ukitake puede parecer inofensivo, pero se ha visto en la necesidad de hacer cosas indescriptibles en nombre del equilibrio como todos nosotros. Así que pienso que aún debe lamentar haber destruido el experimento con Tomohiro dentro para que no explotase media Sociedad de Almas — respondió Shunsui para mirar hacia la dirección por donde su amigo se fue.


Cuando Rukia regresó a entrenar, Ichigo apenas había llegado con los Xcution y se disponía a hacer un breve calentamiento en aquella habitación vacía.

Mientras el Kurosaki estiraba su cuerpo, un chico de cabello rubio se le acercó.

—Así que tú eres el famoso tornado de Karakura— comentó Yukio con calma.

Ichigo al verlo se sorprendió un poco de la semejanza que tenía con Hitsugaya, aunque decidió quedarse en silencio y enfocarse en su actividad.

—Vaya, vaya, el guapetón ha ignorado al niñato— dijo Riruka bastante divertida al aparecer por la puerta trasera de aquella sala.

—A ti qué te importa chismosa — respondió Yukio molesto —Además ¿Acaso no eres ciega?

La joven chasqueo la lengua —Algo, pero sin importar la distancia cualquiera puede sentir como tu energía se eleva cuando estas molesto, idiota.

—Él no puede— comentó Yukio antes de sonreír con arrogancia para señalar a Ichigo —Ahora quiero ver como ligas con él— agregó para marcharse.

—No le hagas caso, solo le gusta molestar a quien se deje— mencionó Riruka antes de acercarse al Kurosaki —¿Y tú eres?

—Kurosaki Ichigo, el segundo shinigami sustituto— respondió sin darle mucho interés a lo que habían dicho.

Ella sonrió ligeramente —Riruka— dijo para extenderle la mano.

Ichigo aceptó el saludo por cortesía, pues se encontraba más interesado en entrenar —Oye, no te lo tomes a mal pero, ¿Se encuentra Ginjo? Me dijo que iba a entrenarme hoy— comentó.

Riruka se encogió de hombros —Ni idea, no me llevo muy bien con él así que usualmente no me dice a donde va, pero si tanto te interesa pelear puedo ayudarte a cambio de algo.

—¿Qué sería ese algo? — preguntó el Kurosaki no muy convencido de querer seguir la idea de ella.

—No lo sé, pon una oferta.

Ichigo se quedó en silencio por unos instantes —¿Qué te gusta?

—Lo adorable.

Una idea vino de inmediato a la mente del Kurosaki, aunque debería de ir a un lugar al cual juro que solo entraría arrastrado —Te conseguiré un peluche de conejo, un chappy edición limitada.

Riruka fingió meditar la idea —Interesante, ahora dime ¿Por qué un chappy?

Ichigo maldijo esa pregunta en lo más hondo de su alma —Por qué he apartado uno y tengo un descuento para otro— respondió un poco avergonzado.

—¿Acaso eres un otomen? — preguntó Riruka con interés.

—No, pero a una amiga le gusta ese horrendo conejo y tenía planeado dárselo como regalo de Navidad… pero tuvo que irse— respondió mientras intentaba no sonrojarse al hablar de algo así con una desconocida.

—Bien, lo tomaré. Solo porque quiero probar si tienes buenos gustos, ahora espera unos minutos en lo que me preparo para entrenar contigo— dijo Riruka para regresar por el mismo lado del cual había llegado.

Cuando el Kurosaki se quedó a solas de nuevo, soltó un pesado suspiro para mirar a sus manos mientras recordaba la caja de color verde que sostuvo desde el centro de Karakura hasta su casa, intentando no ser visto por ninguno de sus familiares —Lo había olvidado, tal vez debería… No, mejor iré por otro — murmuró para finalizar su entrenamiento.

Un par de minutos después, Riruka apareció acompañada de Ginjo, o más bien jalándole de la muñeca. Aunque por el bostezo que soltó el azabache todo indicaba que estaba dormido hasta hace poco.

—Bien, esperaré ese peluche, más te vale que sea algo lindo— le dijo Riruka antes de empujar a Ginjo hacia el Kurosaki —Toma a tu perezoso profesor, Ichigo.

—Así que estabas dormido— comentó el adolescente mientras se cruzaba de brazos y le miraba con seriedad.

Kugo se encogió de hombros para volver a bostezar —¿Importa? Ahora atácame con todo lo que tengas.

Ante sus palabras, Ichigo le lanzó un buen puñetazo hacia el rostro, pero su golpe fue detenido con facilidad.

—N-No puede ser— murmuró Ichigo sorprendido al ver como Kugo le había detenido con tres dedos y parecía calmado.

Aun así, él no iba a rendirse y comenzó a atacarlo con más fuerza, primero intentó asestarle un golpe con sus puños pero al ver que no tenía posibilidad alguna decidió agregar algunas patadas, que a pesar de estas eran bastante poderosas Ginjo no tenía problema con detenerlas utilizando sus rodillas, cosa que lentamente iba desgastando la condición de Ichigo y provocándole dolor.

—¿Eso es todo?, ¿Por esto me mandaste a despertar? — le preguntó Kugo con calma.

—No, aun puedo pelear— respondió Ichigo para seguir atacando.

Pero poco a poco el ánimo de Ichigo decaía al ver que ni siquiera era un oponente para su profesor. Si no podía hacer nada siendo una pelea normal, seguramente era imposible que le venciera aun con sus poderes de regreso.

Ante este pensamiento, la desesperación comenzó a florecer en su mente y provocó que sus ataques comenzaran a ser más erráticos. Esto siguió por unos cuantos segundos, hasta que Kugo le detuvo con un pequeño golpe en la cabeza, solo para derribarlo con una patada baja.

—¡Ngh! — exclamó Ichigo al caer con fuerza contra el suelo, casi de inmediato sintió como Ginjo colocaba su pie sobre su pecho.

—Me da igual que después pelees por mantener tus poderes, pero odio a un oponente que no cree en sí mismo y recurre a la desesperación para forzar a su cuerpo a ser mejor— mencionó antes de presionar un poco más y hacer que el Kurosaki soltase un gruñido de dolor —Si eres débil tienes dos opciones, morir o ser más fuerte, ¡Y si llegaste a ser un shinigami sustituto adulto eres la segunda!

—D-De que hablas— musitó el joven mientras intentaba respirar con normalidad.

Ginjo rio antes de presionar un poco más —Yo fui el primero que llegó al bankai y sobrevivió al juicio del Goitei 13, hubo varios que me precedieron pero ninguno vivió. Al igual que tú, ellos creyeron que era buena idea ayudar a un shinigami, pero su sangre fue derramada al creerlos una imperfección como si ellos fuesen perfectos— respondió antes de mirarle con seriedad para presionar aún más su pie contra el pecho del joven—¿Realmente piensas que esos bastardos te tienen cariño? ¡Todos ellos te abandonaron como un zapato viejo! ¡Eres un idiota si piensas que eres importante para alguno de ellos!

—¡Ahg!, ¡Ya basta!— exclamó Ichigo con fuerza al sentir una punzada en su pecho ante las palabras del azabache.

Kugo le ignoró y en cambió le dio un pisotón —¡Solo viven para ellos mismos, dicen proteger a las almas pero nos asesinan creyendo que su ideal de equilibrio es el correcto!, ¡No son más que hipócritas vestidos como la muerte! — respondió de forma cortante.

El Kurosaki sintió como su sangre hervía con cada palabra que había dicho su profesor, aunque el peso que él ejercía sobre su pecho era mucho, se preparó para levantarse —¡Silencio, tú no sabes nada sobre ellos! — bramó para levantarse, aun cuando sentía como sus costillas se oprimían y amenazaban con romperse —¡ELLOS SON COMO NOSOTROS!

Usando toda su fuerza, Ichigo logró quitarse de encima a Ginjo mientras le veía con rabia y apretaba sus puños con fuerza, listo para atacarlo de nuevo.

—Eso no me hará nada— comentó Kugo, solo para sentir como uno de los puños de Ichigo rozaba su rostro.

—Ellos aman y pierden personas importantes en cualquier momento, tiene anhelos, sueños, amigos e ideales, los cuales seguirán hasta la muerte y es por eso que los aprecio— dijo Ichigo serio mientras se preparaba para lanzar otro golpe —¡Yo quiero volver a ver a aquella enana mandona para agradecerle por darme algo para sentirme vivo! — gritó con fuerza.

Su golpe fue detenido por Kugo, quien se mostró sereno ante sus palabras.

—Suficiente por ahora, quiero que hagas cien sentadillas y abdominales— dijo Ginjo para soltar el puño del joven y darle la espalda —Me has demostrado tu punto, solo falta que ellos lo confirmen— agregó para marcharse.

Cuando Kugo dejó la sala, fue inmediatamente a enjuagarse el rostro con agua fría, no pensó que se dejaría llevar por sus recuerdos, mucho menos que su alumno pudiese encontrar la fuerza para encararlo y estar a su nivel por un instante.