¿QUÉ DEMONIOS ME ESTÁ PASANDO?
Apenas hacía diez minutos que el sol había asomado por el horizonte, pero el joven chunnin ya se encaminaba al edificio principal de la aldea, en concreto al despacho de la Hokage. ¿Qué querría y por qué le había mandado ir tan temprano? Y, de todos los ninja a los que podía haber enviado a buscarle, ¿por qué tenía que haber enviado a Sakura Haruno? Suspiró y observó a la chica por el rabillo del ojo. Sakura, una hermosa muchacha un año menor que él, con la dulzura que su nombre y rostro insinuaban compaginada con un terrible carácter que hacían de ella un reflejo de la mismísima Tsunade sama. Desde hacía mucho, Lee no había tenido ojos para nadie más, y no se cansaba de intentar conquistarla de forma totalmente vana. Sin embargo, aquella mañana, ni los ojos verde menta, ni el frescor de su sonrisa, ni la vivacidad de su personalidad movieron un solo nervio del cuerpo del moreno. Nada. Cero.
-¿Tienes idea de qué quiere la Quinta de nosotros? –Intentó romper el hielo, al contrario que Neji, él no soportaba el silencio cuando había más gente con él.
-No lo sé –Respondió Sakura-, sólo sé que ayer, antes de terminar mis prácticas, me dijo que fuese a buscarte esta mañana y que nos comunicaría sus intenciones en cuanto llegásemos.
-Ya veo…
Esa fue toda la conversación hasta llegar al despacho de Tsunade sama, a las puertas del cual esperaron a que se les permitiese entrar. La rubia líder de la hoja estaba sentada tras su mesa, y revisando algunos papeles les indicó que se acercasen.
-Gracias por venir a estas horas inhumanas –Por sus cansados ojos y las oscuras bolsas que los enmarcaban, ambos comprendieron que llevaba, como mínimo, toda la noche sin dormir.-. Tengo una misión para vosotros. No es gran cosa, pero ahora mismo sois los únicos que pueden hacerlo, dado la distancia de vuestro destino y las habilidades que tenéis.
-¿De qué se trata? –Inquirió la joven de rosáceos cabellos tomando el pergamino que contenía sus instrucciones.
-Es una misión de escolta. Sé que este tipo de misiones suelen ser para los gennin, pero ahora mismo están comenzando los exámenes de acceso a grado medio, por lo que todos se encuentran en la villa oculta de la Arena.
-No hay problema –Aseguró Lee, siempre dispuesto a trabajar.
-Uno de los señores feudales del país del Fuego ha ido a ver a unos familiares al país del Rayo, pero ha caído enfermo y nadie sabe lo que puede tener. Necesito que vayáis junto a él y lo traigáis inmediatamente. Sakura –Se dirigió a la susodicha-, tendrás que ser su enfermera particular todo el camino. Lee –Esta vez miró al joven-, de ti necesito que los escoltes todo el camino, protegiéndolos de todos los posibles obstáculos que puedan aparecer en vuestro camino.
-¡Déjelo en nuestras manos!
-Saldréis en tres horas. La salud, y por tanto la vida, de un señor feudal está en vuestras manos.
Abandonaron el despacho en silencio, y antes de separarse acordaron quedar en tres horas en la entrada de Konoha. Por primera vez, Lee se alegró de perder de vista a Sakura, no porque le molestase, sino porque ya no había sitio para ella en su mente. Decidió regresar a casa para preparar el escaso equipaje que necesitarían, pero esta tarea le llevó menos tiempo del que le hubiese gustado. Todavía quedaban dos horas para marcharse a una misión que duraría entre dos y tres semanas, si es que todo iba bien…
Sacudió la cabeza, se le daba bien ser positivo. Tomó sus cosas, salió de casa y se encaminó hacia el campo de entrenamiento, donde encontraría al resto de su equipo y podría disculparse por su ausencia. No tardó en encontrarlos, estaban charlando tranquilamente, por lo que el shinobi supuso que estaban esperándole.
-¡Buenos días! –Saludó eufórico desde lejos.
-Llegas tarde –Protestó Neji, siempre frío.
-No importa, empecemos ya –Gai sensei le guiñó un ojo mientras extendía un pulgar levantado hacia él.
-En realidad, hoy no puedo quedarme –Echó una mirada casi imperceptible a Tenten, que, en silencio, esperaba una explicación. Parecía la misma de siempre, ni enfadada, ni confusa… pero mucho más resplandeciente de lo que Lee la hubiese visto en un entrenamiento.
-¿Lee? ¿Me estás escuchando? –Al parecer, Gai sensei había estado hablándole. ¡Y había osado ignorarle!
-¡Sí! ¡Sí! ¡Lo siento! –Hizo una reverencia exagerada y se explicó:- La Quinta nos ha enviado a Sakura Haruno y a mí a una misión al país del Rayo, así que volveré en unas semanas.
-Ya veo, ya veo –Una pícara sonrisa se dibujó en el rostro del maestro, y Lee, inconscientemente, se ruborizó.
-¡No, no, no me mire así! –Hizo varios ademanes con los brazos- ¡Sólo es una misión, nada más!
-Bueno, de momento es sólo una misión, pero el poder de la juventud determinará en qué se convertirá todo esto –Le guiñó el ojo de nuevo, y Lee, sintiéndose terriblemente incómodo, se miró los pies.
-Seguro que todo sale bien –Aquella voz lo alertó. Alzó la cabeza, y vio la condescendiente sonrisa de Tenten dibujada en su rostro, deseándole suerte de todo corazón. Por contagio, le devolvió la sonrisa, pero pronto temió que ella también tuviese en mente todo lo que Gai sensei tenía.
-¡Bien! En todo caso, nosotros seguimos aquí, así que a entrenar –El maestro hizo señas a Neji y Tenten, que se despidieron de Lee con un ademán de la mano. Entonces, Gai se acercó a su discípulo y puso las manos sobre sus hombros.-. Lee, ¿hay algo que quieras contarme?
-¿Por qué lo dice, Gai sensei?
-Desde que te conozco, sé que una misión a solas con Sakura Haruno es motivo suficiente para que vayas dando saltos. ¿Acaso estás nervioso, te da vergüenza estar a solas con ella?
-No se trata de eso, Gai sensei…-Se llevó la mano a la cabeza, algo desanimado- Pero digamos que ya no veo a Sakura de ese modo.
-Eso sí es una novedad –Se sorprendió el maestro, pestañeando-. De cualquier modo, pareces afligido. ¿Te ha molestado que insinuase eso hace un momento?
-No, en absoluto. Lo que me preocupa es que Tenten… –En seguida se mordió la lengua, pero intentó corregirse- y Neji, claro… se lleven una mala impresión de mí si creen que voy a aprovechar la situación.
-No te preocupes por eso, Lee. Tus compañeros te conocen bien. Y si les queda alguna duda, yo se la aclararé.
-¡Gracias, Gai sensei! –Se llevó una mano a la frente y saludó como todo un soldado antes de abandonar el campo de entrenamiento.
Viendo cómo su alumno se alejaba, su sonrisa se fue volviendo cada vez más nostálgica. Quizá porque había reconocido en Lee su propia mirada cargada de amor y confusión, quizá porque la destinataria fuese la hija de su querida Mei, o quizá porque el primer amor de la juventud no se olvida nunca. Lo único que tenía claro es que haría todo lo que estuviese en su mano para ayudar a sus discípulos a no desviarse del camino, por arduo, tortuoso o largo que fuese.
