Disclaimer: HP no me pertenece.
Capítulo 2
Los primeros pasos
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Espere a que tomaras mi mano
A medida que yo extendía la mía
Pero te marchaste sin mirar atrás
Entonces comprendí que me habías dejado solo
¿Por qué si yo fui a tu encuentro?
¿Por qué si alivie tu temblor?
Pero lo habías hecho
Te diste la vuelta y me mostraste tu espalda
Y ante ello, no supe qué hacer
Así que deje que la rabia cubriera mi dolor
Y la indiferencia tapara tu llamado
Entonces él alzó la mano en mi espera
Y comprendí que este era mi destino
Que él sí me necesitaba,
Que tenía una fuerza poderosa,
Que algo en mí decía que estaba bien...
Y cada vez que sentía tu miedo e inquietud, te deje sufrir
Cuando sufrías y gritabas, te deje llorar
Porque si no querías que estuviera de tu lado
Si no me necesitabas...
Entonces pagarías las consecuencias
Y lucharía contra tí.
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El día que Harry había hechizado a Draco, había empezado como cualquier otro lo hacía últimamente. Los alumnos bajaron al desayuno, asistieron a clases, almorzaron, asistieron a más clases...Había sido un día normal para Draco, quien leyó un libro de pociones, intentando terminar los deberes de esa materia; para Pansy, que dedicó horas a su cabello, intentando luciera brillante y sedoso; para Hermione, quién estudió para exámenes que aún faltaban meses para presentar; para Harry, que intentaba averiguar cómo podría derrotar a Tom Riddle con hechizos antiguos; y para Ron, quien en lugar de hacer sus asignaciones se dedicó a leer revistas de quidditch y a comer. También lo había sido para Neville, hasta que McGonagall le había hablado a su despacho, y con cuidado, le había dicho que los mortífagos habían atacado San Mungo y sus padres habían muerto.
Ellos no estaban bien desde hacía bastante, y Neville no los conocía lo suficiente, pero eran sus padres así que cuando recibió la noticia las lágrimas se acumularon en sus ojos y dejó caer su cabeza. Asintió y salió de su oficina en silencio. En el camino se topó a Ginny, quien al ver su expresión le preguntó preocupada qué le pasaba. Un nudo enorme le quitó el habla y se mantuvo en silencio, intentando tranquilizarse.
-Neville, ¿estás bien?-preguntó nuevamente la chica frente a él y el moreno se alzó de valor y alzó la mirada, dispuesto a contarle a su amiga su problema... cuando lo vió.
Vio a aquel chiquillo corriendo por los pasillos, alegre, con lo que Neville supuso eran sus notas. Pasó junto a él y fue en esa décima de instante en que reconoció quién era. Cabello café y ojos verdes.
El protegido de los Malfoy.
El hijo de esos mortífagos.
Su mirada lo siguió hasta verlo llegar a Malfoy, y abrazarlo por la espalda. Varios alumnos a sus alrededores miraron la escena interesados, pues nadie más solía acercarse de esa manera al rubio, y vieron al mayor voltear, para darle un pequeño golpe en la cabeza al menor, quién rió ante la mueca de descontento del prefecto.
Cuando éste negó con la cabeza, en un gesto paternal, la rabia se apoderó de Neville. Ese niño era hijo de un mortífago, debería estar en el orfanato, pero Malfoy había abogado por él, declarándolo su responsabilidad. Malfoy, un prospecto de mortífago, quien lo miraba como si fuera un estorbo, como inferior a él, trataba con respeto e incluso cariño a ese niño, y parecía no poder evitar ser paternal con él.
Algo dentro de él se enojó por ello, y sintió que debían pagarlo. No podía meterse con Malfoy y ganar, pero podría efectuar la misma técnica del rubio contra su protegido, ni siquiera tenía que tocarlo… Solo tenía que hablar, y el niño haría el resto.
Le daría donde más le doliera.
Ahora, mientras veía al niño llorar y llamar al rubio... Mientras veía como le pedía que le respondiera, esa rabia se convirtió en vergonzosa culpa.
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Harry dejó la jarra de agua encima de la pequeña mesa al lado del rubio y, sacando un libro, se acomodó nuevamente en un sofá del que se había apoderado en la enfermería. Afuera, los gritos de Hermione exigiendo que saliera, o al menos la dejara entrar, se oían; pero tal como iban las cosas podía esperar sentada, porque Harry estaba dispuesto a quedarse a dormir si era necesario para no oírla.
Ron, frente a él, alzó la mirada y frunció el ceño mirando a la puerta, antes de pararse y caminar a la salida, dispuesto a llevarse a su novia a cualquier lugar lejos de la enfermería. Harry, quién había tenido una pelea con ella esa mañana no dijo nada y siguió leyendo.
-Tienes que parar, colega- dijo sin mirarlo, deteniéndose antes de abrir la puerta.
-¿Parar qué?- preguntó él sin despegar su vista del libro, consciente que, tal vez, había adquirido muchos comportamientos que una vez odió del rubio frente a él.
-Esto. No puedes seguir comportándote, así. Como si fueras…
Harry alzó la mirada.
-¿Qué?
-¡Como si nada te importara!
Harry lo miró con indiferencia y se alzó de hombros.
-No tienes que fingir
-No estoy fingiendo.
-No puede dejarte de importar todo de un momento a otro. Háblanos, dinos qué te pasa. Cómo podemos ayudarte.
-¿Quieres saber qué me pasa?- susurró Harry, fríamente. -Intento descubrir cómo voy a terminar con él antes de que acabe conmigo.
-¿Y qué con Malfoy? ¿Por qué me pediste que le pase magia? Cuando te acercaste a mi y dijiste lo que había pasado, cuando nos explicaste y me pediste ayuda creí que todo estaba regresando a la normalidad.
El de ojos verdes se tomó un momento antes de mirar al chico en su cama.
-Él es… relevante para mi plan... supongo.
-Relevante-rió amargamente. -Suenas como un maldito slytherin sangre pura.
Harry volvió a su libro.
-Harry- gruñó y el otro respiró profundo y cerró su libro, convencido que no podría seguir leyendo hasta que el otro se marchara.
-Soy un slytherin en el fondo, y soy prácticamente un sangre pura. Tú mismo lo dijiste.
-¡Estupideces! Hasta hace unos meses eras como nosotros, eras más feliz. Todo esto empezó cuando …
-Sirius murió-terminó Harry y el pelirrojo se calló y miró a un lado, enrojecido entre la ira y la vergüenza por su último comentario.- Ya no es necesario que le brindes más magia a Malfoy, me las apañaré sin ti.
Ron enrojeció más.
-Hermione hubiera podido ayudar- murmuró.
-Ella no es sangre pura, no sé cómo afecte su magia a Malfoy. Quiero conservar su pureza, y su fuerza. Hermione, por muy brillante que sea, por muy buena que sea en hechizos, solo es una hija de muggles.
Ron retrocedió como si lo hubieran abofeteado.
-Cómo te atre…
-Es mi qilin-agregó sabiendo que Ron probablemente sabría todo sobre ello, al crecer en el mundo mágico.-Quiero que esté fuerte y me ayude a vencerlo-explicó como si hablara del clima.- Tal vez muera en el proceso, pero me librará del contrato, así que no importa.
Su amigo jadeó.
-¿Quieres usarlo para derrotar a Voldemort?- tartamudeó Ron- ¿A tu qilin?
Harry se alzó de hombros.
-¿Tú….sabes sobre los qilin?
-Dumbledore me habló de ellos- exclamó Harry volviendo a su libro- Honor, poder… otras cosas insignificantes. No me importa en realidad.
-Tú, no tienes idea de lo que estás haciendo-susurró Ron tristemente- ¿Estás tan … has cambiado tanto que piensas usar a Malfoy para que muera… solo para que tu vivas...aún siendo él tu qilin?
Harry suspiró fastidiado.
-Sí Ron, eso intento hacer. Ahora, ¿puedes salir y llevarte a Hermione? ¿Y no decirle nada de esto? No necesito más regaños o consejos de su parte, de tu parte, estoy harto de ellos.
-Harry…
-¿Qué? ¿Debo oír de nuevo cómo Malfoy debería sufrir las consecuencias de sus actos, y yo los míos?
Ron salió sin otra palabra, pero azotó la puerta con fuerza y el moreno rodó los ojos antes de mirar al rubio.
-Vamos Malfoy- susurró enojado- Levántate de una buena vez.
Harry no quería admitirlo, pero estaba empezando a perder la esperanza, y la preocupación que tanto negaba tener, empezó a carcomerlo.
La puerta se abrió nuevamente y como de costumbre, Harry miró la hora para revisar si le tocaba revisión al rubio con Pomfrey; pero, al notar que no era así, se cubrió con su capa rápidamente, pues era la hora en que los slytherins terminaban sus clases y visitaban a su amigo. Tal como lo hacían diariamente desde hace dos semanas, a la misma hora, Parkinson entró a la habitación; ignorando que estaba acompañada. La morena tomó la mano del rubio, y Harry frunció el ceño, sintiendo esa repentina ola de celos acumularse en su estómago. Intentó con fuerza ignorarlo, pero al parecer no podía hacerlo con nada acerca del rubio así que sigilosamente se puso en la esquina de la habitación y con la mirada pesada, miró la escena. Usualmente Pansy no hacía nada más que eso, y pedirle a Draco que despierte. Harry no lo había hecho. Le tomaba la mano a Draco para pasarle magia, pero nada más. No sabía si su voz ayudaría a que mejorase o le motivaría a seguir durmiendo así que se mantenía en silencio.
Usualmente, cuando ella salía entraba Devon. El chico cambiaba las flores junto al rubio y le contaba cosas como los rumores en slytherins, lo mucho que su ayuda en pociones le había ayudado a ganar puntos y como lo extrañaba. Entonces pediría disculpas por lo de Neville, una vez más, y se retiraría.
Blaise Zabini sería el siguiente, le recordaría a Draco que aún no le había conseguido algunas citas y bromeaba sobre algunas cosas del pasado. Theodore Nott era el último y leía para él en voz alta.
Al final del día se encontraba solo con Draco nuevamente, y el silencio reinaría hasta el día siguiente, mientras Harry esperaba.
Madam Pomfrey había dicho que la razón por la que Malfoy no despertaba era que probablemente estaba atrapado en un profundo sueño. No estaba segura de qué soñaba, o si realmente lo hacía, así que cuando Luna, para sorpresa del gryffindor, visitó al rubio y lo saludó a pesar de que tenía la capa sobre él, se lo comentó.
Y ella le había dado un hechizo el cual, apenas la rubia se marchó, Harry lo había usado.
Draco estaba recordando.
Sus memorias parecían revueltas al principio, pero cada vez que Harry lo usaba, se daba cuenta que intentaban reordenarse. Cada nueva revisión de Harry era como ver un libro acomodándose. Un libro donde él ejecutaba órdenes de sus padres o de Voldemort.
Un libro donde se enojaba demasiado, lloraba mucho, reía poco, y se convencía a sí mismo que esto era lo que debía hacer.
Habían memorias de sus amigos, de su padrino, de sus padres y de sus compañeros. Habían memorias de las clases, de los libros que leía, de los partidos que había visto, de su vida entera. Pasaban en una película fugaz y luego empezaban de nuevo, con algunas escenas ya en orden.
Las memorias sobre Harry también estaban. Los ojos de Malfoy solían notar cosas que Harry ni siquiera sabía que hacía, como poner tres cucharadas de miel en su café o acomodarse el cabello antes de ir por la snitch. Cuando efectuaba el hechizo, Harry solía sentir las ganas de dormir que la mayoría de las memorias de Draco le proveía, principalmente porque una vez ordenada, los primeros años del rubio eran realmente cálidos. Snape cuidándolo, jugando con él y enseñándole cómo tomar los tenedores,o a leer. Sus juegos de pequeño con Pansy, Theo y Blaise. Las travesuras con Goyle y Crabbe. Su mirada admirada de cuatro años al ver dragones, al mirar a los jugadores de quidditch en sus escobas, al mirar a su madre transfigurando cosas, al leer un libro que lo mencionaba a él...
La mayoría del tiempo, Draco recalcaba una memoria una y otra vez, la de ellos dos en la tienda de túnicas. Empezaba cuando Draco estaba con su madre en la librería, escuchando cómo debía comportase en la escuela, o sería asignado a slytherin y entonces sentía algo, que Harry no podía expresar muy bien, empezar a formarse en él. Al principio el rubio miraba a todos lados, como esperando que alguien lo estuviera mirando, pero al no encontrar nada intentaba seguir a su madre a todos lados y disfrutar la compra de sus útiles. De repente, mientras se miraba feliz con su túnica nueva, esa sensación se apoderó con fuerza de él y volteó, hasta encontrar a Harry, quién tenía una mirada que demostraba su total ignorancia de qué debía hacer.
Y esa sensación de llamado, se convertía en un alivio tan dulce que Harry sabía que lo único que podría definirlo era cariño.
La memoria continuó, mostrando su primer conversación. Usualmente hasta ahí llegaba ese recuerdo, pero ese día continuó y Harry supuso que era una de las pocas memorias que ya se habían acomodado durante el día. Vio a Draco abordar el Expreso de Hogwarts y buscar a sus amigos, mientras platicaba con Crabbe y Goyle, quienes le contaban que habían oído que Harry Potter estaba en un vagón del mismo tren. Apenas escuchó eso, Draco quiso conocerlo pero cuando lo encontró, y Ron no solo se burló de su nombre y sus padres, sino que Harry ni siquiera dijo una palabra en su defensa, en cambio se unió al pelirrojo… un sentimiento de traición se formó en el rubio. Una pequeña corazonada le dijo que lo que en realidad le había dolido al slytherin no era la burla del pelirrojo, sino que él había estado tan feliz de encontrar y acompañar a Harry, aun antes de saber quién era, que cuando éste le trató como un estorbo, no supo reaccionar.
¿Por qué, gritaba en su interior, por qué si estuve para ti, tu no me apoyaste a mí?
Con ese sentimiento nuevo en él, Draco dio la vuelta y se marchó, encerrándose en el baño y secándose los ojos, los cuales empezaban a humedecerse. Minutos después, como si no hubiera estado llorando en el baño, salió y le sonrió a sus amigos, riendo a medida que imaginaban todo lo que harían en el colegio y lo que aprenderían en él.
Luego pasaban fragmentos que él ya conocía y llegaban a la escena de Hogwarts y Draco le extendía la mano a Harry. Harry sabía lo que sucedería, escogería a Ron, a Gryffindor, a Hermione. Le trataría con frialdad y Draco haría lo mismo. Dejaría de admirarlo, de considerarlo importante. Entonces cada que el llamado se efectuase, Draco simplemente lo llamaría presentimiento y lo ignoraría porque sabría que al final le llevaría a Potter. Y Potter no lo necesitaba. Tenía a Weasley.
Tenía a Granger.
Él odiaba tanto a Draco, que si Draco no quería salir herido, tendría que odiarlo.
Con ese pensamiento terminando las memorias de ese día, Harry cerró los ojos, ignorando su propias ganar de llorar.
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Al día siguiente, las memorias no fueron dulces ni tristes.
Fueron espeluznantes.
Fue el verano después de su primer año. Apenas Malfoy tocó la estación, su padre estaba esperándolo.
-Draco- le dijo- Tendrás el honor de conocer al mago más poderoso del mundo mágico y para nuestra suerte está interesado en que te unas a su causa.
El rubio frunció el ceño y miró de reojo al tren, como si se preguntara quién podía ser más fuerte que Harry o el mismo Dumbledore, pero se abstuvo de preguntar y asintió antes de seguir a su padre. Ni siquiera se despidió de sus amigos. Solo caminó tras el hombre y tomó el flú hacia su Mansión, donde, sentado en una silla estaba Tom Riddle junto a Nagini. Apenas lo vió, algo brilló en los ojos de Draco, y fue como si estuviera hipnotizado por el hombre y su serpiente, porque de inmediato sus ojos se opacaron y se arrodilló frente a él, para gran satisfacción del monstruo.
-No lo hagas, Malfoy- susurró Harry, pero fue en vano. Fue como si el rubio hubiera perdido una parte de él. Empezó a torturar a los gryffindors y a todos aquellos con sangre muggle. Empezó a usar la palabra sangre sucia. A manos de sus padres, practicó magia oscura, y aprendió los tres hechizos imperdonables.
A medida que el poder de Draco crecía, parecía que esa parte en él que le era leal a Voldemort se volvía más y más fuerte; pero luego habían momentos, mientras estaba en Hogwarts, en que dudaba de sí mismo, y se preguntaba qué estaba haciendo. En que estaba con sus amigos y se preguntaba cómo podía reír con ellos mientras aprendía cómo torturar personas, mientras protegía a alguien que quería aniquilar a media población.
En que se preguntaba, por qué tenía sentido para él proteger a un mestizo que trataba de aniquilar a otros, con el pretexto de conservar la pureza de la sangre.
Draco no sabía cómo, pero sabía que ese hombre, no era un sangre pura como pregonaba.
Para cuarto, esos pensamientos se esfumaron, porque Draco se acostumbró a esa sensación. Porque con solo ver esos ojos rojos, su mente se volvía vacía y las dudas desaparecían una vez más.
Entonces las memorias volvieron a empezar.
Saliendo de la mente de Draco, Harry se tomó un momento para respirar y no pensar en nada, pero fue en vano porque su mente giraba alrededor de los recuerdos del rubio, preguntándose si, hubiera sido diferente, las cosas serían mejores.
Al día siguiente, parado junto a los dos niños que hablaban, cuando Draco extendió su mano hacia él, por primera vez en su vida el gryffindor deseó haber extendido la suya. Haber sonreído a aquel niño rubio cuando él lo hizo, haber ido a slytherin con él, haberlo salvado de sus padres.
Deseó haber sido su amigo, y ante su sorpresa, el niño de lentes de once años, que creía que el rubio era insoportable, en lugar de rechazar a Draco dudó un momento y tomó su mano.
Y Draco sonrió tan dulcemente, que Harry también sonrió.
Un impulso lo sacó de la mente del rubio y lo tiró de la silla en que se encontraba sentado. Despertando, notó que el cuerpo del rubio estaba flotando sobre la cama mientras la magia revoloteaba alrededor de él. Bailaba insinuante y se unía en una especie de joya sobre su cabeza, que parecía el eje de la magia anular que rodeaba al cuerpo. Atraído por la magia del rubio, Harry sintió su magia surgir y encaminarse a la joya. Cuando la magia de ambos se tocaron, ésta se volvió un largo listón que envolvió a ambos y finalmente se volvió runas que terminaron introduciéndose en las muñecas del rubio y en las de él antes de desaparecer.
Como si fueran uno, Harry jadeó al sentir como sus latidos se coordinaban con otros, los cuales se sentían como un breve ronroneo en su cuerpo.
-¿Qué está pasando?- preguntó la enfermera entrando en la habitación.
-No, no lo sé-tartamudeó Harry y ella corrió hacia el rubio, lanzando hechizos que Harry sintió sobre él mismo.
-Enervate-gritó la mujer y para su sorpresa, esta vez Draco empezó a abrir los ojos.
Estaba despertando.
Dumbledore entró a la habitación, acompañado de McGonagall y Snape, apenas cruzaron y Harry sintió la magia del poderoso mago, su magia se dirigió al rubio y formó una especie de barrera entre él y los profesores. La presencia del anciano se sintió como una amenaza, y solo pudo suponer que era debido a que Malfoy ya lo había cambiado por alguien igual de poderoso y podría intentarlo de nuevo.
Y luego hubo un cosquilleo, que Harry identificó como el llamado.
Lo había sentido tantas veces de parte de Draco, a pesar de que él nunca había notado cuando lo usaba, que lo único que se le ocurrió era que estaba recibiendo la sensación que Malfoy tenía cada vez que se efectuaba. Por un momento espero que Draco se parara y se dirigiera a él, como lo había visto una y otra vez en sus memorias, pero en lugar de eso sintió el rechazo de Draco hacia el enlace. La indiferencia que automáticamente el rubio forzó sobre él.
Era como si fuera una molestia de la que quiso era librarse pronto, así que contra su voluntad, Harry jadeó y sintió dolor ante el rechazo.
¿Porque si yo estuve para ti, tú no me apoyaste a mí?, escuchó en su mente ¿Por qué insistes en llamarme, si me enviarás de vuelta?
Su propio corazón se cubrió de indiferencia, de orgullo y retrocedió, empezando a marcharse. No quería dolor, no quería sentir.
Y entonces, la indiferencia que Draco poseía se acabó y dio paso a la confusión.
-¿Harry? ¿Qué estás haciendo aquí?
Harry no respondió, solo volteó y miró al rubio, quien al no obtener una respuesta miró al anciano frente a él.
-El señor Potter ha estado cuidándolo- respondió el hombre.- Luego de su precipitado accidente.
-¿Accidente?-repitió Draco y luego miró a Harry, quien no agregó nada más.
-Me siento raro- expresó hacia ambos y cuando Harry dio la vuelta para irse, entrecerró los ojos y frunció el ceño. Luego, contra todo pronóstico, tomó el libro que éste había estado leyendo y se lo lanzó a la cabeza, para sorpresa del moreno.
El golpe fue tan seco que sonó y todos los presentes observaron con sorpresa como Harry enrojecía y se daba la vuelta para gritarle al rubio, pero fue más lento que éste, porque ya estaba tirando el jarrón de flores hacia él.
-¿Qué crees que estás haciendo?-gritó Harry furioso, pero contradictoriamente el rubio se quedó en silencio y lo miró con sorpresa. Ante la mirada de pez con boca abierta de Draco, Harry no pudo evitarlo y se rió.
El alivio y la alegría de verlo despierto, el estrés acumulado, se liberó en esa risa y envió una ola de diversión que se mezcló con la confusión del rubio.
-Así que eras tú- susurró Draco al sentir el sentimiento invadirlo a medida que el otro reía - Era tu enojo, tu dolor, tu rabia… tu alegría.
-¿Qué?- preguntó el gryffindor sin pensarlo.
– ¿Tú eres quien me llama constantemente?- insistió Draco, sin responder su pregunta- ¿Eres tú quien está constantemente triste? ¿No era yo?
Su última pregunta dejó sin habla por segundos a Harry.
-¿Qué estoy haciendo aquí?-preguntó el slytherin a la enfermera, quien miró a todos antes de volver hacia él.
-¿Qué es lo último que recuerdas?-preguntó en su lugar y el prefecto cerró los ojos, intentando pensar con claridad.
-Devon- comenzó luego de un largo momento, como si fuera un gran esfuerzo recordar. Probablemente se debía a que su cabeza debía ser un completo caos- Devon llegó llorando a la sala común, porque Longbottom le dijo que un contacto en el Ministerio le había dicho que sus padres habían recibido el castigo de ser besados por un dementor – Harry abrió los ojos, incrédulo ante lo que escuchaba de Neville- No solo eso, dijo que había visitado Azkaban y ahí violaban a las mujeres o algo así y que seguramente su madre estaría muerta o embarazada, y no le habían avisado a él porque solo era un bebé llorón. Que no la vería otra vez, y que su padre se pudriría ahí y se lo merecía. No recuerdo que le dije exactamente, pero no pude negarle lo último. No podía mentirle en su cara. Tal vez su padre sea un mortífago, pero estoy seguro que lo quería. Y respecto a su madre, ¿que se supone que debía decirle?, -preguntó mirando al profesor de pociones-¿Que los aurores le protegerían? Todos sabemos cómo funciona esto. Los malos no merecen ni respeto. ¿No es lo que me dicen constantemente los aurores que se topan conmigo? Le dije algo de que debía ser fuerte, que me tenía a mí, a los slytherins, pero él no escuchaba solo lloraba sin parar. Intenté hablar con Longbottom, pero estaba rodeado de gente y me lanzó una risa burlona cuando le pedí hablar a solas. Decidí esperar a que él se acercara, pero creo que lo empeoré. Longbottom estaba de un humor especialmente malo Severus, tiraba ácido de la boca. Te lo juro. Puedes preguntárselo a los slytherins, nadie se salvó, ni los más pequeños. Llegó, me insultó, insultó a todos así que nos agarramos a golpes.
Harry frunció el ceño. Madam Pomfrey se veía preocupada.
-Prosigue- dijo Snape con los ojos enfurecidos.
-Entonces cuando regresé a la sala común, Devon vio el moretón que ese gryffindor me hizo y salió de la sala corriendo. Cuando lo vi con niños de primero platicando, pensé que estaba mejor. Debí saber que estaba planeando algo. – Suspiró Draco, recostandose en la cama, como si de pronto se sintiera muy cansado. De inmediato, Harry se sentó a su lado y le tomó la mano, y ante el flujo de magia, Draco sonrió agradecido y siguió hablando.
-Después de las rondas, Cho me dijo que había visto a Devon y sus amigos ir a la sala común de los leones y Pansy y yo corrimos hacia allí. No recuerdo mucho el resto pero luego sentí una fuerza empujándome y entonces desperté.
Todos miraban con silencio a Draco y Harry apretó con fuerza su mano, con la certeza de lo que diría Snape.
-Potter te lanzó un hechizo, casi mueres.
Las emociones saltaron en Draco y volteó hacia el moreno, liberando su mano. Harry no dijo nada pero ese cambio le asustó, especialmente cuando los sentimientos que brotaron de Draco fueron de desconfianza.
-Pero yo…- murmuró el rubio. -No lo entiendo ¿por qué Potter me lanzaría un hechizo? Somos amigos, ¿no es así?
-¿Amigos?-repitió Severus- Tú y Potter son todo, menos amigos.
-No somos…-repitió Draco y como si todo se aclarara, miró al moreno.
-Tú... no tomaste mi mano aquel día-exclamó suavemente y su mirada se convirtió en aquella que solía enviarle durante sus primeros años de estudio, aquella que lo odiaba y lo despreciaba… aquella que, Harry sabía, expresaba rencor.-Largo, Potter.
Las palabras dejaron congelado a Harry, quien fue incapaz de poder explicarse ¿Cómo habría podido saber que estaba influenciando a Draco a su favor?, ¿que Draco pensaría que era real? Fue solo un deseo de Harry, un pensamiento momentáneo, no tenía la intención de lastimarlo. De reabrir la herida.
Pero lo había hecho.
-Malfoy…-comenzó, pero el rubio solo sintió su ira incrementar, y el enlace mismo empezó a hacer que Harry empezara a enojarse.
-¡He dicho que te largues!
Un viento lo empujó contra la puerta y ante sus ojos las puertas de la enfermería se cerraron. Lo último que sintió era como nuevamente el sentimiento de traición invadía el rubio, el cual intentaba controlar el enlace, llenándolo de indiferencia.
Harry también lo intentó, diciendose que este plan al final no era una buena idea, pero él, en realidad, solamente sentía culpa.
