¡Hola amores! Pues nada, aquí está la cita, espero que no tuvieseis las expectativas muy altas porque... bueno, lo he hecho lo mejor que he podido y espero no decepcionar a nadie... Y deciros que ¡mil gracias por las reviews, que sois todos un amor y que gracias por leerme! Espero que os guste, ¡nos vemos en el próximo!
Regina vestía uno de sus vestidos negros y ceñidos, de esos con la espalda al aire, y sus tacones rojos. Se había pintado muy suavemente puesto que solo iba a cenar con su hijo, pero aun así quería estar a la altura de sus antiguos cargos. Cuando bajó las escaleras Henry la miró ensimismado, su madre era preciosa, eso era algo que siempre había sabido y nunca había negado. Ella siempre iba tan elegante que nadie podía discutir su buen gusto.
-¿Estás listo? –Regina sonrió al chico que asintió devolviéndole la sonrisa y abriéndole la puerta principal.
-He olvidado algo en casa de Emma, ¿podemos pasar a recogerlo antes de cenar? Por favor. –Regina le miró mientras ambos caminaban hacia el Mercedes de esta, y antes de que pudiese negarlo su hijo volvió a hablar. –Por favor, es importante, por favor mami…
-Está bien, está bien… esperemos que no estén haciendo nada importante.
Henry le cogió de la mano, repitiéndole gracias varias veces y el corazón de Regina se derritió. Hacía tantísimo tiempo que no la trataba con tanto amor que últimamente no podía negarle prácticamente nada. Sonrió feliz y ambos subieron al coche.
Emma escuchó el timbre desde su habitación, aún estaba preparándose para salir. Pensó que sería Daniel, así que se apresuró para acabar de pintarse un poco y poder bajar para marcharse. Llevaba puesto el vestido rojo apagado de la primera vez que llegó a Storybrooke puesto que no tenía nada más para vestirse 'elegante'. También llevaba unos tacones negros que Mary Margaret le había dejado. Sus bonitas ondulaciones caían sueltas por sus hombros y el maquillaje era suave pero resaltaba sus rosados labios y sus ojos azules. Se miró una última vez al espejo, cogió su bolso y salió.
-¿Estás seguro de que no sospechan nada? –Henry asintió, haciendo como que rebuscaba algo entre los cajones mientras Regina esperaba junto a la cocina.
Mary Margaret metió la llave en la cerradura por fuera mientras la morena no prestaba mucha atención y Emma seguía arriba. Ninguna de las dos sabía cómo llevar una conversación sin pelear con la otra así que prefirieron el silencio.
Regina se encontraba de espaldas a la escalera cuando Emma bajó mirando su móvil. Al escuchar pasos se giró y ambas mujeres se quedaron paradas al verse. No esperaban verse esa noche, y mucho menos vestidas así de bonitas. En ese momento Henry y su abuela aprovecharon para llevar a cabo su plan, en cuestión de segundos Emma se vio con un ramo de rosas entre las manos y ambas escucharon como la cerradura se cerraba por fuera.
-¿Qué…? –La rubia seguía en el último escalón sin saber muy bien que hacer.
-Miss Blanchard, como no habrá esta puerta la haré cenizas con –Antes de que pudiese seguir su frase su hijo le cortó.
-¡No! Mamá, me prometiste que nada de magia ¿recuerdas?
-Pero Henry… ¿por qué no me abres y así no tenemos que discutir esto?
-No vamos a discutir porque nosotros nos vamos y vosotras vais a disfrutar de la cita. Mañana vendré a abriros. –Regina miraba la puerta con enfado y, como si pudiese sentirlo, Mary Margaret miraba desde fuera la puerta con terror mientras que Henry no parecía nada nervioso o asustado.
-Mary Margaret cuando encuentre mis llaves voy a ir a matarte, ya puedes darte prisa en esconderte… -La rubia rebuscaba por su bolso soltando todo tipo de improperios porque no encontraba las malditas llaves.
-Em… -La dulce vocecilla de su madre sonó algo asustada. –No tienes llaves, me las he llevado…
-¡¿Qué?! –La rubia soltó el bolso en la barra de la cocina y fue hasta la puerta donde estuvo varios minutos gritando amenazas y jurando castigos para su hijo y su madre. Regina, que conocía muy bien estas trampas de su hijo la miraba sentada, sabía que no había nada que hacer hasta que ellos volviesen a abrirles.
-Miss Swan… -Emma pareció no escucharla y siguió aporreando la puerta y hablándole a la nada. La morena la cogió de la muñeca para que le hiciera caso.- Emma para, se han ido, no hay nada que hacer. –La rubia pareció calmarse y Regina volvió separarse de ella.
-¿No puedes hacer nada? No sé, tira la puerta, usa esa nube morada tuya y sácanos de aquí… -Regina negó y se disculpó suavemente. Emma no insistió más, sabía que ella no rompería su promesa de no hacer magia.
Emma se apoyó sobre la puerta y suspiró, cuando miró a Regina esta estaba sonrojada y miraba sus manos, bajó la vista y vio que aún tenía el ramo de rosas rojas en sus manos. La rubia se sonrojó también y se acercó suavemente a la otra mujer. Respiró hondo e intentó no tartamudear al hablar.
-Bueno, supongo que podríamos intentar disfrutar… ¿no? –Emma le ofreció las flores y Regina las cogió con timidez y asintió sonriendo con sinceridad.
Ambas estaban enfadadas con Henry y Blanca, pero también estaban muy agradecidas puesto que no habrían reconocido que sentían algo por la otra y desde luego, no habrían dado aquel paso.
Emma se acercó hasta la mesa y Regina, tras oler las flores una vez más y dejarlas sobre la barra fue tras la rubia. En la mesa había encendidas varias velitas de colores, una botella de vino enfriándose en hielo y todo preparado para cenar. Había un bol de ensalada en el centro y los platos de espaguetis con albóndigas estaban servidos. Junto a la cubitera del vino había dos copas y sobre ellas una nota. Emma la cogió y la leyó en voz alta:
Mamá, ambas, hoy es vuestro día, es vuestra primera cita. Sé que pensáis que nadie se da cuenta, pero todo el mundo ve que estáis hechas la una para la otra. Nunca habríais dado este paso solas así que os quiero ayudar y bueno, la abuela me ha ayudado también. Espero que esto sea el comienzo de nuestra familia, los tres juntos. Yo sé que es difícil, pero yo solo quiero que seamos felices y vosotras sois felices cuando estáis juntas. No os enfades mucho con nosotros por favor…
PD: En la nevera hay helado de vainilla con caramelo y en un bol en la encimera hay fresas con chocolate.
Os quiere, Henry.
Ambas miradas se encontraron de repente, queriendo decirlo todo sin palabras. Su hijo quería una familia y bueno… ¿estaban dispuestas a intentarlo? ¿Es este el futuro que quieres Emma?
Emma miró a Regina, que ya estaba sentada en la mesa, mordiéndose su labio inferior y mirando la comida con ganas. Emma sonrió divertida, claro que estaba dispuesta a intentarlo, y la morena también, si no ahora estaría reducida a cenizas. Se sentó ella también y sirvió ambas copas con vino y acercó una a Regina. Ambas se sonrieron, pero esta vez no era una sonrisa cualquiera, era una sonrisa esperanzadora, una sonrisa que no solo se veía en sus labios, sino que también en sus ojos.
La comida fue entre silencios cómodos y temas triviales y sonrisas por parte de ambas. Una vez acabada la cena decidieron pasar al sofá, mientras Regina apagaba las velas de la mesa Emma iba a por el postre.
-¿Fresas con chocolate o helado de vainilla y caramelo? –Miró a la otra mujer que se encogió de hombros mientras caminaba hacia el pequeño sofá.
-Sorpréndeme. –Regina la miró divertida antes de darle la espalda y dejarse caer en uno de los extremos del asiento biplaza.
Emma sonrió negando con la cabeza, no podía creer que Regina fuese tan terriblemente adorable. Abrió la nevera y sacó la tarrina de helado, cogió dos cucharas pequeñas y se fue a sentar junto a su cita. Le ofreció una de las cucharas y se dejó caer a su lado sonriendo.
-Vainilla y caramelo, mi favorito. –Regina sonrió divertida quitándole el helado a Emma y abriéndolo. Dejó la tapa en la pequeña mesa del salón.
Regina sonrió llevándose una cucharada a la boca y Emma se quedó embobada mirándola. Hasta ahora no se había dado cuenta de que aquello era realmente una cita y que aquella mujer realmente le gustaba. La morena se dio cuenta y se sonrojó suavemente cuando sus miradas se encontraron.
-Hoy estás realmente preciosa… -Regina bajó la vista ante estas palabras y posó el helado en sus piernas, sin saber muy bien que decir. Emma sonrió suavemente.- Siempre estás guapa, pero deberías sonreír más a menudo, te sienta tan bien… -Emma cogió una cucharada de helado y la llevó a su boca, sonriendo feliz después.
-Gracias. –Regina le sonrió tímidamente.- Solo sonrío a las personas que me importa y bueno…
Sus palabras fueron cortadas por un beso, un beso helado con sabor a vainilla y caramelo. Un beso lleno de ternura, una lucha entre ambas lenguas por ver cual tomaba el control, un beso roto por una sonrisa de Regina. Emma sonrió también, juntando su frente con la de la otra mujer.
-Eso ha sido… vaya… -Regina se mordió el labio inferior antes de volver a dejar un pequeño beso en los rosados labios de Emma. Después sonrió ampliamente, volviendo a comer helado. La rubia sonrió acercándose un poco más a ella comió helado también.
La noche siguió como hasta ese momento, hablaron de recuerdos felices, de Henry, de ellas, de todo en general. La única diferencia es que desde el primer beso, habían sucedido muchos más, entre risas y confidencias. Ahora ambas estaban mucho más confiadas y cómodas, como si hubiesen estado toda la vida juntas.
Una vez se hubo acabado el helado, ambas estaban prácticamente tumbadas en el sofá, Regina apoyada en el hombro de Emma, estaba de costado entre la rubia el respaldo y ésta le hacía suaves cosquillas por el brazo. Ambas hablaban en un susurro, relajadamente.
-¿Sabes? Aunque me desagrade terriblemente, creo que tendré que darle las gracias a tu madre por esto. –Emma rió suavemente y negó con la cabeza.
-Estaría bien, y sería genial que hicieseis un esfuerzo, mis padres y tú, por llevaros bien. –Regina puso los ojos en blanco y resopló. –Por favor, por mí y por Henry, si realmente vamos a intentar ser una familia no quiero tener que evitarlos cuando estemos juntas.
-Vale, intentaré ser educada con ellos… aunque no te prometo nada. -Emma sonrió suavemente y se puso de costado para mirarla a los ojos.
Cuando sus miradas se encontraron Regina no pudo evitar morderse el labio inferior y Emma no pudo evitar morderle suavemente también. Tras aquello dejaron de hablar para acariciarse y besarse perezosamente.
Un rato después, cuando ambas estaban casi dormidas Emma volvió a romper el silencio susurrando en el oído de su chica.
-Regina… -La morena suspiró algo parecido a un 'Mhm..'- Me importas… -Tras esto, Regina besó el cuello de Emma y se abrazó más a ella si era posible.
El silencio volvió a atraparlas, a cada una en sus pensamientos adormilados. Emma estaba feliz, feliz por tener una familia, feliz por tener a su hijo y feliz por, desde ahora, tenerla a ella. En una noche había descubierto que lo único que necesitaba para sonreír era su sonrisa y que Regina le dejase ver su verdadero yo le hacía inmensamente feliz.
La morena pensaba en que quería, necesitaba, que ese momento fuese eterno, porque si alguna vez llegó a pensar que Daniel sería la única persona que la vería sin muros estaba totalmente equivocada y aquella rubia que la sacaba de quicio también sacaba lo mejor de ella. Y podía decir con total seguridad que en ese momento había encontrado su final feliz.
