2° Rachel.
- ¿Hay alguien que sepa dónde demonios está Rachel? – bufé, encontrándome con las chicas a la hora del almuerzo.
- Me pareció verla entrar en el auditorio – comentó Tina y yo le agradecí con una sonrisa.
- Seguramente sus vecinos han vuelto a poner quejas – me burlé, negando con la cabeza.
- Kurt, ¿no deberías estar en Dalton? – quiso saber Artie, quien acababa de llegar con una bandeja de comida apoyada en los reposabrazos de su silla – Es-estás ligeramente expuesto aquí – se oía preocupado.
- Tranquilo, oí que Karofsky está en el campo – lo calmé – Además, no tardaré mucho. Nos vemos luego chicas – me despedí con la mano y prácticamente corrí hacia el auditorio.
Efectivamente, Rachel se hallaba allí, cantando una canción de Fanny, con los ojos empañados y una expresión realmente interpretativa en su rostro.
Esperé a que acabara y entonces le hablé.
- Es bueno verte cantar con tanta… pasión – comenté, obteniendo su atención – A veces extraño esto, ¿sabes?
- ¿Has venido a presumir tu suerte? – dijo con una pizca de ironía.
- No sabía que me veías como un suertudo – respondí. Ella sólo soltó un suspiro, sentándose en el banquillo frente al piano.
- Lo siento, he estado pasándolo mal estos días, ahora que Finn y yo ya no estamos juntos, y…
- Ya lo sé, es mi hermano, ¿recuerdas? – me encogí de hombros y me tomé el lugar junto a ella – Pero, he venido a pedirte un favor.
- ¿Para qué soy buena? – aprovechando que estábamos bastante cerca, sólo lo dije.
- Necesito que… me beses – torcí el gesto, a la espera de que se riera o me tratara de demente, pero nada de eso pasó.
- ¿Hablas enserio? – dudó, mirándome detenidamente, como si me estudiara – Porque… No creo que a Finn le parezca bien que su hermano intente arrebatarle a su novia, aún más cuando se supone que eres gay… Aunque entendería que te sientas atraído por mí, puesto que soy el prototipo de mujer que… - le puse una mano en la boca para callarla y que me dejara explicarle.
- Creo que romper con Finn te ha afectado mucho más de lo que él me dijo – murmuré – De acuerdo, mira, no pretendo arrebatarle nada a mi hermano, porque tú ya no eres su novia y yo soy gay, por lo que tampoco me siento atraído por ti. Somos amigos, y como amigo, te estoy pidiendo un favor – luego me adentré en la explicación del estúpido desafío de Blaine, a lo ella asintió con pesar.
- Al parecer, mi destino es confirmarle a los chicos que son homosexuales – tan teatral como siempre.
- No quiero que lo tomes como algo personal, Rach… Es sólo que eres una persona en la cual confío. De no ser así, créeme que jamás te pediría algo como esto.
- De acuerdo, te ayudaré – asintió. Luego, la emoción invadió su rostro – Conservaré el recuerdo de este momento para usarlo en alguna futura interpretación.
- Okay – yo rodé los ojos.
Sin esperar a que le diera una señal o algo, ella se lanzó hacia mí, precipitadamente, estampando su boca contra la mía. Nos besamos, pero fue realmente extraño. Me sentía como si estuviera besando a mi hermana y eso era horrible.
Ella se alejó tan rápido como se arrojara sobre mí, con la expectación en sus ojos a la espera de que yo dijera algo.
- Bien… este… - me esforcé en sonreír, mientras me ponía de pie para salir rápidamente de allí – Gracias – junté mis manos, como si estuviera pidiendo algo, en lugar de agradeciendo.
- ¿Y qué tal? – Preguntó ella - ¿Has… sentido algo? O… ¿todo sigue igual?
- Em… - solté una bocanada de aire y negué con la cabeza. Ella parecía ligeramente decepcionada – Pero no te culpes, no has sido la primera.
- ¿A quién más has besado? – me miró casi con ferocidad por anteponer a alguien antes que a ella.
- No voy a decírtelo – me aproximé a las escaleras de salida – Además, tengo que irme antes de que alguno del equipo, o aun peor, Karofsky, se aparezca. Adiós, Rach y gracias.
Salí corriendo de allí, sin darle lugar a la chica de añadir nada más. Conocía lo intensa que podía ser Rachel. Y, así como había estado tras el Sr. Schue el año pasado, podía acabar persiguiéndome a mí… ¡No, gracias!
Mientras estaba sentado al volante, esperando a que me diera el verde, saqué la lista que había redactado, y con mi bolígrafo taché a Rachel de ella. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal de sólo recordar el incómodo momento experimentado, y tracé veinte líneas más sobre su nombre.
