Advertencia: ¡Llega el LIME!

Capítulo 3: Otro tipo de aprendizaje

Inuyasha se había imaginado besando y tocando a Kagome… sintiendo placer. Entonces sintió de nuevo esa erección instantánea y tuvo que salir corriendo. Es más, su corazón se aceleró tanto durante unos segundos que sintió su sangre hervir, como si se fuera a convertir en demonio. Sin pensar corrió y saltó al río. El atardecer llegaba y el agua fría hizo efecto en su cuerpo, calmándolo.

Mientras seguía en el fondo pensó, que una de las cosas que más había echado de menos en su infancia fue el contacto amoroso de su madre. Lo supo cuando abrazó a Kikyo por primera vez. En efecto, aunque no hubiera esa unión pene-vagina (se sentía inteligentísimo por haber aprendido palabras nuevas), el contacto era reconfortante, placentero. Pero para él era un tema difícil… solo tanto tiempo, sintiendo miedo, rechazo y rabia.

Entonces llegaba Kagome con sus ideas raras. Llegaba Kagome y lo primero que hacía era tocar suavemente sus orejas mientras dormía. Sí, lo había sentido. Despertó sintiendo ese roce tan placentero. Durante todo ese tiempo no había nada mejor que tocar a Kagome, ya fuera para cargarla y correr, persiguiendo los fragmentos, o cuando ella enfermaba y sentía su frente o mientras él estaba herido y ella lo curaba, o le cuidaba el sueño.

Muchas cosas se revolvieron en su cabeza y en su cuerpo. Tal vez no entendía muchas cosas, pero sentía claramente, por primera vez, que deseaba sentir a Kagome no sólo en esa cotidianeidad sino en esa unión que imaginó hace unos momentos.

Salió del agua. Fresco pero decidido a sentir, decidido a explorar no con la razón sino con el cuerpo todas esas emociones y sensaciones. ¿Kagome le quería enseñar? Perfecto. Pero tendría que hacerlo sin palabras.

Kagome e Inuyasha se miraron por al menos dos minutos. Había algo en la mirada del hanyou que tenía a Kagome inmóvil y acelerando cada vez más su corazón. La luz del sol desaparecía no sin antes reflejarse de manera sobrenatural sobre los ojos dorados de Inuyasha, haciéndolos ver como oro incendiado.

Inuyasha cerró los ojos y salió lentamente del agua. Se veía serio. Kagome se acercó pero Inuyasha se sacudió como un perro y mojó a Kagome. Ella olvidó su preocupación y se molestó un poco, decidida a gritarle, pero miró a Inuyasha quitarse la parte de arriba de su haori y quedó muda. Él extendió su haori a un lado y quedó con el torso desnudo. Se sentó a la orilla del río y miró a Kagome, quien al ver al hanyou tan serio, con los ojos iluminados, el torso desnudo, y con gotas de agua recorriendo su hermoso cuerpo y cabello… no pudo más que ponerse de mil colores. Quería preguntar "¿Por qué te quitas la ropa?" O voltearse, irse corriendo para no verlo más… se perturbaba. Ella sentía también una punzada en la entrepierna, aunque para su fortuna no se notaba… o eso creía ella.

Inuyasha puso atención al olor de Kagome proveniente de esa parte de su cuerpo desde que salió del agua y notó cómo ese olor cambió cuando él se quitó la ropa. Ahora comprendía de manera empírica que el placer también sucede con la vista.

- Ven Kagome, siéntate conmigo – él estaba tan decidido que hizo una petición que jamás hubiera hecho antes. Siempre ella era quien se acercaba, aun sin invitación.

Kagome respiró hondo y se acercó. Tenía que recuperar la postura. Se sentó a su lado sin poderle quitar los ojos de encima e hizo un esfuerzo sobre humano para voltear a ver al río y la naciente noche.

- Inuyasha, perdón si te incomodé – lanzó la miko, aunque ya ni recordaba cuál había sido el problema.

- Yo… - dijo en voz baja el hanyou – yo no sé muchas cosas – Kagome se sintió culpable de nuevo, tal vez sin querer lo hizo sentir menos – pero… puedo sentir – dijo mientras miraba su mano. La verdad es que estaba divagando mucho, seguramente la miko no entendía lo que quería decir. Tampoco era bueno con las palabras.

Kagome sonríó. Sentía una mezcla entre ternura y amor. Él ya era un adulto y al mismo tiempo tan ingenuo.

- Creo que no necesitas que yo te explique nada. Tú tienes una inteligencia diferente – había hablado en voz alta, en realidad ella no pensaba decirlo. Inuyasha se incorporó un poco para mirar de cerca a la miko. Ella se espantó y creyó que con sus palabras se pudo interpretar, de nuevo, que él era un tonto.

- Espera Inuyasha, no quise decir que seas…

- No, Kagome – él la interrumpió y estaba muy cerca de su rostro – Tú me has enseñado muchas cosas… no con palabras. Me has enseñado a sentir.

Se hizo silencio.

- Hace calor – dijo de pronto el hanyou apartándose – Kagome, refréscate un poco.

¿Qué? Ella se confundió. No hacía nada de calor, estaba muy fresco. ¿Qué rayos le decía? era prácticamente una orden ¿Esperaba que ella se metiera con la ropa como hizo él? Todo estaba muy romántico y de pronto sale con eso… comenzó a enojarse pero entonces se dio cuenta que la ingenua era ella. Sonrío para sus adentros.

"Me acaba de decir que le enseñé a sentir. Yo quiero ser una buena maestra. Yo estaba tratando de explicarle algo hace un momento". Unió todas las piezas y comprendió. Por un microsegundo le ganó el pudor de nuevo. Luego recordó que no tenía por qué sentirse así. Lo amaba, lo deseaba y había regresado al Sengoku justo para vivir ese amor. Ya era hora de ser una adolescente normal y vivir su sexualidad sin tabús, sin el pendiente de la perla, Kikyo o Naraku. Era hora de sacar de su interior toda la perversión que se reprimió durante años.

¿Inuyasha se creía muy bajo control en esta situación? Ni en sueños. Ella haría que su aprendizaje fuera tortuoso y placentero en la misma medida.

- Muy bien – dijo Kagome y empezó a quitarse la ropa enfrente de él. Inuyasha se descolocó totalmente, no creyó que las cosas resultaran así.

Inuyasha la vio desnudarse y de nuevo llegaron las sensaciones en su miembro. La miraba descaradamente, dispuesto a experimentar lo que sentía sin reprimir nada. Su piel era perfecta. Ella se lanzó al río y cuando salió se dejó ver hasta la cintura. El agua resbalando sobre su piel la hacía ver más irresistible y sus pechos desnudos mostraban sus pezones duros por el contacto con el agua. De hecho, la chica casi muere congelada cuando se arrojó, pero no quiso perder su expresión sexy, por lo que la chica le dio la espalda al hanyou para hacer una mueca de horror por el frío y volvió a sumergirse para acostumbrarse o su plan se echaría a perder.

Mientras ella estaba en el fondo, Inuyasha se desnudó rápidamente y se metió en el río. Cuando la chica salió lo miró en el agua, sin quitarle los ojos de encima. Así Inuyasha podía sentir lo que fuera y la miko no lo notaría tan fácil.

Kagome no sabía qué hacer. La verdad es que en el fondo todo se salía de control. Entonces vio como una de las orejas de Inuyasha se movía por una gota que le hizo cosquillas. A la chica le brillaron los ojos y se volteó rápidamente para acomodar su cabello, que mojado ya alcanzaba a cubrirle lo suficiente los pezones, así se sentiría un poco más segura.

Camino hacia Inuyasha con el agua hasta la cintura mientras el hanypu la miraba un poco tenso pero sin moverse. Ella, en vez de quedar frente a él, se colocó en su costado y sin más estiró sus brazos para alcanzar sus orejas y acariciarlas como aquella primera vez. Al hacer eso sus pechos y parte de su torso se pegaron al brazo del hanyou, al que le dio vuelco el corazón y volvió a sentir como su miembro se endurecía.

- Me gustan – dijo Kagome por lo bajo, sin pensar.

Él ya no podía más, tenía que apresurar las cosas. Volteó para mirarla de frente aunque separados, pues no quería que sintiera… aquello.

- Dijiste que no era necesario estar casados… ¿es cierto? – No se le ocurrió decir otra cosa, además realmente le intrigaba. Él supo de cómo Sango se negó a dejar que el monje la tocara mientras no se casaran. Miroku se lo contó casi en lágrimas. Mientras él pensaba, Kagome se sonrojó un poco y por un momento sintió temor… ¿acaso Inuyasha no quería compromisos?

- Lo que dije es cierto – dijo Kagome alejándose un poco más de inuyasha y soltando sus orejas. Inuyasha olía que ese olor tan delicioso se perdía, no podía permitirlo.

- Kagome… lo que dije dentro de la perla de Shikon fue cierto – Las palabras salían sin pensar, su cuerpo y el deseo no daban espacio para el orgullo o la inseguridad – Creo que yo nací para ti y tú para mí – la chica sintió su corazón explotar – pero… no podemos casarnos aún – la chica no comprendía nada… dio otro paso atrás. Inuyasha se sentía torpe, no le entendía – lo que quiero decir es que debo darte un hogar, Kagome – dijo más resuelto – Yo duermo en un árbol y tú en la cabaña de Kaede junto a Rin y Shippo, las cosas no pueden ser así – el hanyou alzó un poco la voz – Yo te construiré una cabaña y te proveeré de todo lo que necesitas, pero no quisiera esperar hasta ese momento para… - se detuvo en seco. Su pene ya hacía un rato que se había dormido y regresó la inseguridad. Por fortuna, Kagome ya había entendido.

Aunque no terminó la frase, Kagome se sintió en las nubes. Esa era una declaración y más que eso. Además, comprendía ahora su pregunta ¡Claro que podían besarse, tocarse y amarse aunque no estuvieran casados! Sus corazones estaban unidos desde hace mucho.

Ella se arrojó sin miedo a sus brazos, sintiendo por primera vez su cuerpo desnudo (y mojado) sobre el de ella.

- Inuyasha, yo tampoco quiero esperar.

Empezaba a hacer frío y sobre todo, viento. Kagome se enfermaría.

- No quiero que te enfermes – le dijo el hanyou mientras perdiendo un poco la razón se agachó para besar a Kagome. El beso se hizo profundo. Kagome le dio su primera (o tal vez segunda) lección cuando metió su lengua a la boca del hanyou, explorando sus colmillos. Él se animó e hizo lo mismo, encontrando un gran placer en la humedad y los movimientos de su lengua.

El cuerpo de la miko se sentía bien sobre el suyo. Sintió como de nuevo su miembro despertaba, cuando una ráfaga pegó directamente en la espalda de Kagome haciéndola temblar. Entonces el hanyou se separó de ella. No quería, pero tampoco quería que ella enfermara.

- Te traeré ropa seca. Sumérgete un poco más y muévete mientras vengo.

Inuyasha salió de un salto, se puso el pantalón y corrió hacía la cabaña. Ella siguió sus órdenes. No podía creer que sus planes pervertidos terminaran en algo tan romántico… pero ya habría tiempo. Mientras tanto, disfrutó de las atenciones de Inuyasha, quien la arropó y se aseguró que se tomara un té caliente de regreso en la cabaña.

Antes de dormir, Kagome deseo que Inuyasha durmiera con ella, pero sabía que el orgullo no se lo permitiría pues esa no era su cabaña. Entonces planeo las futuras clases de sexualidad, donde jugaría un poco con la mente del hanyou. La miko soltó una risilla antes de rendirse ante el sueño.

FIN