Ha pasado un año desde que conocí a Tsunemori Kaburi.

Basta decir que le conozco bastante bien.

Kaburi no participa en ningún club escolar, pues debe estar alerta dado que no se sabe cuándo surgirá un nuevo enemigo, es razonable decir que forma parte del "club de ir a casa". Es un joven que participa en la interminable batalla entre la luz y la oscuridad.

──Además, él a menudo se ve arrastrado a todo tipo de eventos misteriosos.

En esta ciudad, los "fenómenos que no pueden explicarse por la ciencia moderna" o los "casos de formas de vida no identificadas que atacan a humanos" ocurren con bastante frecuencia. Afortunadamente, Tsunemori siempre esta ahí para combatir a los responsables.

A pesar de eso, Tsunemori continua insistiendo en que es solo 'un estudiante ordinario', a pesar que he estado a punto de 'descubrirlo' varias veces.

Cosa a la que siempre asiento con una sonrisa mientras le respondo. "Al igual que yo."

Después de todo este tiempo puedo ver con facilidad a través de sus excusas. Se podría decir que no existe nadie que le conoce mejor que yo.

──Últimamente Kaburi se la pasaba rodeado de mujeres, lo que reducía considerablemente el tiempo que compartíamos juntos, lo que era un alivio, pues esos durante esos cortos momentos me permito analizar las nuevas adiciones a nuestra vida escolar.

Una de ellas era su hermana, una encantadora Kohai de primer año.

La heredera de las empresas Tendo, quien a pesar de su oneroso estatus asistía a la relativamente humilde Hanabitsu.

Heredera de un estilo único del Kendo, la prodigiosa Kuonji Ukyo.

Y la misteriosa estudiante de transferencia, Kodachi, con su vibrante cabello y retorcida personalidad.

También existía una amiga de su infancia con quien al parecer se reencontró hace poco, y otras chicas más, pero esas tres eran las que a mi parecer tenían una verdadera oportunidad de ganarse el corazón de Tsunemori.

Oh sí, un Harem.

¡Cómo los odio! Los harem eran la más desagradable expresión de indecisión que podía mostrar un personaje. Me enerva la sangre para ser sinceros. ¡Decídete ya! Quería gritar, pero no era mi lugar involucrarme, tan solo puedo aguantar callado.

Si estuviera en su lugar, yo ya habría hecho mi decisión... ¡Tal cosa jamás me sucedería!.

Las tres heroínas eran una gran molestia para mí. Cada vez que una de ellas aparece tengo que hacer una estúpida escena, comentarios cómo '¡Qué tierna es Tendo!' o '¡¿P-por qué la hermosa Kuonji vino a nuestro salón solo a verte?'. Eran un fastidio. ¿Y qué si eran deslumbrantes?, para mi ninguna de ellas podría compararse al encanto de una chica ordinaria.

Hacer reacciones exageradas de conmoción, celos, quejas, etc. Era uno de mis principales deberes como su amigo.

Esto consumía más energía de lo que puede parecer a primera vista. Incluso hay veces en las que no estoy de ánimos para ésas tonterías, sin embargo, no puedo permitirme abandonar mi deber.

A veces las cosas se tornan feas cuando las heroínas se encuentran, terminando muchas veces en peleas, lo que causa gran incomodidad en Tsunemori.

En tales situaciones no me olvido de pronunciar con lagrimas en mis ojos, "¡Estoy celoso de ti, Kaburi!'

A lo que él incómodamente responde. "Ara~"

Por un lado, parece que ninguna de las heroínas ha logrado reducir la distancia entre ellas y Tsunemori.

De hecho, era probable que todavía faltase una o dos chicas por aparecer. Era probable que una de esas recién aparecidas terminara por ser la elegida...

Eh... lo qué sea. Veré como me adapto a la situación cuando suceda algún cambio.

No importa quien termine como la vencedora, a mi me daba igual, pues al final siempre terminaré gritando "¡Qué Lindaaa!" con corazones en los ojos, cuando en realidad pienso que ninguna de ellas valía la pena, no eran más que criaturas molestas y fastidiosas.


"Comamos juntos."

En la hora del almuerzo invité a Kaburi mientras sostenía en mis manos dos bolsas de pan.

Afortunadamente, no había ninguna de las entrometidas a la vista.

"Ayer actualicé mi lista." Comenté en un susurro cómplice. La bendita lista era una de las ideas de mi madre, según ella tal articulo nos ayudaría a reforzar nuestros vínculos de varonil amistad.

Saqué un pequeño bloc de notas de mi bolso, en el había escrito acerca del peso, talla, medidas y pasatiempos de cada una de nuestras compañeras de clase.

...

A decir verdad era una molestia recolectar esa clase de datos cuando la información fluctuaba tanto de mes a mes.

A pesar de mis amargos pensamientos me esforcé por mostrarme orgulloso conmigo mismo mientras le mostraba la lista a Kaburi.

"¿Qué haces investigando tales cosas?"

Tsunemori suspiró y me miró mientras entrecerraba sus ojos con desdén.

"No sé como obtuviste esa información, pero será un gran problema si te atrapan."

¡Ingrato! ¡Estoy haciendo esto por ti! ¡Estúpido mojigato!

"Estoy bien, estoy bien. Tengo mis trucos. Comparto esto contigo porque eres mi mejor amigo."

"Ara~" Dijo rascándose la mejilla mientras se retorcía con incomodidad.

Me siento de la misma manera. Quizás seguir la idea de mi madre no fue tan buena idea...

¡¿Por qué te hice caso mamá!?

Mientras me lamentaba sucedió algo inesperado.

"Oughh."

Tsunemori de repente se agarró su pecho y gimió de dolor.

Tenía los ojos abiertos de par en par, su cuerpo sufría de temblores esporádicos, su frente estaba cubierta de sudor frío. Parecía que estaba tratando de luchar frenéticamente en contra de algo y perdiendo en el proceso.

Quizás el poder, entidad o lo que fuese que moraba en su cuerpo se estaba volviendo loco. Eso es solo una suposición mía, claro está.

Me preocupé por él. Abrí mi boca y antes de hablar me di cuenta que realmente soy una persona lamentable.

"Jaja, deja de bromear."

Si yo fuera un autentico amigo reaccionaría de una manera acorde, expresando sentimientos de verdadera preocupación. No puedo hacerlo, pues tengo que mantener la estúpida charada a toda costa. Debo continuar ignorante del suplicio del protagonista, debo mantener mi norte.

De mi parte no quedaba ayudarle, que una persona ordinaria se involucrase solo terminaría por empeorar las cosas. Yo... tan solo sería un estorbo.

En las 'heroínas' recaía el papel de ayudarle a lidiar con lo que fuera que le estaba pasando. Con un poco de suerte alguna de ellas ganaría su favoritismo en el proceso, traté de convencerme de ello.

¡Esto es realmente angustiante! Pensé mientras observaba el aura dorada que empezó a rodear el cuerpo de Tsunemori.

No aguanté más y sin darme cuenta me moví para apoyarle, colocando uno de sus brazos sobre mis hombros.

Para mi fortuna, la brillante aura no me hizo entrar en combustión espontanea como pensé que sucedería. La sensación al tacto era cálida, agradable, una extraña sensación se apoderó de mí. Gradualmente, los jadeos de mi amigo fueron disminuyendo.

"A-apóyate de mi, hombre, te llevaré a la enfermería."

"No es na-nada, Saotome." Él trató de convencerme haciéndose el fuerte, la mueca de dolor al arrastrar sus pies fue mucho más sincera.

¡¿Cómo que no es nada, idiota!?

"Lo mismo decía mi abuelo antes de morir... Pórtate bien y descansa. Te llevaré a la enfermería."

Observé a mis alrededores con desesperación en busca de ayuda, para mi desdicha nos encontrábamos solos en la azotea.

¡Yo y mi estúpida idea de crear una atmósfera cliché!

Extrañamente, no me sentí culpable por haber sobrepasado mis limites como amigo del protagonista.


"Ven conmigo, Kaburi." Fueron las palabras de Kuonji Ukyo.

Fue durante la clase de inglés que ella entró al salón, interrumpiendo a nuestro profesor, Tamura, sin el más mínimo dejo de vergüenza.

Kuonji Ukyo, a los 18 años era campeona regional de Kendo, una figura a seguir por sus compañeros, desprendía un aura de liderazgo y carisma que hacía difícil llevarle la contraria. Ella era una de las candidatas al gran 'premio', aún así mide al rededor de 1.70 metros, unos diez centímetros por encima del pobre Kaburi.

Su sola presencia causaba conmoción. Kuonji poseía el estoicismo de un samurai y las proporciones de una modelo, sus penetrantes ojos color almendra se enfocaron en los de Tsunemori, ignorando a los demás como si nadie más existiera en el salón.

Ella se acercó a Kaburi y haló de su brazo, ignorando con descaro las protestas del profesor y mi grito de '¡Estoy celoso!'

¿Se habrá enterado del incidente de ayer?

Mientras la curiosidad y la preocupación envolvían mi mente no pude si no quejarme silenciosamente acerca de el horrible retraso de Ukyo y las demás. ¡Si seguían así ninguna se podrá acercar lo suficiente a Kaburi!

Tenía planeado pasar la tarde jugando en la arcada con Kaburi, pero no puedo oponerme ante los deseos de Kuonji. Su estatus tiene prioridad.

¡Esfuérzate Kuonji!

Tan sólo me tocaba animarla, aunque una parte de mi sentía preocupación por Kaburi, con quien no he podido hablar desde ayer.


'Espiar un poco no me hará daño...'

Al final del segundo periodo decidí escabullirme de clases, aprovechando que faltaban varios minutos para que la siguiente clase empezara.

Una de mis políticas era no entrometerme en los asuntos sobrenaturales que rodeaban a Tsunemori, aunque juzgué que esta vez valía la pena correr el riesgo. Por lo menos, quería conocer el significado de esa extraña aura.

Los encontré en el dojo. Kuonji y Tsunemori eran los únicos en el antiguo edificio, pues las actividades de los diversos clubes de artes marciales no comenzaban hasta el mediodía.

Me esforcé por no hacer ningún ruido, pues quería enterarme de la conversación.

Kaburi estaba sentando de piernas cruzadas en el centro del dojo.

"Ayer sentí algo extraño." Kuonji pronunció con un ceño fruncido en su rostro. Se había cambiado a su uniforme de kendo, su largo cabello marrón estaba atado en una modesta cola de cabello.

"No tienes de que preocuparte, he logrado suprimirlo con éxito."

"El qué el espíritu haya despertado es más que preocupante. Sabes lo que podría..." Kuonji no se atrevió a continuar.

"No me dejaré engullir por el poder de esa cosa."

"Eres en quien confió pero aún así es alarmante. Una incursión en este momento de debilidad sería para fatal para la ciudad, odio tener que decirlo pero deberíamos entrar en contacto con los demás..."

Decidí apartarme, ya había oído suficiente. Era demasiado peligroso continuar escuchando, pues podría terminar siendo arrastrado a los problemáticos embrollos que rodeaban a mi amigo.

Ya tenía la información básica, no necesitaba saber más.

Así que un espíritu ¿eh?...

Cuán cliché.

Pensé mientras me felicitaba por haber tomado la iniciativa de espiar a Tsunemori. Mis preocupaciones se desvanecieron por completo, pues puedo confiar el destino del mundo en las manos del protagonista, mi mejor amigo.


O eso había creído...

A partir de aquella tarde una temible entidad había despertado; mi curiosidad.

'Soy un estúpido... ¿¡Por qué demonios sigo haciendo esto?!'

Me lamenté en silencio mientras espiaba a una de las 'heroínas', hacerlo se había convertido en mi placer culposo. Desde aquél día mi interés por la 'historia principal' había aumentado y mis acciones también se habían convertido en cada vez más osadas.

No era sorprendente qué los tres intereses amorosos de Kaburi también tuvieran poderes sobrenaturales. Ellas y Kaburi formaban un muy buen equipo a pesar de sus diferencias; ellas eran las personas más cercanas a Kaburi.

Esta tarde perdí todo rastro de Kaburi y terminé por conformarme por seguir a una de las chicas. Debido a eso me encontraba oculto detrás de un pequeño puestos de fideos ambulante mientras observaba la delicada silueta de Tendo.

"¡Guaaaaaagh!"

¡¿?!

Ante mis sorprendidos ojos apareció una anómala criatura del sistema de agua que surtía a todo el distrito.

La cosa con forma de oso soltó un bramido. Estaba en la orilla del canal de agua, como si hubiera surgido de las aguas poco profundas del canal. Con gran velocidad avanzó enérgicamente en dirección a la espalda desprotegida de Tendo, quien ni siquiera se detuvo para reconocer la aparición de el monstruo.

La criatura dejó una desagradable estela de un maloliente liquido a su paso, el agua del canal empezó a oscurecerse mientras desprendía un desagradable olor. El 'oso' se desplazó apoyándose en sus patas traseras en una burda imitación del caminar humano, se bamboleaba al avanzar como si tal postura fuera totalmente extraña para 'eso'.

Entre los extraños rugidos de la criatura empezó a sonar un ominoso tintineo, que a cada segundo subía en intensidad.

La criatura se detuvo por un momento, observando sus alrededores con confusión, tratando de discernir el origen del ruido.

Entre el armonioso concierto de campanadas se pudo escuchar una triste y melancólica voz.

"El viento del occidente sopla por los pastizales, se escuchan lamentos en el árido invierno." Su voz era gentil y suave, a pesar de lo bajo de su tono pude oírle con total claridad, era como si sus palabras marcaran un decreto celestial.

Sucedió algo inesperado; el avanzar de la criatura se ralentizó considerablemente, como si estuviera en cámara lenta.

"¡¿Crees que tal cosa me detendrá, chiquilla?!" De su hocico salió una voz bastante corriente.

'Así que son seres inteligentes y no meras bestias...'

"La niebla persiste en su melancólica tarea, la lluvia cae sobre nuestros rostros." En su voz se podía escuchar resignación.

Del río surgieron una especie de ... tentáculos (?), parecían estar formados de agua. Se retorcieron en dirección de la criatura, penetrando su duro pelaje color bermellón.

El oso trató de liberarse luchando con sus extremidades delanteras. De su pelaje empezaron a surgir extraños proyectiles.

"¡Jajajajaja! a ver como evitas esto." Dijo a la vez que las hebras de su pelaje se endurecieron, saliendo disparando en dirección a la joven.

El agua se alzó es un escudo protector alrededor de la chica.

"Las cigarras lloran por aquéllo qué se perdió. El campo se tiñe de rojo."

De pronto, empezaron a surgir vides gigantescas alrededor del oso, aprisionándolo en un agarre doloroso, suprimiendo los intentos de la criatura de librarse de su poderoso agarre. Las vides empezaron a brillar de un color naranja, el frenético forcejeo del oso disminuyó en intensidad.

"Gyaaaaaaa!" La piel del monstruo empezó a oscurecerse.

"Y pensar que yo, el gran apóstol Er'drik sería derrotado de una manera tan indigna..." Soltó una amarga risa antes que su cuerpo se disolviera en la fría corriente.

Al ver esto, juré que jamás volvería a beber agua del grifo...

"Hum~"

La mujer soltó un largo suspiro, su joven rostro estaba teñido con preocupación. Ella era la gran sacerdotisa, heredera de un gran linaje de exterminadores. Mejor conocida cómo Tendo Akane.


Notas del Autor:

Bueno, pues le agradezco al señor 'Youwillknow' por su concejo. Me apena no poder actualizar mi contenido con más frecuencia, pero - dios mediante- eso mejorará. Sufro de grandes problemas al escribir pues cuando escribo suelo tener una idea clara a dónde quiero ir. Generalmente es una escena que tengo clara en mi mente, y quiero mostrárselas a ustedes, el problema surge cuando la historia se rehúsa a seguir por ese camino, retorciendo activamente mis obstinados intentos de guiarla por 'buen' camino. Esta historia también cuenta con tal inspiración, aunque con esta tengo la ventaja que al llevarse a cabo en un UA es mucho más simple, pues no debo preocuparme por problemas de continuidad.

Espero volver a verlos por aquí, y espero que sea pronto.

Y disculpen por la larga nota de autor.