Yo! Capítulo 3~

3.- Estoy sucio, soy obsceno

Gintoki Sakata, quien había estado en crisis los últimos meses, me invitó a pasear una noche de septiembre. Cuando nos recostamos en el césped, cerca del río, sentí como su mano se ponía sobre la mía. El uniforme del shinsengumi no me dejaba estar cómodo del todo, incluso tuve que dejar la espada a un lado, no obstante, mi corazón latía como si no hubiera un mañana, casi era doloroso. Gintoki estaba tendido a mi lado, con la respiración tenue y tranquila. Intenté mantener la postura, calmándome al poco tiempo. Esto no debía sorprenderme, era algo normal. Quizá era que tanta obscenidad me hiciera sentirme apenado en momentos limpios como ese. Intenté despejar mi mente. Teníamos ya bastante tiempo viéndonos, estaba más o menos seguro de que Sakata tenía algún tipo de sentimiento hacia a mí. Al menos lo estaba hasta que comenzó a hablar.

—Basta de esto, Hijikata. Ya me cansé.

—No te atrevas a romper cuando no hay nada formal, yorozuya –dije, sin perder la calma. Luego, intentando contenerme como siempre al girarme y ver sus ojos tristes, continué:— Nunca te importó. Así que no me vengas con dejar las cosas. Te estoy pagando y…

—Es que ya no quiero que me pagues, Hijikata. No sólo lo hago contigo, ¿lo sabes bien, verdad? Voy por ahí con la primer persona que me ofrezca dinero. Se salió de control desde esa vez en que me cuidaste, cuando los chicos no estaban. Dios, sólo quiero drogarme. Y no quiero que me dejes, pero no te merezco, soy una basura infeliz…

Solté su mano para luego tener una posición más cómoda para darle un puñetazo; lo mandé a callar, porque no tenía ni idea de cómo consolar sus últimas palabras. Saqué un cigarro mientras él sobaba su mandíbula; necesitando fumar para afrontar esa declaración de amor, me limité a agradecer el encendedor que me pasó, incluso aunque yo tuviera el mío. Estaba bien romper, estaba bien quedarnos como estábamos. Me daba igual… No, no me daba igual. Después del segundo cigarro, suspiré profundamente y Gintoki me hizo una broma, pero no pude ni prestarle atención.

—Deja de ser una puta. Déjalo. Mi vida sexual ha sido estable contigo, no me acuesto con nadie más. Si quieres, sabes dónde encontrarme. Deja de ser un libertino, no te llames obsceno, no te vendas y báñate todos los días. Voy a acostarme contigo, no me importa tu pasado. Sólo quiero que seas fiel si es que esto es lo que deseas.

—¿Eres idiota?

—No me dejes en ridículo, ¡estúpido! Tómame en cuenta.

—¿Por qué diablos tú…?

—Eres un desamparado. Hay veces en que apestas a colonia de mujer cuando follamos. No es cómodo comprimirte con esa mierda de olor. ¿Qué eres, una zorra?

—Basta…

—No, basta tú. Necesitas cambiar. Los chicos deben estar dándose cuenta. Actúas como gilipollas siempre, pero cada que estás conmigo me sueltas toda esa mierda dependiente y lloras, como tarado. No soy el maestro por el que tanto lloras en las noches, tampoco sé qué pasó exactamente en el pasado. Pero intento ayudarte y no voy a delatarte con nadie. Así que deja esta mierda y se acabó. Todos ganamos. Tu reputación no pierde nada, quedas limpio.

Gintoki estaba llorando. Me miraba con rabia, como si fuera yo el porqué de toda su mierda. Estaba tan triste que junto con él que me dediqué a derramar unas lágrimas. Estaba cayendo con él. Pensando en cómo sin Sakata Gintoki mi razón de ser cuidadoso y amable iba a desaparecer, me fui acomodando de nuevo en el césped, para luego atraerlo hacia mí y poder abrazarlo. No lo era todo, pero para mí, en ese justo momento, Gintoki era lo más preciado que tenía. Era lo más importante, era todo lo que quería proteger con mi cuerpo, con mi espada.

—Nunca has visto lo solo que estoy, Hijikata. Nunca has visto lo que… soy…

Sus labios tiritaban por el llanto… Besarlos fue delicioso.

—He visto suficiente, yorozuya. Está bien, estamos bien. Necesitar mejorar, sólo eso.