Ministerio de magia, Ascensor principal; 23 de septiembre 6:00PM
Espío en el pequeño bol que le habían mandado a su madre, una vez se vio protegido por la privacidad del Ascensor. Una amiga de la familia se lo había encargado y no quería ser impertinente, o parecerlo al menos, entonces pensaba sólo dar una miradita cuando nadie lo viera; aunque no pudo evitar agarrar un buen bocado con las manos cuando vislumbro el pastel de calabaza que quedo a merced de sus ojos.
Para cuando el ascensor volvió a abrir sus puertas, Ron tenía en todo su rostro la prueba de su glotonería. El pelirrojo se atragantó rápidamente cuando escuchó el crujido de las puertas abiertas, y volvió a cerrar el bol que ahora se sentía un poco más ligero en sus manos.
Pansy sólo cruzo con él una mirada de reconocimiento para luego apuntarla al suelo, y Ron pudo notar el por qué de la acción de Parkinson sin analizarlo demasiado; estaba llorando. Ella se miraba en un espejo portátil; rabiando por los ojos hinchados y la nariz rojiza que hacía ver su rostro un tanto lastimero, con ese toque de descuido que ella suele criticar en las demás. Gruñó y dejó caer el espejo de mala gana en su cartera, rompiendo algo y haciendo más ruido del necesario, dándole la escusa necesaria al hombre a su lado para voltearse a verla directamente, y no por el rabillo del ojo como estaba haciendo.
Ron se sintió incomodo cuando pudo mirarla a la cara, le dio un repentino revolcón en el estomago y le pareció ser el invasor de un momento que no debería ser presenciado, mucho menos por él que estaba lleno de pastel de calabaza y no tenía nada en común con la Slytherin más que el lugar y la coincidencia. Pero aún así tomo aire y pensó en las veces que le habían sacado en cara su falta de caballerosidad, y sintiéndose tonto dijo lo menos inoportuno que se le ocurrió.
¿Quieres un poco de pastel? – Ron inclino lo que llevaba en las manos en su dirección y Pansy, bueno, por lo menos no gruño, pensó él cuando ella le arqueo una ceja sin emitir palabra.
Él bajó la cabeza hacía sus zapatos, marrones y sencillos, que fueron más cómodos de mirar para él durante los tres pisos restantes. Y cuando el sonido de las puertas abriéndose lo llamó a subir la cabeza, se encontró observado con curiosidad y luego con algo de resignación. Pansy agarró el bol en sus manos marchándose mientras masticaba un rápido "Gracias Weasley", que escucho hasta algo amable. Sonrío sin saber por que.
Aunque terminara arrepentido horas más tarde, cuando su madre le preguntó donde había dejado aquel pastel que con tanto amor le habían mandado, y mientras escuchaba los reclamos de ésta sólo podía pensar en lo desconsiderada que había sido Parkinson en llevarse todo el pastel en lugar de solo un poco como le había dicho.
